En esta ocasión sólo había transcurrido un año desde nuestro último viaje al extranjero. Tras visitar consecutivamente París, Roma y Londres, las últimas escapadas “nacionales” a Burgos y Segovia ocuparon los veranos anteriores al de 2014, en el que visitamos Florencia, Pisa y Venecia.
La partida hacia Praga estaba prevista para el lunes, 27 de julio, desde el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Esta circunstancia nos obligó a desplazarnos a la capital el día anterior para hacer noche en el Hotel Avant Aeropuerto, en Torrejón de Ardoz, donde dejaríamos el coche durante nuestro viaje. No nos encontramos con excesivo tráfico para ser un domingo por la tarde y coincidir con los que volvían a Madrid tras pasar el fin de semana en las playas levantinas.
A las ocho de la mañana partíamos hacia el aeropuerto. Ya en la terminal, tocaba facturar. La espera de rigor y, a la hora prevista, volando rumbo a Praga, donde llegamos alrededor de la una y media de la tarde, junto a nuestras dos maletas, sanas y salvas, las primeras en salir por la cinta.
Rápidamente nos trasladamos al hotel, teniendo la oportunidad de disfrutar de las primeras vistas de la ciudad. Tras el “cheking in” en el Hilton Praga, dejamos el equipaje en la habitación y decidimos comer antes de dar la primera vuelta por la ciudad. A cincuenta metros del hotel, en la confluencia de las calles Ke Štvanici y Na Poříčí, encontramos un Mc Donald. Tendríamos ocasiones de sobra de degustar la gastronomía local, así que ni pintado.
Al salir, las primeras gotas de lluvia. Por cierto, habíamos dejado Madrid con temperaturas superiores a los 30 ºC. Ahora no llegaba a los 20 ºC. Un cambio notable, que se agradecía…
Vuelta al hotel. Se saca lo imprescindible de las maletas y comienza “la vuelta a Praga en una tarde”. Nuestros primeros contactos con las ciudades que visitamos suelen ser, más que intensos, devastadores. Llegamos ávidos de caminar, ver, disfrutar. Tomamos de nuevo Na Poříčí y desembocamos en Náměsti Republiky (Plaza de la República), dominada por el majestuoso edificio de la Casa Municipal.
Desde este punto de Praga comenzaba el llamado Camino Real, que llegaba hasta el Hradčany, el distrito del Castillo. Éste era el recorrido que seguían los reyes de Bohemia en el día de su coronación. Más o menos donde ahora se encuentra la Obecní Dům, se encontró desde mediados del siglo XV hasta los últimos años del mismo siglo el Palacio Real. Después, la corte volvió a trasladarse al Castillo de Praga. Cuando los reyes de Bohemia eran coronados, seguían el Camino Real hasta el Castillo donde se les imponía la corona y resto de símbolos de la realeza que se custodiaban en la Catedral de San Vito.
También en esta plaza se encuentra la Torre de la Pólvora (Prašná brána). Fue construida en el año 1474 por el rey Vladislav II y ocupa el lugar de uno de los torreones de la antigua muralla del siglo XIII que rodeaba la Ciudad Vieja y que la separó un siglo más tarde de la Ciudad Nueva. La Torre era la entrada más importante a la Ciudad Vieja.
Cuando la sede del poder real regresó al Castillo de Praga, la construcción de la Torre se interrumpió y fue utilizada durante muchísimos años como polvorín, de ahí su nombre. Fue restaurada en estilo neogótico por Josef Mocker entre 1875-1886. Sabiendo que se trata de uno de los mejores lugares para tomar fotografías panorámicas de la Ciudad Vieja decidimos subir a ella, para no perder la costumbre. Desde luego, las vistas no defraudaban…
Conociendo el horario de cierre de varios de los monumentos que teníamos previsto visitar, esa primera tarde habíamos decidido desplazarnos a la Ciudad Nueva y contemplar la Plaza Wenceslao (Vaclavské náměstí) y sus alrededores. Partiendo de la Plaza de la República tomamos la calle Senovažná y justo en la intersección con la calle Jindřišská nos encontramos la Torre Jindřišská, torre gótica de 67,7 m de altura, la torre separada más alta de Praga.
