Mérida 2024 (y 7)

Habíamos proyectado visitar Medellín, deprisa y corriendo, el día de vuelta a casa. Pero dado que la inmensa mayoría del conjunto arqueológico de Mérida había sido visitado en los días previos nos acercamos a verla como se merece el día antes de nuestro regreso.

Aunque después comprobamos que se podía aparcar con facilidad en las inmediaciones del teatro, optamos por dejar el coche en las afueras de la localidad. Eso nos permitió contemplar la Plaza de Hernán Cortés. A partir de la segunda década del siglo XIX, las casas que componían la manzana que ocupaba la actual Plaza de Hernán Cortés se encontraban en una situación ruinosa como consecuencia de la estancia del ejército francés en la Villa entre el 28 de Marzo al 12 de mayo de 1809. El origen del acantonamiento de tropas francesas en la villa de Medellín fue consecuencia directa de la Batalla de Medellín, derrota sufrida en el marco de la Guerra de la Independencia Española, (1808-1814). Las pérdidas económicas, sociales y patrimoniales originadas por la Batalla y la posterior estancia del ejército galo en Medellín hicieron que el urbanismo de la villa, en general, y de esta céntrica manzana, en particular, se continuase arrimando progresivamente a lo largo del siglo XIX. Entre las casas que ocupaban esa manzana -delimitada por la calle de la Feria, la Plaza Vieja, la calle de Jariegos y del Reloj-, se encontraba la casa natal de Hernán Cortés.

En 1883, el recién elegido alcalde de la Villa, que ya lo había sido en otras ocasiones, D. Juan Damián de Tena y Moreno, acomete una reforma urbanística de envergadura en Medellín. En primer lugar decide expropiar las 23 casas que componían la citada manzana (algunas de ellas reducidas prácticamente a solares) para crear una plaza que posteriormente acogiera el monumento a Hernán Cortés. En 1990, se haría realidad el anhelado monumento a Hernán Cortés, que sería inaugurado el 2 de diciembre de 1890, aniversario de la muerte del ilustre metelinense en Castilleja de la Cuesta (Sevilla).

Comenzamos nuestra visita por el castillo, enclavado en lo alto del cerro que porta su nombre y a la falda del cual se extiende Medellín. Es el monumento más representativo de la localidad. Es una construcción de finales del siglo XIV. Se trata de una robusta fortaleza de planta poligonal alargada, que se levanta sobre los cimientos de una alcazaba musulmana. Dividido en dos patios de armas separados por un lienzo transversal de mayor altura que une las dos torres principales del recinto.

El interior de las mismas es fuertemente evocador: escaleras de caracol, recias chimeneas, estrechas troneras y asientos de piedra nos trasportan a una época en que la vida nobiliar cedía comodidades a los quehaceres guerreros.

El Castillo alberga los restos de la que fuera la primera iglesia cristiana de la villa, Santa María del Castillo, la cual a modo de cripta cobija un aljibe de época musulmana, una alberca y un aljibe de dos cuerpos separados por arcos túmidos todos ellos también de origen musulmán.

Por otro lado, la fortaleza exhibe sendas salas ocupadas respectivamente por un museo de láminas, elementos propios de las Conquista de América y paneles explicativos de los colonizadores y el Nuevo Mundo.

A Medellín se accede cruzando el Puente Siglo XVII, el tercero que Medellín habría de conocer. De estilo barroco, su construcción finalizó en el 1630, como atestigua un magnifico templete hacía la mitad de su trayecto. Posee veinte ojos, y cuatrocientos metros de longitud. El primero de aquéllos, de época romana, fue destruido por causas naturales en torno al 1525. Un segundo, de traza renacentista fue erigido en 1575, pero fue devastado por una fuerte crecida del Guadiana en 1603.

Antes de visitar el teatro pasamos por el Centro de Interpretación del Parque Arqueológico de Medellín, sito en la Iglesia de Santiago que fue erigida sobre las ruinas de un templo romano a finales del siglo XIII. Combina trazas tardorrománicas con elementos protogóticos. Sus partes responden a una sola nave, ábside semicircular, dos sacristías, un coro y torre-campanario. Sufrió diversas reformas en los siglos posteriores hasta quedar abandonada a finales del siglo XIX, época en la que concluyó su papel de parroquia.

Cabe destacar que la iglesia parroquial de Santiago llegó a ser iglesia archipresbiterial, cabeza de uno de los partidos en que se dividió la diócesis de Plasencia. En 2003 fue restaurada y posteriormente puesta en valor a partir del 2007 coincidiendo con las excavaciones llevadas a cabo dentro del Teatro Romano, acogiendo en estos últimos años el Centro Museográfico de la localidad.

La visita guiada al Teatro Romano de Medellín, que ya habíamos contemplado desde el castillo, estaba programada para las 12:00 horas.

A partir de 2007 se llevaron a cabo unas campañas de excavaciones sobre los restos romanos visibles que se encontraban en la ladera meridional del cerro, entre el Castillo y la Iglesia de Santiago, dejando a la vista uno de los hallazgos más importantes del siglo XXI, el Teatro Romano, convirtiéndolo así en el edificio visible más importante del Metellinum Romano.

Destaca por su gran monumentalidad, tanto por su situación aprovechando el desnivel de la ladera del cerro como por el excelente estado de conservación de las estructuras murarias de opusincertum y opus quadratum que lo configuran.

También por el elevado número de sillares originales (casi 800) que se conservan, excelentes esculturas y diverso material decorativo de importancia. Tras finalizar los procesos de consolidación y acondicionamiento, el 24 de julio de 2013 pudo abrirse definitivamente a la visita pública, año también en el que se le otorgó el Premio Internacional de Patrimonio Cultural Europa Nostra.

La construcción de la Iglesia de San Martín Obispo se inició en el segundo tercio del siglo XIII, sobre ruinas de origen romano. El edificio actual obedece a dos momentos constructivos diferentes: estilo protogótico inicial y una sustancial transformación barroca, muy semejante al proceso de la arciprestal de Santiago.

En la iglesia se conserva la Pila Bautismal en la que por “tradición oral constante” hasta principios del siglo XX (según Rodríguez Gordillo), “debió recibir las regeneradoras aguas del bautismo el ínclito hijo de esta Villa Hernán Cortés.” La pila fue recogida de la puerta norte, donde se hallaba abandonada e introducida y custodiada dentro del templo, por el mismo párroco citado.

Bajamos del área arqueológica, recorriendo la localidad en busca del Restaurante La Cabaña (Plaza Quinto Cecilio, 2), donde comimos antes de emprender el regreso a Mérida, donde nos esperaba el café y el cava.

La última tarde en Mérida estaba reservada para realizar algunas compras de productos típicos extremeños y pasear una vez más por sus bulliciosas calles, entreteniéndonos en contemplar el inmenso tesoro arqueológico que contiene por doquier la ciudad.

Finalmente nos decidimos por pasear por la vía peatonal del Puente Lusitania al atardecer. Inaugurado el 10 de diciembre de 1991, es obra del ingeniero y arquitecto Santiago Calatrava. Su estructura está compuesta por unas plataformas de hormigón que se suspenden, con tensones de acero, de un gran arco.

Se trata del primer puente que se levanta no para unir la ciudad con el exterior, sino para fusionar elementos de la propia ciudad: la Mérida tradicional, donde se asienta el casco histórico, con la nueva ciudad que se desarrolla en la margen opuesta del río.

Nuestra estancia en Mérida tocaba a su fin. Había que empezar a preparar el equipaje para el regreso a casa. A la mañana siguiente, tras el desayuno, y con una intensa niebla, emprendíamos el viaje de vuelta. De una tirada llegamos a La Roda para comer, repostar y llegar sin novedad a Alcantarilla.

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Mérida 2024 (6)

El Museo Arqueológico Provincial se fundó en el año 1867. Su objetivo a lo largo de la historia ha sido y es conservar, investigar y dar a conocer la arqueología de la actual provincia de Badajoz. Presenta un panorama de la historia del territorio desde la primera presencia humana en el Paleolítico Inferior hasta el siglo XVI d.C. a través de una excepcional colección de piezas arqueológicas únicas en la Península Ibérica.

El edificio que alberga el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz se estructura en torno a un patio neomudéjar, rehecho completamente en el siglo XX, al que se accede desde el vestíbulo.

