Tarragona 2022 (2)

El desayuno era el momento indicado para retomar fuerzas y planificar las visitas del día.

Las previsiones meteorológicas seguían sin ser muy halagüeñas, pero el tiempo se mantenía, eso sí, con la amenaza de la lluvia… El Foro local, o Foro de la Colonia, era nuestro primer destino.

El foro era el corazón de las ciudades romanas; en él se hallaban los principales edificios de la administración social y política. El de Tarragona, donde aún perduran restos del foro, fue uno de los mayores de Hispania y el segundo del Imperio romano, con ocho hectáreas de extensión (el equivalente a 61 piscinas olímpicas de 50×25 metros).

El foro tarraconense se componía del senado local, las basílicas o el templo, que se organizaban alrededor de una plaza porticada. El recinto principal era una basílica de forma rectangular que se distribuía en tres naves separadas por columnas corintias. Se calcula que se construyó hacia el año 70 d.C. y se diseñó adaptándose a una topografía sinuosa, por lo que se repartía en dos terrazas.

En la terraza superior se hallaba el templo de culto imperial, mientras que la inferior albergaba la plaza del foro provincial, que seguramente debió estar adornada con monumentos y jardines. La plaza se comunicaba con el templo al norte y con el circo al sur, a través de dos torres que hoy en día aún existen: la antigua audiencia al oeste y el praetorio al este, que se conoce como Torre de Pilatos.

Las excavaciones arqueológicas de los años 30 del siglo XX en la zona del foro de Tarragona descubrieron dos calles, un edificio de pisos, la base del templo de la Tríada Capitolina y la basílica. Además, en la parte norte se conserva una serie de locales que tenían diferentes usos. Uno de ellos, de mayores dimensiones, fue lugar de reunión de las autoridades municipales.

A la salida nos dirigimos a la Casa Museo Castellarnau, situada en la calle dels Cavallers, 14. Una calle en la que tenían casa, y palacio, las familias más importantes de la ciudad. Esta casa de principios del siglo XV, fue durante siglos residencia de algunas de las familias más influyentes de la ciudad. De hecho, en 542 se hospedó en ella el emperador Carlos I durante el periodo que pasó en Tarragona.

La casa conserva en su interior estructuras arquitectónicas de diversas épocas. En la planta baja se halla una serie de arcos apuntados datados entre los siglos XIV y XV. De la misma época es el patio y la escalera de bóveda con columnas y capiteles góticos. Durante el siglo XVIII el edificio fue adquirido por Carles de Castellarnau y sufrió importantes cambios en la fachada y en su distribución interna.

En la planta noble destacan diversas estancias con mobiliario de los siglos XVIII y XIX. Pero, sin duda, el espacio más emblemático es el salón de baile, que presenta un techo decorado con pinturas de temática mitológica realizadas por el pintor provenzal Josep Bernat Flaugier a finales del siglo XVIII.

En la planta baja se ha recuperado la antigua cocina. Así mismo, pueden verse de forma permanente una muestra de la colección Molas i Agramunt, un heterogéneo conjunto de piezas arqueológicas y etnográficas de una amplia cronología.

Recorrimos los pocos pasos que nos separaban del conjunto catedralicio. La edificación de la Catedral se inició a partir del año 1171, cuando Hug de Cervelló, arzobispo de Tarragona, legó en su testamento cierta cantidad de dinero para construirla. Se utilizó el emplazamiento y algunos restos de la denominada área sacra de culto imperial romano, construida durante el siglo I d.C y que albergaba, según determinados arqueólogos, una gran plaza y el templo del emperador Augusto. Sobre este lugar, y a partir del año 475, debió erigirse la primitiva catedral visigótica de la que no existe vestigio alguno al ser demolida con ocasión de las invasiones musulmanas del año 711.

La Catedral fue consagrada el año 1331, siendo arzobispo de Tarragona y Patriarca de Alejandría, el Infante Juan de Aragón. Es considerada, por su grandiosidad y solidez, la primera catedral de Cataluña. Sus naves laterales alojan, entre los contrafuertes, capillas que muestran la evolución arquitectónica y estilística del recinto catedralicio.

La fachada de la Catedral consta de tres puertas de acceso. En el centro destaca el soberbio portal gótico flanqueado por enormes estribos y un zócalo con arcaturas trilobuladas que albergan imágenes de apóstoles y profetas bajo doseletes. En el centro, el mainel muestra un pedestal con escenas del Génesis y la imagen marmórea de la Virgen Madre.

Tras el portal mayor se contempla una amplia perspectiva de todo el interior de la Catedral. Presenta planta de cruz latina con tres naves, sus correspondientes ábsides en gradación, y crucero.

La Capilla de Santa Tecla se concibió estructuralmente como un templo de planta central cruciforme y gran cúpula. Se erigió en honor de Santa Tecla de Iconio, titular de la Catedral y patrona de Tarragona, con el fin de custodiar el brazo-relicario de la santa. El estilo barroco-clasicista predomina en el conjunto arquitectónico y escultórico, fiel a las directrices académicas del momento promovidas por Luis XV. Se inició en 1760 bajo la prelatura de Jaume de Cortada y Brú, y se concluyó en 1775 siendo arzobispo Juan Lario y Lancis.

Bajo el rosetón del siglo XIV del brazo oriental del crucero se ubican tres capillas construidas entorno al año 1500 bajo el mecenazgo del canónigo Joan Barceló cuyo blasón aparece reiterado en el frontispicio.

La Capilla de Santa María, o de los Sastres, es la capilla gótica más suntuosa de la Catedral gracias a su rica decoración arquitectónica, escultórica y pictórica. Se construyó en el segundo cuarto del siglo XIV, antes de 1350, bajo el patrocinio del arzobispo Pere de Clasquerí y a petición de la Cofradía de Presbíteros de la Catedral. Los canónigos fabriqueros, Guillem d’Anglesola y Bernat d’Albió, se responsabilizaron de las obras. Los escudos de todos ellos ornamentan los muros. Su tutela la ejerció el Gremio de los sastres de quien tomó popularmente el nombre.

En la nave central de la Catedral, por encima de la sillería canonical del lado del Evangelio, se puede admirar la caja del órgano concebida a modo de majestuoso retablo que mide 20 metros de alto por 9 de ancho. La traza de la caja es una adaptación del arquitecto Jaume Amigó sobre el diseño inicial presentado en 1561 por Perris Arrabasa y Salvador Estrada, organeros de Barcelona. Los entalladores de todo el repertorio escultórico fueron Jeroni Sanxo y Perris Ostris que lo iniciaron en 1562 y se concluyó en 1567.

