Ni es oro todo lo que reluce, ni Manhattan es New York. Hasta 1898 la ciudad estaba formada únicamente por Manhattan pero ese año se le unieron los condados de Kings (Brooklyn), Queens, Bronx y Richmond (Staten Island), quedando configurada una ciudad de grandes contrastes. A lo largo del día haríamos un recorrido por los tres barrios más grandes de la ciudad, apreciando la diversidad multicultural que hace única a esta ciudad.
El Bronx se encuentra separado de Manhattan por el río Harlem y es el único distrito de Nueva York que se encuentra en la parte continental del país.
Culturalmente hablando, el Bronx es la cuna del rap y del hip hop. En sus calles se hablan más de 75 lenguas distintas, aunque el inglés y el español predominan sobre el resto.
Nuestra primera visita estaba destinada al deporte rey en estos lares, el beisbol. El estadio de los Yankees es un icono de la cultura neoyorquina. El estadio actual, que reemplazó el antiguo, del mismo nombre, junto al río, fue inaugurado en 2009, siendo el estadio más caro construido en la historia del beisbol.

Recorrimos la famosa Avenida Grand Concord, y la zona de South Bronx, donde abundan los grafitis y memoriales de pandilleros fallecidos en peleas callejeras (es especialmente famoso el grafiti del rapero puertorriqueño Big Pun).

Los grafitis que íbamos contemplando muestran una realidad de nueva York que muy pocos conocen. A través de ellos conocimos muchas historias del Bronx.


Queens es el “borough” más grande de Nueva York. En él conviven 150 culturas y es el distrito que está evolucionando el más rápidamente. La economía de Queens se basa en el arte, el turismo (en la zona se encuentran los aeropuertos JFK y LaGuardia) y el cine, una industria que, aunque estaba casi desaparecida en Nueva York, está renaciendo. Musicalmente hablando, Queens es la cuna del Jazz (Louis Armstrong se asentó en la zona a mediados del siglo XX) y es, junto al Bronx, uno de los principales focos del rap y del hip hop.
Comenzamos la visita por la exclusiva zona residencial de Malba, a cinco minutos del Bronx. Nuestra siguiente parada fue el parque Flushing Meadows Corona Park, donde se rodaron películas como «Men in Black». En el parque también está el Estadio de los Mets (Citi Field), el Estadio Nacional de Tenis (sede del Open de Estados Unidos), el Museo de Queens, donde se encuentra «The Panorama of the City of New York», una increíble maqueta de 900 metros cuadrados, y el globo Unisphere.




Seguimos paseando por Jackson Heights, conocido como el barrio latino, donde pudimos disfrutar de un buen café colombiano acompañado de unas empanadillas de carne y un pan de bono en Pecoshitas.


Después de reponer fuerzas, abandonamos Queens por la Pequeña India para dirigirnos a Brooklyn, probablemente el segundo distrito más conocido de New York por detrás de Manhattan, además de ser el más poblado. Brooklyn ha sido el lugar de nacimiento de famosos artistas como Barbra Streisand, Eddie Murphy, Cyndi Lauper y Woody Allen. Entre los deportistas más importantes merece la pena nombrar a Michael Jordan y Mike Tyson.
Buena parte de la visita transcurrió por el barrio de Williamsburg, en el que se encuentra la comunidad de Judíos Ortodoxos más grande de New York.
Tras recorrer algunos de los lugares más importantes y sorprendentes de la ciudad volvíamos a nuestro “hábitat natural”, la Quinta Avenida. Decidimos obviar la visita a Macy’s. Nos encontrábamos a 1,3 millas de Frying Pan (207 12th Avenue) y era una buena opción para comer.
Bajamos por la Séptima Avenida, aprovechando para ver el Madison Square, en el cruce entre las avenidas Séptima y Octava de las calles 31 a 33, y encima de la Estación Pensylvania. Una pena venir en agosto y no poder ver a los Knicks…

Al llegar a la altura de la W 26th St giramos a la derecha y al vislumbrar el río Hudson encontramos The Frying Pan. Situado en el Pier (muelle) 66 en el Hudson River Park, ofrece una mirada nueva tanto del skyline de Manhattan como de Nueva Jersey. Era, sin duda, el escenario ideal para una tomar una copa de vino y de una reparadora comida.






Sin duda, sólo nos faltaba Otis Redding cantando a nuestro oído su celebérrimo (Sittin’ On) The Dock of the Bay…

Caminamos por la orilla de la bahía hasta vislumbrar el Intrepid Sea, Air and Space Museum, el único museo en el que se puede ver un legendario portaaviones, el primer transbordador espacial, el avión más rápido y un submarino de la Guerra Fría. Está ubicado dentro y encima de un portaaviones, el USS Intrepid, que estuvo activo en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial en la lucha contra Japón y tuvo un papel importante como portaaviones durante la Guerra de Vietnam.

