León, Asturias, Salamanca 2021 (11)

Martes. Tercer día completo en Asturias. Tras el turismo de playa y ciudad tocaba de nuevo calzarse las botas. El lugar elegido, el Concejo de Villayón. Villayón es un municipio del occidente de Asturias, de unos 132 km2 y dividido en cinco parroquias. Forma parte de la comarca “Parque Histórico del Navia” junto con otros ocho municipios vinculados a la cuenca del río.

Tras el desayuno nos dirigimos a Oneta, primero por autovía, cómoda, después por carreteras locales no tan cómodas.

Entre cascadas (Oneta) y cascadas (Méxica) pudimos completar la mañana con la visita a la Cueva y la cascada del Pímpano (primero) y el Puente de Polea (después).

Una vez abandonado Villayón por la carretera AS-35, a dos kilómetros se coge un desvío hacia Busmente (VY-2). Al llegar casi al final del pueblo se encuentra el puente de La Mosca. Tras dejar el coche en el minúsculo espacio que hay para aparcar un poco más adelante retrocedimos sobre nuestros pasos para encontrar, a nuestra izquierda, un molino.

Tras ascender unos escasos 50 metros por una pequeña cuesta aparece, escondida, una cueva tras una pequeña cascada, que cae por delante de ella y a la que puedes entrar para ver el agua caer desde el otro lado.

Es el maravilloso paraje natural de la Cueva y la Cascada del Pímpano, uno de los preciosos secretos que esconde el occidente asturiano y que no hubiéramos contemplado de no ser por nuestra visita a la Oficina de Turismo en Oneta.

Para los muy cinéfilos y, básicamente, seguidores del actor Mario Casas, la Cueva del Pimpano fue una de las localizaciones de la película «Bajo la piel del lobo«. Exactamente, fue el lugar donde hizo noche de camino a su casa en el monte.

Con el Puente de Polea ocurre lo mismo que con la cueva. De camino a Ponticella nadie repararía en este magnífico puente de época romana si no estuvieras avisado de su belleza.

Se encuentra ubicado a unos diez kilómetros de Villayón en dirección Boal por la carretera local AS-35, a 200 metros del puente de polea.

Tras pasar toda la mañana en el Concejo de Villayón teníamos pensado llegar a Oviedo con tiempo de visitar la catedral. Pero no podíamos dejar la oportunidad de visitar Luarca, sin duda una de las postales perfectas de un pueblo marinero. Sus casas blancas salpicadas sobre el verde de la colina y el mar a sus pies, la hacen merecedora de su bonito título, la villa blanca de la costa verde.

Tras dejar el coche en un aparcamiento público un poco alejado del centro nos dirigimos al casco urbano, llegando a la Plaza de Alfonso X el Sabio, en la que se encuentra el Ayuntamiento y el quiosco de la música, ambos del año 1912. En la plaza está el escudo Real que estuvo en la antigua casa consistorial en el año 1777 y el monolito donde está grabado el Fuero otorgado por Alfonso X, del que la plaza recibe su nombre.

Seguimos paseando hasta llegar hasta el Puente del Beso, ubicado en las proximidades de La Pescadería, uno de los siete puentes que atraviesan la bella villa marinera, con la Ermita de San Roque al fondo.

Cuenta una leyenda asturiana que, durante la Edad Media, el mar estaba lleno de piratas cuya misión era la de asolar los barcos en los que viajaban los españoles. Uno de los más célebres y poderosos corsarios de la época era Cambaral, quien tenía a todo el mundo atemorizado no sólo porque saqueaba todas las naves que caían en su poder, sino que siempre concluía su labor torturando y asesinando a sus pasajeros. Además, raptaba a las damas para luego utilizarlas como mercancía en los mercados. Aunque las autoridades intentaron capturarle, todo fue inútil, hasta que un joven, Hidalgo, y sus hombres consiguió vencerle, hiriendo a Cambaral de gravedad. El joven decidió llevar a Cambaral a su casa para curarle las terribles heridas y fue allí, en Palacio, cuando se quedó enamorado de quien le cuidaba: la hija de Hidalgo, una muchacha de tremenda belleza. Ella también se enamoró perdidamente de él, por lo que ambos decidieron que lo mejor sería huir para que nada ni nadie pudiese intervenir entre ellos. La joven esperó a que su padre cayera dormido y, más tarde, se reunió con Cambaral quien la estaba esperando. Nada más verse, se dieron un beso apasionado y, justo en ese momento, Hidalgo, que se había despertado, les sorprendió. Tremendamente enfadado y sintiéndose traicionado, mató a ambos amantes con la espada, cortándoles la cabeza. Los cuerpos permanecieron abrazados mientras que las cabezas rodaron hasta el mar. En su memoria, se construyó en el lugar este hermoso puente que toma su nombre de esta triste historia.

Llegamos al Espigón de la Marchica, presidido por un bonito edificio blanco en lo alto de unas escaleras, que puede parecer un pequeño faro o incluso una ermita, aunque es el edificio del Club Náutico, de 1890, construido en un principio sobre un islote y unido a tierra por un puente colgante.

Un maravilloso lugar para contemplar las playas de Luarca.

Hora de coger el coche y llegar a Oviedo para la segunda “minivisita” a la capital ovetense.

Nuestro primer destino era la Catedral de San Salvador, de estilo gótico, construida en el reinado de Alfonso II sobre las ruinas de una del año 765.

Su construcción comienza en el siglo XIV y acaba en el siglo XVI. En este periodo de tiempo absorbió a la iglesia de Santa María y al Palacio Regio de Alfonso II, en cuya capilla está ahora la Cámara Santa, otra de las joyas del prerrománico asturiano.

En el interior podemos ver entre otras muchas maravillas; el Retablo Mayor, de estilo hispano-flamenco, el Cristo de Velarde, de Berruguete y la Capilla del Rey Casto en donde se encuentra el Panteón de Reyes.

En la Cámara Santa se puede ver el tesoro de la catedral, en el que sobresale la Cruz de los Ángeles, donación de Alfonso II y símbolo de Oviedo. La Cruz de la Victoria, donación de Alfonso III, símbolo de Asturias. La Caja de las Ágatas, donación de Fruela II (910); y el Arca Santa, en la que se encuentra el Santo Sudario que, según la tradición, es la tela que fue colocada sobre el rostro de Jesucristo en la cruz.

La fachada principal de la catedral tiene una torre (el proyecto inicial tenía dos, pero parece que faltó presupuesto) y un pórtico con tres arcos desiguales cerrados por rejas y tres portadas de acceso.

La central presenta un relieve de la Transfiguración del Señor y bajorrelieves que representan a Fruela I y a Alfonso II el Casto y medallones del niño Jesús y San Juan niño. La torre mide 80 metros, está construida sobre cuatro pilares y tiene 5 partes bien diferenciadas, en una de ellas está el reloj y más arriba la campana «Wamba», del año 1219, que la convierten en la más antigua de España en uso.