La primera imagen que puede ver el visitante al entrar en el Museo es un gran fragmento de mosaico polícromo del siglo IV que decoraba el suelo de un gran salón de la villa romana de Pesquero (Pueblonuevo del Guadiana), que representa una escena del mito de Orfeo. En una de las paredes del patio pueden verse otro gran fragmento de mosaico de la misma villa, decorado con escenas figuradas (combate entre leones, erotes y centauros, y una Victoria alada en un carro) y motivos geométricos y vegetales.

Se exponen en el patio varias piezas romanas de mármol: una escultura femenina hallada en el teatro romano de Medellín; un pedestal de estatua con su dedicatoria, procedente de la ermita de Santiago de Alburquerque, y tres togados que aún conservan pintura (azul, rojo, ocre y negro) en la vestimenta procedentes de Los Cercos (Medina de las Torres) y de El Cabezo (Capilla).

Tras salir de la Alcazaba paseamos hasta la Plaza de La Soledad, una de las plazas más interesantes y características del Badajoz antiguo. A pesar de sus reducidas dimensiones y su forma alargada tiene un sabor característico y reúne diversos edificios muy simbólicos de la ciudad. La plaza debe su nombre a la antigua Ermita de Virgen de La Soledad, inaugurada en 1664, en el lugar donde hoy se asienta La Giraldilla. El mal estado del edificio llevó a la construcción de la actual Ermita de La Soledad, de estilo racionalista, inaugurado en 1935 aunque su obra no se dio por finalizada hasta varias décadas después. La iglesia está presidida por la imagen de la Virgen de la Soledad, titular de la iglesia y de la Hermandad que reside en ella, y Patrona de la Ciudad de Badajoz.

«La Giraldilla», edificio de los antiguos Almacenes La Giralda, se construyó entre los años 1923 y 1930, según proyecto de Adel Pinna, artífice de otros edificios emblemáticos de la ciudad como el vecino Las Tres Campanas, y completada posteriormente por Rodolfo Martínez. «La Giraldilla» es de estilo claramente historicista regionalista, andaluz, y con elementos neomudéjares, además de contar con una rejería reseñable. La torre es una reproducción reducida de la famosa Giralda de Sevilla, utilizada en este caso como reclamo publicitario de los propios Almacenes La Giralda. A diferencia de la Giralda de Sevilla, ésta está rematada por una escultura de Mercurio, dios romano del comercio.

El edificio de Las Tres Campanas fue construido en 1899, dañado en un incendio en 1912, y rehabilitado con su aspecto actual en 1917 por Francisco Franco y Adel Pinna. Es un ejemplo de aquitectura modernista o Art Nouveau. La fachada cuenta con abundante decoración, un reloj cubierto con un parasol y tres campanas, y dos cupulines.

La Puerta de Palmas es uno de los monumentos más representativos e identificables de la ciudad de Badajoz. La construcción de esta puerta se realizó en el siglo XVI, sobre las murallas medievales con las que contaba la ciudad en aquel entonces. Posteriormente, con la construcción del Sistema Abaluartado la puerta se mantuvo. Esta puerta da acceso directo al Puente de Palmas, al igual que la puerta obra del siglo XVI, y con el que forma un conjunto histórico y monumental inseparable.

Consta de dos torreones cilíndricos huecos, de 16 metros de altura, y rematados por almenas. La fachada exterior presenta un doble arco de medio punto, estando el arco mayor decorado con casetones. Así mismo aparece el escudo imperial de Carlos I, y medallones e inscripciones que hacen referencia a otros miembros de la familia real, como el Príncipe Felipe (posteriormente Felipe II).

Paseamos hasta el otro extremo del Puente de Palmas, construido sobre otro anterior, originario de 1460-1511, y destruido en una riada en 1545. El puente actual se concluyó en 1596. Es de traza recta, con una ligera elevación en su parte central, una longitud de 600 metros, y 32 arcos. La importancia estratégica del puente se pone de manifiesto por las fortificaciones y defensas dispuestas en ambos extremos: el Hornabeque del Puente de Palmas, la Puerta de Palmas, etc.

Comimos en Luzia (Sta. Lucía, 4) -curiosos y ricos los “Juanitos”- y atravesamos de nuevo el centro urbano de Badajoz para coger el coche y regresar a Mérida, poniendo rumbo a su Circo.

El Circo Romano de Mérida es uno de los mejor conservados del Imperio y, también, uno de los más grandiosos. Sus dimensiones así lo atestigüan, cuatrocientos tres metros de largo por noventa y seis y medio de anchura, al igual que su cabida, que pudo ser de hasta treinta mil espectadores. Edificado en tiempo de la dinastía Julio-Claudia tuvo varias ampliaciones y restauraciones, siendo la última constatada del siglo IV d.C. Lo que demuestra que este espectáculo aún tenía una masa ferviente entre los habitantes de la ciudad y sus alrededores en un momento tan tardío.

Se construyó fuera de las murallas de la ciudad, junto a la calzada a Toledo y Córdoba, aprovechando la suave pendiente que el cerro de San Albín presenta antes de llegar a orillas del Albarregas. Forma un valle artificial drenado por atarjeas que, en la antigüedad, evitaban que éste se inundase.

Su planta es la de un rectángulo uno de cuyos extremos, el sudoriental, concluye en semicírculo. En él se ubicaba la puerta por la que salían los aurigas vencedores (porta pompae). El extremo noroccidental, el más cercano al centro de interpretación de este monumento, era rectilíneo, con los ángulos redondeados. En él se ubicaban las jaulas de salida de los carros (carceres).

Los lados longitudinales estaban ocupados por las gradas, que debieron de estructurarse de igual manera que las del Teatro. Un podio separaba a éstas de la arena. En el eje de uno de esos lados se ubicaba la tribuna, desde donde disfrutaba del espectáculo su patrocinador; en el mismo sitio, pero en lado opuesto, se encontraba la tribuna de los jueces.

La arena estaba longitudinalmente recorrida en su centro por un muro sobreelevado, la spina. Los grandes huecos que podemos observar nos recuerdan que la spina del circo emeritense estuvo decorada con obeliscos y estatuas colosales.

Muy cerca se ubica el Acueducto de San Lázaro, llamado así por el nombre de una ermita dedicada a este santo y que fue derribada a mediados del siglo XX. Este acueducto es el que permitía salvar el valle del Albarregas a una red de conducciones de aguas que, procedente de manantiales y arroyos subterráneos ubicados al Norte de la ciudad, aún se conserva íntegra en buena parte de sus tramos.

De todas las arquerías de este acueducto sólo restan los tajamares de algunas pilas y, sobre todo, los tres pilares que vemos junto al arranque de un arco de medio punto de ladrillo y los dos arcos de medio punto a base de bellas dovelas de granito, en los que con efectismo, se mezcla el sillar de granito y el ladrillo con el hormigón que le sirve de núcleo.

Bajo los imponentes arcos que se conservan de este acueducto pasaba la calzada que más adelante se bifurcaba bien dirección hacia Córdoba, bien hacia Toledo y Zaragoza. En el siglo XVI el acueducto romano estaba inutilizado. En lugar de restaurarlo, el ayuntamiento prefirió construir otro nuevo, que se conserva en toda su integridad. A pocos metros del acueducto se pueden contemplar los restos de unas termas romanas construidas.

Vuelta al parking y al hotel. Hora del café, el agua mineral con gas… y el cava.

Después del reposo del guerrero, de vuelta a patear las calles de Mérida hasta la hora de cenar.

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Mérida 2024 (5)

Dado que buena parte del conjunto arqueológico de Mérida ya había sido visitado decidimos pasar el día siguiente en Badajoz. Tras los churros con chocolate de rigor cogimos el coche y recorrimos los sesenta kilómetros que separan las dos ciudades raudos y veloces, con una tenaz niebla durante gran parte del trayecto.

De camino a la Alcazaba visitamos la Catedral de Badajoz, cuyo edificio incluye templo, claustro y otras zonas para usos diversos, que ocupa una manzana en el centro de la ciudad. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico el 3 de junio de 1931.

Su origen remoto se sitúa en el siglo XIII, momento en el que Alfonso IX conquista la ciudad. Al ser nombrado el primer obispo Fray Pedro Pérez en 1255, comenzó a utilizarse como catedral la mezquita mayor de la alcazaba, que había sido consagrada como iglesia con el nombre de Santa María del Castillo.

