Tras la comida nos dirigimos al Museo del Duomo, aprovechando para disfrutar, de nuevo, de la magia de la plaza y de la catedral.


En él pudimos encontrar las esculturas originales del Duomo, las gárgolas, imagineria original y una impresionante maqueta del Duomo hecha en madera.

Fue inaugurado en 1953 por el crítico de arte Ugo Nebbia, pero se gestó en el último cuarto del siglo XIX, cuando se hizo necesario encontrar la manera de mantener y preservar la gran cantidad de material relacionado con la historia y la construcción de la Catedral.

En 1948 se obtuvo la concesión del Departamento de Propiedad del Estado para habilitar nueve salas ubicadas en la planta baja del ala más antigua del Palazzo Reale, antigua residencia de las familias Visconti y Sforza, renovada por el arquitecto Piermarini en la segunda mitad del siglo XVIII.

En los años sesenta el museo se amplió y volvió a abrir con la incorporación de otras diez habitaciones, algunas de gran prestigio arquitectónico, por concesión del Ayuntamiento de Milán, completamente reacondicionadas y reorganizadas por el arquitecto Ernesto Brivio. En 2013 el museo volvió a abrir después de un largo período de renovación y reacondicionamiento en el marco de un proyecto del arquitecto Guido Canali.

En las Salas del Tesoro se expone el Tesoro de la Catedral de Milán, consistente en obras de marfil y oro, y pinturas del siglo VIII al XVII. El Crucifijo de Aribert, que data del siglo XI, es un ejemplo de arte proto-románico.

En la Sala de vidrieras se exhiben ejemplos de vidrieras de la Catedral que datan del siglo XII al XV. La más antigua es la Visitación, que se remonta a principios del siglo XV y se produjo utilizando una técnica francesa. El llamado Trittico della Creazione se remonta al siglo XVI y representa, en tres paneles: la creación del firmamento, la creación de los animales y la creación del hombre.

Una imponente pintura de Tintoretto domina las habitaciones del siglo XVI, una obra temprana que representa a «Jesús entre los doctores». Las estatuas en estas habitaciones, Eva y María Magdalena, transportadas por los ángeles, son de Angelo Marini y marcan el final del período pre-Borromeo.

La Galleria di Camposanto alberga los modelos y estudios para las esculturas y relieves de la Catedral que fueron encargados por la Fabbrica del Duomo. En otras salas se encuentran algunos modelos de yeso de la estatuaria del siglo XIX, ejemplos de escultura romántica y floral.


En la Habitación Modellone pudimos contemplar la imponente y majestuosa maqueta de la Catedral de Milán, que fue encargada por la Fábrica de Bernardino Zenale de Treviglio en 1519.

Desde el mismo museo se tiene acceso a la Iglesia de San Gottardo en la que destaca el campanario y un fresco que hay en el interior de la Iglesia.

Caían las primeras gotas de agua y decidimos coger los paraguas del hotel antes de seguir visitando la ciudad. El fin del «roaming» en Europa y la desaparición de los cargos por itinerancia, con la consiguiente posibilidad de realizar llamadas y conectarte a Internet «como si estuvieras en casa» ha traído enormes beneficios para el viajero.
Abres Google Maps, indicas dónde quieres ir y, como por arte de magia, obtienes varias rutas que combinan distintos medios de transporte. Y teniendo parada de metro y de tranvía en la puerta del hotel…
Así lo hicimos para dirigirnos, por primera vez en tranvía, al Castillo Sforzesco, construido como fortaleza en 1368 y transformado posteriormente en palacio ducal, aunque quedaría prácticamente destruido durante la República Ambrosiana.



La familia Sforza se esforzó por convertir el castillo en una de las cortes más magníficas de Italia, aunque posteriormente pasó a manos de los españoles y austriacos y recuperó su antigua función militar. Con el decreto del 23 de junio de 1800, Napoleón ordenó la demolición del castillo y, en 1801, se abatieron las torres laterales y los bastiones españoles.




