Sábado, 30 de julio. Es de las primeras veces que nuestro viaje ha coincidido con fin de semana. Tocaba traslado de Oporto a Lisboa. Otro estupendo desayuno nos dio fuerzas para el checking out. Tras sacar el coche del parking, donde había descansado de la paliza de viaje del jueves, en pocos minutos estábamos en la autopista A1.
La idea inicial era dirigirnos a Aveiro esa mañana, pero ya la habíamos visitado de camino a Oporto. Coimbra, por lo tanto, era el objetivo. Cuna de seis reyes y sede de la Universidad más antigua de Portugal, Alfonso Henriques, primer rey de Portugal, decidió en 1139 desplazar hasta aquí la capital, honor que retuvo hasta 1256.

Tras dejar el coche en las inmediaciones del Ponte de Santa Clara, sobre el Mondago, nos dirigimos a Largo da Portagem, tomando la Rúa Ferreira Borges, flanqueada por tiendas, bares, restaurantes y pastelerías.

El restaurado Arco de Almedina, del siglo XI, es la entrada al casco antiguo de Coimbra. Junto a él, la Torre de Anto, cuyos ventanales renacentistas y medallones son del taller del siglo XVI Jean de Rouen.


Ascendíamos por un laberinto de empinadas callejuelas hasta la colina, en las que se abundan las repúblicas, residencias de estudiantes desde la Edad Media.

Pronto nos encontramos frente al pórtico de una de las dos catedrales de Coimbra, la Sé Velha, a la que accedimos. La catedral vieja ha estado siempre, desde época visigótica, enclavada en el mismo lugar. De la basílica anterior (del siglo X) destruida en 1117, apenas queda una piedra votiva fundacional que pudimos ver en el interior del templo.

El que hoy visitamos es una construcción iniciada en 1162 por el obispo Miguel Salomáo, con el apoyo del ya citado primer rey de Portugal. La iglesia, que era abierta al culto en 1184, fue construida en estilo románico, según el proyecto del Maestro Roberto, arquitecto francés, y es una auténtica “iglesia fortaleza”.

Iniciamos la visita por su claustro, obra excepcional del estilo gótico primero, iniciada en fecha próxima al año 1218 y costeada con fondos personales del rey de Portugal, Alfonso II.
Tras la foto de rigor de los universitarios de Coimbra, admiramos sus rosetones, todos diferentes, así como los capiteles de las columnas.



En su interior se encuentra la Capilla de Santa María y la Capilla que fue de Santa Catalina y después de San Nicolás. También la losa sepulcral del obispo Alfonso de Castelo Branco y el túmulo de Sesnando, primer gobernador de Coimbra.

En el interior de la catedral, pilares cuadrados condujeron nuestra visita por la nave hacia la Capilla Mayor, magnífico retablo de transición entre los siglos XV y XVI, de estilo gótico final flamígero. Se trata de un trabajo el retablo sobre el altar, obra de artesa encomendado por el obispo Jorge de Almedia a los maestros flamencos Olivier de Gand y Jean d’Ypres.



Junto a ella, la Capilla del Santísimo Sacramento, de estilo renacentista, fechada en 1566, obra magistral de Juan de Rouen. Su retablo está considerado como una verdadera acta del concilio de Trento.

Todavía quedada un buen tramo de subida hasta la Universidad de Coimbra. Existe cierto consenso al considerar el 1 de marzo de 1290 como la fecha de la fundación de la Universidad. Los “Estudios Generales” se alternaron entre las dos principales ciudades de aquel entonces, Coimbra y Lisboa Después de tres siglos deambulando, en el año 1537, Don Juan III establece la Universidad definitivamente en Coimbra.
La Porta Férrea, construida en 1634 y flanqueada por figuras que representan las distintas facultades, nos dio acceso al espectacular Patio das Escolas en el que se ubica la Rectoría, la Capilla de San Miguel y la Biblioteca Joanina, además del campanario, símbolo de la Universidad.



Entrando en el Patio podemos ver en el lado derecho, la Via Latina (balcón de columnas y alteradas en la segunda mitad del siglo XVIII).

En el centro de la Via Latina hay unas escaleras rematadas con un frontón. En el centro se puede observar un medallón con figura de D. José I.

A través de ella Via Latina se accede a la Rectoría y sus dependencias, reformuladas en gran parte, en la Reforma Pombalina de 1772 durante el rectorado de D. Francisco de Lemos.
En ella se encuentra la Sala de los Capelos, la principal sala de Universidad de Coimbra, donde se realizan las más importantes ceremonias de la vida académica. Seguramente fue el primitivo salón del Palacio restaurado por el mestre Marcos Pires.

A mediados del siglo XVII, la Sala de los Capelos fue definitivamente transformada por el mestre constructor António Tavares. En el inicio del siglo XVIII, hubo nuevas obras dirigidas por Gaspar Ferreira que restauró las coberturas y reforzó las paredes, cerrando ventanas, balcones y puertas manuelinas.

La pintura del techo es de la autoría de Jacinto Pereira da Costa. Todas las otras obras de pintura son de cerca del año de 1655, por Inácio da Fonseca y Luís Alvares.

