La comida no podía esperar más. El copioso desayuno del Hilton había pasado a mejor vida. Comimos en la pizzería Canzone, en la calle Josefská, una de las que desemboca en la bulliciosa calle Mostecká (Calle del Puente) que nos condujo, de nuevo, al Puente de Carlos.
El Puente de Carlos, de estilo gótico, se construyó en 1357, en el lugar que había ocupado un antiguo puente, llamado Puente Judit. Este puente románico quedo destrozado por una crecida del río Vltava en 1342, y Carlos IV, el soberano que reinaba en aquellos momentos, decidió que el próximo puente que cruzara el río tenía que resistir las fuerzas de la naturaleza. Y así fue, porque el Puente de Carlos es una verdadera joya de la ingeniería y que a pesar de su antigüedad ha resistido inundaciones y crecidas.
El Puente de Carlos une la Ciudad Vieja con la Malá Strana y a ambos extremos se levantan torres. En el momento de su construcción no estaba adornado por las estatuas que, a lado y lado, flanquean a los visitantes que lo cruzan y que lo han hecho mundialmente famoso. La estatua más antigua, la que representa a San Juan Nepomuceno, es de 1683, y la más reciente, el grupo escultórico de los santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de Bohemia, fue esculpido por Karel Dvorák entre 1928 y 1937. Las estatuas que se pueden conservar en la actualidad son réplicas, ya que las originales no se exponen por motivos de seguridad y conservación y se conservan en el llamado Lapidarium.
De ellas podemos destacar (partiendo desde el lado de la Ciudad Vieja) el primer grupo escultórico, a la derecha -La Virgen y San Bernardo, obra de Matěj Václav Jäckel (1709)-; el primer grupo escultórico, a la izquierda -San Ivo, obra de Matyás Braun (1711)-; el segundo grupo escultórico, a la izquierda -La Virgen con los santos Domingo y Tomás, obra de Matej Václav Jäckel (1708)-; el tercer grupo escultórico a la izquierda -La Cruxifixión, obra anónima, empezada en 1681 y terminada en 1861. La estatua de Cristo lleva escrito en hebreo “Santo, Santo, Santo es el Señor” y según la leyenda, fue un judío quien tuvo que costear su construcción para expiar una blasfemia-.
El tercer grupo escultórico a la derecha -Piedad, obra de Emmanuel Max (1858)-; el séptimo grupo escultórico a la izquierda -San Francisco de Borja, obra de Ferdinand Maximilian Borkoff (1710)-; el séptimo grupo escultórico a la derecha -Santos Wenceslao, Norberto y Segismundo, obra de Josef Max (1853)-; el octavo grupo escultórico a la izquierda -Santa Ludmila, obra de Matyás Braun (1730)-; el octavo grupo escultórico a la derecha -San Juan Nepomuceno-; el noveno grupo escultórico a la derecha -San Antonio de Padua, obra de Jan Oldrich Mayer (1707)-; el noveno grupo escultórico a la izquierda -San Francisco Seráfico, obra de Emmanuel Max (1855)-; el décimo grupo escultórico a la derecha: San Judas Tadeo, obra de Jeroným Bedřich Kohl (1708)-; el décimo grupo escultórico a la izquierda -San Vicente Ferrer y San Procopio, obra de Ferdinand Brokoff (1712). Detrás de estas estatuas, casi escondido detrás de la barandilla, se encuentra la estatua, más pequeña que el resto, de un caballero con espada. Es el caballero Bruncvík, de quien dice la leyenda que se fue por el mundo a buscar un león vivo para colocar en su escudo. Durante uno de sus viajes, el caballero recibió una espada mágica, que cortaba ella sola la cabeza de los enemigos. Cuenta la leyenda que esta espada está emparedada en el Puente de Carlos para que pueda servir a San Wenceslao, el patrón de Bohemia, el día que Bruncvík regrese con los caballeros de la Orden de Blanik para defender a la nación checa. Otras leyendas dicen que la estatua representa a Roldán, también hablan de una espada emparedada en el Puente y afirman que el día que alguien la encuentre y la separe de su escondrijo de piedra, el Puente de Carlos se derrumbará y empezará el fin del mundo-.
