Lucena, Cabra, Montilla 2024 (2)

Tras la comida aprovechamos para pasear por las calles de la ciudad. Tras el café nos dirigimos a la Iglesia de San Pedro Mártir de Verona, que formaba parte de un antiguo convento dominico fundado en 1575. El templo sólo conservó los muros exteriores, la espadaña y dos portadas: la de San Pedro y la de Nuestra Señora del Rosario, ambas manieristas, datables en torno a 1630, si bien la primera ostenta elementos barrocos añadidos en 1721 bajo la dirección de Leonardo Antonio de Castro.

El edificio recientemente restaurado tiene planta de cruz latina, donde destacan elementos como la nave central, con bóvedas realizadas en madera, y el crucero. Igualmente la obra ha permitido la recuperación de la fachada principal, el adecentamiento de los triforios ciegos sobre las naves laterales y la zona de columbarios, presidida por la talla de Juan Pablo II realizada por el artista local Francisco Javier López del Espino.

La capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno forma parte del templo anejo de San Pedro Mártir. El espacio principal, y más antiguo, cumple la función de camarín de la imagen titular y fue realizado por Vicente del Castillo y el cantero Andrés Cordón en 1758, formando un espacio circular de estilo neoclásico. En su interior contiene un baldaquino, que cobija la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

El segundo espacio se realizó hacia 1838 coincidiendo con el cierre del templo de San Pedro Mártir y presenta semejante disposición arquitectónica que el camarín, salvo en la cúpula, rebajada con  bandas radiales muy planas. En el aspecto escultórico destacan la imagen de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, realizada en el siglo XVI, de rasgos góticos y la urna del Santo Entierro realizada por Pedro de Mena y Gutiérrez en 1769, que contiene un Cristo yacente, obra de  Miguel de Verdiguier del año 1774.

De camino al Barrio de Santiago pasamos junto a la Iglesia de San Juan Bautista y el antiguo hospital de San Juan de Dios. En 1565, la Orden Hospitalaria llegó a Lucena para fundar un convento-hospital pero en la primera mitad del siglo XVIII el deterioro y ruina del conjunto era notable. Así en 1747 se proyectó un nuevo hospital e iglesia, cuando el general de Orden, el lucentino fray Alonso de Jesús Ortega, pidió su ejecución a los artistas que habían realizado la basílica y el hospital de San Juan de Dios de Granada.

Las trazas del hospital y de la iglesia fueron realizadas por José de Bada y Navajas, natural de Lucena, y las obras fueron dirigidas por fray Francisco Álvarez. El acceso queda enmarcado por una soberbia portada de mármoles polícromos de la comarca, elaborada por los hermanos Pino Ascanio, prestigiosos canteros locales de mediados del siglo XVIII.

A través de la calle Flores de Negrón se accede a uno de los barrios más antiguos de la ciudad “el barrio de Santiago”, posible arrabal de la época del esplendor de la Lucena judía.

Aquí se encuentra el Palacio de los Condes de Hust que data del siglo XVII y actualmente es sede de la Biblioteca Municipal de la localidad. El palacio es una antigua casa solariega que perteneció a la familia Soto Flores desde mediados del siglo XVII.

La iglesia parroquial de Santiago de estilo gótico-renacentista se inició en 1503 y tradicionalmente fue considerada como la antigua sinagoga judía, pero posiblemente en su construcción  se reutilizaron los materiales del entonces recién demolido viejo templo de San Mateo, antigua sinagoga y mezquita. Hoy, decorada en armonía con el estilo mudéjar del resto del templo, se venera en ella el Cristo de la Columna, obra del insigne escultor sevillano Pedro Roldán, realizada en el siglo XVII.

Ya de noche cerrada retomamos el camino de vuelta al hotel aprovechando para cenar y hacer algunas compras en los alrededores de la Plaza Nueva.

A la mañana siguiente desayunamos en el Café El Taranto, en la Plaza de España. Su elección se había producido la tarde anterior al ver el buen chocolate y las espectaculares “sopaipas” que se servían en el local. No nos defraudó.

Tras coger el coche recorrimos seis kilómetros hasta llegar, en la cima de la Sierra de Aras, al Santuario de María Santísima de Araceli. Tierras de cinco provincias y más de treinta pueblos se brindan a los ojos del visitante desde este balcón privilegiado de la naturaleza en el centro geográfico de Andalucía.