El altar se debe al patrocinio del arzobispo Aspàrec de Barca (1215-1233). Es de mármol blanco, tiene un magnífico frontal esculpido en torno a 1220, y es una de las piezas más excelentes de la escultura románica catalana.

El retablo, obra alabastrina de Pere Johan esculpido entre 1426 y 1434, es un magnífico exponente de la escultura gótica catalana.

Sobre el zócalo, la excelente predela policroma y sobredorada, donde se registran, con sutil y virtuosa labra, seis escenas de la vida y martirio de Santa Tecla interceptadas por la testera del tabernáculo central donde aparece un ángel que sostiene el sudario con Cristo venerado por la Virgen María, san Juan evangelista, Nicodemo y José de Arimatea. En la predela figuran dos episodios no reproducidos en el frontal del altar mayor románico: el tormento de la santa que, atada a unos bueyes para ser descoyuntada, queda liberada al romperse las sogas; y otra referida al descubrimiento milagroso del brazo de la santa, y del que procedería la reliquia ofrendada por el rey de Armenia Menor a la Iglesia de Tarragona gracias a la mediación del rey Jaime II en 1321.

Los relieves están separados por montantes coronados de pequeños pináculos y doseles que cobijan a santas vírgenes y mártires: Catalina, Bárbara, Lucía, Eulalia de Barcelona, Águeda, Anastasia, Cecilia e Inés. En el centro del retablo figura la imagen de la Virgen con el Niño flanqueada por las tallas de santa Tecla y san Pablo; alrededor, doce relieves que reproducen escenas de la Infancia de Jesús, de su Pasión y Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Coronación de la Virgen.

A ambos lados del retablo, formando parte de su misma estructura y estilo, se encuentran dos puertas con elegantes celosías flamígeras coronadas por dos ménsulas donde reposan, respectivamente, las imágenes de San Olegario y San Fructuoso, arzobispos de Tarragona. Sobre los frontispicios figuran las imágenes de san Miguel Arcángel y el Ángel Custodio, talladas por Perris Austris, y policromadas y estofadas por el pintor italiano, Pietro Paolo de Montalbergo, durante la segunda mitad del siglo XVI.

Un muro, y su correspondiente portal gótico con dintel conopial, antepuesto al arco escarzano que sostenía el desaparecido coro, median entre la sacristía y la Sala del Tesoro. Destaca en ella el excelente artesonado gótico mudéjar, de mediados del siglo XIV; su armadura aparece policromada con asuntos heráldicos, geométricos y figurativos.

En los armarios acristalados y enrejados se guardan diversos objetos de culto, en especial platería litúrgica. Cabe destacar la colección de cálices, mazas procesionales y báculos episcopales de los siglos XVIII al XIX, la urna para el Monumento de Jueves Santo, labrada por el platero tarraconense Gaspar Arandes Canals en 1682, las andas procesionales y la monumental custodia neogótica, obras barcelonesas del siglo XIX.

La construcción del claustro se inició a finales del siglo XII y finalizó a principios del XIII. Era lugar de lectura, paseo y meditación; también se celebraban procesiones y aquí convergían las principales dependencias canonicales comunes: dormitorio, aula capitular, refectorio, biblioteca…

El claustro presenta planta cuadrangular, bóvedas de crucería con sencilla moldura, e interesantes claves de bóveda relacionadas con el primer estilo gótico.

La puerta del claustro se compone de un conjunto de arquivoltas aboceladas que apean sobre las jambas y enmarcan el tímpano donde se alojan la Maiestas Domini orlada por la mandorla, y el Tretamorfos o representaciones zoomorfas de los evangelistas Mateo (Ángel), Marcos (León) Lucas (Buey) y Juan (Águila). El capitel del parteluz se decora con escenas del Nacimiento de Cristo, los Reyes Magos ante Herodes y Herodías, y la Epifanía o Adoración de los Magos.

Los capiteles laterales muestran repertorios alusivos a la fauna y flora, una escena con los tres magos acostados en una misma cama advertidos por el Ángel, y otra con el sepulcro vacío, el sudario, la soldadesca y Las Tres Marías en referencia a la Resurrección de Cristo. El portal está timbrado por el crismón, o monograma de Cristo, con las letras Alfa y Omega.

Los trabajos arqueológicos y la intervención arquitectónica realizados entre los años 2000 y 2003, permitieron sacar a la luz una parte significativa del temenos, el muro porticado que rodeaba el recinto de culto imperial datado en el s. I d.C. Situado en el lado norte del actual claustro, este muro está formado por grandes sillares de piedra y contaba con toda una serie de ventanas (fenestrase) destinadas a iluminar el interior del porticado. La cara que daría a la gran plaza estaba decorada con grandes placas de mármol (los encajes todavía son visibles en el muro conservado dentro del Museo Diocesano) mientras que la cara que daba al exterior se dejó con los sillares a la vista.

Posteriormente, en el s. XII se integra dentro de la construcción de la Catedral, dando lugar a una gran sala que todavía conserva las arcadas y donde podemos apreciar una de las fenestrase convertida en una puerta tapiada al construir la galería del claustro.

Dudamos al entrar si realizar, o no, la visita guiada. De momento, la decisión de hacerla parecía acertada. Nos quedaba la subida al campanario…

El campanario consta de tres cuerpos: el primero, de planta cuadrangular, se construyó hacia el año 1200 en tiempos del arzobispo Rodrigo Tello; el segundo, también cuadrado, data de 1316, es de piedra grisácea almohadillada y se debe a la munificencia del prelado Gimeno de Luna y el último se edifico en 1330 a instancia del arzobispo Juan de Aragón.

Alcanza una altura de 70 metros y contiene 19 campanas fundidas entre 1250 y 1867. La mayor de todas, llamada “Capona”, está situada bajo el templete de la parte más alta, es del año 1509 y pesa 5.188 kg. Es la campana que da las horas y el toque a la oración.

Al campanario se accede mediante una escalera de caracol y contiene diversas estancias, como la Sala de los Monjes, la Sala de los Relojes y la Sala de las Campanas. La Catedral conserva diecisiete campanas y dos más al lado del cimborrio.

Las vistas desde lo más alto de la catedral son sencillamente espectaculares.

