Egipto 2022 (12)

¿Merece la pena entrar a las pirámides? En nuestro caso, la respuesta a esta pregunta fue afirmativa. Al menos a una de ellas y, si puedes permitirte ir a la de Keops, pues mejor. El interior de las pirámides es bastante espartano. Nada que ver con esas salas decoradas del Valle de los Reyes y las Reinas, en Luxor, o las cercanas tumbas de la espectacular Saqqara que contemplaríamos esa misma tarde.

Pero es alucinante caminar, en muchos tramos agachado, por los estrechos corredores, y subir y bajar hasta llegar a la cámara de la tumba del faraón.

Sólo desde dentro puedes apreciar, de verdad, el alarde arquitectónico que suponen estas moles de piedra. Valga un dato: cada una de las nueve losas de granito que cubren la cámara sepulcral (una habitación de seis metros de altura) pesa unas 45 toneladas. O maravillas como el Canal Estelar un pequeño agujero practicado en la pared derecha de la sala funeraria que apunta hacia el cielo y servía de camino para el alma del faraón. Algo realmente fascinante.

A la salida de la pirámide de Keops nos diriginos a la de Kefrén, que tiene diez metros menos de altura, aunque visualmente parece más alta debido a que está construida en una pequeña elevación del terreno y presenta un ángulo más inclinado en sus caras (el ángulo sagrado egipcio), utilizado en algunas pirámides posteriores.

La pirámide es parte de un complejo funerario que cuenta con un templo funerario en su lado oriental y una calzada procesional pavimentada que lo vincula con el Templo del Valle, situado en las inmediaciones de la Gran esfinge, presentando una planta y diseño similar al templo Osireion, con patios y pilares desprovistos de jeroglíficos o cualquier tipo de adorno, realizado con enormes sillares y grandes losas de granito revistiendo los muros del templo.

También se encuentra una pirámide subsidiaria, cinco fosos con barcas solares y más de un centenar de grandes habitaciones, consideradas almacenes o talleres de los trabajadores de la pirámide.

Tiene dos entradas situadas en la cara norte, una a doce metros de altura, entre las hiladas de la pirámide, y otra justo en la base, con un largo pasaje interior. Esta segunda entrada tardó en ser encontrada y está situada a unos treinta metros de la pirámide.

La cámara del sarcófago está tallada en la roca, aunque el techo está conformado con losas de granito colocadas oblicuamente, a dos aguas; el revestimiento de los muros también es obra de cantería. En el interior de la cámara funeraria se halla el sarcófago de granito negro, prácticamente al nivel del suelo, pero vacío desde hace mucho tiempo.

Su altura total original es de 143,5 metros, sin embargo, su altura actual es de 136,4 metros. Es la primera gran pirámide que se construyó basándose en el triángulo sagrado egipcio de proporciones 3-4-5. Tras pasear la camiseta de los «Fisicantes 2022-23» por todo Egipto, este era el marco incomparable para inmortalizarla.

El templo funerario, de planta rectangular con más de cien metros de largo, estaba dividido en cinco zonas que serán imitadas en los templos funerarios del Imperio Nuevo: el salón de entrada, el patio descubierto, los cinco nichos para estatuas, el santuario, y los almacenes. Los tres primeros elementos conforman la zona pública; la privada sólo era accesible a los sacerdotes.

El templo del valle, de planta cuadrada, con unos 45 metros de lado, dispone de gruesos muros calizos en talud al exterior, con una altura original de más de doce metros. Disponía de dos entradas en el muro oriental y otra en el occidental; estaban precedidas de un naos cuadrado, con una estatua real y dos esfinges, ante cada puerta oriental.

Tras un pasaje se accedía a la antecámara que comunicaba con la sala hipóstila, construida con pilares monolíticos y revestimiento de granito de Asuán.

Una calzada procesional vinculaba ambos templos, con unos quinientos metros de longitud y 4,50 de anchura, cubierta, posiblemente con bajorrelieves en las paredes.

La Gran Esfinge de Guiza es una monumental escultura que se encuentra en la ribera occidental del río Nilo, en la ciudad de Guiza. Los egiptólogos estiman que fue esculpida c. siglo XXVI a. C., formando parte del complejo funerario del rey, durante la dinastía IV de Egipto.

Los lugareños la llamaban “Padre del Terror”, corrupción de la expresión copta bel-hit, que se aplica a quien manifiesta su inteligencia en los ojos y que traduce la denominación egipcia hu o ju, que significa el guardián o vigilante.

La Gran Esfinge se realizó esculpiendo un montículo de roca caliza situado en la meseta de Guiza. Tiene una altura de unos veinte metros, aproximadamente, y unos 70 de longitud. La cabeza podría representar al faraón Kefrén, teniendo el cuerpo la forma de un león.

En épocas antiguas estaba pintada en vivos colores: rojo el cuerpo y la cara, y el nemes que cubría la cabeza con rayas amarillas y azules.

Se construyó un templo frente a la estatua, datado en el Imperio Antiguo, y otro más al norte, junto a la esfinge, durante el Imperio Nuevo, como lugares de ofrendas a la “imagen viviente”.

Kefrén eligió un templo en la zona sur, que está comunicado con su pirámide mediante una larga avenida procesional. Gozó de veneración y culto por los egipcios desde la antigüedad, especialmente durante el Imperio Nuevo.

Se tiene constancia de restauraciones desde la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo.

Los estratos calizos inferiores se descomponen fácilmente con la humedad del ambiente, pero la arena arrastrada por los vientos del desierto cubrió su cuerpo periódicamente, protegiéndola de la erosión durante siglos.

En época de Tutmosis IV, en la “Estela del Sueño” erigida frente a ella, se describe que en una cacería, el futuro Tutmosis IV durmió bajo la cabeza de la esfinge y ésta, en sueños, le prometía que sería elegido rey si despejaba la arena que la cubría y si representaba su figura en el escudo de sus soldados.

Los ingenieros franceses repararon una enorme grieta en la parte posterior del cuerpo en el año 1920, sellaron un agujero en la parte superior de la cabeza y colocaron contrafuertes de hormigón alrededor del cuello por temor a que se desprendiera la cabeza.

En el siglo XX se llevaron a cabo trabajos de restauración y consolidación del revestimiento desde el año 1925, con resultados poco satisfactorios por las técnicas y materiales empleados, con posteriores intervenciones en 1980 y 1992. En el siglo XXI se prosiguió la restauración de los desperfectos originados por la erosión.

Durante un tiempo se dijo que su nariz había sido destruida por un cañonazo del ejército de Napoleón, pero se comprobó que esta historia era falsa tras encontrarse unos dibujos que un explorador hizo de la Esfinge antes de que Napoleón naciera, y en ellos ya aparece sin nariz. Aún se desconoce los motivos de su desaparición. La barba se encuentra en el Museo Británico de Londres.

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Egipto 2022 (11)

Dicen que una vez en la vida hay que visitar, al menos, Egipto. Esta mañana, en el convulso desayuno, éramos conscientes que muy pronto contemplaríamos las Pirámides de Egipto, construidas hace más de 4.500 años, la maravilla más antigua y la única que se conserva, que sirvieron como tumba a los faraones egipcios, cuyos cuerpos momificados se rodearon de tesoros y objetos personales. Levantadas sobre la arena del desierto, esbeltas, majestuosas, son algo más que un templo y una tumba.

Ante ellas, y especialmente ante la Gran Pirámide, se tiene la impresión de hallarse en presencia de un monumento que guarda en sus entrañas secretos trascendentales muy estrechamente relacionados con su estructura.

Las Pirámides de Egipto están situadas en las afueras de El Cairo y son vestigios legados por egipcios de la antigüedad, los más portentosos y emblemáticos monumentos de esta civilización. En particular, las tres grandes pirámides de Guiza, las tumbas o cenotafios de los faraones Keops, Kefrén y Micerino, cuya construcción se remonta al Imperio Antiguo de Egipto y su fecha de finalización se estima en el año 2570 a. C.

Los faraones tenían la necesidad de crear una construcción duradera, ya que el alma del difunto vivirá eternamente. También, necesitará todo lo que tenía en este mundo, puesto que creían que los difuntos podrían llevar una vida en el gran reino, igual que la que pudiera llevar estando vivo. Como consecuencia en los enterramientos de los egipcios antiguos se introducían muebles, joyas, ajuares, alimentos y entretenimientos o juegos.

Creían que sólo el Faraón era el único que tenía posibilidad de una vida más allá. Por este motivo, sus construcciones son tan colosales. Para construir la casa que va a ser el hogar de un faraón se tenía que invertir mucho tiempo y recursos, por lo que cuando un faraón accedía al poder, inmediatamente se ponía en marcha la construcción de la que será su casa eterna.

