Uno de los principales motivos para pasar un par de días en Aýna era realizar la Ruta de las Esculturas.
En 2012, dos vecinos de Bogarra, José Vivo y Lauren García, este último escultor profesional, tuvieron la idea de unir arte y paisaje a lo largo de otra auténtica obra escultórica de la Naturaleza: La Hoz de Bogarra.
Desde entonces, cada año, un grupo de artistas de distintos lugares se reúnen en el pueblo para celebrar las Jornadas de Escultura en el Paisaje, un evento en el que se trabaja al aire libre la roca, a lo largo de este pequeño y encantador cañón de poco más de dos kilómetros.
Se trata ya de un auténtico museo permanente de escultura al aire libre, que camina hacia el centenar de obras.
Desde la confluencia con el Arroyo del Batán, donde el agua ha creado filigranas de roca tobácea y cuevas como la de La Mora, de sugerente leyenda, este espacio fluvial se alarga hasta el espolón de piedra sobre el que se asienta el casco antiguo del pueblo, entre impresionantes picos y paredes que son el hogar de una interesantísima y casi única flora rupícola, como es el caso del dragoncillo de roca, una rareza con solo seis poblaciones mundiales y apenas un millar de ejemplares censados.
Sin embargo, mucho antes de la Ruta de las Esculturas, algún artista anónimo ya dejó en esta tierra su maestría en la Esfinge de Haches, la primera de las obras de arte bogarreñas, que demuestra que los íberos conocían hace seis siglos los modelos de la estatuaria griega y la enigmática sonrisa arcaica que era su seña de identidad.
Los hombres y mujeres de la sierra también han levantado aquí otros monumentos de piedra al aprovechamiento de los recursos naturales: hormas de piedra seca para sujetar los bancales que han modelado la montaña y han dado de comer a los bogarreños, caminos de herradura que llevaban a Andalucía, a Murcia o a La Mancha, ranchos para refugiarse en caso de tormenta o apriscos para resguardar al ganado, en un tiempo en que todavía aullaba el lobo por estas montañas.
Todos estos elementos de la arquitectura popular, cargados del esfuerzo de generaciones, también nos parecen ahora obras de arte.
La zona está íntegramente situada dentro de la Zona de Especial Conservación de los Cañones del Segura y el Mundo, parte de la Red Natura 2000 de la Unión Europea y Zona de Especial Protección para la Aves, por ser el hábitat ideal de numerosas rapaces que anidan en los canteros, especialmente del águila perdicera.
Otro habitante bastante exclusivo de La Hoz de Bogarra es la lagartija de Valverde, que solo se encuentra en un puñado de parajes, escondida entre las grietas calizas de las sierras de Cazorla, de Alcaraz y del Segura.
Ahora, la Ruta de las Esculturas añade un aliciente más a un paisaje de piedra que no podríamos entender sin la lección de la intervención humana, sostenible durante milenios.
La Ruta de las Esculturas está señalizada partiendo de la Plaza del Cabezuelo de Bogarra, a lo largo de 6,5 km de dificultad baja, ida y vuelta hasta el paraje del Batán.
Es un recorrido apto para todos tipo de públicos… siempre que las rodillas te respondan.
Para una próxima visita queda llegar al citado paraje del Batán y realizar la Ruta de las Cascadas.
Las sucesivas olas de calor que azotan el sureste español este verano hicieron que pareciera una buena idea pasar un par de días en la bonita localidad de Aýna, “La Suiza Manchega”, enclavada en plena sierra del Segura y en el estrecho cañón del río Mundo.
Aýna es un nombre de origen musulmán que tiene dos traducciones al árabe. Por un lado, significa “fuentes escondidas”. Se dice que este nombre proviene del arroyo o cascada de la Toba porque el agua de este manantial surgía de 15 fuentes que nacían a borbotones de la tierra.
Otra de sus acepciones es “ojos bellos o que te embellecen la mirada”. Esta última definición es por el precioso enclave en el que está situado el pueblo.
Se cree que los musulmanes se asentaron en esta zona por tener un terreno muy fértil para el cultivo y porque en la zona del casco antiguo hay un cortado en la roca que les servía de muralla natural. Sin embargo, los hallazgos de la Cueva del Niño ponen de manifiesto que el hombre primitivo ya danzaba por estas tierras en el Paleolítico.
En Aýna amanece del revés. ¿Por qué? Encontrarás la respuesta en una de las películas más surrealista del cine español, “Amanece que no es poco”, de José Luis Cuerda, rodada en 1988 en los municipios de Liétor, Molinicos y Aýna, aunque esta última es, posiblemente, la que más localizaciones concentró.
La creación, hace unos años, de la ruta amanecista, explica por qué es tan fácil toparte por el pueblo con carteles que señalizan localizaciones del film. Aunque la mayoría de ellas son privadas, abren al público una vez al año durante las Quedadas Amanecistas, que se celebran el primer fin de semana de junio. Estas reuniones se gestaron en las redes sociales en 2010, y con el paso del tiempo han pasado a formar parte, con mucho orgullo, del apretado calendario de festividades de Aýna. En estos encuentros se recorren todos los escenarios de la película, se recrean escenas e incluso se disfrazan de los personajes.
En 2018, coincidiendo con el 30 aniversario del rodaje, se quiso homenajear a los vecinos que habían participado como extras en la película con unas placas conmemorativa en recuerdo al personaje que interpretaron. Estas distinciones se pueden ver prácticamente en cada casa del pueblo, pues en torno a un 80% de Aýna se involucró en el rodaje.
En la antigua ermita de Nuestra Señora los Remedios se encuentra el centro de interpretación dedicado a la película. Es un laberinto de pasillos donde podrás ver desde paneles explicativos, hasta curiosidades del rodaje, apariciones en prensa, atrezzo y parte del documental que se rodó por su 20 aniversario. Y digo “podrás ver” porque solo abre viernes, sábado y domingo…
Ayna gira entorno a Los Picarzos, la montaña de ocho picos más representativa del pueblo, y uno de sus grandes atractivos son los miradores. Prueba de ello son los cinco que hay en la localidad.
Justo antes de llegar al pueblo se encuentra el mirador de La Rodea Grande, en el que se puede ver una réplica del sidecar en el que llegan al pueblo Antonio Resines y Luis Ciges en “Amanece que no es poco”.
En el pico más cercano a Aýna hay una bandera de España y una réplica de la patrona Santa María de lo Alto. Llegar hasta aquí arriba no es sencillo pero tampoco imposible. Tendremos que volver a comprobarlo, porque esta vez no lo intentamos.
La tradición de subir la bandera a lo alto del pico la comenzaron los quintos antes de entrar la mili. Ahora se encargan de hacerlo los grupos de amigos del pueblo. La explicación al hecho de que haya una réplica de la patrona de Aýna ahí arriba se encuentra en el himno del pueblo, que dice:
Y tan solo yo quisiera que allí arriba en Los Picarzos estuviera la patrona que es María de lo Alto
El balcón de Las Mayas es, posiblemente, el mejor para contemplar el pueblo. Se encuentra en la parte alta y se llega hasta él atravesando una grieta en la roca (la Cueva de los Moros). Desde aquí vemos muy de cerca las casas con tejados naranjas apiladas unas sobre otras. Es, sin duda, una de las imágenes más bonitas de Aýna.
Tanto el balcón como la cueva se encuentran en los restos del castillo de la Yedra, una antigua fortaleza de origen islámico. Este mirador se llama así porque aquí se cantaban las mayas, es decir, los amoríos del pueblo.
A ellos se accede tras pasar por la Iglesia de Santa María de lo Alto. A principios del siglo XV, se construyó una ermita a esta virgen sobre la torre del homenaje de la fortaleza musulmana. A principios del siglo XVI, la ermita estaba en tan mal estado que decidieron derribarla excepto la torre. Su idea era construir una iglesia más grande para que cupiese todo el pueblo, pero las obras se pararon durante más de 400 años y no se retomaron hasta 1950.
Las pinturas del altar mayor de la iglesia se realizaron en 1963, 10 años más tarde de su inauguración. Son obra del pintor madrileño con raíces ayniegas Luis José Calderón y representa partes de la vida de Jesús: Anunciación, Nacimiento, Muerte y Coronación de la virgen.
Arriba hay una cruz que independientemente desde donde se la vea, que parece nos mira. Se conoce como perspectiva cónica.
Esta iglesia es en uno de los pocos lugares donde se puede ver representado a Dios (en la parte central). El autor utilizó a la gente del pueblo como modelos para pintar las caras de los personajes.
Estancia tranquila y relajada en el Hotel Rural Felipe II. Buena gastronomía y buen solarium con una buena piscina para refrescarse en los momentos de mayor temperatura del día y de la tarde.
Leí en algún lugar al comentar el concierto con el que Bob Dylan abría su gira española de doce conciertos en Madrid que destilaba “mucha nostalgia, bastantes graznidos y ninguna canción conocida”.