Ahora eran 1,4 millas las que nos separaban de la Catedral de San Patricio, que dejamos sin visitar el día anterior. Sin prisa pero sin pausa tomamos la W 48th St, que nos condujo a ella después, eso sí, de cruzar desde la 12th hasta la 5th Ave…
La Catedral de San Patricio de Nueva York (St Patrick’s Cathedral) es la catedral católica con estilo neogótico más grande de América del Norte. A pesar de que las obras de construcción de la catedral comenzaron en el año 1858, el trabajo se detuvo durante la Guerra Civil Norteamericana y el edificio no se vio finalizado hasta 1879.


El diseño de la catedral pretendía ser el de un gran templo con dos torres de más de 100 metros de altura que se alzaran triunfantes sobre la ciudad, algo que se logró durante poco tiempo. Está realizada en mármol blanco, con el aspecto recargado característico del estilo neogótico. Una vez en el interior merece la pena destacar los enormes órganos, compuestos por 3.920 y 5.918 tubos, y la escultura de La Piedad, tres veces más grande que la de Miguel Ángel situada en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.


Teníamos el tiempo justo para regresar al hotel y prepararnos para la visita nocturna a la ciudad. A la hora fijada nos presentamos en el lobby del hotel para trasladarnos a la Terminal Whitehall, en Battery Park y tomar el ferry a Staten Island, el distrito que nos quedaba por visitar de la ciudad.
No cabe la menor duda que, más que un medio de transporte, el ferry es una atracción en sí misma, gratuita, además. 25 minutos de viaje que te regalan impresionantes vistas de las islas Ellis, del Gobernador y la de la Estatua de la Libertad, así como de todo el Lower Manhattan, el puerto de Nueva York y el perfil de los rascacielos de la Gran Manzana.


Mereció la pena despeinarse un poco aferrados a la barandilla, cargando cámaras de fotos y móviles para inmortalizar ese viaje. Se trata de un simple trayecto de casa al trabajo, o a la rutina de «entrar» a New York para multitud de gente. Sin embargo, para nosotros, con los ojos cargados de curiosidad, sería un eterno momento de recoger en la retina tantas y tantas imágenes largamente soñadas… más aun cuando el regreso desde la terminal St. George, en Staten Island, se producía con los primeros albores del atardecer.


Era el momento de tener el primer contacto con el puente de Brooklyn, más concretamente con el Brooklyn Heights Promenade, desde donde disfrutamos de unas excelentes vistas del distrito financiero de Manhattan y de la zona del East River, preciosas con la caída de la noche. Nos faltó, eso sí, tomar un delicioso helado de la Brooklyn Ice Cream Factory… además de una suculenta cena con vistas en el River Café, adornado como si faltara una semana para Navidad.



Extasiados por las vistas nos dirigimos hacia el Empire State Building, el rascacielos de King Kong. A su observatorio, situado en el piso 86, se accede tras coger un ascensor que apenas tarda un minuto en llevarte al piso 80, y luego otro que te lleva al piso 86, aunque la larga cola para tomar el segundo nos “animó” a subir el último tramo por la escalera.

Desde su mirador disponíamos de una excelente vista de Manhattan, en especial de los edificios más emblemáticos de Midtown como el edificio Chrysler, Metlife, Flatiron Building y Madison Square Park, Union Square, el distrito financiero de Nueva York y Times Square, quedando algo más lejos y más visible de noche el puente de Brooklyn y la Estatua de la Libertad.



La vista de Times Square, junto a la vista del Flatiron Building y la Quinta Avenida y la del nuevo World Trade Center con la Estatua de la Libertad y el puente de Brooklyn al fondo, tienen un encanto especial, aunque por otro lado los edificios colindantes nos impidieron tener una mejor vista sobre Uptown y Central Park, que es apenas perceptible debido, sobre todo, al Rockefeller Center y los edificios colindantes.


Al descender del Empire State decidimos tener otra panorámica del mismo, subiendo para ello al 230 Rooftop Bar. Se nos olvidó, eso sí, que era sábado, y la cola para los “no VIP” llegaba a la vuelta de la manzana. Fueron cuarenta y cinco minutos de espera que merecieron, y mucho, la pena.
Como si nos tuvieran reservado el asiento, disfrutamos unas Brooklyn Lager con las mejores vistas de la ciudad. Un perfecto final para un día lleno de constrastes.

















