A la mañana siguiente habíamos proyectado realizar la visita al Torcal de Antequera, uno de los Espacios Naturales Protegidos de Andalucía que cuenta, además, con la calificación de Paraje Natural desde el 18 de Julio de 1989, con lo cual se dota a la zona de una protección especial para sus importantes valores naturales: geomorfología, flora, fauna y paisaje.
El Torcal se encuentra localizado en la zona centro de la provincia de Málaga, al sur de Antequera y casi en su totalidad dentro de su término municipal. El Torcal forma parte, además, del arco calizo de las sierras subbéticas.
El Torcal encierra en su reducida extensión (11,7 km2 dentro del paraje) una de las muestras más impresionantes de paisaje kárstico de toda Europa. Geomorfológicamente, comprende cuatro zonas bien diferenciadas: Sierra Pelada, Torcal Alto, Torcal Bajo, Tajos y Vilaneras. Todo el conjunto está constituido por rocas calizas que tuvieron su origen en el fondo marino durante el período jurásico, hace aproximadamente 150 millones de años.
Los materiales depositados en el mar emergieron como consecuencia del plegamiento alpino, produciéndose paulatinamente en ellos fracturas, grietas y sistemas de fallas que han dado lugar a lo que llamamos hoy día «callejones» o «corredores». A partir de este momento el conjunto queda sometido a un proceso de erosión característico, el modelado kárstico, dando lugar a un verdadero «museo de esculturas naturales», gracias a una multitud de formas distintas en las rocas denominadas «formas imitativas», que han merecido su reconocimiento individualizado, como el Monumento Natural “El Tornillo”.
En «El Tornillo» se quedó la funda de la cámara de fotos y alguna tarjeta de memoria gracias a la aparición de una señora vaca.
El macizo de El Torcal constituye una zona geográfica de rica y variada flora. Se han constatado al menos 664 especies de plantas, agrupadas en casi un centenar de familias. En cuanto a la presencia faunística, en muchas ocasiones se ha visto condicionada al manejo del medio por el hombre. Existen multitud de especies de invertebrados, en su mayoría insectos. Las comunidades zoológicas carecen de grandes predadores o grandes herbívoros, siendo únicamente representativas en este sentido el zorro y la cabra montés.
Uno de los valores más notables de la composición faunística de El Torcal es la riqueza de aves que alberga, bien de forma sedentaria o simplemente como estación de paso en las vías migratorias o como punto de nidificación. En este sentido, la sierra está declarada como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Los reptiles presentes dependen en gran medida de factores térmicos, por lo que son plenamente activos en primavera y verano, momento en el que se pueden visualizar con frecuencia.
De las distintas rutas existentes para realizar la visita libre elegimos la “Ruta Verde”, que se inicia en el aparcamiento superior, compartiendo gran parte del trazado con la Ruta Amarilla. En la bifurcación, esta ruta desciende hasta el Hoyo de la Burra, punto energético y visitado por muchos amantes de la meditación. En este punto también se vuelve a unir a la Ruta Amarilla, iniciando el regreso al Centro de Visitantes Torcal Alto. Se trata de un recorrido que permite conocer la morfología de «El Torcal de Antequera» y reconocer algunas figuras significativas como la Esfinge, el Canario (o el Águila), el Indio o el Vigía.
Finalizada la visita emprendimos el camino de vuelta, aprovechando para comer en ruta y retornar a la rutina diaria.
Habíamos decidido pasar el 3 de enero de 2013 en Málaga capital. Una visita relámpago que se repetiría, de forma más pausada, diez años después.
Tras dejar el coche en un parking situado en la falda de la alcazaba nos dirigimos al entorno del Teatro Romano.
Más tarde visitamos la Catedral. Dedicada a la Encarnación, es una de las principales joyas del Renacimiento Español. Su historia está íntimamente relacionada con la Mezquita Mayor sobre la cual fue construida, emplazada en el interior del recinto amurallado árabe. Su origen se sitúa en 1487, año en el que la ciudad de Málaga fue conquistada por las tropas castellanas. Fue entonces cuando la Mezquita Aljama se convirtió en Catedral, vistiéndose de cristiana con elementos decorativos del gótico tardío y consagrándose bajo la advocación de Santa María de la Encarnación. Dicho misterio teológico nos habla de Dios hecho hombre y de la Encarnación en su Madre como paso esencial para la redención de nuestros pecados. Este mensaje definía de modo claro las intenciones religiosas del nuevo régimen establecido bajo el poder de los Reyes Católicos, muy devotos y seguidores de María en el momento del anuncio del Arcángel San Gabriel.
El proyecto original y las primeras trazas, hoy inexistentes, fueron obra del burgalés Diego de Siloé, autor de reconocido prestigio que proyectó su arquitectura en un gran número de monumentos de la época como el monasterio de San Jerónimo de Granada, La Sacra Capilla del Salvador de Úbeda o las catedrales de Granada y Guadix, entre otras. En una primera fase se construyó sólo la cabecera mediante pilares con semicolumnas de capiteles corintios. Durante el siglo XVII las obras apenas avanzan, tan sólo se construiría el coro. El siglo XVIII sería definitivo para abordar el proceso final de la Catedral. Las obras se reanudan para terminar el cuerpo de la iglesia a base de grandes pilares con columnas de los que emergen nuevos pilares con pilastras adosadas, que soportan a su vez un entramado de cúpulas semiesféricas.
En 1768 el templo catedralicio se abriría al culto tal y como lo conocemos hoy. Tan sólo faltaría por terminar las torres y el entorno de las capillas de la zona nueva. La invasión napoleónica y las sucesivas desamortizaciones después, impiden que las obras continúen a lo largo del siglo XIX. En 1862 la reina Isabel II visita Málaga e impulsa de nuevo la idea de concluir el templo, propósito que finalmente no se materializó. La gran portada principal es una excelente composición barroca ricamente decorada. Aparece retranqueada con respecto al plano marcado por las dos torres, produciendo una amplia línea quebrada. Su cuerpo central presenta dos pisos y tres calles divididas por altas columnas corintias pareadas y elevadas sobre unas largas basas. En el piso superior la disposición de cada calle es parecida: tres ventanas alargadas y sobre ella otra flanqueada por dos óculos. Una gran cornisa con una balconada remata la fachada y abraza a sus dos características torres.
La torre Norte se eleva hasta los 87 metros de altura, siendo la catedral más alta de Andalucía. Por el contrario, la torre sur está sin terminar, rematada por los fustes de sus columnas al aire. La torre norte consta de cuatro cuerpos. Los dos primeros guardan unidad con la fachada y con la torre sur, el tercero repite la misma estructura y abre en cada uno de sus lados una triple arquería idéntica a la establecida en el segundo cuerpo de la parte central. Aquí es donde se sitúan las catorce campanas. El cuarto y último cuerpo es de forma octogonal, en él se encuentra el reloj. Se corona con una cúpula rematada por un cupulino.
La Capilla Mayor es el corazón del templo, el principal espacio sacro de la Catedral. En lo que se refiere a su estructura, se aprecia una planta semi-decagonal delimitada por seis pilares unidos por trozos de entablamento corridos que se sostienen por arcos de medio punto. El espacio se abre en dos niveles ricamente dorados que rodean al tabernáculo, situado en la parte central. El encargado de desarrollar el programa decorativo de este espacio y dotarlo de simbolismo fue el pintor italiano Césare Arbassia.
En el nivel bajo, en torno al tabernáculo, se observan las pinturas de Arbassia que recogen escenas de la Pasión de Cristo: Jesús en casa de Anás, Oración en el Huerto, Última Cena, Jesús ante Pilatos y la Flagelación. Sobre el friso, los bustos de los Padres de la Iglesia y de los profetas y antecedentes familiares de Jesucristo. Los primeros (San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio y San Ambrosio) interpretan y transmiten el mensaje doctrinal que Jesús trajo al mundo y, los segundos (San Juan Bautista, Abraham, Moisés y David) anuncian la llegada del Mesías.
En el nivel superior, se sitúan las figuras de cuerpo completo de una serie de mártires que derramaron su sangre por Cristo y que representan a la iglesia triunfante: San Ciriaco, San Lorenzo, San Sebastián, San Esteban, Santa Catalina, Santa Inés, Santa Eufemia y Santa Paula. Esta catequesis visual se completa con las representaciones existentes en las bóvedas del Presbiterio y el crucero. Una serie de figuras alegóricas simbolizan a las virtudes teologales, las virtudes morales y la escena de la Anunciación. Cierran el espacio destinado a la Eucaristía dos sobrios púlpitos de mármol rojo diseñados por Fray Juan Bautista y realizados por Melchor Aguirre entre 1674 y 1677.
Transitamos por la celebérrima Calle Larios antes de visitar el Museo Carmen Thyssen Málaga, que alberga en las salas de su colección permanente un extraordinario recorrido por la pintura española del siglo XIX y comienzos del siglo XX, en el que tiene especial protagonismo la pintura andaluza de paisaje y escenas costumbristas. Estas obras forman parte de la colección más personal de la baronesa Carmen Thyssen y conforman un conjunto de más de 200 piezas que incluye también una cuidada selección de maestros antiguos, de entre los siglos XIII y XVIII.