En la segunda mitad del siglo XIX el castillo fue objeto de discusión entre los milaneses, ya que muchos ciudadanos querían destruirlo para construir un lujoso barrio residencial. Sin embargo, prevalió la cultura histórica y el arquitecto Luca Beltrami ejecutó una importante restauración, devolviendo al castillo el aspecto que tenía en la época de los Sforza. La restauración fue finalizada en 1905, con la inauguración de la Torre de Filarete y el Parque Sempione, construido donde se encontraba la vieja plaza de armas. Durante la Segunda Guerra Mundial el castillo fue gravemente dañado.



A finales del siglo XX se construyó la plaza del castillo con una fuente inspirada en la que ocupaba este lugar con anterioridad, antes de ser destruida, en los años sesenta, por la construcción del metro. En 2005 se finalizaron las últimas labores de restauración en la zona del cortil y en las salas del castillo. Incluye numerosos museos, que dejamos para una próxima visita a la ciudad.

Junto al Castillo se ubica el Parque Sempione, un enorme espacio verde construido entre 1890 y 1893 y diseñado con el estilo de los jardines ingleses. Posee más de 47 hectáreas en el que se puede encontrar, además de grandes zonas de césped repletas de árboles y vegetación, un agradable lago artificial que funciona como hogar para algunos patos.




El Parque Sempione es un rincón verde muy agradable que tanto turistas como locales utilizan para tomarse un respiro y descansar durante los días más calurosos. La única desventaja es que los árboles sólo dan sombra a las zonas ajardinadas, por lo que la mayoría de los caminos se encuentran expuestos al sol, algo que no era un problema en aquella nubosa tarde milanesa.



En él se encuentra el Arco della Pace, que comenzó a construirse en 1807 para conmemorar las victorias de Napoleón. No obstante, su construcción fue interrumpida y retomada en 1826 para celebrar la paz de 1815.



Salimos del Castillo dispuestos a pasear hasta la Piazza Mercanti, una de las más bonitas de Milán, en la que se encuentran algunos de los edificios medievales más conocidos de la ciudad.


En nuestro camino nos encontramos un cartel indicativo de la Iglesia de Santa María delle Grazie, que tendríamos que visitar días más tarde para la visita al Cenacolo Vinciano. Era una buena oportunidad para conocer su ubicación.


La iglesia fue construida en 1463 por mandato del Duque Francisco Sforza como parte de un convento dominicano. El arquitecto original fue Guiniforte Solari, siendo Bramante la persona que en 1492 continuó la construcción de los ábsides semicirculares, una majestuosa cúpula, un claustro y el refectorio.

Algunos piensan que Santa María delle Grazie no destacaría sobre el resto de las iglesias de la ciudad si no albergara la conocidísima pintura de La Última Cena que cada día acuden a ver cientos de turistas. Sin embargo, no nos arrepentimos de visitarla, pues nuestra posterior visita se centraría en dicha obra.

Justo enfrente de la iglesia encontramos una parada en la que tomar, de nuevo, un tranvía que nos llevara a nuestro destino inicial. Y así lo hicimos. Rápidamente nos encontramos en Piazza Cordusio, inicio de la Piazza Mercanti, a escasa distancia del Duomo.

Aunque durante la Edad Media la plaza constituía el centro comercial y gubernamental de Milán, en la actualidad se trata de un agradable rincón medieval en el que se pueden contemplar curiosos edificios.

Entre estos destacan el Palazzo della Ragione, inaugurado en 1233 para albergar los tribunales de la justicia de la ciudad. Y el Palazzo delle Scuole Palatine, convertido durante el Medievo en la escuela superior más prestigiosa de Milán, a la que acudieron gran parte de los ciudadanos notables de la época.


En la parte exterior de la plaza, frente al Palazzo della Ragione, se encuentra el Palazzo dei Giureconsulti, sede de la Cámara de Comercio. El reloj de la torre fue el encargado de indicar el horario comercial de la ciudad durante muchos años.

