Las emociones vividas ese día hicieron que cayéramos en un sueño profundo rápidamente. Un sueño en el que rememorábamos los acontecimientos vividos en aquellas primeras 72 horas de viaje. Se había partido el grupo, se había vuelto a unir y habíamos pasado el primer día juntos (aunque Lucía en LA fue lo más parecido al Guadiana: aparecía y desaparecía sin solución de continuidad).
Parecía que había transcurrido un mundo pero habíamos visitado Los Angeles, paseado por el Paseo de la Fama, Hollywood Blvd, Sunset Blvd, Beverly Hills, Rodeo Dr… Habíamos posado delante de “You Are the Star” y “Hollywood sign”, contemplado la ciudad de Los Angeles desde el Observatorio Griffith y deambulado por Santa Mónica y Venice Beach. Habíamos comido en Farmers Market Place y cenado en el Grand Central Market, junto al Edificio Bradbury, después de contemplar los más emblemáticos edificios del Downtown.
Y ahora descansábamos en “sin city”, después de dos vuelos, y de haber apostado en la ruleta del casino. Bueno, la ruleta no llegó a tiempo, pues nuestros párpados ya estaban cerrados para ese momento.
Como era habitual estos días, estábamos despiertos a primerísima hora de la mañana. Y ya puestos… ¿por qué no hacerse unos kilómetros por Las Vegas Blvd? Con el mismo vientecillo que la noche anterior salimos a la calle, dispuestos a recorrer la zona más emblemática del Strip de Las Vegas, la calle más conocida de la ciudad, en la que se encuentran los hoteles y casinos más famosos.
Pero un sinfín de pasarelas y escaleras mecánicas nos hicieron desistir del intento, por lo que cambiamos de rumbo y nos dirigimos hacia la salida de la ciudad, pasando por debajo del obelisco del Hotel Luxor, junto al hotel Mandalay Bay y al ya famoso cartel de “Bienvenido a Las Vegas”. Tal vez no tan excitante como la primera sesión en Los Angeles, pero igual de espectacular…

Esa mañana hicimos dos turnos para el desayuno y para la visita de la mañana: Hoover Dam.



Pero hagamos un poco de historia. El azar llevó en 1829 a un viajero llamado Rafael Rivera a descubrir, en medio del inmenso desierto de Nevada, un oasis al que dio el nombre de Las Egas (los prados). En las décadas subsiguientes, la región fue una escala en el camino de los pioneros en busca de yacimientos mineros. A finales del siglo XIX, la elección de Las Vegas como punto de paso de la vía férrea que une las dos costas de Estados Unidos impidió que a la joven ciudad le tocara la misma suerte que a las ciudades fantasmas de la región.
Las Vegas debe su reputación a la legislación permisiva que introdujo el estado de Nevada en materia de juego, prostitución y divorcio. Desde 1931 se legalizaron los juegos por dinero. Y las facilidades para el divorcio hacen de Las Vegas la capital de las uniones y separaciones instantáneas en cualquiera de las doscientas cincuenta «capillas de casamiento» (incluidas las drive in, donde uno puede casarse sin salir del coche). En ellas, pastor, testigos, músicos, e incluso dobles de Elvis, están permanentemente a disposición. Mucho de bodas se había hablado en los meses anteriores al viaje y muchas se habían planificado, pero a la hora de la verdad, nada de nada…


La construcción del hotel Flamingo por Benjamin «Bugsy» Siegel en 1946 fue el punto de partida de la moderna Las Vegas, que pasó a ser leyenda y se convirtió en símbolo del glamour estadounidense, el lugar de los espectáculos y andanzas de estrellas como Frank Sinatra o Elvis Presley.
No podemos olvidar que la ciudad también debe su prosperidad al gobierno de Estados Unidos. La construcción de la muy cercana represa hidroeléctrica Hoover Dam, uno de los proyectos más espectaculares del New Deal, transformó hondamente al sudoeste estadounidense. El dominio de las aguas del río Colorado permitió impedir la sequía física y financiera de Las Vegas. El Mead, creado en la huella del mismo proyecto, es el lago artificial más grande del país y alimenta las gigantescas fuentes, piletas y otros proyectos acuáticos que abundan en el desierto de Nevada.


