Después de correr por Los Angeles y Las Vegas, San Francisco no iba a ser menos. Tras la visita del día anterior el lugar elegido estaba claro, el Embarcadero. Quedaba por decidir si empezábamos en el puerto (cogiendo primero el tranvía) o en el mismo hotel. La hora de inicio de la carrera nos hizo pensar que el tráfico no sería muy denso a esa temprana hora, y así lo hicimos, en plural, pues en San Francisco en vez de correr solo, como normalmente hago, lo hice en compañía de Carmen, poniéndose de manifiesto las ventajas de correr con compañía, al recorrer los 7,38 kilómetros que separan The Herbert del Pier 39 (ida y vuelta) en 38 minutos y 53 segundos, a un ritmo medio de 05:15 min/km y un ritmo máximo de 04:10 min/km.

Lo que no sabíamos es que sólo era el calentamiento para la maratoniana jornada que nos esperaba ese día…

Descartada, por las condiciones meteorológicas, la visita a Yosemite (otra que queda en el tintero para el regreso a la Costa Oeste), habíamos decidido alquilar sendos coches para visitar Muir Woods y sus secouyas gigantes de más de 100 metros al día siguiente. Tras el desayuno procedimos a hacer la reserva, lo que retrasó el inicio de nuestra visita a la ciudad.
Tras posar en la fachada del Asian Art Museum, nos dirigimos al City Hall, el ayuntamiento de la ciudad, de arquitectura “Beaux Arts” o estilo académico francés, y en el que destaca su enorme cúpula. Se inauguró en 1915 y ha tenido que ser reconstruido dos veces debido a los daños causados por los terremotos.




En su interior, el City Hall tiene un aspecto de palacio antiguo con ribetes dorados y adornos en las escaleras y ventanas que resultan sumamente llamativos y ofrecen a todo el edificio un aspecto casi de cuento. Debido a la belleza que caracteriza a su diseño, es uno de los lugares escogidos por muchísimas parejas para darse el “sí” y, de hecho, esa mañana coincidimos con más de cuatro bodas…




A su espalda se encuentra la Ópera de San Francisco). Por su tamaño, la segunda compañía de ópera de los Estados Unidos. Se fundó en 1923 por Gaetano Merola. La Gala de Inauguración de la Ópera de San Francisco es el acontecimiento que abre la temporada social de la ciudad. Turandot en cartel. ¡¡Qué tentación!!


La siguiente parada fue la catedral de Santa María de la Asunción, la principal iglesia de la Arquidiócesis de San Francisco, ubicada en Cathedral Hill, Pacific Heights, San Francisco; entre las calles Geary Boulevard, Ellis Street, Cleary Court y Gough Street.

Viene a sustituir a dos iglesias anteriores del mismo nombre, sucesivamente. La catedral original fue construida en 1854 (aún sigue en pie) y es conocida como Old Saint Mary’s Cathedral. En 1891, una segunda catedral se construyó, pero fue destruida por un incendio en 1962. La catedral actual fue encargada en la fecha en la que el Concilio Vaticano II se convoca en Roma.

La catedral fue diseñada por los arquitectos locales John Michael Lee, Paul A. Ryan y Angus McSweeney, en colaboración con arquitectos de renombre internacional Pier Luigi Nervi y Pietro Belluschi (a la vez, decano de la Facultad de Arquitectura de la MIT). Su cubierta se compone de segmentos de paraboloides hiperbólicos de una manera que recuerda a la Catedral de Santa María de Tokio, que fue construida a principios de la década.

Como dice Serrat, me privan más los barrios que el centro de la ciudad. Tras un breve descanso en el Japantown Peace Plaza nos dirigimos a Alamo Square Park por Fillmore St, donde se encuentra la histórica sala de conciertos The Fillmore Auditorium, popularizada por Bill Graham.



Más tarde contemplamos las elegantes viviendas de Steiner St hasta llegar al parque que se encuentra frente a las Seven Sisters, o Painted Ladies. Esta hilera de edificios es uno de los principales atractivos turísticos del barrio. Nos habíamos encontrado muchas casas de este estilo, y algunas posiblemente más bonitas que las Painted Ladies, aunque son estas las que se llevan todas las fotos.




