Burgos 2011 (4)

Decidimos regresar al centro en trasporte público. Una vez en las inmediaciones del río Arlanzón contemplamos algún edificio digno de admiración.

Caminando por el Paseo del Espolón llegamos al Arco de Santa María.

Esta antigua puerta de la muralla de la ciudad se ornamentó en el siglo XVI con estatuas de personales ilustres locales para conmemorar la visita del rey Carlos V, representado en el centro del conjunto escultórico.

Hoy, este arco, cuyas salas y museo de farmacia se encuentran abiertas al público, nos ha recibido como visitantes de la ciudad y atravesándolo hemos podido disfrutar de una de las mas bellas vistas de la Catedral.

Pero antes había que descansar del ajetreado día a la sombra de los frondosos árboles del Paseo del Espolón. Tras el descanso, volvimos a visitar los alrededores de la Catedral, con el impresionante repiqueo de sus campanas anunciando la hora del Rosario y de las preces.

Antes de volver al hotel teníamos pendiente una nueva visita a la Casa del Cordón para contemplar la exposición «Egipto. Arte para la eternidad«, que recoge a través de más de cien piezas la experiencia vital de esta cultura tan enigmática.

Por la noche volvimos al centro con la intención de tomarnos unos «pecaditos» a los que May ya les había echado el ojo la noche anterior. Acompañados de un par de cañas hicieron las veces de una cena perfecta. Paseo tranquilo hacia el hotel y, como quien dice, fin de nuestra estancia en Burgos. A la mañana siguiente había que salir temprano para estar a tiempo en Madrid de visitar la exposición de Antonio López.

Sin duda, corto en el tiempo pero intenso este «viaje a la evolución«…

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Burgos 2011 (3)

Nuestra visita a Burgos nos permitió, además de visitar los yacimientos de Atapuerca, contemplar el Museo de la Evolución Humana, ubicado en el centro de la capital (justo enfrente de nuestro hotel) en un edificio de 15.000 m2 de nueva planta, obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, que ha ideado una capa de luz y de transparencia para albergar un espacio que invita a adentrarse en él y a dejarse atrapar por el reto de la evolución humana.

La evocación del paisaje de la Sierra de Atapuerca queda patente en el exterior y en el interior del edificio, de manera que su arquitectura se vincula estrechamente al territorio y a la naturaleza, marco referencial de toda la vida y depositaria del conocimiento sobre nuestra evolución.

La narración museística de la evolución humana, basados en datos científicos que aportan muy diversas disciplinas, se presenta con un enfoque dinámico y abierto, muy didáctico, sin duda alguna. El reto principal del museo ha residido en traducir el conocimiento científico sobre la evolución humana en un discurso riguroso pero asequible, en una experiencia única, emocionante e impactante, pero también reflexiva acerca del futuro del hombre y de su entorno.

Todo el Museo está enmarcado dentro de un ambiente que recuerda nuestra presencia en la Tierra, recreando los cambios de clima y de vegetación para transmitirnos la necesidad de mantener el medio físico.

La Planta -1 del Museo está dedicada a la Sierra de Atapuerca y a su especial ecosistema, que conservan un registro arqueológico y paleontológico continuo que abarca el último millón de años. En ella se muestran el medio físico, el sistema cavernario y los sitios existentes a cielo abierto así como el trabajo que realiza el equipo investigador.

Existe un lugar preferente para los restos fósiles más emblemáticos: la cara de Homo antecessor, el cráneo completo y la cadera de Homo heildelbergensis; sus herramientas de piedra, restos de grandes mamíferos, los adornos de Homo sapiens y otras piezas que constituyen el gran legado de la Sierra de Atapuerca. La vedad es que, después de la visita a los yacimientos, uno se espera bastantes más restos de los famosos 29 individuos hallados en la Sima de los Huesos.

Las otras tres plantas se dedican a la evolución en términos biológicos, a la evolución en términos culturales (homonización y humanización) y a los ecosistemas de la evolución.

Cuando abandonamos el museo era hora de comer. Nos decidimos por hacerlo en el restaurante del hotel. La elección fue un éxito. Excelente comida y buen servicio a un precio muy a tener en cuenta. Para repetir.

Tras cambiarnos de ropa iniciamos un «caluroso» paseo hasta el Monasterio de Santa María la Real de Huelgas, fundado por Alfonso VIII de Castilla y su esposa Leonor de Plantagenet como panteón real.

Destaca en él su claustro tardorrománico de las «Claustrillas», la grandiosa iglesia monacal, su elegante Sala Capitular, así como la sorprendente capilla almohade de la Asunción y la capilla mudéjar de Santiago.

En su interior se celebraron solemnes ceremonias de coronación y de armamento de caballeros. Pero si hay algo que destaca en este monasterio es su museo de Telas Medievales, considerado uno de los mejores de Europa, que muestra un conjunto de bellos tejidos medievales y que custodia el Pendón de las Navas de Tolosa.