Empezando por el final, estaba en todo lo cierto. Conocidas, lo que se dice conocidas, esas canciones que se recopilan en los “grandes éxitos”, no ha sonado ni una. Ojo, que no es que sea un experto en Bob Dylan, pero ninguna canción suya que me viniera a la cabeza la tocó en Alicante.
Con todo, la ocasión lo merecía. Bob Dylan es un mito, “una leyenda”. Más allá de su Premio Nobel, y que para muchos no haya sido el mejor concierto de su vida ni, tal vez, el mejor que puede ofrecer a los 82 años, ha estado, por momentos, bien. Cosas de la nostalgia…
Creo que todos los que nos juntamos en el coso alicantino sabíamos a lo que íbamos. Y si no todos, la inmensa mayoría. Todavía muchos rezagados buscaban su asiento cuando, con las últimas luces del atardecer, un minuto antes de lo previsto según mi reloj, ocupaba su sitio ante el piano y se rodeaba, en un pequeño círculo iniciativo, de su banda, cinco músicos que tienen gran parte del éxito de que el show no decaiga por momentos.
Ni un “buenas noches”. Ni un “cómo están ustedes”. Ni un “Alicante”. Dos “Thank you”, y para de contar. Una a una fue presentando las canciones de “Rough and Rowdy Ways”, que para eso pone nombre al tour, que había escuchado unas cuantas veces, pero que necesita bastantes más para memorizar, y tararear, alguna melodía.
Eso sí, ha sonado al Bob Dylan de siempre, al que tenemos en mente desde nuestra más tierna infancia. Y a eso habíamos ido, por lo menos yo.
«Ya no soy el que era, las cosas no son lo que eran», susurra en “I‘ve Made Up My Mind to Give Myself to You”, una de las canciones de ese ¡¡trigésimo noveno álbum!! que vio la luz en 2020 y que se ha transformado en una gira que comenzó en 2021 y acabará en 2024.
La otra mitad del repertorio la completa su otro nuevo disco, “Shadow Kingdom”, que salió a la venta hace unos días, y que constituye la banda sonora de una película documental de hace dos años que capturó al Nobel de Literatura tocando viejas canciones en la intimidad.
La nostalgia por la música estadounidense de los años 40 y 50 ha sido la atmósfera del concierto. Tampoco acompañaba la austera escenografía. Una iluminación rojiza “perenne” que solo cambiaba al negro entre canción y canción. Blues eléctrico, rock and roll primitivo, rockabilly y country-folk. En la banda destacan las guitarras, sobre todo de del bajista Tony Garnier y la de Donnie Herron.
Tras presentar a la banda, y alguna que otra canción, fin del espectáculo. Fue el único momento en el que avanzó unos pasos y lo pudimos contemplar, de pie, en toda su extensión. Pero esa imagen no la podrán ver los que no estuvieron allí. En esta gira “free pone” está prohibida la entrada con teléfonos móviles. Ni siquiera pueden entrar fotógrafos profesionales. Siempre hay quien lo intenta, pero para eso está el servicio de seguridad.
Bob Dylan actúa por el puro placer de hacerlo. Lo hizo en Alicante. Y nosotros estuvimos allí.
Tantas veces habíamos comentado que el próximo concierto de Coldplay en España no lo íbamos a dejar pasar…
Cuando salieron las fechas para Barcelona (24 y 25 de mayo), la coincidencia con días laborables nos hizo desistir del intento. Pero pronto se anunció una tercera fecha (sábado 27) y ya no teníamos excusa. Así que, dicho y hecho. El 25 de agosto nos pusimos delante del ordenador, al igual que cientos de miles de personas, para conseguir la deseada entrada.
Nada más entrar, en cola detrás de ¡¡cuarenta y tantas mil personas!! La suerte es que se vieran obligados a ampliar a una cuarta noche, la del domingo 28 de mayo. ¡¡Era la nuestra!!
Y llegó el día. Nunca antes ojeamos más las previsiones meteorológicas. No podía llover. No debía llover. Pero, además, había que cruzar todo el litoral este de la península, de Murcia a Barcelona. Y la lluvia amenazaba, y mucho, la empresa.
Algo más tarde del mediodía estábamos en el Barcelona Gran Vía Plaza España, después de soportar algo de agua en buena parte del desplazamiento. El primer paso estaba dado. Salimos a comer y terminamos en una “remozada” plaza de toros, convertida en un enorme centro comercial. Después de la comida, a prepararse para el evento.
Salimos con tiempo para el Estadio Olímpico Lluis Companys. Menos mal. El paseo que nos dimos por la montaña mágica fue de órdago. Los controles de rigor, nuestras chapitas y nuestras pulseras de luces xyloband, y a prepararse para el espectáculo.
Quedaban casi tres horas para que comenzara el concierto. Era el momento de hacer las primeras fotos que inmortalizar el momento…
La espera la amenizaron Ona Mafalda y Chvrches. Dos estilos diferentes. La primera, hija de Kyril de Bulgaria y Rosario Nadal, que cada vez se hace un hueco mayor en la música. La segunda, la genial banda escocesa de synthpop.
Pero el plato fuerte estaba por llegar. El graderío se entretenía “haciendo la ola”, como si de una final de un Mundial de fútbol se tratara. No era para menos.
Minutos después de la hora fijada para el inicio, el archiconocido «Flying Theme» que John Powell compuso para la banda sonora de E.T. sonaba mientras ellos avanzaban hacia el escenario. Comenzaba el viaje sideral de “Music for the spheres”.
El concierto se divide en cuatro secciones espaciales –Planets, Moons, Stars y Home– en las que los visuales y los efectos especiales tienen mucha importancia a la hora de reflejar la temática galáctica y alienígena de su noveno álbum.
Esta fue nuestra particular “playlist”…
via @LaueScien
El inicio fue de órdago. Tras el subidón de verlos sobre el escenario y de que se iluminara por vez primera nuestra pulserita, la actuación comenzó con “Higher Power”.
No habían pasado ni cinco minutos y 60.000 gargantas coreaban el archiconocido «You’ve got, yeah, you’ve got a higher/ You’ve got» Oh-oh-oh-oh-oh-oh-oh«, acompañadas de las primeras explosiones de confetti (reciclable).
La primera parte concierto supone todo un subidón en el que se encadenan algunos de sus hits más coreables. “Adventure of a Lifetime” y “Paradise”, entre otros.
Chris Martin nos invitaba a cantar muy bajito junto a él el estribillo de esta última como si formásemos una pequeña familia. Su carisma es innegable. La épica de los estadios llenos es poderosa y él es un showman experto, que dirige las emociones como quiere. Por si fuera poco, se metió al público en el bolsillo (si era necesario) hablando en su peculiar castellano, que pone de manifiesto la humildad de alguien al que cada mes escuchan más de sesenta y siete millones de personas.
Así llegó “The Scientist”, para poner un poco de calma al final de este primer bloque.
El desplazamiento al satélite central dio paso a “Viva la vida”, que coreamos al unísono como si no hubiera mañana. Y, a continuación, “Something just like this”, un sorpresón, que subió las pulsaciones…
…para más tarde bajarlas con su homenaje a la recién fallecida Tina Turner junto a la cantante de Chvrches, y “Charlie Brown”, hasta llegar a la mítica “Yellow”.
No se puede negar que es uno de los momentos más especiales de la noche, con todo el estadio iluminado por los millares de pulseras en amarillo antes siquiera de que sonara el primer acorde de la canción.
Notas, sientes, que estás a punto de vivir un momento único. Sin duda, se genera una energía distinta, una conexión cósmica que explicar por qué Coldplay son capaces de agotar cuatro estadios olímpicos, y los que les echen, porque, en el fondo y aunque cambien las formas, puede que nunca hayan dejado de ser la banda que nos conquistaron con sus primeros discos.
En el tercer bloque se sumergen en su último trabajo. Su “My universe”, cantando al unísono con los coreanos BTS desde las pantallas, dio paso a otro de los momentazos de la noche, “A sky full of stars”. Nos quedamos con la miel en los labios, dispuestos a cantar el primer estribillo, cuando paraban, de golpe, para que Chris, después de una improvisada reunión de toda la banda, como si de un “tiempo muerto” se tratara, nos animara a dejar los móviles y disfrutar del momento. ¡¡Carpe Diem!!
El traslado al pequeño escenario del fondo era el presagio de que algo que no queríamos que ocurriera, el final del show, se acercaba. Gipsy Kings se unía al grupo para interpretar juntos “Bamboleo” y “Volare”, contagiándonos de una peculiar fiesta flamenca.
“Humankind”, “Biutyful” y un espectacular “Fix you” ponía punto final a un concierto que es imposible que defraude a alguien. Si «todo el mundo es un extraterrestre en alguna parte», qué mejor lugar y qué mejor momento que el pasado domingo en el Estadio Olímpico de Montjuic.