Inaugurado el 24 de marzo de 2011, el Museo Carmen Thyssen Málaga cuenta con un itinerario expositivo distribuido en tres plantas dedicadas, respectivamente, a la pintura romántica de paisaje y costumbrista, al preciosismo y la pintura naturalista, y al arte del fin de siglo. En este discurso se puede seguir la transformación de la pintura española a lo largo del XIX, desde la interpretación romántica del paisaje y las costumbres tradicionales, hasta una interpretación de la pintura al aire libre, cada vez más colorista, libre y espontánea de la técnica pictórica, que anunciará, a finales de la centuria, los movimientos de renovación y vanguardia del XX.
Comida en un restaurante de la Calle San Agustín, por su cercanía al Museo Picasso Málaga, ubicado en el Palacio de Buenavista. Ciertamente, muy cerca de El Pimpi, de cuya existencia no sabíamos por aquel entonces…
Respondiendo al deseo de Pablo Ruiz Picasso de contar en su ciudad natal con un lugar en el que su obra se ofrezca a la sociedad, el Museo Picasso Málaga se inauguró en el año 2003. Desde entonces se ha convertido en una institución fundamental para entender la fructífera evolución cultural local. El museo actúa como una magnética seña de identidad y es una notable referencia simbólica para quienes residen en la capital de la Costa del Sol. Invita, a su vez, a conocer de cerca la vida y obra del artista malagueño a aquellos que desde cualquier punto del mundo acuden a Málaga atraídos por el talento y la fama del pintor más importante del siglo XX.
La colección dedicada en su totalidad a la obra de Picasso, comprende más de 230 obras de arte entre pinturas, esculturas, dibujos, obra gráfica y cerámicas que muestran las innovaciones revolucionarias de su trayectoria, así como la amplia variedad de estilos, materiales y técnicas que el artista renovó. El acierto arquitectónico que hace tan atractiva la visita a la sede, el Palacio de Buenavista, radica en haber sabido combinar con respeto la rehabilitación del patrimonio con la arquitectura contemporánea.
Anochecía cuando regresamos a Antequera. Cena con productos típicos de la zona en las cercanías del hotel y a descansar.
Descubrimos Antequera tras nuestra primera visita a Mollina en 2012, con ocasión del XXV Congreso Nacional de Jóvenes Investigadores, y para una escapada de tres días recién comenzado el año 2013 se presentaba como ideal.
Tras la parada de rigor en las ventas situadas a medio camino entre Baza y Guadix llegamos a Antequera. Una vez realizado el ckeck in y la comida de rigor nos dispusimos a iniciar su visita por el conjunto que forman la Alcazaba y la Colegiata de Santa María.
A él accedimos por el Arco de los Gigantes, una construcción realizada por iniciativa municipal en 1585 dentro de los planteamientos del humanismo, al objeto de sustituir un acceso en recodo de la cerca musulmana queriendo evocar con su gran vano de medio punto los arcos de triunfo del mundo clásico.
Su traza se debió al arquitecto Francisco de Azurriola. Este edificio tiene un doble interés para la ciudad, en su aspecto monumental y de significación histórica. Es decir, a su valor como ejemplo de arquitectura tardo-renacentista, hay que añadir su importancia como muestra del interés de la ciudad por legitimar su renacentismo de entonces, a través de los vestigios romanos en su suelo. Por ello, una vez levantado el muro del Arco, el Cabildo Municipal decide colocar todas aquellas estatuas y lápidas latinas que habían aparecido en las ciudades romanas de alrededor. El Arco, que se abre con un muro de más de dos metros de grosor, presenta una altura de siete metros. Su coronamiento fue más aparatoso, ya que tenía una gran hornacina, flanqueada de dos aletones, en la que había una enorme estatua de Hércules. La jarra de azucenas de la clave, así como el castillo y el león de la cornisa, conforman el escudo de la ciudad.
La alcazaba de Antequera puede datar sus orígenes en la época romana. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985 en la figura de Monumento. Dentro del conjunto amurallado de la medina islámica se distinguían dos recintos más o menos diferenciados: la Alcazaba, que ocupaba todo el coronamiento del cerro, y un segundo anillo que, bajando desde la Puerta de la Villa, continuaba hacia el Postigo del Agua y Puerta de Málaga, para volver a unir con la Torre Blanca. La torre más importante de todo el recinto es la del Homenaje.
Su planta es angular. Al interior se accede por una puerta jalonada de dos grandes fustes de columna lisos y un dintel. Entre las estancias del interior, hay varias de planta rectangular y cubiertas con bóvedas esquifadas. Sobre esta torre se construyó, en el año 1582, un templete campanario, para cobijar la campana mayor de la ciudad. Unida por un lienzo de muralla a esta torre, está la conocida como Torre Blanca, la cual sorprende por la perfección técnica demostrada en su fábrica de sillería.
Desde la alcazaba se divisa, impresionante, la Peña de los Enamorados, un peñón calizo con una morfología muy característica, ya que parece la cabeza de un indio tumbado, por lo que también es conocida como «El Indio de Antequera».
Elevado 878 sobre el nivel del mar, se sitúa próximo a la autovía y junto a la antigua N-342. Ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad junto con el Torcal y los Dólmenes de Antequera. El perfil de la Peña de los Enamorados es muy singular, pues se asemeja a los rasgos de un rostro humano que mira al cielo con la cabeza apoyada en la tierra, como si se tratara de un hombre yacente. La explicación a esta peculiar silueta, que recorta el horizonte de la ciudad, la encontramos en la leyenda homónima de la que toma su nombre que, inspirada en la Edad Media, se dio a conocer especialmente por las historias del Siglo de Oro. Cuenta la leyenda que un cristiano que estaba cautivo en Granada, Tello, se enamoró de una mora bellísima de Archidona, Tagzona, llegando a tal punto su amor que decidieron escapar hacia las tierras cristianas de Antequera. En su huida, fueron descubiertos por el padre de la joven quien mandó a sus saeteros para que los detuviesen. Treparon los amantes por la Peña que hay a medio camino entre Archidona y Antequera y, viendo que iban a ser atrapados, decidieron que preferían morir unidos a vivir separados, y abrazándose, se lanzaron al vacío desde lo alto de aquella peña, que, desde entonces recibió ese nombre. «De la tajada peña se arrojaron y en el aire las almas dejaron» (Carvajal y Robles).
La importancia de la Real Colegiata de Santa María la Mayor estriba en ser el primero que se concibió dentro del estilo renacimiento en Andalucía. Es realmente una obra excepcional por sus proporciones y calidad de su diseño. En ella coexisten dos diversos criterios de estilo; por una parte encontramos elementos que nos recuerdan al gótico tardío y por otra sus trazas y diversos elementos decorativos corresponden ya al nuevo estilo que surgía en Italia. Su construcción se puede fechar en los años 1514 – 1550. Se fundó por iniciativa del obispo de Málaga don Diego Ramírez de Villaescusa. En las obras del templo se emplearon numerosos sillares procedentes de la ciudad romana de Singilia. Las trazas en un principio se hicieron siguiendo modelos góticos, como podemos observar en la cabecera, para concluir las obras dentro del más puro estilo renacentista.
El exterior de Santa María destaca por su grandiosa fachada, sin duda la más monumental de Antequera. Realizada totalmente en piedra de sillería, el tracista de esta fachada la articuló en tres calles separadas por contrafuertes, en cada una de las cuales se abre una puerta, siendo la central mayor que las laterales. En el ático encontramos una balaustrada ciega, muy renacentista. Analizado en detalle cada uno de sus elementos, vemos como quieren responder a un estilo nuevo, desconectado de lo gótico. Quizás sean los pináculos cónicos estriados los elementos de mayor rareza. La ornamentación de la fachada, se localiza principalmente en los tres grandes nichos, respondiendo a un diseño decorativo muy geometrizante, con algunos elementos manieristas.
El interior actualmente se encuentra prácticamente vacío de elementos ornamentales y de retablos, ya que el templo no se dedica al culto, sino a acoger conciertos y exposiciones itinerantes. Se nos muestra como un bello salón columnario de planta basilical en la que las tres naves quedan separadas por imponentes columnas de orden jónico. Sobre estas se disponen cinco arcos de medio punto a cada lado, decorados con pomas o perlas. Para conseguir una mayor altura en la nave central, se dispuso un cuerpo de arcos de descarga, a manera de falso triforio ciego. En su cubrición es cuando se advierte un mayor alejamiento de las fórmulas renacentistas.
La Capilla Mayor, de planta rectangular, muy profunda, se cubre con bóvedas de estilo gótico-mudéjar, que dibujan dos grandes estrellas, de seis y ocho puntas. La claridad y luminosidad de la capilla se debe a las elegantes ventanas de tipo florentino, elemento que acentúa notablemente el italianismo de todo el interior. El resto de las capillas de esta Colegiata, abiertas a las naves laterales e independientes entre sí, responden a tipos y épocas diferentes. Especial atención tienen las tres armaduras mudéjares que cubren las naves, construidas antes de mediar el siglo XVI. La central es rectangular y muestra en sus faldones y almizate una compleja decoración de lazo a base de estrellas de distinto tamaño. Las armaduras de las naves laterales son ochavadas y siguen en sus programas de diseño esquemas similares a los empleados en la central.