Inmediatamente se determina la construcción de un nuevo templo en el Campo de San Juan para la sede episcopal y hacia 1274 ya se contaba con una primera catedral dedicada a San Juan Bautista, en el mismo lugar de la actual. Allí tuvo lugar la boda de Juan I de Castilla con Beatriz de Portugal, en 1383. Poco después los conflictos con Portugal destruyeron en gran medida la ciudad y la primera catedral, pasando a usarse nuevamente como sede del obispo Santa María del Castillo, probablemente durante más de 80 años.

En la primera mitad del siglo XV se inició la construcción del edificio actual, comenzando por la cabecera. Continuó la obra por el crucero, se levantaron los tres tramos de las naves y en 1473 se usaba plenamente este nuevo edifico. En los años siguientes las obras prosiguieron con el resto de naves, las capillas, la torre y el claustro. Así, a mediados del siglo XVI estaba terminada la catedral. Un siglo más tarde, el obispo Juan Marín de Rodezno reformó la capilla mayor y amplió otros espacios. De este modo, a finales del siglo XVII, quedaba configurada la catedral tal y como hoy podemos conocerla.

Exteriormente destaca la torre-campanario de 40 metros de altura, las puertas y el remate almenado del conjunto. La subida a la torre permite, por un lado, facilitar la digestión del desayuno y, por otro, tener unas maravillosas vistas de la ciudad y del vecino Portugal.

El interior del templo, con bóvedas tardogóticas, consta de tres naves y capillas. Frente al presbiterio destaca el coro, cerrado por muros y rejería, en el que puede contemplarse un magnífico conjunto de 85 sillas del siglo XVI. Desde el crucero se accede al claustro de estilo manuelino y separado del patio central por una balaustrada de columnas torcidas.

La exposición de piezas del Museo de la Catedral está articulada en 12 salas con temáticas diversas y en ellas se presentan más de 150 piezas que han sido seleccionadas por su valor artístico, histórico o significativo.

La colección y el edificio son un todo conjunto, una única unidad de significación, que se analiza desde puntos de vista muy diversos: artístico, histórico, sociológico, religioso… con un ángulo de visión centrado en el entorno.

Especial atención merece la Sala 7 (“Morales y El Greco”), un espacio en el que dialogan estos dos genios de la pintura del siglo XVI. Luis de Morales siempre ha tenido un puesto destacado en la colección del Museo al contar con cinco de sus obras.

Ahora se pueden contemplar estas piezas en un espacio exclusivo junto a una obra de El Greco, cedida recientemente al Museo por la Fundación Amparo del Moral.

Tras la visita de rigor a la Oficina de Turismo continuamos paseando por el centro peatonal de la ciudad, encontrándonos con la Plaza Alta, centro neurálgico de Badajoz durante mucho tiempo, especialmente cuando la zona de la Alcazaba empezó a quedarse pequeña. Esta plaza destaca también, además de por su historia, por su excelente arquitectura, y de entre todos sus elementos destacan sus arcos, que servían de cobijo a montones de puestos de venta durante los mercados que se celebraban ya desde la Edad Media.

Al norte podemos encontrarnos otro arco destacado, que es el llamado “Arco mirador de la ciudad”, que es la parte de la plaza con más solera. Por el contrario, el llamado “Arco del Toril”, situado justo enfrente, en la zona sur, es la parte más moderna de todo el conjunto de la plaza, aunque todos sus frentes merecen la pena.

La Plaza Alta además se encuentra rodeada de muchos otros edificios y puntos destacados. A su espalda se encuentra la Alcazaba y pocos pasos después daremos con lo que fue el Ayuntamiento Viejo. También pudimos disfrutar de las Casas Mudéjares y las Casas Coloradas, uno de los mayores emblemas de la Plaza Alta que acaba de ser restaurado para recuperar todas las formas geométricas de la fachada, que se encontraban deterioradas, y que puedan volver a lucir con todo su esplendor bajo los rayos de sol frecuentes de esta ciudad extremeña. Las Casas Coloradas habían permanecido mucho tiempo ocultas como consecuencia de la construcción de una serie de viviendas locales que se habían realizado, pero se trata de un impresionante edifico mudéjar compuesto de cuatro arcos de herradura, escenario del antiguo Ayuntamiento de la ciudad.

Accedimos a la Alcazaba por los jardines de la Galera de Badajoz, que se encuentran colindando con su muralla, junto a la llamada Torre de Espantaperros o Atalaya y el Semibaluarte de San Antonio, que forma parte de la muralla abaluartada, por lo que es un nexo de unión entre las dos zonas amuralladas. Su nombre, de forma particular, procede de otro de los edificios que dan forma al conjunto arquitectónico de la Alcazaba: el edificio de “La Galera” realizado en el siglo XVI, que ha servido a lo largo de los siglos de escuela, cárcel de mujeres, hospicio, ayuntamiento y hasta almacén de granos.

Estos jardines fueron creados en el año 1938, cuando se trasladó la sede del Museo Arqueológico de Badajoz a este edificio de la Galera, aunque quedan algunos restos de los jardines árabes que se crearon en el siglo X. Francisco Vaca Morales sería el encargado de crear los nuevos proyectos de ajardinamiento del recinto con la ayuda de Jesús Cánovas Pesini, un arqueólogo de la época.

El espacio se compone de casi 4.000 metros cuadrados y es una de las zonas más valiosas e importantes de la ciudad. Los jardines se componen a su vez de una grandísima cantidad y variedad de flora (hay unas 90 especies distintas de flores y plantas aromáticas) y ofrecen unas vistas panorámicas de la ciudad imponentes e impagables. Es un recorrido muy recomendable para los amantes de la naturaleza o del encanto de las Mil y una Noches.

La Alcazaba de Badajoz se compone de cuatro puertas: Puerta del Alpéndiz, Puerta del Capitel, Puerta de Yelves y Puerta de la Coraxa (las dos primeras de época almohade y elaboradas en “recodo”, lo que dificultaba mucho la entrada de los enemigos). Destacan también en el conjunto las torres flanqueantes erigidas en la llamada Torre de Espantaperros, elaboradas en el siglo XII con una original planta octogonal.

Una vez dentro del recinto, en nuestro paseo por la historia y la arquitectura de Badajoz y de la Alcazaba podemos disfrutar del Palacio de los Condes de Roca, sede actual del Museo Arqueológico de la provincia, con un bonito patio porticado; también podemos pasear y disfrutar de los jardines o de los restos de la iglesia que se erigió sobre las ruinas de la antigua mezquita mayor que son los restos de la llamada Torre de Santa María. Destacan también la Torre del Palacio Episcopal y la sede de la Biblioteca de Extremadura.

El conjunto del recinto es de tipo ovalado y que tiene una medida de más de 600 metros: 200 metros que van de este a oeste y otros 400 que van de norte a sur, aunque las posteriores cercas y ampliaciones ampliarían la medida a unos 1.200 metros y unas 8 hectáreas. Los materiales principalmente utilizados fueron el ladrillo, la sillería, la mampostería y la argamasa dura. Además la muralla, en su parte superior, se compone de un largo pasillo o paseo de ronda, también conocido como adarve, que comunica todas las torres albarranas por la parte superior y a donde se puede acceder desde las escaleras interiores.

La Torre más importante o destacada de todas las del conjunto es la Torre de la Atalaya o Torre de Espantaperros, parecida en estilo, aunque mucho más sencilla, a la sevillana Torre del Oro, por lo que entendemos que la Torre de Espantaperros pudo servir de inspiración.

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Mérida 2024 (4)

La cercanía del restaurante al hotel nos animó a tomar el café en su bonito patio, acompañado de una copa de cava con la que nos daban la bienvenida, algo que se convertiría en una buena costumbre en tardes sucesivas.

Más tarde nos dirigimos a la Alcazaba. Esta gran fortaleza fue erigida en la Mérida musulmana por el emir omeya Abderramán II en el 835 de nuestra era. El encargado de trazarla fue el arquitecto Abd Allah. Para ejecutarla se inspiró en modelos bizantinos. La finalidad de ese recinto fortificado era múltiple: servir como sede de las dependencias administrativas omeyas y residencia del gobernador local, pero sobre todo fue el filtro de acceso a la ciudad desde el puente romano, el refugio de la minoría árabe durante las reiteradas algaradas locales contra el poder cordobés y la plaza donde se acantonaban tropas del emir, bien para sofocar las revueltas de los mozárabes meridíes, bien para efectuar incursiones de hostigamiento en los reinos cristianos del Norte.