Son, en definitiva, dos horas de concierto que, además de incluir muchos de sus mejores temas, auténticos himnos, repasan de forma bastante completa (qué pena que no sonase “Let somebody go”) y le dan protagonismo a esa “Music Of The Spheres” que hace de hilo conductor del espectáculo.
Sin duda, la calidad del directo y lo medido que está el show justifican el éxito de la gira y, sobre todo, generan una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Al menos, una. Pero, en todo caso, todas las que puedas.
Como solemos decir, hace ya cinco años que retomamos la buena costumbre de publicar los resultados de la temporada, aunque fuera una vez al año, a la finalización de la misma. Como buen aficionado a las estadísticas son muchos los datos que guardaba de mis catorce participaciones completas en el juego. Esos datos han pasado ya a la historia tras las modificaciones experimentadas en el juego hace dos temporadas.
Viernes de cambios, sábados de cambios, domingos de cambios… Es lo a que nos hemos acostumbrado tras las modificaciones introducidas en el juego hace ya tress años, en el que nunca llega la hora del cierre definitivo.
Parece que ya nos hemos acostumbrado a plantillas de diez jugadores, cinco cambios semanales, sin posibilidad de sustituir suplementariamente aquellos jugadores que no disputaran la jornada por cualquier circunstancia sobrevenida en forma de aplazamientos de partidos.
Ahora tenemos aplicación para dispositivo portátil y web, el método clásico y, por qué no decirlo, el más cómodo. Y no terminamos de acostumbrarnos a que lass clasificaciones se hayan visto reducidas a la general por puntos y a la de bróker.
Durante tantos y tantos años, la famosa «limitación de equipos» fue el mantra del Supermanager. Esta modificación vino con los cambios de interfaz y la introducción de la app. Para ser honestos, digamos que a los equipos de jomolni añadimos los de la «marcas blancas» cobarri y jonpolaris. Con todo, y como siempre, todos esos equipos han disputado cada jornada con las máximas aspiraciones.
Entremos en harina.
Los «Mejores resultados» muestran una puntuación máxima de 249 puntos; un 28 puesto como mejor posición en una jornada y el puesto 97º como mejor posición en la clasificación general.
El puesto final alcanzado es el 118º con el equipo Pete Mickeal y sus 5.792,4 puntos, que finaliza en el segundo puesto de la clasificación de la Comunidad.
Para no faltar a la verdad, no hemos disputado la clasificación de bróker. Finalmente, el equipo «más rico» termina la temporada en el puesto 700º de la clasificación absoluta.
Para muchos, uno de los mayores alicientes del Superrmanager ERAN las ligas privadas. Tanto que muchos afirmaban que seguían jugando por ellas. Algo muy complicado en estas dos últimas temporadas.
En esta temporada he vuelto a participar en quince, algunas más que en pasados años. Unas, oficiales de equipos ACB; muchas otras, publicitadas en Twitter por seguidores del juego.
Para terminar la referencia a la temporada que termina, haré mención a tres de ellas.
La primera, una privada peculiar, dedicada al equipo de nuestra tierra, el que nos proporciona más éxitos y sinsabores, nuestro CB Murcia. Con una normativa particular, pues exigía la presencia de cinco de sus jugadores jornada a jornada, hiciera frío o calor, disputaran o no partido semanal. Joaquín, Alonso I, Alonso II, Juan y José Antonio han vuelto a ponerlo difícil, pero hemos terminado ganando la clasificación general y la de bróker.
La segunda de la que haré mención es la Liga privada “West coast”. Surgió en nuestro viaje por la Costa Oeste allá por diciembre de 2017. Los cinco viajeros masculinos (Jose, Arturo, Alberto, Moisés y yo) decidieron entonces que en esta temporada se batirían en duelo en este singular juego. Y así fue…
La victoria de jomolni este año no ha sido ha sido posible, y la conseguido su fiel escudero jonpolaris.
No me queda más que felicitar a todos los participantes, especialmente a Alberto, por ser el impulsor de esta privada uno y otro año.
Finalmente, en una agradable velada veraniega, nació la liga privada Primas, primos y primes. Isabel, Esther, José Luis, Miguel Ángel y May, a regañadientes, se han batido en buena lid, más al principio que al final, para iniciarse en el mundillo del Supermanager.
Esperemos que estas apasionantes privadas tenga su continuidad la próxima temporada.
El Mar Muerto está situado en la parte más profunda de la gran depresión tectónica del río Jordán y tiene 80 km de largo y 16 km de ancho que marcan un tramo de la frontera entre Jordania e Israel. Se encuentra a tan solo a 50 kilómetros de Ammán y 40 km de Jerusalén. Realmente es un lago que se encuentra a 400 metros por debajo del nivel del mar, el punto más bajo de la Tierra. Sus aguas contienen más de veintiún minerales.
Aparecía mencionado lo mismo en la Biblia (en sus orillas se alzaban las ciudades de Sodoma, Gomorra, Admah, Zeboin y Zoa) que en el Corán. Fue descrito por griegos y árabes con los nombres de «mar de Lot», «de Alquitrán», «Sedom», «Dragón» o «Árabe». Los primeros que lo llamaron Mar Muerto fueron los cruzados.
Tal proliferación de nombres constituye la prueba de la fascinación y el interés que este gran lago salado siempre ha suscitado en los pueblos, aunque el aspecto, dimensiones y composición que hubo de tener aquel mar bíblico fueran muy diferentes a las de hoy.
Hay que tener en cuenta que ha sufrido numerosas transformaciones. De hecho, el aporte de agua se ha visto reducido drásticamente con las obras llevadas a cabo en el curso del Jordán, su principal emisario.
El alto grado de evaporación, unido a factores geológicos (entre otros, varios terremotos), han elevado la salinidad del agua del Mar Muerto en nueve veces más que la común del mar. De hecho, la concentración de sal del Mar Muerto es del 28% mientras que la de la mayoría de los mares es del 3%. Tiene unos 370 gramos de sal por cada litro de agua, lo que impide la presencia de todo tipo de vida animal o vegetal.
Sin embargo, tiene magníficas virtudes terapéuticas para diversas enfermedades de la piel, además de ser tonificante y depurativa.
Mientras que nuestros compañeros hacían sus últimas compras, Dona y yo no pudimos esperar más tiempo para zambullirnos en sus aguas y experimentar esa sensación de flotar de la que todo el mundo habla.
Nada más poner un pie ya pudimos sentir lo densa que es el agua y lo untuosa que resulta al tacto, pero lo de sacar manos y pies y estar como sentado es algo sorprendente, una experiencia imposible de vivir en ninguna otra parte del mundo.
Tras la comida fue el turno del gran grupo de disfrutar de la experiencia.
Cuando salimos del agua, nos embadurnamos de los terapéuticos locos y los dejamos secar hasta que se agrietaran para volver de nuevo al agua para enjuagarnos.
Sin exceder del tiempo recomendado (tampoco hay que pasarse), abandonamos la playa privada del hotel para disfrutar de sus piscinas infinitas.
Era ya media tarde cuando los empleados se dispusieron a cerrar las instalaciones. Teníamos el tiempo justo para arreglarnos y tomar algo en el Sky bar and lounge antes de la última cena y la última noche en Jordania.
Nos quedaba tan solo el regreso. Aunque, en principio, la salida del avión estaba prevista a las 09.25 horas, finalmente estaba programada a las 10.30 horas, lo que nos permitió desayunar a la carrera antes del traslado en autobús al aeropuerto de Amman para tomar el vuelo directo de la compañía Royal Jordania Nº RJ109 que llegó, sin novedad, a Madrid pasadas las tres de la tarde.
Recogida de equipaje, control de pasaportes y al autobús. Tras la habitual parada, de nuevo en Honrubia, llegamos a Murcia cuando la ciudad se disponía a celebrar su Entierro de la Sardina. Las despedidas de rigor, de los amigos con los que habíamos compartido esta maravillosa experiencia. Y, poco después, llegábamos a casa.
Tiempo para deshacer el equipaje, dormir unas horas y recoger, felizmente, a la princesa. Todo volvía a la normalidad…
Probablemente, muchos de los componentes del grupo relacionábamos Jordania, básicamente, con Petra. Me incluyo entre ellos. Eso sí, poco a poco, cuando fui informándome sobre el país, empecé a ver que había mucho más para visitar. Jordania es un país en el que merece la pena pasar mucho tiempo y recorrerlo por completo. Tiene una enorme variedad de atractivos naturales, arquitectónicos, y una historia rica y diversa. Nos quedará la duda de si un ambicioso programa que incluye JORDANIA + PETRA + DESIERTO WADI RUM + MAR MUERTO + JERUSALEM + BETANIA (RIO JORDAN) puede hacerse en ocho días, cuando el primero y el último se invierten en volar y otros dos intermedios en desplazamientos por el país (Monte Nebo y Wadi Rum). Sería difícil eliminar algún centro de interés, aunque facilitaría la realización de visitas más pormenorizadas. Decía antes de partir que en Petra pasaría dos noches, y lo mantengo. Y posiblemente sobraría alguna en el Mar Muerto. También es imposible visitar Jerusalén en un día, más con el tiempo que se invierte en pasar dos veces los respectivos puestos fronterizos. Como mencioné en otra entrada, podemos decir que hemos estado en Israel…
También podría valorarse otra disposición temporal, pues de Madaba al Mar Muerto pasando por el Monte Nebo y Betania hay, escasamente, treinta kilómetros. Y en Madaba y el Monte Nebo estuvimos el segundo día en Jordania y terminamos en Betania el día antes de regresar. Entre tanto, bajamos hasta Petra y Wadi Rum para volver a subir al Mar Muerto.
