Tras el desayuno nos dirigimos al Centro de Interpretación de la Prehistoria, ubicado en el antiguo Museo Municipal de Ardales, a la entrada del municipio. El centro ofrece a los visitantes la posibilidad de descubrir los modos de vida de nuestros antepasados desde tiempos prehistóricos, su expresión gráfica a través del arte rupestre, sus creencias y sus relaciones sociales.

Alberga una exposición permanente en seis salas: los orígenes y evolución humana; la Cueva de Ardales; los pastores y campesinos del Neolítico; los poblados de la Edad de los Metales; los distintos rituales de la muerte; y la cultura y el arte.

Cuenta con un espacio audiovisual en el que se proyecta un documental sobre la Prehistoria del Guadalteba y la excavación ”in situ” de una necrópolis de la Edad de Bronce. Se trata de un recorrido por los vestigios de nuestros antepasados, así como un punto de partida de la Ruta de la Prehistoria que incluye, además de los yacimientos vinculados, el Centro de Interpretación Tartessos en Guadalteba, situado en la localidad de Almargen.

Era el punto de partida de nuestra visita a la Cueva de Ardales y a su arte rupestre Paleolítico…

La Cueva de Ardales, o de Trinidad Grund, fue descubierta en 1821 gracias a un terremoto que dejó libre la actual puerta de entrada. Trinidad Grund la adquirió y condicionó para su visita a mediados del siglo XIX, como complemento de su negocio termal instalado en la vecina Carratraca.


Citada en el Diccionario de Madoz de 1850, en 1918 recibe una visita por dos ocasiones del Abate Breuil, quien publica estudios de varias de las figuras pintadas y grabadas destacando su relevancia. A pesar de los estudios, la cueva cae en el olvido hasta 1985 en que se protege, se estudia y se reabre al público.

La Cueva conserva más de 50 figuras y otros símbolos pertenecientes al Paleolítico Superior (Solutrense y Magdaleniense, 18.000-14.000 a. de C.), casi todos localizados en la Galería del Calvario. Son figuras de animales, ciervas, caballos, cabras y un pez, grabadas en su mayoría con punzones o buriles de sílex. Otras están pintadas en negro, rojo y ocre-amarillo. También se han encontrado restos de época epipaleolítica (8.000 a. de C.) y del Neolítico-Medio-Final (4.000 a. de C.) en la Sala del Saco y en la Sala de Las Estrellas. En las Galerías Altas se conservan restos de enterramientos del Calcolítico. En general, los grabados y pinturas datan del Paleolitico Superior hace unos 20.000 años.

El recorrido interior de la cueva es superior al kilómetro y medio. En el destacan la Gran sala, la Galería del Arquero, la Sala del Lago, la Galería del Espolón, la Galería de los Grabados y la sala de las Manos, además de encontrarnos con laberintos de columnas, lagos permanentes y bellas formaciones de estalagmitas.

Finalizaba nuestra estancia en Ardales a media mañana y teníamos toda una jornada por delante. Nuestro próximo destino era Ronda, separada de Ardales unos cincuenta kilómetros por una carretera no en muy buenas condiciones.
El origen de Ronda se remonta más allá del Neolítico, ya que en la Cueva de la Pileta pueden encontrarse vestigios de arte rupestre. Tras pertenecer a los romanos y a los musulmanes, fue en el siglo XVIII cuando se construyó el monumento más emblemático de la ciudad, el Puente Nuevo, junto con la plaza de toros de Ronda.
Tras aparcar nos dirigimos al parque de la Alameda del Tajo, situado en las inmediaciones de la plaza de toros, la definición de la Ronda taurina por antonomasia. Se inauguró en 1795 y se considera Bien de Interés Cultural (BIC).


De ahí al mirador de Ronda y el balcón del “coño”, tan alto que no podrás evitar decirlo.

Nos dirigimos al centro de la ciudad buscando un sitio para comer. Una pizzería en la Plaza del Socorro fue el sitio elegido, y la cosa tendría «guasa» para unos cuantos días, incluyendo una visita al dentista.
Tras la comida continuamos nuestra visita por el puente más bonito del mundo (o casi), el Puente Nuevo. Junto al Arco de Felipe V, ambos conectaban el distrito de la ciudad con el distrito Padre Jesús (actual). Antes de la construcción de este puente, en el periodo medieval, la entrada a la ciudad se hacía desde el puente árabe o viejo, situado al lado de los baños árabes.





Antes de volver al coche pudimos contemplar el Palacio de Mondragón y la parroquia de Santa María Mayor.

Tomábamos, ahora sí, el camino de vuelta a casa. Pero no quisimos dejar pasar la ocasión de visitar la laguna de Fuente de Piedra, la más grande de Andalucía, que ofrece un privilegiado enclave para la reproducción del flamenco rosa, invernada y el paso migratorio de diversas aves.

Alberga la mayor colonia de flamencos en la Península Ibérica y la segunda en importancia en Europa. Con una extensión de 1.486,59 hectáreas, se encuentra situada en el municipio de Fuente de Piedra y pertenece al conjunto endorréico de lagunas de la zona de Antequera.

Debido al tipo de sustrato, la evaporación del agua hace que la sal quede cristalizada sobre la superficie. La explotación de este recurso, que se abandonó hacia la década de los cincuenta, se remonta hasta la época romana. Los antiguos diques, muros y canales empleados para tal fin resultan ser hoy imprescindibles para la nidificación del flamenco y de otras especies de aves acuáticas.

El paisaje de esta zona, de relieve muy suave y cubierto de campos de olivos y cereal, está dominado por la enorme laguna, en la que el interés ecológico por la importante colonia de flamencos que alberga, se le une la belleza paisajística de su extensa lámina de agua.


La cercanía a Mollina invitaba a pasar por ella. Primero, por adquirir unas botellas de su vino dulce natural («Carpe Diem«). Y segundo, por el cariño que le hemos tomado a esta pequeña localidad malagueña, sede del Certamen Nacional de Jóvenes Investigadores, que tantas alegrías nos ha dado desde la implantación del Bachillerato de Investigación en el IES «Alcántara».

















