Amanecía nuestro primer día en Florencia (y tanto que amanecía). Las seis y media de la mañana y ya en pie. Había que desayunar y llegar al centro. La verdad es que se desayuna muy bien en los hoteles europeos, por lo menos en los que nosotros nos hemos alojado. Y este no le andaba a la zaga.
Listos para comenzar un completo día. Pero no andando. Nos decantamos por hacer nuestro primer viaje en autobús (C2, Leopolda) hasta las inmediaciones de la Piazza del Duomo (Pecori). Empezábamos a controlar cómo conseguir los biglietti y cómo validarlos (con el tiempo llegaríamos a controlarlo realmente bien…).
A la altura de la Piazza San Giovanni tomamos la Via Roma que nos condujo a la Piazza della Republica y, más tarde, a la Loggia del Mercato Nuovo (con su famosa Fontana dell Porcellino, a la que volveríamos más tarde) antes de encontrarnos de nuevo con la Piazza della Signoria con las primeras luces del día.




Pudimos apreciar con todo lujo de detalle la Logia dei Lanzi pues, como siempre, habíamos llegado con tiempo más que suficiente a nuestra cita con el operador que nos debía entregar las entradas «sin colas» para la galería.

También había tiempo para contemplar los exteriores del Palazzo Vecchio, que visitaríamos más tarde. Dan Brown nos había acompañado en nuestros viajes a París («El código Da Vinci«) y a Roma («Ángeles y demonios«) y no iba a ser menos en esta ocasión. Tenía curiosidad por encontrar la pequeña puerta que daba a la Via della Ninnabase por la que Robert Langdon y Sienna Brooks consiguieron salir del Palazzo Vecchio. No fue difícil localizarla. Desde luego, estaba claro que el autor de «Inferno» se documentaba de maravilla para sus novelas, como también pudimos comprobar más tarde en Venecia.

Ya teníamos las entradas en nuestro poder. Había llegado el primer «momento del arte«. La Galeria degli Uffizi nos esperaba. Entre los mayores museos del mundo, esta galería es una de las más antiguas de Europa según la concepción moderna de museo. Fue creada por la familia Médici en el siglo XV. Pronto se dedicó a pinacoteca, especializada en Renacimiento. La construcción respondía a las necesidades de la familia Médici. Asentada en Florencia, vivía en el Palazzo Vecchio. Insuficiente para todas las actividades de estos poderosos nobles, se encargó a Giorgio Vasari, pintor y teórico del Renacimiento, la construcción de este edificio. El cliente fue Cosme I Médici, que quería ubicar en ella la sede de los oficios de la Magistratura del Estado. Esta dedicación es la que da nombre a la galería. El edificio está entre el Palazzo Vecchio y el Palazzo Pitti, por lo que el proyecto original se reforma para unir ambos.

Francisco I, hijo de Cosme, hizo sus propias remodelaciones, otorgando a la galería un ambiente más espectacular y escenográfico que práctico. De resultas de las modificaciones, en 1574, a la muerte de Vasari, el edificio aún no se había terminado, por lo que se llamó a Alfonso Parigi y Bernardo Buontalenti para rematarlo. Éste último fue el autor de la preciosa Puerta de las Súplicas. Inaugurado al fin en 1581, todos los eruditos e intelectuales de la época lo citan elogiosamente por su modernidad y audacia.

Nuestra primera parada antes de acceder a las distintas salas fue el Corredor que, desde 1996, ha vuelto a adquirir, casi por completo, el aspecto que Francisco I le había dado a finales del siglo XVI.

Bajo los techos con decoraciones grotescas se hallan los retratos más antiguos de la Serie Giordiana dedicados a hombres ilustres de todas las épocas y países. A lo largo de las paredes se alterna bustos y esculturas antiguas de la colección medicea.


Las Escuelas que encuentran representación en la galería son en su mayor parte italianas. Las obras más antiguas, del Trecento, son por orden de importancia la Madona Rucellai de Duccio, la Madona d’Ognissanti de Giotto, la delicadísima Anunciación de Simone Martini o una sofisticada y cortesana Adoración de los Magos pintada sobre tabla por Gentile da Fabriano.




En el Quattrocento están representados los más grandes maestros. Tuvimos ocasión de contemplar una de las tres versiones de la Batalla de San Romano de Paolo Ucello y la Virgen con Niño y dos ángeles de Fra Filippo Lippi.