Hora de comer…

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Tarragona 2022 (1)

Jordania, Navarra y…Tarragona. Circunstancias varias hicieron que esta última, una de las ciudades con mayor encanto de España, fuera el destino elegido para pasar unos días coincidentes con las Fiestas de Primavera de Murcia. En principio, Tarragona provincia. Más tarde, algunos problemillas mecánicos hicieron que prácticamente fuera Tarragona ciudad. Pero eso es otra historia.

La autopista A-7 nos condujo rápidamente a nuestro destino. A media mañana teníamos el equipaje en el hotel y el coche en el parking cercano, dispuestos a comenzar el paseo por la ciudad. La Oficina de Turismo, junto a la Catedral, fue nuestro primer destino, aprovechando para discurrir por vez primera por la Rambla Nova.

Tras recopilar la información necesaria teníamos tiempo de iniciar el Paseo Arqueológico, entre los restos de la muralla romana, que se encuentra situado al lado del Campo de Marte.

De camino pasamos la Plaça del Pallol, un recinto de forma rectangular de gran tamaño que se encuentra rodeado por pórticos en tres de sus lados. Sus ruinas se declararon en 1931 como Zona Arqueológica, pues se corresponden con la zona occidental del Fórum Provincial, construido en el siglo I d.C. La plaza del Pallol era parte de la galería intermedia.

En la antigua Audiencia encontramos la maqueta de Tarragona es un elemento muy importante a la hora de descubrir desde otra perspectiva más visual de cómo era la ciudad a lo largo del siglo II. La ciudad romana que se representa es la capital de la provincia considerada como más importante, grande e influyente de todo el Imperio Romano: la Tarraconensis. Se eligió el siglo II porque este momento en la historia fue el de mayor prosperidad y esplendor.

Volviendo al Paseo Arqueológico, sus jardines, que discurren entre las murallas, nos invitan a recorrer este camino descubriendo varios símbolos emblemáticos.

Entre ellos encontramos un par de tumbas antiguas al inicio del paseo, junto a las cuales se encuentra una placa de mármol con el nombre de la ciudad romana que reza «Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco«. Junto a ella podremos ver un mapa de cómo era la parte alta de la ciudad en el Imperio Romano y dónde se situaba el emplazamiento y los jardines de la administración junto al Circo Romano.

El recorrido se centra esencialmente en las murallas, que presentan tres torres que son las que se conservan. Una de estas torres es la del Arzobispo, llamada así porque solía ser la residencia del Arzobispo de Tarragona durante la Edad Media. Delante de ella encontramos la estatua de Augusto de Prima Porta, una réplica de la original de Roma.

Más tarde pasamos por la torre del seminario, delante de la cual podremos observar la estatua de la Loba Capitolina alimentando a Rómulo y Remo, una muy conocida imagen que representa el mito acerca del origen de Roma.

A la salida del Paseo nos dirigimos hacia el centro de la ciudad. Callejeando llegamos a la ​Plaça del Fórum, un enorme recinto de forma rectangular situado en el interior del foro provincial. Está rodeada por muchos pórticos y solía estar adornada con estatuas y ostentosos jardines. Hoy en día, de dichas estatuas tan solo quedan ciertos pedestales, un ejemplo de ello es el que se encuentra en la calle Mercería.

Desde los edificios de esta plaza se administraban todos los territorios que formaban parte de la importante provincia romana de La Hispania Citerior, de la cual, la capital era Tárraco. La construcción de la plaza se realizó en el año 73 d.C. y estaba porticada, ya que en ella se encontraba el templo que rendía culto al emperador. También había una zona inferior que era pública y de gran tamaño.

En sus proximidades se encuentra la ​Plaça del Rei, una de las zonas más destacadas de la parte alta de la ciudad tanto por sus dimensiones como por los edificios que la rodean. En ella están los edificios de lo que solía ser el Pretorio Romano, que desde un tiempo más tarde pasó a ser el Castillo del Rey. El Pretorio Romano acogió al emperador Augusto, y desde que fue castillo, residieron allí la mayoría de reyes catalanes.

La construcción de dicho castillo es lo que hizo que desde el siglo XV, la plaza pasara a llamarse Plaza del Rey. Hoy en día es la sede del Museo Nacional Arqueológico de la ciudad, lugar en el que se conserva el fresco del Anfiteatro Romano dedicado a la Diosa Némesis, la protectora de los gladiadores.

También se encuentran allí las Iglesias de la Trinidad y de Nazaret y la Torre del Pretorio.

Esta última procede de la época romana, pero a lo largo de la historia se le ha dado muchos usos. En el recorrido hasta lo alto de la torre pasamos por varios pisos que nos recuerdan su pasado como foro provincial romano, palacio de los reyes de la corona de Aragón (siglo XII) y también como prisión.

En este mini museo destacamos el sarcófago que relata en sus cuatro caras el dramático mito griego protagonizado por Hipólito, Teseo y Fedra.

Las vistas de la ciudad desde su terraza son únicas…

El gran circo romano de Tarragona es uno de los mejor conservados de todo el mundo, aunque una parte de su estructura sigue oculta bajo viejos edificios del siglo XIX.

Estamos ante una colosal construcción de más de 300 metros de largo por 100 de ancho destinados a las carreras de caballos y carros ante más de 30.000 espectadores.

En uno de sus extremos, en el mismo acceso que la Torre del Pretorio, podemos recorrer lo que eran sus antiguos vomitorios, por donde los espectadores accedían a su lugar en las gradas.

Hora de comer. El lugar elegido era La Cuineta, muy cerca de la Catedral, cuyos alrededores visitamos antes de entrar.

La calidad del producto es excepcional, al igual que el trato y los platos que son variados y adaptados a la cocina moderna. Seguimos las recomendaciones de probar el menú de mediodía, completo y exquisito, y no fallamos.

De vuelta al hotel para hacer el ckeck-in y descansar para retomar la visita por la tarde seguimos callejeando por el caso antiguo, con sus calles y rincones maravillosos.

Pasamos por la Plaça de la Font, en pleno centro de Tarragona, uno de los lugares más animados tanto de día como de noche, como tendríamos ocasión de comprobar. Ocupa la cuarta parte de lo que ocupaba la arena del antiguo circo romano, así que viendo el tamaño de la plaza uno se imagina lo enorme que debía de ser el circo. Al fondo se encuentra el ayuntamiento.

Tras salir del hotel nuestro primer destino, en coche, fue el Acueducto. En el siglo I se construyeron dos largos acueductos para abastecer de agua a la ciudad. El primero, que recibía el nombre de Aqua Augusta, tomaba el agua del río Gaià y tenía una longitud de 50 km. El segundo la tomaba del Francolí y su longitud era de unos 15 km.