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Burgos 2011 (2)

Bien descansados (el Hotel Silken Gran Teatro de Burgos resultó bastante confortable en este aspecto) iniciamos nuestro segundo día de viaje. Teníamos el tiempo justo de vestirnos, tomar un café y dar una vuelta por las inmediaciones de la Cartuja de Miraflores (entre esta y el Monasterio de Santa María la Real de Huelgas optamos por esta segunda) antes de dirigirnos a Ibeas de Juarros, inicio de nuestra visita a los yacimientos de la Sierra de Atapuerca.

La Cartuja de Miraflores, Panteón Real de los padres de la reina Isabel la Católica, guarda en su interior uno de los mejores conjuntos funerarios góticos de Europa y un espectacular retablo. En esta ocasión nos tuvimos que contentar con ver su exterior y disfrutar brevemente del parque de Fuentes Blancas que lo rodea.

La «Sta. Garmín» nos condujo a Ibeas de Juarros. Desde aquí, un autobús nos llevó a la Sierra de Atapuerca junto con un guía que nos explicó los descubrimientos realizados en las excavaciones y el trabajo de los investigadores. La excavación a finales del siglo XIX de una trinchera en la ladera oeste de la sierra de Atapuerca para el paso de un ferrocarril minero permitió el descubrimiento de algunos de los yacimientos más conocidos en la actualidad (cuevas de la Gran Dolina, la Galería y la Sima del Elefante). El profundo tajo realizado en la sierra dejó al descubierto diferentes cavidades del karst, algunas totalmente colmatadas por sedimentos. Una parte de los yacimientos desapareció con esta monumental obra de ingeniería, pero gracias a ella conocemos hoy día unos yacimientos excepcionales que hubieran pasados inadvertidos para la ciencia.

El yacimiento de la Galería está situado en la trinchera del ferrocarril, fue el primer yacimiento excavado de forma sistemática de los de dentro de la trinchera. Se trata de una galería subterránea que se abre al exterior por una chimenea en forma de sima.

La entrada parece que se encontraba en la zona izquierda, conocida como Covacha de los Zarpazos. El hundimiento del techo de la galería fue lo que formó la chimenea convirtiéndose en una trampa natural donde caían numerosos animales que luego aprovechados por los humanos (probablemente los cazadores) y otros carnívoros.

Los depósitos de Galería abarcan una cronología de entre 200.000 y 400.000 años y se han identificado cinco fases sedimentarias, con presencia humana intensa en la tercera de ellas. En esta fase se han localizado hasta 13 suelos distintos de ocupación humana en los que se han hallado numerosas herramientas líticas del modo 2 (Achelense) con restos de ciervos, caballos, bisontes y rinocerontes. En los huesos de animales hallados hay marcas de dientes de osos, leones, zorros y linces.También se ha encontrado un fragmento de cráneo perteneciente a Homo heidelbergensis.

El yacimiento de la Gran Dolina se ubica en el interior de la trinchera del ferrocarril y es el más conocido, no en vano en él aparecieron los primeros restos de la especie Homo antecessor, el último ancestro común del linaje que dio lugar a los neandertales por un lado, y el que culminó con nuestra especie. Tiene 18 metros de sedimentos que recorren una secuencia temporal que va desde hace un millón de años hasta hace 200.000 años.

En los niveles inferiores se han encontrado restos de animales carnívoros, como el tigre de dientes de sable y la hiena manchada (ambos en su registro más antiguo de Europa) así como una nueva especie de oso, antecesor del oso de la cavernas, que ha sido bautizado como Ursus dolinensis, en referencia a su lugar de descubrimiento. Se han encontrado útiles de piedra del modo 1 lítico al igual que en la base de la Sima del elefante con antigüedad de un millón de años.

En 1994 los restos de lo que se describiría después como una nueva especie humana, el Homo antecessor, uno de los pobladores más antiguos de Europa y proveniente de África. El estudio de los huesos de este hallazgo reveló huellas de cortes hechos por una herramienta humana, es decir, se determinó que estos antiguos habitantes de la Gran Dolina practicaban el canibalismo. Se han seguido hallando restos de Homo antecessor que confirman la importancia y riqueza de este yacimiento y también se han descubierto nuevas especies de animales en sus sedimentos, tales como la especie de oso Ursus dolinensis y la musaraña Dolinasorex glyphodon.

El yacimiento de la Sima del Elefante sólo pudimos observarlo desde arriba y no desde la Trinchera del Ferrocarril, por estar trabajando en él. Constituye una galería kárstica de más de 15 metros de altura y 18 metros de anchura máxima. Es una cueva colmatada de sedimentos, que quedó descubierta cuando se hizo la trinchera a finales del siglo XIX, quedando afloramientos de sedimentos en ambas paredes, siendo los situados en la pared este sobre los que se desarrollan las investigaciones. Su nombre se debe a la aparición en 2001 de unos fósiles que fueron inicialmente atribuidos a elefantes, aunque investigaciones posteriores demostraron que pertenecían a rinocerontes. Sin embargo, en campañas posteriores se descubrió un astrágalo que sí pertenecía a un elefante, confirmándose la presencia de estos animales en sus depósitos fosilíferos.

