Viena 2024 (2)

Paseando nos dirigimos al Café Central, muy concurrido a estas horas de la tarde, y al que decidimos regresar en días posteriores.

Nos encontrábamos en la auténtica “milla de oro” vienesa, paseando por Kohlmarkt, donde se encuentra el Café Demel, la “Confitería Imperial y Real de los hijos de Demel” (K.u.K. Hofzuckerbäcker Ch. Demel’s Söhne), que durante sus más de 200 años de tradición ha sido uno de los lugares favoritos de reunión de la aristocracia y la burguesía.

Prácticamente sin saberlo nos encontrábamos en una de las entradas al Palacio Hofburg que tendríamos ocasión de visitar al día siguiente.

En esta ocasión nos dirigimos hacia la concurrida Calle Graben, en cuyas inmediaciones se encuentra la Iglesia Católica de San Pedro (Katholische Kirche St. Peter).

Esta iglesia, que constituye uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura religiosa barroca del centro histórico de Viena, es en realidad mucho más antigua. Se dice que fue el propio Carlomagno quien la fundó en el año 792 (sería la iglesia más antigua de Viena), aunque no queda nada de aquella primera iglesia.

La actual iglesia de San Pedro (Peterskirche), de estilo barroco, fue construida entre 1703 y 1715 por Lukas von Hildebrandt. Éste nos muestra su gran habilidad para transformar un edificio masivo y monumental en un espacio comparativamente estrecho. Exteriormente destaca su cúpula y las dos torres inclinadas hacia la misma.

En su interior, de planta central elíptica, destaca la majestuosa cúpula y el revestimiento de estucos dorados y ocres, además de sus interesantes frescos y retablos.

De vuelta a Graben contemplamos la Columna de la Peste (Pestsäule), erigida bajo el mandato de Leopoldo I en acción de gracias por el fin de la peste de 1679, que se cobró más de cien mil víctimas. Construida en estilo barroco según el proyecto de J. B. Fischer von Erlach el Viejo, de L. O. Burnacini y de M. Rauchmiller, la columna fue inaugurada en 1693.

La Columna de la Peste está formada por un zócalo decorado con relieves, sobre el que se eleva una pirámide de nubes, estatuas y ángeles, para culminar con el grupo escultórico de cobre dorado que representa a la Santa Trinidad. La decoración escultórica es obra de diversos artistas austriacos.

Una heladería en plena Graben hizo de pausa antes de dirigirnos a la cercana Catedral de San Esteban (Stephansdom), en el mismo corazón del casco histórico de Viena, en la plaza del mismo nombre (Stephansplatz). Fue levantada sustituyendo a una anterior iglesia románica de los siglos XII y XIII, de la cual solamente se conserva la fachada principal. Pero el estilo gótico actual se debe a la ampliación de la iglesia en los siglos XIV y XV, momento en el cual se reconstruyen la nave central, el coro y las capillas laterales, y se añade la gran ventana ojival en la fachada románica.

La iglesia se terminó en 1469, aunque posteriormente se le añadieron elementos renacentistas y barrocos. A finales de la II Guerra Mundial, en 1945, la Catedral de San Esteban sufrió un incendio y resultó gravemente dañada; el techo se quemó y la campana Pummerin cayó al suelo. Pero se restauró rápidamente y pudo ser reabierta poco tiempo después. Fue declarada Catedral en 1723.

De la fachada románica destacan los dos torreones octogonales que la delimitan, conocidos como las Torres de los paganos (Heidentürme), desde los que vigilaban al enemigo.

Del exterior destaca además el tejado a dos aguas, donde más de 200.000 tejas vidriadas de colores (verde, amarillo, blanco, negro) forman una magnífica decoración geométrica y dibujan el escudo de Austria con el águila imperial de los Habsburgo.

La torre más alta, de 137 metros de altura, es la torre sur, conocida como Steffi. De planta cuadrada, está coronada por el águila imperial de los Habsburgo. Subiendo los 343 escalones de su escalera de caracol se llega al mirador.

La torre norte (la torre Adler), de 68 metros de altura y estilo gótico, nunca se completó porque, según la leyenda, su constructor rompió el pacto que tenía con el diablo al pronunciar un nombre santo. El diablo se enojó, y el arquitecto cayó desde la torre falleciendo en el acto. En 1579 se cerró con una cubierta renacentista. En esta torre es donde se encuentra actualmente la campana Pumerin, antiguamente llamada de José I.

Fue construida con los cañones, fundidos, que abandonaron en Viena los turcos tras su derrota en 1683; pesaba 17.000 kg y estaba colgada en la torre sur. Pero en 1945, cuando las tropas rusas entraron en Viena, la Catedral sufrió un incendio y la campana cayó al suelo rompiéndose en muchos pedazos. Con los restos de esta campana y de otras campanas dañadas por las llamas, se construyó la nueva campana, de 20.000 kg.

También hay que señalar las puertas: la principal es la Puerta del Gigante (Riesentor), románica y la lateral es la Puerta de los Cantores.

El interior está formado por tres naves de 107 metros de longitud y 36 metros de anchura. El suelo es de cuadros blancos y negros. Destaca el púlpito gótico, realizado por Anton Pilgram, el maestro de obras de la Catedral, en 1515. Se trata de un púlpito de siete bloques de arenisca en los que Pilgram esculpió los bustos del Papa Gregorio I Magno y de San Agustín, San Jerónimo y San Ambrosio.

Además, el maestro Pilgram se retrató a sí mismo asomando la cabeza por una ventana. El púlpito se conoce como el púlpito de las ranas (Froschkanzel) debido a las ranas y las salamandras (símbolos del mal) esculpidas en su barandilla, que son espantadas por un perro (guardián de la palabra de Dios).

También interesantes son las innumerables obras de arte, de diferentes siglos, que contiene el interior de la Catedral: diversas esculturas; el retablo del altar Wiener Neustädter (a la izquierda del altar mayor), de principios del siglo XV, con 72 imágenes policromas de santos; el sepulcro de Federico III, la obra renacentista más espectacular; o el altar mayor, de estilo barroco. Debajo del altar mayor se encuentran enterrados varios emperadores de la casa de los Habsburgo.

En esta Catedral fue donde, en 1782, W. A. Mozart contrajo matrimonio con Constanze, y también donde, en 1791, tuvo lugar el funeral del compositor.

De nuestras previsiones, en esta intensa primera tarde en Viena, nos faltaba por visitar el famoso reloj Anker (Ankeruhr), que se encuentra en la plaza más antigua de Viena, la Hoher Markt (donde se instalaban los mercados y donde se llevaban a cabo las ejecuciones), sobre un pequeño puente que une dos edificios de oficinas.

Su nombre proviene de la Anker Insurance Company, a la cual le encargaron su construcción. Fue Franz Matsch quien lo diseñó, en bronce y cobre, terminándolo en 1914. Cada hora la señala un personaje histórico, como el emperador Marco Aurelio, el duque Rodolfo IV o Haydn. Además, a las doce del mediodía todos los personajes (los doce correspondientes a cada hora, sin distinguir antes o después del mediodía) desfilan juntos al son de la música de órgano.

También estaba previsto cenar en Figlmüller at Wollzeile (Wollzeile 5, 1010 Wien). En esta ocasión fallaron nuestras previsiones, por varios motivos. La primera y fundamental, no habíamos realizado reserva, algo imprescindible en estos días como más tarde veríamos. La segunda, hacía un par de horas que habíamos finalizado nuestra copiosa comida y tampoco era plan…

Como alternativa, seguimos paseando tranquilamente por el bullicioso centro de Viena antes de volver al metro para regresar al hotel, dando por muy bien aprovechado nuestro primer día de estancia en la capital austríaca. Eso sí, terminamos el día reservando las entradas para los Palacios Schönbrunn y Belvedere, visto lo visto…

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Viena 2024 (1)

De nuestros destinos por Europa, el pack Viena-Salzburgo-Innsbruck había estado en mente en varias ocasiones. No obstante, la oportunidad de asistir al concierto de Coldplay en Viena hizo que nos decantáramos por la primera y dejáramos las otras dos para una próxima ocasión, en este agosto de 2024.

Tras barajar diversas opciones, básicamente salida y llegada desde y a Alicante y Valencia, elegimos la segunda por las combinaciones de vuelos. Por este motivo, partíamos a las 6.00 horas del martes, 20 de agosto de 2024, dirección Valencia para llegar al Oliveral parking, en Manises, junto al Aeropuerto de Valencia, donde dejaríamos el coche hasta la vuelta.

El vuelo de Valencia a Viena transcurrió sin novedad y a las 14.10 horas llegamos a la Terminal 3 del Aeropuerto de Viena (Wien Schwechat), muy grande y muy bien conectado con el resto de Europa, situado a 18 km del sur de la ciudad.

De las distintas opciones para llegar al centro de la ciudad habíamos elegido el CAT (City Airport Train), que te lleva del aeropuerto a la estación Landstrasse – Wien Mitte (líneas de metro naranja U3 y verde U4) en dieciséis minutos y sin paradas.