Se construyó entre 1472 y 1475 junto a la Iglesia de San Enrique y Cunegunda y a lo largo de los siglos ha sufrido avatares diversos, ya sea a causa de ataques militares (como el que tuvo que soportar en 1648 durante el ataque de las tropas suecas a la ciudad) o por fenómenos atmosféricos (en 1801, una terrible tormenta destrozó la parte superior gótica). El reloj de la torre es de estilo renacentista y se añadió en 1577.
Y entonces comenzó el diluvio. Tuvimos el tiempo justo de comprar un paraguas, a todas luces insuficiente para la cantidad de agua que caía en esos momentos. Nos refugiamos en una galería de arte en Senovážné náměstí, desde donde veíamos pasar los tranvías bajo la lluvia. Alguno pensó en regresar cuanto antes al hotel. Otra en esperar a que escampara. Como casi siempre, venció la opinión de esta última, afortunadamente.
Unos minutos después comenzó a llover con menor intensidad. Ya se podía incluso pasear. Llegamos a Vrchlického sady, y allí nos encontramos con la estación de ferrocarril que tres días más tarde nos conduciría a nuestro siguiente destino. Continuando por este parque nos encontramos con la Ópera estatal, que ocupa el lugar donde se había construido el primer teatro de la Ciudad Nueva y que fue derruido en 1865. Su nombre original fue Nuevo Teatro Alemán y se construyó para rivalizar con el Teatro Nacional Checo, que está en la Avenida Nacional. Su fachada es neoclásica y destaca el friso. Hoy en día es el principal teatro operístico de la ciudad de Praga.
Y a su lado, uno de los elementos más emblemáticos de la Plaza Wenceslao, el edificio del Museo Nacional (Narodní Muzeum). Diseñado en estilo neorrenacentista por Josef Schulz, se acabó de construir en 1890, en el momento de máximo auge de la corriente nacionalista checa que reivindicaba el espíritu nacional del antiguo reino de Bohemia y la separación del Imperio Austro-Húngaro. Dado que en la actualidad se encuentra cerrado, nos tuvimos que conformar con contemplar las estatuas alegóricas que decoran su fachada, sobre todo las de la Historia y la Historia Natural, que flanquean la puerta de entrada.
La estatua de San Wenceslao es el otro icono del renacimiento nacionalista checo. Está construida en bronce fundido y fue diseñada en 1912 por Josef Myslbek, uno de los más importantes escultores del país de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
El lugar que hoy es la Plaza Wenceslao fue un enorme mercado de caballos durante la Edad Media. Con el paso de los siglos, ha sido el lugar favorito en el que los praguenses se han congregado con motivo de algún suceso o manifestación que afectaba a la ciudad o al conjunto del país. La recorrimos de un extremo a otro, llevando la mirada de un lado al otro, pero sin ver demasiado, dejándonos arrastrar por el bullicio y la animación que reina allí a todas horas.
Nos encontrábamos, sin duda, en uno de los lugares en donde mejor se ha conservado en Praga la arquitectura de finales del siglo XIX, el estilo art nouveau. Los antiguos palacios barrocos que rodeaban este espacio fueron demolidos para construir edificios más altos y que seguían la moda arquitectónica que imperaba en Europa, desde Viena hasta Barcelona.
Uno de los primeros edificios que captó nuestro interés fue el Hotel Evropa, construido en 1906. Tanto por su fachada exterior como por la decoración interior es una muestra representativa del art nouveau praguense. A su lado se encuentra el Hotel Meran, otra muestra de la arquitectura y la decoración de finales del siglo XIX, principios del XX.
Casi enfrente del Hotel Evropa podéis observar la Casa Wiehl, con una bonita y colorista fachada neorenacentista.
Justo delante de la estación de metro de Můstek, en la intersección con la calle Vodičkova se encuentra el edificio de la compañía de seguros Assicurazioni Generali, donde Franz Kafka trabajó 10 meses hasta que tuvo que solicitar la baja definitiva a causa de la tuberculosis.