Todo el perímetro de esta extensa alcazaba estaba rodeado por un gran foso, salvo el lateral que da al Guadiana. A tramos se van distribuyendo 25 torres macizas embutidas en la propia muralla. Las torres albarranas, es decir, que se alzan separadas del cuerpo principal de la fortaleza, se erigieron con posterioridad por la Orden de Santiago. Sus muros, de 2,70 metros de anchura, nos muestran unos paramentos hechos a base de sillares y otros materiales reutilizados de épocas precedentes. El núcleo de estos muros es de cascajo, tierra y piezas de granito.

Accedemos a este conjunto a través de una brecha, antaño ocupada por un lienzo de muralla con una puerta de acceso y sendas torres flanqueándola. Era el cierre de un fortín de planta cuadrada en cuyo lienzo oriental se abre la puerta que da acceso a la ciudad y en el meridional la puerta de ingreso al recinto de la alcazaba. Sobre esta puerta se puede ver una réplica de la inscripción cúfica en la que consta la fecha de conclusión de este recinto.

En el patio de este fortín podemos ver restos arqueológicos de época romana: la calzada principal de la ciudad así como los cimientos de la muralla y de una puerta monumental con dos vanos y dos torres.

En el interior destaca la presencia de un aljibe, ejemplar único de la arqueología peninsular, ejecutado con piezas de arquitectura decorativa romanas y visigodas. Sobre éste se ubicó una mezquita, de la que se conserva su planta, luego convertida en iglesia. No se conserva el que fuera tercer piso de este conjunto, en el que quizá se ubicara una torre de señales.

Otras áreas excavadas de la fortaleza nos muestran restos previos a su construcción: un tramo perfectamente conservado de una calle romana, la misma que se prolonga en la Zona Arqueológica de Morerías. A esta calle da una vivienda romana urbana en la que se aprecian múltiples reformas. Por último, podemos ver un tramo de la muralla romana fundacional, a la que, como en el caso de la Zona Arqueológica de Morerías, se adosa un potente refuerzo de piezas de granito reutilizadas, refuerzo que parece obra ya del siglo V d.C.

Decidimos cruzar el puente romano para pasar a la otra parte de la ciudad. El nombre en época romana del río que cruzábamos era el de Anas, al que se le añadió posteriormente el prefijo árabe Guad, que significa río. Este río tiene un puente, o “la puente”, como decían los antiguos, uno de los más largos de la antigüedad. Es la obra que da sentido a la existencia de esta ciudad y, por su valor estratégico, un elemento crucial para el comercio y para todas las guerras que han tenido como escenario al occidente de la península.

El puente, obra de tiempos de la fundación de la Colonia, está construido en su integridad de hormigón forrado de sillares de granito. Compuesto hoy por sesenta arcos de medio punto, tiene casi ochocientos metros de largo y doce metros de alto en los puntos más elevados. Los robustos pilares sobre los que se asientan estos arcos presentan tajamares redondeados aguas arriba en aquellos tramos que podían ser más castigados por la corriente. Además, las pilas de estos tramos están perforadas con arquillos a modo de aliviaderos, con el fin de reducir la resistencia a la corriente de una obra tan robusta como es la de este puente.

Las batallas y las fuertes avenidas del Guadiana dieron al traste con alguno de sus tramos, constando restauraciones desde época visigoda hasta el siglo XIX, aunque las reconstrucción más importante es la llevada a cabo en el siglo XVII, en la cual se le añadieron cinco arcos en su tramo central y sendos descendederos que permiten acceder a la Isla.

Regresamos al centro de la ciudad ya de noche cerrada, disfrutando del bullicio de la Plaza de España antes de cenar y terminar este segundo día en Mérida.

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Mérida 2024 (3)

Una ligera lluvia nos acompañó hasta nuestro próximo destino, la Casa del Mitreo, una vivienda edificada a finales del siglo I e inicios del II d.C. fuera de las murallas de la ciudad, sin restricciones para su crecimiento. Sin duda, su extensión y la decoración de algunas de sus estancias denotan que sus propietarios fueron personajes de relevancia dentro de la sociedad emeritense, formados en la cultura helenística.

Todo el conjunto está articulado en torno a tres patios. El primero de ellos, con acceso desde una escalera, es un atrio tetrástilo con un estanque para recogida de aguas, el impluvium. Parece que esta zona, como otras de la vivienda, tuvo un segundo piso, como se deduce de la presencia de algunos peldaños que aún se conservan. A este atrio dan varias salas, construidas como las del resto de la casa: zócalo de mampostería y el resto del alzado en tapial.

Las paredes iban enlucidas y decoradas con pinturas. Una de esas habitaciones conserva el mosaico del Cosmos. En él se representa, con gran colorido y realismo, un abigarrado conjunto de figuras humanas que vienen a representar los distintos componentes del universo conocido, partiendo de los elementos terrenos y marinos hasta llegar a los celestes, pero todos girando alrededor de una figura primordial, la de la Eternidad (Aeternitas).

Desde el atrio se llega a un peristilo con un estanque. A su alrededor se articulan otras tantas dependencias. Girando al oeste, discurriendo por un pasillo que en uno de sus lados tuvo parterres ajardinados y unos hórreos, de los que quedan las huellas de los muretes que los soportaban, desembocamos en un gran peristilo ajardinado, rodeado por un canal, que se surtía del aljibe que podemos ver y que estaba ubicado bajo una enorme habitación.

Al Sur podemos contemplar una estancia subterránea, en la que se quiso ver antaño un templo mitraico, pero que, en realidad, es una habitación subterránea donde los propietarios de la vivienda evitaban los rigores del estío.

Al este, algo apartado de la vivienda, se encuentra un conjunto termal, del que se conservan las arquerías de ladrillo (hypocausta) desde las que se irradiaba el calor procedente del horno para calefactar las bañeras. El interior de su cubierta abovedada, que no se conserva, estuvo decorado con pinturas con motivos marinos.

Desde la Casa del Mitreo, a través de un largo corredor flanqueado por cipreses, se llega a un espacio abierto en el que se muestra los distintos tipos de ritos funerarios y las variadas formas que han tenido los emeritenses de recordar a sus muertos a lo largo de la historia.

Al fondo, en una pequeña vaguada, se alzan dos edificios de pequeñas proporciones y que, originalmente, estaban desprovistos de cubierta. En estos edificios se depositaron las urnas cinerarias de sendas familias, la de los Voconios y la de los Julios. La tumba de los Voconios es de planta cuadrada y la de los Julios trapezoidal, con un espacio triangular añadido, todo él realizado a base de sillares bien canteados. Ambas tumbas están ejecutadas con paramentos de piedra bien recortada (opus incertum), yendo las juntas selladas con un encintado de mortero. Los dos edificios estaban rematados por merlones.

El epígrafe que luce el mausoleo de los Voconios reza: “Gayo Voconio Próculo hizo la tumba a su padre, Gayo Voconio, de la tribu Papiria, a su madre, Cecilia Anus, y a su hermana, Voconia María”. Sobre el epígrafe se representan recompensas militares. La inscripción de los Julios viene a decir: “Gayo Julio Félix, liberto de Gayo. Quinta Cecilia Mauriola, liberta de su mujer. Gayo Julio Modesto, de 27 años”. El mausoleo de los Voconios conserva pinturas que representan a los difuntos y al dedicante. Este conjunto funerario es del siglo I d.C.

La climatología invitada a un rápido paso por el hotel para un cambio de vestuario…

Una parcela de 12.000 m2 que, hasta principios de la década de los años noventa del siglo pasado, ocupara el barrio humilde de Morerías, es hoy uno de los yacimientos arqueológicos urbanos más grandes de la península. En Morería se conserva el tramo de muralla romana más extenso de los sacados a la luz, mostrándonos no sólo su fábrica original (cuya anchura conservada es de casi tres metros y la altura pudo llegar a ser de ocho metros) y los refuerzos que ya en momentos tardíos del Imperio se le adosaron, sino también puertas, portillos y pasos de ronda. Igualmente la muralla, en su recorrido por esta zona, aporta testimonios de la solución radical que el Califato adoptó para acabar con las revueltas de los emeritenses: la destrucción hasta los cimientos de alguno de sus tramos.