Aquí adquirimos nuestros billetes flexibles WIEN-Ticket de 7 días válidos a partir de la validación durante siete días naturales consecutivos, más del tiempo que íbamos a permanecer en Viena, pero más que recomendables a pesar de su precio al permitirte utilizar todos los tipos de transporte de Viena: metro, tranvía y autobús. Desde luego, más que amortizado en nuestros innumerables desplazamientos por la ciudad.

Tras llegar a Neubaugasse (U3) nos trasladamos al Hotel Kolping Wien Zentral (Gumpendorfer Str. 39, 1060 Wien), reservado en el mismo momento que adquirimos las entradas para el concierto, y tras hacer el ckeck in, más allá de las tres de la tarde, nos dispusimos a realizar una primera visita panorámica por la ciudad, tal y como habíamos programado.

Pero antes había que comer, y pronto. En nuestro camino hacia la Ópera nos encontramos con el Restaurante Bier & Bierly (Operngasse 12, 1010 Wien), estupendo restaurante de comida típica de la zona. Y para qué esperar más. De principal nos decantamos por el clásico Original “Wienner” Schnitzel im Schamlz, acompañado de patatas y mayonesa y de una deliciosa ensalada César.

Eso sí, esperábamos una cerveza un poquito (bastante) más fría… Es de destacar la decoración del interior del restaurante, con paredes están cubiertas por latas de cerveza de todo tipo.

Al salir, un pequeño paseo nos llevó a la Ópera Estatal de Viena, en Opernring 2, cuya visita estaba prevista para días más tarde.

En esta importante arteria de la ciudad se encuentran muchos de los lugares de interés que veríamos más tarde. Decidimos coger un tranvía y recorrer parte de ella hasta el Parlamento de Austria, un hermoso e impresionante edificio construido por Theophil von Hansen (autor también del Musikverein, la Academia de Bellas Artes y la Bolsa de Valores) inspirándose en la arquitectura clásica griega.

El Parlamento se construyó inicialmente como parte del proyecto de la Ringstraβe, para funcionar como el edificio del Parlamento austriaco del Imperio de los Habsburgo (Reichsrat). Después sería aquí donde se proclamase la República de Austria. En la actualidad es la sede de las dos Cámaras que componen el Parlamento austriaco.

Gravemente dañado durante la II Guerra Mundial, el edificio del Parlamento fue reconstruido en 1956.

Su fachada está formada por un pabellón central en forma de templo griego, con pronaos y frontón, y dos alas laterales. Su frontón nos muestra la promulgación de la Constitución por el emperador Francisco José I. El ático está coronado por 60 estatuas de personajes relevantes de la antigüedad griega y romana.

El acceso al pabellón central se realiza mediante una rampa doble decorada con figuras de mármol que representan a historiadores griegos y romanos. Al pie de la rampa se pueden contemplar unas esculturas de bronce, de 1901, que representan domadores de caballos.

Delante del Parlamento se encuentra la fuente de la diosa griega de la sabiduría, Palas Atenea, la cual sostiene en su mano a la diosa griega de la victoria, la diosa alada Niké. A los pies de Atenea están cuatro figuras que representan el Danubio, Inn, Moldava y Elba, los ríos más importantes del antiguo imperio austro-húngaro.

En el interior destacan la Säulenhalle (sala rodeada por 24 gigantescas columnas monolíticas con capiteles corintios), el Empfangsalon (salón de recepción de estilo pompeyano) y las Sitzungssälen (salones de sesiones).

Junto al Parlamento se encuentra Rathauspark, un parque situado delante del Ayuntamiento. En 1863 Francisco José I encargó al Dr. Rudolf Siebeck, que hacía las veces de jardinero municipal, el diseño de un parque en el espacio para desfiles que hasta entonces ocupaba este lugar. El parque que diseñó Siebeck tenía pocos rasgos formales, creando así un intencionado contraste con la austeridad monumental de los edificios y parques cercanos. Cuando el parque se inauguró en 1873, se habían completado dos secciones del mismo: el parque norte, adyacente a la Universidad, y el parque sur, adyacente al Parlamento.

Las dos zonas verdes del Rathauspark están cruzadas por serpenteantes senderos y acogen densos grupos de árboles y arbustos, mostrando una amplia variedad de plantas, algunas de ellas exóticas. También, paseando por sus senderos, encontramos varias estatuas o monumentos interesantes, como el monumento dedicado a Strauss (padre) y Lanner.

Las dos secciones, zonas verdes prácticamente simétricas, están separadas por una gran plaza en forma de paseo que conduce directamente al Ayuntamiento. Dicha plaza es utilizada para diferentes eventos a lo largo de todo el año, como, por ejemplo, para los famosos mercados navideños, para pista de patinaje sobre hielo, conciertos,… o para manifestaciones, como las manifestaciones por la paz o la manifestación anual del Primero de Mayo.

Estos días, y durante todo este verano, la Rathausplatz se había convertido en un vibrante punto de encuentro al aire libre, ya que se celebraba, desde el pasado 29 de junio, el Festival de Cine Musical con ópera, música clásica, jazz y pop/rock de primera categoría, así como auténticos manjares culinarios.

Se trata de uno de los eventos veraniegos más populares celebrados en el centro de la ciudad y en el marco del mayor festival culinario y cultural de Europa: fundado en 1991, el Festival del Cine Musical se celebra entre el Ayuntamiento de Viena y la Ringstraße. Este año vuelve a atraer a cientos de miles de amantes de la buena música y la buena cocina a la Rathausplatz, y ello con entrada gratuita todas las jornadas.

El Rathaus o nuevo Ayuntamiento de Viena, junto con el Teatro Imperial (Burgtheater), el Parlamento y la Universidad, forma uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes de la Ringstraβe. Fue el propio emperador Francisco José I quien colocó la primera piedra del Ayuntamiento. El edificio fue construido en estilo neogótico entre 1872 y 1883, con el objetivo de sustituir al Antiguo Ayuntamiento (Altes Rathaus). El arquitecto encargado de la construcción, quien se inspiró en el Ayuntamiento de la Grande Place de Bruselas, fue Friedrich von Schmidt, tras ganar el concurso al mejor proyecto.

La fachada principal del Ayuntamiento presenta cinco torres; de ellas, la central, una torre de aguja de más de 100 metros de altura, está rematada por una estatua de 3,5 metros de altura, el Rathausmann. Este caballero con armadura que porta un estandarte, esculpido por Franz Gastell y fundido en hierro por el artesano Alexander Nehr, se ha convertido en uno de los símbolos vieneses. También en la fachada cabe señalar la logia, de gran altura, donde destaca la curvatura de los balcones y la delicada tracería. Además, en todo su perímetro se abren arquerías con estatuas de las personalidades de la historia de Austria.

Justo enfrente del Ayuntamiento se encuentra el Teatro Imperial (Burgtheater), construido entre 1874 y 1888 por G. Semper y K. Hasenauer (los mismos arquitectos que diseñaron el Museo de Historia del Arte y el Museo de Historia Natural), en el emplazamiento que ocupaba el antiguo Hofburgtheater. El Teatro Imperial fue uno de los teatros más espléndidos de Europa y, después de La Comédie Française, es el teatro más antiguo. Además, fue uno de los primeros teatros europeos de habla alemana y el más grande entre ellos, convirtiéndose en el coliseo teatral favorito de la aristocracia durante el siglo XIX, aunque se vería desplazado del primer plano por el Teatro de la Ópera del Estado de Viena. Durante la II Guerra Mundial el Teatro Imperial resultó gravemente dañado, por lo que tuvo que ser restaurado recuperando, especialmente en el interior, partes de su decoración original.

La fachada, que presenta un cuerpo central convexo, está decorada con los bustos de nueve grandes dramaturgos; a la derecha tres autores austriacos: Halm, Grillparzer y Hebbel; en el centro se encuentran Goethe, Lessing y Schiller; y a la izquierda están Molière, Shakespeare y Calderón de la Barca.

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Van Gogh Experience 🎨

La visita a la Finca de Susi Díaz era la excusa perfecta para visitar la exposición inmersiva sobre Van Gogh instalada en el Recinto Ferial de Alicante.

Vincent Van Gogh es un artista que ha sido apreciado sólo después de su muerte. Durante los últimos años de su vida Van Gogh pintó más de 2100 cuadros y escribió más de 800 cartas que a día de hoy están en las colecciones de los museos, galerías y coleccionistas de arte más grandes e importantes de todo el mundo.

Sus lienzos se encuentran actualmente entre las obras más caras del mercado. Ahora, gracias a la tecnología Digital Art 360, tenemos la oportunidad de verlos en el mismo lugar y en una forma completamente diferente: una vibrante sinfonía de luces, colores y sonidos que te transporta al mundo creativo de la pintura de un gran artista.

La exposición inmersiva VAN GOGH “GRANDES ÉXITOS” se vuelve viva gracias a los colores intensos y expresivos, y a las obras más famosas del artista, desde los icónicos «Los girasoles«, pasando por «La noche estrellada» o su «Autorretrato«.