Al principio se consideró, que estas construcciones eran realizadas por esclavos. Sin embargo, se ha descubierto que para la construcción de las pirámides se contrataba a campesinos asalariados, cuando sus labores en el campo habían finalizado. Estos se trasladaban a las ciudades para trabajar en las grandes construcciones y recibían una paga que se componía de sal, trigo y cebada. Se organizaban creando grupos de cuatro trabajadores a la orden de un capataz, que sería el encargado de ordenar su trabajo, además de controlarlos.

Llegaban campesinos desde todos los rincones de Egipto, mientras sus campos se mantenían en periodo de descanso. Encontraban en las ciudades una forma de sobrevivir cuando el campo no producía. Se llegó a profesionalizar, creando ciudades para que estos trabajadores pudieran vivir teniendo los servicios necesarios para su trabajo, incluso con servicios médicos.

Para los egipcios, tras la muerte, el espíritu o Ka se dividía en dos, el Ba o el alma y el Akh o el espíritu. De las dos partes, el Ba acompañaba al difunto en su tumba y podía moverse a su antojo, mientras que el Akh era enviado directamente al inframundo de Osiris, quien se encargaría de juzgar el espíritu del muerto.

Para saber qué vida había vivido, Anubis depositaba el corazón del fallecido en un lado de la balanza. Al otro extremo, Ma’at, la diosa de la verdad y la justicia, depositaba la pluma de la verdad. Si la balanza no se mantenía en equilibrio, el difunto sufriría eternamente una infinidad de castigos, pero si por el contario la balanza se equilibraba, significaba que era merecedor de vivir en el gran reino, junto con otras almas buenas y con los dioses en paz y armonía, eternamente.

Keops, Kefrén y Micerinos fueron faraones egipcios pertenecientes al periodo histórico conocido como Reino Antiguo. El periodo de construcción de las pirámides de Gizeh se data entre el año 2550 a. C. y el 2470 a. C. Se sitúan en un territorio conocido como “La necrópolis de Gizeh” en las cercanías de El Cairo.

Utilizamos el acceso principal para entrar al recinto, frente a la Pirámide de Keops.

De vuelta al autobús, nos dirigimos al “Mirador de las Pirámides”, el mirador más conocido, ubicado frente a la Pirámide de Micerino. La imagen es de postal pero, con tiempo, no hubiera estado mal maravillarse con las panorámicas desde “The panorama of the Pyramids” o el “Mirador de las Pirámides de Giza”.

Solo desde este mirador contemplamos la pirámide de Micerino, la menor de las tres célebres pirámides de la necrópolis de la meseta de Guiza. A Menkaura, faraón de la dinastía IV, se le atribuye ordenar construir esta pirámide de 108,5 metros de base y 65,5 metros de altura originalmente, aunque en la actualidad mide 61 metros debido a la pérdida de su recubrimiento.

Conocida en su época como «Divino es Menkaure», era parte del complejo funerario junto con las tres pirámides de las reinas, un templo funerario, el templo del valle y una calzada procesional que vinculaba ambos templos.

En la antigüedad, esta pirámide estaba revestida con dieciséis hiladas de granito rosado procedente de las canteras de Asuán, aunque el resto del recubrimiento estaba conformado por bloques de piedra caliza de Tura. Actualmente, la pirámide se halla desprovista de casi todo su recubrimiento, pudiéndose observar las regulares hiladas que conforman su núcleo. Cerca de la base se encuentran algunas hiladas del recubrimiento original de granito.

La pirámide presenta, hacia el centro de la cara norte, una gran brecha vertical realizada por Al-Aziz Uthman, hijo de Saladino, que se había propuesto demoler las grandes pirámides de Guiza, empezando por la menor, la de Micerinos. Pero el trabajo fue abandonado al resultar muy costoso.

Durante las exploraciones arqueológicas realizadas en el siglo XIX, se encontró un sarcófago de basalto y cerca un ataúd de madera antropomorfo, con una momia en su interior. Sin embargo, el ataúd interior de madera no era de Menkaura, sino de algún importante personaje de la época saíta.

El sarcófago de basalto, perdido bajo el mar el trece de octubre de 1838 frente a las costas de nuestra Cartagena al naufragar la goleta Beatrice que lo trasladaba a Inglaterra, posiblemente sí perteneció a Micerino, pero estaba tallado con un estilo fachada de palacio típico del Imperio Medio, un trabajo posterior probablemente ya que los sarcófagos de piedra del Imperio Antiguo eran lisos sin decoración alguna y según el descubridor, Richard Howard Vyse, conteniendo otro enterramiento intruso, los huesos de una mujer joven.

Tras la visita al mirador volvimos a la explanada situada entre las otras dos pirámides del complejo. Nos encontrábamos ante la Gran Pirámide de Guiza, la más alta con sus 146,61 metros, equiparable a un edificio de, aproximadamente, cuarenta pisos. Su base tiene 230 metros de ancho.

Esta pirámide se encuentra entre las siete maravillas del mundo, siendo además la más longeva entre ellas y la única que aún puede ser contemplada. Fue realizada hace más de 4.500 años y, durante siglos ostentó el título de la estructura más alta realizada por el ser humano.

Se construye en el periodo de mayor apogeo del poder faraónico durante el Imperio Antiguo, y muestra la gran cantidad de organización y conocimiento adquirido por los artesanos y técnico egipcios para erigir tales monumentos, aunque con medios simples. Existen diversas teorías que tratan de explicar cómo se construyeron las pirámides de Egipto, pero no se sabe con certeza cómo se erigieron, al no haber perdurado ningún documento de la época que describa el proceso.

Algunos datos significativos se han encontrado en las excavaciones arqueológicas que se llevan a cabo en las cercanías de las pirámides, en los restos del poblado de artesanos, el cementerio, los almacenes y las canteras. El texto más antiguo que indica la manera en que fueron construidas, proviene del historiador Herodoto y refleja lo que le fue relatado por los sacerdotes egipcios.

La pirámide de Keops fue ordenada construir por el faraón Keops, de la cuarta dinastía del Antiguo Egipto. El arquitecto de dicha obra es Hemiunu. Se estima que fue construida con unos 2,3 millones de bloques de piedra, cuyo peso medio es de dos toneladas y media por bloque, aunque hay algunos de ellos que llegan a pesar hasta sesenta toneladas. Originalmente estaba recubierta por unos 27.000 bloques de piedra caliza blanca, pulidos, de varias toneladas cada uno. Estos bloques fueron aislados y pintados con líneas horizontales de distintos colores, excepto la punta de la pirámide, que era dorada.

La fecha estimada de terminación de la construcción de la Gran Pirámide es alrededor del año 2570 a. C., siendo la primera y mayor de las tres grandes pirámides de la Necrópolis de Guiza.

Mantuvo este aspecto hasta principios del siglo XIV, cuando un terremoto desprendió parte del revestimiento calizo. Posteriormente, los turcos otomanos utilizaron dicho revestimiento para la construcción de diversas edificaciones en El Cairo.

Hemiunu, el arquitecto de la pirámide de Keops, era hijo del arquitecto Nefermaat, el arquitecto de la pirámide del rey Seneferu, padre de Keops. Los arqueólogos han encontrado menciones de Hemiunu con títulos aproximadamente traducidos como Maestro de obras y Visir.

La pirámide se compone de tres cámaras principales, dos situadas en el interior de la pirámide, actualmente denominadas cámara del rey y cámara de la reina, y una en el subsuelo, la cámara subterránea.

A las cámaras se accedía desde el lado norte, por un pasaje descendente, obstruido al final por grandes bloques de granito, que comunicaba con dos pasadizos, uno ascendente, que desemboca en la Gran Galería, y otro descendente, que llega hasta la cámara subterránea.

La Gran Galería es un gran pasaje de unos 47 metros de longitud y 8 metros de altura. Las paredes de la Gran Galería son verticales desde el suelo hasta una altura de dos metros y, desde ahí hacia arriba, mediante aproximación de las hiladas con las piedras escalonadas, conformando una falsa bóveda.

La llamada cámara del rey está conformada por losas de granito y es de planta rectangular, paredes y techo lisos, sin decoración, y únicamente contiene en la actualidad un sarcófago vacío de granito, sin inscripciones, depositado allí durante la construcción de la pirámide, puesto que es más ancho que los pasadizos.

Sobre el techo se encuentran las llamadas cámaras de descarga, y la más alta dispone su techo con grandes bloques inclinados, a dos aguas, para desviar la gran presión que ejercen los bloques superiores de la pirámide, evitando que todo el peso descargue sobre el techo de la cámara real. Se accede a ella por un pasaje horizontal llamado antecámara que parte del extremo superior de la Gran Galería.

La denominada cámara de la reina por los árabes, no se destinó a la esposa del rey sino a una estatua Ka del mismo. Está situada casi en el eje de la pirámide. Tiene acceso mediante un pasaje horizontal, que comunica con la zona inferior de la Gran Galería, inicialmente oculto por las losas del pavimento. Es de planta rectangular, las paredes lisas, sin decoración, con un nicho, y techo inclinado, a dos aguas.