No cabe duda que el tiempo ha sido un gran contratiempo y ha deslucido, en cierto modo, el viaje. Dicen que al mal tiempo, buena cara. Y eso es lo que hemos tenido que hacer en este viaje tan soñado cuando las cosas parecían salirnos al revés. Porque aunque lloviera o relampagueara, hemos intentado hacer que nuestro viaje sea, en un futuro, un gran recuerdo.
Quedémonos con las maravillas que hemos contemplado, en especial, con ese cosquilleo en el estómago cada vez que una vuelta en el Siq parecía aventurar la aparición del Tesoro en Petra. Con esos lugares sagrados que nuestra tradición cristiana nos ha hecho revivir una y otra vez en Navidad y Semana Santa cuando éramos unos críos.
Con una gran convivencia entre todos los componentes de un número numeroso, cercano a las cincuenta personas. Con el reencuentro con dos buenas compañeras después de algunos años. Y con el trato más directo e intenso con unas personas que ya serán amigos para siempre.
Había dejado de llover, casualmente, el día anterior cuando regresábamos a Jordania después de nuestro efímero paso por Israel. Posiblemente, por vez primera veíamos el Mar Muerto a la luz del sol esa mañana.
Era el día señalado para disfrutar de sus aguas, y de las instalaciones del resort en el que nos alojábamos. Pero en la mañana visitaríamos el Sitio del Bautismo de Jesús, “Betania más allá del Jordán” (al-Maghtas). La expresión al-Maghtas significa “inmersión” y, por extensión, “bautismo” en árabe. El bautismo por inmersión es un método de bautismo que se distingue del bautismo por afusión (vertido) y por aspersión (rociado), y los eruditos bíblicos generalmente están de acuerdo en que la iglesia primitiva prefería los bautismos por inmersión, seguramente inspirados por los propios de Jesús. Aunque está documentado que la iglesia primitiva también usaba otras formas de bautismo, la inmersión era probablemente la más usada. Desde los tiempos bizantinos, este lugar ha sido considerado no solo como la ubicación original del sitio donde se bautizó a Jesús, sino también como el área donde vivió y ejerció su ministerio Juan el Bautista, y como el sitio de la Ascensión del Profeta Elías al Cielo.
Por ello, el conjunto arqueológico situado en la orilla oriental del río Jordán, a unos diez kilómetros de nuestra posición al norte del Mar Muerto, es de inmensa importancia para el Cristianismo. Durante mucho tiempo se ha discutido si este acontecimiento clave pudo tener lugar en el lado occidental u oriental del río Jordán, pero los análisis de las fuentes bíblicas e históricas, así como las investigaciones arqueológicas, sustentan la ubicación del lugar en lo que hoy es Jordania.
El Sitio del Bautismo consta de dos zonas conectadas por el Wadi al-Kharrar, de densa vegetación. Tell al-Kharrar, también conocido como Jabal Mar-Elías (Colina de Elías), y la zona situada a dos kilómetros de él, directamente sobre el río, con iglesias, fuentes bautismales y restos de antiguos edificios religiosos.
Las extensas excavaciones arqueológicas realizadas por el Departamento de Antigüedades de Jordania desde 1996 han descubierto e investigado muchas evidencias de la época romana y bizantina, así como de la Edad Media. Entre ellos se encuentran un monasterio, iglesias, capillas, instalaciones de agua, varios estanques, cuevas y otras viviendas de ermitaños y monjes, manantiales aún activos, alojamientos para peregrinos y visitantes.
El lugar de peregrinación era una escala en la antigua ruta de peregrinación cristiana desde Jerusalén, pasando por Jericó, a través de un vado en el río Jordán, hasta los lugares bíblicos de la Transjordania, que incluyen al-Maghtas, el Monte Nebo y Madaba. Con la visita de esta mañana cerrábamos el círculo.
A medida que nos íbamos acercando podíamos distinguir varias iglesias que se han ido construyendo estos años (anglicana, copta, armenia y católica) con la ciudad de Jericó al fondo.
Ya a pie nos dirigimos a la zona en la se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, cerca del río, cuyos primeros ramales evidenciaban las lluvias torrenciales de los días anteriores.
El río Jordán, hace veinte siglos, era mucho más grande que en la actualidad. En un punto concreto el ramal principal se bifurcaba en dos. Es allí donde se piensa que vivía Juan el Bautista y realizaba los bautismos.
Estábamos en el lugar donde los arqueólogos descubrieron las ruinas y los cimientos de una importante iglesia y monasterio bizantinos construidos durante el reinado del emperador Anastasio (491-518 d.C.).
Según diferentes fuentes históricas, esta iglesia fue considerada la iglesia conmemorativa más notable de San Juan Bautista en este lado del río, incluido el testimonio de Teodosio, quien escribió:
“A 5 millas al norte del mar Muerto, en el lugar donde el Señor fue bautizado, hay un solo pilar y en el pilar se ha sujetado una cruz de hierro, ahí también está la iglesia de San Juan Bautista, que el emperador Anastasio construyó”.
El lugar más significativo es una gran piscina en forma de cruz en la que se supone que se sumergió Jesús. En el siglo VI aquí se construyó una escalinata de mármol para llegar al río, con veintidós peldaños realizados en mármol negro.
Llegamos al cauce actual del río, junto a una iglesia ortodoxa griega construida en 2005.
En este punto, unos metros separan Jordania de Israel.
En la parte jordana, una estructura austera de madera simple y efectiva, con un pequeño techo que cobija una pila bautismal, que se mantenía fuera del agua a duras penas por el elevado nivel alcanzado por el agua en el río. De hecho, no veíamos los escalones que dan al río con una pequeña zona acotada para quien se quiera bautizar.
En la parte israelí, una gran construcción y bastante más afluencia de creyentes, la mayoría ataviados con unas largas camisas blancas que en fila van entrando en el agua.
May decidió bautizarse allí y coger algo de agua para traer a España.
El pórtico de la Iglesia de San Juan Bautista era, sin duda, un marco excepcional para la única foto del grupo durante el viaje.
Estaba previsto realizar algunas compras de productos del Mar Muerto de vuelta al hotel. No obstante, se nos dio la posibilidad de regresar directamente al hotel y dejar en el establecimiento a los interesados en comprar. May, Toñi, Lola y Antonio quedaban en la tienda mientras Dona y yo nos disponíamos a tomar el primer contacto con el Mar Muerto.
Era el momento de despedir a Mohamed, que nos había acompañado, y guiado, por tierras jordanas.
Los días previos a nuestra llegada a Jerusalén habían sido intensos. No obstante, había llegado el día de visitar la Ciudad Santa por excelencia.
Desde Jordania accedimos a Israel por el Puente Allenby o Puente del Rey Hussein, que se encuentra muy cerca de nuestro hotel en el Mar Muerto. En el primer paso fronterizo la primera espera. Más tarde, la gestión del visado para Israel. Curiosamente, sin sellar el pasaporte.
Cumplido el trámite nos instalamos en el autobús que nos desplazaría a Jerusalén, donde nos esperaba Marco, el guía para la vista a la ciudad. Por un momento pareció que iba a dejar de llover. Craso error. La lluvia arreciaría conforme nos acercábamos a Jerusalén.
Nos dirigimos en el autobús al Monte Sión, una colina baja y ancha adyacente al lado sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Durante cientos de años el monte ha tenido un significado religioso. Jugó un papel importante en la Biblia y en el Segundo Templo de Jerusalén (516 a.C.-70 d.C.). En la Biblia Hebrea, el nombre Sión se usó para describir la Ciudad de David, el Monte del Templo y Jerusalén. A lo largo de los años, Sión se ha convertido en un símbolo de la Tierra Santa en su conjunto y de Jerusalén en particular.
El Monte Sión se encuentra fuera de las actuales murallas de la Ciudad Vieja que se construyeron hace unos 500 años bajo Suleiman el Magnífico. Calados hasta los huesos contemplábamos Jerusalén desde un mirador adyacente a un pequeño monumento dedicado a las víctimas del Holocausto. Nos encontrábamos cerca del cementerio Protestante existente en el Monte Sión y del cementerio Católico donde está enterrado Oscar Schindler.
Nos tuvimos que “conformar” con ver el Monte de los Olivos desde el autobús, así como el Huerto de Getsemaní, la Iglesia de María Magdalena y el cementerio judío de Jerusalén.