La calle Vodičkova nos condujo a la Plaza de Carlos (Karlovo náměstí), que más que una plaza es un parque inmenso, rodeado de edificios, algunos de ellos facultades pertenecientes a la Universidad Karlova. La Plaza de Carlos fue construida en 1348 en el lugar donde, hasta ese momento, estaba instalado el mayor mercado de la ciudad, el Mercado de Ganado. Su forma actual, una especie de rectángulo, fue diseñada en el siglo XIX.
En la parte derecha de la Plaza, en el extremo norte, pudimos contemplar el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva (Novoměstská radnice). El Ayuntamiento, que se construyó entre 1377 hasta 1419, fue testigo de la primera defenestración de Praga en 1419, cuando varios representantes municipales católicos fueron lanzados por una de sus ventanas. Este hecho desencadenó las guerras husitas, entre protestantes y católicos. Estuvo en funcionamiento hasta 1784.
Al final de la calle Resslova divisábamos ya otro emblema de Praga en los últimos años: Tančici Dům, la Casa que baila, obra del arquitecto Frank Gehry. En nuestro recorrido encontramos dos edificios históricos importantes. A nuestra derecha, la Iglesia de los Santos Cirilo y Metodio (Kostel Sv. Cyrila a Metodeje). Actualmente es una iglesia de rito ortodoxo, construida en estilo barroco en 1730 y dedicada a San Carlos Borromeo.
A nuestra izquierda, la Iglesia de San Wenceslao en Zderaza (Kostel svatého Vaclava Na Zderaze), en la esquina de la calle Resslova con la calle Dittrichova. Zderaz es el nombre que recibía esta zona de la Ciudad Nueva cercana al río. Los edificios que existían se demolieron en el Saneamiento del año 1900 y sólo se ha conservado esta iglesia. De estilo gótico, se construyó en 1380 sobre una antigua edificación románica y consta de una sola nave. En 1785 se convirtió en almacén militar. En 1927 el edificio fue adquirido por la Iglesia Checoslovaca, heredera de las ideas de Jan Huss, por tanto, protestante. En su interior destaca el altar con el crucifijo, realizado por el famoso escultor checo František Bílek en 1930.
Tančici Dům, la Casa Danzante, también conocido también como Ginger y Fred (ya que por sus sinuosas líneas se asemeja a una pareja que esté bailando) se levanta desde 1996 en la orilla derecha del Vltava y rompió en su momento con el tipo de arquitectura de otros siglos a que nos tenía acostumbrados la ciudad de Praga. Se ha acabado integrando en el contexto urbanístico que le rodea y ya es un elemento más que distingue a la ciudad, aunque cuando se construyó levantó grandes críticas entre los más conservadores, que opinaban que rompía con la estética de la zona.
Habíamos llegado al río Vltava, a la altura del Puente Jiráskův (Jiráskův Most). Caminando por el Muelle Masaryk hasta el Puente de las Legiones (Most Legii) contemplamos los edificios art nouveau que se suceden unos a los otros hasta encontrarnos frente al Teatro Nacional (Narodní Divadlo), cuya cúpula dorada es uno de los símbolos de la ciudad, visible desde muchos puntos de ésta.
El teatro se construyó gracias a una subscripción popular y la primera piedra se colocó en 1868. Su arquitecto fue Josef Zitek y se inauguró en 1880 con la representación de la obra Libussa de Smetana. Pero sólo dos meses después fue destruido por un incendio y su reconstrucción fue dirigida por Josef Shultz. Finalmente, se reabrió en 1883.
A su lado se levanta el inconfundible edificio del Teatro Nuevo, conocido en checo como Nová Scéna, con su exterior totalmente acristalado. En este teatro se llevan a cabo las representaciones de la Lanterna Magika, que consiste en espectáculos que combinan efectos en tres dimensiones, cine y danza contemporánea, tan típicamente checos como el teatro negro.
Volviendo al río Vltava, seguimos avanzando por el Muelle Smetana (Smetanovo nabřaži) hasta llegar a las inmediaciones del Puente de Carlos. El Café Lávka, en un promontorio sobre el río, nos pareció un inmejorable lugar para hacer un alto en el camino (la lluvia había dado paso a una más que soleada tarde) y saborear nuestra más que merecida primera cerveza en Praga.