Entre 1849 y 1915 fueron construidas en San Francisco casi 50.000 casas de estilos victoriano y eduardiano. Muchas de ellas fueron pintadas con colores brillantes en rojo, amarillo, naranja, etc… Precisamente las Painted Ladies es un grupo de estas casas, las que van de los números 710 a 720 de Steiner Street, frente al parque de Álamo Square.






The Panhandle destacaba por sus altos eucaliptos. A media mañana, con el sol abriéndose paso a través de sus hojas, nos recordaba que la belleza estaba por todas partes si solo manteníamos los ojos abiertos. Bueno, eso admitiría un esteta romántico que viera a San Francisco como el escenario urbano perfecto para la maravilla atmosférica cambiante en una geografía de múltiples capas…



Estábamos bastante cerca de Hippie Hill, desde donde podríamos acceder a Haight Ashbury, el barrio hippie de San Francisco. Pero nuestro próximo destino era un parque más grande que Central Park, Sí, existe, está en San Francisco, y nosotros lo recorrimos de punta a punta. Se trata del Golden Gate Park, más de 400 hectáreas en las que desconectar del ritmo frenético de San Francisco.

Se dice que si se quiere ver todo en un día, ir a pie no es la mejor opción. Tendrían que habérnoslo dicho antes… Nada de alquilar o utilizar el minibus que va conectando las distintas atracciones por un carril interior. La instrucción militar debía continuar…
Para acceder al Golden Gate Park no hay entradas ni puertas por lo que accedimos por el primer lugar que encontramos.


Pasamos junto a la Academia de las Ciencias de California, uno de los museos más importantes de San Francisco, al que no entramos. En su interior se encuentra un planetario, una selva tropical, un acuario con decenas de miles de seres vivos e incluso una simulación del terremoto de San Francisco de 1906. Queda pendiente para una próxima visita.
Sí que entramos al Japanese Tea Garden. Para muchos, pocas cosas hay en el mundo más relajantes que dar un agradable paseo por un jardín japonés: el sonido de las cascadas, el silencio de los templos, las figuras de Buda y, sobre todo, ver cómo nadan tranquilamente las carpas o peces koi, son pequeños placeres que teníamos la oportunidad de disfrutar.


Pero, ¿por qué no comer? En su interior encontramos un comedor al aire libre disponible para que los visitantes, previo paso por el salón de té que da nombre al jardín, pudieran degustar las variedades de comida que allí se ofrecen.

No es que la comida japonesa sea nuestro fuerte pero el Udon (traditional soup made with miso -fermented soybean-, green onions, and tofu) y los tea sandwiches (assortment of tuna salad, apple and cheese, turkey ham and cucumber, turkey ham and cream cheese sandwiches on white bread) que tomamos nos sentaron muy bien. Como el green tea cheese cake que elegimos de postre.


Sigamos ahora con la visita. El Jardín de té Japonés de San Francisco fue construido como parte de la Exposición Universal que en 1894 tuvo lugar en la ciudad. Resulta curioso pensar que, lo que iba a ser un parque temporal, no sólo continúa en pie un siglo después sino que, además, se ha convertido en una de las visitas imprescindibles en la ciudad.




Según dicen, la idea de mantener el parque de forma permanente fue sugerida por Makoto Hagiwara, un jardinero inmigrante japonés que a buen seguro sentía su país natal un poco menos lejano cada vez que trabajaba en los jardines. Y es que este jardín japonés, el más antiguo de Estados Unidos, con sus numerosos estanques, puentes y templos consigue que, automáticamente, te traslades al país del sol naciente.





Seguramente te preguntarás por qué lo llamaron Japanese Tea Garden. Pues bien, parece ser que existe cierta polémica en torno al origen de las famosas Galletas de la Fortuna y hay quien afirma que éstas comenzaron a elaborarse por primera vez en la casa de té que hay en el interior del jardín, antes incluso que en Japón. Ahí lo dejamos. Como le diría a alguno de mis alumnos, «investiga», si esta explicación no te convence del todo.



Lo cierto es que disfrutamos de este auténtico jardín botánico de más de dos hectáreas de extensión y que cuenta con una amplia variedad de plantas originarias de Japón y China.