Las salas dedicadas a Boticelli, obtenidas en 1943 de la parte alta del Teatro mediceo, acogen al mayor número de obras del pintor del mundo. El recorrido artístico de Boticelli se representa aquí con obras de escenas sagradas y profanas: desde las primeras, todavía bajo la influencia de Filippo Lippi, Verrocchio y Pollaiolo, a las que fueron concebidas en el entorno intelectual mediceo, hasta los cuadros místicos de su madurez.

Varias obras conocidas en todo el mundo (Retrato de joven con medalla, La calumnia, Nacimiento de Venus, La Virgen del Magnificat, Palas y el centauro, La Primavera…) se encontraban ante nuestros ojos.





Otras ascendencias culturales de la época están representadas aquí por Ghirlandaio, sensible a la pintura flamenca, presente en estas salas con el gran Tríptico Portinari de Hugo Van der Goes.

La sala 15 está dedicada a Leonardo e inicia la colección de grandes genios del Cinquecento. Las obras (Bautismo de Cristo, Anunciación), iluminadas desde arriba por una gran claraboya, reflejan sobre todo las etpas de la primera producción en Florencia de Leonardo, desde sus comienzos en el taller de Verrocchio hasta su partida a Milán en 1482.



Seguimos visitando innumerables salas (De los mapas geográficos, de las Matemáticas, Tribuna, Gabinete de las Miniaturas) antes de acceder al segundo y al tercer corredor.

En la sala dedicada a Miguel Ángel pudimos contemplar el Tondo Doni (Sagrada Familia con San Juan niño), considerado el cuadro más importante y enigmático del siglo XVI, el único testimonio pictórico de Miguel Ángel que se conserva en Florencia y, probablemente, el único pintado sobre un soporte móvil que se le pueda atribuir con certeza.


La Sala de Níobe alberga un grupo de esculturas antiguas encontradas durante el siglo XVI en un viñedo en Roma, cerca del laterano, y que evocaba el mito de Níobe, aniquilada con sus hijos por Apolo y Diana (Nióbida corriendo, 150 aC).

También encontramos en ella el enorme lienzo del Triunfo, de Peter Paul Rubens, devuelto recientemente a los Uffizi después de su restauración.

En las siguientes salas contemplamos más obras del Renacimiento italiano, alemán y flamenco (Francesco delle opere, de Perugino).

En la cabecera del Tercer Corredor, hacia la Loggia de los Lanzi, se halla el célebre Jabalí romano (copia en mármol de un original en bronce helenístico) junto al Laoconte de Baccio Bandinelli, primera copia al natural del grupo helenístico encontrado en Roma en 1506 (las tres esculturas fueron restauradas en 1994).

Al final de la segunda planta nos encontramos con la cafetería, que posee una impresionante terraza con unas vistas espectaculares de la parte superior del Palazzo Vecchio. Buena escusa para descansar, beber y comerse una manzana para reponer fuerzas.


¡¡ No se vayan todavía, aún hay más !!
Bajamos a la primera planta para empezar a visitar las Salas de los españoles, de los holandeses y de los flamencos. Cuadros de Goya (Retrato de María Teresa, condesa de Chinchón), El Greco, Velázquez, Rembrandt o Rubens, entre muchos otros.




Sin pausa, pasamos a las nuevas salas rojas (ala oeste), contemplando diversas esculturas y varias pinturas de Andrea del Sarto (Virgen de las Arpías), Rosso Fiorentino (Amorcillo músico, Virgen con el Niño y santos -Virgen del Spedalingo-), Pontormo (Retrato de Cosme el Viejo), Vasari, Allori, Bronzino, Rafael (Virgen del Jilguero, León X con los cardenales Julio de’Medici y Luigi de’Rossi) y Ghirlandaio (Tabla pintada para cubrir un retrato valioso).








Después de contemplar una interesante exposición temporal (Puro semplice e naturale, nell’arte a Firenze tra Cinque e Seicento) finalizamos nuestra visita a la galería con las salas dedicadas a Tiziano (Flora, Venus de Urbino) y Caravaggio (Medusa, Baco, Sacrificio de Isaac).



Había llegado del momento de abandonar este templo del arte, no sin haber comprado algún recuerdo antes de la salida. Sólo queda decir que este relato es un simple resumen de los cientos de obras de arte con las que pudimos deleitarnos en unas horas aquel 29 de julio de 2014…

Próxima parada: Palazzo Vecchio.