Tras el reconfortante descanso llegamos a la Plaza de los Caballeros de la Cruz (Křižovnické náměstí), que debe su nombre a la orden religiosa y militar homónima que en el siglo XIII fundó la princesa checa Inés Premislita, que llegaría a convertirse en Santa Inés de Bohemia. En la plaza pudimos contemplar la Iglesia de San Francisco Serafín construida en el siglo XVII en estilo barroco por Jean Baptiste Mathey, sobre la Iglesia del Espíritu Santo, gótica, de la cual se conservan numerosos elementos.
Al lado de la iglesia de San Francisco se encuentra la estatua de Carlos IV, rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, fundador del Carolinum y durante el reinado del cual se construyó el famoso puente que lleva su nombre. Pero del Puente de Carlos ya hablaremos otro día…
Eso sí, era la primera vez que cruzábamos este Puente, siempre lleno de visitantes que lo cruzan en uno u otro sentido. Además, de vendedores ambulantes, músicos, mimos, pintores, marionetistas, cantantes… Es toda una experiencia mezclarse con toda esa gente, que ya de por si son un espectáculo, dejarse llevar por el bullicio, distraerse, despistarse, tomar fotos, oír música…
Detallaremos ahora el octavo grupo escultórico a la derecha: San Juan Nepomuceno, obra de Jan Brokoff (1683). Dice la leyenda que el santo era confesor del rey Wenceslao IV y que éste le exigió que le revelara una confesión que le había hecho su esposa la reina. Juan Nepomuceno, por supuesto, se negó a romper el secreto de confesión y el rey mandó arrojarlo al río desde el Puente en 1393.
El lugar desde donde parece que fue lanzado a las aguas del Vltava está señalado por una cruz arzobispal de latón colocada en la barandilla y por lo visto, Juan Nepomuceno sobrevivió. Por eso la leyenda dice que si se toca la cruz de manera que cada uno de los dedos toque una estrella, da suerte. La estatua tiene un bajorelieve en el que se narra precisamente esta leyenda.
A medida que avanzábamos por el Puente de Carlos en dirección a la Malá Strana, contemplábamos las bonitas vistas del Castillo de Praga y del barrio de Kampa, con sus pintorescas casas, sus jardines, canales y molinos. Hasta 1905, Kampa sólo era un islote fluvial, ya que el Čertovka, afluente del Vltava, lo separaba completamente de la orilla. Hoy en día es una isla artificial separada de la Malá Strana por el canal por donde discurre el Certovka.
Pero habíamos decidido cenar antes de visitar la isla. Elegimos U Glaubiců, frente a la Iglesia de San Nicolás, en los alrededores de la Plaza de la Malá Strana. Desde su fundación, hace 700 años, ha jugado un importante papel en la vida pública y política en Praga. En 1665, Bartolomé Glaubicu de Bučiny, alcalde de Praga alcalde compró este edificio, sufriendo diversos avatares hasta su última apertura en 1998. Junto a (otras) dos cervezas degustamos un Hovězí guláš s houskovým knedlíkem (el típico goulash de ternera) y un Vepřová panenka plněná švestkami se slivovicovou omáčkou (solomillo de cerdo relleno de ciruelas con salsa).
Tras la cena, bajando por la bulliciosa calle Mostecká en dirección al Puente de Carlos, tomamos a la derecha la calle Lazeňská, encontrándonos con la Iglesia de Nuestra Señora de la Cadena, la más antigua de la Malá Strana, construida en el siglo XII.
En sus inmediaciones se encuentra la Plaza Maltesa, que debe su nombre porque en esta zona de la Malá Strana se estableció el Priorato de los Caballeros de la Orden de Malta. La plaza está rodeada de edificios barrocos, la mayoría del siglo XVII y XVIII. Estos palacetes eran las residencias de la nobleza católica. En esta plaza se encuentra la Embajada de Holanda. En su centro podréis contemplar un grupo escultórico que representa a San Juan Bautista, obra de Ferdinand Brokoff. Se construyó para conmemorar el final de la epidemia de peste de 1713.