Al bajarnos del autobús llovía a cántaros. Y una tormenta eléctrica acompañaba al aguacero, con viento racheado. Accedimos a la ciudad antigua a través de la Puerta de Sión, en el barrio armenio, que se encuentra al suroeste. Su calle principal es Rehov del Patriarcado armenio.
Pasamos por el Cardo, una antigua calle que en el siglo VI atravesaba la ciudad de punta a punta. Se pueden ver algunas ruinas del primer y del segundo templo y la reconstrucción de la calle principal de la ciudad tal y como la veían los romanos.
Nos dirigimos al muro de las Lamentaciones (o muro de los Lamentos), en el barrio judío.
Según la tradición judía hasta hace unos años se creía que este muro era un resto del antiguo templo de Herodes pero está confirmado que este muro era de contención para sujetar la explanada del templo de la parte occidental. Tiene unos 28 metros de largo y los hebreos lo llaman Ha-Kotel Ha-maarabi.
Durante veinte siglos los judíos de todas partes del mundo han venido a este Muro para lamentarse de la destrucción del templo y aclamar a Dios el regreso del Mesías a la tierra prometida. Hombres y mujeres no rezan juntos. Para entrar en el recinto de las mujeres no hace falta tener ningún pañuelo para tapar el pelo, pero para entrar en el recinto de los hombres sí hace falta el kipá en la cabeza. No en esta ocasión, pues era imposible llevar la cabeza al descubierto si querías protegerte de la lluvia
Tras este emotivo momento nos adentramos dentro de la antigua Ciudad Amurallada de Jerusalén para visitar la Iglesia del Santo Sepulcro, uno de los sitios más visitados de Jerusalén, sin duda.
El corazón de la ciudad vieja de Jerusalén para los cristianos es la Basílica del Santo Sepulcro, conocida por los habitantes locales como “Iglesia de la Resurrección”. En su interior se encuentran el Calvario, lugar de la crucifixión y muerte de Jesús, y la Tumba de Cristo, desde la que el Hijo de Dios resucitó al tercer día. Los dos Santos Lugares están relacionados y son inseparables, como lo es el misterio pascual de la muerte y resurrección de Jesucristo que tuvo lugar allí y se realiza continuamente. Desde hace ochocientos años, los frailes franciscanos de la Orden de Frailes Menores son los custodios del Santo Sepulcro en nombre de la Iglesia católica, y comparten la propiedad de la basílica con la Iglesia greco-ortodoxa y la Iglesia apostólica armenia.
A través de las estrechas calles del Suk de la Ciudad Vieja, llenas de vendedores, souvenir religiosos y peregrinos curiosos, se llega casi sin darse cuenta delante de la entrada de la basílica del Santo Sepulcro. Ante una placeta empedrada rodeada de edificios se abre la fachada de la iglesia cruzada con sus entradas, de las que sólo la de la izquierda permanece abierta, sobre las que se encuentran el mismo número de ventanas enmarcadas por arcos ligeramente puntiagudos y elaborados con motivos vegetales.
En la época cruzada, las dos puertas estabanadornadas por lunetas decoradas: la de la derecha tenía un mosaico con la figura de la Virgen María, la de la izquierda todavía conserva las huellas del opus sectile realizado con preciosos mármoles esculpidos. Cuando terminaron la fachada, los cruzados añadieron el campanil en la esquina izquierda de la plaza, que en la actualidad se encuentra sin las plantas superiores que se derrumbaron en 1545. Por la derecha, una escalinata abierta lleva hasta un pórtico cubierto por una pequeña cúpula cilíndrica, el original acceso exterior al Calvario, después transformado en la pequeña Capilla de los Francos, de propiedad Latina, dedicada a la Virgen Adolorada.
Entrando en el patio, a lo largo de las gradas que llevan hasta el empedrado, todavía se pueden ver las bases de las columnas que sostenían el pórtico cruzado. Las columnas se enviaron como regalo a la Meca por deseo de los Corasmios en 1244. Por los laterales este y oeste del patio se abren las entradas a las capillas griego-ortodoxas, armenias y etíopes, además de al convento griego que se extiende por el lado oriental.
El único acceso al Santuario, con los dos batientes de madera del portón del tiempo de Saladino, está custodiado por dos familias musulmanas, Judeh y Nuseibeh, que cumpliendo los mismos gestos enseñados de padre a hijo, realizan cada mañana y cada tarde el ritual de apertura y cierre del exterior de la basílica.
La basílica del Santo Sepulcro, una vez que se cruza el umbral, se abre al peregrino con su carga de memorias reunidas justo en el lugar en el que ocurrieron: aquí, Jesús fue crucificado y venció la batalla contra la muerte. Entrando en la basílica por la derecha, se articulan las memorias relacionadas con la pasión, muerte y unción de Jesús.
Por algunos ripiados escalones, a la derecha de la entrada, se sube hasta el “monte” Gólgota. La roca en la que se clavó la cruz y que tenía que encontrarse al abierto en tiempos de la peregrina Egeria, se eleva todavía hoy unos 5 metros y es visible desde varios puntos de las vidrieras.
La planta elevada realizada por los cruzados está subdividida en dos naves: a la derecha, la capilla de la Crucifixión, propiedad de los Latinos, donde se recuerda cuando le quitaron los vestidos a Jesús y su crucifixión, tal y como se muestra en el mosaico de fondo; a la izquierda, la Capilla del Calvario que pertenece a los Griegos Ortodoxos, es el lugar donde los fieles se pueden arrodillar ante el altar para tocar, a través de un disco de plata, el punto en el que se clavó la cruz del martirio de Jesús.
Era aquí donde los peregrinos cumplían el voto, es decir, depositaban sobre el altar la pequeña cruz de madera que se les entregaba en su patria al comienzo del viaje. La capilla está decorada con lámparas y candelabros según su tradición.
El altar, en bronce plateado, es regalo del gran duque de Toscana Fernando de Médici (1588). La decoración y los mosaicos fueron rehechos el siglo pasado. Del siglo XII es el medallón que representa la Ascensión. Entre las dos capillas se encuentra el altar de la Dolorosa. El medio busto de la Virgen es un presente de la reina María de Portugal (1778).
Ver en su totalidad la basílica se antojaba misión imposible, más cuando dedicamos la mayoría del tiempo de la visita a guardar cola en la Capilla del Calvario. Nos limitaremos, por ello, a relatar aquello que sí vimos, dejando para otra visita, más pausada, el resto de elementos que integran este auténtico centro de la cristiandad.
En el atrio de la basílica está colocada la Piedra de la Unción, en memoria de la piedad de Nicodemo y José de Arimatea, que prepararon el cuerpo de Jesús para su sepultura.
Es muy venerada por los ortodoxos y está adornada con candelabros y lámparas.
Un mosaico en el tabique frontal ilustra el episodio.
Cuando se entra en la basílica, por la izquierda se llega al Anastasis, la Rotonda constantina con el Edículo del Santo Sepulcro en el centro, bajo la cúpula restaurada e inaugurada en 1997.
El Edículo del Sepulcro, compartido por las Comunidades, repropone en su composición las tumbas de la época de Jesús formadas por un vestíbulo en el que se ungía el cuerpo y se deponía en el sudario y por la cámara sepulcral, que en el caso de la de Jesús tiene forma de arcosolio, con el banco sepulcral paralelo a la pared. En 1808 hubo un incendio devastador y el Edículo actual fue realizado en 1810 por la comunidad Griego-Ortodoxa.
El Edículo está cubierto por un techo plano con una pequeña cúpula en el centro de estilo moscovita con forma de cebolla sostenida por pequeñas columnas; los laterales están decorados con inscripciones en griego que invitan a los pueblos y a las naciones a alabar el Cristo Resucitado. Detrás de los candelabros de las varias Comunidades, la fachada del Edículo se presenta enmarcada por una arquitectura formada por columnas torcidas, ornamentos, inscripciones, cuadros y lámparas de aceite.
Entrando en el Edículo se detiene en el vestíbulo, llamado Capilla del Ángel en memoria del joven vestido con una túnica blanca que las mujeres vieron sentado en la tumba la mañana después del sábado y del que escucharon el anuncio de la Resurrección. La pequeña cámara, larga casi 3,50 metros y ancha 4 metros, está decorada con paneles esculturales de mármol blanco intercalados por columnas y pequeños pilares. En el centro se encuentra un pedestal con un fragmento de la roca que cerraba la entrada del Sepulcro, piedra conservada toda entera dentro de la basílica hasta la destrucción del 1009. La antecámara hipogea original fue destruida ya en tiempos de Constantino, que pensó en un espacio frente a la cámara sepulcral libre de paredes y rodeada de balaustre. El Edículo cruzado volvió a proponer tres puertas de acceso a la antecámara, que se cerraron en el siglo XVI. La reproposición de la antecámara funeraria es por tanto, una versión bastante reciente del complejo del Edículo. Una pequeña puerta de 1,33 metros introduce en la segunda habitación donde fue depositado el cuerpo de Jesús. El banco está protegido por láminas de mármol. Los ornamentos no deslucen la simplicidad de este lugar, meta de millones de peregrinos y centro de la fe cristiana. Aquí Jesús venció a la muerte.