La cámara subterránea, excavada en el subsuelo, es de planta rectangular, con suelo irregular, paredes y techo planos; contiene dos habitáculos, a modo de sarcófagos, un pozo y una pequeña galería. Se accede a ella por un pasaje descendente, prolongación del primer pasaje de la pirámide. También está comunicada con la Gran Galería mediante un angosto túnel, casi vertical, perforado en los bloques.

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Egipto 2022 (10)

Aunque el vuelo fue muy corto comparado con el que nos trajo a Egipto, la recogida del equipaje, la espera en el autobús para salir del aeropuerto y la casi una hora que tardamos en recorrer los poco más de 25 kilómetros que separan este del centro hicieron que, más que comer, merendáramos en un hotel flotante junto al Nilo antes de instalarnos en nuestra habitación.

Teníamos el tiempo justo para instalarnos, ducharnos y cambiarnos de ropa… y encontrar la puerta en la que nos recogería el autobús para realizar un tour nocturno por El Cairo. La última, sobre todo, fue casi una “misión imposible”, continuando con los símiles cinematográficos del día.

Recorríamos las principales arterias de la ciudad en dirección a nuestra primera parada, algo alejada del centro, el Monumento al soldado desconocido, una pirámide inaugurada en 1975 por el presidente Anwar Sadat, en honor de los egipcios que dieron su vida en la guerra de octubre del 1973. También, está la tumba del propio presidente asesinado, en 1981, en las cercanías del lugar.

Sin bajarnos del autobús recorrimos la Ciudad de los Muertos (Al-Arafa), que consta de dos cementerios de seis kilómetros de largo que datan de la época mameluca (1200 a 1500). La Ciudad de los Muertos de El Cairo todavía está en uso en la actualidad. Tradicionalmente, todas las familias mantuvieron un mausoleo. En estos días, algunas familias los usan tanto para vivir como para entierros. También hay tiendas, cafés e incluso una oficina de correos dentro de los cementerios.

Nos bajamos del autobús junto a la Puerta Bab al-Futuh, conocida como la “Puerta de las Conquistas”, una de las entradas de la muralla de la vieja ciudad que aún sobreviven. Su construcción acabó en el año 1087, y se encuentra en el extremo de la calle Al-Muizz. Las otras dos puertas son Bab al-Nasr (“Puerta de la Victoria”) al este, y Bab Zuwayla (“Puerta de Zuwayla”) en el sur. Todas fueron construidas por el visir-comandante Badr al-Jamali del fatimí imán-califa Al-Mustansir. Posee torres redondeadas con aspilleras y ranuras para la mejor defensa de la ciudad para lanzar agua o aceite hirviendo contra sus atacantes.

Nuestro paseo discurría por calles “casi peatonales” abarrotadas de pequeños comercios de toda clase, en las que la mayoría de la gente era local. Prácticamente éramos los únicos extraños en la zona.

A medio camino subimos a la terraza de una cafetería, كافيه ابو العربي, en la que degustamos algunos batidos y mojitos egipcios. Y en la que alguno aprovechó para “descubrir” la “aplicación del pin”, causante de más de una carcajada en los días siguientes.

Seguimos caminando por las concurridas calles, contemplando numerosos monumentos históricos, sobre todo mezquitas, dirección a la gran zona comercial, y muy turística, del Khan al-Khalili y El Mosky.

El autobús nos esperaba junto a la Mezquita de Hussein. Más de uno se tomó a broma las palabras de Ramses cuando afirmó que nuestro transporte atravesaría las calles del mercado de regreso al hotel. Si hubiéramos apostado habríamos perdido la apuesta…

Al llegar al hotel nos dirigimos al restaurante para cenar, empezándonos a hacer adictos a la pasta que el cocinero nos preparaba en riguroso directo.

Tras la cena, un pequeño paseo de regreso a la habitación, ahora por un atajo que José Luis había descubierto. Al día siguiente nos esperaban las majestuosas pirámides, la única de las siete maravillas antiguas del mundo que aún siguen en pie.

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Egipto 2022 (9)

Para el miércoles estaba programada la salida del barco. Antes del desayuno debía de quedar preparado el equipaje en la puerta del camarote para, inmediatamente después, realizar la excursión al poblado nubio.

Primero atravesamos el río Nilo a bordo de una faluca tradicional, pilotada por Pedro, para pasar más tarde a una barca a motor para descubrir el pueblo más auténtico de Egipto, Gharb Soheil, y conocer la vida cotidiana de los nubios.

Nubia es una región situada entre lo que hoy es el sur de Egipto y el norte de Sudán. Un pueblo que pertenece a una de las civilizaciones más antiguas de África, cuya historia se remonta, al menos, al año 2500 a.C. Algunos nubios, incluso, llegaron a ser faraones.

Originalmente el pueblo nubio vivía en este desierto, pero fue despoblado de sus casas y sus tierras cuando las aguas de la presa de Aswan lo inundaron todo y, al igual que muchos templos faraónicos que no pudieron ser rescatados, sus pueblos yacen en el fondo del lago Nasser. Los nubios fueron trasladados por el gobierno egipcio a islas junto al Nilo en la ciudad de Aswan, donde viven en la actualidad en coloridos poblados, algunos de ellos turísticos, como el que íbamos a visitar.

Pero antes de llegar al poblado disfrutamos de nuestro bonito, y relajante (a la ida, eso sí) paseo por el Nilo.

Durante el trayecto pudimos observar numerosas aves autóctonas y también se atraviesan coloridas casas, el mausoleo del sultán Aga Khan y la conocida isla Elefantina.

También el emblemático Hotel Old Cataract, famoso especialmente por una de sus huéspedes más populares, Agatha Christie, que vivió allí largas temporadas y donde se dice que escribió su novela “Muerte en el Nilo” en 1937. Aquí se rodaron varias secuencias de la versión cinematográfica de 1978, dirigida por John Guillermin y protagonizada por Peter Ustinov, Mia Farrow y Bette Davis.

Los poblados nubios destacan por sus peculiares casas tradicionales encaladas, decoradas con bellas y coloridas pinturas. Las casas son pequeñas y humildes, pero poseen mucho encanto. Las calles son de arena y toda la población vive, en torno al Nilo, de la pesca, de la ganadería y, obviamente, del turismo.

Tras dejar la motora recorrimos su mercado y nos adentramos en alguna de sus casas para ver qué hay detrás de sus coloridas fachadas, cocodrilos incluidos, utilizados como un reclamo turístico, desde alevines hasta ejemplares de cierta envergadura…

Más tarde visitamos la escuela y durante un tiempo volvimos a nuestra más tierna infancia para, sentados en nuestro pupitre, aprender los números y el abecedario en árabe y en nubio.

Al finalizar la clase nos adentramos en una típica casa Nubia, en la que pudimos degustar su comida típica y sus tés tradicionales.

Volvimos a la pequeña playa, en la que nadie se bañó, y mientras que unos daban un pequeño paseo en camello (más corto de lo, tal vez, esperado, pues la hora de salida del avión se acercaba), otros aprovechaban para hacer algunas compras, las enésimas, y disfrutar de la radiante mañana.

A la vuelta cambiamos de itinerario, pues la motora, en vez de dirigirse a la motonave, ponía rumbo a un embarcadero cercano a la catedral de Aswan, donde nos esperaba el autobús que nos llevaría al aeropuerto de la ciudad.

En el camino, en vez de “Muerte en el Nilo”, podríamos hacer filmado alguna escena de la película “De perdidos al Nilo”. ¿El motivo? La motora embarrancó en unas piedras y por unos instantes cundió el pánico. Tras unos momentos de cierta zozobra y la ayuda de otro barco conseguimos salvar el obstáculo y llegar a tierra sanos y salvos. Eso sí, a una hora que hacía peligrar nuestro traslado a El Cairo.

El tráfico de Aswan a esas horas de la mañana no facilitaba la tarea de llegar al aeropuerto. Es posible que batiéramos el record mundial de pasar controles de seguridad, realizar los trámites de facturación y embarcar. No recuerdo una espera menor en un aeropuerto en ninguno de nuestros viajes.

Por si no teníamos bastante, facturamos los últimos, con el equipaje en un mostrador y la recepción de las tarjetas de embarque en otro. Es difícil saber cómo llegaron las maletas al avión antes de que este tomara altura. Eso sí, las prisas tuvieron su recompensa cuando al llegar al avión comprobamos que nos habían reservado dos asientos en primera.

Por fin, el vuelo directo de la compañía Nile Air Nº NIA088 surcaba los aires en dirección a El Cairo.