Pero lo que nos ofrece Morería es una clara visión de la evolución del urbanismo emeritense desde el siglo I hasta época visigoda. Vemos cómo se modifican poco a poco las calzadas porticadas, las viviendas y las manzanas en la que quedan englobadas.

Y, sobre todo, la denominada Casa de “Los Mármoles”, nos muestra toda la suntuosidad de una vivienda a finales del siglo III, la época de mayor apogeo de la ciudad. Ocupaba toda una manzana, llegó a tener dos alturas y, por si esto no fuera suficiente, uno de los dos conjuntos termales con los que contaba esta casa, llegó a invadir una de las calzadas para edificar sobre ella una piscina de agua fría. Todas las habitaciones, alguna de ellas enormes, como la habitación ubicada al norte y que se cierra en un pronunciado ábside, se articulaba en torno a un patio cuyo suelo está compuesto por un ajedrezado de losetas de pizarra negra y mármol blanco. El patio tuvo árboles ornamentales, como demuestra la presencia de alcorques.

De camino a la Basílica de Santa Eulalia nos encontramos con un colosal acueducto que forma parte de una conducción hidráulica que traía aguas procedentes del pantano de Proserpina o Charca de la Albuera. Popularmente es conocida como “Los Milagros” por la admiración que causaba en lugareños y forasteros su estado de conservación a pesar de los avatares del tiempo.

Y no es para menos, pues se conservan más de ochocientos metros de este acueducto, alguna de cuyas pilas de granito y ladrillo se alzan veintisiete metros por encima del terreno. Si observamos detenidamente el monumento nos daremos cuenta de un interesante detalle: el lugar por donde fluye el arroyo Albarregas se resalta en el acueducto con un bello arco de sillares de granito.

En el extremo norte, al iniciarse el pequeño valle del Arroyo Albarregas, la conducción contó con una piscina para depurar las aguas (piscina limaria) y que servía a la vez de fuente. Según la vaguada se pronuncia, la altura de las pilas y el número de arquerías aumenta; todo ello para que la conducción hidráulica quedara suspendida a la cota necesaria para que el agua fluyese hacia la ciudad.

Espectacular la vista del acueducto desde el Puente Romano sobre el Albarregas, en el que confluía tanto la vía principal que seccionaba la urbe de este a oeste, el kardo maximo, como alguna otra vía perimetral que circundaba la ciudad desde el oeste. El puente tiene una longitud de ciento cuarenta y cinco metros, y casi ocho metros de ancho.

Eulalia fue una niña emeritense martirizada en la ciudad durante las persecuciones ordenadas por el emperador Diocleciano entre el 303 y 305 d.C. Con posterioridad fueron varios los poetas que ensalzaron a la Mártir, entre ellos Prudencio en su poemario “de las Coronas” o Peristephanon, del siglo IV o, en el siglo siguiente, el obispo local Hidacio.

El túmulo que se hizo para recordar la memoria de Eulalia nos los describe Gregorio de Tours en su Libro en honor de los Mártires, ya en el siglo VI. Por último, una obra del siglo VII, Vidas y los Milagros de los Santos Padres de Mérida atribuida a un diácono llamado Paulo, es la que mejor refleja la devoción que desde los albores de la Edad Media tienen los emeritenses por su Patrona y, sobre todo, describe más fidedignamente el poder del obispado emeritense y la fastuosidad de sus edificios. Es más, buena parte de lo descrito en ese libro (la basílica y la escuela de niños y el monasterio unidos a ella), cuyas ruinas subyacen bajo el templo románico tardío que visitamos, ha sido confirmado por los hallazgos que proporcionaron las excavaciones arqueológicas realizadas entre 1990 y 1992.

Antes de erigirse aquí un cementerio cristiano a fines del siglo III, este espacio estuvo ocupado por una serie de mansiones suburbanas, de las que quedan restos, como es el caso una pileta con todo el utillaje de tocador. La presencia del monumento en honor a Eulalia, cuyos cimientos podemos ver hoy bajo la cabecera de la basílica, acarreó que los cristianos quisieran enterrarse cerca de ésta hasta bien entrado el siglo XIX. Por eso las estructuras que vemos en la cripta presentan ese aspecto tan caótico. Añadamos a todo ello que, en el siglo IX, los árabes construyeron aquí norias y otras instalaciones agropecuarias, lo que demuestra que, para entonces, la basílica estaba en ruinas. Sin embargo, buena parte de la cabecera de la iglesia del siglo XIII es visigoda. Por el contrario, sólo se conservan los cimientos de sus tres grandes naves y de las dos torres que flanqueaban la cabecera del templo.

Aquí podemos observar un muestrario de sepulturas de épocas bien distintas. Mausoleos tardoromanos de considerables dimensiones, como el que está redecorado con pinturas del siglo XVI que representan estaciones del Calvario, a San Juan, Santa Ana y San Martín. O el sepulcro sellado por un mosaico en el que se representaba al difunto de pie entre cortinajes. Sepulcros de época visigoda sellados con una losa sepulcral de mármol, como el del ilustre varón Gregorio, luego reutilizado para enterrar a Eleuterio y a Perpetua. Criptas funerarias como la de los obispos… así hasta llegar a tumbas de egregias familias locales del siglo XVI y XVII, como la de los Moscoso o los Mejía.

Hora de comer. La mañana había sido intensa y, además, acompañada de la lluvia. Sybarit Gastroshop (Trajano, 6) fue el lugar elegido. Una buena elección. Croquetas de sepia con alioli, pulpo a la brasa con patatas meneás, torreznos (exquisitos…) y un solomillo de vaca vieja madurada para compartir repusieron las fuerzas necesarias para continuar las visitas de la tarde.

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Mérida 2024 (2)

Erigido en el 8 a.C. como atestiguan las inscripciones halladas en sus tribunas, el Anfiteatro sirvió de escenario para espectáculos muy populares: los juegos de gladiadores, las cacerías de fieras y la lucha entre animales salvajes en escenarios artifíciales que recreaban bosques, selvas con lagunas o desiertos, todo ello sobre las grandes tarimas de madera que formaban la arena. La cabida aproximada de este coso gigantesco era de entre quince y dieciséis mil espectadores.

Contiguo al Teatro, está separado de él por una calzada que circunda ambos edificios. Con más pobreza de medios, este edificio se alzó de manera similar a la del Teatro y, como aquel, es fruto de diversas fases. Para abaratar costes, parte del graderío se asentaba sobre cajas de fábrica rellenas de tierra fuertemente apisonada. Los paramentos eran de piedra del lugar bien desbastada. En ocasiones las tongadas de los paramentos se igualaban con verdugadas de ladrillo. En los arcos de los vanos de acceso, se utilizaban sillares presentando el característico almohadillado de época augustea.

La distribución del graderío era similar a la del Teatro, aunque hoy solo se conserva bien la cavea ima y algunos sectores de la cavea media. En tres de los ejes de la elipse podemos apreciar la existencia de cuatro puertas monumentales que, desde el exterior, y a través de amplios corredores, dos de ellos escalonados, desembocaban en la arena.

En distintos tramos de cada corredor se abrían puertas que, por medio de escaleras, daban acceso al graderío. Sobre la puerta del eje menor occidental se ubicaba la tribuna de los magistrados, que no se conserva. Frente a este, en el eje oriental, se ubicaba la tribuna, que se conserva parcialmente restaurada, donde disfrutaban del espectáculo las personas que lo costeaban. A través de unas pequeñas escaleras los patrocinadores accedían a la arena.

El graderío se separaba de la arena por medio de un podio de granito, que estuvo guarnecido con losas de mármol, como demuestra la presencia de los agujeros de anclaje en los sillares del podio. Sobre esto, existió una barrera hecha con sillares de granito. En la cara que daba a la arena, estos sillares lucían pinturas alusivas a los juegos gladiatorios y a los paisajes en los que se desarrollaban.

Flanqueando las puertas de los ejes mayores, hay una serie de estancias que, o bien se usaron a modo de jaula para las fieras como de estancias donde se preparaban los gladiadores.

En la arena se aprecia la presencia de un gran foso. En él se asentaban los pilares de madera que sostenían las tarimas y, bajo las cuales, se ocultaban todos los ingenios necesarios para el desarrollo de unos espectáculos tan complejos.

Volvimos al Teatro para contemplar el atardecer. Cierto es que la tarde era propicia para disfrutar pausadamente de este espectacular espacio escénico. Pero cerraban a las seis y media de la tarde y había que abandonar el recinto.