Quedaba tiempo para pasear por las calles más céntricas de la ciudad, abarrotadas de ovetenses y visitantes a esa hora de la tarde.

En la calle Uría, en el principio de la calle Milicias Nacionales, encontramos una de las esculturas de bronce más fotografiada de la ciudad, la que rinde homenaje a Woody Allen, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 2002, obra de Vicente Menéndez-Santarúa.

De vuelta al aparcamiento nos encontramos la Calle Gascona, conocida como el Bulevar de la sidra. Demasiado temprano para tomar unos culines y comer unas tapas. Queda anotado en el listado de acciones pendientes.

Rumbo a Gijón para cenar y descansar de un bonito, pero agotador, día de cascadas.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (10). Cascadas de Oneta y de Méxica

La segunda ruta por Asturias discurría por el concejo de Villayón: Las Cascadas de Oneta, declaradas Monumento Natural por el Gobierno del Principado de Asturias en 2001 y punto de referencia para numerosos visitantes.

La ruta parte del pueblo de Oneta, en un gran aparcamiento junto a la Oficina de Turismo, con carteles de inicio de ruta (para no perderse).

Iniciamos la ruta por un camino ancho y llano, que transcurre a través de una era, dejando el río a la izquierda y las casas del pueblo a la derecha.

Poco después de pasar por la zona de pradería, comenzamos a descender. Pronto empezamos a escuchar el río Oneta, que es el que discurre por las tres cascadas de la ruta y va paralelo al camino. Es un afluente del arroyo Pontiga, afluente a su vez del río Navia que modela gran parte del paisaje del oeste asturiano. Rápidamente, el cauce del río comienza a estrecharse y la corriente discurre por formaciones rocosas, entre las que se abren numerosos pozos.

Poco después, el camino se transforma, adentrándose en un bosque de castaños, abedules, alisos y robles, abedules, castaños y alisos. Comenzamos a descender siguiendo el camino, acompañando el desprendimiento vertiginoso del río por una altura de 38 metros, para llegar a la primera cascada, la Firbia.

La cascada Firbia, la primera de las tres cascadas, presenta una pared rocosa de cuarcitas muy duras y pizarras muy blandas que hace que el agua la erosione formando esta bella caída.

El agua choca estruendosa contra un pozo de aguas cristalinas con grandes bloques de piedra caídos. La imagen no puede ser más bonita, la luz se filtra entre los árboles y se refleja en el musgo de las rocas, ofreciéndonos todas las tonalidades de verde posibles.

Dicen que, en ocasiones, se asoma alguna nutria o mirlos acuáticos en la zona. Habrá que volver…

Seguimos la ruta pasando junto a uno de los Molinos de Oneta, fundamentales para la vida rural. El grano tenía que molerse para ser transformado en pan, alimento básico de la población.

Este es el motivo de que proliferen en los ríos, ya que se aprovecha un tramo con cierto desnivel y se conduce por un canal, para conseguir la fuerza suficiente para mover el mecanismo y producir la harina.

Este en concreto es el llamado Molín de Abaxo, construido en 1820, y del que todavía podemos contemplar el edificio de piedra y el molino de madera interior, construidos con materiales de la zona.

Tras las fotos de rigor continuamos nuestra ruta hasta la siguiente, la Ulloa, caminando por una especie de callejón de piedra.

Toca bajar por una inclinada pendiente para llegar a la segunda cascada. La cascada Ulloa es algo más pequeña pero igual de bonita, y el entorno es frondoso con fresnos, alisos y mucho musgo.

Desde luego, la belleza del lugar invita a sentarse y relajarse escuchando el sonido del agua y la naturaleza.

Tras desandar lo andado comenzamos el camino de vuelta, que se hace por el mismo que la ida. Imposible tomar el camino que continua a la tercera cascada, llamada Maiserúa, como nos indicaron más tarde.

Como la ruta de las Cascadas de Oneta es corta, decidimos entrar en la Oficina de Turismo (cerrada al inicio de la ruta), donde nos informaron de la posibilidad de realizar la ruta de la Cascada de Méxica, y allá que nos fuimos…

Esta ruta se inicia en el pueblo de Ponticella, a donde se accede desde Villayón por la carretera local AS-35. Se parte del centro del pueblo, desde la plaza frente a la fuente, donde sale un camino que se dirige al río.

Comenzamos a caminar, cuesta abajo, entre muros de piedra, hasta llegar a las praderías de Las Cellas. El camino de ida discurría plácidamente, a pesar de la hora del día (más de la una del mediodía) y de la elevada temperatura para estas latitudes. Eso sí, ya íbamos pensando en lo dura que sería la vuelta.

El camino no tiene pérdida. Seguíamos bajando entre más y más vegetación hasta llegar a la cascada, en forma de cola de caballo, de diez metros, muy cerca del cauce del río Navia.

No detallaremos mucho la cansada vuelta hasta el punto de inicio. Nos quedamos con el pequeño tentempié que tomamos en la cascada y esta bonita fábula.

Dícese que bajo la cueva donde se precipita el agua de la cascada hay un palacio todo de oro, en el que habitaba un rey con dos preciosas hijas encantadas, de dorados cabellos. Un príncipe amante de las generosas melenas, enamoró a ambas y provocó un conflicto de celos.

Una de ellas, por la noche, cortó la melena de la otra y la tiró al río, provocando, con la gran cola dorada, la actual cascada. El príncipe, embelesado por el bellísimo salto de agua y por la bondad de su antigua dueña, acabó desposando a ésta, tras rechazar la maldad de su hermana.

El salto, la magia y la leyenda aún embrujan al caminante en Méxica.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (9)

Hay que alimentar la vista y el espíritu, pero también el cuerpo. Se acercaba la hora de comer y la Sideería el Tarteru nos pareció una buena opción. Y menos mal que decidirnos sentarnos pronto, pues no admiten reservas y en unos minutos la cola para tomar asiento se hizo interminable. Todo un espectáculo ver como el personal escancia la sidra.

El menú estuvo compuesto de pulpo, esa tabla de quesos asturianos que llevábamos persiguiendo desde hace unos días y, como no, un cachopo tarteru espectacular.

Después de comer seguimos paseando por el casco urbano y realizando algunas compras antes de pasear por el antiguo barrio de pescadores, El Portiello, con sus estrechas calles. Entre sus callejuelas podemos descender por la Escalera de colores, en la que diferentes vecinos, representantes deportivos, culturales y políticos del municipio, han dejado su marca personal pintando un escalón y una frase.

Atravesando el puente del Sella llegamos al pequeño puerto deportivo que se inauguró en el 2003 en el margen izquierdo del río Sella, desde donde se observa el Centro de Arte Rupestre y la Cueva de Tito Bustillo.

Quedaba tiempo para visitar la ría de Villaviciosa, pero no podíamos pasar la oportunidad de acercarnos a la Cuevona de Cueves.

