Hora de comer. Había localizado una pizzería cerca del Parlamento, Da Mario Budapest (Vécsey u. 3) en previsión de saturación de salsas y especias varias. Y hacia allí nos dirigimos. Realmente nos sentó bien la comida y repusimos fuerzas para la tarde que nos esperaba.
Nos dirigíamos a la Basílica de San Esteban. De camino atravesamos la Plaza de la Libertad (Szabadság tér), una de las plazas más vistosas de Budapest. En el lugar de sus elegantes palacios, en el pasado hubo un cuartel militar y una cárcel. Después, a finales del siglo XIX, se formó aquí el centro financiero de Budapest.
Las nubes habían dejado paso a un soleado día y a más de uno (y una) le apetecía un remojón en una fuente cercana.
Un breve paseo nos condujo a la iglesia más grande de Budapest, a la Basílica, llamada Iglesia de San Esteban, fundador del país. San Estaban fue el promotor del asentamiento de las tribus paganas nómadas llegadas de Asia. Él mismo se convirtió en cristiano y convirtió a su pueblo también.
Esteban murió en 1038 y fue santificado el 20 de agosto de 1083. Su brazo derecho momificado es desde entonces la reliquia nacional más importante, guardada en una capilla de la Basílica.
La construcción de la Basílica duró más de cincuenta años y en su decoración podemos reconocer las ideas neoclásicas del maestro que la inició en 1851, y el concepto neorenacentista del sucesor que continuó las obras. Su interior, sus estatuas y frescos, te fascinan, y el altar mayor, con la estatua de San Esteban, es una verdadera curiosidad entre las iglesias católicas.
A la salida nos dirigimos al inicio de la Avenida Andrássy. La Plaza de los Héroes se veía bastante lejana, y cogimos la línea 1 del metro en la estación de Bajcsy-Zsilinszky út. Justo en el momento que terminamos de pagar los billetes pasaba un tren, y en él que nos montamos. En Bajza utca el revisor nos hizo ver que no habíamos validado los billetes. Tras solventar el incidente, bajamos en Hősök tere y salimos a la plaza.
La Plaza de los Héroes (Hősök tere), construida en 1896, es un libro de historia esculpida en piedra, un homenaje al milésimo aniversario de la conquista de la patria nueva. Ahora es parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad junto a la Avenida Andrássy.
En el centro se ven las figuras ecuestres de los siete jefes que condujeron las siete tribus húngaras en el año 896 a.c. desde la antigua patria asiática hasta la cuenca de los Cárpatos. Los dos arcos constituidos por columnas abrazan un espacio de 85 metros de largo y entre las columnas vimos esculturas de reyes, príncipes de Transilvania y gobernadores húngaros.
Los cuatro pilastros están decorados con figuras alegóricas: de izquierda a derecha, están el Trabajo y el Bienestar, la Guerra, la Paz y, al final, el Saber y la Gloria. En el centro de la plaza, la lápida memorial es el Monumento de los Héroes de la Nación.
Dos edificios limitan los laterales de la plaza. A la derecha está el Palacio de las Exposiciones, con un estilo entre el griego y el neoclásico, donde se organizan exposiciones de arte contemporáneo. En el edificio ecléctico, a la izquierda, admiramos el Museo de Bellas Artes.
El Bosque Municipal (Városliget) se extiende detrás de la Plaza de los Héroes. Fue el primer parte público del mundo y desde hace más de 250 años acoge a todos aquellos que deseen descansar. En su interior, junto a varias atracciones, se encuentra el Balneario Széchenyi, que visitamos por su carácter monumental (habíamos declinado la oportunidad de darnos un baño en alguna de las distintas fuentes termales de la ciudad).
También se encuentra aquí el Castillo de Vajdahunyad (Vajdahunyadvár), un extraordinario complejo construido para las fiestas milenarias de 1896, con el objetivo de demostrar el desarrollo de la arquitectura húngara. Las diferentes partes, en estilo románico, gótico renacentista y barroco, todas, son copias de castillos, iglesias y monasterios reales.
Su nombre viene de su parte más característica, de la fachada principal, que es copia del Castillo de Vajdahunyad.
En los jardines de dicho emplazamiento, se encuentra la estatua del escritor del Gesta Hungarorum, crónica sobre la historia de Hungría. Dicho autor al que se suele denominar Magister P o, simplemente, Anonymous (“anónimo”) se describe a sí mismo en el texto como un “fiel sirviente del rey Bela”, sin que sea posible establecer claramente a qué rey Bela se refiere (hay más de un rey con ese nombre al que podría estar refiriéndose). La Gesta Hungarorum se conserva en un manuscrito de alrededor de 1200, y es una mezcla de tradiciones orales, fuentes más antiguas e invenciones del autor.
Volvimos, de nuevo en metro, al centro, y de ahí al hotel. Tocaba descansar un poco antes de pasear por la calle de las compras, Váci utca. Pocos años atrás, las pequeñas tiendas de esta calle dictaban la moda de toda Pest. Pero más que las ofertas de los escaparates, no dejamos pasar por alto las fachadas, en las que podíamos descubrir los elementos de todos los estilos que aparecieron hasta la mitad del siglo XX, desde el neoclásico hasta el Bauhaus.
Llegamos al final de la calle Váci, en las inmediaciones del mercado Municipal y el Puente de la Libertad, que contemplaríamos (a plena luz del día) a la mañana siguiente. Retrocedimos hasta la plaza Vörösmarty y en la Casa Gerbeaud terminamos la jornada con un espectacular helado y una refrescante Gerbeaud Lemonade.















