El Anastasis y el Edículo del Sepulcro fueron vistos en tiempo récord, pues ya el grupo había abandonado la iglesia. A la carrera lo alcanzamos y recorrimos de nuevo las callejuelas de la ciudad vieja en dirección a la Puerta de Jaffa, por la que abandonaríamos Jerusalén.
La cima del monte de los Olivos, el «Camino del Domingo de Ramos», la Capilla de Dominus Flevit, el Cenáculo, la Mezquita de Al Aqsa, la Cúpula de la Roca,… tendrán que esperar.
Un corto viaje nos condujo a Belén, donde realizamos una primera parada para almorzar en Olive Grove Restaurant (Almadris Street, Beit sahur).
A la finalización de la comida nos dirigimos a la Basílica de la Natividad. El lugar de nacimiento de Jesús se identifica con Belén, donde en la actualidad se encuentra la basílica de la Natividad. Para inscribirse en el censo ordenado por los romanos, José y María viajaron desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la pequeña localidad de Belén, en Judea, ya que José pertenecía a la familia de David. Allí se cumplieron para María los días del parto y Jesús nació en la que hoy se conoce como la “gruta de la Natividad”.
Cuando se llega a la plaza enlosada que precede a la basílica, aparece al fondo la silueta del santuario de la Natividad. El edificio esencial se remonta al siglo VI y es obra de los arquitectos del emperador bizantino Justiniano, que mandó reconstruir la basílica del siglo IV, destruida tras la revuelta de los samaritanos.
La actual fachada pertenece a la estructura de la construcción justiniana, aunque su composición se presenta hoy poco clara a causa de las continuas modificaciones. Una atenta observación permite apreciar hasta tres puertas de entrada que sucesivamente fueron tapiadas hasta llegar al acceso actual.
La pequeña puerta de entrada es el resultado de las progresivas reducciones que a lo largo del tiempo sufrió el acceso a la basílica. Es fácil reconocer la gran puerta central de la época bizantina, con arquitrabe horizontal y piedras dispuestas en diagonal. Cuando llegaron los cruzados, la puerta fue rebajada según el estilo de los caballeros occidentales, para asegurar mejor la defensa del lugar santo. En la época otomana, las dimensiones de la puerta fueron reducidas todavía más, dejando como resultado el actual acceso de entrada a la basílica. Esta última reducción se hizo para impedir el paso a los que trataban de profanar el lugar santo.
Entrando por la pequeña puerta, se accede en primer lugar a un espacio definido técnicamente como nártex, realizado en la época bizantina. El nártex, en la antigua tradición cristiana, desempeñaba la función de acceso a los espacios sagrados; también estaba destinado a los catecúmenos, que no podían entrar en la basílica en ciertos momentos de las celebraciones.
En su interior, la basílica ha conservado todos los elementos arquitectónicos del siglo VI. El emperador bizantino, cuando examinó el proyecto, no aprobó las opciones tomadas por el arquitecto y lo acusó de haber malgastado el dinero, condenándolo a la decapitación. A pesar de la insatisfacción del emperador, la estructura ha demostrado ser muy sólida, ya que ha llegado íntegra hasta nuestros días.
En la época constantiniana, el suelo estaba totalmente cubierto por mosaicos finamente trabajados, tal como mostraron las excavaciones financiadas por el gobierno inglés en 1932. Estos bellos mosaicos ofrecen decoraciones geométricas y florales.
En el siglo VI, la basílica debía de estar totalmente recubierta de mármol: quedan todavía algunas huellas de orificios encontrados en los muros revocados en yeso, orificios que servían para anclar las losas de mármol a las paredes. Las filas de columnas, que hoy llegan a la altura de la zona absidal, en la antigüedad continuaban hacia el este, de forma que creaban un deambulatorio alrededor de la Gruta de la Natividad.
Los lienzos altos de los muros de la nave central presentan decoraciones musivas de gran calidad, del siglo XII, obra de maestros orientales. Estos mosaicos están divididos en tres secciones horizontales que representan, de abajo hacia arriba, la genealogía de Jesús, los concilios y los sínodos locales y, ya en lo alto, una procesión de ángeles. Por un testimonio griego del siglo IX se sabe que, antes de estos mosaicos, existían otras decoraciones musivas de la época bizantina.
La nave central es particularmente oscura, debido a la falta de mantenimiento, que, con el pasar de los años, ha llegado a comprometer el estado mismo del santuario. De todas formas, sigue siendo fascinante el efecto de los mosaicos con sus fondos dorados y las brillantes incrustaciones de madreperla que en otro tiempo recubrían todas las paredes de la basílica.
El iconostasio griego que actualmente preside el presbiterio es de 1764. En la primera basílica, esta zona, justo encima de la gruta, era de forma octogonal, como quedó evidenciado en las excavaciones de 1932-1934. A partir de la reconstrucción que se puede hacer tras los hallazgos arqueológicos, parece que, en el siglo IV, se accedía al presbiterio a través de una escalera ubicada en los muros de este perímetro octogonal. En este presbiterio octogonal, bajo el actual piso, se encontraron decoraciones en mosaico parecidas a las de la nave central, pero mucho más ricas, con representaciones animales, vegetales y geométricas.
La entrada actual a la Gruta de la Natividad está ubicada lateralmente respecto al lugar del nacimiento de Jesús, pero se conjetura que en el siglo IV el acceso se realizaría frontalmente, desde la parte delantera del presbiterio. Accedimos a ella, tras una larga espera, por la escalera sur (derecha del iconostasio) se llega al interior mismo de la Gruta de la Natividad. El espacio es estrecho y angosto; las paredes, originalmente irregulares, forman ahora un perímetro casi rectangular. En la época bizantina, la roca natural de las paredes estuvo recubierta con mármol.
El Altar de la Natividad se comenzó a venerar sólo cuando, en la época bizantina, fue creado este espacio como recuerdo del lugar preciso del nacimiento de Jesús. La estructura actual es completamente distinta a la descrita por los peregrinos Focas y l’Abad Daniel en el siglo XII. Dos columnas de piedra roja sostienen el altar, donde figura la inscripción «Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus«; en el conjunto están representados el Niño entre pañales, la escena del lavatorio del Niño y la llegada de los pastores. Bajo el altar se encuentra la estrella de plata con la inscripción latina: «Hic de Virgine Maria Iesus Christus natus est – 1717«, en recuerdo del lugar exacto de la Natividad.
A la derecha del altar de la Natividad está el lugar donde María colocó al Niño tras nacer: un “comedero”, llamado popularmente el Altar del Pesebre. En esta parte de la gruta el suelo es más bajo. Este espacio está delimitado por columnas parecidas a las bizantinas de la nave central de la basílica y por restos de dos columnas cruzadas. Frente al pesebre existe un altarcillo dedicado a los Magos donde los latinos celebran la santa Misa. La actual estructura de toda esta capillita no es original, sino resultado de muchos cambios realizados a lo largo del tiempo y derivados del continuo trasiego de peregrinos.
Tras el incendio de 1869 y para prevenir nuevos siniestros, las paredes de la Gruta fueron recubiertas con paneles de amianto, donados por el presidente de la República Francesa, el mariscal MacMahon, en 1874. Por debajo de este revestimiento son todavía visibles los mármoles cruzados, mientras que sobre dichos paneles penden cuadros de madera de escaso interés artístico.
Salimos a la calle a través del pórtico de la Iglesia de Santa Catalina. Su visita, así como la programada a la Iglesia de St. Jerome Caves (donde la biblia fue traducida del hebreo al latín) y al Campo de los Pastores en Beit Sahour (donde se recuerda el anuncio de los ángeles del nacimiento de Jesús), también quedaron en el tintero.
El grupo decidió obviar la visita para compras y regresar, cuanto antes a Jordania. Eso sí, la espera en el primer puesto fronterizo, todavía en territorio israelí, no los la quitó nadie.
Cumplidos, de nuevo, los protocolos en las dos fronteras llegábamos al hotel con el tiempo justo de cenar y descansar de este agotador día en el que, más que ver Jerusalén, “habíamos estado en Jerusalén”.
Solo a la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol, fuimos conscientes de que habíamos pasado la noche en el desierto. Sí, los primeros rayos de sol, una pequeña tregua que nos dio el tiempo esa mañana.
Como siempre, a la carrera, a desayunar y a meter el equipaje en el autobús. A renglón seguido, montamos en nuestro 4×4 para el recorrido (tour clásico) que nos tenían preparado por los imponentes paisajes de Wadi Rum, demasiado “turístico” y alejado de los monumentos geológicos más representativos de la zona (Little Bridge -Puente Rakhabat al-Wadak-, Mushroom Rock, arcos de Kharaz, Burdah Rock Bridge,…).