Esta cavidad natural da acceso al pueblo de Cuevas del Agua, del que recibe su nombre, y supone una de las pocas muestras de cuevas por las que se puede transitar en coche, aunque resulta más impactante recorrerla a pie.

Durante cerca de 300 metros serpenteantes se pueden apreciar magníficas formaciones calcáreas, así como la vida ligada a la oscuridad, y al arroyo adyacente.

Estalactitas, estalagmitas o coladas son algunas de las formaciones que por su belleza y singularidad llegan en algunos casos a recibir nombres como «La lengua del diablo» o «Las barbas de Santiago».

Ya habíamos pasado por Villaviciosa en un viaje anterior y nuestro destino era, ahora, su ría, declarada Reserva Parcial, con su belleza natural y en la que se realiza avistamiento de aves y observación de la biodiversidad.

Nos acercamos a la playa de Rodiles, icono del surf por su famosa ola izquierda. Una de las playas más concurridas y bonitas del Principado de Asturias por su extenso arenal de más de un kilómetro junto a la desembocadura de la Ría de Villaviciosa. Espectacular su amplia zona de sombra arbolada y senderos accesibles.

En pleno corazón de la Comarca de la Sidra, en el Principado de Asturias, se encuentra la pequeña villa marinera de Tazones, declarada conjunto histórico y que además pertenece a la lista de los Pueblos más bonitos de España. Un bello pueblo abierto al mar, en el que el azul del Mar Cantábrico, contrasta con el verde de la costa asturiana y sus coloridas casas marineras. Además, en 2019 fue elegido como una de las Siete Maravillas Rurales de España.

Dejamos el coche en un aparcamiento que hay antes de llegar a Tazones y antes de salir de él vimos la Iglesia de San Miguel, en cuya fachada blanca destaca el rosetón situado bajo la espadaña con las campanas. Es la iglesia parroquial de Tazones y se construyó en 1950 en sustitución a otra que se encontraba en el barrio de San Roque que fue quemada en la guerra civil.

Tazones se sitúa entre dos grandes peñas, sus casas de una o dos plantas se encuentran adaptadas al terreno de forma escalonada. La mayoría tienen fachadas de piedra o están pintadas de blanco, con grandes corredores de madera pintados de vivos colores, al igual que las barandillas de sus balcones, sus ventanas y puertas.

La calle principal de Tazones divide al pueblo en dos y se encuentra desde la parte más alta repleta de restaurantes, y también alguna tienda de productos típicos, a la que no pudimos resistirnos.

Tazones fue, en la edad media, un importante puerto ballenero, lo que creó un gran desarrollo económico y comercial de la zona, incluso tuvo varias fábricas conserveras ya desaparecidas.

En el siglo XVIII se construyó una escollera, para facilitar el varado de las embarcaciones, y dos palanques de las que se conserva una manual y otra eléctrica que se colocó en los años 30. Desde aquí mismo se distribuía la pesca en lotes y salía para la venta a los pueblos de la comarca.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (8)

Teníamos por delante un día intenso. Y nuestro primer destino era la Villa marinera del Lastres, que ostenta el título de Pueblos más bonitos de España y Pueblo Ejemplar de Asturias 2010.

Si bien tiene el suficiente encanto como para merecer la visita, no es menos cierto que la serie “Doctor Mateo” terminó de ponerlo en el mapa. De hecho, tendríamos la ocasión de contemplar algunos de los escenarios más emblemáticos donde se rodó la serie.

Tras dejar el coche en el puerto, nos dirigimos al Mirador de San Roque para contemplar Lastres en su conjunto, pasando por la Iglesia de Santa María de Sábada, del siglo XVIII y remodelada a finales de siglo XIX, declarada Monumento Histórico Artístico en 1986. Nos tuvimos que confirmar con admirar su exterior, en el que destaca la torre campanario de planta cuadrada con tambor octogonal, de estilo barroco-rococó.

En lo más alto de Lastres se encuentra el mirador en el que se encuentra la Ermita de San Roque. Desde allí se ve gran parte de la costa oriental de Asturias, toda la villa de Lastres, la playa de la Griega, la playa de la Isla y la de Vega y la Sierra del Sueve como telón de fondo.

Bajamos hacia el puerto, dejándonos llevar por calles empedradas y perdiéndonos en ellas, descubriendo así sus plazas, rincones y un sinfín de miradores… Y la casa del Doctor Mateo, de la maestra Adriana Pozuelo y la famosa Taberna de Tom o, por lo menos, el edificio que le daba vida.

Todas sus casas, colocadas en la ladera, tienen una espléndida vista al mar Cantábrico y la Sierra del Sueve. Algunas de ellas se encuentran decoradas con grandes blasones de piedra, y otras, más sencillas, con el mismo encanto.

Imposible no ver en Lastres la Torre del reloj, que se construyó en el siglo XV como torre vigía del puerto. La torre de mampostería que vemos hoy en día, es el resultado de la reforma del siglo XVIII. Tiene base cuadrada y cuatro cuerpos, estando el reloj en el tercero, con tan sólo tiene una aguja.

Llegamos al inicio del puerto de Lastres, uno de los principales de Asturias desde mediados del siglo XVI debido al auge de la pesca, la caza de la ballena y al comercio marítimo. Un fuerte temporal lo destruyó a principios del siglo XVIII, y comenzó la decadencia ya que las obras tardaron en acabarse.

A su lado, la Playa de Lastres o Playa L’Estilleru, donde se construían los barcos en la antigüedad. Es bastante pequeña para lo que suelen ser otras playas, pero tiene algo de especial que no tienen otras.

Siguiendo nuestro recorrido por la villa nos encontramos con el Monumento a las Sardineras, una escultura de bronce del escultor asturiano Juan Zarategui del Agua que rinde homenaje a las mujeres que cargaban sobre sus cabezas cestas con pescado fresco para venderlo en otros pueblos.

A su lado, otra típica casa de la zona, la de Don Pedro Suerpérez. Tiene tres pisos por delante, y solo uno por detrás debido al terreno en cuesta, muy característico de Lastres.

De camino al coche pasamos por el antiguo Lavadero de Lastres, recuperado en 2004, por el ayuntamiento. Es similar a los que hay en pueblos antiguos de Galicia y Cantabria.

Tras adquirir unas estupendas anchoas en la localidad de Luces nos dirigimos a uno de los faros de Asturias más espectaculares, el faro de Lastres, situado en lo alto del Cabo del mismo nombre.

Es el último faro construido de Asturias y lleva en funcionamiento desde 1994. Según cuentan, emite cinco destellos blancos cada 25 segundos.

El edificio es de mampostería y planta cuadrada, sobre el que emerge su gran torre cilíndrica blanca. Está a una altura de 15 metros sobre el terreno y a 117 metros sobre el mar y cuenta con un alcance de 23 millas náuticas, equivalentes a unos 43 kilómetros.

