Pisa, Florencia, Venecia 2014 (8)

Último día de julio. Última mañana en Florencia. Sin la prisa de días anteriores, terminamos de preparar el equipaje y bajamos a desayunar. Más tarde, hicimos el check out y dejamos las maletas en consigna, pues partíamos en tren de alta velocidad a Venecia a las cuatro y media de la tarde.

Aunque nos quedaban algunas cosas por ver (siempre hay que dejarse algo para la próxima ocasión), la idea era moverse por la ciudad donde nuestros pasos nos encaminaran, sin planos ni «navegador móvil«.

Nos dirigimos a la parada de Leopolda, esta vez para tomar la línea C3 que nos conduciría, tras cruzar el Arno, a la parada de Bardi, a escasos metros del Ponte Vecchio, que cruzamos por última vez.

Nuestro destino era el Museo Galileo, situado en la Piazza de’ Giudici, a las espaldas de la Galleria degli Uffizi. El Museo Galileo conserva los únicos instrumentos inventados y construidos por Galileo que han llegado hasta nosotros. Destacan por su especial importancia los dos telescopios y la lente objetiva del telescopio con el que el científico pisano descubrió los satélites de Júpiter.

En el Museo se encuentran también las valiosísimas colecciones científicas de las Casas de Medici y de Lorena. La nueva denominación adoptada por el Museo en 2010 conserva como subtítulo su anterior nombre (Istituto e Museo di Storia della Scienza), pero enfatiza la importancia que tiene la herencia galileana para las actividades y el perfil cultural de esta institución.

El recorrido de la exposición reconstruye el contexto histórico y cultural en el que se fueron formando las colecciones de las Casa de Medici y de Lorena, los ambientes en los que estuvieron conservadas, las aspiraciones de sus coleccionistas y las actividades de los científicos que desempeñaron un papel protagonista en ellas.

En torno a la figura emblemática del científico pisano, el Museo Galileo reconstruye la historia de las iniciativas científicas de Florencia y Toscana, una historia que pone de manifiesto los importantes vínculos con las más avanzadas actividades de investigación a escala internacional. Durante siglos, las Casas de Medici y de Lorena ofrecieron protección y estímulo a científicos de gran talento, protagonistas de algunos de los más importantes logros teóricos y prácticos de la ciencia moderna.

Atravesando por última vez la Piazzale degli Uffizi volvimos a la Piazza della Signoria y por la Via dei Calzaiuoli llegamos a la Iglesia de Orsanmichele (San Miguel del Huerto). Un monasterio carolingio denominado San Michele in Orto ocupaba en el siglo VIII el lugar donde se alza este edificio de planta cuadrangular y dos pisos. En 1290 Arnolfo di Cambio era el encargado de levantar la Logia de los Granos que estaba destinada a servir de granero en caso de carestía o sitio de la ciudad. El nuevo edificio fue destruido casi por completo, víctima de un incendio, por lo que se construyó una nueva logia en 1337, siendo Talenti el encargado de los trabajos, en colaboración con Neri di Fioravante y Benci di Cione.

La ubicación en uno de los pilares de la logia de una imagen de la Virgen, considerada milagrosa por el pueblo florentino, hizo que el edificio se convirtiera en uno de los lugares habituales de oración, por lo que se tornó en santuario de las corporaciones gremiales de la ciudad, añadiéndose dos pisos más. Las galerías del piso superior fueron cerradas en 1380, siendo sustituidas por vidrieras que iluminaran el espacio interior, aligerándose los pilares que sustentaban la construcción con una serie de nichos, obra de Michelozzo y Donatello.

En estos nichos se ubicaron los santos protectores de las diferentes «Artes» florentinas, un total de siete mayores y catorce menores. En el lado este se encuentran las esculturas de San Juan Bautista, de Ghiberti; Santo Tomás, de Verrochio; y el San Lucas, de Giambologna. En el lado norte se hallan San Pedro, de Donatello; San Felipe de Nanni di Banco; los Cuatro santos coronados, del mismo escultor y San Jorge, de Donatello. En el lado oeste están San Mateo y San Esteban, obras de Ghiberti, y San Eligio, de Nanni di Banco. En el lado sur se ubican San Marcos, de Donatello; San Jaime, de Lamberti; la Virgen de las Rocas, de Tudesco; y el San Juan Evangelista, de Baccio de Montelupo. Situados encima de las arcadas se encuentran medallones de terracota representando los blasones de las diferentes «Artes», piezas realizadas por Luca della Robbia.