Antes de volver al patio contemplamos la Sala do Exame Privado, donde se realizó la primera reunión entre el rector y los profesores en 1537. En ella pudimos ver distintos cuadros con retratos de los rectores pasados de la Universidad y los emblemas de las facultades.

A continuación accedimos a la Capilla de San Miguel, construida por el Infante D. Henrique, que acompañó la trasferencia efectiva de la Universidad para Coimbra. Cuando la Universidad adquirió el Palacio Real de la Alcazaba, adquirió igualmente la Capilla, manteniéndola bajo privilegio real.

El revestimiento con azulejos de la capilla-mor data de 1613, así como el altar-mor. El interior ha sido totalmente revestido con azulejos de tipo “alfombra”. Todos los ejemplares cerámicos han sido fabricados en Lisboa en el siglo XVII.


El órgano barroco con la caja decorada con motivos chinos, similares a los que se pueden observar en las estantes de la Biblioteca Joanina, es autoría de Gabriel F. da Cunha en 1737. Contiene cerca de 2.000 tubos y fue una compra patrocinada por D. João V.

Teníamos fijada la visita a la Biblioteca Joanina a las 13’20 horas. Quedaba algo de tiempo para descansar e hidratarnos.

La Casa de la Librería, una obra prima del Barroco, fue edificada bajo patrocinio de D. João V y se designa como Biblioteca Joanina en homenaje a su autor.
Diseñada como un paralelepípedo dispuesto en altura (para superar la diferencia de altura), que se adjunta a la misma altura de la Capilla, abre para el patio el piso principal, al que corresponden las salas nobles, y al cual se accede por un portal monumental, como un arco del triunfo, flanqueado de columnas jónicas y en el medio un opulento escudo real.


En su interior contemplamos una sucesión de tres grandes salas que se comunican, revestidas de estanterías exhaustivamente decoradas con motivos chinos. Tienen un fondo alternado de verde, rojo y negro realizados por Manuel da Silva que produce, simultáneamente, un efecto de armonía y variedad, con lo cual contribuye también el impacte decorativo del piso y del techo y las opulentas alegorías al triunfo de la Universidad, diseñados por António Simões Ribeiro y Vicente Nunes.


Dotada de ejemplares de las más raras colecciones bibliográficas, la Biblioteca Joanina presenta una grande variedad de colecciones de los siglos XVI, XVII y XVIII que representan de lo que mejor se producía en la Europa culta de esos tempos.


Según cuentan, los libros cuentan con un aliado en el combate diario por la conservación. En el interior de la biblioteca habita una colonia de murciélagos, que, durante la noche, se va alimentando de los diversos insectos que por aquí aparecen, manteniendo todos estos volúmenes a salvo de sus ataques.


Se nos había echado encima la hora de comer. El copioso desayuno de Oporto se había esfumado y comer donde teníamos pensado, en el centro de Coimbra, suponía hacerlo muy tarde. Casi por azar descubrimos el comedor universitario de la Facultad de Derecho. No nos pareció mala idea. No había bacalao pero el menú era variado y la comida resultó estar bastante bien.
Tras ella, nos dirigimos a la Sé nova. Una boda (con dron) impidió una visita más extensa y pausada. Esta iglesia fue fundada por los jesuitas en 1598. Aunque la orden fue suprimida por el marqués de Pombal en 1759, la iglesia se convirtió en sede episcopal en 1772.

Abandonamos el casco antiguo de nuevo por el Arco de Almedina. Pronto accedimos a la Praça do Comercio, en una de cuyas esquinas se alza la Iglesia de Sáo Tiago.
La Rúa Ferreira Borges nos condujo a la Praça 8 de Maio y a la Iglesia de Santa Cruz, en la que están enterrados los dos primeros monarcas de Portugal, Alfonso Henriques y Sancho I.

Fundados en 1131, la iglesia y el monasterio de Santa Cruz son ricos ejemplos de la escuela de escultura de la ciudad en el siglo XVI. Los relieves de Nicolau Chantreréne y Jean de Rouen adornan el Portal da Majestade de la iglesia, diseñado por Diogo de Castilho en 1523. La sala capitular es de estilo manuelino, como el Claustro do Siléncio y las sillas del coro, tallas en 1518.






Nos quedaba visitar la otra orilla del Mondago, donde se ubican los dos conventos de Santa Clara, y a ella nos dirigimos.

De ellos nos centramos en el Convento de Santa Clara-a-Velha, el lugar donde se enterró a la reina Isabel, mujer de Dom Dinis. Por las continuadas inundaciones que sufrió durante siglos, el convento se trasladó a un nuevo edificio, el Convento de Santa Clara-a-Nova.


El convento inundado fue recuperado a finales del siglo XX. Llama mucho la atención lo bien conservado que está un edificio que estuvo parcialmente sumergido.

Si queríamos aprovechar algo de tarde en el primer contacto con la capital lisboeta había que iniciar la partida. Pronto nos encontramos de nuevo en la A1 y recorrimos el trayecto que nos separaba de Lisboa, accediendo al hotel fácilmente gracias a las diligentes indicaciones de la Stra. Garmin.
Llegamos al InterContinental Lisbon pasadas las cinco de la tarde. Tras acomodarnos en nuestra habitación nos preparamos para patear Lisboa.

