Es el yacimiento de la trinchera que más tarde se ha empezado a excavar de una forma sistemática. Los 21 metros de potencia de sedimentos que tiene abarcan todo el periodo de ocupación humana de la sierra correspondiente al Pleistoceno. Sus niveles inferiores son los más antiguos de toda la sierra (están próximos al subcron paleomagnético Jaramillo)-, y se encuentran situados incluso 3,5 metros por debajo del nivel actual de la trinchera, con una edad superior al millón de años (Pleistoceno Inferior). En estos niveles se han hallado restos de fauna acompañados de instrumentos líticos, demostrando la presencia de homínidos en una época anterior en la que vivió Homo antecessor de Gran Dolina (unos 780.000 años). Además, en algunos restos óseos de animales, se han encontrado marcas de corte producidas por el contacto del instrumento lítico y el huesos en el momento de la descarnación, por lo que se puede inferir ciertos aspectos de la alimentación de aquellos homínidos. Por otro lado, en los niveles superiores, han aparecido instrumentos líticos del tipo Musteriense o modo 3, asociados a neanderthales, junto con fósiles de caballos y ciervos.

En marzo de 2008 se dieron a conocer nuevos restos de Homo antecessor, hallados en este yacimiento; parte de una mandíbula de un individuo de unos 20 años y 32 herramientas de sílex de tipo olduvayense datados en 1,2 millones de años de antigüedad, mucho más antiguos que los restos originales de Gran Dolina, lo que hace retroceder considerablemente la presencia de homínidos en Europa.

La visita no incluyó el yacimiento de la Sima de los Huesos, una pequeña cámara situada en la base de un pozo de 13 metros de profundidad que se halla en la parte más profunda de la cueva Cueva Mayor. En él se han encontrado una gran cantidad de huesos de animales y humanos. Los sedimentos de este lugar datan de hace más de 530.000 años, es decir del Pleistoceno medio, y están magníficamente conservados.

Lo que hace importante este yacimiento es la gran cantidad de restos humanos encontrados, más de 5.000 fósiles, que pertenecen a un grupo de unos 30 individuos de la especie Homo heidelbergensis (considerado el ancestro del Homo neanderthalensis) de todas las edades y sexos. Estos restos representan más del 90 % de los fósiles humanos recuperados para el Pleistoceno Medio de todo el mundo.

Finalizada la visita y de vuelta a Ibeas de Juarros, tomamos el coche para dirigirnos al pueblo de Atapuerca, donde se localiza el Centro de Recepción de Visitantes de Atapuerca y, junto a él, el Parque Arqueológico. Noticias recibidas de Murcia hicieron que anuláramos la visita a este último y regresáramos a Burgos. Las explicaciones de nuestra guía habían avivado nuestro interés por ver el Museo de la Evolución Humana tras no haberlo conseguido la tarde anterior. Teníamos tiempo de verlo antes de comer…

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Burgos 2011 (1)

Si hace cuatro años nos escapamos unos días a Barcelona coincidiendo con el campamento de ASTRADE (para ver la ciudad y visitar a nuestro buen amigo Valentín), hace tres nos atrevimos con un viaje a París aprovechando la estancia de Sara en Fundamifp, hace dos visitamos Roma en compañía de Iku y Valentín y el año pasado nuestro destino fue Londres, las circunstancias familiares de este año han estado a punto de impedir que saliéramos aunque fuera un par de días de nuestra querida región. Al final, y tras darle muchas vueltas, decidimos pasar un par de días en la ciudad de Burgos aprovechando para visitar los yacimientos de Atapuerca y contemplar la exposición de Antonio López en el Museo Museo Thyssen-Bornemisza.

Todo estaba preparado desde la noche anterior. A primera hora del miércoles, 10 de agosto, partimos en coche hacia Madrid, nuestra primera parada. Y casi lo fue, porque a duras penas May consiguió que parara a menos de cien kilómetros de la capital para tomar un café. La primera anécdota del viaje fue la «Señorita Garmin», que nos acompañó en este viaje. Era la primera vez que utilizábamos un navegador para viajar y la valoración es bastante positiva, sobre todo para moverte por ciudades (y para estar avisado de posibles radares, no hay que olvidarlo).

Antes de las once y media estábamos en la puerta del museo dispuestos a sacar nuestras entradas pero nos llevamos la desagradable sorpresa de que ya no quedaban para esa mañana (el hecho de que cerraran el lunes hizo que no tuviéramos la precaución de sacarlas por adelantado). En vez de sacarlas para esa tarde decidimos hacerlo para el viernes, a media mañana, lo que hacía que tuviéramos que cambiar nuestra planificación sobre la marcha.

Otra vez en ruta, con destino hacia El Burgo de Osma-Ciudad de Osma, municipio de la provincia de Soria, situado en la comarca de Tierras del Burgo.

La Ciudad de Osma es el núcleo histórico altomedieval, mientras que El Burgo de Osma es la villa aledaña, declarada Villa de Interés Turístico en 1962 y Conjunto Histórico-Artístico en 1993. Ambos tienen su origen en la vieja Uxama de los arévacos primero y de los romanos después, cuyos restos se encuentran en el cerro Castro, a un kilómetro de El Burgo.

