Dicen que fuimos, en octubre de 2015, el primer grupo escolar que transitó por el Caminito del Rey tras su reforma integral y su apertura al público por parte de la Diputación de Málaga el 28 de marzo de ese mismo año.

La festividad de Santo Tomás de Aquino, a finales de enero de 2016, era una ocasión perfecta para repetir visita, esta vez en familia. Para la ocasión nos alojamos en Ardales, el que fue impenetrable reducto del rebelde Omar ben Hafsun. Una bella localidad desde la que a punto se estuvo de cambiar la historia de España.
Rodeada de bellos entornos naturales e importantísimos yacimientos arqueológicos, en sus cercanías se perdió el corazón del más grande rey de Escocia.
Tras partir hacia tierras andaluzas después de finalizar el trabajo, comimos en Venta Quemada. Lo cierto es que comimos tanto que nos fue imposible cenar, una vez instalados y paseando por las calles de la localidad.
Conocido es por todos nuestra tendencia natural a la escalada en los primeros instantes de nuestras escapadas… «Por suerte», Ardales está al pie de una gran peña con ruinas de viejo castillo, en las cercanías del río Turón, a caballo entre las estribaciones norteñas de la Serranía de Ronda (sierra de Alcaparaín) y la depresión de Antequera (complejo de embalses del Guadalhorce).

La fisonomía que presenta es de calles sinuosas y casas blancas encaladas de dos plantas. El monumento más notable es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios, de finales del siglo XVI. En 1720 se construyó otra nueva Iglesia sobre la anterior y en su arquitectura destaca su portada barroca y un bello frontón curvo partido y cuyos brazos flanquean una hornacina. La torre es cuadrada con balaustrada y rematada con un capitel revestido de azulejos. El interior es de tres naves, con la principal cubierta de armadura de madera, y una bóveda ochavada en el presbiterio.

En la parte baja del pueblo se levanta el convento de los Capuchinos, de los siglos XVII y XVIII, cuya iglesia tiene en su exterior una espadaña rematada por almenas.
Nada dejamos de ver en esta primera jornada, en la que anocheció enseguida, y en la que el frío tampoco alentaba mucho estar en la calle.
A la mañana siguiente visitábamos el Caminito del Rey. Llegamos con tiempo más que suficiente para visitar el embalse Conde de Guadalhorce, que empezó a construirse en 1914 bajo la dirección del ingeniero Rafael Benjumena, a quien se le concedió posteriormente el titulo de Conde de Guadalhorce.

En esta ocasión sí localizamos el “Sillón del Rey”, un conjunto de dos bancos, un sillón y una mesa, todo hecho en piedra, que fue construido para que el rey Alfonso XIII firmara la culminación de las obras del embalse Conde de Guadalhorce el 21 de mayo de 1921.



El Caminito del Rey es un paso construido por la Sociedad Hidroelectrica del Chorro en el desfiladero de los Gaitanes, a principios del siglo XX, para comunicar dos centrales hidroeléctricas, la del Salto del Gaitanejo y la del Salto del Chorro.


Las obras se llevaron a cabo entre 1901 y 1905. Su nombre proviene de la visita de Alfonso XIII en 1925 para la inauguración de una presa cercana. No se sabe si lo cruzó entero pero si que al menos lo visitó por lo que se le empezó a llamar Caminito del Rey.


Esta senda sirve hoy de límite entre los términos municipales de Ardales, Álora y Antequera.




El Caminito no es una senda cualquiera. Se trata de una pasarela peatonal colgada de la roca y en ocasiones a más de 100 metros. Desde ella se ve un paisaje impresionante que siempre ha atraído a muchos visitantes, más si cabe desde su reforma y apertura al público.






Con el cierre de las centrales, el Caminito del Rey quedó abandonado a su suerte durante bastantes años. Poco a poco se fue deteriorando a medida que la zona se hacía más conocida tanto para excursionistas como para escaladores que lo utilizaban para acceder a las múltiples zonas de escalada que hay por la zona.





En los años 90, presentaba un estado de deterioro extremo que desaconsejaba transitar por el. Aun así muchas personas seguían haciéndolo e incluso había empresas de turismo activo que lo publicitaban utilizando su peligrosidad como un aliciente más.



Varias desgracias personales, la última de ellos en el año 2000, hicieron que la Junta de Andalucía demoliese un tramo de unos diez metros en cada uno de los accesos e impusiera fuertes multas al que transitase por el Caminito de Rey o por las vías del tren cercanas que en aquella época se utilizaban para salir de la zona.

Tras un largo proceso administrativo de más de diez años, el Caminito del Rey fue totalmente reconstruido y preparado para los visitantes. La nueva instalación abrió en marzo de 2015 y desde entonces es un éxito a nivel de visitantes.




Una vez pasado el punto de acceso que se halla en la entrada norte, nos dispusimos a recorrer, sin prisas, esta senda aérea construida en las paredes del Desfiladero de los Gaitanes, un camino adosado al desfiladero con una longitud de tres kilómetros, a una distancia media de 100 metros sobre el río.




Realmente, el recorrido total del Caminito es de 7,7 kilómetros., de los cuales 4,8 son de accesos y 2,9 de puerta a puerta de las pasarelas.






El hecho de que el recorrido sea lineal y no circular nos obligó a utilizar el servicio de lanzaderas de autobús que nos condujo al parking donde habíamos dejado el coche a tiempo justo para comer.



Tras la comida nos dirigimos a Bobastro, un conjunto arqueológico medieval que data de los siglos IX y X, entre los que destaca la iglesia rupestre mozárabe, de planta basilical con tres naves y arcos de herradura, toda ella excavada en la roca y anexa a un complejo eremítico conventual, construida en torno al año 917 después de Cristo.

Fue descubierta por F.J. Somonet en 1869 y excavada por G. de Mergelina en 1927. Bobastro fue la ciudad que construyó Omar ibn Hafsún en un lugar inexpugnable como centro de operaciones en su lucha contra el emirato de Córdoba.





Aunque el templo es la parte más conocida y quizá la más espectacular, el yacimiento ocupa lo que es todo el entorno de “Las mesas de Villaverde”, que es como se conoce este lugar. El yacimiento engloba el templo rupestre y una pequeña cantera situada junto a éste, todo ubicado en el lugar donde se encuentra el templo.


Visitamos Álora en un «abrir y cerrar de ojos». Sin bajar del coche, vamos, pues no vimos ni el lugar ni el momento para aparcar.


De vuelta en Ardales nos dirigimos a «La tienda del turista«, una coqueta cafetería donde, amablemente, María del Mar, de Ardalestur, que también gestionó las entradas al Caminito, nos había invitado a merendar. Aunque no pudimos saludarla en persona, sí que le transmitimos nuestro agradecimiento a su familiar que regentaba esta cafetería.
Teníamos tiempo suficiente para realizar alguna compra y terminar de visitar Ardales antes de que cayera la noche.















