Granada 2018 (y 3)

Sí, el sitio elegido era el Cunini, que se nos había resistido la noche anterior.

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La mañana había sido intensa en visitas, y elevada de temperatura, y era necesario reponer fuerzas. Y se repararon, aunque una «inoportuna» llamada telefónica, sin más consecuencias, estropeó el momento del postre.

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Al terminar la comida, la hora y el calor nos invitó a hacer un alto en el camino, dada la cercanía del hotel. Eso sí, tras un reparador café a espaldas de la Capilla Real y el que se convertiría en tradicional helado en «Los Italianos».

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Era media tarde y quedaba mucho por ver. Para empezar, el último de los monumentos andalusíes incluidos en nuestra ruta, el Corral del Carbón.

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Este edificio fue una alhóndiga, fundada por Muhammad V, un lugar de albergue y almacén de comerciantes y mercaderes llegados desde lejanos lugares. Tras la conquista fue una hospedería, almacén de carboneros y corral de comedias.

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Destaca el arco de herradura por el que se entra al zaguán cubierto por una bóveda de macárabes y el pilón que hay en el centro del patio.

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Callejeábamos rumbo a la Iglesia de Santo Domingo de Granada, que presenta varios estilos arquitectónicos (barroco, gótico tardío y renacentista) y que forma parte del Monasterio de Santa Cruz la Real.

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Precede la entrada de la Iglesia un pórtico de piedra con tres arcos de medio punto sobre columnas dóricas y en sus enjutas campean las iniciales de los Reyes Católicos, el escudo de éstos, el del Emperador, y el lema «Tanto monta» en el centro.

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Por encima del pórtico se abre una ventana de dos arcos, separados por una columnilla, inscritos en otro profusamente decorado, en cuyas enjutas aparecen Victorias esculpidas. Aquí, tenía su sede el Tribunal de la Santa Inquisición y se enterraba a las familias nobles de la ciudad.

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De aquí a la basílica de la Virgen de las Angustias, Patrona de la ciudad, construida cerca de 1617, dirigida por Juan Luís Ortega y de estilo barroco, que alberga en ella el segundo camarín que se construyó en España, de la misma fecha que la basílica.

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De su fachada podemos destacar la Piedad de Bernardo y José de Mora. En su interior, podremos disfrutar de estatuas obra de Pedro Duque Cornejo, lienzos de Miguel Jerónimo de Cieza o Juan Leandro de la Fuente así como de un gran altar realizado con mármoles y piedra serpentina.

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La Patrona de la Archidiócesis de Granada es obra de Bernardo de Mora aunque fue intervenida por el escultor Pedro Duque Cornejo. En septiembre son sus días grandes, el día quince se realiza la ofrenda floral y el último domingo su procesión a la Catedral metropolitana.

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Seguíamos disfrutando de un agradable paseo por las calles más céntricas de la ciudad. Nos dirigíamos, de nuevo, a la Plaza Nueva, donde no podía faltar la típica instantánea delante de algún importante edificio judicial, y de allí, a la Carrera del Darro.

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Teníamos previsto acercarnos a la Casa del Castril, sede del recién reabierto Museo Arqueológico Provincial. No sólo nos deleitamos con su magnífica colección, también con las increíbles vistas de La Alhambra desde su patio interior.

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Parecía que no pasaba el tiempo, pero iba apeteciendo tomarse algo. Una caña y una tapa de pescaíto frito en «Los Diamantes» no era mala opción.

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Pero a esas horas de la tarde no nos pasaría lo de la anterior, y terminamos la cena en el Cunini (por aquello de «tropezar dos veces en la misma piedra«). Las tapas de rigor fueron acompañadas por una ración de rabo de toro que no se lo saltaba un ídem.

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Vagamos por las animadas calles del centro para bajar la comida. Poca opción para la tranquilidad, pero se agradecía el bullicio que imperaba en la ciudad. ¿Café por la noche? Mejor un helado, ya puestos.

Poco que contar del día siguiente. Desayuno, de nuevo con churros, dejar el hotel y rumbo a Alcantarilla, que celebraba el día grande de sus fiestas patronales. Una parada técnica en Venta Quemada, para almorzar un plato del típico jamón de la Sierra de María, y una cerveza con los amigos antes de recoger a nuestra princesa y continuar con nuestra vida cotidiana.

El paréntesis en la ciudad granadina había merecido, y mucho, la pena. Volveremos, si nos dejan…

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