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Egipto 2022 (8)

A la vuelta volvimos a parar en el mismo chiringuito que a la ida. No pudimos resistirnos a bajar del autobús e intentar captar con la óptica de nuestros móviles el espectáculo, en forma de maravilloso espejismo, que se mostraba ante nuestros asombrados ojos.

Y, ya puestos, a disfrutar de la arena del desierto…

De vuelta a la motonave realizamos la visita a la Alta Presa de Aswan, una mega construcción diseñada con el fin de terminar con las inundaciones que ocurrían en el bajo Nilo como consecuencia del aumento de su caudal. Fue construída por los Gobiernos egipcio y soviético entre los años 1959 y 1970, y con sus 3.600 metros de longitud y 980 metros de anchura se convierte en una de las más grandes del mundo. Su construcción supuso el nacimiento del Lago Nasser que, con un total de 6.000 kilómetros cuadrados de superficie líquida, es el mayor lago construido por el hombre.

Pocas presas han tenido la repercusión mundial de la presa de esta, por razones políticas, técnicas y culturales. La faraónica labor que se llevó a cabo, con la ayuda muchos países, para salvar los maravillosos templos egipcios que se encontraban a las orillas del Nilo, y que quedarían sumergidos bajos las aguas, asombró al mundo. Hasta 52 países colaboraron en las labores y donaron dinero.

En 1954, Gamal Abdel Nasser subió al poder tras el golpe militar que derrocó al Rey Faruk en 1952, convirtiéndose en el primer egipcio en gobernar Egipto desde el siglo VI a.C.

Egipto es un 98% desierto, y sólo las márgenes del Nilo están habitadas y son fértiles. Por lo que una presa que asegurara el suministro de agua todo el año, todos los años, y que evitara los estragos de las crecidas del río, era una obra que podría cambiar Egipto. Además del agua, permitiría que llegará electricidad a más de 20.000 localidades que no la tenían, la mayor parte del país. En Aswan ya existía una presa británica, pero con sólo 30 metros de altura, sólo podía almacenar agua para un año y se veía desbordada habitualmente por las crecidas del Nilo.

El nuevo gobierno, con Nasser a la cabeza, hizo de este su proyecto estrella y comenzaron los intentos de conseguir financiación y ayuda. Alemania mandó ingenieros y asesoramiento para el proyecto y la construcción de la presa. La fase de diseño tardó dos años (1952-1954), y con el proyecto completado, acudieron al Banco Mundial en busca de la financiación necesaria. Este tardó dos años en estudiar el caso (1954-1956), pero finalmente, con bastantes condiciones, aceptó el proyecto. Egipto no estaba demasiado contento, pero finalmente, decidió aceptar el acuerdo. No obstante, entre que el Banco Mundial aceptó, y que Egipto también estuvo de acuerdo, pasaron algunas cosas.

La tensión entre Egipto e Israel por la península del Sinaí era máxima. Egipto decidió declarar la guerra y pidió a occidente que le vendiera armas. Estos se negaron, recurriendo entonces a la URSS, que sí les prestó ayuda. Esto, sumado a que Egipto había reconocido a la China comunista, enfadó mucho a occidente, lo que provocó que, cuando finalmente Egipto aceptó la oferta del Banco Mundial, ésta ya no seguía en pie. La URSS entretanto había ofrecido un préstamo de 1.120 millones de dólares al 2% de interés, y finalmente fue esta la opción por la que se decantaron.

Aunque era sólo un préstamo. Para financiarla, Nasser decidió nacionalizar el Canal de Suez, en manos francesas e inglesas, el 26 de julio de 1956. Esto provocó una invasión por parte de Francia, Reino Unido e Israel. Pero intervino la ONU, y a principios de 1957, las tropas ya se habían retirado. Egipto ya tenía como financiar tan colosal obra.

La presa tardó en construirse 10 años, costó 1.000 millones de dólares de la época, trabajaron 25.000 operarios egipcios y se estima que murieron alrededor de 1.000 durante su construcción. Tiene múltiples funciones: para proteger a la población de las históricas crecidas del Nilo, para almacenar agua para riego y consumo, y para producir energía hidroeléctrica.

Se trata de una presa de materiales sueltos con un núcleo de arcilla (que evita que el agua se filtre) y recubierta por escollera de granito (que mantiene a la presa en su sitio simplemente por su propio peso). Su altura, de 110 metros, no es especialmente destacada. Si lo es su anchura, que en su base es de 980 m y en su coronación de sólo 40. Dicha coronación tiene una longitud de 3.830 metros de largo. El volumen total de la presa es el equivalente a 17 veces la Gran Pirámide de Guiza.

Pero si los números del cuerpo de la presa impresionan, los caudales, la producción hidroeléctrica y el embalse generado, son colosales. La central hidroeléctrica tiene 12 turbinas de 175 MW, lo que suma una potencia total de 2.100 MW, muy similar a la presa Hoover en Estados Unidos.

Los desagües de fondo son capaces de evacuar 11.000 metros cúbicos por segundo, más otros 5.000 del aliviadero de emergencia. En total es capaz de desaguar 16.000, cuatro veces la mayor crecida registrada por el río Ebro en Zaragoza en su historia (1941).

El lago generado por la presa se le dio el nombre de Lago Nasser. En su máximo recorrido se adentra hacia el sur 550 km, llegando hasta Sudán. Inunda una superficie de 5.248 kilómetros cuadrados, similar a la extensión de la comunidad autónoma de Cantabria. La capacidad de embalse es de 162.000 hectómetros cúbicos, casi el triple de la capacidad total de embalsamiento de toda España.

La presa de Asuán es esencial en el funcionamiento del país, lo que le convierte en un objetivo militar estratégico. En Europa, estas amenazas, aunque reales, parecen lejanas. Pero en una de las zonas más convulsas del planeta, son para tomarlas muy en serio y tomar medidas drásticas de protección. Es por eso que la infraestructura está permanentemente custodiada por el ejército; por tierra y por aire. Y aunque la presa es de tal envergadura que para destruirla haría falta una bomba nuclear, cualquier ataque que la inutilice, podría suponer un desastre para el país.

Regresamos a nuestro barco para comer y tomar el sol, más tarde, en cubierta. Con esa costumbre tan egipcia de «aparcar» las motonaves una a eslora de la otra, era la primera vez que teníamos la posibilidad de inmortalizarla…

El partido de octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 que disputaban esa tarde España y Marruecos cambió la programación del viaje, retrasando la excursión al poblado nubio a la mañana siguiente.

Ante la posibilidad de realizar una visita nocturna a Aswan decidimos quedarnos en la motonave para recuperarnos del madrugón y preparar, tranquilamente, el equipaje, pues a la mañana siguiente abandonábamos el barco.

Tras la cena, en la que se felicitó como se merece a nuestro “capitán” Antonio de la Torre, pasamos unos instantes por la fiesta Nubia que se estaba celebrando, bastante más ruidosa que la de la noche anterior, y nos retiramos a descansar.

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Egipto 2022 (7)

Durante el corto periodo de sueño habíamos llegado a Aswan. A las cuatro de la mañana ya estábamos acomodados en el autobús que, tras recorrer la dormida ciudad y atravesar un riguroso control de seguridad, atravesaría unos 300 kilómetros de desierto para llegar a primeras horas de la mañana al Aswan, al complejo arqueológico de Abu Simbel, casi en la frontera con Sudán. Sin duda, una de las maravillas de Egipto. Dos templos, dedicados a Ramses II y su esposa Nefertari, impresionantes, grandiosos y de dimensiones épicas, que han cautivado a cualquiera que los haya contemplado desde su descubrimiento en 1813.

La salida del sol estaba prevista a las 6:20 horas para este día. Y no faltó a su cita. Una pequeña parada para comprobar los contrastes térmicos de estas latitudes y tomar algunas instantáneas del amanecer en el desierto.

Otra posterior, a medio camino, para tomar algo, y ya estábamos en Abu Simbel, a las orillas de la presa de Aswan, la nueva, la construida en 1964 para dar energía a la mitad de Egipto.

Los templos de Abu Simbel fueron construidos por Ramses II para conmemorar su victoria en la batalla del Kadesh en el año 1274 a. C. Para ello, mandó dedicar un templo, dedicado a él mismo, junto con las deidades más importantes del país, Amon, Ra y Ptah. No se olvidó de dedicarle un templo a su esposa Nefertari, algo más pequeño…

En la batalla del Kadesh se enfrentaron las fuerzas del Imperio Nuevo, con Ramses al frente, contra el Imperio Hitita, enemigos habituales. Tras ella, ambos territorios firmaron el primer tratado de paz de la historia.

Ramses II tenía un objetivo muy claro cuando construyó Abu Simbel en este emplazamiento, casi en la frontera con Nubia, otro de sus enemigos más acérrigos, puesto que los templos eran una forma de impresionar y mostrar su poder al contrario.