La ermita fue realizada a principios del siglo XVII y en su interior destacan una vistosa cúpula semiesférica de yeserías y el retablo mayor, realizado en 1699, que enmarca la boca de uno de los más fastuosos camarines de la provincia, cuyo primer tramo, bajo cúpula elíptica, fue realizado a  finales del siglo XVII, según diseño de Leonardo Antonio de Castro.

Alberga en su interior la imagen de María Santísima de Araceli, alzada sobre un trono de talla dorada y jaspe, obra del escultor y retablista Pedro de Mena Gutiérrez.

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Lucena, Cabra, Montilla 2024 (1)

Al igual que Albarracín, Lucena había quedado en el tintero en los primeros días de 2023. Y era el momento de visitarla en este noviembre de 2024. Lucena es considerada como la Perla de Sefarad. Su entorno fue morada de pre-neandertales hace 450.000 años y posteriormente constituyó la única ciudad habitada exclusivamente por judíos entre los siglos VIII y XII.

A primera hora de la mañana partimos hacia nuestro destino por un itinerario bien conocido (Málaga, Antequera, Cádiz…). A media mañana, ya instalados en el Hotel Santo Domingo y dejado el coche bajo la Plaza Nueva, centro neurálgico de la ciudad, comenzamos nuestra visita por Palacio de los Condes de Santa Ana aprovechando que en su interior alberga el Centro de Interpretación de la Ciudad de Lucena y la Oficina Municipal de Información Turística.

Considerado como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil del siglo XVIII en Lucena, su construcción fue promovida por la familia Mora-Saavedra, entre los años 1730 y 1750. Esta familia de posibles orígenes judeoconversos, formaría parte de las familias que aquí se establecieron atraídas por la fama que  tuvo la ciudad en tiempos pretéritos y la añoranza de morar en la tierra de sus antepasados.

En su arquitectura destacan, además de su magnífica fachada, sus dos patios, el segundo de ellos porticado, y su bella escalera, coronada con una bóveda, atribuida por su estilo a dos de los últimos maestros lucentinos, Francisco José Guerrero y Pedro de Mena Gutiérrez.

El palacio cuenta con una serie de salas temáticas y expositivas. Una de las más interesantes es la Sala “Así se hizo”, un espacio dedicado a la historia del edificio en el que destaca el Eros Dormido, escultura en mármol romano de Carrera perteneciente al gabinete de antigüedades de la Familia Mora encontrada durante las obras ejecutadas para la rehabilitación del edificio. 

Teníamos el tiempo justo para visitar la considerada como la catedral de la Subbética. La Iglesia de San Mateo responde a los cánones artísticos gótico-mudéjares y renacentistas. En este lugar fue donde se encontraba la antigua sinagoga y luego mezquita de la ciudad, hasta que en 1240 se adaptó al culto cristiano.

La actual iglesia fue iniciada en 1498, en la cabecera, junto con las portadas de la sacristía y la exterior de Ntra. Sra. de la Umbría. El resto del edificio es renacentista, presenta tres naves con grandes pilares donde se apoyan arcos apuntados de inspiración mudéjar, así como una portada principal de claras influencias clásicas.

En su interior destaca el retablo mayor manierista, está elaborado en su parte arquitectónica por Jerónimo Hernández y en su imaginería por Juan Bautista Vázquez el Viejo.

También sobresale la magnífica capilla del Sagrario, realizada entre 1740 y 1772 sobre trazas del arquitecto local Leonardo Antonio de Castro y considerada como una de las joyas del barroco cordobés, y una de las obras escultóricas más importantes del barroco andaluz. 

Presenta una magistral portada de jaspe negro, rojo y blanco, realizada por el célebre maestro Juan del Pino Ascanio, natural de esta ciudad. La Capilla tiene planta octogonal y en su alzado se levantan cuatro robustos machones, que a modo de pilastras  sustentan cuatro pechinas.

Los maestros Jerónimo  y Acisclo Ramírez de Quero dirigieron las obras, mientras que el recargado plan decorativo del conjunto, repleto de símbolos eucarísticos, doctores de la Iglesia, santos relacionados con la devoción al Santísimo Sacramento, elementos ornamentales de carácter vegetal o geométrico, espejos, fue encomendado al escultor local Pedro de Mena y Gutiérrez, que también realizó la talla del grandioso tabernáculo que se alza en el centro de la capilla.

Habíamos decidido comer en el Restaurante del hotel, pero quedaba tiempo para visitar el Mercado Municipal de Abastos y, más tarde, el Castillo del Moral, una fortaleza medieval declarada bien de interés cultural.

