Huelva, Sevilla 1993 (y 2)

El tercer día de nuestro viaje nos llevó a Sevilla, que nos recibió con un calor que no se olvida fácilmente. A pesar de las altas temperaturas, decidimos vivir la ciudad como se merece: con toda su intensidad.

Nuestra primera parada fue La Giralda, antiguo alminar almohade del siglo XII que, tras la reconquista, se transformó en campanario cristiano. Forma parte del conjunto monumental de la Catedral de Sevilla, una de las edificaciones góticas más impresionantes del mundo y declarada Patrimonio de la Humanidad.

Su fachada monumental y su torre hacen de ella uno de los principales monumentos de Europa. Subir por las rampas interiores de la Giralda (en lugar de escaleras, como mandaba la tradición islámica para permitir el acceso a caballo) os permitió disfrutar de vistas panorámicas excepcionales de la ciudad.

Tras la catedral, nos dirigimos a la imponente Plaza de España, construida para la Exposición Iberoamericana de 1929. Con su forma semicircular, su canal, sus puentes y sus bancos decorados con azulejos, es un ejemplo majestuoso del estilo regionalista andaluz. Las arcadas, la cerámica y el edificio central conforman uno de los paisajes urbanos más impresionantes de España.

Se imponía una parada frente al lugar dedicado a nuestra Murcia. Aun bajo un sol intenso, la belleza del lugar compensa cualquier esfuerzo.

El día concluyó con la visita a la Basílica de la Macarena, templo neobarroco construido entre 1941 y 1949 y declarado basílica menor en 1966 por el papa Pablo VI. En su interior se encuentra la célebre Virgen de la Esperanza Macarena, una talla barroca del siglo XVII–XVIII profundamente venerada.

El templo se sitúa junto al Arco de la Macarena, uno de los pocos vestigios de la antigua muralla de Sevilla, por donde en su día entraban reyes y procesiones solemnes. Además, la basílica alberga un museo que expone mantos, joyas, enseres y pasos procesionales que reflejan más de cuatrocientos años de historia de la hermandad.

Fue el cierre perfecto a una jornada intensa, llena de monumentalidad y de ese carácter sevillano inconfundible.

Aquel día, agotador pero luminoso, cerró un viaje breve pero intenso, marcado por nuestra reciente boda y por la ilusión compartida de descubrir juntos lugares nuevos y paisajes diferentes.

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