La tan deseada visita a Lastres no había defraudado. Teníamos el tiempo justo para llegar a comer en Ribadesella, bañada por el mar Cantábrico y por el río más famoso de la región: el Sella.

No había sido posible reservar la visita a la cueva de Tito Bustillo, uno de los santuarios del arte paleolítico europeo (ya saben, siempre hay que dejar algo para el próximo viaje), pero su casco urbano, su bella arquitectura popular, sus playas y la meta del Descenso Internacional del Sella eran buenas excusas para incluirla en el recorrido de este día.

El lugar donde dejamos el coche (complicado aparcar en la villa en época turística) hizo que lo primero que hiciéramos fuera acercarnos al río para contemplar la panorámica y de paso ver el lugar donde se coloca el pódium en el que los ganadores del descenso del río Sella reciben sus premios. Y, obviamente, el famoso puente que sirve de meta a los participantes.

Aunque la primera constancia que se tiene es del año 1929, fue en el año 1932 cuando se puso la salida y la meta en Arriondas y Ribadesella respectivamente y tuvo lugar la primera edición, con trece palistas, todos asturianos. En 1935 comenzaron las inscripciones de fuera de la comunidad. Con un parón entre 1936 y 1943 debido a la Guerra Civil Española y a la postguerra, se reanuda en 1944, con 11 piraguas. En 1951 ya cuenta con competidores extranjeros. En 1960, se crea la Federación Española de Piragüismo, separándose de la de remo garantizando el futuro de la Fiesta de las Piraguas.

Año tras año el certamen ha ido creciendo en participación y en número de visitantes. Esperamos que pronto vuelvan las condiciones para realizar un nuevo descenso, tras el parón de estos años de pandemia.

Paseamos por el puerto pesquero antes de adentrarnos en el casco urbano de Ribadesella, que integra construcciones de indianos, casonas blasonadas y casas del antiguo barrio de pescadores.

Pasamos por delante de como la del ayuntamiento, que se encuentra ubicado en el edificio más antiguo de la localidad, el Palacio de Prieto Cutre, de estilo renacentista del siglo XVI y que fue utilizado como almacén de sal. La Casa de Ardines, la de González Prieto, la de Collado, la Casa del Pixuecu,…

Admirando estas bonitas casas llegamos a la Plaza de la Iglesia, antigua Plaza Vieja, donde se encuentra la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, de principios del siglo XX. Nos maravillaron de su interior las pinturas de los hermanos naturales de Ribadesella, los Uría Aza, el Nazareno de Víctor Hevia, y los frisos de piedra del altar mayor de Emilio del Valle Junco.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (7). Casa Gerardo ⭐

Hace unos cuantos años, cuando planeamos por vez primera volver a Asturias, un buen compañero de trabajo me comentó que si quería degustar una de las mejores fabadas del país no podía pasar la oportunidad de comer en Prendes. Aquella recomendación quedó en la memoria y, finalmente, no cayó en saco roto.

Podemos decir que a Prendes, al restaurante de Pedro Morán y su hijo Marcos, no nos guio una estrella (Michelin), sino Andrés Meseguer…

Ha pasado algo más de un mes desde que tomamos el Menú degustación de Casa Gerardo y no hay día que no rememoremos el aroma, la textura y el sabor de esa Fabada de Prendes que ha conquistado al mundo entero, más que merecidamente.

Y no sólo la fabada. Además de que su esencia se encuentra presente en otros platos, la cocina de Casa Gerardo rinde culto a la gastronomía asturiana, con sorpresas para la vista y el paladar.

Optamos por el Menú Clásico, que empezó con unos entrantes para abrir boca.

Tras ellos continúa el aperitivo con el Bocadillo crujiente de quesos asturianos, una combinación de quesos intensos en sabor y muy cremoso, con el contraste crujiente de la fina masa que lo oculta. En el mismo plato se sirven las Croquetas de compango de la fabada, unas croquetas cuadradas, pero que guardan toda la tradición de un buen guiso y su elaboración para fritura en su interior. Y la Crema de nécoras. Sabor concentrado, puro marisco, reconforta en su brevedad. Estamos saboreando Asturias.

El primer plato son los Fréjoles, una sorpresa para el paladar, enriquecidos con multitud de sabores. No hablaremos mucho de ellos por mi relación con las verduras…

La sardina que siguió a los fréjoles nos pareció un plato exquisito, de aromas intensos y sabores no menos pronunciados, siempre equilibrados.

Y qué decir de la lubina. Impresionante. Cocción impecable, respetando todo su sabor, y un fondo que hace despertar nuevas ideas a quienes nos gusta, de vez en cuando, disfrutar del buen comer.

Entre plato y plato tuvimos la ocasión de saludar a Marcos Morán y de charlar largo y tendido con su padre, Pedro Morán, que estuvo en todo momento cercano y cariñoso con nosotros.

Un original gochu asturcelta puso el toque carnívoro al menú. Una sorprendente presentación.

Y llegó el momento de la Fabada de Prendes, la que todavía no se ha despegado de nuestro paladar y de la que no podemos decir más que es la mejor que hemos probado.

Cuentan que en Casa Gerardo congelan las fabes frescas para así disponer de ellas todo el año. La Fabada de Prendes la elaboran con un sofrito de cebolla y pimentón dulce, aunque primero se ponen a cocer las fabes con la panceta. Antes de añadir el chorizo y la morcilla a la olla, se escaldan en agua hirviendo unos 7 minutos, y durante la cocción se va añadiendo caldo de gallina a demanda.

Antes de pasar al postre nos sirvieron unas fresas, frescas y con un toque de cítricos que nos prepararía para lo que nos esperaba.

La verdad es que, a estas alturas, más de uno pensaba que no podría con el postre, la Crema de arroz con leche requemada de Prendes, pero fue imposible dejar rastro de que en algún momento el plato estuvo lleno.

En resumen, una esperada visita a Casa Gerardo, al mando de Pedro y Marcos Morán. Cocina espectacular que une vanguardia y tradición y un esmerado servicio. Para repetir sin dudarlo una y otra vez. Agradecemos sinceramente el cariño y la cercanía con la que nos han tratado los chefs Marcos y Pedro Morán. Nos han hecho sentirnos como en casa.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (6)

Nuestro primer día completo en Asturias estaba marcado por la comida en Casa Gerardo. Pero antes había tiempo para, después de desayunar, acercarse a la cercana Oviedo y disfrutar de algunas construcciones englobadas en el denominado Arte Prerrománico Asturiano.

El arte prerrománico se produce en la etapa final del arte paleocristiano en el momento de máximo esplendor del emirato de Córdoba. En Asturias se puede disfrutar de un completo conjunto de obras de entre los siglos VIII y X. Esta huella artística fue dejada por grandes artistas de la arquitectura, la escultura, pintura y la orfebrería, que influirá en posteriores obras europeas.