Su parte central, la más antigua, fue probablemente realizada entre los siglos XI y XII, en la época de esplendor de la Lucena judía. Su estructura inicial de planta cuadrada tiene torres en los ángulos, destacando la Torre del Moral, de planta octogonal y cubierta barroca, muestra al exterior un escudo que le da nombre a la fortaleza.

A la luz del resultado de las excavaciones realizadas en 1987, su fisonomía actual se reparte en patio de armas central, foso, paso de ronda y cuatro torres en cada esquina (del Moral, del Homenaje, de las Damas y del Mediodía). De ellas destaca la Torre del Homenaje, posible celda del último rey granadino Boabdil “El Chico”, capturado en la batalla del Martín González, en 1483.

Desde el siglo XVI el castillo es trasformado en palacio residencial  de los señores de Lucena, los Marqueses de Comares para posteriormente pasar a ser Palacio y Castillo de los Medinaceli.

Actualmente alberga el Museo Arqueológico y Etnológico de la ciudad, con una serie de salas expositivas que tratan de la evolución de la vida en la tierra, la evolución cultural y física del ser humano, y la evolución hacia la modernidad de la ciudad de Lucena.

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16 fotos del 2024

A finales de 2015 empecé la (buena) costumbre de publicar un collage formado por 16 fotos, 16 momentos, a modo de instantánea, de los muchos acontecidos fuera del aula (y algunos dentro), considerando que la clase supone el producto científico y creativo más importante que todo docente elabora.

Desde entonces se convirtió en una buena costumbre. Una buena manera de recordar los instantes más recordados (y fotografiados) de cada año natural. 2016, 2017, 2018, 2019, 2020, 2021, 2022 y 2023 se fueron sucediendo, y recordando.

En algunos de los últimos años costó un poco más de esfuerzo cumplir con la tradición. El confinamiento, la semipresencialidad y la progresiva vuelta a la normalidad que conllevó la pandemia limitó, y mucho, las actividades no meramente lectivas, pero al fin encontramos esos momentos que recordar.

Este 2024 no podíamos faltar a nuestra cita anual, por motivos obvios. La última clase de Bachillerato, la última práctica de laboratorio, la última clase lectiva, la última Olimpiada de Química, el Aniversario de Investigación, el regreso a Mollina, las inevitables despedidas…

Posiblemente, la última de la serie. Hasta siempre, 16 fotos del…

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Albarracín, Beceite 2024 (y 7)

Posteriormente decidimos acercarnos hasta el espacio natural de La Pesquera, un conjunto de pozas o «tolls» del río Ulldemó, afluente del río Matarraña. Las pozas presentan diferentes tamaños y dan lugar a algunas de las piscinas naturales más bonitas de la zona.

Aunque el espacio natural puede ser recorrido andando a través de una pista forestal (la distancia que separa la primera y la última poza son unos 8 km aproximadamente), optamos por por recorrerlas con nuestro vehículo, que dejamos junto al primero de los 16 aparcamientos próximos a las pozas.

La cercanía a Villarrobres nos animó que comer en esta bonita localidad.

Tras la comida retornamos a Beceite para pasear subiendo por sus estrechas calles, rodeados de edificios con mucha historia. Además descubrimos un antiguo lavadero y varias casas construidas aprovechando la ladera vertical del monte.

Volvimos a transitar por su precioso puente de piedra sobre el caprichoso cauce del Río Matarraña, desde donde se aprecian las chimeneas de las antiguas fábricas de papel, que en otros tiempos abundaban en Beceite debido a la calidad del agua de su río.

De vuelta al hotel tocaba comenzar a preparar el equipaje para el viaje de regreso a casa. Habíamos salvado el mal tiempo pero ya los pronósticos daban alerta para ese día y tendríamos que salir pronto. El itinerario de vuelta pasaba por Morella dirección Castellón, Valencia y Murcia, llegando a casa sin novedad para comer.

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Albarracín, Beceite 2024 (6). Parrizal de Beceite

La Ruta por las pasarelas del Parrizal de Beceite es una de las más atractivas de la Comarca del Matarraña en el norte de Teruel. Concretamente está ubicada en la Reserva Natural del Río Matarraña y transcurre por su cauce hasta llegar al espectacular Els Estrets del Parrissal.

El inicio de la Ruta por las pasarelas del Parrizal de Beceite estaba situado, en el Parking 3, a unos seis kilómetros de esta localidad que se recorren por una estrecha pista (mal) asfaltada sin arcén.