Volvimos al centro de Antequera por la Plaza del Portichuelo, uno de los conjuntos más interesantes del urbanismo castizo andaluz, destacando como elemento de máxima singularidad la Capilla-Tribuna de la Virgen del Socorro, construida en 1715. Esta es una más de las que jalonaban el antiguo itinerario procesional de la conocida como Cofradía de «Arriba». Se ha especulado sobre su posible relación con las «capillas de indios» y con las «posas» americanas. Por tanto, estas capillas serían como una llamada constante a la religiosidad del viandante. Arquitectónicamente nos encontramos ante una construcción de maqueta originalísima, que, a pesar de su compleja estructura, resulta muy afín a lo popular. Presenta dos plantas de galerías abiertas y un ático cerrado, a manera de cubo compacto, rematado en tejadillo a cuatro aguas, con tres frentes o fachadas. Su frente principal se divide en tres calles y dos plantas, de las cuales, la inferior hace la función de pórtico o soportal, y la superior, de una especie de logia. Los arcos son todos de medio punto. En la calle central presenta rosca de ladrillo, y en las laterales, de estuco caleado de blanco. Interiormente, el espacio queda compartimentado en seis fragmentos.
En la plaza también se encuentra la Iglesia de Santa María de Jesús, cuyas obras comenzaron en 1527 y se prolongaron hasta 1615. Perteneció en su fundación a un convento de los Terceros Franciscanos y, desde entonces hasta la fecha presente, ha sido objeto de numerosas reformas.
De vuelta a la Plaza del Coso Viejo, en la que se encontraba el hotel. Esta plaza es, probablemente, la más bonita de Antequera. Con la estatua ecuestre de Fernando I, quien acuñó la famosa frase “Que nos salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”, la plaza parece abrirse a la Alcazaba. A un lado está el Palacio de Nájera con el Museo de la Ciudad, y al otro el Convento de Santa Catalina de Siena.
A la mañana siguiente, tras abandonar el hotel, pusimos rumbo a Aranjuez, llegando a media mañana al Hotel Hotel NH Collection Palacio de Aranjuez. Después de instalarnos comenzamos la visita por el Jardín del Príncipe, un lugar histórico de gran belleza situado entre la calle de la Reina y el río Tajo. Este maravilloso espacio verde fue creado por el rey Carlos IV, quien logró unificar varios trazados previos en un único diseño paisajístico, dando lugar a un conjunto armonioso y espectacular.
El jardín más extenso de Aranjuez, creado por el Príncipe de Asturias, futuro Carlos IV, es en conjunto un jardín paisajista, pero en él existen otras manifestaciones de jardín. Asimismo, incorpora en su perímetro obras de la época de Fernando VI, como el embarcadero. Este embarcadero era el punto de partida de las travesías festivas que organizaban Fernando VI y Bárbara de Bragranza. Desde el mismo partían las falúas (lujosas embarcaciones barrocas), en las que la Familia Real y la Corte paseaban por el Tajo amenizadas por los cantos de Farinelli.
Cronológicamente el área más antigua del jardín es el oeste. En el mismo se sitúa la Huerta de la Primavera, cuyos orígenes se remontan a Felipe II, espacio que queda asimilado al gran conjunto en la época de Fernando VI, con la intervención de los Boutelou, familia de jardineros franceses.
A partir de 1772-1775 Carlos príncipe encomienda a Pablo Boutelou el ajardinamiento de una mayor superficie, con rasgos del jardín francés y una zona de frutales, de organización reticular.
Más hacia el este se dispone un jardín paisajista de raigambre inglesa, diseño de Juan de Villanueva, en el paso del siglo XVIII al XIX. La transición entre estas zonas queda marcada por el enclave conocido como los Chinescos.
Una de estas aéreas es la de las Islas Asiática y Americana, a las que se accede por puentecillos rústicos sobre artificiales rías, y donde se recogen especies botánicas exóticas traídas de remotos lugares.
Tras la comida nos dispusimos a visitar el Palacio Real de Aranjuez, majestuosa residencia de la familia real española. Esta impresionante edificación, gestionada y mantenida por Patrimonio Nacional, se encuentra en un entorno natural privilegiado, a orillas del río Tajo. Construido por Felipe II sobre el emplazamiento del antiguo palacio de los maestres de Santiago, debe su arquitectura a Juan Bautista de Toledo, que lo inició en 1564, y a Juan de Herrera, quien sólo llegó a terminar una mitad.
Aunque lleno de rasgos originales en su planteamiento, el edificio resulta característico del clasicismo de los Austrias con alternancia de piedra blanca y ladrillo. El plan original fue continuado por Felipe V en 1715, pero no terminado hasta 1752 por Fernando VI. En la forma regular que Juan Bautista de Toledo había concebido, y que había tardado dos siglos en terminarse, el palacio sólo se mantuvo veinte años. En 1775, Carlos III encomendó a Francesco Sabatini la ampliación de dos alas, que conceden al Palacio su característica forma de “U”. El italiano también concibió el diseño de la verja, que no se colocó hasta 1973. La ausencia de esta barrera podría explicar el éxito del famoso motín de Aranjuez de 1808. La decoración de los Salones Oficiales que forman parte de la visita pública es principalmente de la etapa de los Borbones. Entre estos espacios, podrás conocer, el Tocador de la Reina, el Salón de baile, el Comedor de gala… y espacios tan exóticos y sorprendentes como el Gabinete Árabe, el Gabinete de porcelana o el Gabinete Chinesco, decorado con 200 cuadros regalados a Isabel II en 1846 por el Emperador de China. Felipe II, gran amante de los jardines, puso especial empeño en Aranjuez: de su época se conservan el Jardín de la Isla, trazado por el arquitecto Juan Bautista de Toledo, y el Jardín del Rey inmediato al Palacio, inspirado en los jardines del Renacimiento italiano, y cuya decoración actual se debe a Felipe IV. También en la Isla, la mayor parte de las fuentes se deben a Felipe IV si bien los Borbones continuaron enriqueciéndolo con detalles como los bancos de Carlos III. Felipe V añadió a los jardines existentes dos nuevos trazados a la francesa: el Parterre ante el palacio y el extremo al final del Jardín de la Isla, llamado la Isleta, donde instaló la Fuente de los Tritones que Isabel II hizo llevar al Campo del Moro.
En Aranjuez conocimos la noticia de la selección de cuatro trabajos de investigación para el XXV Certamen Nacional de Jóvenes Investigadores, que causó cierta zozobra por la falta de información al respecto. Entre ella y el fuerte aguacero que cayó al finalizar la visita al palacio concluyó nuestro paseo por Aranjuez. Solo quedaba pasar la noche y volver a casa.
Al día siguiente, 25 de julio, nos desplazaríamos al Real Sitio de San Ildefonso, formado por los núcleos poblacionales de La Granja, Valsaín y la Pradera de Navalhorno, además del enclave de Riofrío.
La primera referencia que aparece de La Granja, la vincula a los Reyes de Castilla y al derecho que éstos tenían de cazar en los montes de Valsaín. A Enrique IV (1450) y su afición a la caza se debe la primera construcción de lo que acabaría siendo sede temporal de la Corte española; se trata de una casa de caza y una ermita dedicada a San Ildefonso. Ambas construcciones asaron a ser propiedad de los monjes Jerónimos del Parral de Segovia. En 1477 los Reyes Católicos donaron la Casa Real de San Ildefonso a esta comunidad de religiosos, quienes sobre los terrenos de la propiedad donada construyeron una hospedería y una granja, de donde deriva la denominación de este lugar.
La Granja fue el lugar elegido por Felipe V, el primer monarca de la Dinastía de los Borbones, para retirarse de las obligaciones de Estado. Felipe V, duque de Anjou, compra a los padres Jerónimos en 1720 la granja, la ermita y todos los terrenos anejos con la finalidad de construir una residencia alejada del boato de la Corte. En 1724 abdica el rey en su hijo Luis I y en ese mismo año finalizan las obras del palacio, aunque el rey no puede disfrutar de su anhelado retiro debido a la prematura muerte de su heredero acaecida el 31 de agosto de ese mismo año.
El pretendido palacio de retiro, se convierte en sede de la Corte, lo que supuso la construcción de numerosos inmuebles colindantes para albergar a todo el séquito real: ministros, chambelanes, edecanes y palafreneros. Será su viuda, Isabel de Farnesio, la encargada de concluir todas las obras de este conjunto arquitectónico. Al final de sus días, eligió ser enterrada en la Colegiata, del mismo modo que lo hiciera anteriormente su marido Felipe V.
Durante el reinado de Carlos III, el Real Sitio de La Granja adquiere su carácter definitivo al consolidarse el trazado urbanístico de este conjunto barroco habitado por una población aristócrata en auge que bulle en torno a la residencia veraniega del monarca. Y a partir de aquí, la historia de un rincón de ensueño, de una delicada filigrana de la imaginación, será también la historia de la Gran Historia de España.
Este sueño de unos monarcas ilustrados que recreaban el lugar perfecto para practicar la gran aventura de vivir, será el lugar en el que contrae matrimonio Carlos IV con María Luisa de Parma, donde se firma el Tratado de San Ildefonso, donde Fernando VII, moribundo, deroga la Pragmática Sanción, donde se sublevan los sargentos de la guarnición de palacio (1836) obligando a la reina María Cristina a restablecer la Constitución de 1812.
Los Trastámara, los Austrias, los Borbones… la lista de reseñas históricas que vinculan a los Reyes de España con el Real Sitio de San Ildefonso sería interminable, del mismo modo que su legado arquitectónico perdura en el tiempo: el Palacio Real, la Colegiata, la Casa de Canónigos, las Caballerizas, la Casa de Oficios, el Cuartel de Guardias de Corps, los Jardines Reales, el Palacio de Riofrío y la Real Fábrica de Cristales.
La Granja es barroca, es palaciega, sustituye la austeridad de las construcciones medievales por el sinuoso contorno del barroco, el desbarajuste de las construcciones del s. XIII por un plan ordenado de urbanismo, el horizonte orgulloso y plano de Castilla, por una exuberante vegetación que hace estallar la vida en cada rincón.
