Llegamos a Zarautz con tiempo más que suficiente para pasear por la que es, sin duda, la playa más larga de Euskadi. Desde la Iglesia de Santa María la Real hasta el Restaurante Karlos Arguiñano, donde comeríamos, y tomaríamos el aperitivo, pues esa mezcla de nubes y sol hacía recomendable tomarse un aperitivo en su bar antes de entrar al comedor.
Imposible reservar en Akelarre, Arzak, Martín Berasategui, Azurmendi o Mugaritz con los plazos que nos movemos nosotros en nuestros viajes. Pero nos apetecía probar la cocina vasca, más aun si su menú degustación promete “disfrutar de toda nuestra cocina por un precio especial, sin perderte ni una sola de las experiencias que te haremos vivir a través de tu paladar. ¿Vienes?” ¡Vamos!
Aunque la carta prometía, optamos por el menú degustación elaborado para el verano 2018.
Consistía en ensalada de salmón marinado con fresas y yogurt de lima, ravioli de foie con crema de pochas y crujiente de hongos, bonito asado sobre morrones, jugo de marmitako y vinagreta de soja, solomillo de ibérico con emulsión de mango y tierra de almendras e infusión de cerezas con espuma de queso y merengue seco; todo ello regado con una botella de Camins del Priorat.
Seguro que lees opiniones para todos los gustos. Nosotros sólo podemos hablar bien del servicio, del menú, del entorno y de una relación calidad precio difícil de igualar, que ya llevábamos seis días comiendo fuera de casa y algo de experiencia teníamos. Una experiencia para repetir… aunque se puede probar en cualquiera de los anteriormente citados sin ningún tipo de problema.
La rapidez del servicio nos facilitó mucho nuestra excursión para aquella tarde, “Flysch esencial”, un “paseo en barco para descubrir desde el agua el gran libro de la Tierra”.
A las cinco y cuarto, convenientemente vestidos y calzados, estábamos en el punto de salida, el muelle Txomin Agirre, en Zumaia.
En barco, y durante algo más de una hora, realizamos una visita de ida y vuelta por el biotopo protegido Deba-Zumaia conociendo los espectaculares acantilados del flysch, con una historia superior a 50 millones de años, grandes desprendimientos de más de cien metros de altura, calas recónditas y una de las mayores rasas mareales de Europa.
La salida en barco dependía del estado de la mar y estaba entre marejada y marejadilla, lo que hizo que se alejara un poquito de la línea de costa. Con todo, el paseo por el Cantábrico fue muy agradable y venía muy bien para terminar la digestión de la comida, y de la bebida.
La jornada finalizó con un buen picnic en la playa de Itzurun, sentados al borde del flysch. Eso sí, el txakolí tinto apetecía poco y se vendría unos días después para casa. En su lugar, dos refrescantes botes de cerveza, convenientemente pagados a precio de chiringuito.
Aunque ya habíamos disfrutado de la cocina del cocinero murciano Marco Antonio Iniesta, la consecución de su primera estrella Michelin en la gala celebrada en nuestra capital el pasado 26 de noviembre de 2024 bien merecía una nueva visita. La fecha no podía ser más adecuada ante la sucesión de eventos que se avecinaban.
La cocina de Frases es un viaje a los sabores de la tierra, pero con un toque de fusión, creatividad, impredecible y sorprendente. Los platos están perfectamente elaborados y el producto es de primera calidad. Y no solo la comida es importante. El servicio en sala por parte de todo su equipo y comandado por María Egea, es amable, cercano y profesional a la vez. Una perfecta combinación.
Utilizando sus propias palabras,…
“Entendemos la cocina como lenguaje, algo que hay que contar a través de una composición de frases que son nuestros platos y escriben la historia final…
La experiencia vivida aquí, el territorio que nos rodea
Sabor de recuerdos y emociones, olores que nos transporten a lo más profundo de nuestra memoria.
¿Nos acompañas?
Sí, acompañarles es un placer para todos los sentidos: vista, oido, olfato, gusto y tacto…
A costa de llegar a Murcia antes de las dos y media optamos por el menú degustación Terra.
Comienza con unos Snacks que dejan entrever los sabores que te acompañarán a lo largo del mismo. Y castizos a más no poder: Oliva, Ensaladilla y Mejillón. Tres bocados de excelente elaboración y sabor. Si la oliva te sorprende, el crujiente es una obra maestra y la marinera, coronada por ese pulpo que no podía faltar, exquisita.
La siguiente sorpresa viene con el Embutido hecho en casa: Sobrasada, Cecina y Morcilla. Exquisito al paladar con una base vegana en la que se juega con la remolacha y la berenjena entre otras materias primas.
Una buena ensalada no podía faltar. En este caso, representada por una peculiar reconstrucción: Tomate, agua vegetativa, holandesa de hierbas y aire helado.
Era el momento de sacar el pan. Un Pan brioche caliente al momento acompañado por una deliciosa mantequilla artesana previo a los Entrantes, que comienzan con un Tortellini de gamba roja al ajillo, Néctar de sus cabezas y Fósil.
Uno de esos platos con un fondo potente. La gamba no era de Denia, pero la de Águilas también es de categoría. El fósil, elaborado con sus carcasas, está muy conseguido y nos recordó a la versión de la tortita de camarones que degustamos en Cádiz.