En el interior el espacio está dividido en dos naves, ubicándose en la derecha el ciborio de Andrea Orcagna, admirable obra de inspiración gótica realizado en mármol con lapislázuli y mosaico de oro, tabernáculo que cobijaba la imagen milagrosa de la Virgen, pintura que fue destruida por el fuego y sustituida por la actual Madonna delle Grazie, realizada en 1366 por Bernardo Daddi.

Nos dirigimos ahora a la Piazza della Repubblica, cuyo origen debemos buscarlo en el antiguo foro romano, levantándose en la zona oeste un templo, consagrado a las tres divinidades romanas, llamado el Capitolium. Posteriormente se construyeron algunas importantes mansiones en época medieval y era la sede del Mercato Vecchio, uno de los centros más concurridos de la ciudad. En el siglo XIX, los urbanistas no dudaron en derribar todas las edificaciones de esta zona para edificar una plaza abierta.

De camino a la Via dè Tornabuoni visitamos el Palazzo Strozzi, uno de los símbolos de la arquitectura renacentista, cuya construcción fue promovida por Filippo Strozzi, miembro de una de las más ricas e influyentes familias florentinas que cometieron el error de enfrentarse a los Médici, teniendo que refugiarse en Lyon para rehacer su amplia fortuna. El Palazzo Strozzi sigue el modelo del Palacio Médici de Michelozzo, apareciendo como una pequeña fortaleza en el centro de la ciudad. En el interior, el espacio se distribuye alrededor de un patio realizado por Il Cronaca, espacio porticado en sus cuatro lados.

En la Piazza Santa Trinita pudimos visitar la Chiesa di Santa Trinita. En su interior encontramos un espacio sereno y sencillo, dividido en tres naves con dos series de cinco capillas a cada lado. Entre las obras maestras que conserva la basílica destacan una Anunciación de Lorenzo Monaco; los frescos de la capilla Sassetti, realizados por Domenico Ghirlandaio, con escenas de la vida de san Francisco; o la Adoración de los pastores del altar de dicha capilla, obra también de Ghirlandaio.

De nuevo junto al Arno. Desde el Ponte Santa Trinita admiramos, ahora sí, por última vez el Ponte Vecchio.

Volvimos a la famosísima Via dè Tornabuoni, que lleva el nombre de la antigua y afamada familia de Florencia unida a los Médici a través del matrimonio. Dos de los miembros más interesantes de la familia eran mujeres.

Lucrezia Tornabuoni, famosa por su conocimiento sobre política y literatura, era una de ellas. A la edad de 17 años se casó con Piero de Médici. Escribía laudi, sonetos y trianari en idioma vernáculo. Algunos de sus poemas y una antología de cartas fueron publicadas antes de su muerte; e incluso el gramático Agnolo Poliziano se refirió a ella y sus escritos.

La segunda gran mujer extremadamente hermosa de esta familia fue Giovanna degli Albizi. A los 17 se casó con el primo de Lorenzo el Magnífico, Lorenzo Tornabuoni. Su tumba se encuentra hoy en la Cappella Tornabuoni en la Basilica di Santa Maria Novella. Ambas mujeres fueron incluidas en la obra Visitazione de Domenico Ghirlandaio, en una de las escenas del ciclo cuyo tema es San Juan el Bautista.

La calle más glamorosa de la ciudad no sólo está dedicada al encanto de la moda. También es un recordatorio de aquella poderosa familia de la cual estas dos maravillosas mujeres dejaron su marca indeleble de belleza y elegancia. Nuestro destino no era ninguna de las famosísimas casas de moda (no falta ninguna), sino Tiffany & Co. En Londres (Harrods) nos trataron muy amablemente… pero salimos sin lo que andábamos buscando. Cuatro años más tarde, en Florencia, no podíamos volver a dejar pasar esta oportunidad. Y no lo hicimos.