El tramo más espectacular conservado pertenece a este último y es un puente de unos 217 m de largo y 26 m de altura máxima que salvaba un barranco.

Está construido con grandes sillares colocados a hueso, formando una doble línea de arcadas. Popularmente se conoce como Pont del Diable o Acueducto de Les Ferreres.

De vuelta al centro nos dirigimos a otro de los más emblemáticos lugares de la ciudad, el Balcón del Mediterráneo, situado sobre el mar Mediterráneo a nada menos que 40 metros de altura. Desde la barandilla de hierro que delimita el balcón se disfrutan unas vistas maravillosas, pues pocas veces se puede tener una visión tan bella del mar desde las alturas desde ese mirador.

Parece obligado cumplir con una de las tradiciones más características de los tarraconenses: tocar el hierro de la barandilla del mirador («​tocar ferro«). La razón de por qué lo hacen es que esta tradición les trae mucha prosperidad, así como buena suerte en todos los sentidos.

Aprovechamos para contemplar la estatua de Roger de Lluria, un navegante catalán muy reconocido, y ver todo el largo de la Rambla Nova.

Y también para visualizar el Anfiteatro Romano, el puerto y la playa de Miracle,

Decidimos tomar algo en la Plaça de la Font, aprovechando para ver de nuevo los monumentos que ya habíamos visitado en este completo primer día, desde otra perspectiva.

De vuelta al hotel localizamos en la Rambla Nova el Monumento a los Castellers.

Y ya «en casa» nos esperaba una relajante infusión. Quedaba mucho que visitar de esta bella ciudad.

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Ruta del pantano de Relleu

No muy lejos de la turística Villajoyosa, la tranquila población de Relleu, en el interior de la comarca de la Marina Baixa, es un pequeño pueblo de tradición agrícola que cuenta con un patrimonio cultural de gran relevancia: el Pantano de Relleu. Construido sobre el lecho del río Amadorio, la presa del hasta ahora solitario embalse se sitúa a a la entrada de un angosto y espectacular desfiladero conocido como L’Estret del Pantà (el estrecho del pantano).

En enero de este mismo año se instaló la pasarela de la Presa de Relleu, que permite disfrutar de un vertiginoso trayecto sobre el cauce del barranco. La pasarela de tablones de madera tiene un recorrido de 212 metros al final de los cuales se alcanza un mirador con suelo de cristal. Todo el conjunto desafía al vacío desde sus 40 metros de altura.

Esta sencilla ruta discurre por caminos agrícolas entre bancales de almendros, cultivo tradicional de la zona que, a causa de la bacteria Xylella fastidiosa, ha visto mermada su extensión en la provincia de Alicante. El recorrido comienza en la misma población, junto al Ayuntamiento de Relleu, donde encontramos información de la ruta. Se trata de un recorrido circular, siendo más sencilla una parte de la ruta al ser principalmente por asfalto. Seguimos la ruta en sentido anti-horario, aunque se puede hacer en ambos sentidos.

Tras unos 3 kilómetros de recorrido llegamos al lecho del Barranc de la Cova, uno de los cauces que tributan sus aguas al pantano. Bordeando lo que sería la lámina de agua del embalse llegamos a la Casa del Guarda y poco después a la vertical de la presa, punto donde comienza la vertiginosa pasarela de madera de 212 metros de longitud y 50 de altura: «El Caminito de Relleu«.

La pasarela en sí, aunque vertiginosa, no conlleva ninguna dificultad y no hace falta equiparse con material de seguridad.

La parte más vertical es el tramo final, acabando en un mirador con suelo de cristal.

Una vez visitado el pantano y la pasarela, regresamos por el mismo camino hasta el indicador que nos lleva por la otra parte de la ruta circular, de regreso a Relleu en una ligera subida. Esta parte de la ruta tiene más asfalto, al hacerse parte de la misma por la carretera que comunica el pueblo con el pantano.

Al igual que otras presas de la provincia de Alicante, como la del pantano de Tibi o el de Elche, la presa del Pantano de Relleu se cuenta entre las más antiguas de Europa. Se estima que su construcción concluyó a finales del siglo XVII, entrando en funcionamiento a comienzos del s. XVIII. Su edificación una iniciativa de los habitantes de La Vila Joiosa, dada la escasez de agua para sus cultivos.

Proyectada por el ingeniero renacentista Cristóbal Antonelli, la presa del pantano de Relleu tiene una altura de 32 metros (originalmente eran 28) y una longitud de 30 metros. Se considera uno de los más estrechos y altos de su época, gracias a aplicar técnicas novedosas con una construcción en forma de arco-bóveda que traslada el empuje del agua a las paredes del barranco.

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Ladies and gentlemen, Simply Red

Hace unos meses tuvimos noticias de la presencia en los escenarios valencianos, tras el paréntesis pandémico y dentro de la gira Blue eyed soul -título de su último álbum, datado en el 2019- del grupo británico Simply Red, y decidimos no dejar pasar la oportunidad.

Nos hicimos con las entradas el mismo día que se pusieron a la venta. El escenario, el Auditorio Marina Sur de Valencia. A las diez de la mañana en punto nos pusimos manos a la obra, consiguiendo dos “Entradas Generales Pista A”, que nos dejaron algo dubitativos pues, aunque eran las de precio más elevado, dejamos de adquirir asientos reservados sentados.

Ya en el recinto la primera sorpresa fue el acceso al Auditorio por una entrada reservada para las entradas Pista A, en el que nos colocaron una llamativa pulsera naranja fosforescente.

Tras comprar la prescriptiva camiseta oficial de la gira nos dirigimos hacia el escenario, encontrando una primera barrada a unos diez metros del escenario ya ocupada de ansiosos fans.

Nuestra sorpresa fue que había más gente sobrepasada ese primer obstáculo y, casualidades de la vida, todos llevaban la pulserita naranja. No íbamos a ser menos, de modo que conseguimos unos espectaculares sitios para disfrutar de un concierto largamente esperado. Mejor imposible.

Llegamos justo para presenciar la actuación del artista invitado, Luis Carrillo, cantautor valenciano que presentó algunos temas de su tercer trabajo, «Claroscuro.

Pasados unos segundos de las 22:00 horas de la noche sonaban los primeros acordes de “Look at you know”, anuncio inequívoco de que el espectáculo estaba a punto de comenzar, escuchándose los primeros aplausos.