Otro plato de siempre, Cocido murciano de Gallina y Chato Murciano, al que no le podía faltar la típica pelota y una croqueta deliciosa del día después.
Aunque en el menú nos indicaban que el plato de pescado tenía como producto principal la merluza, Marco Antonio nos sorprendió con un riquísimo bacalao al vapor de algas acompañado de Arroz DOP Calasparra meloso de almejas en salsa verde y Beurre Blanc. Riquísimo, para tomarse media ración de bacalao sin dudarlo. Y una ración entera también.
En el Principal vuelve a cobrar protagonista el chato murciano en forma de Royal de Chato, Tubérculos (chirivía) confitados en mantequilla tostada y pepino fermentado. Una carrillera que se deshace en la boca, superjugosa y sabrosísima.
Comienzan los postres con una degustación de platos elaborados con Quesos de la Región de Murcia. Aunque somos adictos al queso el rulo de cabra no es de nuestros preferidos. Ahora, si te lo presentan en esta elaboración es un auténtico flechazo.
De postre principal, Chocolate, leche a la brasa y pino. Un magnífico colofón a un exquisito menú de principio a fin, acompañado por una copa de champán, cortesía de la casa. Otro detalle que agradecer.
Para finalizar el menú, los ya típicos “Petit fours”, que el propio Marco Antonio nos trajo a la mesa y nos presentó. Momento para conversar con el chef y felicitarle por los reconocimientos conseguidos, y para comprobar cómo tanto él como María no solo alimentan el cuerpo sino que también lo hacen con el alma, el alma que ponen en cada uno de los bocados que fueron desfilando ante nosotros. Y la pasión que se adivina en cada una de sus palabras.
Y hablando de esos Pequeños dulces, esos cacahuetes miméticos y ese arroz con leche no tienen precio.
Una experiencia gastronómica única, sin duda. Y gratamente sorprendidos por la evolución experimentada por la cocina de Frases. Para repetir, sin duda. Para acompañarles una y otra vez.
El pasado 10 de octubre de 2024, en mi despedida como docente en activo, escribía estas palabras:
«No puedo dejar de mencionar la enorme huella que ha dejado el Bachillerato de Investigación en los últimos años de mi etapa profesional. Trece promociones, más de trescientos alumnos, y muchos compañeros de profesión que consolidaron este programa de especialización curricular en mi último destino.
Ha sido, precisamente, el alumnado el “generador” de las mayores satisfacciones en todo este tiempo. En primer lugar, en el trabajo diario en el aula, ya sea en las materias específicas de la modalidad de Ciencias impartidas o en las más generales, y optativas, dedicadas a la metodología de la investigación y a la elaboración del prescriptivo proyecto.
También, en la coordinación de proyectos, cincuenta y dos en todos estos años. Ha sido un verdadero lujo trabajar con estas alumnas y estos alumnos en sus proyectos y he sacado muchos aprendizajes de ellas y de ellos en todos los aspectos».
Hoy, finalizando el mes de enero de 2025, ha culminado este proceso con las exposiciones orales de los proyectos de Nuria Almela Martínez y Lucía García López, alumnas de la XIII Promoción de Bachillerato de Investigación del IES «Alcántara» de Alcantarilla.
Cuando allá por el inicio del curso 2022-23 pensaba que ya había terminado de coordinar proyectos, en número redondo de cincuenta, los avatares del destino me hicieron tomar la decisión de iniciar, y culminar, la coordinación de otros dos, que ahora contemplamos con la satisfacción del trabajo bien hecho.
Ser profesor no es fácil, es un camino lleno de desafíos y dificultades, pero que deja muchas recompensas personales. Además de la convivencia con el alumnado en el día a día en el aula, el programa de Bachillerato de Investigación me ha permitido coordinar estos cincuenta y dos proyectos de los que me siento muy orgulloso.
En estas trece promociones siempre he intentado cumplir con la máxima que comunicaba a los alumnos en el escrito con el que he comenzado siempre el proceso investigador: «Recuerda que en todas las fases de la investigación contarás con mi guía y asesoramiento como profesor-tutor«. Espero haberlo conseguido.
En los quince proyectos elaborados en la materia de Física y en los treinta y siete proyectos elaborados en la materia de Química hemos abordado interesantes temáticas intentando que primara siempre el trabajo experimental. Y creo que lo hemos conseguido.
Recorrer con cada uno de mis alumnos el camino que se inicia con la elección del tema y concluye con la exposición de los resultados de la investigación, y acompañar a cinco de ellos al Certamen Nacional de Jóvenes Investigadores, presenciando cómo defendían sus trabajos y celebrando con ellos sus éxitos ha sido, sin duda, una de las mayores satisfacciones profesionales en 35 años de docencia.
A la mañana siguiente visitamos el sector este de la ciudad, ligeramente alejado del centro, donde se encuentra la Necrópolis de Chellah, un recinto arqueológico sorprendente que es el origen de Rabat.
Fue un pequeño asentamiento fundado por los cartagineses, en una elevación junto al río Bu Regreg, conquistado posteriormente por los romanos, en el siglo I dC. Estos últimos la llamaron Sala Colonia, de donde provendría el nombre de la vecina Salé.