La riqueza monumental de esta villa episcopal es enorme. Antiguo feudo de la Iglesia, reviste un interés especial al armonizar (como sus tres edades: la celtíbera, la romana y la medieval) otros tres elementos: la arquitectura, que remite sin cesar a lo eclesiástico, (escudos de mitrados se encuentran por toda ella); la castellanía, como demuestran los soportales y los mercados (donde aún se celebran importantes ferias y mantienen vivo el día de mercado) y la riqueza fertilizante de las tres vegas que la cruzan: las de los ríos Duero, Ucero y Abión.

De la mano del obispo restaurador de la diócesis, San Pedro de Osma, en el año 1101, tras la invasión musulmana y sobre los restos del monasterio visigótico de San Miguel, nació esta villa y se rigió la espléndida Catedral gótica, con restos de románico y torre barroca.

Pero lo realmente importante en El Burgo es patear la calle. algo fundamental para oír el latido de un lugar, callejear, perderse por los minúsculos recodos; recorrer los rincones de La Plaza Mayor y observar los vaivenes tranquilos o presurosos de aquellos que la cruzan; caminar bajo los soportales hasta la puerta de San Miguel, que se abre sobre el río Ucero, único resto que queda del recinto murado que tuvo la villa… y comer, que ya era hora.

El sitio estaba elegido de antemano y no nos defraudó. Comimos en el Restaurante Virrey Palafox («la catedral del buen comer»). Si la comida y el vino de la tierra hacen honor a su fama, me quedo con los postres, exquisitos. Un café y, sin solución de continuidad, hacia Burgos, acompañándonos en nuestro recorrido el río Duero hasta Aranda de Duero y a partir de ahí las obras de la N-I hasta la ciudad castellana.

La idea era visitar esa misma tarde el Museo de la Evolución Humana, pero el garaje de la Tesorería de la Seguridad Social en primera instancia y el del propio hotel en segunda lo impidieron. Una vez instalados y tras llegar tarde al último pase del museo, decidimos empezar la visita a la ciudad. Cruzando el conjunto escultórico del puente de San Pablo llegamos a la plaza de Mío Cid, donde se alza la estatua ecuestre del Cid cuya figura alcanza categoría de mito gracias a la pluma de escritores y juglares.

A continuación llegamos a la Plaza Mayor y pasando bajo la casa Consistorial mediante un paso porticado accedimos al paseo del Espolón. Merece la pena recorrer tranquilamente todo su trayecto disfrutando de la singularidad de sus jardines, de sus numerosos árboles y espacios sombreados, así como de los edificios históricos que se levantan en él.

El siguiente destino era la Catedral de Burgos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984 y uno de los primeros ejemplos del arte gótico en España. Disfrutamos de su exterior rodeando su permímetro. De la plaza del Rey San Fernando subimos a la Plaza de Santa María para contemplar su imponente facha principal y sus agujas tan características. En la subida hacia la calle Fernán González un mirador nos permitió contemplar la grandiosidad del templo. El final de la escalinata nos condujo a la puerta de la Iglesia de San Nicolás de Bari, cuyo retablo pétreo mereció la visita de May, aunque era hora de culto. Otros dos miradores, uno junto al Palacio de Castilfalé, desde el cual se observa el bello conjunto de agujas y la filigrana de cimborrio y otro un poco más abajo nos permitió contemplar la capilla de los COndestables y la puerta de la Pellejería.

La Catedral encierra tantas capillas y tesoros que es difícil enumerar en un listado breve. En nuestro «breve paseo» por su interior admiramos la belleza del retablo Mayor, el crucero y el cimborrio, el coro y la capilla de Santa Tecla, así como la originalidad de la escalera dorada.

Tomamos la calle de la Paloma para seguir conociendo la ciudad, llegando hasta el Palacio de Capitanía. Posteriormente nuestros pasos nos llevaron hasta la plaza de la Libertad, en la que se halla la Casa del Cordón, de finales del siglo XV, que debe su nombre al cordón franciscano que recorre su fachada principal. Sirvió de lugar de alojamiento para reyes e infantes y escenario de visitas como la de Colón a su regreso de segundo viaje a América, y de un suceso tan luctuoso como el fallecimiento de Felipe el Hermoso en 1506.

Un agua mineral en la plaza para descansar un momento y al hotel. La idea era salir de noche a tomar algo, pero la suculenta comida quitaba un poco las ganas. De nuevo en la calle nos dirigimos de nuevo al entorno de la Catedral, que mantiene su primitivo encanto medieval. Su carácter peatonal invita a pasear de forma tranquila y a disfrutar de sus calles. Una de ellas, que confuye en la Plaza Mayor, invitaba al tapeo. Y no lo dudamos. Si parte de la planificación del viaje pasaba por tomar algo esa noche en el Mesón Burgos, cumplimos las expectativas y no nos quedamos sin probar sus famosas patatas bravas, acompañadas de las correspondientes cañas.

El día tocaba a su fin. De vuelta al hotel llegamos hasta el Arco de San Juan, antigua puerta de la muralla que da entrada al centro histórico a los peregrinos que llegan a Burgos. Por último, contemplamos la plaza de San Juan configurada por lo que fuera un monasterio, un antiguo hospital y una iglesia.

Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca esperaban al día siguiente…

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Londres 2010 (y 9)

Amanecía nuestro último día en Londres. El traslado a Heathrow nos obligaba a estar en el hotel a las 12:30 horas. Queda tiempo para una última escapada. Tras adelantar la visita a Harrods nos decidimos por el Natural History Museum. Pero antes había que recoger, desayunar y dejar el equipaje en consigna.

Las nubes hacían su acto de aparición para despedirnos. Como ya era costumbre, nos dirigimos a la estación de Bayswater para coger el metro en dirección de Kensington. Un laberinto de pasadizos subterráneos nos dejaron a las puertas del museo, que alberga una asombrosa colección de hasta 69 millones de ejemplares.

El museo de historia natural fue construido entre 1873 y 1880 para albergar la creciente colección de esqueletos, plantas y fósiles que constituían una sección del Museo Británico. Legalmente el museo de historia natural permaneció como parte del Museo Británico hasta 1963. En 1986 absorbió el cercano Museo geológico adquiriendo el nombre oficial de The Natural History Museum.

Además del contenido del museo, es digno de mención el propio edificio que lo contiene. Fue diseñado por el arquitecto Alfred Waterhouse, que logró una estructura similar a la de una catedral. Su gran salón central impresiona. En él se pueden contemplar esqueletos de diferentes dinosaurios, en particular, un enorme diplodocus que domina la entrada al edificio además de un mastodonte encontrado en la Laguna de Tagua Tagua, Chile.

Una estatua de Charles Darwin preside este inmenso salón desde el descanso de la escalera que conduce a las plantas superiores del museo.

Sin ser el British Museum o la National Gallery, tampoco puede pretenderse visitar concienzudamente este museo en un rato. Por ello intentamos ver aquello que más podía llamar nuestra atención. Impresionante la colección de minerales, por ejemplo. El sueño de cualquier geólogo…

También es sorprendente la exposición dedicada a los dinosaurios, en la que encontramos desde esqueletos completos hasta recreaciones de dinosaurios a tamaño real. Lástima que estuvieran «operando» al Tiranosaurio Rex y no pudiéramos acceder a las pasarelas elevadas.

En las salas de la biodiversidad pudimos ver tanto mamíferos (disecados o recreaciones) como fósiles. Preside la sala principal un modelo de ballena azul a tamaño real (28 metros).

¡Sorpresa! Cuando salíamos del museo estaba lloviendo. Parecía imposible que nos fuéramos de Londres sin ver la lluvia, pues el pronóstico para los días de nuestra estancia en la ciudad decía todo lo contrario. La cercanía del metro evitó que nos caláramos hasta los huesos. Tampoco era plan de estar todo el día con la ropa húmeda. Era el momento de regresar al hotel y esperar el traslado al aeropuerto leyendo la prensa.

Puntual a su cita, nuestro transporte nos hizo un «pequeño» recorrido turístico por el Londres que no habíamos pateado de camino al aeropuerto, atravesando incluso Chelsea. Llegamos a Heathrow después de las 14’00 horas, con el tiempo justo para facturar… y no poder comer. El embarque se produjo con retraso, al igual que el despegue. Volveríamos a tener problemas con la escala en Barajas… pero no nos imaginábamos que tantos, pues la aproximación a Madrid fue más larga de lo esperado (los famosos controladores, supongo).

Cuando conseguimos salir del avión que nos traía de Londres faltaban cinco minutos para que partiera el que nos debía llevar a Alicante. Tuvimos que pasar el control de pasaportes y recorrernos toda la T4 a la carrera. La verdad, en esos cinco minutos estuve convencido de que perdíamos el vuelo. Pero no fue así. Tanto nosotros como la maleta facturada en Heathrow llegamos a Alicante con una media hora de retraso después de tener que esperar un buen rato para que el avión entrara en la pista de despegue.

Juan Carlos nos esperaba para llevarnos a casa, donde preparamos una buena cena antes de descansar. Nuestro viaje a Londres había finalizado. Y había merecido, y mucho, la pena.

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Londres 2010 (8)

Decididamente, la idea de regresar al hotel había sido muy buena. Cuando salimos nos dirigimos a un pub en la esquina de Queensway con Porchester Gardens por el que pasábamos todos los días de camino al metro y de vuelta al hotel. Pero antes había que cenar (y menos mal que lo hicimos, y bien, porque no sabíamos lo que nos esperaba el día siguiente…).

Un Scotch steak house parecía el lugar perfecto para hacerlo. Desde antes de partir May no paraba de comentarme que no comeríamos otra cosa que el tradicional «fish and chips«… y yo todavía no lo había probado (y me quedaría sin hacerlo). A la vista de la carta, y siendo consciente de que me atrae más la tierra firme que el mar, me decanté por un suculento filete de vacuno (well-done) con su correspondiente guarnición. May sí que cumplió y tomó el dichoso fish and chips.

La cerveza comenzaba a hacer su efecto (allí no me atrevía a pedirla «sin alcohol»). La foto es buena prueba de ello…

Tras la cena, al Prince Alfred. Apetecía otra cervezota en un agradable ambiente, en buena compañía y con la tranquilidad que proporcionaba el ambiente que se respiraba en el pub. Repaso a las fotos del día y comentarios de los lugares visitados y de lo que habíamos dejado en el tintero para otra ocasión. 