De regreso al centro de la ciudad pasamos por la puerta del Museo Nacional de Arte Romano, obra de Rafael Moneo,… lamentablemente cerrado por reformas.

Desgraciadamente, nos tuvimos que quedar con el recuerdo de la primera vez que admiramos una de las mejores colecciones de escultura romana y de mosaicos de la península.

Nuestros pasos por las concurridas calles de la ciudad nos condujeron al Templo de Diana, cuya visión nocturna mostraba a las claras la belleza del monumento que visitaríamos con más detenimiento a la mañana siguiente.

Antes de cenar dimos un agradable paseo por la Plaza de España, convenientemente decorado para las próximas fiestas navideñas.

En una de sus fachadas, junto al Círculo Emeritense, se encuentra también la actual sede de la Casa Consistorial, que fue inaugurada en 1865. Luce un remate superior a modo de templete que alberga el reloj. La fecha de 1883 que aparece en dicho remate corresponde a la terminación del último cuerpo del edificio.

Hora de descansar. Llevábamos unos cuantos kilómetros en las espaldas y otros más en las piernas y quedaba mucha Mérida que visitar.

Si en Lucena fueron sopaipas, aquí en Mérida tocaba desayunar un buen chocolate con porras en Más que churros (Miguel de Cervantes, 1).

Fuera de las murallas de Augusta Emerita, en una zona donde cohabitaron viviendas con espacios funerarios e industriales, se encuentra una zona arqueológica que engloba dos casas: la Casa de la Torre del Agua y la Casa del Anfiteatro, datadas a finales del s. I d.C., que pervivieron hasta el siglo III. Tras su abandono, a comienzos del siglo IV, sobre ellas se ubicó una necrópolis.

Una vez se accede al recinto, lo primero que se observa es una construcción de planta rectangular en cuyo interior se decantaban de impurezas las aguas que llegaban de la conducción hidráulica de San Lázaro, que también podemos ver. Desde esta torre, partían dos ramales, uno orientado hacia los cercanos edificios de espectáculo y otro hacia la zona central de la ciudad.

De la Casa de la Torre del Agua poco es lo que se conserva, ya que quedó arruinada por el paso de un arroyo. Este arroyo era salvado por la conducción hidráulica de San Lázaro por un arco, cuya clave de granito está decorada con una cabeza de león.

La Casa del Anfiteatro es un complejo doméstico de gran extensión. Parte de él se articula en torno a un patio porticado de planta trapezoidal, ajardinado en su parte central, donde también existe un pozo y una fuente.

Una de las habitaciones que da a este patio, posiblemente un comedor o triclinio, tiene un suelo de mosaico en cuyo emblema central se representan con realismo escenas de vendimia y de la pisa de la uva, así como a Venus acompañada de un Amorcillo. En el lado nororiental de esta zona de la casa se ubica la cocina y un conjunto termal.

Hacia el sudeste se articula otro grupo de habitaciones. Una de ellas, de considerables dimensiones, probablemente fuera un comedor, tiene un suelo de mosaico en el que se representa un nutrido y realista muestrario de fauna marina.

En el lado más próximo al Anfiteatro, podemos ver restos del mausoleo de Cayo Julio Succesianus, del siglo II pero modificado durante la centuria siguiente. En él apareció un dintel con la representación humanizada de los dos ríos que flanquean la ciudad: el Anas (Guadiana) y el Barraecca (Albarregas).

El Templo de Diana es, en realidad, un Templo de Culto Imperial ubicado al fondo de una gran plaza que fue parcialmente nivelada, ya que se evidencian en algunas zonas restos de un criptopórtico. De la plaza se conservan aún lastras de mármol de su pavimentación así como los muros que la delimitaban, y los dos estanques que flanqueaban al edificio. Debió de erigirse aún bajo el poder de Augusto.

El templo, de planta rectangular, se alza sobre un alto podio de granito que concluye en molduras. Sobre él asienta la columnata cuyos tambores de granito estuvieron estucados y pintados. Esta columnata rodea todo el templo. En su frente, al sur, presenta seis columnas sobre las que asentaba el tímpano. Una escalinata, de la que sólo se conserva la subestructura, servía de acceso a la cella. En una exedra que segmentaba la escalinata puede que se ubicara el altar.

Su estado de conservación excepcional se debe a que, durante siglos, el templo sirvió de cimiento y armazón del palacio renacentista del Conde de los Corbos, del que se conservan aún algunas partes. En dicho palacio se ha habilitado un centro de interpretación que desarrolla su contenido en torno a la importancia del edificio en época romana y sus usos posteriores. Gracias a los paneles informativos, proyección, piezas originales y réplicas, es posible saber cómo era este edificio dedicado al culto imperial.

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Mérida 2024 (1)

Mérida, capital y núcleo institucional de Extremadura, es también referencia turística en todo el mundo debido a su importante conjunto arqueológico y monumental, por el que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1993. Por todo ello, era el destino perfecto para utilizar los últimos días libres de este 2024 y rememorar la primera visita realizada hace ya treinta años.

Por un momento parecía que iba a ser el primer destino en el que nos alojaríamos en un apartamento turístico. Sin embargo, prevaleció la costumbre y el alojamiento elegido, a un precio muy competitivo, fue el Hotel Ilunion Mérida Palace. Este palacio restaurado del siglo XV está en ubicado en la plaza de España y no cabe duda que fue todo un acierto…

Tras recorrer los algo más de seiscientos kilómetros que separan Mérida de Alcantarilla, una buena parte de ellos por carretera nacional de las de antaño, llegamos a nuestro destino pasado el mediodía. Tras hacer el ckeck in optamos por dejar el coche en el Parking José Fernández para tener autonomía de movimiento y no tener que esperar a que nos los trajeran y llevaran desde el garaje del hotel. Otra buena decisión.

Al salir fuimos conscientes de que estábamos en pleno centro de Mérida. De camino a la alcazaba disfrutamos de las primeras vistas del Puente Romano, que nos acompañaría a lo largo de la semana. Era prácticamente la hora de comer.

Teníamos buenas referencias del Restaurante A de Arco – Mérida (C. Trajano, 8), y allá que nos fuimos para disfrutar de sus tapas y platos eclécticos.

El Arco de Trajano ni es un arco triunfal, ni estuvo dedicado a la figura del famoso emperador Hispano. Fue la monumental puerta de acceso al espacio sagrado (temenos) que circundaba a un gigantesco templo de culto imperial. Todo el conjunto estaba cercado por un pórtico. Este templo, a su vez, quedaba englobado en el conjunto del foro provincial, donde nos consta la existencia de otro templo dedicado a la Concordia de Augusto, algunas de cuyas piezas forman parte del Obelisco dedicado a la Mártir.

El arco de medio punto, que conserva una altura de 15 metros desde el arranque de las pilas, era el vano central de una puerta con tres arcos, siendo los dos laterales menores y rebajados. Toda su estructura estaba realizada en sillares de granito. Hoy lo vemos desprovisto de todo su revestimiento de placas de mármol y de las inscripciones que a buen seguro lució. Sólo restan las molduras de los arranques de las pilas. En él concluía el eje que segmentaba la ciudad de sur a norte, el kardo maximo, del que podemos ver algunas losas, y en él se iniciaba el enlosado de la plaza pública del foro.

Nos dirigimos a la Oficina de Turismo de la Puerta de la Villa y, de allí, al conjunto arqueológico formado por el Anfiteatro y el Teatro Romano, donde adquirimos la Entrada al Conjunto Monumental con guía en español para Teatro-Anfiteatro que te permite visitar los edificios de Teatro, Anfiteatro y Circo además de conocer el urbanismo de la ciudad romana con sus calles y viviendas en el área arqueológica de Morería, la Casa del Mitreo y la Alcazaba y áreas funerarias como Los Columbarios y la Cripta de la Basílica de Santa Eulalia. Finalmente, de época andalusí, se puede visitar la Alcazaba Árabe, la más antigua fortificación musulmana de la Península Ibérica.

El Teatro se construye bajo el patrocinio de Agripa, yerno de Augusto, a caballo entre los años 16 y 15 a.C., cuando la Colonia fue promovida como capital provincial de la Lusitania. Al igual que el edificio contiguo del Anfiteatro, el Teatro se edificó parcialmente en la ladera de un cerro, lo que abarató sustancialmente los costes de su fábrica. El resto se erigió en obra de hormigón forrada de sillares.