Con la caída del imperio romano, esta pequeña ciudad entró en una progresiva decadencia hasta caer en el olvido y quedar abandonada en torno al siglo XII. Y así permaneció hasta el siglo XIV, cuando un rey de la dinastía meriní, el sultán Abu Al-Hassan, consideró que era un buen lugar para establecer una necrópolis. Aquí decidió enterrarse junto a su mujer y aquí se situaron otras importantes tumbas. Y para proteger esta singular necrópolis, mandó construir unas murallas que protegieran el recinto.
Actualmente, Chellah es uno de los recintos arqueológicos más importantes de Marruecos. Sus vestigios de época cartaginés y romana no son tan evidentes a simple vista, pero un buen observador sabrá reconocerlos. Por ejemplo, el Decumanus Maximus (vía principal), un arco de triunfo y un espacio público y central que haría las veces de foro.
En cambio, los vestigios de época meriní sí son muy relevantes. La muralla construida para proteger la necrópolis es el elemento más destacable, pero también otras construcciones como arcos de herradura, columnas, un mihrab y el minarete de la antigua mezquita del complejo, en un estilo que recuerda al de otras épocas anteriores, como la sebka que también está presente en la almohade Torre Hassan.
También se conservan restos de la decoración de la necrópolis, con zellig o azulejos, y aún se reconocen las tumbas de algunos personajes importantes de su época. Entre ellas, las del rey meriní Abu al-Hassan y su mujer, bajo la cual hay un agradable sendero entre vegetación local como palmeras o incluso flores en primavera.
Además, hay otros dos atractivos colaterales. Por un lado, la hermosa colonia de cigüeñas que han elegido la cima de estas estructuras para construir sus nidos. Y por otro, una poza de agua a la que se atribuyen poderes sobrenaturales: son muchas las mujeres que vienen aquí a alimentar con huevos cocidos a las anguilas por la creencia de que eso fomentará su fertilidad y propiciará un parto más fácil.
Tras la visita partíamos hacia Tetuán donde de nuevo la casa de Quiño haría de refugio hasta la mañana siguiente, en la que abandonábamos este bonito país. No sin dificultades. Cuatro en coche y dos en taxi hasta la frontera. Cuando los del coche llegamos a la explanada del puerto nos faltaban los dos del taxi para embarcar. Viajes de ida a vuelta del puerto a la frontera y de la frontera al puerto. Al final, con todos los viajeros en el puerto, al conductor del vehículo casi le da un infarto intentando embarcar el coche en el ferry. Muchas personas intentando adelantar su vuelta cuando otras estaban intentando coger su barco. Al final, coche y conductor embarcaban prácticamente con el barco zarpando del puerto de Ceuta.
Al llegar a Algeciras se producía la primera despedida, de Toñi y de Quiño en esta ocasión. Juan Ángel, Mamen, May y yo teníamos un buen trecho hasta Vera. Domingo de Resurrección, y sin autovías (la Expo de Sevilla y la A-92 vendrían años después). Atravesar Marbella fue una auténtica penitencia debido a la multitud de calles cerradas por la procesión del Resucitado. Más de uno se echó una buena cabezadita mientras el experimentado conductor mantenía el tipo.
Una parada en Rincón de la Victoria para comer en un chiringuito a pie de playa antes de llegar al punto de partida, Vera. Eso sí, cuando los veratenses llegaron a su destino, a los murcianos todavía les quedaban otros cien kilómetros para alcanzar el suyo. Final de trayecto.
Terminamos así el relato de un maravilloso viaje que ha permanecido en el recuerdo treinta y cinco años hasta escribir estas palabras y publicar estas instantáneas. Puede que el tiempo haya borrado algunos nombres y algunos recuerdos. También algunas anécdotas de aquellos días. Pero no la experiencia de recorrer parte de un país que no te deja indiferente. Maravillosa también la convivencia con personas con las que compartimos docencia en mi primer destino, el IES “Alyanub” de Vera, y que Marruecos unió para siempre, a pesar de que la vida tuviera un destino pensado para cada uno de ellos.
No estaría mal, ya que estas fotografías analógicas, ahora escaneadas, ven la luz (tal vez con algo de falta de calidad pero con un gran valor sentimental), propiciar un reencuentro de los viajeros. Por lo menos, de la mayor cantidad posible de ellos. Sería una excusa perfecta para rememorar todas las vivencias de nuestro paso por Marruecos.
Tras visitar la ciudad, pusimos rumbo al Ksar de Ait Ben Haddou a unos treinta kilómetros en dirección al desierto. Debe su nombre a la tribu que se asentaba en estas tierras, y que inició su construcción allá por el siglo XVII (Ben = “hijos”: Hijos de Haddou). Aprovecharon la ladera de una colina para ir apilando pequeñas casas hechas de adobe, algunas bastante modestas y otras que parecen auténticos castillos (kasbahs). Era un lugar frecuentado por las caravanas de comerciantes que se embarcaban en la ruta entre Marrakech y las ciudades al otro lado del Sahara, en un viaje que duraba varios meses.
Con el paso del tiempo la ciudadela fue despoblándose, aunque muchas de sus construcciones se conservaron casi intactas, lo que hace que sea uno de los mejores ejemplos de ciudadela bereber medieval presahariana.