La ruta comienza por una pista de tierra que atraviesa varios túneles escavados en la roca. No se puede olvidar que este camino se hizo para poder acceder a las minas de carbón existentes en la zona.

Pronto, cerca del cauce del río, se pueden contemplar las pinturas rupestres de La Fenellosa donde todavía se pueden ver las imágenes de cuatro jinetes y sus monturas.

Luego se pasa junto a la Cova de la Dona, una hendidura entre la roca, continuando la marcha junto al cauce del río; para llegar después a una explanada donde antiguamente se depositaba el carbón que se obtenía en las minas.

Unos 800 metros más tarde se llega a una gran poza donde comienza la parte más atractiva de la Ruta, que transcurre por pasarelas de madera clavadas a la pared de roca que facilitaban el trayecto junto a las cristalinas aguas del río Matarraña.

En algunos tramos atravesamos por varias zonas boscosas sin separarnos del río, donde predominaban el pino silvestre y el boj. También nos encontramos en el camino con arces, quejigos y enebros.

El río se cruza en varias ocasiones por las pasarelas instaladas a lo largo del recorrido. Conforme avanzábamos, el paso se iba estrechando mientras el cauce se encajonaba entre las paredes verticales de roca.

Tras entrar en una zona boscosa rodeados de paredes de roca pobladas por pinos recorrimos otro tramo de pasarelas que permitía bordear bonitas pozas.

Más adelante cruzamos el río por un puente de madera para salvar la zona de rocas que encajonaban su cauce.

Continuando la ruta, atravesamos un pequeño túnel que nos llevó por una zona arbolada entre rocas antes de atacar un punto del trayecto más empinado por un sendero rocoso.

Subiendo unas pequeñas cuestas rocosas llegamos hasta el principio del Estrecho del Parrizal, con bastante escasez de agua en esta época del año. El paisaje es espectacular y deja adivinar entre las rocas el paso del río.

Continuamos y llegamos hasta el Estrecho del Parrizal, que atravesamos caminando sobre unas pasarelas de madera entre las estrechas paredes verticales de roca. Si espectacular es con un cauce sin agua, con agua este Estrecho debe ser impresionante.

Fin de la ruta.

Tocaba ahora retomar el camino de vuelta y disfrutar de la belleza de este paraje hasta llegar hasta el aparcamiento y retornar a Beceite.

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Albarracín, Beceite 2024 (5)

Tras el café nos dirigimos a Valderrobres, realizando en primer lugar la visita conjunta a su iglesia y castillo, edificios ambos que forman un conjunto indisoluble que preside la zona más alta del casco antiguo y domina todo el valle en que se asienta el municipio.

La Iglesia Santa María La Mayor sigue el modelo peculiar del gótico de la Corona de Aragón, basado en la planta de salón, con ábside de igual anchura que la nave y capillas laterales entre los contrafuertes.

La portada tiene un tratamiento individualizado y ofrece una visión esplendorosa, magnificada por la superposición del rosetón que la corona.

La historia que documenta el Castillo de Valderrobres tiene sus inicios a finales del siglo XII y es una de las principales fortalezas de época gótica que existen en Aragón. Su fachada es majestuosa. La obra presenta una serie de elementos que son propios de los edificios góticos civiles o militares que se extienden por toda la Corona de Aragón.

Entre sus dependencias destacan la sala de las Caballerizas, la sala Capitular, el salón de las Chimeneas, una gran cocina, la sala de los Leones y la Cámara Dorada.

La planta del recinto es de forma hexagonal irregular, adaptándose al terreno donde se asienta, con todos sus lados rectos, pero desiguales. En sus vértices hay cubos de mayor altura que el muro, rematándolo todo con almenas defensivas comunicadas por un camino de ronda.

Su ordenación interior es la acostumbrada, con salas alrededor de un patio descubierto rodeado por una barrera de gran altura. La mitad septentrional del castillo es de carácter más militarista.

El recinto se compone de tres niveles intermedios más uno superior o terraza. Tienen ventanas y vanos de formas diferentes según los pisos. En el primer piso se abren una serie de ventanas de medio punto. En el segundo piso las ventanas van decoradas con tracería gótica. En el tercer nivel había una bóveda gótica y unos amplios ventanales con arcos de medio punto.