Con ese look que le ha hecho inconfundible en la historia ilustrada de la reciente música popular, Mick apareció sobre el escenario ante una audiencia digamos que “más bien veterana” que llenaba el Auditorio ataviado con camisa morada, pantalón negro y oscuras gafas de sol.

Los seguidores que nos dimos cita en Valencia viajamos en el tiempo, los recuerdos y las sensaciones de la mano de Simply Red. La curtida banda británica tiene ya sus años biológicos pero sus canciones y su música siguen sonando actuales, algo que solo ocurre cuando el listón cualitativo es elevado.

Y además, por qué no decirlo, tiene un aliciente igual de fundamental en la persona de su cantante, Mick Hucknall, uno de los pelirrojos-pecosos más emblemáticos de la escena internacional de varios decenios, que cumplía horas más tarde 62 años, hecho que el público le respondió en los últimos instantes del concierto, a lo que Mick respondió en un claro castellano “mañana”.

La edad no impide que Mick se mantenga en plena forma, que se mueva sin parar en el escenario y que su voz suene como la que todos recordamos de sus discos y anteriores conciertos en directo. Ha sido, y es, un alquimista que sabe combinar soul, pop, funk y rhythm and blues con adictiva cercanía, y que dispara la complicidad del oyente. Lo vivido esta mágica noche no ha sido una excepción.

Tras  “Look at you now” siguieron “Come to my aid”, “Ring that bell”, “She’s got it bad” y, a modo de la primera cima de la noche, “A new flame”.

Arropado por una banda en donde la interconexión y, a la vez, reparto de papeles le dota de espléndida eficacia, Simply Red ofreció un recorrido de corte antológico sobre un repertorio que se nutre de clásicos propios como “Holding back the years”, “It’s only love”, “Sunrise”, “The right thing”, “Stars”, “Fairground” o “Something got me started”. Más que clásicos, auténticos himnos.

A estas perlas hubo que sumar algunos diamantes ajenos en forma de versiones como “Money’s too tight (to mention)” o “If you don’t know me by now”.

El optimismo y las ganas de fiesta eran más que palpables en el ánimo de los presentes y Mick lo vio claro desde el principio y se entregó a la causa. Ochenta minutos de buena música y auténtico espectáculo, que nos dejaron, sin duda, con ganas de más, pero con muy buen sabor de boca.

Lo que parecía imposible, disfrutar del directo de Simply Red, se había convertido en realidad y, sin pensarlo, en unas condiciones inmejorables para vivir en primera persona este espectacular concierto. Tan en primera persona que no faltó el guiño personal tras innumerables corazones dibujados al aire…

Ladies and gentlemen, Simply Red

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Supermanager 2021/22

Hace ya cuatro años que retomamos la buena costumbre de publicar los resultados de la temporada, aunque fuera una vez al año, a la finalización de la misma. Como buen aficionado a las estadísticas son muchos los datos que guardaba de mis trece participaciones completas en el juego. Esos datos han pasado ya a la historia tras las modificaciones experimentadas en el juego la pasada temporada.

Viernes de cambios, sábados de cambios, domingos de cambios… Es lo a que nos hemos acostumbrado tras las modificaciones introducidas en el juego hace ya dos años, en el que nunca llegaba la hora del cierre definitivo.

Parece que ya nos hemos acostumbrado a plantillas de diez jugadores, cinco cambios semanales, sin posibilidad de sustituir suplementariamente aquellos jugadores que no disputaran la jornada por cualquier circunstancia sobrevenida en forma de aplazamientos de partidos.

Ahora tenemos aplicación para dispositivo portátil y web, el método clásico y, por qué no decirlo, el más cómodo. Y no terminamos de acostumbrarnos a que lass clasificaciones se hayan visto reducidas a la general por puntos y a la de bróker.

El «adiós específicas» lo han solventado este año El Rincón del SuperManager, en colaboración con un histórico del juego, Fergetxo, creando un «Campeonato del Mundo de Específicas SuperManagerACB», con las mismas reglas que las mismas del SuperManager (presupuesto inicial, cupos, cambios, etc.) y con la única diferencia de que los mercados han cerrado a la hora de inicio del primer partido de la jornada y no se han podido hacer cambios con la jornada ya empezada.

Aunque en la parte central de la temporada los aplazamientos de partidos hicieron jugar en varias jornadas con algún jugador de menos, el resultado final no es del todo insatisfactorio.

Durante tantos y tantos años, la famosa «limitación de equipos» fue el mantra del Supermanager. Esta modificación vino con los cambios de interfaz y la introducción de la app. Para ser honestos, digamos que a los equipos de jomolni añadimos los de la «marcas blancas» cobarri y j0m0lni. Con todo, y como siempre, todos esos equipos han disputado cada jornada con las máximas aspiraciones.

Entremos en harina.

Los «Mejores resultados» muestran una puntuación máxima de 271,2 puntos; un 125 puesto como mejor posición en una jornada y el mismo puesto 12º como mejor posición en la clasificación general.

El puesto final alcanzado es el 67º con el equipo brillo +q la Luna y sus 5.513,6 puntos, que finaliza en el tercer puesto de la clasificación de la Comunidad. Dos buenas decisiones en la última jornada (Radoncic y mantener a Tomic y no fichar a Mirotic) junto a una mejorable (fichar a Hannah y no a Baldwin) han impedido quedar el primero de Murcia y vencer al «gurú» luisheel.

La clasificación de bróker tan solo ha sido disputada realmente por un equipo de cobarri. Finaliza en el puesto 43º de la clasificación absoluta y el primero de la comunidad.

Para muchos, uno de los mayores alicientes del Superrmanager ERAN las ligas privadas. Tanto que muchos afirmaban que seguían jugando por ellas. Algo muy complicado en estas dos últimas temporadas.

En esta temporada he vuelto a participar en siete, algunas menos que en pasados años. Unas, oficiales de equipos ACB; muchas otras, publicitadas en Twitter por seguidores del juego.

Para terminar la referencia a la temporada que termina, haré mención a dos de ellas.

La primera, renacida. Una privada peculiar, dedicada al equipo de nuestra tierra, el que nos proporciona más éxitos y sinsabores, el CB Murcia. Con una normativa particular, pues exigía la presencia de cinco de sus jugadores jornada a jornada, hiciera frío o calor, disputaran o no partido semanal. Joaquín, Alonso, Juan y José Antonio han vuelto a ponerlo difícil, pero hemos terminado ganando la clasificación general y la de bróker.