VAN GOGH “GRANDES ÉXITOS” es una idea única para pasar una buena tarde. El apasionante mundo del artista interesa tanto a aquellos que acaban de comenzar su aventura con la historia del arte, como a conocedores expertos de la obra del pintor.

Es posible que ver obras de arte nunca ha sido tan emocionante. Esta exposición inmersiva es una experiencia cultural vibrante y absorbente que te permite encontrarse con el arte de una manera sin precedentes y cambia tu percepción de las visitas tradicionales a los museos, aunque es cierto que se echan en falta algunos aditamentos presentes en otras localizaciones como la sección de foto (sala donde puedes entrar dentro de los cuadros del artista como un elemento más) y la experiencia de realidad virtual.

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La Finca de Susi Díaz (Origen-2024) ⭐

La celebración del aniversario se había hecho esperar. El ajetreado final de curso impidió que se celebrara en su fecha, y así aprovechamos para, de una tacada, celebrar la onomástica de May, también con un par de días de retraso. La posibilidad de visitar la exposición inmersiva Van Gogh «Grandes Éxitos», en el recinto ferial de Alicante, nos decidió a repetir restaurante, algo que hacíamos por primera vez, y mereció, y mucho, la pena.

La Finca, ubicada en una antigua casa de labor con más de 100 años de historia, inició su andadura en 1984 en el campo de Elche. Su cocina es el reflejo de su chef, Susi Díaz, cuyo trabajo, en constante evolución, evoca sabores limpios y ligeros que potencian la pureza del producto. Asimismo, Irene y Chema García (relevo generacional del restaurante) han escalado la puesta en escena, para convertir el restaurante en un escenario en perfecta armonía para que los sabores de la finca cautiven tus sentidos. Su filosofía, su cocina y su forma de ver la vida se basan en estos cinco pilares: producto de cercanía, respeto por la materia prima, consumo responsable, respeto por el entorno y amor por lo que hacen. Con estas premisas, el éxito está garantizado.

Por todo ello, en el menú ORIGEN que degustamos ha querido dar importancia a nuestra cocina, a sus inicios, al comienzo, a la cocina de nuestras abuelas. Ha querido destacar esa cocina de mercado donde el produzco es, y siempre ha sido, el protagonista. Dando importancia al lugar del que venimos. A nuestra procedencia. Rendir homenaje a la familia es la mejor forma de destacar aquello que te hace único.

A fuerza de ser sinceros, el entorno acompaña, pues es una maravilla de lugar. Cuando llegas y ves las instalaciones, te das cuenta de que estás del sitio en el que estás. El personal, encantador, está pendiente todo el rato de ti. Y, lo más importante, la comida es algo increíble, basada en un producto de altísima calidad y una cuidada y exquisita combinación de sabores.

Desde el primero de los aperitivos hasta el postre disfrutamos como niños de todos los platos. Posiblemente, nos llevamos mucho mejor sensación que en nuestra primera visita, aunque el hecho de comer en vez de cenar es posible que algo influya en esta opinión.

Dejamos constancia gráfica del menú. Es cierto que solo se puede deleitar uno, y mucho, con la estética de los platos. Para saborearlos hay que desplazarse a la vecina Elche. Pero el viaje vale la pena…

Snacks

Negroni, Pepino, Gilda, Taco, Bollito

Para empezar

Mújol (Crema de tomate, pimiento y almendra)
Espárragos (Helado con cacahuetes caramelizados)
Alma del Sur (Nuestro Fino Tradición con vodka y lima) – Caviar (Croissant con papada ibérica y crema de queso)
Quisquillas (Mosquitos y ali i pebre)
Atún (Sandwich con remolacha y raíces)
Esparraguines (Calamares, michirones e ibéricos)
Pan (Recién horneado con mantequilla y sal Susi Díaz)

Para terminar

Gazpacho (Bonito en salazón, calabaza fermentada y verduras)
Tartar (Solomillo con alcachofas y foie mi-cuit). Madeira Sour (Justino’s Madeira 5 años y cítricos)
Salmonete (Arroz meloso con sepia de playa y pescado de roca)

Postre

Mango (Maracuyá, plátano, lima y canela)
Turrón (Almendra y chocolate blanco)

Con los cafés, acompañados de los Petits Fours, finalizamos esta espléndida sobremesa, que volveremos a repetir con gusto, por la comida y por la compañía.

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Cádiz 2024 (y 6)

Volvimos al coche para visitar nuestro siguiente destino: Medina Sidonia. Coronando el Cerro del Castillo (a 300 metros de altitud, al que alguien se negó a subir), Medina conserva intacto todo el sabor medieval. Fundada por los fenicios, fue una importante colonia romana y capital de la cora musulmana de Sidonia. A mediados del s. XV entró a formar parte del Señorío de los Duques de Medina Sidonia.

Declarada Conjunto Histórico y Premio al Embellecimiento de los Pueblos Andaluces, tan rico pasado ha dejado en la localidad numerosos testimonios artísticos. La ermita de los Santos Mártires es el ejemplo de arte visigodo más antiguo de Andalucía. De la época medieval son las ruinas del castillo, edificado sobre el antiguo alcázar musulmán y el castillo de Torrestrella, (ambos de los siglos XII-XIV). De los numerosos arcos medievales, algunos musulmanes y anteriores a la conquista, destacan el Arco de la Pastora (siglo X), del Sol (siglos X-XIII) y el Arco de Belén (siglos XII-XV).

Las muestras de su arquitectura religiosa son innumerables, destacando la iglesia parroquial de Santa María la Mayor Coronada, un magnífico ejemplo de los estilos gótico y plateresco. Otros templos que no pueden dejarse de visitar son los de la Victoria, San Juan de Dios y Santiago.

Sin duda, lo que más nos impactó fue su conjunto arqueológico romano. Las construcciones hidráulicas del siglo I d.C., con un total de 20 metros de galerías subterráneas cuya función como sistema de alcantarillado en la época romana, nos indica el grado de urbanización de la ciudad Assido-Caesarina. Presenta tres estructuras diferentes: cloacas, habitaciones romanas y criptopórticos.

Las cloacas máximas se encuentran en la periferia de la ciudad, donde desemboca todo el entramado de cloacas más pequeñas que se extendían por la cuidad. Los muros están hechos de sillares de piedra arenisca y las bóvedas son de medio cañón corrido.

El suelo es el original y está impermeabilizado por una capa formada por una mezcla de cerámica triturada de cal. Se aprecia a ambos lados unos acordonamientos que impedirían la filtración de las aguas sucias a través de los muros. En las bóvedas encontramos unos registros circulares que conectaban directamente con las casas.

La verdadera dimensión del urbanismo asidonense en la antigüedad está presente en las obras públicas hasta ahora localizadas, de las que es ejemplo singular un tramo de vía romana descubierta en 1997 y que discurre en parte a cuatro metros por debajo de la calle Álamo. Construida con grandes losas de piedra, se compone de dos aceras, y una calzada que tiene cinco metros de ancho, capaz de permitir el paso de dos vehículos a la vez.

A lo largo de la línea central de la calle, por debajo del enlosado, se halla una cloaca de casi un metro de altura, que canalizaba las aguas de lluvias y las residuales de edificios y fuentes de la ciudad.

Con la puesta en valor de este lugar, no sólo se ha dado un importante paso en el conocimiento histórico y urbanístico de la Medina Sidonia antigua, sino que también se ha acondicionado un espacio cultural que puede ser disfrutado por el público.

Posee la villa una delicia repostera con denominación de origen propia, el alfajor de Medina. Este producto es un dulce de origen árabe elaborado a partir de técnicas tradicionales y utilizando ingredientes de primera calidad: miel pura de abeja, almendras, avellanas, harina, pan rallado y especias (cilantro, clavo, matalahúva, ajonjolí y canela). Con forma de canutillo, posee un color tostado al corte y un aroma ligeramente especiado mientras su sabor, recuerda a una mezcla de frutos secos y miel.

Durante la ya habitual “pausa para la hidratación” en la Plaza Mayor aprovechamos para reservar mesa en la Terraza el Juncal, en el Paseo Marítimo de la playa de El Palmar, y junto al parking donde pensábamos dejar el coche para disfrutar

Tras la comida nos dispusimos a disfrutar de esta extensa playa extensa de ocho kilómetros de longitud, ideal para andar y dar largos paseos por las mañanas en cualquier época del año gracias a su arena cuidada y limpia.

El acceso a la playa de El Palmar es a través de pasarelas de madera con el objetivo de ayudar a preservar y conservar el sistema de dunas que circunvala todo su litoral siendo de vital importancia al actuar como reserva de arena y dique natural.

Destaca por ser un lugar en el que no encontrarás ni urbanizaciones ni hoteles, una playa muy tranquila para pasar una maravillosa tarde con tu pareja disfrutando de un espacio único y acogedor.