En el interior, destaca el salón de las Chimeneas, con tres arcos apuntados con tracerías en los ventanales. Aquí se celebraron las comidas de los asistentes a las Cortes de Aragón, que fueron convocadas por el rey Alfonso V en el año 1429. Las reuniones tuvieron lugar en la iglesia parroquial que había sido concluida recientemente.

Arriba hay una espectacular galería con once arcos de medio punto.

El material utilizado para construir esta impresionante mole defensiva es la piedra, totalmente trabajada en sillares bien realizados y ordenados en hileras horizontales. Se hace extensivo este sistema tanto para los muros como para las torres que componen la estructura del edificio. El material se extraía de la propia montaña a la que está adosado el edificio.

El castillo fue restaurado en los años ochenta. Originalmente fue construido por orden de los obispos zaragozanos que habitaron en él durante un largo periodo de tiempo hasta la segunda mitad del siglo XVII en el que se abandonó, comenzando a partir de entonces su deterioro y su ruina. En 1931 fue declarado Monumento Nacional.

Más tarde bajamos al casco urbano. Las calles de Valderrobres componen un conjunto arquitectónico en el que se extiende un núcleo urbano desde la Iglesia Santa María La Mayor y el Castillo hasta la vertiente del río.

Entre piedras, paredes, suelos, caminos y esquinas, se crea Valderrobres sobre sí mismo. A partir del año 1390 comenzó el proceso de amurallamiento y fortificación del casco, construyéndose también el Puente de piedra que da la bienvenida al lugar, atravesando el río. Es una sólida construcción preparada para aguantar los avatares de los troncos y caudales del río.

El Portal de San Roque era el que cerraba el acceso principal a través de este puente, bajo medio punto y hornacina con la imagen del patrón de la localidad.

Tras el agradable paseo por Valderrobres era hora de realizar algunas compras de productos típicos y preparar la ruta del día siguiente, uno de los alicientes de esta escapada por tierras turolenses.

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Albarracín, Beceite 2024 (4)

En la iglesia de la localidad, dedicada a San Pedro Apóstol, procedentes de un monumento funerario romano, existen dos sillares actualmente empotrados en su pared oriental. Las inscripciones que figuran en uno de ellos lo datan, a partir de fines del siglo I d.C.

Cogimos el coche para dirigirnos a la Cascada de Calomarde, también conocida como Cascada Batida o Cascada del Molino Viejo.

Se trata de un enorme salto de agua de unos 20 metros de alto, en el transcurso del Río de la Fuente del Berro, un afluente del río Guadalaviar.

Quedaba mañana para visitar el Nacimiento del río Tajo. En el camino hacia él, saliendo del pequeño pueblo de Frías de Albarracín, se encuentra la Sima de Frías, una impresionante formación kárstica con forma de pozo de unos 80 metros de diámetro y 60 metros de profundidad.

Alrededor de sima hay un vallado de protección de madera y se puede dar un paseo dando la vuelta por una pequeña senda, disfrutando de los pinares que la rodean. También se puede disfrutar de interesantes fósiles, que se encuentran en el lado izquierdo de la sima llegando desde la carretera.

Más adelante llegamos al nacimiento del río Tajo, en el arroyo de Fuente García. Se ubica en los Montes Universales, un emplazamiento que convierte a esta pequeña localidad de la comarca Sierra de Albarracín de tan solo 111 habitantes en un bonito mirador de la Peña Rubia y el Cañón de la Hoz, porque se sitúa en la ladera del Cerro del Castillo, dominando una gran depresión.

Aquí, un monumento creado en 1974 por el escultor José Gonzalvo simboliza al «Padre Tajo» y a las provincias de Teruel, Cuenca y Guadalajara, guardianas de su nacimiento. Este lugar no sólo es un punto de interés natural, sino también histórico, pues marca el inicio del río en su largo viaje hacia el mar.

Regresamos a Albarracín para comer y, más tarde, dirigirnos a las primeras estribaciones del Paisaje protegido de los Pinares de Rodeno con la intención de contemplar sus célebres pinturas rupestres. Antes de llegar al Centro de Visitantes divisamos un cartel indicando la proximidad del abrigo de La Fuente del Cabrerizo y aparcamos el coche.

Nada más empezar a andar encontramos un mirador, suspendido sobre una roca, desde el que se divisaba un camino que bajaba y bajaba…

Ya puestos, empezamos a bajar por la montaña hasta llegar al fondo del valle, que tuvimos que recorrer más de dos kilómetros para llegar al abrigo de la Fuente del Cabrerizo, incluido dentro de la relación de cuevas y abrigos con manifestaciones de arte rupestre considerados Bienes de Interés Cultural, en el que se conservan dos figuras grabadas: la primera de ellas representa un cérvido completo con dos astas y la segunda, más tosca, un équido también completo.