Que fuera nombrada como patrimonio de la UNESCO en el año 1987 y que haya sido el escenario de muchas películas de alto presupuesto también ha ayudado a que hoy en día luzca como una de las maravillas de Marruecos.
Ait Ben Haddou, está dividida en dos partes: la ciudad antigua (que sería el famoso ksar) y la ciudad nueva, con varias opciones de alojamiento y restaurantes. Se encuentra en el extremo sur del Valle de Ounila, que atraviesa un pintoresco paisaje de camino a Marrakech, y que pasa por la bonita Kasbah de Telouet.
La antigua ciudadela está separada de la ciudad nueva por el cauce del río Ounila. Para llegar a sus pies tuvimos que cruzar el río a pie aunque el nivel suele ser bajo (ahora, y no entonces, hay puente).
Algunos intrépidos integrantes del grupo plantearon la posibilidad de llegar hasta Zagora, “La reina del Sur” ubicada al final del Valle Draa en un enorme palmeral y verdes frutales que se pierden en las arenas del Sáhara. Punto de partida también de las antiguas caravanas y a día de hoy base para adentrarse en el último pueblo del sur, M´hamid. La perspectiva de tener que recorrer otros 160 kilómetros por aquellas carreteras, de ida, y otros tantos de vuelta, más los correspondientes hasta llegar de nuevo a Marrakech hicieron que la idea abandonara nuestras cabezas. Esta es, por lo tanto, la instantánea más al sur de Marruecos que pudimos tomar.
Nos llevó toda la tarde regresar a Marrakech tras pasar algunos controles de tráfico con la inestimable ayuda de Quiño y realizar algunos curiosos intercambios geológico-gastronómicos. En esta ocasión el grupo se dividió en dos para dormir, pues May quería pasar la última noche en Marrakech en algún hotel de superior categoría. Objetivo cumplido. A la mañana siguiente el grupo se congregaba en este establecimiento para el desayuno.
Partíamos hacia la capital, Rabat, pasando por Casablanca. Ahora desandábamos nuestro camino de ida a Marrakech. Un alto en el camino para fotografiar a los dromedarios, a los que habíamos echado en falta durante estos días. Para el recuerdo la anécdota del “Gigante Verde” y sus guisantes…
Aunque Casablanca, la mayor ciudad de Marruecos no lleva el apellido de Imperial, no podemos pasar por alto su gran interés como centro económico y comercial del país. Posee un rico patrimonio arquitectónico moderno debido a la diversidad en ésta materia que experimentó durante el siglo XX. Debe su nombre a los antiguos marinos portugueses que costeaban la zona e identificaban ésta localidad con una pequeña casa blanca situada en el alto de la colina de Anfa, cuyo significado es Elevado.
Contemplamos la Mezquita Hassan II, el templo más alto del mundo y segundo más grande por detrás de la Meca. Esta gran obra, construida bajo el mandato del rey Hassan II, se alza como emblema de la capital del poder económico en Marruecos. Ocupa una extensión de 30.000 metros cuadrados y la convierten en una obra inédita, además de poseer una vista increíble y una ubicación excepcional como un islote en el mar, que dejan al visitante sobrecogido ante la envergadura de la obra.
Una visita al cercano puerto pesquero y continuación del viaje a Rabat, donde volveríamos al Mausoleo de Mohamed V, acompañados en esta ocasión.
Eso sí, tras alojarnos en el hotel del simpático “uno por chambre”. Más tarde visitamos la Medina en compañía de una persona con la que Quiño pronto congenió. Y la visitamos de punta a rabo, hasta llegar a las mismas puertas del mar, cerca de la desembocadura del río Bu Regreg, que divide a la ciudad de Rabat con la vecina Salé. Algo impensable para un viajero normal y corriente, todo hay que decirlo.
Utilizando el argot del Rally Dakar, el día siguiente era una auténtica Etapa Maratón con origen en Marrakech y final en Ouzarzate visitando el valle de un río y ascendiendo a una estación de esquí a más de tres mil metros de altitud, cruzando la cordillera del Atlas. Resumiendo: unos 350 kilómetros que Google Maps indica que se recorren en algo más de ¡¡siete horas!!
Tras abandonar Marrakech por una carretera sinuosa y empinada llegamos al Valle de Ourika, famoso por su azafrán “medicinal, colorante y culinario” entre cerezos, almendros y plantas aromáticas, a las faldas del Alto Atlas. Éste valle es uno de los más verdes, bonitos y fértiles de la zona, con grandes terrazas de cultivo entre las que destacan árboles frutales, huertos y olivos. La panorámica es una increíble sucesión de los elementos de la naturaleza que fluyen en éste valle, bajo la gran montaña como observadora de excepción.
El verde en todas las tonalidades tapizando las laderas de tierra rojiza, salpicado por colores de los frutos de los cultivos con un fondo gris perla de la montaña del Atlas con sus picos blanquecinos rozando el cielo azul impoluto que consigue llenar de luminosidad y bañar con su halo todo el valle. El sonido del caer de las aguas en su transcurso por el río, completan una experiencia de paz y relax que está esperando que la descubras.
A lo largo del camino que el rio ha ido formando a su paso, se suceden diferentes restaurantes y cafés para poder refrescarse y degustar algún plato típico bereber. También te sorprenderá como las familias marroquíes encuentran en éste valle la zona ideal donde disfrutar de las jornadas más calurosas acondicionando improvisadas islas de roca en medio del cauce, donde juntarse y conversar con sus pies en contacto continuo con las aguas provenientes de las cumbres.