Todo tiene su fin. Desayunamos, por última vez, en el hotel (nuestro ya habitual revuelto de ibérico, sin salmorejo) y ultimamos el equipaje para emprender el camino de regreso a casa. La idea era no repetir itinerario sino volver por el interior, pasando por Antequera, para poder visitar dos últimos lugares: Setenil de las Bodegas y Olvera.

Setenil de las Bodegas es ese pueblo gaditano que te persigue por todas las redes sociales hasta la saciedad y que, últimamente, se ha puesto muy de moda en Instagram. Tras dejar el coche en un parking cubierto a las afueras del pueblo (muy recomendable, a ver quién es el valiente que atraviesa las calles del pueblo) comenzamos a ascender por la Calle Calcetas en dirección a la Plaza de Andalucía.

Localizamos la Oficina de Turismo, donde además de orientarnos sobre la visita a Setenil adquirimos las entradas para su conjunto monumental, en el que hay un lugar que destaca por encima de todo el pueblo. Se trata del Torreón.

La historia de esta villa se remonta a la época de los Reyes Católicos en la que la conquista de la ciudad fue fundamental para recuperar Granada. Aunque la conquista no fue fácil. Les costó siete asedios lograr el objetivo. Por eso el nombre de Setenil viene de «Septem nihil», que significa siete veces nada.

Esta antigua fortaleza nazarí es de las pocas de España que conservan todo su entramado urbano medieval. En el subsuelo de esta alcazaba se encuentra el aljibe árabe, encargado de suministrar el agua a la fortaleza.

La historia de Setenil no se remonta sólo al medievo. Las cuevas donde hoy en día se encuentran las casas, antiguamente fueron habitadas por hombres paleolíticos. Prueba de ello es la Damita de Setenil, una venus paleolítica de 5.000 años que tiene su propia casa.

De vuelta a la Plaza de Andalucía nos dirigimos hacia las dos calles en Setenil de las Bodegas que son el símbolo del pueblo. Se trata de la Calle Cuevas de Sol y la Calle Cuevas de Sombra.

Ambas calles representan la fotografía típica del pueblo, con sus casas construidas aprovechando los recovecos de las rocas.

No son las únicas calles que han convertido este pueblo en uno de los más llamativos y pintorescos de España. Hay varias calles alrededor del pueblo en las que las rocas forman parte natural del techo, como, en la parte baja, la Calle San Román.

Posiblemente Olvera sea uno de los más bonitos pueblos blancos de Cádiz. Tras aparcar el coche nos dirigimos, en primer lugar, al Restaurante Casa Juanito para comer, que ya era hora. Una sorpresa fue encontrarnos, de nuevo, tortitas de camarones. Y no dejamos pasar la oportunidad de probar el lagarto ibérico, como nos habían recomendado.

La verdad es que hay que tener valor para comenzar a visitar Olvera a las tres de la tarde en pleno mes de julio. Pero no había otra. Creo que cogimos más moreno en Olvera que los cuatro días anteriores en las playas de Cádiz…

Nos dirigimos hacia el barrio de la Villa, el barrio más antiguo de la localidad y en él se encuentra gran parte de todo el atractivo que hay que ver en Olvera. Su origen es musulmán, cuando se denominaba Wubira, y data de más de 700 años de antigüedad. Las 13 calles de la Villa se ajustan a la orografía tan peculiar de Olvera: calles estrechas, continuas subidas y bajadas,… Muy apropiado para bajar la comida…

En la Oficina de Turismo adquirimos las entradas para subir al castillo, algo que previamente había dicho que no haría. El Castillo de Olvera está declarado Bien de Interés Cultural desde 1985 en la categoría de arquitectura defensiva. Fue construido en el siglo XII y formó parte del sistema defensivo del reino nazarí de Granada. El paso del tiempo y las sucesivas remodelaciones por parte de las tropas castellanas han dejado evidentes rasgos cristianos en esta torre nazarí.

Se adapta a la forma de la peña en la que se encuentra, de manera irregular y de forma de triángulo, hasta los 620 metros de altura, convirtiéndose en uno de los mejores miradores de Olvera.

Hasta hace no muchos años, el acceso al castillo se realizaba atravesando las habitaciones de una casa adosada a la muralla. Actualmente, la única puerta de acceso al Castillo de Olvera se encuentra protegida por una barbacana y el Castillo consta, además de una torre del homenaje, de una muralla con paso de ronda, un recinto subterráneo y dos aljibes.

La torre del homenaje se alza en la parte superior del recinto, dispone de dos plantas cubiertas y se accede a ellas a través de escaleras de caracol. Aunque las escaleras son estrechas y peligrosas, desde lo alto se obtienen unas vistas espectaculares de toda la zona.

En la explanada de la Oficina de Turismo se encuentra también la Iglesia arciprestal y parroquial Nuestra Señora de la Encarnación, cerrada a estas horas de la tarde. Tras el derribo de la antigua iglesia Mayor en 1822, la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación se construyó en 1843.

Su fachada de la es de estilo neoclásico, de líneas recortadas y volúmenes, formada por tres cuerpos en altura, cuatro para torres y campanarios. En 1902 colocaron en la fachada el reloj, propio de las casas consistoriales y muy poco habitual en iglesias.

El Museo de la Cilla y Museo de la Frontera y los Castillos se encuentra ubicado en el edificio “La Cilla”, con entrada por la Oficina de Turismo, y se llama así porque servía de cilla (granero) a sus antiguos dueños los Duques de Osuna. A pesar de que su cometido primitivo era el de recoger granos y frutos, el edificio sufrió reformas y, a mediados del siglo pasado, se destinó como cárcel de mujeres.

Tras la última restauración, en 1999, el edificio pasa a ser Centro Cultural “La Cilla”, albergando el Centro Cultural La Cilla “Olvera, La Frontera y Los Castillos”, la Oficina Municipal de Turismo, Exposición Arqueológica, Centro de Interpretación de la Vía Verde de la Sierra y una sala de exposiciones itinerantes.

Última visita de este viaje. Quedaban 430 kilómetros de vuelta a casa. Autovía desde Antequera, esperando no volver a tropezar con las obras en la A-92, pero carretera autonómica, de las de toda la vida, hasta Antequera, entretenida, no cabe duda. Con todo, llegábamos a casa algo después de las ocho de la tarde sin mayor novedad.

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Cádiz 2024 (5)

Al salir del restaurante nos dirigimos, Cádiz a través, hacia el Castillo de San Sebastián, uno de los monumentos más icónicos de la ciudad de Cádiz.

La fortaleza está ubicada en un islote situado en uno de los extremos de la playa de La Caleta. Su localización responde a motivos defensivos, como evidencia su perímetro amurallado. Los fenicios fueron los primeros pobladores de la antigua Gades -nombre primigenio de la ciudad- en situar en esta pequeña isla una de sus construcciones.

Según la tradición, allí levantaron un templo dedicado al dios Moloch. Posteriormente, fueron los invasores musulmanes quienes ubicaron allí una atalaya de vigilancia. Con todo, está cerrado temporalmente, por lo que no pudimos visitar su interior, y nos tuvimos que contentar con el agradable paseo por la más popular de las playas gaditanas.

Iniciamos el camino de vuelta al parking paseando por el Malecón de Cádiz, nombre con el que todo el mundo conoce al Campo del Sur. Y es que, en cierta manera, guarda muchas similitudes con La Habana y se dice que en la construcción de esta ciudad se inspiraron en Cádiz. Este paseo marítimo esconde una de los encuadres más clásicos de la ciudad con la catedral de fondo y no puede faltar en una ruta por la ciudad de Cádiz.

De regreso a Zahora no quisimos perder la oportunidad de cruzar el puente de la Constitución de 1812, un puente atirantado que cruza la bahía de Cádiz, dando acceso a la ciudad desde el continente. El puente es la continuación de la autopista del Sur, formando parte integrante de la autovía de Acceso a Cádiz. El puente se empezó a construir en 2008 y fue abierto el 24 de septiembre de 2015.​ Una vez inaugurado se convirtió en el puente de mayor luz de España, con 540 metros.

Y no iba a ser menos el puente José León de Carranza (más conocido como puente Carranza), que une las orillas de Cádiz y el municipio de Puerto Real través del saco interior de la bahía de Cádiz. La distancia salvada forma parte del trazado de la N-443. Era uno de los dos únicos accesos a Cádiz por el continente hasta la construcción del nuevo puente de la Constitución de 1812. Además de la distancia salvada, este puente es especialmente singular por salvar un vano de 90 metros mediante dos hojas basculantes, de las más grandes de Europa.

Antes de llegar a Zahora quedaba tiempo más que de sobra para hacer una parada en Conil de la Frontera. Tuvimos suerte y conseguimos dejar el coche en pleno paseo marítimo, accediendo por una concurridísima calle a la Plaza de Santa Catalina, en la que se encuentra la Torre de Guzmán, símbolo de la ciudad, una torre gótica del siglo XIV que pertenecía al que fue el Castillo de Guzmán y que hoy se conserva perfectamente.