Aunque los romanos no eran muy aficionados al teatro, una ciudad de prestigio no podía dejar de contar con un edificio para los juegos escénicos. El de Augusta Emerita fue especialmente generoso en su cabida: unos seis mil espectadores. Éstos se distribuían de abajo a arriba según su rango social en tres sectores de gradas, caveas summa, media e ima, separados por pasillos y barreras. A todas las gradas se accedía con facilidad desde escalerillas distribuidas de manera radial por las caveas. A través de pasillos se llegaba a las puertas de acceso o vomitorios.

La deteriorada grada superior o summa cavea era lo único que emergía del edificio antes del inicio de su excavación en 1910. Al quedar arruinadas desde antiguo las bóvedas de los accesos, sólo quedaban en pie los siete cuerpos de sus gradas, lo que dio lugar a que los emeritenses bautizaran a esas ruinas como las Siete Sillas.

La cavea ima, donde se acomodaban los caballeros de la ciudad, se modificó en época de Trajano, erigiendo en su centro un espacio sagrado rodeado de una baranda de mármol. Delante de la cavea ima vemos tres gradas más anchas y bajas, donde los magistrados y sacerdotes de la ciudad disfrutaban del espectáculo sentados en sillas móviles. Aquellos accedían a sus escaños desde las grandes puertas laterales ubicadas en ambos extremos. Sobre éstas puertas se hallaban las tribunas de los magistrados que costeaban el espectáculo.

El espacio semicircular donde se ubicaba el coro, la orchestra, luce un suelo mármol fruto de una reforma tardía. Tras la orchestra se eleva el muro del proscenio, de exedras circulares y rectangulares. Sobre él se desplegaba la escena. Originalmente era un entarimado de madera bajo el que se distribuían todos los artilugios de la tramoya.

La escena se cierra con un muro de treinta metros de altura, el frons scaenae, estructurado en dos cuerpos de columnas entre la cuales podemos ver estatuas de emperadores divinizados y de dioses del mundo subterráneo. Todo se eleva sobre un podio decorado con ricos mármoles. En el frente escénico se encuentran tres vanos por los que accedían los actores al escenario.

El central, la valva regia, remata en dintel sobre el que se asienta la estatua sedente de la diosa Ceres (o Livia, la mujer de Augusto, deificada). Desde la coronación del frente escénico pendería una marquesina de madera para mejorar la acústica del recinto, ya de por sí excelente.

Tras el muro del frente escénico se desarrolla un amplio jardín porticado cerrado por muros con hornacinas que fueron decoradas con estatuas de miembros de la familia imperial. En el eje de este pórtico, en línea con la valva regia y el espacio sagrado de la ima cavea, se halla la aula sacra, un pequeño espacio sagrado con una mesa de altar donde se honraba a la figura del divino Augusto.

En el extremo oeste del pórtico del Teatro podemos ver esta vivienda cuyo excavador, José Ramón Mélida, creyó que las estancias dotadas de ábsides con ventanas en sus cabeceras, formaban parte de una iglesia donde se reunía una de las primeras comunidades cristianas, de ahí que la denominase Casa-Basílica.

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Lucena, Cabra, Montilla 2024 (y 5)

Habíamos decidido completar nuestra estancia en Lucena con una visita a Montilla para visitar la Bodega Alvear. Y tras las sopaipas de rigor allá que nos encaminamos.

Corría el año 1846 cuando Edgar Allan Poe publicó “El barril de amontillado”, un relato de suspense con una bodega como lugar clave de la historia. En ella, el protagonista utiliza un tipo de vino para hacer hablar al sujeto contra el que clama venganza. Ese vino es el amontillado, un vino de alta graduación alcohólica, nacido en la zona de Montilla en el siglo XVIII.

Tras dejar el coche en las inmediaciones de la Bodega recorrimos la principal calle de la localidad en dirección a uno de los elementos principales de su historia, el edificio que corona la colina sobre la que está construida la localidad y que hace única a Montilla: el granero real o Castillo-Alhorí de Montilla.

Junto al castillo se halla la Iglesia de Santiago, del siglo XVI, construida por iniciativa del primer marqués de Priego. Se trata de la parroquia mayor y principal de la población, a la que pudimos acceder gracias a los trabajos que se estaban realizando en su interior. El edificio, de tres naves, responde a los planteamientos mudéjares del momento de su edificación, si bien, como resultado de una larga evolución, predominan en él los elementos barrocos. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 2001.

Edificado en 1722 sobre el antiguo castillo (derribado en 1508 por orden de Fernando el Católico como castigo al primer Marqués de Priego), el imponente edificio tiene en cada una de sus esquinas unos pequeños torreones que sirven como memoria al antiguo castillo (del que quedan algunos restos en la parte baja de la colina). El hoy llamado «Castillo de Montilla» va a servir para el emplazamiento de un museo dedicado al oro fermentado que baña estas tierras.

Entre los personajes ilustres que nacieron o habitaron Montilla se encuentran, entre otros, el Gran Capitán, un importante militar y político del siglo XV; el escritor e historiador peruano el Inca Garcilaso de la Vega, cuya casa-museo es una de las principales atracciones de la localidad; y José Garnelo, pintor de la corte y subdirector del Museo del Prado, el cual tiene un museo dedicado a su obra y figura.

Con un pintor como Garnelo por Montilla es normal que la ciudad vibre en torno al arte. Para aquellos como nosotros que no conocíamos la obra de este autor, tuvimos la oportunidad de sorprendernos con las múltiples caras estilísticas de este artista, natural de Valencia, en su Museo.

No dejamos pasar la ocasión de pasar por la pastelería Manuel Aguilar, una de las decanas de Montilla. En 1886, la familia Aguilar creó esta pastelería sobre un antiguo convento. Con una producción que abarca hasta 300 tipos de dulces, las lenguas, el pastelón, los afajores y las tejas son algunos de sus productos más requeridos.

Se acercaba la hora concertada para la visita a la Bodega Alvear. Esta bodega, fundada en 1729, es la doceava más antigua del mundo, la segunda de España y la primera de Andalucía.

Pertenece a la familia Alvear y en su bodega La Monumental, diseñada por un discípulo de Eiffel, se encuentran 5.027 botas de vino. Entre sus productos, los tradicionales finos y amontillados creados a partir de uva Pedro Ximénez, se encuentran varios vinos galardonados a nivel nacional.

Sin duda alguna, La Monumental es uno de los espacios dedicados a la cultura del vino más espectaculares que se pueden contemplar.

En nuestra “visita privada” se nos dio toda clase de detalles relativos a su funcionamiento y a los caldos que en ella se elaboran. Tras contemplar la bodega, el lagar, la sala de fermentación, la bodega de crianza y la zona de embotellado pasamos a la sala de catas para disfrutar, en principio, de tres de los vinos icónicos de la bodega: Joven Festival (blanco seco sin crianza), Fino CB (blanco seco con envejecimiento y crianza biológica) y Pedro Ximénez 1927 (dulce envejecido en bota).

Y digo en principio, porque finalmente degustamos la práctica totalidad de todos los caldos que elabora esta bodega ancestral.

Decidimos regresar a Lucena, comer en el hotel y, tras el café, hacer lo que nos iba a costar bastante hacer en casa: ¡¡ver Gladiator II!!

A la salida cenamos y aprovechamos el tiempo disponible para empezar a preparar el equipaje. Y a la mañana siguiente, sopaipas y regreso a Alcantarilla tras la parada de rigor en Venta Quemada.

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Lucena, Cabra, Montilla 2024 (4)

Una buena excusa para visitar la vecina Zuheros…

Al llegar, bajo las faldas del Castillo, encontramos un puente colgante que forma parte del Parque Periurbano, un bonito paseo de pasarelas, miradores y senderos que rodea la zona baja del pueblo.

La Plaza de la Paz es la principal de Zuheros, donde se encuentra la Oficina de Turismo, el Castillo, la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios y el Museo Arqueológico. Decidimos visitar el Castillo, y para ello nos dirigimos a la Oficina de Turismo, sede a su vez del Museo Arqueológico.

En nuestra breve visita al Museo Arqueológico encontramos una muestra de objetos encontrados en la Cueva de los Murciélagos de distintas épocas. Entre ellas del paleolítico, neolítico y calcolítico o de la Edad del Cobre, de Bronce y de la Romana.