Los templos de Abu Simbel no tienen nada que ver con la tipología de templos que días anteriores habíamos visitado en Luxor o Edfú, puesto que son speos, es decir, están excavados en la roca. Se denominan hemispeos (semicueva) los que tienen una fachada decorada exterior y otra parte excavada en la roca.

En la entrada al Templo de Ramses II encontramos cuatro colosos que le representan a él, sedente, con la doble corona, la barba postiza y joyas propias de su cargo. A cada lado de los colosos se encuentran representadas figuras más pequeñas que representan a sus familiares.

Tres de ellos están en perfecto estado y otro más perjudicado. Así se encontró el templo y así es como se ha querido mantener. Coronando la fachada podemos ver una hilera de monos adoradores del sol.

El interior es tan impresionante como el exterior. Nada más cruzar el umbral nos encontramos en la gran sala hipóstila, de más de 18 metros de longitud y 16 de anchura, cuyo techo está sostenido por 8 pilares. Apoyados en los pilares nos reciben otros ocho colosos de diez metros cada uno que representan a Osiris pero que, en realidad, también son Ramses II.

A la derecha de la sala hipóstila del templo de Ramses II hay cuatro cámaras laterales, y a la izquierda otras dos. Seguida de esta hay otra sala hipóstila también profusamente decorada. En todos los relieves y decoraciones se cuenta la historia de Ramses, su vida y milagros y se representan sus ofrendas a los dioses.

Al fondo del templo encontramos la sala de ofrendas y el santuario, con el sancta santorum central y dos capillas laterales. En el sancta sanctorum no hay un altar, sino cuatro estatuas talladas en la roca que representan a Ramses, Ptah, Amón-Ra y Ra-Horajti.

En este sancta sanctorum se produce un fenómeno solar es muy especial justificado por la orientación del templo. Dos días al año, 61 días antes y 61 días después del solsticio de invierno, el sol penetra por la puerta de entrada y cruza todo el templo hasta iluminar completamente tres de las cuatro estatuas. Ptah, el dios del inframundo, siempre queda sumido en la oscuridad. Se cree que, en su día, las fechas elegidas eran el 21 de octubre y el 22 de febrero. En la actualidad, con el desplazamiento del templo (y de la propia tierra en 3.000 años), el fenómeno se puede observar los días 22 de octubre y 20 de febrero.

Ramses tenía varias esposas pero parece ser que su favorita era Nefertari, la más bella entre las bellas. Por este motivo, el segundo templo del complejo está dedicado a Nefertari y a Hathor, diosa del amor, la belleza y la maternidad.

El templo de Nefertari está un poco más al norte que el de Ramses y es más pequeño. Su fachada también tiene colosos, en concreto seis, y miden unos diez metros cada uno, la misma altura que los del interior del templo de Ramses II. De ellos, cuatro le representan a él mismo.

En el interior, la sala hipóstila tiene seis grandes columnas con capiteles decorados con la cara de la diosa Hathor. En las salas laterales se representa a Nefertari y a Ramses haciendo ofrendas a divinidades femeninas, Hathor, Nut, Isis…

En el sancta sanctorum se encuentra la estatua de Hathor.

Cuentan que tan solo se tardaron 20 años en terminar los dos templos. Fue una obra magnífica en su época que impactó, no solo a los nubios, sino también a otras civilizaciones no tan cercanas. Sin embargo su esplendor se apagó, como el de tantos templos egipcios, y pronto se cubrió de arena, quedando olvidado.

Dibujo de David Roberts en 1838, recreando el descubrimiento de Abu Simbel

Es a partir de 1800 cuando las campañas napoleónicas empiezan recorrer Egipto, investigando y datando todo aquello que encontraban, cuando se empiezan a desenterrar hallazgos tan tremendos como este.

Un explorador suizo, Johann Ludwig Burckhardt, encontró el templo de Ramses II por pura casualidad. En sus primeras incursiones en la zona consigue entrar al templo de Nefertari, incluso hace unos detallados bocetos del interior, pero el Gran Templo resulta inaccesible, oculto tras una duna de arena gigante. Posiblemente no sea la última vez que le citemos, pues el flamante descubridor de Abu Simbel, apenas un año antes de llegar a Egipto había descubierto ¡Petra!

Es el italiano Benzoli, en 1817, quien consigue acceder al templo de Ramses II, después de arduas de tareas de excavación. Y no es hasta 1820 que el templo queda accesible, convirtiéndose en una visita ineludible para viajeros, científicos y amantes de la historia.

Durante su viaje, Belzoni escribe “Viajes por Egipto y Nubia II: Abu Simbel (Entre piedras)”, un libro que es una obra esencial para conocer los primeros pasos de la Egiptología, además de una aventura maravillosa.

El culmen de la historia de Abu Simbel llega casi 3.000 años después de su construcción, con su traslado, piedra a piedra, a 65 metros de su emplazamiento original.

Egipto vive del Nilo, y el Nilo es vida para Egipto, desde el Imperio Antiguo hasta nuestros días. Antes, en forma de regadío para cosechas y pesca. Ahora, a modo de gigantesco generador. En 1902, bajo el control británico, se construyó la primera presa de Aswan, a la altura de la primera catarata del Nilo. Durante esta construcción varios templos, como el de Philae, tuvieron que ser trasladados para salvarse de quedar sumergidos.

Traslado de los colosos de Ramses II, Foto de Ragnar Fossgaard

En 1952, ante el crecimiento del país y las nuevas necesidades energéticas, se plantea la construcción de una segunda presa, a la altura de la segunda catarata del Nilo. La Alta Presa dejaría bajo el lago Nasser, no solo a Abu Simbel, sino numerosos complejos arqueológicos de gran valor histórico. Ante la negativa del gobierno de dar marcha atrás a sus planes, en 1960 se pone en marcha un programa internacional para salvar el mayor número de monumentos posible.

Más de 40 países, 150 ingenieros y casi 2.000 obreros trabajaron contra reloj para salvar un pedazo de la historia, no solo Abu Simbel, también otras muchas construcciones. Muchos yacimientos fueron excavados, trasladados o regalados (como el templo de Debod que podemos contemplar en Madrid), pero los templos de Ramses y Nefertari entrañaban la máxima dificultad. Su gran tamaño y el hecho de estar excavados en la montaña hacía de su traslado una grandísima hazaña.

En 1963 se puso en marcha la obra, desmontando los templos en más de 1.000 piezas, numeradas y categorizadas, algunas de las cuales pesaban más de 30 toneladas. En un emplazamiento seguro, lo más cerca posible del original, se construyeron las cúpulas que albergarían la parte interior de los templos, revestidas con las paredes decoradas de los mismos, quedando exactamente igual que cuando fueron construidas.

Cúpula construida para albergar los templos de Abu Simbel. Foto de Ragnar Fossgaard

Después se montaron, pieza a pieza, las fachadas, trasladando los bloques con inmensas grúas, como si fuese un puzzle a escala divina. Los trabajos fueron tan minuciosos que el Ramses caído de la fachada principal quedó exactamente igual que como se encontró en 1813.

También era crucial mantener la posición del sancta sanctorum, para hacer posible el fenómeno solar del templo de Ramses II. A pesar de todos los inconvenientes se consiguió, aunque se atrasara la fecha un día, debido a encontrarse ahora el templo más elevado.

Cuatro y un año teníamos cuando se celebró la gran fiesta de inauguración de Abu Simbel. Tal vez por este motivo hemos retrasado nuestra visita hasta estos días. Se calcula que en su traslado se invirtieron más de 40 millones de dólares.

Un dinero y una obra de ingeniería colosal que nos han permitido disfrutar de más de 3.000 años de historia en los impresionantes templos de Abu Simbel, y recrearnos contemplando una y mil veces los colosos de la entrada al templo de Ramses II.

Más de una vez hemos afirmado que de nuestros viajes por el mundo nos ha sobrecogido el Cañón del Colorado. Un buen compañero de viaje me comentó que podía estar en lo cierto, pero que era obra de la Naturaleza. Lo que habíamos contemplado esta mañana era obra de la mano del hombre. Sin duda, la auténtica joya de Egipto y una de las maravillas del mundo.

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Egipto 2022 (6)

Navegábamos hacia Kom Ombo.Ya, desde lejos, divisábamos desde la motonave el templo dedicado a los dioses Sobek y Haroeris.

Sobre la colina de Kom Ombo se alza uno de los templos más excepcionales de Egipto. Se trata de un lugar de culto donde se practicaban la medicina, la ciencia e, incluso, la antigua magia egipcia.

Kom Ombo es, además, el único templo dedicado a dos divinidades: Haroeris, la encarnación de Horus el viejo; y Sobek, el temido dios con cabeza de cocodrilo (al que me tocó representar).

Al norte de Aswan se encuentra la fértil llanura de la nueva Nubia, un extenso terreno de producción agrícola cuyo núcleo urbano más poblado es Kom Ombo, originalmente llamada “la colina de oro”.