Nos acercamos a la Sala Expositiva del Mar y la Almadraba (SEMA) antes de continuar y adentrarnos entre laberínticas callejuelas que nos permitieron observar que hoy por hoy todavía se conservan vestigios de las fortificaciones medievales y murallas de siglos pasados.

Es el ejemplo de la Puerta de la Villa (s. XVI), tras pasar por la Plaza de España donde encontramos el monumento a José Saramago.

A pocos metros se encuentra la Iglesia de la Misericordia y el Ayuntamiento, que contemplamos antes de iniciar el camino de vuelta para coger el coche y llegar al hotel.

Tanto habíamos oído hablar de los atardeceres de Cádiz que nos apresuramos a bajar por última vez a la playa de Zahora, junto al Satojami. Y digo bien, nos apresuramos, pues tuvimos que esperar prácticamente hasta las diez de la noche para contemplar, eso sí, una maravillosa puesta de sol.

Para nuestro último día completo en estas latitudes habíamos programado una visita inicial a Vejer de la Frontera, declarado Conjunto Histórico Artístico en 1976, Premio Nacional de Embellecimiento de Pueblos en 1978 y oficialmente miembro de la Asociación de “Los Pueblos más bonitos de España” desde 2014, ahí es nada.

Tras aparcar cómodamente en uno de los parkings disuasorios disponibles nos dirigimos a la Oficina Municipal de Turismo, donde nos proporcionaron un plano turístico y nos informaron de los lugares de mayor interés.

Avanzamos por la Avenida Los Remedios dirección a la zona antigua atravesando La Plazuela, nexo de unión entre la zona antigua y nueva de la ciudad, donde se encuentra la primera hospedería del pueblo, el Hotel Convento San Francisco, ubicado en el antiguo Convento del mismo nombre.

Continuamos nuestro recorrido por la Calle Juan Bueno, deteniéndonos en el Mirador de la Cobijada.

A nuestra espalda encontramos un lienzo de muralla del recinto amurallado del siglo XV, de trazado irregular como consecuencia de su adaptación a la topografía del lugar y que encierra una superficie de poco más de cuatro hectáreas. Su grosor oscila entre metro y medio y dos metros, aunque aumenta considerablemente en las cuatro puertas de acceso a la ciudad, que conservan su estado original (Arco de la Segur, Arco de la Villa, Arco de Sancho IV y Arco de Puerta Cerrada.

Accedemos a la zona antigua de Vejer por el Arco de Santa Catalina (puerta falsa del Recinto amurallado) y damos el primer salto en el tiempo, pues nos encontramos en el Barrio de la Judería.

A escasos metros a nuestra izquierda nos encontramos con el Arco de Puerta Cerrada, situado en el flanco sur del Recinto Amurallado, y que debió tapiarse durante siglos por el grave peligro que suponía, ya que daba acceso al camino que comunicaba con el mar.

Tras vislumbrar el castillo, cerrado a estas horas de la mañana, continuamos por la Calle Castillo dirección a la Calle Ramón y Cajal, pasando por una de las calles más emblemáticas de la ciudad, el Arco de las Monjas, consistente en una sucesión de contrafuertes que sustentan el muro lateral, colocados como consecuencia del terremoto del s. XVIII.

Dejamos a un lado el Convento de las Monjas Concepcionistas, el único vestigio del original Convento de Ntra. Sra. de la Concepción fundado por D. Juan de Amaya en 1552 para enterramiento propio y de su mujer, que actualmente alberga el Museo Municipal de Costumbres y tradiciones de Vejer.

Contemplamos también la fachada y el campanario de la Iglesia Parroquial del Divino Salvador. El origen de esta Iglesia se encuentra en el periodo de la expulsión de los musulmanes. Los reyes cristianos iban conquistando territorios que se encontraban bajo dominación musulmana y las mezquitas las convertían en iglesias cristiana. Vejer fue conquistada por Fernando III “El Santo” en el siglo XIII, exactamente un 6 de agosto, día del Salvador. Construida sobre una antigua mezquita, es una Iglesia de planta basilical con ábside rectangular y compuesta por tres naves, siendo la central más alta que las laterales.

Nuestros pasos nos llevaron hasta el Arco de la Villa, situado en el frente de levante. Era el acceso más importante, ya que comunicaba con la cuesta de la Barca y la fuente del Concejo.

Desde aquí bajaremos a la Plaza de España, conocida popularmente como la “Plaza de los pescaítos”. Aquí se celebran los actos más importantes de la Velada en honor a la Virgen de la Oliva, Patrona de Vejer (del 10 al 24 de agosto). La Plaza tiene su origen en el siglo XVI cuando la ciudad desborda el recinto amurallado.

Durante los siglos XVI y XVII fue lugar destinado para la celebración de los distintos festejos taurinos por iniciativa de los hidalgos y caballeros de cuantía de Vejer. En 1957 se construyó una fuente en el centro de la plaza realizada a base de azulejos sevillanos. En esta Plaza se levanta el Ayuntamiento.

Continuamos bordeando la Muralla por la Calle Mayorazgo, desde donde observamos la Torre del mismo nombre. Al final de la calle encontramos un monumento a la figura de Juan Relinque, héroe local defensor de las Hazas de Suerte.

Desde aquí vemos el Arco de Sancho, situado en el flanco norte del Recinto Amurallado orientado hacia Medina Sidonia. Es un arco de medio punto con imposta moldurada a través del cual se puede observar el grosor de la muralla. Justo encima del arco hay un escudo nobiliario barroco.

Seguimos paseando por la Calle Corredera, que se nos descubre como un impresionante Mirador Natural hacia la campiña vejeriega.

A esta hora de la mañana ya debería estar abierto el castillo, que data de los siglos X y XI, en época de Abderramán I y sucesores. Consta de dos patios: el patio principal donde se encuentra el antiguo aljibe, que recogía el agua de la lluvia, a través de un canal. El suelo del castillo tiene forma de espiga, para evitar que los animales que se encontraban en los establos resbalasen.

Las columnas, unidas mediante arcos achatados que se encuentran formando pasillos datan del siglo XV. Desde el patio de armas se pueden ver las almenas, acceder a ellas y divisar hermosas vistas de todo el pueblo.

En el S. XIV fue residencia de los Duques de Medina Sidonia, señor de Vejer. Se encuentra englobado dentro del grupo de “Castillos menores” por poseer sólo una puerta de entrada y salida colocada en el punto más accesible y de más fácil defensa. La puerta de herradura enmarcada en un alfiz es el vestigio más apreciado de origen árabe que aún se conserva, según nos relataron nuestros jóvenes guías.

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Cádiz 2024 (4). Código de Barra ⭐

Habíamos reservado mesa en Código de Barra, en la calle San Francisco, atraídos por el proyecto de Leon Griffioen y Paqui Márquez que, hace ya algunos años se encontraron en el camino y juntos decidieron marcar la senda hacia un nuevo destino, Cádiz, donde una propuesta marcada por el buen comer les esperaba.

Desde su llegada a Cádiz, ya se sentía su pasión por la buena mesa, con productos autóctonos y de cercanía, y como no, el buen vino. No podemos olvidar que Cádiz es tierra de vino y solera, el Tándem perfecto entre cocina y sala.

Leon, siempre entre fogones y nuevas propuestas, y Paqui gran jefa de sala y sommelier aderezada con la sonrisa y la simpatía personificada, un equipo que trabajando codo a codo hoy convergen en este proyecto, donde comerse Cádiz, es saborear su historia y deleitarse con el aroma de sus vinos.

Llevada con la mayor de las pasiones, tiempo, alma y corazón son mucho más de lo podemos encontrar entre las paredes de piedra. ¿Se puede contar la historia de una ciudad, de un país o un continente a través de la cocina? Leon Griffioen piensa que sí. Y eso es lo que hace en el restaurante Código de Barra: reflejar el devenir de la historia de la capital gaditana a través de platos que siguen el curso de los siglos: griegos, fenicios, romanos, árabes, genoveses, ingleses, franceses dejaron su impronta en la ciudad a través de la cocina… Preparaciones que los gaditanos han hecho suyas que este chef holandés ha traducido al lenguaje de la alta cocina.

En 2010 juntos abrieron junto a Paqui Márquez, su mujer y directora de sala, un pequeño restaurante en la plaza Candelaria que se hizo un hueco entre la clientela local. Hacía solo seis meses desde la apertura del nuevo Código de Barra en 2021, y ese mismo año la Guía Repsol les otorgaba uno de sus Soles.

Dos años más tarde otro astro se alzaba en el firmamento de Código de Barra con la llegada de la Estrella Michelín. Inesperada pero soñada, orgullosos de traer la primera Estrella Michelín a Cádiz capital, siguieron haciendo las cosas con el cariño, la creatividad y el buen hacer, con los que lo habían hecho siempre.

El nuevo Código Gastronómico ha llegado a Cádiz para quedarse. Y nosotros estábamos hoy allí para disfrutarlo.

