Hay quien defiende que el running es uno de los deportes más agresivos que existen con nuestra estructura corporal. Si uno lee el extenso listado de lesiones y dolencias que nos puede provocar, nos quedaríamos en la cama o en el sófa (puedes fastidiarte los tendones, puedes romperte los ligamentos, puedes machacarte la zona lumbar de la columna vertebral, puedes tener todo tipo de lesiones musculares, puedes padecer espantosos dolores de rodilla, puedes ver las estrellas al pisar el suelo, puede llevarte a la incontinencia urinaria, puedes morir de muerte súbita,…). Desde luego, tendré que pensar más seriamente en el calentamiento y estiramiento si no quiero morir en el intento.
También hay quien considera que el running admite ambiciosos y sacrificados proyectos deportivos y otros mucho más modestos con capacidad de generar tanta energía emocional entre sus adherentes. Y que todos los runners están en condiciones de desarrollar proyectos factibles de inclusión en un estilo de vida, de competir exitosamente (por ejemplo, contra sí mismos) y sentir que progresan y mejoran su vida.
No tenía yo en cuenta ni lo uno ni lo otro cuando el 4 de julio de 2016 eché a correr. Pero esa historia la contaremos más tarde…
Finaliza el primer semestre de este 2018 que contabiliza 124 sesiones, repartidas, por meses, del siguiente modo.

En ellas se ha recorrido un total de 947,16 kilómetros, invirtiendo para ello un tiempo de 94 horas, 6 minutos y 58 segundos. Este es el resumen del semestre:
Enero-junio 2018
124 sesiones
94 h 06 ‘( 45’ promedio)
947,2 km (7,6 km promedio)



Distancia y tiempo que suponen una velocidad media de 10,06 km/h y un ritmo medio de 5,96 min/km.


Las perspectivas de superar los más de 1.500 kilómetros del 2017 son positivas. Pero los imponderables pueden acechar esta buena tendencia en cualquier momento. Esperemos que todo siga como hasta ahora.
Retomando el inicio de esta entrada, no se preveía que lo que empezó hace dos años alcanzara estas cotas. De hecho, es la primera referencia en este post a nuestras andanzas correriles. Es, por ello, un buen momento para echar la vista atrás.
Nuestro gusto por la estadística, que ya pusimos de manifiesto con la referencia a nuestras participaciones en el Supermanager, nos hizo que comenzáramos a contabilizar las sesiones desde la primera, cosa que no sucedió con distancia y duración de las mismas (se inició su recuento el 29 de octubre de 2016).
Ello hace que tengamos certeza de las sesiones realizadas hasta el pasado 31 de junio, 470, pero no de la distancia total (que suponemos por encima de los 3.000 kilómetros) ni de la duración total de las mismas.
Recogemos, por lo tanto, los datos «totalmente parciales» desde ese día de finales de octubre de 2016, que incluyen 382 sesiones de entrenamiento, con una duración total de 11 días, 12 horas y 12 minutos y una distancia total de 2.733,7 kilómetros.





La mota del río ha sido nuestro escenario continuo, al margen de alguna sesión en La Azohía, la de Santander por la playa del Sardinero y las memorables de Los Angeles, Las Vegas y San Francisco. Estas cuatro últimas quedarán para siempre en la memoria como una experiencia irrenarrable.



