A mediados del siglo XIX, el gobernador de Egipto Mehmet Alí mando instalar unos sitemas de irrigación en los campos que abastecieran a la población local de cultivos de caña de azúcar para así potenciar el débil comercio de la zona.

Décadas después, entre 1911 y 1925, durante unos trabajos topográficos, el ingeniero francés Edmund Vignard descubrió las ruinas de una antigua construcción utilizada como cantera y semienterrada por la arena. Se trataba, para su sorpresa, del templo ptolemáico del dios Sobek y del dios Haroeris, que nosotros visitábamos esta tarde tras varios años de restauración.

Sobre una pequeña colina que domina el Nilo se yergue el templo, como una acrópolis de reminiscencias helénicas. Comenzó a construirse en el año 180 a.C. por el rey Ptolomeo VI, en un periodo posterior a la conquista de Alejandro Magno gobernado por dinastías griegas.

La gran particularidad de este templo reside en su inusual y casi único esquema, al tratarse de un templo doble, obtenido uniendo dos templos contiguos. El santuario, como ya hemos indicado, estaba dedicado, por un lado, a Haroeris (Horus el anciano), con cabeza de gavilán, dios solar y guerrero; y, por otro, a Sobek, con cabeza de cocodrilo, dios de la fertilidad y creador del mundo.

El cocodrilo del Nilo es uno de los depredadores más peligrosos de África, y su presencia atemorizó a los antiguos egipcios desde las primeras dinastías, como narran las escenas grabadas en las mastabas de Sakkara. Su fiereza y agresividad fue temida en todo el imperio y, como método de protección, se le rendía culto y se le realizaban ofrendas. Este animal era, además, representado por el dios Sobek, “el señor de las aguas”, con cabeza de cocodrilo; una divinidad oscura e intimidatoria pero asociada, a su vez, con la sanación, la fertilidad y el poder del faraón. El hallazgo de miles de momias de cocodrilos en los templos de El Fayum y Kom Ombo nos da una idea de la adoración que recibía este animal.

Del gran pilono de acceso al templo queda solo la parte de la derecha, donde todavía es visible un relieve del emperador Domiciano rindiendo culto a la triada de Sobek, Hathor y Khonsu.

El patio que sigue debía de ser muy hermoso originalmente, rodeado en tres de sus lados por 16 columnas pintadas. Hoy de ellas solo queda la base y la parte inferior del fuste con los relieves del emperador Tiberio presentando ofrendas a los dioses.

La parte norte del patio está cerca por la pared exterior del pronaos, o primera sala hipóstila. En esta pared se abren las dos entradas a los templos. A los dos lados de cada puerta destacan las representaciones de Ptolomeo XII Neo-Dionisio purificado por Toth y Haroeris, en la parte izquierda, y por Horus, Thot y Sobek, a la derecha.

La primera sala hipóstila presenta tres hileras transversales, cada una con cinco columnas fasciculadas de capiteles campaniformes, algunos con forma de loto, otros de papiro, y uno, incluso, de palmera.

El techo está decorado con escenas astronómicas y con el buitre, símbolo de Nekhbet. Los fustes de las columnas están todos decorados. En la parte superior, bajo los capiteles, se puede ver una faja de jeroglíficos con el ankn, símbolo de la vida; y en la parte baja, el faraón presentando ofrendas a las distintas divinidades. Las mismas escenas se repiten también en las paredes de la sala. Los faraones representados son todos del periodo ptolemaico, incluida la famosa Cleopatra (VI).

A continuación, dos puertas nos conducen a la segunda sala hipóstila o “sala de las ofrendas”. Más pequeña que la anterior, en sus muros se repiten las escenas y la presencia de personajes. Esta vez aparecen Ptolomeo VIII, Evérgetes II, su esposa Cleopatra y Ptolomeo XII Neo-Dionisio. Siguen tres vestíbulos dispuestos transversalmente, el último de los cuales da acceso a los dos santuarios. En un lateral podemos ver un calendario egipcio, el más antiguo de la humanidad, con 2.300 años de antigüedad. Aquí, Ptolomeo VI Filométor aparece ataviado con la capa macedonia ante la triada de Haroeris, Sobek y Khonsu, mientras este último escribe el número de jubileos del rey en el tronco de una palmera.

Las vistas del atardecer sobre el Nilo desde el templo eran maravillosas…

Un doble pasillo rodea todo el templo. En el interior, detrás de los santuarios, se abren siete pequeñas capillas donde encontramos un relieve con toda una serie de instrumentos quirúrgicos (bisturíes, tijeras, tenazas, pinzas,…), hecho este que confirme el alto nivel de perfeccionamiento que los egipcios habían alcanzado en el campo de la medicina.

También vemos a Imhotep, el primer artiquecto, divinizado en época ptlolemáica. Del complejo religioso formaban parte también el mammisi, la capilla de Hathor y uno de los tres nilómetros que se conservan en Egipto (ya habíamos vistado otro en el templo de Medinet Habu). Estos pozos escalonados servían para medir el cauce del río y, así, calcular las cosechas y los impuestos anuales.

Continuamos la visita por el exterior, contemplándolo a la luz de la luna llena.

Tras la visita al templo, y de regreso a la motonave, contemplamos el Museo del cocodrilo, ubicado en el santuario de Sobek (erigido por Tutmosis III). Se trata de un pequeño espacio de luz tenue donde se muestra la estrecha relación de este animal con la civilización egipcia en época faraónica.

El museo exhibe cuarenta cocodrilos momificados de diferentes épocas, huevos e incluso un feto, además de estatuas de madera y granito del dios Sobek.

Ya era noche cerrada cuando embarcamos. Había que prepararse para la cena y la posterior fiesta de disfraces mientras poníamos rumbo a Aswan.

He de reconocer que la fiesta tuvo una mayor acogida de la que antes de iniciar el viaje había pensado. Muchos compañeros de viaje disfrazados y, bastantes, muy bien disfrazados, no para salir del paso…

El grupo crecía. Isabel y Mariano compartirían con nosotros los buenos momentos que nos esperaban en Abu Simbel y en la ciudad de El Cairo.

El primer rey de la fiesta fue Ramsés. Él fue el encargado de romper el hielo y hacer que el personal comenzara a bailar. Posteriormente entró en acción Antonio, que no desentonó, “dándolo todo” en la pista de baile.

Alguna otra viajera no se quedó atrás, para qué negarlo, demostrando todas sus habilidades para el baile, en general, y en el bailoteo egipcio, en particular.

Aunque la fiesta se prolongó hasta la madrugada, finalizando cuando Josemi así lo indicó, nos retiramos a una hora prudencial, más teniendo en cuenta que la salida hacia Abu Simbel estaba programada para las cuatro de la mañana.

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Egipto 2022 (5)

Navegábamos hacia Esna. Probablemente, el retraso a la hora de zarpar la motonave de Luxor hizo que no pudiéramos contemplar el paso de la esclusa, que hicimos bien entrada la noche, continuando travesía hacia Edfú, a medio camino entre Luxor (109 km) y Aswan (123 km), a la que llegamos antes del desayuno.

Desde el puerto donde estaba atracada nuestra motonave, hasta el Templo de Edfú, hay unos quince minutos de trayecto que salvamos en calesa. Una experiencia, sin duda. Compartimos viaje con Isabel y Pedro, con anécdota incluida, pues Isabel se bajó del carruaje sin el móvil y, aunque lo normal hubiera sido que no apareciera, un alto cargo de la policía local se lo devolvió horas más tarde, a la finalización de la visita.

El Templo de Edfú es un templo greco-romano que fue dedicado al dios Horus, convirtiéndose en uno de los más grandes del Antiguo Egipto, solo por detrás del Templo de Karnak en Luxor. Es posiblemente, además, uno de los mejor conservados del país, y cuenta con una longitud de 137 metros y una altura de 36 metros.

El Templo se construyó entre el año 237 a.C. y 57 a.C, durante la era Ptolemaica, tras la conquista de Egipto por parte de Alejandro Magno, en el año 323 a.C. Sus sucesores, los Ptolomeos, eran griegos, pero imitaron las tradiciones y replicaban la arquitectura de los egipcios de la época. Por este motivo, cuenta con varias instancias típicas de ella como el pilono, las salas hipóstilas y una cámara de ofrendas, además de la sala central y el santuario del templo.

Las inscripciones en las paredes del templo son como un libro abierto que brinda una exhaustiva información sobre su construcción, de referencias mitológicas y religiosas y de cómo era la vida en el Antiguo Egipto.

El templo fue abandonado en el año 391 d.C debido a que se prohibió el culto no cristiano. De hecho, el techo de la sala hipóstila de columnas se puede ver dañado debido a que, cuando ocurrió esto, los cristianos quemaron cualquier imagen religiosa o estatua que no fuese cristiana, destrozando así cualquier culto de la época.