La segunda de la que haré mención es la Liga privada “West coast”. Surgió en nuestro viaje por la Costa Oeste allá por diciembre de 2017. Los cinco viajeros masculinos (Jose, Arturo, Alberto, Moisés y yo) decidieron entonces que en esta temporada se batirían en duelo en este singular juego. Y así fue…

La victoria de jomolni este año ha sido holgada, y no ha estado en peligro pasadas las primeras jornadas.

No me queda más que felicitar a todos los participantes, especialmente a Alberto, por su gran temporada. Esperemos que esta apasionante privada tenga su continuidad la próxima temporada.

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Sendero del Estrecho de Bolvonegro (PR-MU 110)

Desgraciadamente, las idas y venidas de los brotes provocados por la pandemia de COVID-19 están permitiendo, indirectamente, un aumento de la actividad senderista.

El pasado sábado recorrimos un sendero que discurre a través del ZEC (Zona de Especial Conservación) Sierras y Vega Alta del Segura y Ríos Alhárabe y Moratalla de la Red Natura 2000. Sin duda, un maravilloso rincón del noroeste murciano, un valle desconocido y casi invisible, oculto por su propia naturaleza abrupta y recóndita, que desvela innumerables tesoros geológicos, arqueológicos y naturales.

En el recorrido se cruzan dos ríos que confluyen justo en este lugar, el Benamor y el Alhárabe que, unidos, dan vida al río Moratalla, afluente del Segura. Siguiendo su curso, se descubren los secretos de la formación de una auténtica joya de la naturaleza: el Estrecho de Bolvonegro. El nombre deriva de uno más antiguo, “gorgonegro”, documentado por primera vez en 1575 por los caballeros templarios, y que significa “garganta negra”.

Al inicio de la ruta se llega por la carretera de Moratalla a Calasparra. Aproximadamente en el kilómetro 18 se halla un cruce a la izquierda con un par de carteles (en mal estado) con la indicación «Paraje de Bolvonegro». Una carretera estrecha pero asfaltada te lleva al cartel indicador donde comienza el sendero (cuida la hora de llegada, hay poco sitio para aparcar).

Comenzamos a caminar hacia una extensa llanura dedicada al cultivo de cereal, sólo interrumpida en la lejanía por las sierras circundantes, destacando al noroeste la Sierra del Cerezo y, como una isla en mitad del océano, el cerro de Moratalla la Vieja.

Llegamos al paso sobre el río Benamor, donde encontramos un interesante cartel que nos habla del pasado acuático de la zona y de los diferentes fósiles que podemos encontrar en el recorrido. Allí mismo podrás contemplar los restos fósiles de un Paleodictyon, prueba fehaciente de que esta zona una vez estuvo sumergida bajo el mar.

Desviándonos ligeramente del sendero nos adentramos en una ciudad de los iberos. Los restos de su muralla de piedra rodean aún el poblado, protegido por la fortificación en lo alto del cerro. Todo el conjunto del yacimiento íbero de Los Molinicos está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) desde el año 2003.

Desde el cerro se domina perfectamente la cascada de Molinicos, también llamada “salto de agua”, donde, debido a un fuerte desnivel del cauce, el agua cae verticalmente por efecto de la gravedad, creando un refrescante y atractivo paisaje.

Continuando por el sendero encontramos un poco más adelante el Molino de la Traviesa, justo en el punto en el que atravesamos el río Alhárabe.

En este lugar, las rocas muestran su pasado, apareciendo variadas formas y relieves moldeados en ellas.

Comenzamos a ver cómo se encajona para formar el estrecho propiamente dicho. Vamos siguiendo los numerosos hitos de piedra, admirando las terrazas y pequeñas cascadas, así como los restos sedimentarios y fósiles.

Son varias las especies animales que habitan el estrecho. Sin embargo, la única presencia animal que vimos fue de «origen antropogénico».

Unos metros más adelante comenzamos a caminar junto al río Moratalla, más encajado que nunca entre las rocas, formando un estrecho y hondo desfiladero o cañón, que muestra la asombrosa fuerza erosiva del río.


La belleza de esta garganta de paredes oscuras es el resultado visible de la constante y larga lucha entre el agua y la roca. Este paisaje se ha ido formando durante los últimos 12 millones de años, primero excavando las rocas más blandas, las margas, y ahora las más duras, las areniscas, que se resisten a ensanchar el cauce del río pero a cambio, lo encierran cada vez más profundamente.

Al final llegamos a un puente por el que cruzamos al otro lado del río.

A partir de este punto el río Moratalla avanza más encajado que nunca entre las rocas, formando un estrecho y hondo desfiladero o cañón, que muestra la asombrosa fuerza erosiva del río. La belleza de esta garganta de paredes oscuras es el resultado visible de la constante y larga lucha entre el agua y la roca.

Unos metros más adelante, los restos de un antiguo molino marcan el punto a partir del cual no se puede continuar. Es el momento de volver sobre nuestros pasos hasta el inicio de la ruta.

Había sido imposible reservar mesa en un par de restaurantes de Moratalla en los que pretendíamos comer. Cehegín estaba a unos kilómetros, y el Restaurante El Sol nos pareció una buena elección.

Tras la comida, decidimos regresar a Moratalla para visitar su Fortaleza. Por el camino disfrutamos de los almendros en flor.

Hacia el s. IX se levantó la primera estructura islámica sobre restos neolíticos e ibéricos, constituyendo un punto importante dentro de la organización defensiva de Al-Andalus. La Orden de Santiago lo reconstruye, destacando la Torre del Homenaje (s. XV), de estilo gótico militar levantino, con 22 m de altura y 9 m de lado.

Cinco torres completaban el recinto: Redonda, Blanca, La Magdalena, Quebrada o de los Limones y de Los Cuatro Vientos.

La actual Torre del Homenaje, cuenta con tres plantas. En la inferior, el aljibe con pilar cruciforme central y, sobre él, la Sala de Armas con la magnífica bóveda de aristas, gran clave central y tres saeteras abocinadas.

En la Sala del Homenaje, resaltan las tres bóvedas paralelas de medio cañón levantadas sobre arcos ojivales.

En la pared este de la sala arranca la escalera mural de acceso a la terraza almenada, último reducto defensivo de la fortificación.

Desde la terraza se disfrutan de unas vistas espectaculares de la localidad de Moratalla.