En 1720 Felipe V compró a los monjes Jerónimos la granja y la hospedería que poseían en estos parajes y que les habían sido donadas por los Reyes Católicos, con la idea de acondicionarlos para su retiro. El arquitecto mayor Teodoro Ardemans es el encargado en 1720 de la adaptación de la antigua casa de los Jerónimos en residencia real y una vez finalizada, Felipe V decide levantar una construcción de nueva planta dando comienzo las obras del nuevo palacio en abril de 1721. El 27 de julio de 1723 se bendijo el palacio, aunque la terminación del conjunto se produce en 1761 siendo rey de España Carlos III.
Los Jardines del Palacio ocupan una extensión de 146 hectáreas. El trazado y la disposición de sus calles se integra en el paisaje espectacular que ofrecen los Montes de Valsaín, siendo poco común en su época esta proyección del jardín real hacia la naturaleza, fusionando los parterres, la arquitectura natural y el bosque. Las Fuentes Monumentales presiden los espacios principales de los Jardines.
En los Jardines del Palacio existen veintiséis Fuentes Monumentales, todas ellas basadas en la mitología clásica, aunque nunca han faltado fantásticas historias populares sobre cada una de las esculturas que relatan mezcolanza de deseos, trazos humanos, miedos presentidos…
El abastecimiento de agua de las fuentes procede de un estanque situado en la parte alta de los jardines, conocido como El Mar. Mediante el mismo sistema hidráulico utilizado desde el siglo XVIII a través de un sistema de vasos comunicantes, la presión de agua hace que se pueda disfrutar de los diferentes juegos de agua de cada una de las fuentes, siendo todo un espectáculo único su contemplación.
El funcionamiento de las fuentes de La Granja, suele ser a partir de Semana Santa, miércoles, sábados y domingos, siempre y cuando el abastecimiento del agua lo permita. Además, a lo largo del año hay tres días importantes para ver las fuentes de La Granja en funcionamiento. Estos son los días 30 de mayo (San Fernando), 25 de julio (Santiago) y el 25 de agosto (San Luis) pues en dichas fechas concretas son hasta ocho las fuentes que están activas. Habíamos acertado, por lo tanto, con el día elegido para visitar La Granja.
La Fuente de La Selva (Autor: Jean Thierry. Personajes principales: Pomona y Vertumnio) está formada por un estanque, dividido a su vez en cuatro subestanques.
La Carrera de Caballos (Autores: René Frémin y Jean Thierry) se compone de las siguientes fuentes: Fuente de los Caracoles, el Abanico, Neptuno, Apolo, Estanque de la Media Luna y la de Andrómeda.
El grupo de la Cascada Nueva (Autores: René Frémin y Jean Thierry) lo encontramos en la fachada principal del palacio, rodeado de un hermoso parterre o jardín y se compone de la Fuente de Anfítrite, la Cascada y la Fuente de las Tres Gracias.
La Fuente de Los Vientos (Autor: René Frémin. Personaje mitológico representado: Eolo) es un pequeño estanque circular en cuyo centro y sobre un peñasco está el dios Eolo con corona y centro. En un gran odre tiene encerrados a los vientos, representados por cabezas de niños.
La Fuente de Los Dragones (Autor: Jean Thierry) es, en realidad un conjunto de dos fuentes con cuatro grandes dragones realizados con gran realismo.
En la Fuente de Las Ocho Calles (Autores: Jean Thierry y Frémin) desembocan ocho calles alrededor de una gran plaza circular. En el centro hay un pedestal de mármol, sobre el que se asienta un grupo de figuras: Psiquis, Mercurio y Cefirillo.
La Fuente del Canastillo (Autor: René Frémin), aunque carece de leyenda mitológica, es sin embargo una de las más vistosas por sus juegos de agua. Además, tiene la particularidad de que moja cuando está en funcionamiento. Del centro del canastillo sale un surtidor que eleva el agua a veinticinco metros de altura. Del borde del canastillo salen treinta y dos surtidores oblicuos, que con suficiente presión lanzan el agua fuera de la fuente. La infanta Isabel, “La Chata”, sentía gran predilección por esta fuente.
La Fuente de Las Ranas (Autor: Frémin. Personaje mitológico: Latona con sus hijos, Apolo y Diana. Labradores), con unos juegos de agua tan vistosos como la del Canastillo, representa el momento en que los campesinos son transformados en ranas por Júpiter, en castigo por las malas acciones cometidas con Latona y sus hijos.
La Fuente de Los Baños de Diana (Autores: Dumandré y Pitué, sobre planos de Santiago Bousseaux. Personajes mitológicos: Diana, Acteón, Ninfas) es la última fuente que se construyó y cuentan que Felipe V en su inauguración comentó: “Tres minutos me has divertido pero tres millones me has costado” (tres millones de reales de vellón).
La Fuente de La Fama (Autores: Dumandré y Pitué. Personajes mitológicos: La Fama, Pegaso, la Ignorancia y la Envidia) está situada a la derecha del palacio y desde la barandilla podemos contemplar el maravilloso parterre que la precede, formado por boj y tejos recortados. El espectáculo de esta fuente, debido a la altura que alcanza el chorro (47 metros), es una auténtica sinfonía de luz y color.
Tras el espectáculo vivido retornamos a Segovia para la segunda de las noches culturales. En esta ocasión, de nuevo en la Iglesia de San Juan de los Caballeros, asistiríamos a recreación de Rejoice!, una pequeña y atípica agrupación de música contemporánea que surge de una iniciativa de David del Puerto y Ángel Luis Castaño, de Carmen Replay. Esta obra toma la popular figura de Carmen como elemento central que da vida al argumento del ballet y la obra sigue los principales episodios de la ópera de Bizet. La versión recoge desde resonancias andaluzas hasta sonoridades propias del jazz o el rock, la música sinfónica y la electrónica y comienza con Juegos de fuego, que da pie al inicio de la historia con el nacimiento de la pasión de don José. La escena de la taberna de Lilas Pastia y la aparición de Escamillo se recogen en La puerta del sentido, que es seguida de Senda de la noche libre, con la aventura de los contrabandistas y los negros presagios que las cartas le cuentan a Carmen, para cerrar con el Canto de la doble muerte, trágico desenlace de la historia.
Hora de comer. Nos pareció una buena opción la villa medieval de Pedraza, marco incomparable declarado Conjunto Monumental en 1951, distinguida por los premios “C” de Turismo de Castilla y León en 1993 y Premio Europa Nostra en 1996. Situada a 1.073 m de altitud en el piedemonte segoviano, el promontorio pétreo en el que actualmente se asienta la población está orillado por los arroyos San Miguel y Vadillo que poco más abajo confluyen y se convierten en el Cega.
La configuración geográfica de Pedraza favorece un asentamiento temprano; hay indicios de población prehistórica en los valles que arropan al río Cega y se han encontrado restos junto a la actual explanada del Castillo de cerámica hecha a mano, que hacen suponer que la propia roca donde hoy se asienta Pedraza estaba ya habitada hacia el siglo IV a. C. por un núcleo de población celtibérica. Posteriormente, hay certeza de una ocupación en época romana, incluso existe una teoría que sitúa el origen del emperador Trajano en Pedraza.
Tras aparcar nos dirigimos al Castillo, del que únicamente se conservan los altos muros y otros contados restos, así como la Torre del Homenaje, de tres plantas y forma cuadrada; es hoy propiedad de los descendientes del pintor Ignacio Zuloaga, del que se conservan algunas obras en este torreón.
Se desconocen los orígenes del castillo, ya que es uno de los más antiguos de Europa. Fue residencia de Abderramán el Grande, así como de los reyes de Castilla y León durante la Edad Media. La más popular de sus leyendas se asocia a los amores trágicos de doña Elvira, señora del Castillo, y del monje Roberto que, habiéndose amado de adolescentes, se reencuentran al cabo de los años cuando el monje es nombrado capellán del Conde Ridoura, marido de Doña Elvira.
Y qué mejor lugar para comer que la Plaza Mayor de Pedraza, una plaza porticada coronada por la Iglesia de San Juan Bautista (siglo XIII) cuya única puerta de entrada era la antigua cárcel. La plaza de Pedraza es irregular en su forma y creada para que las familias nobles de la villa disfrutaran desde sus balcones, de los festejos taurinos celebrados desde 1550. Todavía se conservan los palacios y casonas de las familias que allí vivieron, datadas en los siglos XVI y XVII.
El lugar elegido, el Restaurante El Soportal, asentado sobre dos casas conservando intacta toda su estructura desde el Siglo XVI. Una fue taberna y otra panadería desde comienzos del siglo XX. Los judiones de la granja y el cordero lechal, de capricho.
De vuelta a Segovia nos preparamos para visitar, ahora sí, el Alcázar y la anexa Casa de la Química. El Alcázar de Segovia, declarado Monumento Histórico Artístico en 1931 y Patrimonio de la Humanidad en 1985 es una de las construcciones más bellas de la ciudad de Segovia. Se asienta sobre una colina situada entre los ríos Clamores y Eresma, un lugar estratégico empleado por los pueblos celtíberos y, posteriormente, por romanos y árabes.