La Galleria Vittorio Emanuele II, también conocida como El Salón de Milán, se merecía una visita menos fugaz que la que hicimos durante la comida. Se trata de una galería comercial diseñada en el siglo XIX en la que se encuentran las tiendas más famosas de Milán. El edificio, construido entre 1865 y 1877, está formado por dos arcadas perpendiculares cubiertas por una bóveda de vidrio y hierro.

Esta Galería alberga tiendas de importantes firmas como Prada, Gucci, Versace o Louis Vuitton, además de pequeños locales comerciales menos conocidos. También acoge agradables restaurantes entre los que se incluyen algunos de los establecimientos más antiguos de Milán, como es el caso del histórico Café Biffi, fundado en 1867.

En el techo de la bóveda central de la galería hay un extraordinario mosaico que representa los continentes de Asia, África, Europa y América. Además, en el octágono central de la galería se encuentra un mosaico que muestra el escudo familiar de los Savoia con un “famoso” toro.



Según la tradición, tendrá buena suerte aquel que dé un giro completo por encima del toro, con el pie derecho y con los ojos cerrados. Si se hace el 31 de diciembre a las 24:00 horas, ¡la suerte durará todo el año nuevo!

La galería se encuentra ubicada entre dos de los principales monumentos de Milán; la Catedral y el Teatro alla Scala. Era otra buena oportunidad de «calentar motores» para uno de los principales motivos de nuestra visita, además de disfrutar de la ciudad de Milán.


La Plaza de la Scala se encuentra entre el Teatro alla Scalla y la Galería Vittorio Manuel y es un agradable espacio que suele estar muy animado. En el centro de la plaza se encuentra una gran estatua de Leonardo da Vinci y alrededor de ella los turistas se relajan en los bancos rodeados de arbustos.

Tras la visita a la plaza nos dirigimos a la zona de los Navigli, un buen sitio para visitar y cenar.

Hace mucho tiempo, Milán era navegable y el agua recorría varios canales que cruzaban la ciudad en un sistema ideado por el mismísimo Leonardo Da Vinci a finales del Cuatrocientos con el objetivo de poder llegar desde los grandes lagos, como el de Como, hasta el mismo centro de la ciudad. De hecho, gracias a ello se pudo transportar por barco las enormes piedras de mármol que sirvieron para la construcción del Duomo.


De aquellos tiempos se conservan sólo dos canales ya que en 1930, por razones de higiene y comodidad, se decidió sacar el agua de los canales y convertirlos en calles. Lo que podemos ver hoy en día es el “Naviglio Grande”, que se construyó en 1177, y el “Naviglio Pavese“, que data del Trescientos.

Junto a los canales de Navigli pudimos ver el arco de Ticino y Basílica di Sant´Eustorgio, famosa porque la leyenda cuenta que en su día albergó los restos de los Reyes Magos de Oriente. Cuenta la historia que Eustorgio quiso ser enterrado al lado de los restos de tan célebres personajes que se encontraban en Constantinopla. Los hizo traer y los metió en un colosal sarcófago de piedra. Después, cuando las tropas del Emperador Federico I Barbarroja entraron en Milán saquearon la Basílica y a día de hoy los restos mortales de los Reyes Magos se encuentran en Colonia.


Toda la zona se ha convertido en área de moda nocturna y era el sitio perfecto para celebrar, por adelantado, una fecha muy especial. El lugar escogido fue La Tradizionale (Ripa di Porta Ticinese, 7), en el comienzo de la séptima calle más importante en el mundo para la vida nocturna, según el New York Times.

Unos exquisitos tagliatelle y una suculenta pizze Pescatora fueron el acompañamiento ideal de una cena en el que el verdadero acompañamiento perfecto era la compañía con la que habíamos disfrutado de aquel primer y completo día en Milán.



