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Senda de la Huertecica (PR-MU 109)

Junto al Santuario de la Esperanza en Calasparra se haya este singular sendero que encierra uno de los rincones más bellos de los Espacios Naturales Protegidos de la Región de Murcia, la Reserva Natural de Cañaverosa, pues hasta su mismo nombre, “Cañaverosa o cañada hermosa” nos indica su particular encanto.

La Senda recibe este nombre debido a que atraviesa el llamado “Paraje de la Huertecica”, donde aún hoy se mantienen unos pequeños cultivos con bancales muy estrechos, aprovechando el reducido espacio que queda entre el margen del río y la montaña, y dando lugar a una diminuta huerta o “huertecica”.

Tras dejar el coche en el aparcamiento del Santuario comenzamos a andar en dirección al restaurante, que dejamos atrás, caminando por una carretera asfaltada paralela al río.

A esta temprana hora de la mañana todavía quedan restos de la escarcha que debe haber caído la noche anterior. El frío se nota, vaya si se nota.

Un poco más adelante llegamos al paraje conocido como “Las Juntas”, pues aquí confluyen los dos ríos
protagonistas en la Reserva, el río Segura y el río Moratalla. A partir de este punto, el río Moratalla pierde su nombre pasando a formar parte del río Segura.

El camino nos lleva hasta el río Moratalla, cuyo cauce vadeamos por un paso acondicionado.

Estamos en el paraje de La Huertecica, con sus cultivos tradicionales de frutales y hortalizas. La senda nos conduce a un bosque mágico. Nos encontramos a un paso de adentrarnos en un lugar único, el bosque galería o de ribera mejor conservado de la Región.

Una vez en su interior, te “seduce” con su magia e inunda todos los sentidos… El aire se vuelve más fresco y húmedo en la piel, gracias a la cercanía del río, la sombra de los árboles y a la densa maraña de arbustos que, impenetrables, guardan el sendero.

El recorrido continúa por una senda junto a la margen izquierda del río entre álamos blancos, chopos, fresnos, alatoneros, tarays, sauces, mimbreras, zarzas, baladres, cañas y carrizos. La calidad de las aguas hace que este tramo del río Segura subsista la nutria en perfectas condiciones, aunque es difícil de observar por su esquivo comportamiento hacia el hombre. También podremos ver y oír una multitud de aves cantoras y acuáticas, como el ruiseñor común, la oropéndola, el mirlo, el mito, el pito real, el abejaruco, el martín pescador, la garza real, el cormorán o el ánade real.

Al salir del bosque de ribera debemos tomar el camino que queda a la izquierda y sube al mirador del Campillo, pero preferimos caminar por un amplio llano donde el río hace un meandro con algunos pinos de buen tamaño.

Al final encontramos un acceso cómodo al río por entre los arbustos que nos permite, por última vez, admirar sus cristalinas aguas.

De vuelta al sendero, ascendemos al mirador del Campillo, un rincón que ofrece una singular panorámica del bosque galería, con el cerro de Rotas (490 m.) como telón de fondo.

Desde aquí observamos un cambio muy acusado en la vegetación. Por un lado, la frondosidad del bosque de ribera que sigue el caprichoso río, oculto bajo la inmensa galería formada por los innumerables álamos blancos (Populus alba) que lo acompañan hasta donde nos alcanza la vista.

Por otro, la zona más seca y árida del monte, la solana, donde sobreviven arbustos como espartos (Stipa tenacissima), tomillos (Thymus sp.) y romeros (Rosmarinus officinalis).

Desde el mirador continuamos por el camino de tierra entre esparteras hacia el oeste. Aproximadamente a un kilómetro tomamos el primer camino que encontramos a la izquierda dirección sureste.

El agradable paseo nos lleva, de nuevo, hasta el río Moratalla.

Con el paso del tiempo ha ido perdiendo su caudal y hoy día, se comporta más bien como una rambla. Por ello, todas las plantas que encontramos son auténticas supervivientes que deben soportar largas sequías y en ocasiones fuertes inundaciones, como la adelfa o baladre (Nerium oleander), el junco (Juncus sp.) o el carrizo (Phragmites australis).

Vadeamos de nuevo el cauce llegando al Cortijo conocido como la Casa del Cura. Continuando nuestro camino, subimos por las Lomas de las Torrentas hasta llegar a la Cañada Manrique.

Salimos a la carretera por la que volvemos al santuario, parando antes en el Mirador de Las Lomas, con unas impresionantes vistas de los arrozales junto al Segura y la localidad de Calasparra al fondo.

No nos vamos sin pasear por el entorno del río junto al santuario, rememorando antiguas visitas a este bonito paraje.

Visitamos ahora el Santuario de la Virgen de la Esperanza, en cuyo interior se haya una ermita excavada por el agua y en la que se encuentra la imagen de la Virgen.

Terminábamos la ruta, y la posterior visita, cerca ya de las dos de la tarde. Hora de comer. Bien es cierto que estar en Calasparra y no comer un arroz parece un sacrilegio. Sin embargo, un pajarito nos había recomendado visitar la cercana pedanía de Valentín, perteneciente ya a Cehegín, y hacer una parada en el Gastrobar Matavinos.

No ha sido una mala recomendación…

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Camino de los Arejos (PR-MU 34)

Muy cerca de nuestro último recorrido por las ramblas de Sangonera y el Pocico se encuentra, en el Majal Blanco, el Camino de los Arejos.

Tras dejar el coche en las últimas estribaciones de la Urbanización Torre Guil iniciamos nuestro recorrido en la pista forestal que conduce al paraje de Las Carrascas, transitando por una zona de umbría en la que están presentes gran diversidad de arbustos característicos del bosque mediterráneo: palmito, enebro, espino, lentisco y coscoja.

Al llegar a la cota de 400 m de altitud nos encontramos el paraje de Las Carrascas.

La carrasca es un árbol de enorme importancia por su papel como protector y formador del suelo, y éste es uno de los puntos de la finca en la que estos árboles alcanzan mayor envergadura y densidad.

Dispersos entre las carrascas quedan los escasísimos ejemplares de alcornoques que sobreviven en la Región.

Saliendo del paraje de Las Carrascas podemos contemplar la zona alta del Barranco de los Cañones. En el talud que forma el barranco podemos contemplar un plegamiento geológico de gran belleza. Los materiales, cuarcitas y argilitas, se presentan en estratos claramente diferenciados por los colores tan variados que presentan, ocres, rojos y beige, conformando un conjunto que continúa por el camino y la ladera adyacente.