La historia del Alcázar de Segovia se remonta al siglo XII. El primer documento escrito que hace referencia a la fortaleza es del periodo de Alfonso VII, sin embargo, la construcción del palacio, en ese mismo siglo, se atribuye al reinado de Alfonso VIII, monarca que aportaría una decoración claramente hispano-musulmana de aspecto cisterciense. En la centuria siguiente Fernando III y Alfonso X realizaron varias ampliaciones. El aspecto actual del Alcázar tiene lugar durante los reinados de Juan II y Enrique IV, ya en el siglo XV. A finales del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, Francisco de Mora reformó el Patio de Armas y sería el encargado de colocar los chapiteles y tejados de pizarra. Debido a las continuas reformas realizadas en el complejo entre los siglos XII y XVI, se pueden apreciar elementos de diferentes estilos artísticos: románico, gótico, mudéjar y renacentista.
En el Alcázar de Segovia han tenido lugar grandes acontecimientos históricos: la celebración de las Cortes Generales en 1256 por parte de Alfonso X; la proclamación como reina de Isabel I en 1474; el matrimonio entre Felipe II y Ana de Austria en 1570; el emplazamiento del Real Colegio de Artillería en 1764. En 1862 se produjo un incendio que arrasó el Alcázar, pero éste fue restaurado y desde 1896 alberga el Archivo General Militar. El Alcázar de Segovia consta de un gran perímetro de 728 metros que se adapta perfectamente a la compleja orografía del peñasco rocoso sobre el que se asienta. Se accede salvando el foso de 26 metros de altura a través de un puente de piedra realizado en época de Felipe II y que sustituiría al antiguo puente levadizo de madera. El Alcázar se sitúa alrededor de dos patios: el Patio de Armas y el Patio del Reloj. En los extremos del complejo se hallan dos torres: la torre de Juan II, en la zona de acceso, y la Torre del Homenaje, en la zona más exterior del promontorio. La Torre de Juan II se encuentra junto al foso y la entrada. Fue construida entre 1440 y 1465 y es considerada un gran ejemplo de la arquitectura gótico-civil española. Se asienta sobre una torre anterior del siglo XIII de la que se conserva un ventanal mudéjar de influencia almohade. Consta de 80 metros de altura y se divide en tres pisos gracias a tres líneas de impostas. La torre está decorada exteriormente con motivos circulares esgrafiados.
La torre es rematada con almenas, algunas de ellas decoradas con los escudos de Castilla, y con doce torrecillas circulares decoradas en su parte superior con escamas. Esta torre fue empleada como prisión de Estado. Se puede acceder a la parte superior de la torre tras subir 152 escalones por una escalera de caracol. Las impresionantes vistas de la ciudad que se pueden disfrutar desde lo alto, hacen que el esfuerzo merezca la pena. El Patio de armas del Alcázar de Segovia también se construyó en el siglo XIII, aunque el patio actual corresponde al siglo XVI, de estilo herreriano. Consta de una planta irregular y porticada en tres de sus cuatro lados. El primer piso del patio está sustentado por arcadas y el segundo es adintelado. Desde una de las puertas de este patio se accede a la Sala de Ajimeces o antigua Sala del Palacio Viejo. Esta sala fue un encargo del rey Alfonso VIII, y fue denominada “de los Ajimeces” por los antiguos ventanales románicos geminados que se conservan. La Sala de la Chimenea se denominada así por ser la chimenea su elemento principal. Fue reformada en tiempos de Felipe II. Era la sala de despacho y reunión con el consejo. Ésta y otras dependencias fueron decoradas con techumbres mudéjares; desgraciadamente las originales se perdieron en el incendio de 1862, y las que hoy observamos son réplicas exactas siguiendo grabados antiguos. A través de un arco profusamente decorado accedemos al Salón del Trono, que recrea el aspecto que debía tener en época de los Reyes Católicos. La sala se cubre con una cúpula octogonal mudéjar del siglo XV, muy parecida a la que se perdió en el incendio del siglo XIX, pues ambas fueron realizadas por el mismo artista, Xadel Alcalde. La actual se trajo de la desaparecida iglesia de Santa María de Urones de Castroponce (Valladolid). En esta sala se aprecia una pareja de tronos, regalo de Alfonso XII, bajo un dosel con el emblema y divisa de los Reyes Católicos “Tanto Monta”. Era el lugar destinado por los reyes para las audiencias y recibir a diferentes mandatarios y nobles.
Tras una puerta de arco gótico aparece la Sala de la Galera o de los Embajadores, cubierta con un artesonado en forma de barco invertido. Fue mandada construir por la madre de Juan II: Catalina de Lancaster. En una de las paredes de la sala se narra a través de una pintura del siglo XX la coronación de Isabel como Reina de Castilla: el 13 de diciembre de 1474 salió del Alcázar para ser nombrada Reina de Castilla en la iglesia de San Miguel. Esta obra fue realizada por el artista segoviano Carlos Muñoz de Pablos.
Anexa a la habitación anterior se encuentra la Sala de las Piñas, denominada así por las piñas que aparecen representadas en el artesonado. Destaca el friso inferior realizado en yeso dentro del estilo gótico-mudéjar. Seguidamente se accede a la Alcoba del Rey, sala donde se simula la habitación real, compuesta por una cama de madera de nogal bajo un dosel rojo.
Una de las dependencias más interesantes de esta zona es la Sala de los Reyes, iniciada en tiempos de Alfonso X y finalizada en 1596. Esta sala fue destinada a la reunión de los reyes con la Corte. La cubierta original se perdió en el incendio de 1862 pero en la actualidad se encuentra una réplica exacta. Lo más destacado es el friso superior, donde aparecen 52 esculturas sedentes que corresponden a los reyes de Asturias, de Castilla y de León (desde Don Pelayo a Juana la Loca). Estas imágenes se encuentran acompañadas de otras de personajes importantes en la historia de Castilla, como Fernán González y El Cid.
A continuación la Sala del Cordón, cuyo nombre se debe al cordón franciscano que Alfonso X mandó colocar. Al lado aparece el Tocador de la Reina, una pequeña sala cubierta con un artesonado renacentista. Desde aquí se puede acceder a la antecapilla, donde destaca la reja y posteriormente a la capilla, cubierta con artesonado mudéjar del siglo XV procedente de la iglesia de Cedillo de la Torre (Segovia) y con un retablo mayor del siglo XVI realizado por la escuela castellana. La capilla y antecapilla están situadas junto a uno de los lados del patio del Reloj.
El Patio del Reloj recibe este nombre por el reloj de sol que puede verse en una de sus paredes. Este patio da acceso a la Torre del Homenaje que se encuentra en la zona más occidental. Se inició en el siglo XIII y fue remodelada posteriormente por Felipe II. Se trata de una torre rectangular flanqueada por cuatro esbeltas torrecillas cilíndricas adosadas en sus esquinas. El conjunto se completa con otra torre semicircular, de mayor tamaño que las anteriores, pero en este caso adosada en su parte exterior.
A finales del siglo XVIII, el Real Colegio de Artillería era ya un centro de enseñanza moderno, pujante y de referencia. La presencia de profesores como Louis Proust fue determinante en el prestigio en poco tiempo adquirido. Tras un breve paso por Madrid, donde enseñó química contratado por el Gobierno español, Proust se hizo cargo de las disciplinas de Química y Metalurgia del Real Colegio de Artillería, que con tanto éxito funcionaba en el interior del Alcázar segoviano. En Segovia, el químico francés impartió cursos de cuatro meses, a razón de tres lecciones semanales, y dejó una huella indeleble. De hecho, fue en el laboratorio del Real Colegio donde Proust realizó todas las experiencias que le permitieron enunciar la Ley de las Proporciones Definidas, con la que pasó a la historia como uno de los fundadores de la química moderna.
Louis Proust había nacido en la población gala de Angers en 1754. Siendo un muchacho, compaginó los estudios en el colegio de los Oratorianos con el trabajo diario en la farmacia del padre, donde adquirió sus primeros conocimientos de química y herboristería. Incluso llegó a tomar parte en la creación de un jardín botánico en la ciudad. Con veintiún años, ganó por oposición, tras un brillante concurso, la plaza de farmacéutico jefe del hospital de la Salpêtrière de París, abriéndose ante él una etapa verdaderamente enriquecedora. A la vera del Sena conoció Proust a Lavoisier y a Pilâtre de Rozier, farmacéutico y pionero de la aerostación con quien realizaría una ascensión en globo en 1784, en presencia de Luis XVI de Francia y Gustavo III de Suecia. Para entonces, Proust ya había vivido su primera experiencia española, pues pasó casi dos años al frente de la cátedra de Química del Real Seminario Patriótico de Vergara (Guipúzcoa), fundado años atrás por la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País.
En 1786 llegó a Madrid, merced a un acuerdo entre Carlos III y Luis XVI, contratado por el Gobierno español. Enseñó química en la capital, pero rápidamente recaló en el Real Colegio de Artillería de Segovia, donde impartirá las enseñanzas de Química y Metalurgia hasta final de siglo. La llegada de Proust supuso una pequeña revolución en el Real Colegio, cuyo laboratorio fue dotado con los mejores medios del momento.
En ese laboratorio, instalado en la llamada Casa de la Química, junto al Alcázar, desarrolló el francés numerosos experimentos, en los que estudió la composición de diversos carbonatos de cobre, óxidos de estaño y sulfuros de hierro, llegando a la conclusión de que la proporción en masa de cada uno de los componentes (por ejemplo, carbono, cobre y oxígeno en los carbonatos de cobre) se mantenía constante en el compuesto final y no adquiría ningún valor intermedio, independientemente de si eran un carbonato natural o artificial o de las condiciones iniciales de la síntesis. De esta manera, dos compuestos diferirían entre sí en función de las proporciones de elementos básicos. Estas conclusiones llevaron a Proust a enunciar la Ley de las Proporciones Definidas, que contradecía los postulados del químico francés Claude Louis Berthollet, convencido de la variabilidad en la composición de los compuestos en función de su método de síntesis. En 1811, el químico sueco Jöns Jacob Berzelius defendió el enunciado de Proust, que sentó las bases de la teoría atómica de Dalton.