El decimosegundo grupo escultórico a la izquierda -Santa Luitgarda, obra de Matyás Braun (1710)-; el decimocuarto grupo escultórico a la izquierda -Santos Juan de Malta, Félix de Valois e Iván, obra de Ferdinand Brokoff (1714)-; el decimocuarto grupo escultórico a la derecha -San Vito, obra de Ferdinand Brokoff (1714)-; el decimoquinto grupo escultórico a la derecha -Santos Salvador, Cosme y Damián, obra de Jan Oldřich Mayer (1709)- y el decimoquinto grupo escultórico a la izquierda -San Wenceslao, obra de Josef Böhm (1858).
Nos dirigíamos ahora a la Plaza de la Ciudad Vieja (Staroměstské náměstí) pero al acceder a ella por la calle Karlova nos encontramos antes la Plaza pequeña (Malé náměstí), ubicada justo por detrás del rincón que crea el edificio del Ayuntamiento con la casa U Minuty. Esta plaza, rodeada de edificios de fachadas de múltiples colores, destaca por su fuente central, con su hermosa reja renacentista de 1560, rematada por un león dorado.
La mayoría de los edificios que rodean la plaza son barrocos, aunque ocupan el lugar de otros mucho más antiguos, del periodo medieval. Muchas de ellas conservan los emblemas que servían como elemento diferenciador antes de que en Praga se numeraran los edificios, ya en el siglo XVIII.
La casa que posiblemente destaca sobre el resto es la que ocupa el número 3, la Casa Rott. La casa lleva el nombre del propietario de la casa desde 1855, Vincenc Josef Rott, un próspero hombre de negocios praguense. El nombre del propietario (VJROTT) se ve escrito en mitad de la fachada. El exterior fue rediseñado a finales del siglo XIX por Mikulaš Aleš. Los frescos son obra de Ladislav Novák y de Arnost Hofbauer y representan distintas herramientas de metal, así como alegorías de trabajos manuales, detalles florales y escenas mitológicas.
A la izquierda del Ayuntamiento, justo en el rincón donde éste termina, pudimos observar una casa que recibe el nombre de U Minuty, construida en estilo renacentista en el siglo XVI, con unos hermosos esgrafiados en blanco y negro.
La Plaza de la Ciudad Vieja es la más antigua y la más importante del primer núcleo de población que existió en Praga. Esta plaza ha sido testigo de la mayoría de los acontecimientos de la historia de este país: comitivas reales, ejecuciones, manifestaciones populares, etc.
En el centro de la plaza encontramos un monumento altamente simbólico, el dedicado al reformador Jan Hus, iniciador del movimiento nacionalista protestante de los husitas. Hus se enfrentó con el poder establecido, el del rey y el de la Iglesia Católica, y fue quemado en la hoguera. El monumento, obra de Ladislav Saloun, se construyó en 1915, Bohemia todavía formaba parte del Imperio Austro-Húngaro, como símbolo de reafirmación nacional.
El edificio del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja se construyó en 1338 por decisión del rey Juan de Luxemburgo. A lo largo de los siglos se fue ampliando con los edificios adyacentes que podemos contemplar en la actualidad. En la torre de estilo gótico se halla el famoso reloj astronómico, construido en 1410.
En el extremo opuesto de la Plaza de la Ciudad Vieja, se encuentra el edificio más cautivador de esta Plaza, símbolo de Praga por excelencia: la Iglesia de Nuestra Señora de Týn. Su fachada está separada del resto de la Plaza por el monumental frontispicio de la llamada Skola Týnská, con unas arcadas góticas hermosísimas. Para acceder a la iglesia hay que cruzar el pasaje que hay bajo estas arcadas.
La iglesia fue construida durante los siglos XIV y XV en el lugar que había ocupado un templo anterior. Su interior es gótico y barroco y en él podemos encontrar la tumba del famoso astrónomo Tycho Brahe, que trabajó para Rodolfo II de Habsburgo en el siglo XVI.
A destacar el tímpano sobre el portal de la iglesia. El que podemos contemplar actualmente es una copia del que realizó el constructor y arquitecto de la corte de Carlos IV, Petr Parlér, que era de finales del siglo XIV.