Setti-Fatma, es el pequeño pueblo de la zona y lugar de partida para descubrir las cascadas del río. Cuenta con siete. La primera de ellas es fácilmente accesible y consigue que descubras lo que ésta ubicación puede ofrecer. Por ello, no continuamos el camino hasta ver las seis restantes, lo que implicaba adentrarse más a fondo en la montaña.
El Valle de Ourika es considerado la puerta de entrada a Oukaïmeden, la estación de esquí más importante de todo el Norte de África, a una altitud de unos 3.200 metros. País de contrastes donde los haya, habíamos pasado del valle a la alta montaña en un abrir y cerrar de ojos.
Pocas opciones de comer aquí en lo alto. Tan pocas que tuvimos que negociar con un lugareño la suya…
Se hacía tarde y quedaba una larga travesía hasta Ouzarzate por carreteras difíciles de transitar, tan solo acompañados por una enorme y preciosa luna que era la única iluminación de todos aquellos poblados que cruzábamos con personas y animales por doquier.
Noche cerrada cuando llegamos a nuestro destino. Intentamos encontrar alojamiento en algún hotel de superior categoría a los habituales pero resultó imposible a esas horas de la noche. Incluso uno de los conductores (no diremos su nombre) estuvo a punto de cometer una infracción de tráfico y solo la pericia del otro conductor (el que hablaba francés, tampoco diremos el suyo) le salvó de un buen entuerto con el agente de la autoridad. Al final conseguimos habitaciones en un peculiar hotel, con unas lamparitas de color rojo muy cuquis. Peculiares eso sí.
Todo se olvidó cuando nos pusimos a cenar. La cena más espectacular de todo el viaje, sin duda alguna. Unas increíbles fuentes de ensalada con unos sabrosos tomates seguidas de otras de una carne exquisita. Eso sí, la primera impresión era que íbamos a pasar hambre. Pero pronto comprobamos que después de una bandeja venía otra y otra. Exquisito también el postre. Un buen final para una maratoniana jornada.
Entre bosques de eucaliptos y alcornocales llegamos entre grandes montañas de color ocre al Gran Oasis de Marraquech cuyo palmeral de más de 150.000 palmeras sirviera de asentamiento a las tropas del emir almorávide Yúsuf ibn Tašufín, primero de la dinastía bereber de los almorávides, que reinó sobre Marruecos.
Actualmente Marrakech posee una parte importante de su economía vinculada al turismo, junto con los productos agrícolas que se exportan a Europa. Es centro comercial de su región y centro del trasporte del mineral extraído en el Atlas.
Etimológicamente, el término Marruecos proviene del nombre de su antigua capital Marrakech, “Tierra de Dios”, fundada en 1062 por los almorávides que hicieron de ella su capital en el sur de Marruecos al pie del Atlas a 466 metros sobre el nivel del mar. Marrakech junto con Meknès, Fez y Rabat han sido consideradas desde tiempos muy pretéritos las cuatro ciudades imperiales de Marruecos con monumentos que forman parte del Patrimonio de la Humanidad.
En Marrakech reposan los restos de filósofos y médicos andalusíes de la talla de Averroes o Abentofail entre otros personajes de la cultura universal cuyo legado llegaría a ser el faro de Europa que ayudaría a disipar nuestras brumas culturales beneficiando al pensamiento posterior del mundo latino (Santo Tomás).
Como es habitual en nosotros, llegamos con tiempo más que de sobra antes del reencuentro, aparcando el coche cerca de la torre de Kutubiya de Marrakech. Llamada Mezquita de los Libreros -kutub en árabe significa libro- es un ejemplo del arte almohade del siglo XII. Fue mandada construir por el monarca almohade Yaqub al-Mansur, cercana a los 70 metros de altura. Es de planta cuadrada y sirvió de modelo para la construcción del minarete sevillano “La Giralda” que tiene una altura de 97,5 metros.
Todas las grandes avenidas de Marrakech convergen en la Torre Mezquita Kutubía. La Plaza de Djemaa el-Fna o Plaza de la muerte (por ser donde se exponían a los condenados a muerte en tiempos pretéritos), los jardines de la Menara con su gran laguna, el Jardín Botánico o el Palmeral.
Le propuse a May dar una vuelta por la Plaza de Djemaa el-Fna y el zoco, sin conseguirlo. Tocaba esperar a las doce horas del mediodía, cuando se produjo el ansiado encuentro con nuestros cuatro compañeros. Sin móviles, sin wasap, sin medio alguno de comunicación, en un país extraño, en un punto de encuentro del que tan solo teníamos referencias. Pero ahí estábamos los seis dispuestos a continuar nuestra aventura.
Ahora sí que May, resguardada por el gran grupo, estaba dispuesta a tomar al asalto todas las tiendas habidas y por haber, comenzando el regateo que no nos abandonaría hasta el regreso a casa.
En el zoco de la Plaza Djemaa el-Fnaa encontramos saltimbanquis, portadores de agua con su traje tradicional, encantadores de serpientes, coches de caballos, motocarros de tres ruedas, músicos y grupos tradicionales con sus coros y danzas, cuenta cuentos y un largo etcétera.