Algunos monumentos del prerrománico asturiano están inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO. En 1985 lo hicieron Santa María de Naranco, San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena, ampliándose en 1998 a otros tres monumentos: Santullano, la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y la Foncalada. En 2015 se añadió la iglesia de San Salvador de Priesca como bien vinculado al Camino de Santiago costero. En la actualidad se están realizando las gestiones para incluir a San Salvador de Valdediós.

Una vez en Oviedo, nos dirigimos al Centro de recepción e interpretación del Prerrománico de Asturias, en la ladera del Monte Naranco, un buen lugar para informarte de la historia de estos monumentos y los principales que pudimos visitar.

Con el Rey Ramiro I, el arte prerrománico asturiano adquirió gran belleza y perfección. Las obras que se le atribuyen al periodo en el que reinó son también las más bonitas: El palacio de Santa María de Naranco, la iglesia de San Miguel de Lillo (o Liño) y Santa Cristina de Lena.

Comenzamos la visita por Santa María del Naranco, construida como palacio y que finalmente acabó siendo una iglesia. Es de planta rectangular y dos alturas cubiertas con bóveda de cañón fortalecida con arcos fajones, algo nuevo en esta etapa.

En el piso superior hay dos estancias abiertas al exterior con tres arcos peraltados, un poquito más alto el central y característicos de esta construcción.

Destaca en esta primera planta su rica decoración escultórica con columnas, medallones y bandas con figuras humanas y animales, también podemos ver la cruz, símbolo del reino astur.

La iglesia de San Miguel de Lillo pertenecía al conjunto palacial de Santa María y se encuentra unos metros más arriba de esta. Aunque parezca entero, solo se ha conservado una tercera parte del templo en el que se encuentra el primer tramo abovedado de la iglesia con el pórtico, la tribuna y las cámaras de acceso a esta. Lo demás se derrumbó por problemas del terreno y se le añadió un ábside a principios del siglo XII.

Llaman la atención las tallas de las celosías, que decoran las columnas, arcos y jambas de la puerta principal, en la que se puede ver una escena circense y otras de corte y en el interior hay restos de pinturas que representan figuras humanas.

Antes de volver a Gijón nos acercamos al centro de Oviedo.

El tiempo del que disponíamos era escaso y tan solo nos dio tiempo a pasear por la ciudad y acercarnos a la plaza de la catedral, tras atravesar la Campa de San Francisco. Era evidente que deberíamos volver a Oviedo algún otro día…

Tras pasar por el hotel y arreglarse para la ocasión nos dirigimos a Prendes, a 14 kilómetros por carretera de Gijón, para comer. Pero de ello ya hablaremos.

Tras la opípara comida teníamos pensado ver algunos de los pueblos de la costa asturiana. Cudillero era nuestro primer destino. Cudillero (Cuideiru en asturiano), uno de los pueblos más bonitos de Asturias, es la capital del concejo del mismo nombre que limita con Valdés, Salas, Pravia y Muros del Nalón.

Depués de dejar el coche en la zona de parking fuimos paseando hasta la población, admirando sus maravillosas vistas. Pronto nos llamó la atención un pasadizo que atraviesa la montaña y que, según dicen, conduce al centro del pueblo, canalizando el agua del río que atravesaba el pueblo y acortando la subida a la zona alta.

Continuamos hacia el antiguo puerto pesquero. Un corto paseo, que permite admirar la belleza del lugar que mezcla mar y montaña a la perfección, y que transcurre por un curioso puente colgante que recorta el camino para llegar.

Llegamos al más concurrido, y bonito, lugar de Cudillero, la Plaza de la Marina. En ella se congregan la mayoría de los restaurantes de la villa, es la zona del «anfiteatro» colorido y siempre bullicioso. El edificio blanco y azul que hay a un lado de la plaza es la Antigua lonja, fue Museo Aula de los Pixuetos y la Mar de Cudillero referentes al mar y a la vida de la villa, aunque cerró y en la actualidad es un restaurante.

Aprovechamos para recorrer los callejones adyacentes a la plaza y realizar alguna compra antes de dirigirnos al camino que conduce a la Punta Roballera, donde se encuentra el faro sobre un acantilado a 75 metros de altura.

Paseamos por el espigón, que constituye un bonito paseo en el que admirar el oleaje rompiendo por la parte exterior del muro. Un lugar para relajarte y ver a las gaviotas a tu lado, como si tal cosa.

Dejamos para otra ocasión la ruta de los Miradores. Desde luego, las vistas a esta villa marinera desde lo alto deben ser espectaculares.

De vuelta al parking decidimos pasar por la Oficina de Turismo para saber si se podía visitar algún lugar cercano de interés. Nos recomendaron visitar el Cabo Vidio, cerca de la población de Riego de Abajo en el concejo de Cudillero, donde se encuentra el Faro del mismo nombre.

Cabo Vidio es uno de los más importantes de Asturias, y tiene unas vistas de la costa asturiana impresionantes. Dicen que en días claros a Estaca de Bares o el Cabo de Peñas.

Sus acantilados de 80 metros sobre el mar formado por cuarcitas y pizarras son todo un espectáculo visual. Y es una importante zona de cría de especies de aves marinas, como el cormorán moñudo y gaviotas.

Pusimos rumbo a Gijón, aunque de paso teníamos pensado visitar Luanco, capital del municipio de Gozón del Principado de Asturias.

En la antigüedad, el puerto de Luanco fue punto de referencia de la pesca de la ballena, lo que hizo crecer el casco urbano. Esta actividad se fue sustituyendo por la captura de otras especies marinas y la elaboración de salazones y conservas para surtir a la meseta, floreciendo así la industria conservera. La pesca ya no es una actividad puntera, es el turismo el que en la actualidad tiene mayor peso en la economía de la villa.

Luanco cuenta con dos playas. Aparcamos junto a la más frecuentada, la Playa de Luanco o de Santa Marina, que fue regenerada en el año 1995 con arena del fondo litoral haciéndola mayor e impidiendo que la pleamar la cubriese por completo.

Uno de sus lados está protegido por el Espigón del Gayo haciendo que sus aguas sean bastante tranquilas para el baño, un excelente lugar para pasear. La playa de Santa Marina, es urbana y tiene un bonito paseo adornado con bonitos chalets.

El centro neurálgico del casco antiguo es el puerto de Luanco. Junto a él se encuentra la iglesia de Santa María, construida en 1730, aunque en años posteriores se le añadió la torre y los soportales con columnas de piedra que la rodea. llamado cabildo, porque era un lugar de reunión de los pescadores, guarecidos del sol y la lluvia.

Su interior, tiene nave única de planta rectangular, y podemos ver interesantes retablos barrocos, entre los que destaca el de la capilla mayor en el que se encuentra la imagen del Cristo del Socorro, del siglo XVII.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (5)

Tras nuestra última noche en León tocaba preparar el equipaje y poner rumbo a Gijón, que sería nuestra base para nuestros desplazamientos por Asturias. Un temprano desayuno y, ¡en marcha!