La Presa Hoover es una presa de hormigón de arco-gravedad, ubicada en el curso del río Colorado, en la frontera entre los estados de Arizona y Nevada, a 48 km al sureste de Las Vegas.





Se construyó en el periodo de tiempo comprendido entre el 20 de abril de 1931 y el 1 de marzo de 1936, durante la época de la Gran Depresión. Antes de su construcción, la cuenca del Río del Colorado se desbordaba con el deshielo de las Montañas Rocosas, que ponía en peligro a las comunidades agrícolas río abajo.



Además de la prevención de inundaciones, la presa hizo posible la extensión de la agricultura de regadío en esta árida región, y supuso el suministro constante de agua para Los Angeles y otras comunidades de California del Sur.
Los proyectos iniciales para la fachada terminada de la presa y de la central eléctrica consistieron en una pared simple, sin adorno de hormigón, coronada con una balaustrada de inspiración gótica, y una central eléctrica que parecía un depósito industrial, tal vez demasiado simple para este faraónico proyecto.


Por ello, se contrató a Gordon B. Kaufmann para diseñar el exterior, aerodinamizando los edificios y aplicando un estilo de Art Deco elegante al proyecto con torrecillas esculpidas que se elevan sin costuras de la cara de presa, y caras de reloj sobre el juego de torres de entrada para husos horarios de Montaña (UTC-7) y Océano Pacífico (UTC-8).



Nadie se había percatado de la diferencia horaria entre los estados de Nevada y Arizona. Fue la visita a Hoover Dam, esta maravilla de la ingeniería tal vez convertida en atracción turística por la cantidad de películas que se han rodado en este lugar (la principal, “Superman”, en la que la explota), la que evitó algún problema al día siguiente para la visita al Gran Cañón en helicóptero…


La Presa Hoover también fue construida como un cruce vial para la U.S. Route 93 (Nevada). Fue en octubre de 2010 cuando el espectacular puente Mike O’Callaghan-Pat Tillman Memorial, que cruzaríamos al día siguiente, fue inaugurado como parte del Proyecto de Carretera de la presa.



Regresamos a Las Vegas, aprovechando para recorrer el Strip a la luz del día, una de las avenidas más fotografiadas y visitadas del mundo. No dejábamos de sorprendernos ante lo que pasaba ante nuestros ojos, admirando los majestuosos hoteles y sus infinitos atractivos.












Teníamos noticias de Ana y los chicos y quedamos en la puerta principal del Excalibur para comer todos juntos. En la espera, Moisés mostró sus primeras habilidades para el monólogo (que se lo pregunten a May). No sabemos si tenía en mente quedarse en Las Vegas y montar su propio espectáculo, pues esa tarde confirmaría su talento para la comedia.

Ya todos juntos nos dirigimos al Resort MGM Grand, inmortalizando al grupo, por primera vez, frente al New York New York y su réplica de la Estatua de la Libertad de 46 metros de altura y su montaña rusa de 180º.

Terminamos esta entrada con “la película de la semana”, “Superman: The Movie”, la primera de la posterior saga, estrenada en 1978, dirigida por Richard Donner, con música de John Williams y con Christopher Reeve (Clark Kent) y Margot Kidder (Lois Lane) en los principales papeles, junto al incombustible Marlon Brando.
La película consiguió tres nominaciones a los Oscar (BSO, montaje y sonido), consiguiendo el premio especial por sus efectos visuales. También fue nominada como mejor banda sonora original en los Globos de Oro y el Premio BAFTA al mejor actor revelación (Christopher Reeve).
Se trata, sin duda, de una famosa adaptación del cómic sobre el más popular de los superhéroes. Un gran reparto y una entretenida historia para un clásico del cine que supuso para mí uno de los primeros acercamientos a la gran pantalla en aquel ya desaparecido Cine Coy, donde también asistí a la primera entrega de “La Guerra de las Galaxias”.
















