Tras abandonar el hotel nos dirigimos a la Plaza del Marqués de Pombal, nuestro punto de inicio y de finalización de la mayor parte de los trayectos por Lisboa.

Esta rotonda es un nudo de comunicaciones y al lado se encuentra el parque de Eduardo VII, anexo al Intercontinental. En su interior se hallan los invernaderos conocidos como la Estufa Fría.

Tomamos la Avenida de la Liberdade, un enorme boulevard, que nos acercaba a la Baixa mientras nos conducía, a lo largo de un par de kilómetros, a Restauradores, una plaza de grandes dimensiones con un obelisco que conmemora la independencia de Portugal de España en el siglo XVI. En ella se encuentra un edificio curioso, el teatro Orion Eden que, aunque conserva su fachada original, alberga un hotel.

También divisamos el Elevador da Gracia, con una buena cola a esa hora de la tarde, que más tarde contemplaríamos desde su extremo superior, y que facilita el acceso al Barrio Alto, en las inmediaciones del Mirador San Pedro de Alcántara.
Prácticamente al lado se encuentra la Plaza del Rossio (o plaza Don Pedro IV), repleta de terrazas, como la del Café Nicola, una de las cafeterías más emblemáticas, y con edificios tan destacados como el Teatro Nacional, la iglesia de Santo Domingo o la estación de tren de Rossio.



En vez de dirigirnos a la Plaza Figueira y tomar la elegante calle peatonal Rúa Augusta que, a través de un Arco de Triunfo, adentra en la Plaza del Comercio, tomamos otra de las calles gremiales que cruzan la Rúa Augusta, la Rúa Aurea. Esto nos permitió contemplar el elevador de Santa Justa, también abarrotado de visitantes en espera de subir a su parte más elevada.

Llegamos a la plaza del Comercio. Abierta al Tajo y llena de soportales es una plaza donde destacan la figura ecuestre de José I y el arco de entrada que da acceso a la Rúa Augusta. Divisábamos por vez primera el Puente 25 de abril, que en los próximos días cumpliría sus cincuenta años de edad.







Muy cerca se encuentra la plaza del Municipio con un rollo o pelourinho donde se colgaba a los condenados para dar ejemplo al resto de ciudadanos.
Estábamos en el Chiado y nos dirigíamos al Barrio Alto. Estos barrios combinan callejuelas empinadas con monumentos, museos, teatros y una agitada vida nocturna que incluye pubs, restaurantes y algunas de las principales casas do fado.

Paseando tranquilamente encontramos antiguas librerías que huelen a polvo, tiendas de vinilos, galerías y boutiques de ropa artesanal. Sin darnos cuenta nos encontrábamos ante el café A Brasileira, uno de los más tradicionales y emblemáticos. En la terraza, la estatua del poeta Pessoa cobra un protagonismo especial.
Nos sentamos a descansar un poco y a intentar situarnos, pues andábamos un poco desubicados. No diremos que lo conseguimos del todo, pues el plano que llevábamos no tenía el suficiente nivel de detalle. Tras continuar la marcha nos encontramos ante la Iglesia de San Roque.
Cuando nos ofrecieron la posibilidad de cena con fado en el Café Luso supimos que nos encontrábamos en el barrio Alto, uno de los principales centros de ocio nocturno de la ciudad. No era nuestra idea para esa noche, pero nos dejamos llevar por su ambiente bohemio mientras buscábamos un lugar para cenar.
Al final nos sentamos en el Restaurante Cocheira Alentejana, en Tv. do Poço da Cidade, donde tomamos unas sardinas a la plancha y pulpo, regado con cerveza y un par de copas de vino verde.

Tras la cena seguimos callejeando por el barrio, ya muy concurrido, para volver a la Iglesia de San Roque. Teníamos claro que no íbamos a desandar el camino de esa tarde para volver al hotel, por lo que decidimos buscar una ruta alternativa.
En nuestro camino de vuelta divisamos de nuevo el Elevador da Gracia, ahora en su parte alta, y el Mirador San Pedro de Alcántara, que nos ofrecía unas espectaculares vistas nocturnas de Lisboa.


Caminábamos por la Rúa Dom Pedro V primero y por la Rúa da República después, pasando ante el Museo Nacional de Historia Natural y el Jardín Botánico. Ahora sí con ayuda del plano llegamos al hotel, no sin antes pasar ante la puerta de la Federación Portuguesa de Fútbol, que debería haber estado de celebración unos días antes por la victoria de Portugal en la Eurocopa celebrada este verano.

Para ser el primer contacto con Lisboa no había estado mal. Una buena caminata y una visión bastante completa de los principales barrios de la ciudad, que volveríamos a visitar con más detenimiento en los próximos días. Tocaba descansar.

















