Al terminar la visita, salimos hacia la derecha del Met, bajamos a la E79th, y tras cruzar esta calle, tomamos un paseo hacia Central Park sólo para viandantes.

Nuestros pasos nos llevaron al Belvedere Castle, que está en medio del parque y tiene buenas vistas sobre otras zonas del parque como Great Lawn y Shakespeare Garden.



Tras subir a lo alto del castillo seguimos paseando hasta llegar a la salida de la calle W81th al otro lado del parque, donde justo está el museo de Historia Natural. Pero antes de visitarlo había que comer…

Justo a la espalda del museo encontramos el Uno Chicago Grill (432 Columbus Ave) donde, además de un merecido descanso y un par de buenas cervezas, degustamos una Chicago Thin Crust Pizza (Windy city Works) y un delicioso plato de pasta (Lobster & Shrimp Scampi).
Aunque el Museo Americano de Historia Natural es para verlo tranquilamente durante varios días, la mayoría de los visitantes no tienen más que un día y, en nuestro caso, una escasa hora para poder recorrer sus 46 salas de exposiciones antes del cierre. Obvio es que habrá que volver para completar la visita…

Es uno de los mejores museos del mundo de su especie. Contiene una impresionante colección de fósiles de dinosaurios y de dioramas representando los principales hábitats del mundo. En su colección dispone de más de 32 millones de especies catalogadas.

Fue fundado en 1869, siendo Theodore Roosevelt Sr. (padre del famoso presidente estadounidense de mismo nombre) uno de sus fundadores. En sus inicios tuvo varias ubicaciones en barracones cercanos a Central Park, hasta que el 22 de Diciembre de 1877 el presidente de los Estados Unidos de entonces, Rutherford B. Hayes, preside la inauguración del primer edificio en su actual ubicación, entre las calles 77th y 81th de Central Park West.
A partir de este momento, el museo entra en su época dorada de exploración, un periodo de 50 años (1880-1930) en el que el museo está involucrado en las expediciones que descubren el Polo Norte, exploran y cartografían zonas inexploradas de Siberia, atraviesan Mongolia y el desierto del Gobi o penetran en las densas junglas del Congo, haciendo que haya representantes del museo en todos los continentes del globo. En la actualidad, el museo participa anualmente en más de cien expediciones científicas y tiene en nómina a más de 200 científicos.
El Museo cuenta con dioramas que representan el hábitat de los mamíferos de África, Asia y América del Norte, un modelo a tamaño completo de una ballena azul suspendida en el Salón de la vida oceánica, una enorme pieza de 31 toneladas del meteorito de Cape York, y la “Estrella de la India”, el mayor zafiro estrella tallado del mundo. También dispone de una colección que ocupa un piso entero dedicado a mostrar la evolución de los vertebrados.

El Museo cuenta además con amplias colecciones antropológicas: Pueblos de Asia, la población del Pacífico, El hombre en África, indios americanos y nativos americanos y colecciones de México y América Central.

Hollywood hizo de este museo el escenario de la saga “Noche en el museo”, protagonizada por Ben Stiller y el difunto actor Robin Williams, que participó en las tres entregas de la serie, una de sus últimas películas antes de su fallecimiento. También nosotros quisimos hacer nuestro pequeño homenaje al intérprete de Theodore Roosevelt fotografiándonos junto a su estatua en el interior del museo.


Tras abandonar el museo, tomamos el metro para visitar el interior de la Catedral de San Patricio con el grupo, visita que no realizamos, porque era el día elegido para una parada casi obligatoria si viajas a New York: ver un musical de Broadway. De los innumerables musicales y obras teatrales en cartel elegidos todo un clásico, The phantom of the opera, en el Majestic Theatre. Parecía imposible que apenas una hora antes del inicio de la representación se pudieran conseguir dos entradas tan bien situadas, pero contábamos con la inestimable ayuda de Ever…

Basado en la novela clásica de Gaston Leroux, “El fantasma de la Ópera”, cuenta la historia de un oscuro personaje enmascarado que vive en las catacumbas de la Ópera de París. Así, la trama central gira en torno a una soprano llamada Christine, que se convierte en la obsesión del misterioso compositor desfigurado que en su locura acaba por raptarla. Ella, conmovida por la historia trafica del compositor, es finalmente liberada y devuelta a la superficie.


Este es el punto álgido de la producción, ya que a partir de aquí comenzará el descenso a la locura absoluta del protagonista en su empeño por conseguir que Christine sea la soprano principal de las siguientes representaciones de la ópera. ¿El final? Te recomiendo que te des una vueltecita por NYC y lo descubras por ti mismo…



Esta obra es, sin duda, un imprescindible para todos los amantes de los musicales, a fin de cuenta es uno de los éxitos absolutos de la escena musical de las últimas décadas. Como prueba el hecho de que se ha mantenido en cartel y como el favorito del público desde su debut en el año 1988 cuando se hizo con los premios Tony al mejor musical, al mejor director, al mejor actor y a la mejor actriz de reparto entre otros.




Además de una gran historia de amor, pasión y locura; un montaje, una escenografía, un vestuario, unos actores, unas voces que no dudamos en recomendar a todos los que quieran disfrutar de un musical en la cuna del género.




Era, sin duda, la mejor forma de terminar este largo e intenso día recorriendo las calles y los museos de New York.
