¡Qué mejor manera de terminar otro intenso día en Londres! El viaje se acercaba a su fin…

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Londres 2010 (7)

A pesar de la hora, Trafalgar Square era un auténtico hervidero de gente. Esta plaza fue diseñada en 1820 como monumento al almirante Horatio Nelson, héroe británico cuya estatua (tres veces su tamaño real) está sobre una columna de 52 metros.

Los relieves de la base de la columna describen cuatro de sus mayores victorias navales, de las que la más conocida es la de la Batalla de Trafalgar, que tuvo lugar en 1805 contra los aliados Francia y España y en la que perdió la vida el almirante Nelson.

Al norte de la plaza se encuentra la National Gallery de Londres, el museo estatal de pintura del Reino Unido, albergado en un precioso edificio de estilo neoclásico. Sin duda, su colección es una de las más importantes del mundo.

La National Gallery abre en el año 1838 con una pequeña colección. A partir de ahí añade las colecciones reales y numerosas adquisiciones italianas, flamencas o francesas. Con el aumento de los fondos, en el museo se llevan a cabo varias ampliaciones. Entre ellas destacan la primera de 1975; y la de 1991, la última, en la cual se creó el ala Sainsbury, que acoge la colección de pintura italiana (la más grande fuera de Italia).

La colección del museo abarca todos los estilos y artistas. Del Gótico y Renacimiento el museo cuenta con una de las mejores colecciones del mundo. De este período destacan: Matrimonio Arnolfini de Van Eyck, La Virgen de las Rocas de Leonardo da Vinci, La Sepultura de Miguel Ángel, El Bautismo de Piero della Francesca, Los Embajadores de Hans Holbein, Baco y Ariadna de Tiziano y el inigualable Retrato del Dux Leonardo Loredan de Giovanni Bellini.

Me entretuve más de lo que acostumbro en el retrato a tamaño real de Jean de Dinteville y George de Selve (Los embajadores), un cuadro lleno de simbología y alusiones que tienen como principal objetivo subrayar la naturaleza efímera de la vida terrenal. Un objeto misterioso, en primer plano, entre los embajadores, llamó poderosamente mi atención: un ingenioso efecto óptico de algo que parece ser simplemente un disco blanco, pero que desde el extremo derecho del cuadro (incluso una marca señala en el suelo la posición correcta desde la que observarlo) resulta ser una calavera.

Del Barroco, Rococó, Neoclásico y Romanticismo se pueden encontrar obras como Cena en Emaús de Caravaggio, la Venus del Espejo de Velázquez, Dama tocando el virginal de pie de Vermeer, Sr. y Sra. Andrews de Gainsborough, El carro de heno de Constable y El Temerario remolcado al dique seco de Turner.

Por último en la colección encontramos obras del Realismo y el Impresionismo. Las más importantes son Los Bañistas de Seurat, La Grandes Bañistas de Cézanne y Los Girasoles de Van Gogh.

May y yo creíamos (de hecho, hasta juraríamos que lo habíamos leído en alguna guía de las que consultamos antes del viaje) que ese día, miércoles, la galería cerraba sus puertas a las 20’30 horas. Pero a las seis tuvimos que abandonarla dejando bastantes salas sin ver y muchas obras maestras sin contemplar. No pasa nada, se apunta otra visita para el próximo viaje a Londres…

Cuando salimos la tarde era espléndida, con un sol radiante. Nos dispusimos a visitar St. Martin-in-the-Fields, una encantadora iglesia famosa por sus conciertos, que se encuentra al norte de la plaza, pero nos fue imposible. Aprovechamos para tomarnos una buena pinta en un pintoresco pub de la zona, pues esa parecía ser la costumbre de los londinenses cuando salían del trabajo.

Aunque teníamos previsto visitar Harrods a la mañana siguiente, decidimos adelantar la visita. Volvimos al metro (nos estábamos acostumbrando tanto a patear la ciudad que nuestra one day travelcard empezaba a resultar poco rentable) y encaminamos nuestros pasos hacia este establecimiento comercial, toda una institución en Londres.

Entre el bullicio, unos haciendo sus habituales compras y otros como meros turistas, disfrutamos del departamento de alimentación, donde la comida parece un auténtico objeto de lujo. Y, hablando de lujo, qué decir del departamento de alta joyería. Creo que nunca ví tanto diamante junto. La verdad es que en Tyfanis nos atendieron muy amablemente…

Decidimos volver al hotel antes de cenar. Paseamos por Brompton Road hasta una parada de metro situada enfrente del Victoria and Albert Museum y, tras abandonarlo de nuevo en Bayswater, fuimos a descansar un rato.

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Londres 2010 (6)

Tras salir de la abadía y hacer algunas compras nos dirigjmos a Houses of Parliament, las Casas del Parlamento, sede del gobierno del país en la que May quería entrar a toda costa (queda pendiente para la próxima visita, aunque antes habrá que conseguir un escaño en la Cámara de los Comunes…).