Era ya media tarde y el crepúsculo amenazaba con caer sobre la ciudad. Queríamos ir al Prado de los Bisontes (Bisont Paddock), pero resultó que más que estar en el corazón del parque, en San Francisco, lo habían teletransportado a Wichita…
El grupo formado por May, Ana, Carmen, Arturo y los Joses inició la marcha en primer lugar, acercándose a la pradera por su flanco izquierdo, siguiendo las indicaciones de la aplicación del smartphone de Arturo. Y así tuvimos la oportunidad de, además de una buena caminata, recorrer todas las zonas verdes que se encuentran en medio del Golden Gate Park, llenas de lagos como el Stowe, el Elk Glen o Lloyd.

Los más rezagados (Lali, Lucía, Moisés y Alberto), se dirigieron al prado por su flanco derecho, guiados estos por el perspicaz Alberto y su móvil, más avezado este último que el de Arturo.
Los primeros no llegaban a entender cómo estos últimos, habiendo salido del jardín japonés más tarde, llegaron antes y encontraron mejores vistas para ver pasear y descansar a los muy pocos rumiantes que quedan.
Ya que estábamos, mejor reunirnos una vez que saliéramos del parque, ¡¡en la playa!! (Ocean Beach). Nosotros salimos tras pasar por delante del Murphy Windmill and Millwright Cottage. Un molino en bastante peor estado que el North Dutch Windmill por el que el otro grupo pasó, y que está rodeado por un campo de tulipanes, el jardín de Queen Wilhelmina, que seguro que no vieron dada la hora que se nos había hecho…


Definitivamente, este pulmón verde de San Francisco tiene de todo y podría llevarnos semanas descubrir cada rincón. Por eso, nosotros lo visitamos en media jornada.
Casi quince kilómetros, sin exagerar, que habíamos caminado ese día, paseando por los distintos barrios de San Francisco y recorriendo toda la extensión del Gonden Park. Como para deshacer el camino andando otra vez. Excesivo, incluso, para nuestro entrenamiento militar.

Nos dirigimos al inicio de la ruta N del tranvía, en Judah St. Alguien no vio el cartelito donde, amablemente, te indican que no devuelven cambio y se dispuso a pagar dos billetes con un billete de veinte dólares. Cuando el conductor le indicó que de cambio, nada de nada, sólo quedó como solución pagar los billetes de todos, eso sí, aplicándonos algún descuento que, seguramente, no merecíamos, para que la fiesta quedara en eso…
Nos bajamos en Powell Street Station, en la intersección de Market con Powell. Al salir, en AT&T, pasamos un buen rato “disfrazándonos” de superhéroes y superheroínas. Lo que da de sí la tecnología…




En vez de llegar a los hoteles y salir después a cenar, decidimos pasar a la acción inmediatamente. El lugar elegido fue Miyabiya Sushi & Grill, donde los amantes del primero disfrutaron de él y los del segundo se deleitaron con un Negima (ねぎま -chicken thigh & Japanese Leek-) y un Gyu Hire (牛ヒレ -angus beef fillet mignon-).
¿Por qué no tomar algo después de la cena? El Johnny Foley’s Irish House había sido del agrado de los que cenaron allí la noche anterior, con música en directo incluida. Era sábado, o viernes (uno empezaba ya a perder la noción del tiempo). Lo cierto es que el local estaba repleto de “franciscanos”. Tras una cerveza y una agradable conversación con nuestros compañeros de viaje poníamos fin a esta segunda jornada en San Francisco.
A dormir…. Al día siguiente nos esperaba nuestra tan ansiada visita al Golden Gate.
Y en este icono se rodaron algunas de las escenas más recordadas de la película elegida para esta entrada, “Vértigo -De entre los muertos-“ (1958), la gran obra maestra de Alfred Hitchcock, y sin duda la más aclamada por la crítica, nominada al Oscar en las categorías de mejor dirección artística y sonido.
Aquí, cerca de Fort Point, al final de Marine Drive, Hitchcock filmó la escena que ha quedado en la retina de los más cinéfilos, en la que Kim Novak salta al agua y James Stewart la salva. No eran esas nuestras intenciones para el día siguiente. Nos conformaríamos con gozar de las increíbles vistas.

Vértigo, gran película y gran canción de nuestro querido Ismael Serrano, al que veremos, y escucharemos (si el tiempo no lo impide) el próximo 23 de marzo. Mucho tiempo ha pasado desde la última vez que disfrutamos, en vivo y en directo, de su música.


