El Castillo de Zuheros está tan bien conservado que fue declarado Bien de Interés Cultural en 2003 e incluso en él se casó la actriz británica Gemma Arterton (Prince of Persia). Fue construido a finales del siglo IX por un grupo de musulmanes (los Banu-Himsi) que se asentaron sobre una zona de rocas que llamaron Sujayra (de ahí derivó el nombre de Zuheros). En el siglo X Omar ibn Hafsún se rebeló contra el califa Abdalá y Zuheros quedó bajo el bando rebelde hasta que Abderramán III los sometió.

Durante el Califato de Córdoba el castillo de Zuheros se encontraba dentro de una pequeña villa amurallada junto a 30 casas, una mezquita y un par de torres. Durante esta época Zuheros formaba parte de una las rutas más importantes que unían la capital del Califato (Córdoba) con Granada (capital del reino).

En 1240 Zuheros fue conquistado por Fernando III y ello conlleva a que los mudares tuvieran que entregar sus castillos, pudiendo conservar además de sus casas y religión. No obstante, poco después el Alcaide ordenó la entrega de la mezquita, a cambio de permitirles construir una fuera de las murallas. Así, la mezquita de intramuros fue reformada convirtiéndola en la iglesia de Santa María.

Tras la conquista del Reino de Granada la muralla se desmonta poco a poco. Posteriormente, en el siglo XV el castillo fue remodelado convirtiéndolo en un Castillo-Palacio de estilo renacentista. Sin embargo se cree que esta remodelación nunca fue finalizada.

Durante el siglo XVIII el castillo pasó a las manos de los marqueses de Algarinejo. Sin embargo estos no lo habitaban lo que conllevó a su abandono y deterioro. Hubo que esperar hasta 1960 a que el Castillo fuera completamente restaurado.

De vuelta a Cabra aprovechamos para tomarnos un café antes de la visita al Museo Arqueológico. El hallazgo casual de la escultura del dios Mitra Tauróctono en el paraje de la Fuente de las Piedras, entre los años 1951 y 1952, puede considerarse el punto de partida del Museo Arqueológico Municipal de Cabra.

En 1972, se lleva a cabo la primera excavación arqueológica en la Fuente de las Piedras con el objetivo de encontrar el mitreo en el que estaría la citada imagen.

Esta excavación no halla el templo de culto a Mitra, pero descubre el sector central de la pars urbana de una villa de finales del siglo iii d. C. y permite recuperar dos excepcionales esculturas: Dioniso y Eros dormido. Ante el temor de que estas piezas, y los pavimentos musivarios de las estancias de la villa, fueran llevados al Museo Arqueológico Provincial se dieron los pasos necesarios para conseguir la autorización que permitió la creación del Museo Arqueológico Municipal de Cabra.

El recorrido expositivo se enmarca en seis ámbitos, uno introductorio, dedicado a la arqueología, y otros cinco correspondientes a las fases cronológicas relevantes desde el punto de vista local: Prehistoria, Igabrum: oppidum ibérico, Igabrum: municipio romano, Egabro: diócesis visigoda y Madinat Qabra-Cabra: ciudad medieval.

La Época Romana es el ámbito que tiene una mayor representación en el recorrido expositivo, debido a la relevancia del municipio romano de Igabrum y a los resultados de la investigación arqueológica. Un excepcional conjunto de piezas se corresponde con los hallazgos provenientes de la villa de la Fuente de las Piedras o Casa del Mitra.

Además de los mosaicos que se extrajeron en los años setenta del siglo pasado, y que se encuentran anclados en varias paredes de la sala de exposición y en el patio, también se exponen las esculturas de mármol de Dioniso y de Eros dormido y la estatua-fuente representando un niño agarrando una liebre. La figura del dios Mitra que se expone es una copia realizada por un escultor del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas.

En una sala anexa se ha reconstruido un templo de culto a Mitra siguiendo modelos de la ciudad Ostia. Presidiendo el mitreo, dentro de una hornacina, está la escultura del dios acompañado por diversas figuras pintadas a su alrededor: como los dadóforos, Cautes y Cautopates. En la cubierta aparece la bóveda celestial estrellada, y en los mosaicos que cubren el pavimento del templo y sus laterales se encuentran otras figuras ligadas a este culto mistérico como Marte, Júpiter, Luna, Saturno, Mercurio y Venus. En la pared, sobre las esteras en las que los devotos participaban del banquete, están los símbolos de los siete grados del mitraismo: cuervo, novio, soldado, león, persa, corredor y padre.

Anochecía cuando regresamos a Lucena, aprovechando para realizar algunas compras en un centro comercial de la localidad, con cines, que visitaríamos a la tarde del día siguiente.

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Lucena, Cabra, Montilla 2024 (3)

Tras la visita nos encaminamos a la vecina localidad de Cabra, la antigua Licabrum, un lugar habitado desde la prehistoria como lo atestiguan los números restos arqueológicos que se han ido encontrando en la zona.

El municipio llegó a tener mucha importancia en época romana. Muchos son los restos de construcciones defensivas que aún se conservan y que rodean la Villa Vieja. En esta etapa y con el crecimiento de la población se creó lo que ahora es el Barrio del Cerro de la antigua Egabro. Como ocurrió en casi toda la península, Egabro fue ocupada por musulmanes, llegando a ser la capital de una de sus provincias. Tuvo una gran mezquita que acabaría siendo la Iglesia de la Asunción de María tras la reconquista en el año 1240 por los Reyes Cristianos.

Aparcamos en las inmediaciones de la Oficina de Turismo, iniciando nuestra visita por el Barrio de la Villa, el más antiguo de Cabra, en el que se pueden contemplar los restos de la Muralla Árabe, del siglo XI, la Parroquia de la Asunción y el Castillo de los Condes de Cabra.

Subiendo al barrio de la Villa pudimos ver una réplica de la espada del Cid Campeador, la Tizona. Sujeta a una columna, nos recuerda un trozo de la historia de este pueblo. Aquí venció el Cid al ejército del entonces Rey de Granada, en la llamada La Batalla de Cabra.

El Castillo de los Condes de Cabra fue levantado por los musulmanes sobre construcciones romanas. Fue conquistado por San Fernando y sufrió diferentes reformas en época cristiana, siendo de gran importancia en las campañas bélicas de Umar IBn Hafsum y los califas de Córdoba. En él nació Enrique II.

La Torre del Homenaje, su estructura más peculiar, con más de 20 m de altura, se volvió a levantar en 1515. Los condes de Cabra convirtieron el castillo en su residencia a partir del siglo XVI, pasando a ser en la centuria siguiente convento de franciscanos capuchinos, monasterio del que ha quedado un claustro con bellas arquerías de estilo mudéjar, así como una iglesia, en la que se conserva una obra de Valdés Leal, «La Visión de San Francisco», de 1672. Actualmente la mayor parte del castillo está englobado entre las construcciones del colegio de las Madres Escolapias.

Recorrimos, a continuación, el Barrio del Cerro, la judería de Cabra, con calles estrechas encaladas y balcones con flores. En él, se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista y la Casa de Cayetano Muriel, famoso cantaor flamenco de Córdoba.

Callejeando por las calles de la localidad llegamos al Paseo Alcántara Romero, un bonito jardín del siglo XIX con especies botánicas de gran valor.

Y más tarde a la Plaza de Toros de Cabra, conocida por ser la más antigua en Córdoba y su provincia. La parte exterior la forman 16 caras de un polígono y como curiosidad, en esta plaza debutó Manolete un Domingo de Resurrección de 1933.

Paseábamos ahora por el centro neurálgico de Cabra, en los anexos al Ayuntamiento y la plaza en la que se ubica, lugar elegido para un breve descanso tomando un café. Pasamos frente a la Casa Natal de Don Juan Valera que alberga en la actualidad el Conservatorio de Música.

Más tarde nos dirigimos al Círculo de la Amistad, en el antiguo Convento de San Juan de Dios, en el que puede visitarse su patio de manera gratuita. El escritor Juan Valera lo describe tal y como está, en su famosa obra Pepita Jiménez.

Se acercaba la hora de comer y elegimos el Restaurante El Timón. Aunque estas fechas tienen muchísimas ventajas a la hora de viajar, algún inconveniente que otro también puedes encontrarte. En este caso, el horario del Museo Arqueológico, que en un martes como hoy solo abría en horario vespertino.

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