Contemplábamos el bullicio de la mañana desde la terraza de un café donde comentábamos nuestro viaje desde Ceuta unos y los detalles de Fez y Mekinez otros, protagonizando incluso un duelo de cámaras fotográficas…
Tras la comida iniciamos la visita a los zocos de Marrakech, en pleno centro de la Medina, empezando por el de las especias, ideal para pasear y disfrutar del aroma que desprenden las especies y remedios naturales. El resto del zoco es un entramado de callejuelas y recovecos con mucho encanto, todo un laberinto donde puedes encontrar todo tipo de artículos, en especial: lamparas, alfombras, textiles, ropa, artesanía de cuero, y souvenirs.
Poco a poco íbamos adentrándonos más en el zoco y sustituyendo la parte más turística por otra mucho más autóctona, guiados por el buen saber y el atrevimiento, para qué negarlo, de Quiño. De este modo llegamos a la Madrasa Ben Joussef, una de las joyas de Marrakech, un claro ejemplo de la arquitectura marroquí
La Madrasa Ben Youssef era una escuela coránica del Siglo XIV que acogía a más de 800 alumnos y fue fundada por el Sultán Abou al Hasan. Una Madrasa es lo que en Occidente podemos conocer como una escuela, pero basada en las enseñanzas del Corán. También se enseñan otras disciplinas como arte, historia, ciencias, o idiomas. Esta Madrasa llegó a ser la más grande de todo Marruecos.
Actualmente se pueden visitar algunas de las celdas dónde se alojaban sus estudiantes. Lo que llama más la atención es, sin duda, la arquitectura de la Madrasa y su patio central.
Seguíamos paseando por la medina, sin saber ya muy bien donde nos encontrábamos, hasta que encontramos una puerta por la que salir de la misma y regresar a la Plaza Djemaa el-Fnaa.
El Ramadán es el noveno mes del calendario lunar islámico y tiene una inmensa importancia para los musulmanes de todo el mundo. Durante este mes sagrado, los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta el atardecer, participando en la reflexión espiritual, la oración y actos de amabilidad. El inicio del Ramadán en 1990 se produjo el domingo 17 de marzo y coincidió con nuestra estancia en Marruecos.
El ayuno es interrumpido tras la puesta de sol, generalmente comiendo dátiles y tomando agua o jugo. Sin embargo, cualquier comida o bebida lícita puede utilizarse para interrumpir el ayuno. A esto le sigue el Salat Al-Maghrib (oración posterior a la puesta de sol) y luego una comida completa. Después de un breve descanso, los musulmanes van a la mezquita para ofrecer el Salat Al-‘Isha (oración de noche) y más tarde una oración especial llamada Tarawih.
El resultado: cuando de nuevo volvimos a la plaza la transformación había sido brutal. Desaparecidos todos los “espectáculos para turistas” de la mañana, su lugar era ocupado ahora por infinidad de puestos donde degustar todos los manjares de la gastronomía marroquí. Una ocasión que no podíamos dejar escapar antes de pasar nuestra primera noche en Marrakech.
Llegamos a Ceuta a media tarde un Domingo de Ramos con el primer objetivo de conseguir hotel para esa noche. Mientras realizábamos las gestiones oportunas llamamos a un ceutí, que había realizado el Servicio Militar en la Academia General del Aire de San Javier, contacto proporcionado por mi cuñado (treinta y cuatro años después no recuerdo su nombre, lamentablemente).
Cierto es que contactamos con él y conseguimos habitación en un hotel de la zona. Lo que desconocíamos es que nuestro contacto ejercía de relaciones públicas en varios locales de la ciudad, y no se nos olvidará nunca la “noche ceutí”. Hacía mucho tiempo que no salíamos de fiesta en la península como lo hicimos esa noche en el lugar menos pensado.
Habían pasado unas pocas horas cuando tocaba a la puerta de nuestra habitación para desplazarnos al taller. Allí tuvimos la suerte de que aceptaran y arreglaran el problema del cambio del coche mientras aprovechábamos para realizar algunas compras en Ceuta.
Una vez nos despedimos de nuestro compañero de andanzas por Ceuta volvimos a realizar los trámites para entrar en Marruecos por segunda vez en dos días, coincidiendo ahora con un grupo de murcianas, también de turismo, con las que compartiríamos viaje hasta Larache.
De ahí, ya solos en la carretera, a Casablanca (la capital financiera del país), donde haríamos noche, pasando previamente por la capital política y administrativa de Marruecos, Rabat.
Teníamos algo de tiempo para visitar la ciudad y optamos por acercarnos a la explanada de la Mezquita Inacabada donde te sorprenden -como si fuesen centinelas haciendo guardia- unas enormes hileras de columnas solitarias bajo el cielo de Rabat, con diversos tamaños que deberían de haber sustentado una enorme mezquita con capacidad para 40.000 fieles con su alminar (que debería alzarse a los 80 metros de altura).
Este colosal proyecto quedó interrumpido tras la muerte del califa y donde un gran alminar con algunos paños de “sebka o motivos decorativos de origen islámico en forma geométrica” también inacabado quedará reducido a 44 metros como testigo de una época histórica.