Volviendo a la Plaza de la Ciudad Vieja, a la izquierda de la Iglesia de Nuestra Señora de Týn encontramos el Palacio Goltz-Kinsky, con una suntuosa fachada rococó. En este edificio se encontraba el Liceo Alemán, al cual asistió Franz Kafka.
A la derecha del Palacio Goltz-Kinsky se levanta una edificación que llama la atención, la Casa de la campana de piedra (Dum U Kamenného zvonu), una de las primeras edificaciones góticas de la ciudad que se construyeron como residencia particular y que data del siglo XIII.
Detrás del edificio del Ayuntamiento encontramos la Iglesia de San Nicolás de la Ciudad Vieja. El templo, construido en 1735, es obra del arquitecto barroco por excelencia en Praga, Kilián Ignác Dienzenhofer, con decoración escultórica del no menos famoso Antonín Braun. La iglesia es de culto protestante, por lo que su interior es bastante austero.
En la Plaza de la Ciudad Vieja destacan también los dos conjuntos de edificios de su parte norte (detrás del Monumento a Jan Huss) y de su parte sur.
La casa más antigua de la parte norte es la de la derecha, que se construyó en el siglo XVII en el lugar donde había existido un antiguo convento. El resto de edificios son de principios del siglo XX y se construyeron tomando una parte del antiguo Barrio Judío cuando se produjo el Saneamiento. La siguiente a la izquierda, con la fachada pintada de amarillo y rosa (es un solo edificio) se construyó en 1900 y era la sede de la Compañía de Seguros de Praga. En la parte pintada de rosa se intentó respetar el estilo barroco de la casa original, mientras que la parte pintada de amarillo corresponde al estilo art nouveau, propio de finales del XIX y principios del XX. El edificio que hace esquina con la calle Parizšká se construyó a principios de siglo, pero en estilo barroco, intentando reproducir también el edificio originario. Aquí pudimos ver también la Casa natal de Franz Kafka.
En cuanto a los edificios de la parte sur, la primera casa por la izquierda, con la fachada en tono salmón, es la Casa del unicornio blanco, de principios del siglo XVIII, que fue conocida popularmente por ese nombre porque allí había una farmacia llamada Del Unicornio blanco. La siguiente casa hacia la derecha es posiblemente la que llama más la atención, la Casa Storch y fue construida a finales del siglo XIX. En su fachada destacan los frescos pintados por Mikulas Aleš.
A la derecha de la Casa Storch encontramos la Casa del carnero de piedra. A menudo se dan confusiones entre esta casa y la que se encuentra al otro lado, la Casa del Unicornio blanco. Esto es debido a que la farmacia Del Unicornio blanco se trasladó con el tiempo a la Casa del carnero de piedra, por lo que las dos edificaciones, a veces, se conocen con el mismo nombre. Destaca el magnífico portal de estilo renacentista. Encima, a la derecha del balcón, podemos contemplar el emblema con un carnero. Hay una placa conmemorativa que recuerda la estancia de Albert Einstein en este edificio cuando ejerció de profesor en Praga en 1911.
El edificio de la derecha es la Casa de la mesa de piedra, con su fachada en tono anaranjado. La siguiente casa, con la fachada de color verde pálido, actualmente es un hotel. La siguiente casa, justo en la esquina con la calle Železná, es la Casa del caballito blanco, y en su interior conserva elementos románicos y góticos. La casa también se conoce como Escuela Smetana, ya que era la sede de la escuela de pianistas que fundó el famoso compositor checo.
Eran las cinco de la tarde y teníamos que volver al hotel. La idea era tomar el metro en Náměsti Republiky y debíamos recorrer de nuevo, ahora a plena luz del día, la calle Celetná, en la que se pueden contemplar los diferentes estilos arquitectónicos que se reúnen en la ciudad de Praga, desde el románico hasta el vanguardista. Muchos de los edificios que ocupan la emblemática Celetná tienen planta subterránea, que marca el nivel románico de lo que fue la antigua ciudad. El nivel de las calles tuvo que elevarse en el siglo XII a causa de la crecida de las aguas del río que en primavera inundaba la ciudad. Se cubrieron con tierra las casas y edificios de la zona y encima se construyeron otros nuevos.