De los dos menús que ofrecen, Qadis y Gadeira, optamos por el primero de ellos.

Casi sin darnos cuenta, nada más sentarnos teníamos delante de nuestros ojos el primer plato del menú: la tortillita de camarones. Este plato nos había acompañado todos los días de nuestra estancia en Cádiz, pero no bajo el aspecto que ahora presentaba.

Tras la tortillita, los aperitivos (Paniza, Poleá, Cañailla y Altramuces) suponen ya una inmersión en la historia.

Las cañaillas, envueltas por una masa de fritura crujiente, se sirven en un cuenco dorado, metáfora de las altas cotizaciones que estas alcanzaban en Roma como ingrediente básico de la tintura de púrpura, presente en las túnicas de los poderosos.

Uno tras otro fuimos degustando los siguientes platos acompañados de las explicaciones, sucintas y muy acertadas, de un equipo de sala bien formado que no atosiga y habla lo justo, pero responde siempre amable cuando el comensal muestra curiosidad.

Atención especial merece el pase del pan, que se hace entre los aperitivos y los entrantes, Oro de Cádiz, en alusión al valor que en otros tiempos tuvo el trigo autóctono, hoy extinguido. Se acompaña con una espectacular mantequilla casera y zurrapa de lomo.

Seguimos los entrantes con la Posca,…

Para, a continuación, presentarnos el Albedo, la parte blanca de la cáscara de los cítricos, que en tiempos de escasez se freía a modo de tropezón para engordar los guisos, lo convierte en un puré que acompaña sardinas ahumadas, limpias y desesperadas.

Candié (derivado del inglés candy y egg), el siguiente plato, es un ponche reconstituyente habitual en el marco de Jerez en los años setenta del siglo pasado, se transforma en un sorbo a modo de abreboca.

El menú, a medida que avanza, va rescatando ingredientes o elaboraciones que hilvanan un periodo histórico con otro. No es un relato lineal, tampoco verídico. Es una recreación que parte del conocimiento para llegar a la emoción. Para poner sobre la mesa, recuerdos ciertos o inventados, no importa,  que forman parte de la memoria gastronómica común de los gaditanos.

Y así llegaron la Corvina en Abodo y la Dorada de Estero.

Un equilibrio difícil que evidencia la sensibilidad de Griffioen y su habilidad culinaria. Otra reminiscencia de la cocina familiar es el empleo de la sobrehúsa, salsa popular con la que se aliñaban las sobras de pescado frito. Aquí se sirve una versión libre y refinada acompañando los lomos crudos de doradas de estero, con las pieles fritas en recuerdo al origen.

Cuando esperábamos, por error, el atún de almadraba como principal, nos sirvieron el último plato antes de los postres, Retinto y Majao. Un espectacular bocado de carne en su punto que ponía punto final a un auténtico desfile histórico, y gastronómico, de la ciudad.

Los postres, Verduras del Navazo y Pan de Cádiz, muy ricos. El primero, con un toque a regaliz muy agradable. Ambos, ideales para finalizar el menú.

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Cádiz 2024 (3)

Precisamente, la “tacita de plata» era nuestro objetivo para el miércoles. La ciudad más antigua de Europa, con más de 3.000 años de historia, conocida antaño como Gadir por los fenicios y como Gades para los romanos. Una ciudad que respira mar por todos sus costados y que ha vivido momentos tan importantes como la firma de la primera Constitución Española, en 1812. Una ciudad que vive en continuo carnaval, riéndose de sí misma y acogiendo al visitante con su ironía y buen humor.

Por suerte, teníamos bien localizado un parking cerca del centro y de fácil acceso desde el que iniciar nuestra visita a la ciudad. En unos pasos llegamos a la Plaza del Ayuntamiento de Cádiz, donde se sitúan emblemáticos edificios como el propio Ayuntamiento, mezcla de período neoclásico e isabelino, la iglesia de San Juan de Dios o la Casa de los Pazos.

Paseando por angostas callejuelas llegamos a la Catedral, en el corazón del casco histórico. Con nombre y apellidos es la Santa y Apostólica Iglesia-Catedral de Cádiz, una de las paradas más emblemáticas y famosas de la ciudad. También conocida como «Santa Cruz sobre el mar» o «Santa Cruz sobre las Aguas», no es la primera catedral que existió en este lugar, ya que anteriormente hubo una Catedral Gótica cuya construcción estuvo bajo el mandato de Alfonso X.

Comenzamos la visita por la Torre Poniente, también conocida como la Torre del Reloj, que forma parte de la propia catedral. Se trata, sin duda, de un estupendo mirador de toda Cádiz. Con 74 metros de altura es el punto más alto de la ciudad, y las vistas merecen, y mucho, la pena.

La catedral, de estilo barroco y neoclásico fue levantada durante la época dorada de la ciudad, en el siglo XVIII, cuando Cádiz era el epicentro del comercio entre América y Europa, tardó casi 100 años en finalizar la construcción. El objetivo era que fuese más alta que la Giralda de Sevilla, y para lograrlo llegaron incluso a destruir casas, pero la época dorada dejó de brillar, y se transformó en un simple anhelo…

En su interior se abren un total de 16 capillas, entre las que destacan la de San Sebastián, que conserva un lienzo que representa a su titular, fechado en 1621 y obra del genovés Andrea Ansaldi; la de San Servando y San Germán, que cuenta con tallas barrocas de los titulares obra de Luisa Roldán, la Roldana, fechadas en 1687; la capilla de Santa Teresa que expone la custodia procesional del Corpus Christi, realizada en plata entre 1649 y 1664 sobre diseño de Alejandro Saavedra y la Capilla Mayor, que presenta un templete neoclásico de planta circular realizado en mármoles de colores y bronce dorado, siguiendo el diseño de 1790 de Manuel Machuca.

La cripta de la Catedral es todo un espectáculo (además, está bajo el agua) de piedra ostionera, de forma circular y con grandes celebridades sepultadas en el lugar, como Manuel de Falla, uno de los músicos más influyentes del país, y José María Pemán, un importante intelectual de la ciudad.

Al salir nos dirigimos a la Casa de la Contaduría, incluida en la visita, asentada sobre la cávea del Teatro Romano, en el lado que da al poniente, que construyó para sus conciudadanos Cornelio Balbo el Menor en el siglo I a. C. Es un conjunto compuesto de varios elementos aglutinados en torno a la torre de la Catedral Vieja de Santa Cruz: La Casa de la Contaduría y la Casa del canónigo Termineli, que datan documentalmente del siglo XVI, y el Patio Mudéjar o Casa del deán Rajón, levantado por éste en 1500.

El Museo ocupa planta baja y primer piso, con acceso desde la Plaza Fray Félix a través de un frontispicio manierista, adornado con puntas de diamantes, que sostiene el balcón de hierro forjado de la fragua con el escudo de la catedral. Un gran salón permite la contemplación de diversas obras pictóricas entre las que destaca La Inmaculada Grande, un cuadro de la escuela madrileña, de particular belleza.

Cruzando el patio de la Casa di Termineli se llega al Patio Mudéjar, en el que se distinguen restos romanos y medievales. A través de este patio se accede a una serie de salas que albergan mesas, cuadros, marfiles y esculturas de gran valor, así como tabernáculos, cálices y otras importantes obras de orfebrería y platería, en su mayoría pertenecientes a los siglos XVII y XVIII.

Recientemente se ha preparado una sala dedicada a las Cortes (asamblea nacional) de Cádiz de 1812 y su relación con la Iglesia. En esta sala se encuentran documentos y objetos que se refieren a estos hechos, entre los que destacan el decreto de abolición de la Inquisición, los pentagramas del Te Deum compuestos para esa ocasión o la mesa en la que la tradición de la iglesia afirma que se firmó el texto constitucional, entre otros.

La Iglesia de Santa Cruz o Catedral Vieja es el templo con más historia de la ciudad y la tradición cuenta que fue construida en el sitio de una antigua mezquita musulmana. Fue construida a instancias de Alfonso X el Sabio y fue erigida como catedral en 1263, ya que el Rey Sabio había manifestado su deseo de ser enterrado en ella, aunque esto no sucedió.

En el interior destaca el retablo mayor, una de las joyas de la escultura barroca de Gaditana. Realizado en madera dorada, fue diseñado y ejecutado en 1640 por Alejando de Saavedra, mientras que la decoración escultórica es de Alonso Martínez y se realizó en 1658. Tiene un solo cuerpo dividido en 5 bandas de pilares estriados y columnas. La banda central destaca gracias a las columnas retorcidas y tiene forma de hemiciclo con doce hornacinas que albergan el apostolado.

El Barrio del Pópulo, el más antiguo de la ciudad, se considera el núcleo medieval y una referencia de la ciudad a todos los niveles. Se caracteriza por tener tres arcos de entrada: el Arco del Pópulo, el Arco de la Rosa y el Arco de los Blancos, todos del siglo XIII, aquí se situaba también en tiempos pasados la villa medieval, con sus murallas y el castillo.

