Pisa, Florencia, Venecia 2014 (2)

Realmente nuestro viaje desde Pisa hasta la estación de Santa Maria Novella en Florencia fue apacible. A lo largo del trayecto pudimos deleitarnos con el paisaje, verde a más no poder, algo que nos extrañó.

Habíamos organizado el desplazamiento desde la estación al hotel de mil y una maneras. Pero una cosa son los proyectos sobre mapa y/o plano y otra la realidad. Cuando salimos de la estación y pisamos suelo florentino, cargados con nuestras dos maletas nos encontramos un tranvía en la puerta. Esa misma noche pudimos comprobar que nos hubiera dejado a cien metros del hotel… pero era el primer día y lo que tocaba era: andar.

Unos quince minutos nos llevó llegar al Hotel NH Firenze. Al hacer el checking in nos comentaron que nos esperaban para el día anterior. Cosas de las centrales de reservas. Los momentos de incertidumbre tuvieron su pequeña recompensa, pues nos dieron una suite muy cómoda y acogedora.

Media hora más tarde estábamos en la calle, duchados y cambiados, para empezar a patear la ciudad. El hotel estaba algo alejado del centro de la ciudad, pero llevábamos todo el día con el desayuno, un helado y un botellín de agua…

Ahora cogimos ese tranvía que habíamos descartado a nuestra llegada y que nos llevó al mismo destino: la estación de ferrocarril. Nos pusimos a andar. Nuestro destino era el Restaurante Fiaschetteria Nuvoli, en la Piazza dell’olio, muy cerca de la Piazza del Duomo. Pasamos frente a la Iglesia de Santa María Novella y caminado por la Via Dei Cerretani tuvimos nuestra primera visión de la catedral de Santa Maria del Fiore y todo el conjunto arquitectónico de la plaza.

Cuando llegamos ya no servían cenas. Aunque nos invitaron amablemente a tomar una copa de vino, nuestros estómagos necesitaban algo sólido. Era muy tarde y nuestras posibilidades de cenar disminuían de manera exponencial. Próxima parada: Yellow bar (Via del Proconsolo, 39). Cerrado.

Al final una ensalada y una pizza en la Trattoria Le Mossacce (Via del Proconsolo, 55) calmaron nuestro apetito. Y nuestra sed. Llevaba toda la tarde en Pisa diciendo que acabaría la noche con una refrescante cerveza. Al final fue con un «cervezón», pues todavía no controlábamos los «tamaños» de las bebidas en Italia y me atreví con una «grande«.

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Eran más de las once cuando terminamos de cenar. Nuestra primera cena en Florencia. Habíamos paseado (raudos, eso sí) por la Piazza del Duomo, habíamos pasado al lado del Baptisterio, de la catedral, del campanario de Giotto… y habíamos cenado en frente del Palazzo Bargello.

Nuestro paseo nos condujo, casi sin querer, a la Piazza della Signoria, espectacular de noche y de día. Durante el Imperio Romano, la plaza contaba con una instalación termal. A principios de la Edad Media las termas desaparecieron y la plaza fue tomada paulatinamente por artesanos. La plaza adoptó su forma actual a mediados del siglo XIII y fue pavimentada a finales del siglo XIV. Siempre ha estado muy unida al poder civil. Pudimos contemplar la Fuente de Neptuno, construida por Bartolomeo Ammannati y sus discípulos no fue muy apreciada en sus comienzos, y la estatua ecuestre de Cosme I, obra de Giambologna en 1594.

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Además de ser la plaza más bonita de Florencia, es uno de los lugares con más vida de la ciudad. Esa noche, una orquesta deleitaba a los florentinos y a la ingente cantidad de turistas en un escenario muy particular; la Logia dei Lanzi (también llamada Logia della Signoria). Un auténtico museo al aire libre, pues en sus soportales se encuentran diversas esculturas como El Rapto de las Sabinas o Perseo con la cabeza de Medusa.

Atravesando los exteriores de la Galeria degli Uffizi llegamos al Arno, contemplando por vez primera el Ponte Vecchio, espectacular a esa hora de la noche.

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Lo cruzamos y llegamos hasta la explanada del Palazzo Pitti, mezclándonos con la muchedumbre que a esas horas de la noche disfrutaba de un maravilloso paseo por el corazón de Florencia.

Había llegado el momento de regresar al hotel. Para ser el primer día (y como suele ser costumbre en nuestros viajes), ya estaba bien. Para qué buscar un taxi. Un paseo por la ribera del Arno nos condujo hasta el mismo.

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No quedaba mucho tiempo para descansar. Al día siguiente nos esperaba un completísimo día que comenzaba con la visita a la Galeria degli Uffizi a las nueve de la mañana.

Pero eso ya es otra historia…

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