Costa Oeste 2017 (y 14) – Bullitt

Esa mañana, la última en San Francisco, terminamos de preparar el equipaje antes de desayunar. Una vez ultimado, bajamos a la recepción del hotel para dejarlo en consigna (en otro hotel) tras hacer el ckeck out.

Disponíamos de un poco de mañana para disfrutar de la ciudad, pues habíamos quedado a las doce y media para realizar, sin problemas, el traslado al aeropuerto, que esta vez sería en el BART que une San Francisco con Oakland y que tomaríamos de nuevo en Powell Street Station.

Las nueve de la mañana de un soleado domingo. Parecía como si el grupo se hubiera dado una “mañana libre” para dedicarla a aquello que a cada uno le apeteciera. Compras de última hora, paseo en el “auténtico” tranvía de San Francisco (Cable Car), museos,…

Decidimos volver a repetir en el Café Mason pero nos anunciaron media hora para tener una mesa libre. Demasiado tiempo si queríamos ver algo. El Starbucks de turno también prometía una larga espera. Ya tomaríamos algo, pensamos, mientras nos dirigíamos a la cabecera de Powell y Market, donde tiene su inicio la línea Powell/Hyde, desde donde sube a Nob Hiil y luego a Russian Hill antes de terminar frente al Parque Acuático, cerca de la plaza Ghiradelli.

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La espera para tomar el tranvía (ya había una considerable cola a esa temprana hora) nos permitió ver cómo hacen girar los coches manualmente y comprar algo para el desayuno (café en el Burger King cercano, gentileza de Lucía, y chocolate, muffin de ídem y plátano -nuestro último homenaje a la “dieta del plátano” que nos acompañó buena parte del viaje- en Walgreens).

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El tranvía iba lleno, lo que permitía que Lucía y yo viajáramos colgados de la plataforma exterior, agarrados a los postes. Además, nos montamos en un tranvía con historia. Historia cinéfila, para seguir con el hilo conductor de buena parte de este viaje.

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H. BOGART RODE THIS CAR IN “DARK PASSAGE” 1947 podíamos leer en el techo del tranvía, en su parte delantera. Y resulta que “La senda tenebrosa”, cuyo título original es «Dark Passage«, es una película de 1947, dirigida por Delmer Daves, en la que Humphrey Bogart interpreta a un hombre que ha sido encarcelado injustamente por el supuesto asesinato de su mujer.

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Tras escapar de la prisión, decide cambiar sus rasgos mientras intenta demostrar su inocencia. Una atractiva desconocida (Lauren Bacall) le presta ayuda, porque su padre también fue víctima de un error judicial. En una escena de la cinta, después de que Parry (H. Bogart) baja por la escalera de incendios en 1201 Greenwich Street, se sube a un teleférico que pasa (¡¡el nuestro!!). Seguro que no había muchos turistas entonces cuando el teleférico ruge al sur en Hyde Street entre Greenwich y Filbert…

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Nos bajamos en Lombard St, la famosa calle de la ciudad que ya habíamos visitado unos días antes de noche

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Queríamos contemplar a la luz del día sus numerosas cursas, sus cuidados jardines y sus casas de postal, con esas increíbles vistas de la bahía. Eso sí, volvimos a encontrarnos con la mayor densidad de turistas por metro cuadrado de la ciudad.

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Nos dirigíamos a Fishermans Wharf, pues también queríamos disfrutarlo de día. De camino visitamos el San Francisco Art Institute, un lugar privilegiado para los amantes del arte moderno y contemporáneo. Además de las obras expuestas en el claustro de aquel bonito edificio, nos maravilló el mural de Diego Rivera que se encuentra en una sala anexa.

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Tras despedirnos de Lucía, que tenía previsto volver a Chinatown, desembarcamos en Fishermans Wharf, el antiguo puerto de San Francisco, reconvertido en zona de ocio. Un lugar ideal para pasear por sus múltiples posibilidades: tiendas, restaurantes, museos o las fantásticas vistas de la bahía y de la isla de Alcatraz.