Tras pasar por la Plaza San Martín, considerada el corazón del barrio; nos dirigimos al Teatro Romano, que es uno de los más grandes del mundo.

Mandado edificar por Lucio Cornelio Balbo el Menor, fue construido en el siglo I a.C. Desde su descubrimiento en 1980 las excavaciones han permitido recuperar parte importante del graderío (proedria, ima cavea y media cavea), así como de la orchestra y una galería anular de distribución. A estos restos se añaden partes del edificio escénico que pueden observarse a través de pozos-sondeos realizados en el Centro de Interpretación.

Su fecha de construcción y sus casi 120 metros de diámetro lo convierten en el más antiguo y en el segundo en tamaño de la Península Ibérica. Se le calcula una capacidad de más de 10.000 espectadores.

El Centro de Interpretación del Theatrum Balbi (Teatro de Balbo) permite contextualizar mediante paneles explicativos, imágenes, maquetas y recursos audiovisuales los restos arqueológicos del edifico romano dentro del urbanismo de la ciudad de Gades, su trascendencia en la formación de la ciudad medieval y el actual Barrio del Pópulo.

Al salir del teatro nos llamó la atención un curioso rincón, anunciado como “el Callejón de El Duende”. Está junto a la Posada del Mesón y no es más que un estrecho callejón, cerrado con una verja, que era muy usado por estraperlistas y piratas para hacer sus trapicheos, entre ellos un famoso bandolero llamado «El Duende».

Pero, según cuentan, lo realmente curioso de este callejón es la historia del capitán francés que durante la invasión napoleónica se enamoró de una gaditana. Estos se veían de forma clandestina en el callejón hasta que fueron descubiertos, siendo asesinado el capitán y poco después, ella muriendo de pena.

Seguimos paseando por la ciudad, bulliciosa a esas horas del día, en dirección a la Torre Tavira. Con 45 metros, es el mejor mirador de la ciudad. No es la única torre en el centro de Cádiz, pues hay más de 100 repartidas por toda la ciudad (llegaron a ser 160) y que tienen su origen en el antiguo pasado comercial con las Indias, cuando Cádiz era puerto estratégico y los comerciantes querían vigilar desde sus propias casas la entrada de los barcos llenos de mercancías.

En la Torre Tavira, además del mirador, al que decidimos no subir, puedes visitar la Cámara Oscura, una habitación en el interior de la torre en el que se puede observar el exterior a tiempo real gracias a un juego de lentes ópticas que reflejan la imagen.

La torre está ubicada muy cerca del Mercado Central, y a él nos dirigimos. Se encuentra en un edificio neoclásico inaugurado en 1838. En su interior, cada mañana de nueve de la mañana a tres de la tarde (excepto domingos), se pueden adquirir productos frescos como pescados, mariscos, quesos, frutas o verduras. Todo un lujo pasear por sus puestos…

Además, encontramos en su interior el Rincón Gastronómico, en la esquina sureste. En esta zona hay muchos puestos y mesas altas donde comer y donde, sin dudarlo, procedimos al momento de hidratación de rigor, que falta hacía.

Era hora de comer, pero antes había que pasar por la puerta del Gran Teatro Falla. Y es que es imposible no pensar en Cádiz sin asociarlo rápidamente a sus carnavales. El Carnaval de Cádiz es una de las fiestas grandes de la ciudad, que además de vivir diez días repletos de alegría en la calle, cuenta durante el mes previo con el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas. La final de este concurso, donde encontramos chirigotas, coros, cuartetos y comparsas, es el comienzo de la semana grande.

Este certamen se celebra íntegramente en el Gran Teatro Falla, un teatro de estilo neoclásico terminado en 1910 que es otro lugar esencial que ver en Cádiz capital. Su nombre se lo debe desde 1926 al músico Manuel de Falla, hijo predilecto de Cádiz.

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Cádiz 2024 (2)

Maravillados por este espectacular conjunto arqueológico disfrutamos de las espectaculares vistas de la duna de Bolonia y de Punta Camarinal, a las que habrá que volver algún día…

Tras la visita a Baelo Claudia nuestra próxima parada era Tarifa, una de las ciudades costeras con más fama por haberse convertido en el reino del kitesurf, asomada al mar en el punto más meridional de Europa y más cercano a África.

A sus numerosos restos prehistóricos (como las pinturas naturalistas de la cueva del Moro y la necrópolis de los Algarbes) suma los vestigios fenicios de la isla de las Palomas y sobre todo los de época romana con los que acabábamos de deleitarnos.

Llamada por los musulmanes AI-Yazirat Tarif (Isla de Tarif) ha sido importante punto estratégico como zona fronteriza, plaza fuerte ante incursiones piratas y enclave militar frente a las posesiones inglesas de Gibraltar.

Recorrimos parte de su casco urbano hasta llegar al puerto y caminar hasta la isla de Tarifa, entre dos aguas. De las murallas de los siglos del X al XVI se observan dos tramos diferenciados: el primero de época islámica que rodeaba un recinto más pequeño y el segundo que abarca todo el casco antiguo. En él se encuentran la iglesia Mayor de San Mateo, San Francisco y la de Santa María.

Sus idílicas y extensas playas azotadas por el viento de levante hacen de Tarifa un lugar de culto para los aficionados a deportes náuticos como el kitesurf, el flysurf, el paddle surf o el submarinismo, entre otros.

Hora de hidratarse y de planificar la comida en Zahara de los Atunes, lugar escogido para pasar una agradable tarde de playa. No sin antes dar alguna que otra vuelta para conseguir aparcar, nos dirigimos a la céntrica calle María Luisa, donde se ubica el Restaurante Ramón Pipi. Además de otras exquisiteces (tortitas de camarones -como no-, salteado de alcachofas y langostinos -espectacular-) nos iniciamos en la cultura del atún con un contramormo en escabeche para chuparse los dedos.

Tras la comida, de vuelta al coche para coger los bártulos y ¡¡a la playa!! Cuenta con más de ocho kilómetros de longitud, cien metros de anchura de dorada y fina arena y sesenta metros de flora autóctona protegida por todo el litoral. Acompañada de aguas frescas, limpias y cristalinas, se extienden desde el pueblo de Zahara de los Atunes hasta el cabo de Gracia, cubriendo todo el núcleo de Zahara y Atlanterra.

De lo mejor que tiene Zahara es la gran variedad de playas y lo diferentes que son entre sí. Desde aventureros excursionistas, naturistas, nudistas; hasta familias numerosas….Hay una playa ideal para cada uno. Para nosotros fue la Playa de la Virgen del Carmen o Playa de Zahara de los Atunes, de aproximadamente cinco kilómetros y con todo tipo de equipamientos.

Y con un agua, tal vez un poquito menos fría que en Zahora. O tal vez fuera que el sol estaba más alto en el horizonte y la temperatura era un poco superior. De hecho, algunas rodillas fueron testigos de su elevado poder calorífico…

Tras un buen rato en la playa y algunos agradables paseos por su orilla retomamos el camino de vuelta hacia el hotel, que esta vez hicimos bordeando la costa atravesando, en primer lugar, la blanca y luminosa villa de Barbate, situada en el entorno que los griegos denominaron Columnas de Hércules, disponiéndose alrededor de su puerto pesquero.

Quedaba tiempo más que suficiente para visitar el Tómbolo de Trafalgar, cercano a Los Caños de Meca y Zahora, declarado Monumento Natural en 2021 y presidido por el Faro del Cabo de Trafalgar.

Su bello paisaje mezcla dunas de fina arena, extensas playas y una zona rocosa sobre la que se asienta el faro. Es, sin duda, uno de los lugares más bellos de la costa gaditana y cuenta con una larga e interesante historia que hace imprescindible su visita.

Los restos de una edificación de la época romana se descubrieron en una zona del tómbolo en 2018. Solo se puede acceder cuando hay marea baja. Hay varios yacimientos arqueológicos, entre los que destacan una factoría de salazones y un templo dedicado a la diosa Juno, reina de los dioses y diosa del matrimonio. También se descubrió un asentamiento hispano-musulmán, del que se conserva una parte de una torre vigía que data del siglo IX.

El acontecimiento histórico que le ha dado popularidad al Tómbolo de Trafalgar fue la conocida Batalla de Trafalgar que tuvo lugar en estas aguas el 21 de octubre de 1805. En ella se enfrentaron la escuadra combinada de España y Francia al mando del francés Pierre Villeneuve, asistido por el español Federico Gravina, y la armada inglesa al mando de Horatio Nelson. Durante esta batalla murieron más de 5.000 soldados, se hundieron un sinfín de barcos y España perdió la superioridad naval ante la Armada Británica.

La cena y la semifinal de la Eurocopa pusieron término a este segundo día en la provincia de Cádiz.

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Cádiz 2024 (1)

Los turnos vacaciones estivales daban la oportunidad de pasar unos días fuera de casa en esta primera quincena de julio. Tras valorar varias posibilidades, Cádiz y (algunas de) sus playas fue el destino elegido.