El camino da paso a una senda colonizada por la vegetación natural, donde prolifera estepas, perpetuas y albaidas. Se observan, colgando de las ramas de los pinos, numerosos líquenes de color verde grisáceo, que por su aspecto reciben el nombre de «Barbas de Peregrino». La senda se estrecha atravesando un pinar denso con el suelo cubierto por una alfombra de lastón, que el jabalí utiliza como lecho para encamarse durante el día.

El sendero continúa en dirección sur, cruzando el Camino de los Arejos.

Volvemos a caminar por una senda entre pinares. Se puede disfrutar de la tranquilidad y el silencio de este rincón, contemplando además numerosos rastros de animales.

La rambla de Sangonera constituye el límite este del Parque Municipal.

En el lecho del cauce sorprende la diversidad de colores de los materiales geológicos: los rojos violáceos de la argilita, los verdes de las arcillas muy compactadas, los pardos y ocres de las cuarcitas.

La irregularidad y escasez de precipitaciones que tiene lugar en la zona hizo que se desarrollara una extraordinaria extracción de aguas de capas subsuperficiales procedentes de un freático próximo mediante la apertura de una mina o pozo horizontal cubierto denominada “La Pizorra”, un completo sistema de captación, conducción, acumulación y distribución de agua procedente de los acuíferos de Triásico de Carrascoy y Cresta del Gallo que, a través de sus canales de conducción aéreas y subterráneas, ha sido dirigida por la gravedad de la pendiente hasta cotas más bajas para ser acumulada en diversas balsas de almacenamiento y distribuida por una serie de canales y acequias.

Finalmente, el recorrido transcurre por una senda de suaves pendientes en la vertiente Norte de Las Riscas.

Instalados de forma estratégica, para aprovechar el agua de escorrentía de las vaguadas, aparecen antiguos cultivos en pequeñas terrazas formadas sobre muros de mampostería seca. Se cultivaban algarrobos de cuyos frutos se obtenía un complemento de gran valor nutritivo para el ganado; en la actualidad es la fauna silvestre quién se aprovecha de este recurso alimenticio.

La nueva aparición de carrascas de menor porte nos indica que estamos llegando a la misma zona donde iniciamos el pequeño recorrido.

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Rambla de Sangonera y el Pocico

La idea era iniciar el año senderista con un apacible itinerario de unos siete kilómetros en Sangonera la Verde, una ruta fácil y apta para cualquier senderista (Isidoromf, en Wikiloc), más cuando comenzamos a andar al mediodía, una vez levantada la bruma mañanera. Dicen que «acompañados por la hermosa imagen de una mujer anónima» y «vigilados por el ojo que todo lo ve”.

Esa era la idea inicial, porque al final se convirtió en una buena jornada de senderismo de más de diez kilómetros más allá de la ruta marcada en nuestro teléfono…

Tras dejar el coche en las inmediaciones de la ermita de la Cruz, bajamos por una corta carretera que nos condujo hasta el inicio de la rambla de Sangonera.

Sabíamos que aproximadamente a kilómetro y medio del inicio de la caminata debíamos encontrar una singular escultura, el relieve del Minotauro. Te recomiendo que vayas atento, porque nos costó más de lo esperado encontrarlo. Más tiempo y más recorrido. Pero al final, este «Toro de Minos», se presentó ante nosotros, o nosotros ante él.

El amplio discurrir de la rambla se estrechaba por momentos, encajonándose en el valle. Es en ese momento cuando nos encontramos con la primera de las caras de la «bella y anónima mujer».

Y, a pocos metros, el ojo que te vigila…

Los que han hecho esta ruta con anterioridad cuentan que puedes encontrar siete veces la cara a lo largo de la rambla de Sangonera. Pero andar por ella, con las irregularidades del terreno, e ir fijándose en las paredes calizas, puede suponer un grave problema. Con todo, más de una sí que localizamos.

A la tranquilidad de andar por la rambla se une la espectacularidad de algunas de las paredes que la limita.

Y de los obstáculos, en forma de árboles caídos, que se suceden a lo largo de la misma.

En otros lugares, la morfología es la propia de una rambla, al igual que su vegetación.

A los tres kilómetros desde el inicio del recorrido nos encontramos un cartel de prohibido el paso en una cadena que señala el límite entre las dos preciosas ramblas que incluye el itinerario, la de Sangonera y la del Pocico.

A partir de ese momento, atento. Continuamos por la rambla del Pocico y, a unos 520 metros de la cadena, deberemos ver a la izquierda un hito de piedras que señala el inicio de una senda bien definida por la que continuar tras abandonar la rambla del Pocico y alcanzar la “Calzada Romana” que nos debía conducir hasta el inicio de esta ruta.

Pero el buen tiempo y la decisión de seguir a cuatro caminantes hizo que extendiéramos la ruta circular. Total, la comida nos esperaba hecha en casa. Así que continuamos ascendiendo hasta alcanzar el Camino de la Casa del Pino, alcanzando ya unas inigualables vistas de Carrascoy.

Con la sensación de que terminábamos en la venta de la Paloma, relativamente cerca del inicio de la Rambla del Cigarrón, y gracias a la buena batería del móvil y al bendito GPS que guiaba nuestros pasos, iniciamos el descenso hacia la Vereda Real que nos acercaba, de nuevo, a nuestro destino.

Destino que alcanzamos tras dos horas y media de agradable caminata tras esquivar la calzada romana, que algún día habrá que volver a recorrer. O no.

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16 fotos del 2021

A finales de 2015 empecé la (buena) costumbre de publicar un collage formado por 16 fotos, 16 momentos, a modo de instantánea, de los muchos acontecidos fuera del aula, considerando que la clase supone el producto científico y creativo más importante que todo docente elabora.

Desde entonces se convirtió en una buena costumbre. Una buena manera de recordar los instantes más recordados (y fotografiados) de cada año natural. 2016, 2017, 2018, 2019 y 2020 se fueron sucediendo, y recordando.

Ya el año pasado costó un poco más de esfuerzo cumplir con la tradición. El confinamiento y la semipresencialidad que conllevó la pandemia que todavía padecemos limitó, y mucho, las actividades no meramente lectivas, pero al fin encontramos esos momentos que recordar.

Este 2021 no ha ido mucho más allá, pero no podíamos faltar a nuestra cita anual. Nos renovamos y cambiamos el formato, obligados un poco por la disponibilidad de aplicaciones informáticas, pero guardamos la esencia.

Hasta diciembre de 2022.

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