Wadi Rum es, sin duda, una de las zonas más hermosas de Jordania, transitada desde tiempos remotos por nómadas y caravanas, surcada por manantiales subterráneos que dan vida a especies endémicas y arbustos silvestres, habitada por mamíferos y más de cien especies de aves. En 1998, la Royal Society for the Conservation of Nature declaró Wadi Rum área protegida, sometida a la administración especial de ASEZA (Agaba Special Economic Zone Authority).
Wadi Rum es, en realidad, una meseta de casi 450 km2, con numerosos manantiales, caracterizada por sus arenas y las singulares formaciones rocosas que dan vida a escenarios irreales formados por torres, pináculos y agujas de arenisca, que dominan los lechos de antiguos ríos, ahora totalmente secos, y que le han valido el nombre de “valle de la Luna”.
El paisaje se caracteriza por las diferentes tonalidades de la arena, salpicada de arbustos del desierto, como la acacia espinosa y el “salicor de la hamada”.
La zona está delimitada por dos macizos montañosos, el gebel Rum, de 1.754 metros (uno de los picos más altos de Jordania) y el gebel Umm Ishrin (1.753 metros), cuyo nombre significa “montaña de la madre de los veinte”.
Geológicamente, fue originada por una fractura de la corteza terrestre que provocó una fuerte elevación del terreno, lo que hizo aflorar enormes bloques de granito y arenisca de la placa afro-árabe. La altura de algunos de estos bloques era de miles de metros, pero ahora muestran los efectos de la erosión a lo largo del tiempo.
La región estuvo habitada desde la época prehistórica, en especial durante el Neolítico. Una primera impresión lleva a pensar que se trata de una zona fuera de las rutas de caravanas, pero las numerosas inscripciones halladas testimonian antiguos lazos con los principales enclaves nabateos y con la Península Arábiga. El principal motivo del tránsito de nómadas por la región era la presencia de numerosos manantiales, lo que trajo consigo el asentamiento de algunas de ellas.
T.E. Lawrence escribió impactantes e inspiradoras descripciones de Wadi Rum en su famoso relato autobiográfico “Los siete pilares de la sabiduría”, escrito en 1926. El mismo sobrecogimiento que expresó él en su libro sentíamos nosotros en el momento de ingresar por primera vez al Wadi Rum.
En nuestro itinerario hicimos tres paradas.
La primera de ellas, en una duna de arena roja. Los efectos de la intemperie, la erosión eólica y la desintegración de los bloques de arenisca derrumbados siguen produciendo la gran cantidad de arena que cubre los suelos de los wadis y que se monta a los acantilados como dunas trepadoras.
Sin duda, era mucho más fácil de bajar que de ascender. Eso sí, la ascensión merecía la pena, pues desde su cima las vistas eran impresionantes. En la jaima junto a la que aparcamos no faltaba el té y los productos típicos del lugar puestos a la venta.
De nuevo en el todoterreno nos dirigimos a Alameleh. En este paraje, las grandes rocas y paredones de arenisca roja producen una capa oscura que fueron preferidos como superficie para los petroglifos, ya que al ser grabados exponen la parte interior más clara de la roca. Esta práctica se extiende sin interrupción a lo largo del Neolítico hasta la era moderna.
No faltaban los camellos en el lugar, configurando una más que típica estampa propia del desierto.
Siq Um Tawaqi constituyó la última parada. En la entrada al cañón encontramos una roca con tallas de la cabeza de T.E. Lawrence y sus compañeros. Enfrente, una espectacular duna y formaciones rocosas impresionantes.
Retomamos el camino hacia el campamento y rápidamente emprendimos viaje hacia el Mar Muerto. Una breve parada en Aqaba (ciudad portuaria en el Mar Rojo) para repostar y una “parada hidráulica” posterior (inevitablemente, aprovechada también para compras) antes de recorrer los más de trescientos kilómetros que nos separaban del Mar Muerto, que nos recibió con una espectacular granizada (finalizada la tregua de Wadi Rum, volvíamos al mal tiempo).
Llegamos al Hotel Hilton Dead Sea Resort 5* pasada la hora de la comida, efectuando un frugal almuerzo en el Moringa Seafood Restaurant مطعم مورنجا للمأكولات البحرية (محافظة البلقاء Dead sea, Jordania).
No llegamos con tiempo suficiente para disfrutar de las instalaciones del hotel y bañarse en el Mar Muerto. Tampoco el tiempo acompañaba.
May y Toñi, las más aventureras, optaron por desafiar a la lluvia y realizar un tour por las inmediaciones del hotel, con intención de llegar a la orilla del mar. El resto decidió instalarse en sus habitaciones y descansar algo antes de la cena.
En las paredes rocosas del Siq exterior se suceden las fachadas de monumentos sepulcrales. A la izquierda destacan las espléndidas tumbas asirias excavadas en la piedra de un rojo intenso.
Nos encontramos en la Avenida de las Fachadas, nombre que se le da a la hilera de tumbas monumentales nabateas talladas en la ladera sur del desfiladero, situado un poco más adelante del Tesoro y adyacente al desfiladero exterior.
Las fachadas están decoradas con escalones estilo paso de cuervo, pilastres y cavetos. Destaca la Tumba 67, por su cavidad superior, que probablemente se usaba para almacenar las herramientas de los trabajadores que la construyeron.
En esta zona se puede ver claramente cuánta arena y escombros fueron arrastrados y acumulados a lo largo de los siglos por repetidas inundaciones repentinas. De hecho, los sedimentos llegan hasta el borde superior del portal de la tumba.
Un rasgo inusual de esta tumba de tipo Hegra es la abertura de la cámara funeraria en lo alto, enmarcada por pequeñas pilastras con capiteles nabateos y un frontón triangular en la parte superior. A ambos lados de ella se pueden ver los medios-merlones, típicos de las tumbas escalondas, así como de las Proto-Hegra y Hegra. Entre los beduinos locales cuenta la leyenda que un ladrón se refugió en la cámara alta durante un tiempo, motivo por el cual la llaman “la tumba del ladrón”.
Las Tumbas BD 69 y BD 70 son, básicamente, del tipo Hegra.
La segunda está tallada en la roca en tres lados (este, oeste y norte) y se alza unos 15 metros. Se encuentra en un lugar especialmente expuesto y debe haber sido una tumba importante. Al haber sido modificada varias veces, falta el friso habitual de grandes medios merlones enfrentados, y tiene una corona almenada construida sobre la cornisa.
La fachada de la Tumba BD 825, tallada en la roca, está decorada con cinco escalones enfrentados y una cornisa de caveto, seguida de un ático liso y un entablamento principal, que se apoya en dos pilastras. Este sencillo ático, además de los elementos mencionados, la caracteriza como de tipo Hegra.
De pronto, la avenida se abre a un gran espacio natural. A la derecha, en lo alto, se ve la tumba de Unayshu, un ministro de la reina Shaquilat (70-76 d.C.), adornada por un frontón griego.
Al otro lado de la avenida, un sendero a la derecha sube al Lugar Alto del Sacrificio y conduce a la tumba de los ángeles, que quedaba fuera de nuestro itinerario (habrá que volver…).
Se trata, sin duda, de un lugar de insospechadas tonalidades.
Se acercaba el mediodía. Había que tomar decisiones y ejecutarlas. Una parte del gran grupo pretendía ascender al Monasterio. La mitad del pequeño grupo, también. Si pretendíamos cumplir con el horario y estar a las dos de la tarde de vuelta en el Centro de Visitantes había que ponerse en camino. Y así lo hicimos May, Antonio y yo, junto a otros compañeros de aventura.
Inmediatamente pasamos junto al teatro, edificado en época de Aretas IV, sobre un antiguo cementerio (de hecho, el teatro se encuentra en las inmediaciones de una necrópolis), aunque fue restaurado más tarde, en la época de Maikos II. Está íntegramente excavado en la roca y tenía capacidad para 3.000 espectadores.
Renunciamos a visitar el conjunto monumental de la colina de al-Khubtah, uno de los más conocidos de Petra. Las Tumbas Reales se construyeron para acoger a una familia real nabatea. Las excavaciones han sacado a la luz en la zona una necrópolis de fosas sepulcrales (siglo I a.C.), algunas de las cuales sirvieron de vivienda en época posterior.
Vistas desde abajo (como nosotros las vimos) desde la avenida de las columnas también resultan espectaculares. La escalinata en la parte baja lleva a la tumba de la Urna; las otras (de la Seda, Corintia y del Palacio) se encuentran a la izquierda.
Atravesamos la Avenida de las Columnas a buen paso y con un ojo en el resbaladizo pavimento. Edificada en la época de Aretas IV y remodelada en tiempos de Trajano, es una larga vía pavimentada y flanqueada de pórticos de los que apenas quedan restos. Solo se conservan algunas columnas, aunque la pavimentación todavía se encuentra en buen estado.
Dejamos a nuestra izquierda el Gran Templo, un complejo monumental que representa uno de los mejores conjuntos arqueológicos y arquitectónicos de la parte central de Petra, que ocupa un área estimada de siete mil metros cuadrados.