La Torre Hasan II es muy similar a su “hermana gemela”, la Giralda de la antigua Ishbiliya “Sevilla”, sin el cuerpo de campanas. Ha sido restaurada por la Unesco. Junto a ella se encuentra una bella fuente con el árbol genealógico de la familia real alauita.
En un extremo superior de la explanada se alza majestuosamente el Mausoleo de Mohamed V en mármol blanco que contrasta con la sobriedad del conjunto. Destacan sus bellos alicatados y una enorme bóveda de caoba con paños de pan de oro que acogen los sepulcros del Rey Mohamed V, de su padre Hasan II y de su hermano Muley Abdalá, velados por un talib que recita el Corán para el descanso eterno de los ilustres difuntos.
El Mausoleo de Mohamed V (al igual que las mezquitas y alminares musulmanes) se encuentra rematado como todas las grandes obras musulmanas por el “yamur”, tres esferas en orden descendente como terminación de la arquitectura musulmana sin un significado definido aunque existen diversas teorías proyectadas a una plenitud asociada al Universo y a Dios.
A medio camino entre Rabat y Marrakech se encuentra la mayor ciudad de Marruecos, Casablanca. Su origen se remonta a tiempos muy pretéritos, cuando los marinos portugueses costeaban por un lugar que la identificaban con una pequeña casa blanca situada sobre la antigua colina “Anfa”. Los nativos denominaban casa a la medina.
Llegamos ya de noche, con el tiempo más que justo de encontrar hotel y dormir lo justo para salir temprano a la mañana siguiente al encuentro de nuestros compañeros de viaje.
Un trimestre en Vera fue suficiente para que, junto a dos compañeros de instituto más, Quiño y Juan Ángel, planeáramos la realización de un viaje a Marruecos coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa del curso 1989-1990. El hecho de que la familia de Quiño estuviera instalada en Tetuán ayudó, no cabe duda.
Aun así, la planificación de los viajes ha cambiado mucho desde entonces. Posiblemente, la única reserva que realizamos fue la del barco que nos llevaría de Algeciras a Ceuta y que, unos días más tarde, nos devolvería a la península.
El sábado 7 de abril de 1990 comenzó la aventura con el desplazamiento desde Vera hasta Algeciras, punto de encuentro de los seis intrépidos viajeros: May, Mamen, Toñi, Juan Ángel, Quiño y José María. Después de embarcar el coche nos dispusimos en cubierta a despedirnos del continente europeo.
La angostura del Estrecho permite otear en un día claro como este el antiguo Monte Calpe (Gibraltar) en la orilla peninsular y el Monte Hacho (Ceuta) junto con el Monte Musa -el guardián de África- en territorio de Marruecos, de los cuales nos recuerda la leyenda que los griegos llegaron a llamarla “Estelas de Heracles” en honor al mítico Hércules y los romanos “Columnas de Hércules”.
Una vez en tierra recorrimos los cinco kilómetros que separan el puerto de la frontera para proceder “algunos” por primera vez a la cumplimentación de la documentación necesaria para ingresar en Marruecos.
Y de ahí, otros cuarenta kilómetros hasta Tetuán, donde conocimos a la familia de Quiño y dimos una vuelta por su medina y posteriormente nos dirigimos a la antigua Plaza de España donde se encuentra el Palacio Real de Tetuán, antes de pasar nuestra primera noche en África. Tetuán es conocida como «La paloma blanca», a orillas del Mar Mediterráneo, tal vez la blancura que desprenden sus casas encaladas al sol. Es la medina con más rasgos andalusíes de Marruecos.
Aunque no está documentado que don Miguel de Cervantes, autor de la novela «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha» -novela publicada en 1605- nunca estuviera en Tetuán, aparece mencionada en doce ocasiones, donde se alude a sus lóbregas mazmorras, su mercado de esclavos y su puerto donde atracaban los barcos del Turco.
Entre 1913 y 1956, Tetuán fue la capital del «Protectorado español de Marruecos» hasta la firma del acuerdo de independencia de Marruecos ese año.
A la mañana siguiente, tras las despedidas, pasábamos de los blancos de Tetuán a los azules de Chauen, una vez que Quiño cogió el vehículo familiar y ya nos desplazábamos en dos coches. Una piedra en el camino quiso interferir en el transcurrir del viaje, afectando al cambio de nuestro Volkswagen Polo. Llegamos de este modo a Chauen, donde encontramos un mecánico que intentó solucionar el problema, sin conseguirlo plenamente.
Quedaban muchos días, y muchos kilómetros, como para internarse en el país en esas condiciones, por lo que decidimos regresar a Ceuta para que el servicio técnico oficial dejara el coche en condiciones de continuar. De este modo, el grupo se partía en dos. Cuatro componentes del mismo proseguían ruta hacia Marrakech pasando por Fez y Meknès y otro regresaba a Ceuta, “con la promesa de coincidir en la Plaza de Jamaa el Fna dos días más tarde, a las doce horas”. No parecía fácil el desafío, pero así lo hicimos.