Localizados, no sin dificultad, el cérvido y el équido, tocaba desandar el camino, ahora en pendiente positiva, para regresar primero al coche y después a Albarracín, ya atardeciendo, y finalizar las visitas de este segundo día.

El miércoles, a primera hora, nos despedíamos de Albarracín para poner rumbo a Beceite. A escasos kilómetros de la primera localidad se halla Gea de Albarracín. En las inmediaciones del Centro de Interpretación allí construido se encuentra el tramo numerado con el 4 de la ruta del acueducto romano que va de Albarracín a Cella, en el Barranco de los Burros.

Este vestigio de la presencia romana en la Península Ibérica permite pasear por lo que fue la conducción de agua de estas poblaciones. Su estado de conservación es bastante bueno y se pueden observar las técnicas constructivas de estos ingenieros.

Nos llevó buena parte de la mañana recorrer los algo más de doscientos kilómetros que separan Beceite de Albarracín, por carreteras secundarias que atraviesan, por ejemplo, la célebre localidad de Calanda.

Tras alojarnos en el Hotel Font Del Pas dimos un primer paseo por la localidad antes de comer en su restaurante.

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Albarracín, Beceite 2024 (3). Barranco de la Hoz

En nuestros últimos viajes por la geografía hispana siempre hemos intentado incluir alguna ruta senderista por la zona. Y en nuestro viaje a Albarracín una visita al Barranco de la Hoz parecía inexcusable.

Tras el desayuno nos dirigimos a Calomarde extasiados por los colores del otoño y, tras dejar el coche en el centro de la población, comenzamos la ruta por una pista asfaltada que llanea por la margen izquierda del Río Blanco. Pronto, dicha pista asfaltada se convierte en una pista de tierra, amplia y cómoda.

Al poco tiempo de iniciar la marcha pasamos junto a la esbelta figura de la roca conocida como El Moricacho.

Un poco más adelante nos topamos con la Presa de los Ahogados, cuyo nombre se debe al triste suceso acaecido a finales del s XIX, en que dos personas perecieron ahogados al intentar cruzar el río tras una tormenta.

Después el camino vira hacia el norte para llegar a una bifurcación, tomando el desvío hacia la izquierda siguiendo las indicaciones “SL-TE 40.1 Puente de la Toba/Frías de Albarracín”.

Al poco se llega al primer tramo, cortito, de pasarelas. Apenas debemos remontar unos escalones para cruzar un puente sobre el río y volver a descender siguiendo caminando por la margen izquierda del Río Blanco.

El cañón se va encajonando progresivamente, mientras la senda serpentea por su base, en un terreno semiboscoso. Otro tramo de escaleras, e incluso un tramo de roca desnuda equipada con una cadena para sujetarse nos permiten superar un trecho en el que el río se estrecha cerrando el paso a pie.

La ruta continúa hasta llegar al Puente de la Toba, donde las pasarelas se elevan sobre el Río Blanco, introduciéndose en un túnel de roca natural, angosto y espectacular.

Aunque alguien habría dado aquí media vuelta para regresar al punto de partida, otras estaban decididas a seguir adelante. Así, superado el Puente de la Toba, continuamos nuestro camino por la margen derecha del río a través de un tramo ascendente y estrecho.

Más tarde descendimos a la orilla del río para, unos metros más adelante, volver a superar su cauce mediante otro pequeño puente metálico. Tras ello, otro tramo de escalones de madera que nos lleva a ascender por la margen izquierda, en otra zona espectacular en que el camino se eleva más de una decena de metros sobre los verticales acantilados que dan al río.

A partir de aquí se abandona momentáneamente el tramo de pasarelas para llanear por un agradable sendero que transcurre junto al río, en una zona del cañón de paredes verticales pero lo suficientemente ancha como para pasear tranquilamente.

Otro bonito tramo de pasarelas permite salir del angosto cañón para ya caminar por un tramo de bosque previo a la llegada a la zona del Molino de En medio y, finalmente, al Molino de las Pisadas.

Según reza la leyenda, debe su nombre a las huellas que dejó el demonio grabadas en piedra al perseguir a un pastor y su rebaño que se habían internado en un bosque prohibido.

Ahora sí, era el momento de iniciar el camino de regreso que, a partir de ahora, transcurriría en su mayor parte por la margen izquierda del río, en la parte elevada del cañón.