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Nos acercamos, de nuevo, al Pier 39, para contemplar por última vez la colonia de leones marinos que lleva aquí instalada desde el terremoto de 1989. Una preciosa estampa dormitando sobre sus plataformas de madera, dándose un chapuzón o emitiendo sus gruñidos característicos.

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La oferta gastronómica llamó poderosamente nuestra atención. Encontramos multitud de restaurantes y puestos callejeros que preparaban langosta, cangrejo y pescado fresco cocinado para todos los gustos.

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Después de probar el cangrejo la noche anterior, nos decantamos por la langosta, y la elección fue todo un acierto.

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Se acercaba la hora de regresar al centro. Tomamos la línea F del tranvía, que nos dejaría en Market St.

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En su recorrido paralelo al Embarcadero contemplamos el puerto de San Francisco, del que nos despedíamos.

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Nos bajamos antes de llegar al cruce con Powell, pues queríamos ver el San Francisco Museum of Modern Art: Su fachada, para ser más exactos, pues preferimos dar el último paseo por la ciudad antes de contemplar su contenido. Acertada o desacertadamente, será otra actividad pendiente para nuestro regreso a la ciudad.

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Paseando por las calles de la, a esta hora, bulliciosa ciudad, regresamos al hotel para reunirnos con el grupo. Llamó nuestra atención el Museum of Ice Cream y los puestos de food truck instalados en Stockton St a pleno funcionamiento.

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Llegaba el momento del traslado al aeropuerto. Recogimos el equipaje y nos dirigimos a la estación donde tomamos el BART que nos condujo a Oakland, desde donde salía nuestro vuelo de regreso.

Ya que no habíamos podido hacer el tour por el Oracle Arena y el Oakland-Alameda County Coliseum, dos templos del deporte mundial, nos contentamos con contemplarlos desde nuestro medio de transporte. Ver un partido de los Warriors o de los Raiders, según gustos, hubieran sido la guinda de este pastel de viaje, pero no nos podíamos quejar de cómo había resultado todo.

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Una vez facturado el equipaje y salvados, por cuarta vez, los controles de seguridad en el aeropuerto esperamos pacientes para embarcar y abandonar el país, aprovechando para comer.

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No es que se hiciera muy pesado el vuelto, para ser transoceánico… si podías conciliar el sueño, pues nos encontramos con bastantes turbulencias, tal vez consecuencia de la borrasca “Ana” que nos recibía en España.

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En un “abrir y cerrar de ojos” estábamos en la T2 del Prat, donde comenzaban las despedidas, en este caso de Lucía y Alberto.

El resto del grupo todavía compartía tren hasta Sants, aunque Ana y Arturo se bajaban en una parada anterior. Ya en la estación de ferrocarril nos despedimos de Jose y nos dispusimos a comer, pues no conseguimos cambiar los billetes para el tren que salía a las tres de la tarde, teniendo que esperar hasta las cinco.

El trayecto de Barcelona a Murcia se hizo algo más pesado que a la ida unos días antes. Normal. No pudimos conciliar el sueño, no sólo por el cambio horario, sino también por la emoción de la experiencia vivida.

Llegamos a Murcia a la hora fijada y un rápido desplazamiento en taxi nos condujo a Alcantarilla. Fin de trayecto.

Gracias a todos por hacer de este sueño de viajar a la Costa Oeste americana una experiencia inolvidable.

Terminamos nuestra colección de joyas del séptimo arte con “Bullitt” (1968), en la que Steve McQueen (Frank Bullit) interpreta a un teniente de la policía de San Francisco. Sin duda, uno de los mejores filmes de acción que ha dado el cine. Además de por su magnífica historia, es recordado por sus espectaculares persecuciones de coches por las calles de la ciudad de San Francisco, esas calles por las que habíamos pasado estos últimos días de viaje…

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