Durante su estancia en Segovia, Proust dirigió la publicación de los «Anales del Real Laboratorio de Química de Segovia» (en dos tomos, de 1791 y 1795) y contribuyó a las pruebas aerostáticas que culminaron con la demostración del vuelo de un globo realizada ante el rey Carlos IV en El Escorial, en noviembre de 1792. En la exhibición tomaron parte los capitanes Pedro Fuentes, Manuel Gutiérrez y César González, los cadetes Gesualdo Sahajosa y Pascual Gayangos y un grupo de artilleros, todos ellos dirigidos por el propio Proust. Aquellos ensayos realizados en Segovia marcan el origen de la aerostación militar.
Para finalizar, una noche cultural, pues se celebraba en esas fechas en la ciudad el 37 Festival de Segovia. Esa noche, en la Iglesia de San Juan de los Caballeros, asistiríamos al recital de piano ofrecido por Iván Martín.
El patrón de Segovia, conocido como San Frutos Pajarero, es el patrón de los ecologistas. Seguramente su amor por los animales y la naturaleza acredita este título.
El Camino de San Frutos comprende 80 kilómetros que transcurren desde la catedral de Segovia, donde descansan sus reliquias, y finaliza en la localidad de Villaseca, desde la que se accede a la ermita del priorato de San Frutos, un paraje único por su belleza en plenas hoces del río Duratón, al que el santo eremita se retiró con sus hermanos Santa Engracia y San Valentín.
No íbamos a recorrer a pie esos ochenta kilómetros pero sí que íbamos a visitar Sepúlveda, a realizar la Senda de los dos ríos y a visitar el incomparable paraje de la Ermita de San Frutos.
Por ello, tras el desayuno recorrimos los 55 kilómetros que separan Sepúlveda de Segovia capital. Sepúlveda pertenece a la comarca de la Villa y Tierra de Sepúlveda, de la que es villa cabecera y al partido judicial del mismo nombre del que es cabeza, ubicado en el nordeste de la provincia.
Puesto que nuestro objetivo era realizar la Senda de los dos ríos, nos limitamos a visitar la Iglesia de El Salvador y la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña.
La primera es una iglesia románica del siglo XI (año 1093), con una sola nave de ábside semicircular. La torre se encuentra separada de la nave y se comunica con ella a través de un estrecho pasadizo abovedado. La nave, cubierta con bóveda de cañón, está dividida en tres tramos por arcos fajones apeados en pilastras. Adosadas a los muros tiene arcadas ciegas sobre columnas y un hermoso pórtico, con arcos agrupados por parejas, apoyándose cada uno separadamente en anchas pilastras y, al juntarse, en columnas comunes.
La segunda, románica también, del s. XII, tiene una planta idéntica a la de la iglesia de El Salvador, aunque el pórtico actual es casi todo del siglo XVI. Tiene nave alta, ábside al saliente y torre adosada. La característica más significativa del templo es el tímpano situado en la puerta de entrada, único en Segovia y en el románico segoviano. El ábside es casi idéntico al de El Salvador, con columnas adosadas, arcos abocelados en sus vanos y una moldura ajedrezada que recorre todo el hemiciclo. La bóveda es de sillar de medio cañón, con arcos ciegos a uno y otro lado, sobre los que corre la cornisa que sirve de apoyo a la bóveda, sustentada por impostas columnares de triple fuste.
En esta iglesia se encuentra la imagen de la patrona de la villa y su tierra, Nuestra Señora de la Peña, talla en madera policromada del siglo XII, que representa a la Virgen sentada con el Niño en brazos. Una artística verja de hierro separa el altar mayor de la nave.
El Parque Natural de las Hoces del Duratón, constituido por el curso medio del Duratón, fue declarado Parque Natural el 27 de junio de 1989 por las Cortes de Castilla y León, integrándose con los espacios protegidos de esa comunidad, declaración hecha en atención a la importancia de sus ecosistemas naturales y valores paisajísticos. La colonia de buitres leonados establecida en el área protegida está considerada como la mayor de Europa, tanto por su número, 710 parejas censadas en el año 2015, como por su nivel reproductivo. Esta colonia se ha convertido en uno de los principales atractivos del parque.
Las Hoces del río Duratón fueron clasificadas como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) quedando integradas en la Red Natura 2000 en abril de 1991 y se declararon como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) en enero de 1998. Desde el año 2004 la gestión del Parque se realiza mediante el Proyecto LIFE, un programa de actuación específico de la Unión Europea, en cuyo marco se llevan a cabo diferentes actuaciones de mantenimiento y recuperación, así como la búsqueda de un desarrollo sostenible de los recursos del mismo.
El parque ocupa una superficie de 5.037 hectáreas que se extiende en terrenos de los municipios de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río, todos de la provincia de Segovia. Junto a la riqueza natural que guarda hay un importante patrimonio cultural que hacen del mismo un destino turístico y de ocio importante. Destacan la ermita de San Frutos y el monasterio de Nuestra Señora de la Hoz.
El Parque Natural de las Hoces del río Duratón está situado en el noreste de Segovia, aguas abajo de la villa de Sepúlveda. En esta zona el río se ha encajado en un profundo cañón, que en algunos lugares alcanza más de 100 metros de desnivel. Al interés y belleza del paisaje hay que añadir la gran riqueza arqueológica e histórica que encierra en su interior esta garganta. El río Duratón discurre durante 27 kilómetros encajonado en el cañón que ha excavado en el sustrato calizo. En el último tercio de este recorrido traza cerrados meandros que reafirman la excavación propiamente dicha. Las paredes, que alcanzan los 100 metros de altura en algunos puntos, sirven de lugar de nidificación a muchas especies de aves, pero la relevancia fundamental se la llevan los buitres leonados que se han convertido en uno de los principales atractivos del parque.
Las características orográficas que se dan en este espacio protegido hacen que se distingan tres ambientes o biotopos diferentes. La parte alta está ocupada por el páramo, en donde abundan los bosques de sabinas y enebros que han sido muy afectados por la intervención del hombre. Existen también poblaciones de pinos resineros asentadas sobre sustrato arenoso. El fondo del cañón, a excepción de la zona inundada por el embalse, está ocupado por un bosque de ribera compuesto por sauces, chopos y alisos entre otras especies. Las paredes de los cortados rocosos dan sustento a una vegetación rupícola, propia de la roca, adaptada a la escasez de suelo y agua. Estos tres ambientes diferentes dan cobijo a una rica fauna en la que tienen especial relevancia las aves.
En los altos farallones rocosos que culminan las hoces anidan casi 700 parejas de buitres leonados, acompañados de un buen número de alimoches, águilas reales y halcones peregrinos.
Un paseo por el Parque Natural muy agradable de realizar es seguir la llamada Senda de los Dos Ríos, que parte junto al santuario de la Virgen de la Peña hasta llegar a la Puerta de la Fuerza y a través de la calzada romana atraviesa el río Duratón por el puente de Picazos, llegando posteriormente al puente romano de Talcano, para después subir de nuevo al municipio.
De vuelta en Sepúlveda nos dirigimos a la ermita de San Frutos, que sazona mediante el valor añadido, tanto en el plano histórico como artístico, los valores naturales de la zona.
El más sencillo recorrido a pie por las Hoces del Duratón se inicia en la explanada de tierra en la que termina el camino de Villaseca. Desde allí hay que encaminarse en dirección al espolón rocoso, rodeado de precipicios, sobre el que se alza la ermita de San Frutos.
Tras cruzar por un puente de piedra una profunda grieta, llamada “La Cuchillada”, se asciende al antiguo cenobio benedictino. Según la tradición, “La Cuchillada” fue abierta por San Frutos con su bastón para detener a los sarracenos y proteger a los vecinos de Sepúlveda que pedían ayuda, siendo así que la grieta define el terreno «sagrado» que los infieles no debían pisar.
En un balcón sobre el acantilado se ubica la ermita de San Frutos, en realidad, Priorato de San Frutos, una construcción románica del s. XII que se realizó sobre otra visigótica del s. VII. La fundación se atribuye a San Frutos y sus dos hermanos, San Valentín y Santa Engracia, que eligieron el lugar para dedicarse a la vida contemplativa.
Tan conocido como el milagro de «La Cuchillada» es el de «la mujer despeñada». La leyenda cuenta que, en 1225, un marido celoso empujó a su mujer, creyendo que esta le engañaba, al precipicio. La mujer fue salvada de la muerte por San Frutos, ya que era inocente, y en agradecimiento donó todos sus bienes al priorato. En uno de los muros del templo se puede leer la siguiente inscripción: Aquí yace sepultada una muger de su marido despeñada y no morió i hizo a esta casa lymosna de sus bienes.
Posteriormente se completó el complejo con un monasterio y un cementerio, en el que se conservan varias tumbas antropomórficas altomedievales. A la izquierda del mismo nace una rústica escalera tallada en la roca que seguramente serviría a los primitivos ermitaños para bajar hasta un río que, en la actualidad, está regulado por el pequeño embalse de Burgomillodo.