A partir de este momento el templo quedo abandonado y enterrado bajo las casas que se construyeron posteriormente hasta que, en 1860, el egiptólogo francés Auguste Mariette inició las excavaciones para desenterrarlo. Por este motivo, la arena ha logrado mantener su perfecto estado de conservación hasta nuestros días.

La entrada del Templo de Edfú, además de ser una de las mejor conservadas, nos muestra a través de su gigante pilono de 37 metros de altura, a Ptomoleo XII, el último gobernante ptolemaico que finalizó el templo, golpeando a sus enemigos ante el dios Horus. El pilono está precedido de 2 halcones realizados en granito negro.

Tras pasar el pilono nos encontramos con la sala hipetra, rodeada por columnas en los costados, y en la entrada a la siguiente sala del templo, donde las paredes aparecen decoradas con relieves. Desde la parte trasera del pilono se puede apreciar dichos relieves que continúan a lo largo del patio en su parte inferior tras las columnas.

Estas inscripciones nos narran algunas de las historias mitológicas de las contiendas divinas de la época como la victoria de Horus e Isis sobre Seth, al haber matado a su hermano Osiris, esposo de Isis. También el Festival del Bello Encuentro, donde se puede ver como la diosa Hathor navega desde el templo de Dendera, y el dios Horus desde el Templo de Edfú, para encontrarse a medio camino. Este encuentro se realizaba dos veces al año y en uno de ellos se desplazaban al templo de Dendera, y la segunda vez al templo de Edfú.

Finalmente, en la entrada a la primera sala hipóstila se puede ver una estatua del dios Horus con la doble corona del Alto y Bajo Egipto, dando acceso a la sala hipóstila.

La sala hipóstila de las fiestas es la parte más antigua del templo y está compuesta de doce columnas decoradas, además de varias salas destinadas a las ofrendas, la Cámara de Consagraciones (donde el rey o el sacerdote se vestían para los rituales, situada la izquierda), y la Biblioteca, a la derecha.

Posteriormente, accederemos a la segunda sala hipóstila donde encontraremos nuevamente hileras de columnas a cada lado de la sala sosteniendo el techo intacto del templo con relieves interesantes sobre astronomía y representaciones del cielo.

Entre las cuatro pequeñas salas destinadas a las ofrendas, una de ellas es el famoso laboratorio donde se encuentran las fórmulas de las esencias y ungüentos egipcios que, posteriormente, los franceses emplearon para elaborar los perfumes más populares conocidos hoy en día.

A través de una puerta con relieves de los barcos de Horus y Hathor se accede a la sala de las ofrendas, que se encuentra comunicada con las terrazas a través de una escalera y da acceso a la sala central, lugar de la capilla dedicada al dios Min, el dios lunar, de la fertilidad y la vegetación.

¿Disponía ya de WiFi el templo de Edfú?

Tras la sala central se llega al santuario del dios Horus, sin duda la parte más sagrada del templo. Fue levantado con granito negro y en él se puede observar la mesa de ofrendas y la barca ceremonial en la que se llevaba a Horus durante los festivales. En las paredes nos encontraremos con relieves donde se muestra a Ptolomeo IV realizando ofrendas y adorando a los dioses.

Un elemento novedoso que no presentan otros templos de épocas anteriores es la adhesión de un pasillo exterior o deambulatorio que rodea todo el templo. Fue mandado construir por Alejandro Magno como un segundo espacio público cuyos muros servirían para narrar importantes pasajes de la mitología egipcia.

Estos relieves fueron tallados extraordinariamente y son una fuente valiosísima de información para la egiptología. Las escenas son sumamente interesantes y los temas representados son, entre otros, la colocación de la primera piedra del templo, el himno a Mut y, sobre todo, el nacimiento de Horus y su victoria sobre los enemigos de su padre Osiris.

Paseando por los exteriores del templo finalizábamos la visita.

Una vez recuperado el móvil regresamos a la motonave en el mismo medio de transporte y por las mismas calles, conociendo la realidad del Egipto alejado de los circuitos turísticos.

Continuábamos la navegación hacia Aswan, pudiendo disfrutar un mayor tiempo de nuestro crucero por el Nilo, una experiencia inolvidable, sin duda. Y es que no existe mejor manera de conocer Egipto que dejarse llevar a través de las tranquilas aguas del río Nilo, que discurren entre palmeras, un árido desierto y un sinfín de cultivos que los egipcios siguen realizando como hace 3.000 años.

El Nilo es fuente de vida y, a la vez, la única zona del país en la que es posible el asentamiento humano. Tal vez por esta razón, los restos arqueológicos más importantes se encuentran a lo largo de su curso.

Nuestra motonave presumía de estar totalmente preparada para que nos sintiéramos cómodos durante los días de navegación. Ofrece comida, habitación, una zona de descanso en cubierta con piscina y un programa de actividades para que no tuviéramos que preocuparnos por nada. Además de contar con Ramsés, nuestro particular guía.

Por si fuera poco, el crucero es la mejor forma de obtener una visión de la vida del Nilo, imposible de conseguir haciendo el recorrido por carretera.

La llegada al Templo de Kom Ombo estaba prevista para después del café. Teníamos tiempo de disfrutar de la navegación por el río, de contemplar la belleza de sus riberas, y de tomarnos un aperitivo y comer, más tarde, en cubierta. Se incorporaban a nuestro «minigrupo» Isabel y José Luis, otra estupenda pareja con la que compartiríamos mucho tiempo y experiencias en los días posteriores.

Descansar en las hamacas habilitadas al efecto y tomar el café, al tiempo que realizar alguna que otra compra en las tiendas de la motonave.

Tampoco podemos dejar de citar las «sorpresas» que nos tenían preparadas los empleados de la embarcación.

Había que prepararse para la Fiesta de disfraces, pero eso ya es harina de otro costal.

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AlmaMater ⭐

No era la primera vez que visitábamos el restaurante AlmaMater, pero la Estrella merecidamente conseguida en la Gala de la Guía Michelin España y Portugal 2023 celebrada el pasado 22 de noviembre en Toledo, con esa peculiar manera de pronunciar “AlmaMater” de Ángel León y ese “Viva Murcia” del chef Juan Guillamón, eran la excusa perfecta para celebrar en ese maravilloso entorno “nuestra particular comida de empresa”.

Tampoco vamos a decir que somos unos “frikis” de la Guía Roja, pero estábamos viendo en directo la gala y sentimos una sana alegría de contar con otra Estrella en nuestra Región y de poder añadir otra a nuestra lista. No son muchas, faltaría más, pero con la de hoy llevamos 11 Estrellas Michelin, desde aquella primera en La Finca de Susi Díaz.

Nos hemos decantamos, como corresponde, por el Menú degustación…

…que comienza con unos Snacks compuestos de Quesos de autor – romero y jengibre (toda una explosión de sabor), Salpicón de mújol y lechuga de mar, Gyoza “umami” de cordero segureño y Arepa de costilla de chato y menta. Un inicio que prometía…

El menú continúa con cinco entrantes, ricos en sabores. Comienzan con la Ensalada murciana de anguila ahumada y albahaca, a la que sigue una Zamburiña curada en kombu, bearnesa y pan de cuquillo, una espectacular Crema anisada de castañas, ragout de setas y trufa negra, un potente Arroz meloso de Calasparra, verduras y kokotxa de bacalao y, para finalizar, un Suquet-wonton de bogavante y calabaza.

Platos todos ellos que mostraban una evolución en la cocina de Juan Guillamón desde nuestras primeras visitas a su restaurante.

Todavía nos esperaban los Principales. Un Pescado del día sobre infusión de coco y hoja de limonero (lecha en esta ocasión) y una carne, Cabrito con taboulé de hierbas y zanahoria madrás, para rematar una deliciosa comida.

Para finalizar, los Dulces. Un prepostre de Limón, merengue y hierbabuena y un postre propiamente dicho, Chocolate, torta de “recao” y toffee salado, acompañados de los ya típicos “petit fours” de Albaricoque, matasuegras y asiático.

Un Menú degustación adaptado totalmente a algún alérgeno sin apartarse en excesivo de la idea original. Sin duda, una comida maravillosa, digna de un restaurante Estrella Michelin, tanto por la cocina de Juan Guillamón, exquisita, basada en producto de la región de Murcia, una auténtica explosión de sabores muy equilibrados, como por el servicio de mesa, y, fundamentalmente, y que no se enoje nuestro brillante chef, por la maravillosa compañía de May. Eso sí que es un auténtico lujo.

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Egipto 2022 (4)

Junto a la corniche de la Luxor moderna, el paseo junto al río donde atracan los cruceros que recorren el Nilo hasta Asuán, se encuentra el templo de Luxor, una vez conocido como Ipet Resyt (santuario del sur), donde se desarrollaban cada año las celebraciones más importantes de la hermosa fiesta de Opet. Durante el transcurso de la misma el dios Amón, acompañado por su esposa Mut y su hijo Jonsu, visitaban el santuario de Luxor para reafirmar los lazos existentes entre Amón y el faraón, encarnación viviente del dios en la tierra.           