A la derecha, en el número 12, se halla el Palacio Hrzán, uno de los ejemplos más espectaculares del barroco checo de principios del siglo XVIII, con una suntuosa decoración escultórica en su fachada.
En el número 11 encontramos la Casa del León checo, que actualmente alberga una taberna de vinos en su sótano.
En el número 34, se levanta la Casa de la Virgen Negra, uno de los edificios de Praga más admirados por los amantes de la arquitectura moderna. Fue construida en estilo cubista por el arquitecto Josef Gočár, entre 1911 y 1912. El edificio toma su nombre por la imagen de una Virgen negra que hay en una de las esquinas de la fachada.
Tras tener organizado completamente el viaje pensamos que no podíamos despedirnos de Praga sin asistir a alguna representación musical, y pudimos sacar por internet dos entradas para asistir a la representación de Don Giovanni en el Teatro de los estados. Y esta era la noche.
El teatro se construyó entre 1781 y 1783 por deseo del conde František Antonin de Nostitz-Rieneck y no se han realizado en él apenas cambios desde entonces. Durante un tiempo fue conocido como Teatro Nostitz. En este teatro, Wolfgang Amadeus Mozart estrenó su ópera Don Giovanni en 1787 con gran éxito, como recuerda una placa conmemorativa.
El teatro ha cambiado varias veces de nombre: en 1798 fue comprado por los Estados Checos de Bohemia y por eso pasó a llamarse Teatro de los Estados. Durante el periodo comunista tomó el nombre de Teatro Tyl, en memoria de Josek Kajetan Tyl, un músico especialmente comprometido con la cultura checa e integrante del movimiento nacionalista del Renacimiento Nacional Checo. Tyl trabajó a favor de la recuperación del checo como lengua de cultura, ya que ésta había quedado minorizada a favor del alemán, la lengua de la dinastía reinante de los Habsburgo. En 1834 se estrenó en el teatro la comedia musical Fidlovačka, en la que se cantaba una pieza con letra de Josef Tyl y música de František Škroup titulada ¿Dónde está mi hogar? (Kde domov můj). La canción pronto se hizo muy popular y en 1920 se convirtió en el himno nacional checo.
Cabe reseñar que el director checo Miloš Forman utilizó el Teatro para rodar algunas escenas de la famosísima película Amadeus. El dinero que se obtuvo con la cesión del teatro sirvió para llevar a cabo una restauración que se completó en 1990. Es precisamente en esta fecha cuando recupera su denominación como Teatro de los Estados.
Decididamente, resultó ser una gran idea, pues la representación rayó la perfección en todas sus facetas, musical y artística. Un Don Giovanni irreprochable desde lo actoral. Un gran Leporello. Una espléndida Doña Ana, afinada, segura, timbre claro, intensa y emotiva. Una excelente Doña Elvira, la mujer abandonada aunque en el fondo aun enamorada de Don Giovanni. Muy bien acompañados por unos notables Masseto, Zerlina y Don Octavio.
La orquesta impecable, con un preciso acompañamiento y una obertura perfecta. Unos espléndidos decorados, muy apropiados para lo que la ocasión requiere, con una eficaz dirección de escena. Señalar que la ópera dura cerca de tres horas y en ningún momento decae la atención por cambios escenográficos o por movimientos actorales de poca relevancia. Por el contrario, ese movimiento escénico cumple el doble rol de agilizar el texto y hacer más comprensiva la acción.
Y, por último, no podemos olvidar que es Mozart quien para las escenas finales escribe música terriblemente dramática y para las escenas intermedias, cuando la obra transita el espíritu de una comedia, música gloriosamente hermosa.
Extasiados por el espectáculo al que acabábamos de asistir volvíamos al hotel, de nuevo en metro. Apetecía una segunda copa de del típico vino espumoso checo que habíamos degustado en el ambigú del teatro. Y qué mejor lugar que el Cloud 9 Sky Bar & Lounge que teníamos en nuestro propio hotel. Un magnífico colofón a una fantástica velada, que ponía fin a nuestro segundo día en la bella ciudad de Praga.

















