De manera paralela e independientemente del Supermanager clásico, durante las cuatro trepidantes jornadas de finales de diciembre e inicios de enero se ha disputado el ya habitual SuperManager de Navidad 25-26, con un premio para el ganador final que es el único que motiva a May a que dedique unos minutos a esta gran afición: un […]
A finales de 2015 empecé la (buena) costumbre de publicar un collage formado por 16 fotos, 16 momentos, a modo de instantánea, de los muchos acontecidos fuera del aula (y algunos dentro), considerando que la clase supone el producto científico y creativo más importante que todo docente elabora. Desde entonces se convirtió en una buena […]
Poco a poco, premio a premio, la gastronomía de la Región de Murcia sigue acumulando reconocimientos que subrayan su gran estado de forma. El último, la primera estrella Michelin a Barahonda, con Alejandro Ibáñez al frente, un yeclano que ha sido nominado a cocinero revelación en Madrid Fusión. Pese a su juventud, aglutina ya la suficiente […]
El 25 de abril de 2025, en el salón de actos del IES «Francisco Ros Giner» de Lorca, se celebró la defensa de los trabajos de investigación seleccionados por el Jurado del III Certamen de Investigación «Esther Sánchez». El trabajo de Lucía García López, ¿Picará mucho? ¿Picará poco?, fue uno de los seleccionados entre los 35 […]
Como suelen decir en Pucela: “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…“, nos acercamos al río tras realizar las últimas compras y acercarlas al coche. El río Pisuerga es el más importante de la ciudad, tanto pos su caudal y todos los beneficios que el conlleva, como por haber sido durante muchos años el límite […]
Alquimia se convirtió en noviembre de 2022, tras Trigo, en el segundo restaurante de Valladolid capital en obtener una estrella Michelin. Al frente de la cocina de Alquimia está Alvar Hinojal, uno de los cocineros más talentosos de la ciudad. En ella encontramos dos propuestas diversificadas en dos espacios diferentes, Laboratorio (comedor principal) y Crisol […]
La tarde anterior, de camino al hotel, descubrimos una chocolatería cercana a la catedral, de idéntico nombre, y fue la elegida para comenzar nuestro recorrido por la ciudad esa mañana. La fachada de la Universidad de Valladolid es uno de los mejores ejemplares del Barroco en nuestro país. Su edificio medieval se renovó a principios […]
La creación del Museo Nacional de Escultura se remonta al año 1933. En la primera sede elegida para su ubicación, el Colegio San Gregorio y la capilla funeraria de su fundador, Fray Alonso de Burgos, se logró reunir e instalar un importante conjunto de esculturas y pinturas que, procedentes del antiguo Museo Provincial de Bellas […]
Iniciamos nuestra visita a Valladolid, antes de comer en Trigo, paseando por la calle de San Ignacio, apodada “calle de los palacios”. Destacan los de los Arenzana, el del Marqués de Valverde y el Palacio de Fabio Nelli, hoy Museo de Valladolid, que atesora un pequeño jardín arqueológico. El Palacio de los Marqueses de Valverde […]
No teníamos duda de dónde íbamos a comer en Valladolid. Tras hacer el ckeck in en el Hotel Boutique Catedral y dejar el coche aparcado en el parking de la Avenida Isabel la Católica, el Restaurante Trigo, en pleno Patio Herreriano, distaba de nosotros unos cuantos pasos. Trigo abrió sus puertas en agosto de 2007. […]
Entradas recientes: Bachillerato de Investigación - IES "Alcántara" de Alcantarilla (Murcia). Cursos 2010-2011 a 2023-2024
En el curso 23-24 que acaba de terminar hemos contado con alumnos de primer y de segundo curso (XIII y XII promoción, respectivamente). El grupo de segundo estaba conformado por 28 alumnos, distribuidos del siguiente modo: 20 de la modalidad de Ciencias y 8 de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. El grupo de […]
En el curso 22-23 convivieron la XI y XII promociones de Bachillerato de Investigación de nuestro centro. El grupo de segundo estaba conformado por 26 alumnos, distribuidos del siguiente modo: 20 de la modalidad de Ciencias y 6 de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. El grupo de primero estaba conformado a final de […]
En el curso 21-22 contamos, de nuevo, con alumnos de primer y de segundo curso (XI y X promoción, respectivamente). El grupo de segundo estaba conformado por 35 alumnos, seis de ellos repetidores, distribuidos del siguiente modo: 24 de la modalidad de Ciencias y 11 de la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales. El grupo […]
En el curso escolar 2020-2021 realizaron sus estudios los alumnos de la X (primer curso) y IX (segundo curso) promoción de Bachillerato de Investigación. El grupo de segundo estaba conformado por 29 alumnos, uno de ellos repetidor, distribuidos del siguiente modo: 19 de la modalidad de Ciencias y 10 de la modalidad de Humanidades y […]
Iniciábamos este relato comentando que nuestro centro comenzó a impartir las enseñanzas del Bachillerato de Investigación en el año académico 2010/11. En el “atípico” curso escolar 2019-2020 celebrábamos, por lo tanto, nuestro décimo aniversario. Y lo hacíamos, por séptima vez consecutiva, contando con alumnos de primer y de segundo curso (IX y VIII promoción, respectivamente). […]
A lo largo del presente curso se procedió a la exposición de los trabajos de los alumnos de la VII Promoción de Bachillerato de Investigación del IES “Alcántara”. Del 26 de febrero al 7 de marzo de 2019, y con la participación de 29 profesores del Claustro, se constituyeron las comisiones encargadas de la evaluación […]