Un verdadero acierto que debemos, en gran parte, al buen ojo de May, que descubrió unos parajes que luego fueron utilizados en varias ocasiones por los alumnos de Investigación del IES “Alcántara” en sus itinerarios didácticos por Atapuerca y Altamira.
El 23 de julio de 2012 partimos al alba, como de costumbre, hacia tierras castellanas. Prácticamente de un tirón llegamos a Segovia al mediodía, alojándonos en el Hotel Plaza Acueducto, a escasos metros de este, una excusa perfecta para comenzar de inmediato la visita a la ciudad por esta maravilla de la ingeniería y de la obra civil.
El Acueducto de Segovia, construido en el siglo II d.C., es una de las mayores obras de ingeniería romana en España. Con sus 167 arcos de granito, transportó agua a la ciudad durante casi 2.000 años. Está formado por bloques de piedra unidos sin argamasa, utilizando un sistema de equilibrio de fuerzas.
Para su construcción, los romanos utilizaron fuertes andamios que soportaban las cimbras, sobre las que se encajaban las dovelas de los arcos, cuya piedra central, la clave, tenía que estar perfectamente tallada en forma de cuña para así poder ejercer la presión suficiente.
Los sillares ubicados a poca altura o por debajo del suelo eran colocados en su sitio transportándolos directamente hasta su disposición final desplazándolos mediante rodillos de encina, arrastrándolos por pequeñas rampas de madera apoyadas en andamios o desplazadas gracias a la fuerza de los animales de tiro.
Cuando la altura era mayor a la estatura de un hombre, utilizaban ruedas de elevación de grandes dimensiones, movidas por esclavos, que daban vueltas a un eje en el que se enrollaba la cuerda de cáñamo que, por un sistema de poleas, permitía izar los sillares. En los andamios otro grupo de obreros estaba pendientes de su colocación en el sitio correcto, ajustando los sillares, mediante palancas. Finalmente el cantero, in situ, acababa la obra con el labrado y tallado de las caras de cada piedra.
Las marcas hoy visibles de la construcción en época romana son los de ajuste, picado y almohadillado: las de ajuste son las hendiduras en la arista superior e inferior. Estas hendiduras se producen al introducir una palanca de hierro que hacía posible colocar los sillares en su posición final. Las marcas de picado están realizadas a golpes de pico formando estrías verticales en los sillares que conforman los extremos de los pilares y las marcas de almohadillado se producían para estilizar las aristas verticales.
El Acueducto es más ancho en la parte inferior y va disminuyendo al aumentar su altura. Es esta una solución ingeniosa que ayuda a soportar su propio peso. La unión de los sillares «opus quadrata» está realizada sin argamasa, cemento o plomo. Los sillares se mantienen unidos gracias a un perfecto estudio de empujes de las piedras.
Comenzamos la ascensión hacia el centro de la ciudad pasando por la Iglesia de San Martín. El espléndido templo, un compendio del románico castellano, está definido por un triple atrio de columnas y tres ábsides, una torre mudéjar que ocupa el espacio del cimborrio. Especial interés poseen los capiteles labrados, la placa de mármol con la efigie de San Martín situada en el exterior del ábside y las cuatro estatuas columna de la fachada.
Las Calles Juan Bravo e Isabel la Católica nos condujeron a la Plaza Mayor, el auténtico corazón de la ciudad, fruto de la política urbanística del siglo XVII. Vio modificado su aspecto a causa del hundimiento de la iglesia de San Miguel, acaecido en 1523. La iglesia, que estaba situada en el centro de la Plaza, donde se encuentra el quiosco actualmente, daba origen a tres plazuelas. Se reedificó en un lateral de la misma en 1532, lo que ha dado al ágora segoviana su forma actual, sobre todo por la construcción de la Catedral, que se inició en 1525, después de la destrucción de parte del barrio judío. El desplazamiento de la Iglesia de San Miguel completó ese gran cambio.
La Plaza Mayor está enmarcada por los bellos pináculos del ábside de la Catedral, de estilo gótico tardío, que comenzó a construirse en 1525 con la colaboración desinteresada de los segovianos y bajo la dirección de los arquitectos de la familia Gil de Hontañón. Sustituyó a la Catedral Vieja situada en los actuales jardines del Alcázar y destruida durante la Guerra de las Comunidades en 1520.
En su exterior, al oeste, está la fachada principal, conocida como Puerta del Perdón, con la escultura de la Virgen, obra de Juan Guas. Junto a ella se extiende el Enlosado, un espacio utilizado actualmente para actividades culturales.
La torre, situada en el lado de la Epístola, es uno de los elementos más llamativos por su gran altura, y ha estado habitada hasta mediados del siglo XX por el campanero. Constituye un privilegiado mirador sobre la ciudad, que actualmente es posible conocer mediante visitas guiadas.
La planta es de tres naves con crucero, con ábside semicircular en la cabecera y girola, rodeada de capillas. La grandiosidad y armonía de dimensiones define el interior. Observación pausada merecen las vidrieras (s. XVI), el Retablo Mayor dedicado a Ntra. Sra. de la Paz (s. XIV), donada a la ciudad por Enrique IV, la sillería del coro (fines del s. XV) procedente de la Catedral Vieja, los bellos órganos barrocos, la rejería o el trascoro neoclásico que guarda la urna con las reliquias de San Frutos.
Alberga 18 capillas que se encuentran en la girola y en las naves laterales, con importantes pinturas y esculturas. En su interior destacan el Calvario románico situado en la entrada de la Capilla del Sacramento; el tríptico de Ambrosius Benson y el retablo de la Piedad, de Juan de Juni, en la Capilla del Santo Entierro, junto a la Puerta de San Frutos; y el Cristo Yacente de Gregorio Fernández. Un claustro de Juan Guas procedente de la antigua catedral románica y trasladado piedra a piedra a su actual emplazamiento, precede a las salas del Museo Catedralicio. El Archivo Catedralicio conserva más de 500 incunables, entre ellos el Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España.
Hora de comer. A los pies del acueducto se encuentra el Restaurante más emblemático de Segovia. Cándido fue una figura mítica de su generación, consagrando su vida a su profesión: la hostelería, y siendo el primer, y más destacado promotor del cochinillo segoviano y de la gastronomía castellana. Ofrecía sus cochinillos que partía con el borde de un plato, ceremonia mundialmente conocida creada por él y convirtiéndolo en la tradición de esta casa.
Después de comer tocaba resguardarse del calor del mediodía segoviano y prepararse para la visita vespertina. Con todo, volvimos a la calle cuando todavía hacía un solanero de escándalo, dispuestos a recorrer el recinto amurallado por su zona exterior, por el Paseo del Valle del Clamores y sus miradores.
Contemplamos la Iglesia de San Millán, declarada Bien de Interés Cultural, un importantísimo templo, modelo de las iglesias románicas segovianas al integrar todas sus características tipológicas, como son la influencia islámica (decoración y bóvedas al estilo califal), atrios que cumplen la función de centro de reunión, sustitutos de los soportales de una plaza, y esbeltos campanarios que configuran un peculiarísimo perfil de la ciudad. Construida a imagen de la Catedral de Jaca, posee una torre que conserva restos de un edificio anterior, de estilo mozárabe.
A pesar de la elevada temperatura, es un placer para la vista contemplar esta visión excepcional de la magnífica y excelentemente conservada muralla segoviana, así como de la Catedral, el Alcázar y otros magníficos monumentos de Segovia que forman un marco incomparable.
Tras pasar por el Mirador de la Pradera de San Marcos llegamos a las inmediaciones de la Iglesia de la Vera Cruz, fundada por los Caballeros de la Orden del Santo Sepulcro en 1208, aunque la tradición popular la viene, desde tiempo inmemorial, atribuyendo a los Templarios.
La iglesia, de planta dodecagonal, posee un interior muy sobrio y emocionante, con un halo misterioso. Tiene dos plantas con bóveda de crucería al estilo musulmán, y restos de pinturas.
Junto a ella, el Monasterio de Santa María del Parral, un edificio del siglo XV perteneciente a los monjes Jerónimos.
Era el momento de desandar lo andado y subir, en este caso, lo bajado. Y ya puestos, optamos por el antiguo atajo que comunica el recinto amurallado y el Puente de la Castellana, el acceso al antiguo arrabal de San Marcos. La Cuesta de la zorra la llaman, por la Cueva que encuentras en un momento de la ascensión.
Tiempo para contemplar el exterior del Alcázar, que visitaríamos en días posteriores, y de seguir paseando por la Judería, uno de los barrios medievales con mayor encanto de la ciudad.
En el siglo XV se convirtió en una de las más importantes y pobladas de Castilla. Extraordinariamente bien conservado, el entramado de sus calles y su caserío te transportan a otro tiempo.
Tiempo para cenar y para un paseo nocturno por la ciudad. Había que descansar para la ruta planificada para el día siguiente.
Más tarde, recorrimos la Plaza del Ayuntamiento para llegar hasta la Plaza de Toros y la Estación del Norte.
Antes de comer nos dio tiempo a visitar la Lonja de la Seda, uno de los edificios característicos de la ciudad, además de ser uno de los más famosos monumentos del gótico civil que puede ofrecer Europa. Goza de la alta distinción de Monumento Histórico Artístico de carácter nacional desde el 4 de junio de 1931 y fue declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad el 5 de diciembre de 1996.