Una llamada desde Murcia propició algún nubarrón sobre nuestras cabezas, pero todo quedó en un buen susto. Nada que no pueda arreglarse con un poquito de carmín… 

Reconstruído en gran parte en el siglo XIX tras un incendio, Victoria Tower (102 m de altura) se encuentra en un extremo y la torre del Big Ben (98 m de altura) en el otro.

En el sentido más estricto, Big Ben es el nombre de la campana del reloj, de 13 toneladas, y no el de la torre. No está claro cómo surgió este nombre (puede que la campana se llamara así en honor al campeón de boxeo de pesos pesados Benjamin Caunt, o al inspector de obras, sir Benjamin Hall, que supervisó su instalación).

Cruzamos Westminster bridge hasta la margen sur del Támesis para tener las mejores vistas. Actualmente este puente (construído en 1862) es uno de los treinta que cruzan el río, pero en 1750 era sólo el segundo, construido tras el London brigde.

Tras cruzar el puente y hacer las fotos de rigor giramos a la izquierda y empezamos a pasear por la margen sur del río. Contemplamos Country Hall, antigua sede del Ayuntamiento de Londres, convertido hoy en un inmenso complejo de ocio que alberga el London Aquarium, el Dalí Universe, la Satachi Gallery y las taquillas de British Airways London Eye.

Habíamos intentado reservar las entradas desde casa el fin de semana previo a nuestra marcha sin conseguirlo, aunque los rumores de las extrañas bajas de los controladores aéreos que circulaban por los medios de comunicación también nos habían enfriado bastante (más a mí que a May, que incluso quería entrada vip con copa de champán francés). De todas formas, intentamos acercarnos a la taquilla y, efectivamente, la inmensa cola y el tiempo que había pasado desde el desayuno nos convencieron de que también debería quedar para nuestra próxima visita (tendré que escribir un post al final sólo para recordar todo lo que nos quedamos sin ver en condiciones…)

El paseo por la orilla del río era muy agradable. El tiempo acompañaba (¿quién dice que Londres es una ciudad oscura y lluviosa?) Pero había que comer. Regresamos a la margen norte cruzando el Golden jubilee bridge, que desemboca en la moderna estación de Charing Cross, y subimos por Northumberland Avenue en dirección a Trafalgar Square.

A pocos metros encontramos un coqueto italiano con muy buena pinta y un buen horno a pleno funcionamiento que nos terminó de convencer de que era hora de comer. Dimos cumplida cuenta de una Ensalada César con pollo, unos riquísimos spaguetti bolognesa y una sabrosísima pizza napolitana, bien regada con Peroni (en recuerdo a nuestra primera noche en Roma) y San Pellegrino.

Una buena comida, una grata compañía, un merecido descanso, un café (dejémoslo así, lo del café). Teníamos toda la tarde por delante y nuestro próximo destino, la National Gallery, a tiro de piedra.

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Londres 2010 (5)

Nuestro primer día de visita a la ciudad de Londres había sido intenso, como lo suelen ser en nuestras escapadas. Notting Hill, Portobello Road, el Museo Británico, la catedral de San Pablo, el Puente del Milenio, la Tate Modern, London bridge, la Torre de Londres, Tower bridge, Picadilly Circus, el Soho, Chinatown … Mamma mía!!

Eso nos hizo que nos tomáramos con más calma el inicio del segundo, además de que ya sabíamos que teníamos que coger el metro a partir de las 9’30 horas y de que nuestra primera parada era el cambio de guardia en Buckingham Palace, que tenía lugar sobre las 11’30 horas. Y, por todo ello, el desayuno fue más completo que el día anterior e incluso incluyó postre especial de la casa.

Tras el desayuno, cambio de euros por libras y compra de nuestras ya habituales one day travelcard. Tomamos el metro en Bayswater (Circle line era la nuestra ese día) y nos encaminamos a Buckingham Palace para visitarlo por fuera y ver sus alrededores.

La verdad es que, a primera vista, no parece demasiado imponente este palacio real que en sus orígenes fue una majestuosa casa, construida entre 1701 y 1705 por el primer duque de Buckingham, y más tarde transformada en palacio por el rey Jorge IV, ya en la década de 1820. Posteriormente se convirtió en la residencia oficial de la familia real en tiempos de la reina Victoria, en 1837.

Llegamos con más que tiempo suficiente para presenciar el cambio de guardia, paseando por las inmediaciones, repletas de visitantes.

Desde luego, más majestuoso que el propio palacio es el monumento de mármol blanco a la reina Victoria, el famoso Victoria Memorial, que tiene varias estatuas (la estatua de la Reina Victoria orientada hacia The Mall, estatuas de bronce oscuro de The Angel of Truth con orientación sudeste, The Angel of Justice orientado hacia Green Park, Charity orientado hacia Buckingham Palace y Victory en la cúspide, con dos figuras sentadas). Toda la escultura recuerda el gran poder naval de Gran Bretaña.