Siguiendo por la calle Lazeňská llegamos a la Plaza del Gran Priorato (Velkoprěvorské náměstí). Es una antigua plaza con muchos árboles, ideal para descansar o pasear tranquilamente. En ella encontramos el Muro de la Paz de John Lennon. Hasta mediados de la década de los 90 del siglo pasado, el muro estaba lleno de pintadas anticomunistas. Pero la Iglesia Católica, propietaria del muro y de los terrenos adyacentes, decidió cubrir la pared de piedra con una capa de cemento y pintarla para que los jóvenes plasmaran en ellas mensajes de paz y de amor. De manera que el muro se cubrió con flores, mariposas, imágenes de John Lennon y símbolos de “Haz el amor y no la guerra“, todo siguiendo el estilo y la iconografía hippy, lo cual resultaba extraño teniendo en cuenta que sus autores eran jóvenes que ni habían nacido en la época de apogeo de los hippies. Pero ha sido cuestión de tiempo que en el muro hayan vuelto a aparecer los graffitis y se haya recuperado el espíritu rebelde de sus inicios.
Desde la Plaza del Gran Priorato accedimos a la Isla de Kampa. Al lado de la Plaza del Gran Priorato está la rueda del Molino del Gran Priorato. Por un puentecillo que cruza el Čertovka se accede a Kampa. Esta parte recibe el nombre de Venecia de Praga, incluso hay un pequeño barco que hace un recorrido turístico de la zona. El canal fue creado para hacer funcionar los molinos. Antes de que se construyera el sistema de represas en el río Vltava, las aguas del canal eran muy turbulentas, de ahí su nombre, Čertovka, que significa Canal del diablo. De los antiguos molinos, sólo quedan tres en la actualidad. El más grande es el Molino del Gran Priorato, que explotaban los Caballeros de la Orden de Malta. El molino, de ocho metros, sufrió una restauración completa.
Una vez que llegamos a la calle principal, llamada Na Kampé, ascendimos por las las escaleras laterales del Puente de Carlos, que se encuentran detrás de la estatua de Santa Lutgarda, y volvimos a él, ya en plena noche, pero difícil de flanquear al igual que a plena luz del día.
Desde el Puente de Carlos, la calle Karlova nos llevó a la Plaza de la Ciudad Vieja, siguiendo el antiguo trazado medieval. Esta calle, que lleva su nombre en homenaje a uno de los soberanos más importantes del Reino de Bohemia, el emperador Carlos IV, siempre está llena de gente que camina en ambas direcciones (o hacia el Puente o hacia la Plaza de la Ciudad Vieja), por lo que es fácil pasar por alto los edificios que la flanquean, de estilo renacentista y barroco en su mayoría. Muchos de ellos se han convertido en tiendas, especializadas la mayoría en cristal de Bohemia, hoteles o restaurantes.
Unos minutos antes de las diez de la noche llegamos al edificio del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja, construido en 1338 por decisión del rey Juan de Luxemburgo. A lo largo de los siglos se fue ampliando con los edificios adyacentes que pudimos contemplar. En la torre de estilo gótico se halla el famoso reloj astronómico, construido en 1410.
A las horas en punto (desde las ocho de la mañana hasta las 10 de la noche), aparecen en sus ventanas los doce apóstoles. A ambos lados de la torre hay también unos autómatas, figuras dotadas de movimiento que simbolizan la Vanidad, la Avaricia, la Muerte y el Turco. La figura de la Vanidad se mira en un espejo; el hombre que representa a la Avaricia, agita una bolsa llena de dinero; la Muerte blande su guadaña y el Turco, el enemigo real que estaba siempre amenazante esperando a entrar dentro de las fronteras de los reinos cristianos, hace gestos amenazantes.
Abandonamos la Plaza de la Ciudad Vieja por la calle Celetná, donde pudimos contemplar los diferentes estilos arquitectónicos que se reúnen en la ciudad de Praga, desde el románico hasta el vanguardista, y llegamos a nuestro punto de partida inicial, la Torre de la Pólvora, en la plaza de la República. De ahí, caminando nuevamente por Na Poříčí, llegamos al Hilton Praga. Había sido una intensa tarde y tocaba descansar para proseguir la visita a esta bella ciudad el día siguiente.































