Situada frente al Mercado Central y el Templo de los Santos Juanes, ocupa una superficie rectangular cuya área es de unos 1.990 metros cuadrados. A finales del siglo XIII, la antigua Lonja se presenta insuficiente ante la prosperidad de la ciudad, por lo que en 1469 se decide iniciar la construcción de una nueva Lonja. La primera piedra se coloca en 1492, aunque el comienzo de las obras tiene lugar un año más tarde. La principal figura que intervino en la construcción fue Pere Compte, ciudadano de Valencia, ingeniero y arquitecto al mismo tiempo.
La Lonja consta de tres cuerpos claramente diferenciados y un jardín o «patio de naranjos». El Salón Columnario o Sala de Contratación está dividido en tres naves longitudinales y cinco transversales, en función de las ocho columnas exentas que soportan las bóvedas. Su altura de 17,40 m transmite una singularidad monumentalidad a las columnas. En esta Sala se instaló la Taula de Canvis, instituida en 1407 por el Consejo Municipal de la Ciudad que obtuvo gran prestigio por su solvencia y volumen de operaciones bancarias.
Ya con David nos dispusimos a degustar unos riquísimos arroces antes de la sobremesa, donde nos despedimos de nuestros anfitriones para prepararnos para la representación de “Romeo y Julieta” compuesto por Héctor Berlioz.
En ella, Valeri Gergiev llevó a cabo un trabajo de dirección impecable, equilibrado, de ritmo ágil, lleno de matices, con una fuerza lírica apabullante, extremadamente romántica pero sin empalago, y logrando que la riqueza orquestal de la partitura de Berlioz se desplegara en plenitud, gracias también a una ejecución soberbia de todos y cada uno de los atriles de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, que cuando están bajo las órdenes de directores de auténtica primera fila mejoran clarísimamente sus prestaciones.
El Coro de la Generalitat nos hizo disfrutar de su excelencia. Hubo algunos instantes sublimes, pero el Coro Fúnebre de Julieta fue uno de esos momentos que tardarán mucho tiempo en olvidarse. El mérito del Coro esta vez ha debido ser mucho mayor, además, al tener que descifrar sin diccionario el incomprensible lenguaje dígito-gestual de Gergiev cuando les marcaba las entradas.
Los solistas vocales elegidos para la ocasión tuvieron muy poca oportunidad de lucimiento. Pero Kenneth Tarver mostró frescura y agilidad con un bonito timbre lírico lígero; Mijail Petrenko, pese a carecer del peso y consistencia de un auténtico bajo, exhibió un fraseo intencionado y de gran musicalidad; y la mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova fue todo un lujo para los apenas cinco minutos en que pudimos extasiarnos con una voz privilegiada, bellísima, que rezuma calidez y potencia y que manejó con un gusto exquisito, aportando mil y un matices.
Terminamos la velada, a cubierto y protegidos de la fría tarde, en el Mercado de Colón, antiguo y emblemático mercado de 1916 situado en un edificio modernista reconvertido en centro comercial.
A la mañana siguiente volvíamos a casa. Tras hacer el ckeck out en el hotel y sacar el coche del parking donde había permanecido durante toda nuestra estancia nos dirigimos al Oceanogràfic de Valencia, ubicado en el complejo de la Ciutat de les Arts i de les Ciències.
Se trata, sin duda, del mayor acuario de Europa, con capacidad para albergar a 45.000 seres vivos de 500 especies diferentes. En él, se representan los principales ecosistemas marinos del planeta.
Su arquitectura vanguardista, la distribución de los diferentes acuarios y su vocación científica, lúdica y educativa consiguen acercar el mundo marino a toda la población y sensibilizarla sobre la protección de su fauna y flora, sirviendo, además, como plataforma para la investigación científica.
El Oceanogràfic se compone de diferentes edificios, que albergan representaciones de los ecosistemas más importantes de cada uno de los mares y océanos del planeta: Mediterráneo, Humedales, Templados y Tropicales, Océanos, Antártico, Ártico, Islas, Mar Rojo-Auditorio Submarino y su Delfinario, uno de los delfinarios más grandes del mundo, con 26 millones de metros cúbicos de agua y una profundidad de 10,5 metros.
Al finalizar la visita, rápida vuelta a casa para proseguir con nuestras obligaciones familiares.
La vuelta del director ruso Valeri Gergiev a Les Arts para ponerse al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana en una obra de Berlioz, su sinfonía dramática “Romeo y Julieta”, era una buena excusa para pasar parte del puente de diciembre en Valencia, y aprovechar para hacer una visita a nuestra sobrina Armar.
Tras finalizar la jornada laboral el miércoles 7 de diciembre, partimos hacia la capital levantina, a la que llegamos a media tarde con tiempo para hacer algunas fotos del Palau de Les Arts Reina Sofía, en cuyo Auditorio tendría lugar la representación.
De ahí al Hotel SH Valencia Palace para instalarnos, con la casualidad de que desde la habitación podíamos ver a Aramar en su casa.
Quedamos con ella en el hotel para, con ella de anfitriona, disfrutar de la noche valenciana. Una cena en un bonito restaurante cercano y una copa en un garito de moda que hicieron recordar tiempos ya lejanos a unos desacostumbrados noctámbulos.
A la mañana siguiente desayunamos en la Horchatería Santa Catalina, una cafetería de larga trayectoria famosa por los azulejos de sus paredes, que sirve un riquísimo chocolate caliente con churros a los que sucumbimos, como pedía la ocasión.
A la salida nos dirigimos a la Catedral. En su subsuelo se encuentra una excavación arqueológica donde se pueden apreciar restos de una calzada y casas romanas, así como restos visigóticos e islámicos. En el siglo VIII se construyó sobre su solar la mezquita mayor de Balansiya, que sirvió de catedral tras la fundación del Reino cristiano de Valencia por Jaime I el Conquistador en 1238, y el 22 de junio de 1262 el Obispo Fray Andrés de Albalat O. P. puso la primera piedra de la actual catedral, comenzando por la puerta de la Almoina de estilo tardo-románico y la girola, para continuarla más tarde en estilo gótico.
La nave central tiene una altura aproximada de 22 metros, mientras que las laterales no alcanzan los 16 metros, siendo los tramos cuadrados en la nave central y rectangulares en las laterales. La altura de las naves contrasta con los casi cuarenta metros del cimborrio; con ello se consiguió un amplio espacio bastante diáfano de 90 metros de longitud. La planta es de cruz latina, con girola y cimborrio sobre el crucero.
En el siglo XIV se construyeron la puerta gótica o “de los apóstoles” (comenzada en 1300), el cimborrio, el aula capitular (capilla del Santo Cáliz, comenzada en 1356) y el campanario llamado “Micalet” (1381), ambas obras bajo la dirección de Andreu Juliá; en el siguiente siglo (1458-1487), Francesc Baldomar y Pere Compte, prolongaron la nave a los pies en un tramo, hasta alcanzar las proporciones que podemos contemplar hoy.
El estilo del Renacimiento tuvo en la Catedral una de sus primeras manifestaciones en España con la decoración de la capilla mayor por Paolo da San Leocadio y Francesco Pagano (desde 1472). El retablo mayor de plata con sus puertas y la “Lonja de los canónigos”, obra de Miguel Porcar, continuando el propósito de enmascarar el estilo gótico en el periodo barroco (coro, puerta “de los hierros”, diseñada a comienzos del siglo XVIII por el alemán Konrad Rudolf) que culminó en el siglo XVIII, cuando la catedral fue recubierta de una decoración neoclásica, como se aprecia todavía en la girola y en las capillas laterales, conforme al diseño de Antonio Gilabert.
En 1943 el arquitecto Vicente Traver dispuso el coro en el ábside y el altar mayor en el centro del crucero, y a partir de 1974 se recuperó el estilo gótico de las naves del templo, bajo la dirección de Juan Segura de Lago, Fernando Chueca y Luís Gay. Esta catedral se distingue por la calidad de sus pinturas, con firmas entre otros de los Hernandos (Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando de Los Llanos), Vicente Macip, Juan de Juanes, José Vergara Gimeno, José Camarón, Luís Antonio Planes, Mariano Salvador Maella, Francisco de Goya (capilla S. Francisco de Borja), Jerónimo Jacinto de Espinosa y Francisco Ribalta.
Desde la Plaza de la Virgen nos dirigimos, por la Calle de Navellos, al Pont de Fusta, pasando por la Iglesia de San Lorenzo.
Comenzadas a construir en 1392 por Pere Balaguer, Las Torres de Serranos nacen como defensoras de uno de los accesos más usados de la Valencia antigua. En 1865 se derriban las murallas y quedan exentas. Desde 1586 hasta 1887 son utilizadas como cárcel de nobles.
Posteriormente, la parte trasera de las Torres fue descubierta y desde la Plaza de los Fueros se pueden observar cinco salas, con arcos de ojiva y bóvedas nervadas. Las Torres son un magnífico exponente de la arquitectura gótica.
Las Torres de Serranos fueron utilizadas tanto con carácter defensivo como también como arco del triunfo. En la actualidad, el acto más destacado que tienen lugar a sus pies es la Crida, una llamada que realiza la Fallera Mayor de Valencia el último domingo del mes de febrero para invitar a valencianos y visitantes, dando la bienvenida a la fiesta de las Fallas. La elección de este emblemático lugar no es otro que simbolizar la llegada de foráneos a Valencia siglos atrás, por el camino de los Serranos.
Seguíamos nuestro agradable paseo por el centro de la ciudad por la Calle dels Serrans, que nos condujo a la Torre de San Bartolomé Apóstol.
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