Había que levantarse temprano para hacer el checking out, pues abandonábamos la ciudad del pecado, a la que sólo regresaríamos para tomar el avión que nos trasladaría a San Francisco. En la espera, alguna tuvo tiempo de “matar el gusanillo” y de no irse de Las Vegas sin jugar un dólar en las máquinas del casino.


Con los baúles de la Piquer en los coches pusimos rumbo al que sería para muchos “la joya de la corona” de este viaje, el Parque nacional del Gran Cañón.
Teníamos que estar en el Grand Canyon National Park Airport, en las inmediaciones del parque, a las dos y media, hora de Arizona, y nos separaban 270 millas de nuestro destino, distancia que recorreríamos en algo más de cuatro horas, sin contar paradas.

De hecho, sólo hicimos un par de paradas. La primera, en una gasolinera, donde no repostamos pero sí desayunamos (no había que perder las buenas costumbres). Buena y contundente bollería, por cierto, una buena dosis de azúcar porque, como era habitual, no sabíamos si comeríamos ese día.

Algunos aprovecharon para aprovisionarse de algo de comer, otros para probar fortuna con los MegaMillions de la Arizona Lottery y Jose para comprarse el gorro oficial del viaje, el de la “Route 66”. Al otro Jose y a Moisés les faltó tiempo para copiar la idea. Lo cierto es que fue un acierto, para las gélidas temperaturas que nos recibirían en el cañón.
Mientras tomábamos el desayuno, en la calle, resguardados por el edificio de la gasolinera, bautizamos a May con el sobrenombre de “Barbie Grand Canyon”, que ya no dejaría a lo largo del viaje, aunque cambiara de apellidos según el escenario. El estreno se produjo en compañía del “diablo sobre ruedas”.


La siguiente parada fue para repostar, en Seligman, un lugar fundamental de la mítica ruta 66. De hecho, toda la ciudad es un museo de la que fue la principal ruta motera hacia California. No estaría mal como próximo destino…

Llegamos al helipuerto con tiempo más que suficiente después de un viaje raudo y veloz por la US-93 S primero y la I-40 E después. Cuando llegaron Ana, Alberto, Arturo y Jose recibimos las pertinentes nociones de seguridad y nos dispusimos a sobrevolar el Gran Cañón del río Colorado.


Tras despegar del aeropuerto del Gran Cañón en Tusayan, Arizona, realizamos una espectacular visita en helicóptero de unos treinta minutos de duración.



Tras recorrer el Bosque Nacional de Kaibab nos adentramos en la parte más profunda y ancha del Gran Cañón, su región central, donde la geografía alcanza su diversidad máxima, con una anchura cercana a los 18 kilómetros y una profundidad de casi 1,6 kilómetros.



Disfrutamos de unas vistas impresionantes del poderoso río Colorado de camino hacia el Borde Norte del cañón.





En el camino de vuelta por Dragon Corridor, vimos Tower of Ra y Vishnu Schist, antes de aterrizar de nuevo en el helipuerto.




Ya en tierra, entramos en el parque nacional y nos dirigimos a los dos lugares de alojamiento, en Grand Canyon Village, Bright Angel Lodge (9 Village Loop Drive, Grand Canyon Village) y Maswik Lodge South Hotel (202 Village Loop Drive, Grand Canyon Village).
Después de hacer el ckecking in contactamos con Lali por teléfono, pues el grupo formado por ella, Carmen, Lucía y Moisés se había adelantado mientras volábamos y disfrutaba ya de las espectaculares vistas del cañón. De hecho, esperaban el atardecer en Hopi Point, y hacia allá nos dirigimos.





Durante las siguientes horas nos paramos muchas veces en el borde del cañón para maravillarnos con sus vistas. Para muchos, su magnitud y su belleza nos humillan. Su eternidad contrasta inevitablemente con nuestra breve existencia. En sus espacios infinitos, muchos encuentran el consuelo para sus agitadas vidas.






El Gran Cañón que estos días visitamos es un regalo recibido de las generaciones pasadas. Teníamos el tiempo justo para disfrutar de este regalo, para sentarnos y observar los cambiantes juegos de luces y sombras, para sentir la luz del sol y el viento en nuestro rostro, para saborear el atardecer y el amanecer.

Nos encontrábamos en South Rim, abierto todo el año, en la época del año con menos visitantes (de noviembre a febrero) por el clima del invierno. El North Rim (abierto desde mediados de mayo hasta mediados de octubre, si las condiciones del tiempo lo permiten) se encuentra a 215 millas (350 km) del Extremo sur, y queda pendiente para nuestra próxima escapada a este maravilloso rincón del mundo.
El Extremo sur tiene una altura promedio de 7.546 pies (2.300 m) sobre el nivel del mar, mientras que el Extremo norte alcanza una altura superior a los 8,858 pies (2,700 m). El río de Colorado, que talló al Gran Cañón, describe su curso unos 4.921 pies (1.500 m) debajo del Extremo sur. Debido a la profundidad del Gran Cañón, el río sólo puede ser visto desde algunos puntos panorámicos.


Para muchas personas, una visita al Grand Canyon es una oportunidad singular en la vida. Para nosotros lo fue, sin duda.





No se puede explicar con palabras la experiencia de ver atardecer en Hopi Point. Tampoco las fotografías que tomamos recogen la inmensidad del paisaje ni la magia del momento. Si lees estas líneas, no podemos hacer otra cosa que recomendarte encarecidamente que no pierdas la ocasión de vivir esta experiencia.


A pesar de la baja temperatura, que helaba nuestras manos, disfrutamos del momento como se merecía, extasiados tras ver el sol ponerse tras el Grand Canyon y las paredes incendiadas en un mar de rojos, uno de esos momentos de tanta belleza que se te quedan grabados en la retina y que repetirías una y mil veces.


De vuelta al hotel nos encontramos una sorpresa en medio de la carretera, un enorme alce (un elk, que no es lo mismo que un moose, un alce todavía más grande).

Tras las fotos de rigor quedamos para cenar todos juntos en el restaurante del Lodge donde, atendidos por Brenda, hicimos la comida del día para pasar después al Lounge para escuchar algo de música y tomarnos una copa, algunos, mientras otros pensaban ya más en el merecido descanso después de esta emocionante jornada.
Elegimos para esta entrada una película de los Hermanos Coen de 1987, “Arizona Baby”, con Holly Hunter y Nicolas Cage en los papeles protagonistas, una tierna y enloquecida road movie que recordaba nuestro road trip.
Podríamos haber optado por “Thelma & Louise”, pero resulta que la mítica escena final, aunque pueda parecer que se realizó en el Gran Cañón, no fue así, pues se hizo en Dead Horse Point, un pequeño cañón próximo a Moab.


























































































































































































































































