Pasamos junto a Qsar-al-Bint, el “palacio de la hija del faraón”. Se trata de un imponente templo, muy bien conservado, del siglo I a.C. Edificado con grandes bloques de arenisca rosada trabajados con esmero, es uno de los pocos edificios nabateos no excavados en la roca, dedicado a Dusharah.
A partir de este momento, “comienza puerto”…
Ad Deir (el Monasterio) es uno de los monumentos emblemáticos más fascinantes de Petra. Sin duda, es un lugar que no hay que perderse, a pesar de la dificultad del camino. Su monumental fachada de roca tallada domina una altiplanicie a la que se puede acceder desde el centro de la ciudad (restaurante Basin) por un antiguo camino procesional.
El ascenso, de mil seiscientos metros de largo con una diferencia de altitud positiva de doscientos metros, “requiere de buena condición”, “pero no es peligroso”. Sin lluvia, añadiría yo, a las indicaciones de las guías. Hay varios tramos planos entre los ochocientos escalones de subida, y los visitantes suelen detenerse con frecuencia para disfrutar de las magníficas vistas (sin niebla), o tal vez para tomar aire y bajar pulsaciones.
A lo largo del camino y en gargantas laterales hay numerosas tumbas, lugares de culto, nichos de betilos y otros vestigios de la época nabatea y bizantina.
Después del ascenso, realizado a buen paso en unos cuarenta minutos, se llega a una vasta meseta dominada por la monumental fachada de Ad Deir, que vimos sin niebla apenas unos instantes.
El nombre árabe “Ad Deir” fue dado al lugar por los beduinos por las cruces que hay inscritas en la pared interior, que datan de la época bizantina. El monumento, con su imponente fachada de cuarenta y siete metros de ancho y cuarenta y ocho de alto, y la sala que hay detrás, fueron tallados directamente en la montaña a mediados del siglo I d.C.
El orden superior con el frontón partido, que enmarca una estructura circular de tholos con techo cónico coronado por una urna, sigue el modelo del Tesoro. Pero se trata de un mausoleo, al no haber tumbas en su interior, que consta de una sala de doce metros de lado y diez metros de alto, al fondo de la cual hay un nicho.
En el nicho elevado de la pared trasera se encontraron rastros de un betilo removido posteriormente, y a ambos lados de la cámara hay bancos planos y anchos, lo que indica que fue un lugar de culto. Es posible que una rica hermandad celebrara aquí sus simposios (banquetes rituales) en homenaje al rey nabateo Obodas II, deificado después de su muerte.
Descendimos cuidadosamente hasta el Restaurante Basin, donde había que tomar una importante decisión. Si queríamos cumplir con el horario debíamos ascender a la planicie donde las lanzaderas puestas en funcionamiento un día antes nos conducirían al autobús. Eso sí, no sabíamos muy bien donde se encontraba el punto de salida del autobús, y los regueros de personas por las colinas a nuestra izquierda tampoco ayudaban mucho.
La decisión de buena parte de nuestros compañeros de viaje y el oscuro deseo de ver el Tesoro por una última vez nos animó a desandar el camino hasta el Centro de Visitantes. Abandonar Petra por el Siq era la mejor opción posible, sin duda alguna.
Cuando llegamos al autobús, algo más tarde de las dos y media, nuestra sorpresa fue mayúscula al comprobar que eran muy pocos los que se encontraban en él (Toñi, Lola y Dona entre ellos, que habían vuelto por el mismo camino). El grueso del grupo, que había decidido volver en autobús, se encontró, sin comerlo ni beberlo, en medio de un conflicto laboral (los autobuses terminaban con el negocio de los lugareños) que les obligó, tras una prolongada espera, a volver, también, por el mismo camino que, finalmente, todos.
Después de las cuatro, comimos en Alqantarah Restaurant (8FHC+565, Wadi Musa, Jordania) y, al finalizar la comida, abandonamos Petra en dirección a Wadi Rum, un recorrido de algo más de cien kilómetros, en la niebla, que mejor olvidar, pues nos convertimos en los protagonistas de la nueva entrega de la saga Fast & Furious, “The Fast and the Furious 10: Wade Rum Drift”.
Llegamos ya de noche cerrada a nuestro campamento, Mazayen Wadi Rum. Tras tomar posesión de nuestra burbuja, una ducha y a cenar y (los más animados) a rematar el día con unos bailes regionales.
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El 25 de abril de 2025, en el salón de actos del IES «Francisco Ros Giner» de Lorca, se celebró la defensa de los trabajos de investigación seleccionados por el Jurado del III Certamen de Investigación «Esther Sánchez». El trabajo de Lucía García López, ¿Picará mucho? ¿Picará poco?, fue uno de los seleccionados entre los 35 […]
Como suelen decir en Pucela: “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…“, nos acercamos al río tras realizar las últimas compras y acercarlas al coche. El río Pisuerga es el más importante de la ciudad, tanto pos su caudal y todos los beneficios que el conlleva, como por haber sido durante muchos años el límite […]
Alquimia se convirtió en noviembre de 2022, tras Trigo, en el segundo restaurante de Valladolid capital en obtener una estrella Michelin. Al frente de la cocina de Alquimia está Alvar Hinojal, uno de los cocineros más talentosos de la ciudad. En ella encontramos dos propuestas diversificadas en dos espacios diferentes, Laboratorio (comedor principal) y Crisol […]
La tarde anterior, de camino al hotel, descubrimos una chocolatería cercana a la catedral, de idéntico nombre, y fue la elegida para comenzar nuestro recorrido por la ciudad esa mañana. La fachada de la Universidad de Valladolid es uno de los mejores ejemplares del Barroco en nuestro país. Su edificio medieval se renovó a principios […]
La creación del Museo Nacional de Escultura se remonta al año 1933. En la primera sede elegida para su ubicación, el Colegio San Gregorio y la capilla funeraria de su fundador, Fray Alonso de Burgos, se logró reunir e instalar un importante conjunto de esculturas y pinturas que, procedentes del antiguo Museo Provincial de Bellas […]
Iniciamos nuestra visita a Valladolid, antes de comer en Trigo, paseando por la calle de San Ignacio, apodada “calle de los palacios”. Destacan los de los Arenzana, el del Marqués de Valverde y el Palacio de Fabio Nelli, hoy Museo de Valladolid, que atesora un pequeño jardín arqueológico. El Palacio de los Marqueses de Valverde […]
No teníamos duda de dónde íbamos a comer en Valladolid. Tras hacer el ckeck in en el Hotel Boutique Catedral y dejar el coche aparcado en el parking de la Avenida Isabel la Católica, el Restaurante Trigo, en pleno Patio Herreriano, distaba de nosotros unos cuantos pasos. Trigo abrió sus puertas en agosto de 2007. […]
Entradas recientes: Bachillerato de Investigación - IES "Alcántara" de Alcantarilla (Murcia). Cursos 2010-2011 a 2023-2024
En el curso 23-24 que acaba de terminar hemos contado con alumnos de primer y de segundo curso (XIII y XII promoción, respectivamente). El grupo de segundo estaba conformado por 28 alumnos, distribuidos del siguiente modo: 20 de la modalidad de Ciencias y 8 de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. El grupo de […]
En el curso 22-23 convivieron la XI y XII promociones de Bachillerato de Investigación de nuestro centro. El grupo de segundo estaba conformado por 26 alumnos, distribuidos del siguiente modo: 20 de la modalidad de Ciencias y 6 de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. El grupo de primero estaba conformado a final de […]
En el curso 21-22 contamos, de nuevo, con alumnos de primer y de segundo curso (XI y X promoción, respectivamente). El grupo de segundo estaba conformado por 35 alumnos, seis de ellos repetidores, distribuidos del siguiente modo: 24 de la modalidad de Ciencias y 11 de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. El grupo […]
En el curso escolar 2020-2021 realizaron sus estudios los alumnos de la X (primer curso) y IX (segundo curso) promoción de Bachillerato de Investigación. El grupo de segundo estaba conformado por 29 alumnos, uno de ellos repetidor, distribuidos del siguiente modo: 19 de la modalidad de Ciencias y 10 de la modalidad de Humanidades y […]
Iniciábamos este relato comentando que nuestro centro comenzó a impartir las enseñanzas del Bachillerato de Investigación en el año académico 2010/11. En el “atípico” curso escolar 2019-2020 celebrábamos, por lo tanto, nuestro décimo aniversario. Y lo hacíamos, por séptima vez consecutiva, contando con alumnos de primer y de segundo curso (IX y VIII promoción, respectivamente). […]
A lo largo del presente curso se procedió a la exposición de los trabajos de los alumnos de la VII Promoción de Bachillerato de Investigación del IES “Alcántara”. Del 26 de febrero al 7 de marzo de 2019, y con la participación de 29 profesores del Claustro, se constituyeron las comisiones encargadas de la evaluación […]