En la Piazza degli Antinori nos encontramos la Chiesa dei Santi Michele e Gaetano, cerrada a esas horas de la mañana. Por la Via dei Rondinelli llegamos a la Via dei Cerretani (con la Plaza del Duomo al fono) y en ella pudimos visitar la Chiesa di Santa Maria Maggiore, una de las más antiguas de la ciudad.

Fundada antes del siglo XI, con claro estilo románico, fue reconstruida en estilo gótico en la segunda mitad del siglo XIII. Recibió el nombre de “la Mayor” porque era la iglesia más grande dedicada a la Virgen María antes de la construcción de la Catedral de Santa María del Fiore. Su interior es muy sencillo, tiene planta de modelo cisterciense, con tres naves divididas por arcos apuntados, y presbiterio con tres capillas. Su aspecto actual se debe a las profundas intervenciones de restauración realizadas en el siglo XX.

Posee importantes obras de arte, entre las que destaca un bajorrelieve de La Virgen con el Niño, de origen poco claro, aunque se cree bizantino. Además, en la Capilla Mayor, podemos ver interesantes frescos con episodios de la historia de Herodes, que muestran la masacre de inocentes, y que fueron realizados a partir del final del siglo XIV. Una de las curiosidades que encierra es la tumba de Salvino degli Armati, desde hace años erróneamente considerado como el inventor de los lentes. También se halla enterrado en la iglesia, el maestro de Dante, Brunetto Latini.

Llegamos a la Basílica de San Lorenzo, para la que Brunelleschi creó una planta de cruz latina que, a pesar de ser espacialmente longitudinal, produce un cierto efecto visual de centralización en la zona del transepto al penetrar en esa zona la luz de la linterna de la cúpula. El fallecimiento de Brunelleschi motivó que Antonio Manetti se encargara de los trabajos pero la fachada no se llegó a concluir por lo que se pensó en Miguel Angel para llevar a cabo este proyecto. Continuas rivalidades entre los canteros impidieron que el plan se pusiera en marcha, quedando inacabada.

Al fondo del crucero derecho encontramos la Sacristía Vieja, construida entre 1420 y 1429 por Brunelleschi y decorada por Donatello unos años más tarde. De este mismo autor son los paneles de bronce que decoran las puertas de las dos pequeñas capillas que se abren a la sacristía, veinte escenas en las que se representan los Diálogos entre los Mártires, entre los Apóstoles y entre los Padres de la Iglesia.

En la Sagrestia Vecchia se encuentran los sarcófagos de dos de los hijos de Cosme el Viejo -enterrado también en este templo-, obras de Verrochio, y el sarcófago de Giovanni di Bicci y su esposa, fundadores de la dinastía. En la Capilla Martelli está el monumento funerario de Donatello.

La Sacristía Nueva fue diseñada por Miguel Angel y es la capilla funeraria que alberga las tumbas de la generación joven de los Médici, pero forma parte del conjunto de las Capillas Mediceas, que visitamos a continuación. Las Capillas Mediceas sirven como mausoleo particular a los miembros más jóvenes de la familia Médici. Consta de tres recintos: la Capilla de los Príncipes, la Capilla del Tesoro y la Sacristía Nueva. La Capilla de los Príncipes fue construida en 1604 siguiendo los diseños de Giovanni de Médici, hijo natural de Cosme I, finalizándose en 1929. Presenta una planta octogonal cubierta con cúpula, siguiendo las normas del neoclasicismo. Las paredes de la capilla se cubren con mármoles incrustados de piedras preciosas mientras que la cúpula está decorada con frescos realizados por Pietro Benvenuti en 1828.

En este lugar se hallan enterrados los grandes duques de Toscana, realizados los sarcófagos en granito egipcio, jaspe verde de Córcega y granito oriental. Los de Fernando I y Cosme II se coronan con estatuas de bronce dorada salidas del taller de Fernando Tacca. El conjunto se completa con un altar de piedras duras.