A la vista del tiempo que quedaba para el cambio de guardia y su duración decidimos dirigirnos a la Abadía de Westminster pero bajando por St. James’s Park vimos la formación de la orquesta militar y de la compañía de honores que acompaña a la nueva guardia, y retrocedimos a la explanada. La verja principal ya estaba abarrotada y cualquier ubicación era buena…

Así que disfrutamos por unos momentos de esta parada obligada para el visitante londinense…

Ahora sí, dirigimos nuestros pasos al gran edificio religioso de Gran Bretaña, Westminster Abbey, santuario nacional, escenario de coronaciones y lugar en el que descansan algunos de los personajes más famosos de casi mil años de historia británica. El edificio tiene orígenes muy antiguos, pero la construcción de la estructura actual, obra de la arquitectura medieval, comenzó en el siglo XIII. Desde entonces, el conjunto ha ido creciendo y evolucionando, y hoy en día aún se siguen añadiendo monumentos al espectacular conjunto.

Tras pagar religiosamente las quince libras de la entrada (los ingleses no sólo conducen al revés, en sus museos la entrada es gratuita pero en sus iglesias hay que pagar) entramos por la puerta norte para hacer un recorrido en el que contemplamos el techo abovedado de la Linterna, el Altar Mayor y el Coro, la Capilla de Enrique VII (la más hermosa de la abadía sin duda, en la que destaca su bóveda y abanico y los coloridos estandartes de los caballeros de la orden de Bath), la esquina de los poetas y los claustros.

La nave de la abadía es la más larga de toda Inglaterra, y además de por su estrechez (de sólo 10 m) asombra porque antes de llegar al coro nos encontramos las tumbas de Charles Darwin e Isaac Newton (algo curioso dentro de un edificio religioso), con fantásticas esculturas de los mismos….Y es que no podía faltar en uno de nuestros viajes la «referencia científica» y el punto de conexión con Dan Brown y «El código Da Vinci» (como en París) en esta ocasión: «En la ciudad de Londres, entrerrado / por el Papa, reposa un caballero«.

Fue ante este inmenso sarcófago de mármol negro sobre el que reposa la escultura reclinada de sir Isaac Newton, que lo representa ataviado con ropas clásicas, apoyado con orgullo junto a una pila con algunos de sus libros: Divinidad, Cronología, Óptica y Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, con dos angelotes a sus pies que sostienen un pergamino y una austera pirámide tras su cuerpo yaciente, donde tuvo lugar el enfrentamiento de Roger Langdon con Teabing y donde el primero abrió en secreto el criptex y ocultó su contenido antes de destruirlo frente a Teabing.

La visita a la abadía había merecido la pena.

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Londres 2010 (4)

Tras nuestra «ruta del 15» llegamos a Picadilly Circus, centro neurálgico para los visitantes y lugar poco elegante para los londinenses, precisamente por el tráfico, el ruido… y los muchos turistas que la transitan.

Mientras localizaba nuestro próximo destino, May aprovechó para hacerme la foto de rigor junto a la Estatua de Eros, que en realidad representa al Ángel de la Caridad Cristiana y no al dios griego del amor, erigida en 1893 en recuerdo a Antohony Cooper, séptimo conde de Shaftesbury.

Un mes antes de nuestra partida habíamos decidido asistir a un musical en Londres. Era difícil elegir entre tantos y tan buenos que se representan día a día en la capital londinense. Al final nos decantamos por MAMMA MIA! y reservamos nuestras entradas por internet. A priori eran excelentes, segunda fila y bien centradas, aunque alguna compañera de trabajo sembró ciertas dudas sobre la posibilidad de no divisar todo el escenario…

Nos acercamos al Prince of Wales Theatre … y en la taquilla nos estaban esperando nuestras entradas.

Teníamos algo más de media hora para pasear por los alrededores de Picadilly Circus. Llegamos a Leicester Square, tras contemplar el majestuoso London Trocadero. De camino al Soho tuvimos ocasión de visitar Chinatown, y de sorprendernos con su peculiar manera de anunciar su suculenta oferta gastronómica.

Tras el paseo nos dirigimos al teatro. Había que localizar las localidades y descansar un poco. El cansancio iba apareciendo y una buena ducha hubiera venido de maravilla (no te digo nada descansar algo en el hotel). Pero los viajes son así… Pronto desaparecieron nuestros temores. Las entradas no eran excelentes como suponíamos, eran aún mejores, pues delante no teníamos ni butacas. En su lugar se encontraba el lugar desde donde el director musical dirigía a todos los músicos del espectáculo.

Hay que reconocer que, aunque no soy un gran admirador de los musicales, mereció y mucho la pena. La producción es espectacular, el trabajo de los actores fantástico, la música suena genial y las canciones de Abba son tan conocidas que terminas tatareándolas todas una tras otra. ¡Fue increíble! No había una localidad libre, con personas de todas las edades que terminaron cantando y bailando. La línea de la historia, los actores, las voces, todo fue genial.

Cuando salimos del teatro eran casi las once de la noche, hora local. La comida en aquel agradable restaurante ya era historia. Todavía tuvimos ocasión de visitar el Soho antes de tomar algo y regresar al hotel de nuevo en autobús. Tras desandar el camino emprendido a primera hora llegamos al hotel cerca de la medianoche. Había sido un intenso día, pero muy bien aprovechado. El balance era positivo pero agotador. Tocaba descansar. Se avecinaba un nuevo día … igual de intenso y de agotador. Pero eso será otra historia.

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