Siguiendo las indicaciones de los senderos PR-TE 2 y SL-TE 40 vamos separándonos del cauce del río y asciendo sin prisa pero sin pausa hasta alcanzar un collado. Tras él, el camino desciende ligeramente realizando una amplia curva a derechas por la ladera de la montaña, hasta llegar a la Cueva de las Albardas.

Continuamos la marcha por un aéreo pero ancho y cómodo camino por la parte alta del cañón, siguiendo las indicaciones que llegan hacia el Este (“Calomarde/Presa del Ahogado, por el PR-TE 2 y el SL-TE 40”).

Poco a poco vamos descendiendo, hasta llegar al cruce inicial en que se desvían los senderos SL-TE 40 y el SL-TE 40.1.

Tan solo nos queda regresar por la amplia pista junto al río para finalmente volver a Calomarde.

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Albarracín, Beceite 2024 (2)

A la salida nos dirigimos a la Catedral de Albarracín, posiblemente el monumento más importante de la ciudad (siglo XVI) y a la que solo se accede a través de las visitas de la Fundación.

Se cree que está ubicada donde estuvo la antigua mezquita principal de Albarracín, es fruto de la renovación de la catedral medieval a lo largo del siglo XVI, momento al que pertenecen los retablos más importantes como el mayor o el de San Pedro.

Durante la restauración, no sólo se han encontrado restos muy interesantes de su pasado medieval, sino que se ha recuperado la riqueza decorativa y colorista que le imprimió la reforma del siglo XVIII. Sorprendente es la recuperación integral de la capilla de la Circuncisión, sus pinturas y retablo en lo que hasta ahora era un almacén.

Al finalizar la visita había llegado el “esperado” momento de subir a las Murallas de Albarracín.

Albarracín ha sido, desde tiempos inmemoriales, ciudad estratégica, de ahí que su capacidad defensiva fuera en el pasado imbatible, con una serie de construcciones compuestas, en líneas generales, por tres castillos y dos recintos de murallas, construcciones todas ellas que se han ido edificando a lo largo de la historia.

En este sofisticado sistema defensivo destacan los castillos del Andador, la torre de Doña Blanca, y dos recintos fuertemente amurallados.

Para la subida optamos por la calle Subida a las Torres, junto a la Iglesia de Santiago.

Una vez en lo alto, veremos que hay una puerta sobre la muralla donde podremos contemplar el río Guadalaviar y el casco antiguo.

En el camino de vuelta nos encontramos por el Portal de Molina, ante una de las cuatro puertas que cerraban la ciudad. Ésta recibe su nombre del camino que se abre hacia Castilla por Molina de Aragón.

Cuentan que es la fotografía imprescindible si se visita Albarracín, ya que fue un icono de los pósteres que el Ministerio de Turismo hizo para vender la imagen de España en los años 70. Para ello hay que volver la vista atrás para ver el portal de Molina desde extramuros, enmarcando la casa de la Julianeta dentro del arco del portal.

La casa de la Julianeta (que recibe el nombre del diminutivo afectivo de su antigua dueña, Juliana) vigila al viajero a la entrada de la ciudad. Su estructura de entramados de madera se manifiesta en el exterior de las paredes, permitiéndonos conocer el sencillo sistema constructivo de las casas más antiguas de la Ciudad, con zócalo de piedra, tabicón de yeso del terreno (colores grises, rojos, rosas y tostados) y madera de pino. Su morfología y volumetría caprichosa es el resultado de aprovechar al máximo el suelo en la intersección de dos calles.

Tiempo para pasear pausadamente por la Plaza de la Comunidad, el Portal del Agua o contemplar la Casa Torcida del Chorro, con la tranquilidad de haber visitado en este primer día la mayor parte de los atractivos de la ciudad.

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Albarracín, Beceite 2024 (1)

Habíamos señalado la semana del 14 al 18 de octubre para conmemorar “cumpleaños varios”. Importantes, muy importantes, eso sí. Albarracín era el lugar elegido… por tercera vez. Nunca un destino se ha resistido tanto si tenemos en cuenta las reservas anuladas, por diversos motivos, en abril de 2020 y octubre de 2021. Y el tiempo frustró la tercera reserva.

Una semana más tarde nos animamos a emprender el viaje. Dos noches en Albarracín y otras dos en Beceite, para realizar la “instragrameable” ruta del Parrisal.