Pero el espacio más interesante del conjunto es la Sacristía Nueva. El promotor de este proyecto serán el cardenal Giulio de Médici, futuro papa Clemente VII, y León X. En 1520 encargan a Miguel Angel la realización de los diseños, empezando los trabajos en marzo de ese año. Los problemas políticos que Florencia vivó en los años siguientes y la instauración de la República provocaron la interrupción de las obras durante diez años, retomando el propio Miguel Angel el proyecto, que sería acabado por su discípulo Vasari en 1546.

El proyecto inicial contaba con cuatro tumbas destinadas a guardar los restos de Lorenzo el Magnífico; su hermano Giuliano de Médici (asesinado en la conjura de los Pazzi); Lorenzo, el duque de Urbino; y Giuliano, el duque de Nemours: los dos «Magnifici» y los dos «Capitani«. Pero sólo se completaron dos de las tumbas del proyecto, las dedicadas a los dos Capitanes.

A la izquierda del altar se encuentra el Sepulcro de Lorenzo, el duque de Urbino, definido por Vasari como «Il Pensieroso» por su actitud reflexiva. Le acompañan las figuras del Crepúsculo y la Aurora.

Enfrente se encuentra la tumba de Giuliano, el triunfo de la vida, representado con su coraza y su bastón de mando; a sus pies se encuentran representadas las alegoría de la Noche y el Día.

La única decoración del conjunto, a excepción de las tumbas, se encuentra en la Virgen con el Niño, grupo escultórico también realizado por Miguel Angel ocupando actualmente el lugar del sepulcro de los «Magnifici«, acompañada por las estatuas de los santos patrones de la familia Médici: San Cosme a la derecha, obra de Montorsoli (1537) y San Damián a la izquierda, realizado por Raffaele da Montelupo (1531).

Contemplamos los exteriores del Palazzo Medici Riccardi de camino, de nuevo, a la Plaza del Duomo. Teníamos que comer más temprano que otros días y volvíamos al Yellow Bar, paseando ahora por las calles adyacentes a la plaza (Via dello Studio, Via del Corso).

Un pequeño callejón daba a la Chiesa Santa Margherita dei Cerchi y la Casa de Dante (ubicada en pleno corazón florentino, entre la Iglesia de San Martino y la Piazza dei Donati), casi nuestras últimas visitas en la ciudad.

No podíamos marchar sin probrar los tagliolini con le vongole, que estuvieron precedidos de un buen affeittato misto. De postre, tiramisú. Nos despedimos de Bianca, que nos dio algunas indicaciones sobre Venecia, y a la que le deseamos unas felices vacaciones en su último día de trabajo.

Era hora de regresar al hotel, recoger el equipaje y dirigirnos a la estación. Decidimos hacerlo, a modo de despedida, en nuestra particular línea C2. Lo cogimos en la parada cercana al Palazzo Bargello (Ghibellina), de cuya escalera nos despedimos después de prometer que volveríamos para visitar su colección pictórica y escultórica, sabiendo que antes o después llegaríamos a Leopolda. Fue después, porque hicimos el recorrido completo del autobús y volvimos a pasar por el centro de la ciudad.

A las tres y media estábamos en Santa Maria Novella, con tiempo más que de sobra (para no perder la costumbre) para coger el tren que nos conduciría a Venecia.

Florencia no nos había defraudado, todo lo contrario. Planificando el viaje y viendo tanto que visitar parecía imposible encajarlo en los días que íbamos a estar, pero el resultado final ha superado todas las expectativas. Habíamos disfrutado de arte, mucho arte: pintura, escultura, arquitectura. Y habíamos disfrutado de una preciosa ciudad a pie de obra, de sus calles y rincones, y de su gente.

Una experiencia inolvidable que quedará siempre en el recuerdo…

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3 Responses to Pisa, Florencia, Venecia 2014 (8)

  1. Avatar de jomolni jomolni dice:

    Maravillosa ciudad, maravilloso tiempo compartido con la persona que ha querido hacer realidad un sueño ansiado mucho tiempo atrás, gracias amor. We return someday, I hope…

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  2. Avatar de May Mayol May Mayol dice:

    El comentario de «maravillosa ciudad…», es mio, que conste. Florencia es bella y eterna.

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