Los restos más antiguos encontrados en el templo de Luxor datan de la Dinastía XIII, y es posible que hubiera un santuario en este sitio durante el Imperio Medio. El templo empezó a adquirir importancia durante la Dinastía XVIII, cuando Hatshepsut comienza a construir la vía procesional terrestre entre los templos de Luxor y Karnak, con santuarios para las barcas a lo largo de todo el recorrido. Tutmosis III y Amenofis II ampliarán estas construcciones, que serán después desmontadas para reutilizar sus bloques en construcciones posteriores. Amenofis III construye el patio central del templo y la gran columnata de acceso; y una primera avenida de esfinges, completada después por otros faraones. Finalmente, el primer patio y el pilono del templo, frente al que desemboca la avenida de esfinges, se deben a Ramsés II, que decoró estas estructuras con estatuas colosales de sí mismo.

El acceso al recinto arqueológico se encuentra en el lado este del templo, en la avenida Maabad el-Oksor. Una vez pasado el control de seguridad, nos enfrentamos al primer pilono, de veintiún metros de altura, que cerró la construcción del templo en tiempos de Ramsés II.

Dos gigantescas estatuas de Ramsés, sentado en su trono, junto a otros seis colosos de pie, se hallan delante del primer pilono. Las estatuas sedentes, esculpidas en bloques monolíticos de granito, permanecen en su sitio desde hace siglos, pero el resto de las estatuas fueron derribadas, y algunas han sido reconstruidas y vueltas a erigir en los últimos años. Solo queda un obelisco de los dos que también decoraban la fachada, esculpido en un solo bloque de granito rojo de Asuán.

El obelisco oeste se encuentra ahora en la Plaza de la Concordia en París, regalado por el rey Mohamed Ali al gobierno francés en 1830. El pilono está decorado en su cara exterior con escenas de las batallas de Ramsés II y los textos del famoso “poema de batalla”. La cara interna tiene decoraciones y textos alusivos a su victoria contra los hititas en la batalla de Qadesh, así como escenas de festivales.

Cruzando este primer pilono por su puerta de acceso, llegamos al patio de Ramsés II. En el lado noroeste encontramos un santuario para las tres barcas de Amón, Mut y Jonsu, construido en piedra arenisca, con características pertenecientes a la estructura original de Hatshepsut, conservadas en la reconstrucción. El patio presenta una columnata que lo rodea por cada uno de sus lados, intercalada con estatuas de gran tamaño del propio Ramsés, muchas de las cuales eran originalmente de Amenofis III. Sobre las columnas del lado noreste podemos ver la mezquita de Abu el Haggag, construida sobre nuestras cabezas al nivel de los capiteles, invadiendo desde el siglo XI el espacio original del patio, que en ese momento estaba enterrado bajo la arena hasta esa altura.        

Frente a la que fuera la fachada original del templo en tiempos de Amenofis III, destacan otras dos estatuas colosales de Ramsés II sentado en su trono, con representaciones dobles de Hapi, el dios de la crecida, en sus laterales, celebrando la ceremonia del sema-tawy, la unificación de las Dos Tierras. Junto al coloso de la derecha, sobre el muro oeste, hay un relieve que muestra el exterior del templo cuando se construyó, con representaciones de las estatuas que decoraban su fachada y banderas ondeando en los mástiles. Junto a él, una larga fila de animales que son conducidos al templo para ser ofrendados en sacrificio.     

Al ingresar a la columnata de Amenofis III se aprecia un ligero cambio en el eje del templo. Parece ser que Ramsés II desvió hacia el este la orientación original al construir su patio, para no tener que destruir las capillas para las tres barcas, construidas por Hatshepsut. Esta columnata está formada por catorces pilares de impresionantes dimensiones, con capiteles de papiros abiertos, y estaba inacabada a la muerte de Amenofis III. Su decoración se continuó durante el reinado de Tutankamón y finalmente fue completada por Seti I. Es muy probable que esta estructura fuera concebida como pasillo central de una gran sala hipóstila, a la manera de la de Karnak, que nunca llegó a ser construida. En los muros este y oeste pueden verse relieves, magníficamente ejecutados, que representan la procesión hacia y desde Karnak durante la fiesta Opet, aunque el nombre de Tutankamón ha sido alterado en los textos y reemplazado por el de Horemheb.           

La columnata conduce al patio de columnas de Amenofis III, rodeado por dos filas de columnas con forma de papiros cerrados. En 1989, durante los trabajos de restauración, se encontró un espectacular escondite de estatuas bajo el suelo del lado oriental del patio, que ahora pueden verse en el Museo de Luxor en perfecto estado de conservación. Cruzando el patio hacia el sur se llega a una sala de columnas, más allá de la cual se encuentran dos salas laterales para las barcas de Mut y Jonsu, y una sala central que fue transformada en capilla de culto para la legión romana con sede en Luxor durante el siglo III d. C. Esta sala fue enlucida con un estuco de yeso, sobre el que pueden verse restos de las pinturas romanas que la decoraron, y bajo el cual se preservan todavía los relieves de Amenofis III. En el santuario, en forma de nicho, se abrió modernamente una entrada a la sala de ofrendas del templo, con escenas de sacrificios y ofrendas a los dioses, que aún conservan restos de sus colores originales tras su restauración.   

Las paredes de la siguiente sala, que sirvió de santuario de la barca de Amón, también conservan intensas policromías, recientemente extraídas del polvo y el hollín que las cubrió durante siglos. En el centro de esta sala, Alejandro Magno mandó construir un santuario independiente, en el que el rey griego aparece ataviado con los atributos de un faraón, realizando ofrendas a los dioses Amón y Amón Min. En los cartuchos que acompañan las representaciones del rey, pueden reconocerse con facilidad los jeroglíficos con las letras de su nombre: Alexander.         

Detrás del santuario se encuentra una antecámara privada conocida como la sala de Opet, una amplia sala con doce columnas papiriformes, que se abre detrás a tres cámaras más pequeñas. Estas cámaras tienen un significado especial en relación con la creación y con los mitos solares de Amón y Ra en Luxor, donde tenían lugar los verdaderos misterios del templo. La cámara central era el sancta sanctórum de Amón, y al fondo aún pueden verse los restos del pedestal sobre el que descansaba la imagen del dios. Las dos salas laterales lo eran de los dioses Mut, la de la izquierda, y Jonsu, la de la derecha, cullas estatuas miraban respectivamente al este y al oeste. 

Si regresamos sobre nuestros pasos hasta la sala del santuario de la barca, veremos una entrada al este que conduce a la sala del nacimiento, decorada con escenas que ilustran la concepción y nacimiento divino de Amenofis III en la pared oeste. Después de la unión del dios Amón con Mutemuia, la madre del rey, se puede ver al dios creador Jnum formando al rey bebé Amenofis III sobre su mesa de alfarero, con su ka detrás de él. En escenas posteriores se ve a Mutemuia dando a luz, y al rey recién nacido siendo presentado a los dioses. Estas escenas reclamaban la legitimidad del rey y su derecho divino a gobernar.          

Durante la ocupación romana de Egipto, el templo de Luxor estuvo rodeado por un vasto campamento militar que pudo albergar hasta mil quinientos hombres. En este momento el templo habría dejado de tener una función religiosa y es probable que muchas estructuras exteriores del templo se utilizaran para complementar los cuarteles romanos, construidos con ladrillos de adobe. Aún se pueden ver restos de pilares de piedra y pasadizos de esta época alrededor del recinto del templo.

De vuelta al autobús contemplamos un santuario romano, con una estatua sin cabeza de Isis, en la esquina noroeste de la explanada que hay frente al primer pilono, junto al arranque de la avenida de esfinges que llega desde el templo de Karnak hasta aquí.

Ahora sí, era hora de regresar a la motonave. Había sido una intensísima jornada en Luxor y la comida esperaba. La sobremesa, ya prácticamente anocheciendo, la hicimos en cubierta, tomando un reconfortante café con algunos dulces típicos. Contemplábamos nuestro primer atardecer en el Nilo.

Es difícil compartir itinerario con todos los integrantes de un grupo de 43 personas que viajábamos desde Murcia. Sin embargo, día a día, iríamos construyendo un buen grupo de amigos durante nuestra estancia en Egipto. Isabel y Pedro, serían los primeros integrantes de ese grupo. Iremos presentando, poco a poco, a los demás.

Un coctel de bienvenida antes de la cena, y a descansar, algo más que la primera noche, sin duda alguna.

Publicado en 2022, Egipto, Viajes, Viajes por el extranjero | Deja un comentario