En el diseño de nuestro viaje habíamos ubicado la ruta por las Foces del Pino de camino a la capital de la Costa Verde (León, Asturias, Salamanca (4). Foces del Pino).

Tras ella, retomamos la A-66 y antes de llegar a Oviedo giramos hacia el este para visitar la pequeña villa medieval de Salas, uno de los Conjuntos Históricos Monumentales más notables de Asturias y lugar de paso del Primitivo Camino de Santiago.

El Camino Primitivo de Santiago, es el que tomó Alfonso II el Casto en el siglo IX, primer peregrino del que se tienen referencias, para visitar la tumba del Apóstol Santiago, que se acababa de descubrir. Comienza en Oviedo y va hasta Santiago de Compostela por el interior del Principado de Asturias y Galicia.

Pasear por sus calles, a orillas del rio Nonaya, es un auténtico placer. En ellas puedes disfrutar de su arte, de la hospitalidad de sus vecinos y de la buena gastronomía asturiana. Empezamos por este último detalle…

La hora a la que llegamos a Salas invitaba a encontrar, y rápido, un lugar para comer. Estábamos en el centro neurálgico de la villa y encontramos pronto donde sentarnos en Casa Pachón, un buen sitio más que recomendable para quedar a gusto comiendo platos cien por cien asturianos. Eso sí, hay que ir con hambre porque el menú es muy contundente.

Primer contacto con la fabada, con el bocarte y con el requesón con miel.

Pero habíamos venido a ver Salas, y no de turismo gastronómico, así que comenzamos por una de las estampas más bonitas de ver, la Plaza el Ayuntamiento, a cuyo alrededor se encuentran la Torre, el Palacio de los Valdés-Salas y la Colegiata de Santa María la Mayor.

La Torre del Palacio de los Valdés Salas, del siglo XIV, tiene planta cuadrada y tres plantas con saeteras y pequeñas ventanas, con escalera de caracol que conducen a la azotea rodeada de almenas. Se une al palacio por medio de un puente que forma un arco que cruza la calle en él se ven los escudos de la familia Valdés Salas.

Junto a la torre se encuentra el Palacio o Castillo de Valdés Salas. Es un edificio civil de tipo popular y se construyó en el siglo XVI.

La capilla de Nuestra Señora de la Calle es de planta rectangular, con cabecera semicircular cubierta con una bóveda de cañón. En la actualidad acoge el Museo Prerrománico de San Martín, con interesantes piezas traídas de la iglesia del mismo nombre.

La Colegiata de Santa María la Mayor está justo al otro lado de la plaza. Es un bonito templo gótico-renacentista, mandado construir por Don Fernando Valdés-Salas finalizándose en el siglo XVI, con el añadido posterior de las dos capillas laterales y la torre, cerrado a esta hora de la tarde.

No nos quedaba más opción que pasear por las calles de la villa y ver el paso del río Nonaya y fijarse en sus casas.

Al cuarto Monumento Nacional que ver en Salas, la Iglesia de San Martín, es recomendable acercarse en coche, pero nosotros decidimos hacerlo a pie, lo que nos obligó a subir (cómo no) hasta ella salvando un impresionante desnivel, más si cabe después de la copiosa comida.

La iglesia primitiva es de entre los siglos VIII y IX, y fue reconstruida en el siglo XV y reformada entre el XVII y XVIII. Tiene una bonita puerta gótica de arco ojival con tres arquivoltas y réplicas de las piezas prerrománicas, cuyos originales habíamos visto en el museo del Palacio Valdés-Salas.

A su lado podemos ver el tejo de Salas, un impresionante árbol de 15 metros de altura. El tejo (o texu en asturiano) es el árbol sagrado de la mitología astur, tiene gran sentido religioso y es muy habitual verlo en ermitas y cementerios de la región.

De camino al coche adquirimos nuestras dos primeras botellas de sidra en un establecimiento que sirvió para hidratarnos tras la subida. Ya en él, pusimos rumbo a Gijón, llegando al AC Hotel by Marriott Gijón a media tarde. Una vez instalados, iniciamos la visita a la ciudad.

Era nuestra segunda visita a Gijón tras el viaje que realizamos con Charo y Juan Antonio. Tampoco en aquella ocasión estuvimos mucho tiempo. Ahora contábamos con una tarde-noche y había que aprovechar.

Comenzamos nuestro paseo por la Playa de Poniente, una playa artificial de 500 metros de longitud y fue inaugurada en 1994 en el lugar donde se encontraban los antiguos astilleros.

Al barrio de Cimadevilla (o CImavilla) llegamos por la plazuela del Marqués, presidida por una fuente en honor al Rey Pelayo y el Palacio de Revillagigedo, con la Colegiata de San Juan. Junto a la plazuela, un árbol de sidras, hecho con botellas de la bebida por excelencia del lugar.

Comenzamos a pasear por esta península que separa las dos playas gijonesas. Tras visitar la Oficina de Turismo nos encaminamos (subiendo, otra vez), al Cerro de Santa Catalina. Tras otear la Batería Alta de Santa Catalina, un proyecto de 1902 para defender la bahía gijonesa, pudimos ver una obra de Chillida que ha terminado siendo todo un símbolo de la ciudad de Gijón: el Elogio del Horizonte.

En este antiguo barrio de pescadores encontramos rincones casi mágicos que nos trasladan a otros tiempos, no parece Gijón, parece un pueblecito, con un montón de restaurantes y un ambientazo enorme a esta hora del atardecer.

La playa de San Lorenzo es sin duda una de las más frecuentadas de Asturias. Es una playa urbana de un kilómetro y medio, recorrida por un bonito paseo. Se encuentra delimitada al oeste por el Cerro de San Catalina y al este por la desembocadura del río Piles.

Seguíamos paseando por callejuelas y plazas con sabor añejo, y casonas como la natal de Gaspar Melchor de Jovellanos, gijonés ilustre que vivió en la segunda mitad del XVIII, que dejó un amplio legado de ensayos, poemas y teatro y fue pieza clave en la Ilustración española.

Jovellanos fue bautizado en la Iglesia de San Pedro. El edificio original fue construido en el siglo XV y fue el único templo parroquial de la localidad hasta el año 1893. La iglesia actual fue construida entre 1945 y 1955 tras la destrucción del anterior durante la Guerra Civil. Es estilo historicista, inspirado en el románico y el prerrománico asturiano.

Nos costó alguna que otra vuelta encontrar las termas de Campo Valdés. Su búsqueda nos permitió visitar la Plaza Mayor de Gijón, otro lugar de ambientazo con multitud de sidrerías y restaurantes afamados de Gijón, en la que encuentra el Ayuntamiento.