En esta ocasión la salida no se produjo al alba. El objetivo era llegar a Zahora, perteneciente al término municipal de Barbate y situada entre Los Caños de Meca y El Palmar, a la hora de comer. Pero las obras en la A-92 lo impidieron, así como alguna pequeña retención en las inmediaciones de los concurridos destinos de la Costa del Sol de nuestro itinerario.

Cuando llegamos al hotel, tras recorrer todo el núcleo de población (cosas del navegador) y tras hacer el correspondiente ckeck in, la cocina del restaurante ya estaba cerrada. No en vano eran más de las cuatro de la tarde. Eso sí, en estas fechas y en estos lugares es imposible no encontrar dónde comer incluso a estas horas. Siguiendo las indicaciones del personal del hotel tomamos dirección a la playa de Zahora y enseguida encontramos Venta Curro, donde conseguimos mesa casi sin pestañear.

A esas horas todo parecía un manjar, que lo era. Nuestro primer contacto con las tortitas de camarones típicas del lugar, chocos, mas unas estupendas albóndigas de gamba y sepia y un fino pescado rebozado similar a la merluza de cuyo nombre no es que no me quiera recordar, es que no lo recuerdo…

Tras la comida volvimos al hotel y nos preparamos para disfrutar de la playa de Zahora, de arena gruesa y dorada, y “fría” (¡no quema los pies!). La playa tiene una extensión de unos tres kilómetros y suele dividirse en zonas. La primera, que va desde el faro de Trafalgar hasta la zona del Sajorami, se conoce como La Aceitera o La Cala Isabel.

La segunda es la playa del Sajorami, que toma su nombre del cocurrido local; y la tercera zona es la de la Playa de Mangueta, que llega hasta el límite con el contiguo municipio de Vejer. Su extremo sur está prácticamente en solitario incluso en verano, siendo un atractivo lugar para pasear.

Mención aparte merece la temperatura del agua en estas latitudes. Si estás acostumbrado a la de las playas del Mediterráneo, más en estos últimos años, ármate de valor para que el agua te pase de la altura de las rodillas. Eso sí, una vez superado esta auténtico trauma el baño es espectacular.

Avanzada la tarde, que no anocheciendo, regresamos al hotel y nos preparamos para tomar algo (la comida había sido copiosa y tardía) y disfrutar de una curiosa actuación musical con una cerveza en la mano en Zahora Beach room para finalizar este siempre ajetreado primer día de viaje.

A la mañana siguiente tuvimos que esperar hasta las nueve para desayunar. Es algo a lo que no estamos acostumbrados, pero aquí el personal lleva el horario de los veraneantes, no de los visitantes de nuestro estilo (aprovechar el día desde el alba). El desayuno del hotel nos fue convenciendo cada vez más conforme pasaban los días. Además del café y del zumo de naranja, un exquisito revuelto de jamón ibérico (sin salmorejo) sobre una rica tosta regada con un espectacular aceite de oliva de la zona nos daba la energía necesaria para afrontar el día.

En esta ocasión, el primer destino era la playa de Bolonia, no por la playa en sí, sencillamente espectacular, sino por el conjunto arqueológico de Baelo Claudia que se extiende hasta su arena.

La ciudad de Baelo Claudia, situada en la orilla norte del estrecho de Gibraltar, se halla emplazada en la parte oeste de la ensenada de Bolonia. Las sierras de la Plata y San Bartolomé forman un arco que la dejan enmarcada entre montañas, de forma que el mar fue su mejor medio de comunicación y a él le debió su riqueza y reputación. La industria pesquera, fundamentalmente del atún, constituyó su principal fuente económica.

Las excavaciones han sacado a la luz el conjunto urbano romano más completo de toda la península Ibérica, con monumentos de extraordinario interés como la basílica, el teatro, el mercado y el templo de Isis. En ninguna otra parte de la Península es posible tener una visión tan completa del urbanismo romano como en Baelo Claudia. En esto radica su principal interés, además de estar enmarcada en un espectacular paisaje, integrado en el Parque Natural del Estrecho.

La ciudad nace en el siglo II a.C. en una zona altamente estratégica como el estrecho de Gibraltar. Su origen y posterior evolución están muy ligados al desarrollo de las industrias salazoneras y al comercio con el norte de África, siendo puerto de unión con la actual Tánger.

Sobre el cambio de era se inicia un proceso de desarrollo urbanístico que culminará en la primera mitad del siglo II d.C. A lo largo de este proceso se lleva a cabo la construcción de un amplio foro monumental, edificios lúdicos y un destacado complejo salazonero, verdadero motor económico de la ciudad. Es en este período cuando Baelo recibe el apelativo de Claudia, promocionando a municipio romano y disfrutando así la ciudad del período de prosperidad más importante de su historia.

Baelo Claudia entra en un proceso de decadencia que se inicia a mediados del siglo II d.C., seguramente potenciado por el terremoto que asoló la ciudad en el siglo III d.C., y que tras una paulatina regresión culminará con el abandono poblacional de la ciudad hacia el siglo VII d.C.

Comenzamos la visita a la ciudad romana inicia el recorrido en un paseo extramuros donde tuvimos la oportunidad de apreciar el acueducto oriental que contribuía al abastecimiento de agua potable de la ciudad.

Continuando en paralelo a la muralla, observamos su configuración arquitectónica flanqueada por numerosas torres. Siguiendo este eje murario, antes de adentrarnos en la ciudad, tenemos ocasión de ver el área de la necrópolis tardía, excavada parcialmente en los últimos años.

Entramos en la ciudad junto a una de sus puertas principales, la puerta de Carteia, que marca el eje del decumanus maximus. Siguiendo su trazado nos dirigimos hacia la intersección con el cardus maximus, que tomamos hacia el sur para ir a las factorías de salazón, un gran complejo industrial que es uno de los mayores excavados en la península Ibérica.

Continuando nuestro recorrido retornamos al decumanus maximus, por su enlosado original, donde nos encontramos con el macellum o mercado, que se construyó para desplazar las actividades comerciales del foro en el Alto Imperio. A continuación accedemos a la plaza meridional, donde realizamos una primera aproximación al centro monumental y cívico de la ciudad.

El centro monumental, donde se desenvolvían las actividades administrativas, culturales y religiosas, se sitúa en el cruce del decumano y el cardo máximos, organizados en torno a la plaza porticada del foro. Este es un foro típico de finales de la República y principios del siglo I d.C. Alrededor de él se ubican los distintos edificios públicos, destacando en primer plano y en el lado sur la basílica, edificio de dos plantas destinado a la administración de justicia.

En el lado norte se construyó una tribuna para las arengas y, detrás de ella, la fuente monumental que preside esta plaza. En el pórtico del lado oeste se sitúan, de sur a norte, los siguientes edificios: archivo municipal o tabularium, sala de votaciones, la curia o sede del gobierno local, una calle y un edificio que podría ser una schola. En el pórtico oriental se observan las tiendas o tabernae. Antes de abandonar la plaza meridional, podemos observar al oeste un pequeño edifico público adosado a la basílica, con escaleras laterales, que algunos investigadores identifican con la curia.

Continuando por el decumanus maximus llegamos hasta otra de las puertas principales de acceso a la ciudad, la puerta de Gades.

Desde este punto accedemos al edificio termal para dirigirnos hacia el teatro, que aprovecha la media pendiente de la ladera para asentar sus gradas.

Por último visitamos el área religiosa, que domina claramente el centro monumental y cívico de la ciudad sobre una terraza más elevada. Está compuesta por tres templos simétricos dedicados a la triada capitolina, los dioses Juno, Júpiter y Minerva. Además, como consecuencia del auge de los cultos orientales, se añadió otro templo dedicado a la diosa egipcia Isis. Desde este lugar bajamos al mirador, donde se divisa en conjunto el área del foro con la totalidad de los edificios administrativos.

Volvimos al museo, compuesto por dos salas de exposición permanente y una destinada a muestras temporales. La planta superior está dedicada a ofrecer un marco general de la ciudad. Una maqueta de Baelo Claudia sitúa la ciudad en su contexto geográfico. La acompaña un expositor donde se explica la organización jurídico-administrativa, las principales ciudades y vías de comunicación de Hispania, así como la evolución de la ciudad de Baelo Claudia.

La planta inferior es un gran espacio dedicado a Baelo Claudia como ciudad hispanorromana. Este ámbito permite la interrelación de los bloques temáticos que nos informan de los distintos prismas desde los que se puede observar la ciudad romana. La primera sala engloba el sector de la exposición dedicado a la religión, el urbanismo y la economía.

La religión y el mundo funerario están representados en el extremo final de la sala, con una surtida muestra de ajuares y elementos funerarios, destacando varias placas votivas dedicadas a Isis.

La parte central de esta sala recoge elementos relacionados con las artes decorativas; las artes, la escultura y la arquitectura son protagonistas de este eje expositivo dedicado al urbanismo, en el que destaca una columna de la basílica de la ciudad.

Publicado en 2024, Cádiz, Viajes, Viajes por España | Deja un comentario