A mediodía ya habíamos hecho el check in preparados para patear Albarracín. Una visita a la Oficina de Turismo y a realizar el Paseo fluvial del Río Guadalaviar, un recorrido sencillo pero divertido con tramos de sendas de piedra, escaleras, puentes colgantes y pasarelas. La ruta bordea la ciudad por las orillas del río Guadalaviar, y en el recorrido se contempla una vista diferente de Albarracín, las murallas y contrafuertes, la Torre de Doña Blanca, las casas, así como sus huertas, norias y el Molino del Rey.

El río Guadalaviar forma parte de la imagen de la ciudad de Albarracín, el cual recorre el cañón del mismo río, una zona donde no resulta rara la presencia de rapaces como el águila real, el alimoche y el buitre leonado. La ruta puede completarse saliendo del cauce para recorrer la parte superior una espectacular garganta que recorre más de 5 kilómetros hasta llegar al cruce de Royuela y Torres de Albarracín.

Caminamos por una senda paralela al río, donde enfrente de la misma, antes de cruzar el primer puente, podemos ver las murallas, con la Torre del Andador arriba que nos guiará durante todo el recorrido, y justo debajo el antiguo Edificio de los Escolapios.

Seguimos por el puente, y empezamos las primera subida por la senda, al fondo vamos viendo la catedral con sus tejas de color estilo mudéjar, se distinguen las primeras casas colgantes y el Parque Municipal de Albarracín.

Albarracín fue independiente de las coronas de Aragón y Castilla estuvo sitiada durante largos periodos de tiempo uno de los mayores fue con Jaime I en el año 1220 la cual fracaso, llego a estar sitiada unos seis meses. De una de estas contiendas se hace referencia el cronista Bernat Desclot, sobre el sistema defensivo del sendero que vamos a recorrer.

«Esta ciudad de Albarracín está entre cuatro reinos, a saber: entre el reino de Aragón y el reino de Valencia y entre el reino de Castilla y de Navarra y se encuentra rodeada totalmente por altas y agrestes montañas, y la ciudad se halla entre ellas en el fondo y la rodea un río alimentado de nieves, de forma que nadie puede entrar más que por un lugar muy estrecho y está muy bien amurallada con fuertes muros y muchas torres».

Abajo vamos viendo la primera noria que riega el parque municipal por las acequias. Seguimos por el sendero original y un poco más adelante está el puente de los Carneros, reconstruido completamente, que antiguamente era el puente para conectar el convento de los Dominicos (Destruido en el siglo XVIII) y la Iglesia de Santa María, patrona de Albarracín.

De ahí sale una bifurcación hacia la Iglesia de Santa María, y la antigua nevera de Albarracín, que tomamos para ascender al pueblo. Callejeando pasamos por la entrada a la catedral, que visitaríamos después de la comida. Junto a ella, el Mirador, obra de 1957 que ofrece unas maravillosas vistas de Albarracín.

Desde este mirador o «miradero» se aprecia al fondo la iglesia de Santa María, rodeada de verdor, debajo la garganta del río y, enfrente de nosotros, el Albarracín moderno. A la izquierda podemos observar las murallas, como si de peldaños de escalera se tratase, que ascienden hacia la torre central del Andador (declaradas Monumento Histórico en 1931).

A pocos pasos se halla la Plaza Mayor que, a pesar de la irregularidad del casco urbano, se puede considerar como el centro geográfico de la ciudad. Se asienta sobre un primitivo foso natural de la muralla que se rellenó en el s. XI, época en la que los musulmanes ampliaron la ciudad.

El carácter de plaza de la ciudad lo adquiere a partir del s. XIII, denominándose plaza de Santa María. El cobertizo mayor (s. XIV) se ubicaba debajo del actual Ayuntamiento, atribuyéndole la función de lugar de reunión de la Ciudad y aldeas. En 1654 es nombrado con el mismo nombre, pero se le da ya una función de mercado, lonja o pescadería, carácter comercial que siempre tuvo el cobertizo antiguo o mayor. En ella destacan la casa del balcón esquinero y la casa consistorial. Sitio estratégico para unas bonitas vistas.

Se acercaba la hora de comer. Habíamos reservado mesa en el Restaurante Señorío de Albarracín, por consejo del encargado del hotel, y hacia allí nos dirigimos por la Calle Azagra, una de las más pintorescas de Albarracín, haciendo parada en la Casa de los Navarro de Arzuriaga, la única pintada de azul ya que sus propietarios quisieron emular la arquitectura del sur.

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