Tras localizar la escalera del rock aprovechamos para bajar al puerto deportivo y tomar una sidra. La Cuesta del Cholo nos pareció un lugar perfecto para hacerlo al atardecer.

De vuelta al coche, la foto de rigor con las famosas letronas y al hotel.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (4). Foces del Pino

Nuestra primera ruta por Asturias discurría por el concejo de Aller: Las Foces de El Pino. Un desfiladero por el que el río Valmartín ha modelado la roca caliza en su descenso desde Peña Redonda. Estas foces (hoces) se encuentran en un bellísimo paraje, y fueron declaradas Monumento Natural en el año 2001.

Desde Léon por la A-66 dirección Oviedo, antes de llegar a Mieres, tomamos la salida 54 dirección Moreda y al Puerto de San Isidro (AS-112). Pasamos Cabañaquinta y llegamos al pueblo de El Pino.

El río Valmartín es el protagonista absoluto de esta ruta. Este río de montaña ha formado un cañón a través de una peña caliza. Salva un desnivel de 800 metros en los seis kilómetros que recorre desde su nacimiento en Peña Redonda, hasta que desemboca en el río San Isidro o río Braña.

Una hoz (foz en asturiano) no es más que el desfiladero formado por un río. La hoz del río Valmartín discurre en zonas con paredes casi verticales rompiendo en rápidos y cascadas. El sendero por el que paseamos es la vía por la que los habitantes de El Pino llegan a las majadas con su ganado en verano. Para facilitar el camino se empedraron algunas zonas y también se construyeron algunos puentes.

Tras dejar el coche en la carretera general AS-253 iniciamos la ruta, recorriendo las calles de El Pino siguiendo el cauce del río Braña.

Una vez en la senda, pasamos junto al Molín de Peón, un antiguo molino en el que hoy en día hay un vivero de truchas en las inmediaciones de un área recreativa.

Comenzamos el ascenso ((qué novedad!), en ocasiones algo más pronunciado, y no siempre llevadero.

A lo largo del camino se puede observar alguna majada con pequeñas construcciones.

Las vistas son envidiables…

La fuente Gavalanceras, un bebedero de ganado, es la “entrada” de la Foz de El Pino. En este punto, la pista se transforma en un camino empedrado.

Los sustratos blandos de las zonas más altas y las más bajas, hacen que haya prados y pastos, alternados con bosques de hayas y matorrales. En las grietas de las paredes rocosas también podemos ver como crecen tejos y escuernacabras. 

Un desvío bien señalizado nos conduce a las hoces, y tras cruzar un puente llegamos a la altura del río Valmartín.

Sin duda aquí comienza la parte más bonita del recorrido: las foces. Aunque apenas discurren por un tramo de un kilómetro de longitud son francamente bonitas, y hacen que el asfixiante camino en continuo ascenso merezca, y mucho, la pena.

La parte más impresionante de esta ruta senderista es la del desfiladero que el agua ha tallado con su fuerza erosiva y la disolución bioquímica. Contiene fósiles de algas y animales marinos de hace más de 300 millones de años. La fuerzas tectónicas plegaron estas capas calizas, surgiendo la Peña La Panda (1.790 m) y el Pico Pandos (1.566 m), guardianes de las Foces.

La ruta está salpicada de puentes, numerosos saltos de agua y pequeñas cascadas. En estas cristalinas y frías aguas viven larvas de invertebrados que a su vez sirven de alimento a los alevines de trucha. También abunda la nutria, los mirlos y las chovas. Además hay ciervos, corzos, lobos, zorros, y en las cumbres rebecos. Obviamente, difíciles de ver…

Poco a poco va acabando la hoz abriéndose el paisaje y permitiéndonos ver las montañas que nos rodean y llegamos a las Campas.

La ruta continuaría hasta Peña Redonda y, por la izquierda hacia las Brañas de Caniella. Una buena excusa, sin duda, para volver. Un buen lugar para descansar unos minutos, retomar fuerzas (¡cuidado con las ortigas!), admirar el paisaje y dar la vuelta.

Comenzamos el regreso más relajadamente, contemplando el paisaje al revés y disfrutando si cabe más de él. No hay que olvidar que ahora es todo cuesta abajo, así que el esfuerzo es muchísimo menos y se hace en mucho menos tiempo.

Un descenso con la imagen en la retina de este maravilloso lugar.

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León, Asturias, Salamanca 2021 (3)

Viajar hasta Somiedo y los lagos de Saliencia y volver a León en el mismo día es un pecado imperdonable. Este paraje natural tiene tantos atractivos que, como mínimo, habría que dedicarle un fin de semana completo. Pero hay tantas cosas que ver que se planifican muchas visitas para tan poco tiempo.

Ya sea dentro del Parque Natural de Somiedo, o en el Parque Natural Las Ubiñas-La Mesa o, incluso, en la Comarca de Babia, hay millones de planes por hacer dentro de un radio kilométrico muy cercano.

El Parque Natural de Somiedo saltó a la fama hace tiempo por la belleza de sus lagos. Pero la realidad es que ofrece un sinfín de posibilidades más allá de esta popular ruta de senderismo. Desde ascensos a picos de 2.000 metros como el Cornón o a los picos Albos, hasta conocer una braña de pastoreo y sus tradicionales cabanas de teito o, incluso, excursiones para observar osos salvajes.

Tras el desayuno nos pusimos en marcha para nuestra primera ruta de senderismo (León, Asturias, Salamanca 2021 (2). Lagos de Saliencia) por la autopista que un día más tarde nos conduciría a nuestro siguiente destino, y que abandonamos nada más transitar por el impresionante puente Ingeniero Carlos Fernández Casado.

Se trata de un puente atirantado que cruza el embalse de Barrios de Luna, inaugurado en 1983, siendo el puente atirantado con el vano más largo del mundo durante algunos años, y también el récord de longitud de un puente atirantado de hormigón pretensado.

El puente fue diseñado por el ingeniero de Caminos Javier Manterola, aunque en reconocimiento a la trayectoria y labor en el mundo de los puentes del también ingeniero español Carlos Fernández Casado (1905–1988), el Ministerio de Obras Públicas decidió que llevase su nombre, originando una cierta confusión sobre la autoría.

Tiene dos pilonas que dividen el puente en tres vanos, dos laterales de 66 metros y uno central de 440. La longitud total del puente son 643 metros y su ancho es de 22 m, con un canto de dos metros y medio.

La carretera nos introdujo en la Comarca de Babia. Has acertado, de aquí viene la expresión estar en Babia.

28 pueblos minúsculos, un pico emblemático, el Peña Ubiña, y un millón de rincones en los que desconectar del estrés y reconectar con la naturaleza. Un lugar que es pura magia.

Tras la ruta y abandonar Somiedo visitamos Riolago, donde se encuentra la Casa del Parque de Babia y Luna.

Comimos en Huergas de Babia, en un agradable jardín con vistas a la comarca.

Una buena manera de despedirse de ella antes del regreso a León.

Tras descansar en el hotel de la intensa caminata volvimos a patear la ciudad.

Nos dirigirnos, de nuevo, al centro de la ciudad, pues queríamos visitar el interior de la Casa Botines, la primera casa de vecinos que construyó Gaudí.

En ella ensayó y utilizó, por vez primera, muchas soluciones estructurales, decorativas y simbólicas que terminarían por convertirse en una constante en su obra, tanto en la planta baja (destinada a albergar los almacenes Fernández y Andrés) como en los pisos superiores (destinados a viviendas).

En abril de 2017, la Fundación Obra Social de Castilla y León decidió recuperar para la sociedad el edificio. Su apertura propició la creación del museo Gaudí Casa Botines, que alberga las ricas colecciones de la Fundación, en concreto su colección de bellas artes ubicada en la tercera planta del edificio.

Salas dedicadas a Goya, Dalí y la Divina Comedia, los antiguos maestros, la pintura costumbrista en España, la reconstrucción de la modernidad, y los autores leoneses contemporáneos, donde por fin pudimos contemplar obras de José Vela Zanetti, cuyo museo en la ciudad encontramos cerrado cuando lo visitamos.

Ya habíamos investigado el número de la casa de la infancia de la Avenida Ordoño II, y hacia ella encaminamos nuestros pasos.

Paseando tranquilamente nos acercamos al convento de San Marcos, uno de los monumentos más importantes del Renacimiento Español.

Su fachada es una perla del plateresco español. Es de un solo lienzo con muro de dos cuerpos y dos pisos, rematado en crestería calada y candeleros. El primer cuerpo posee ventanas de medio punto y pilastras platerescas, el segundo balcones y columnas con balaustradas. En el zócalo se presenta medallones con personajes greco-latinos y de la Historia de España. En el sobre zócalo se representan cabezas de ángeles.

La torre palaciega data del 1711 al 1714. Está decorada con cruz de Santiago y un León y presenta cuatro frisos con entablamento.

La portada y entrada principal tiene dos cuerpos más peineta de estilo plateresco, aunque en el siglo XVIII son añadidos elementos barrocos. En el primer cuerpo hay un gran arco de medio punto con roseta e intradós decorado. La clave es de tipo exaltado representando a San Marcos. Hay medallones con inscripciones bíblicas y un altorrelieve de Santiago triunfante en la batalla de Clavijo. Posee un vano de estilo barroco, con el escudo de armas de Santiago y los del Reino de León.

A la salida la ciudad bullía de gente (viernes tarde-noche). Se trataba, sin duda, de una sensación desconocida y a la vez estresante en esta época de pandemia, todavía lejana a la nueva normalidad.

Intentando buscar un lugar donde tomar algo terminamos de nuevo en la Plaza Mayor, consiguiendo, casi de casualidad sin reserva, una mesa en el Topo Canalla.

Tras la cena nos dirigimos al hotel, pasando de nuevo por los lugares más turísticos de la ciudad, que abandonaríamos a la mañana siguiente. Pero eso ya es parte de otro cuento…

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León, Asturias, Salamanca 2021 (2). Lagos de Saliencia

Llevábamos proyectadas varias rutas de senderismo para el viaje. Poco a poco, aunque nunca ha faltado en nuestros itinerarios, la naturaleza va ocupando más tiempo frente a ciudades, museos… e iglesias.

Los lagos de Saliencia, situados en el corazón del Parque Natural de Somiedo, en el sur de Asturias y casi haciendo frontera con Castilla y León, era la primera de ellas.

Estos cuatro lagos de origen glaciar (Cueva, Calabazosa, Cerveriz y Almagrera) fueron declarados Monumento Natural y forman parte de la Reserva de la Biosfera de Somiedo.

El inicio de la ruta circular por los Lagos de Saliencia se localiza en la carretera SD-1, en el Alto de la Farrapona, justo en el punto fronterizo entre la comunidad asturiana y la provincia de León. Allí esperábamos encontrar una plaza donde estacionar en el aparcamiento desde donde se comienza la caminata. Una recomendación: no llegues muy tarde, o no la encontrarás.

No nos atrevimos a llegar por la parte leonesa, a pesar del evidente menor kilometraje. El trecho de cuatro kilómetros sin asfaltar que separa Torrestío del Alto de la Farrapona no parecía adecuado para un turismo convencional…

Accedimos, por lo tanto, desde el pueblo de Saliencia, ascendiendo los 18,5 kilómetros del Alto de la Farrapona por una carretera que, aunque estrecha, se encuentra en buen estado.

La ruta de los lagos de Saliencia es bastante sencilla de seguir (será difícil que te pierdas y tropieces con algún oso) y, a ratos, agradecida. En otros, te faltará el aliento para salvar los desniveles con los que te encontrarás.

Con una forma similar a un cuenco, el lago de la Cueva se encuentra situado a 1.590 metros de altura completamente encerrado entre empinadas laderas.

Predomina en la zona un paisaje de tonos rojizos, color debido a que en este lugar se encontraba la Mina Santa Rita, rica en óxido de hierro. Quedan restos de las escombreras y hay varios paneles explicativos.

Tras dejar atrás el borde del lago, comienza una exigente subida en zigzag de aproximadamente un kilómetro y medio que nos regala las primeras imágenes panorámicas. Las vistas del lago de la Cueva desde el camino son sublimes.

Poco a poco, vamos ganando altura y, en poco tiempo, se llega hasta el borde del lago Almagrera o lago Mina, el más pequeño de todos y sin agua en esta época del año.

No tarda en aparecer ante nuestros ojos el precioso lago Cerveriz, un lago de aguas más oscuras y rodeado de extensas praderías. De hecho, suele haber ganado pastando por la zona.

Continuamos con la marcha hacia el lugar más bonito de la ruta. Y el camino se estrecha para salir al encuentro del lago Calabazosa, o lago Negro. Una imagen idílica en un entorno ideal para descansar y aprovechar para reponer fuerzas.

Es el de mayor altura de todos ellos y también el de mayor profundidad. Sin embargo, en las zonas menos profundas el agua resplandece con hermosos colores verdes y azules. Una auténtica maravilla para los ojos y los móviles.

El sendero recorre buena parte de la circunferencia del lago, lo que nos permite disfrutar de manera relajada del paisaje.

Tras rodear el lago y remontar un buen desnivel, una de las zonas más exigentes de todo el recorrido, alcanzamos a ver de nuevo el lago de la Cueva. Esta vez, desde una perspectiva diferente.

Desde este margen del lago se alcanza a ver a la perfección los colores amarillos y rojizos de la montaña por la que ascendimos al comienzo.

Una vez se desciende al nivel del agua, toca emprender el regreso, ahora subiendo, por la misma pista por la que comenzamos horas atrás en dirección al aparcamiento.

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