Las fiestas de mayo de la localidad se presentaban como una buena excusa para una escapada de dos días (y medio). Habíamos barajado la opción, novedosa, de Alcañiz y su entorno, pero finalmente nos decantamos por Peñíscola y el suyo, pensando en Morella.
Peñíscola no era un destino desconocido para nosotros. Ya en el verano de 1989 habíamos pasado un fin de semana allí, de camino a Andorra, cuando un viernes, en Benicâssim, conocimos que nuestro primer destino sería Vera y tuvimos que tomar camino del sur para presentarnos en Vera el lunes siguiente…
Miércoles al mediodía, después de finalizar ambos la jornada laboral, cogimos el coche y salvamos los casi 400 kilómetros que nos separaban de Peñíscola. A media tarde ya estábamos instalados en el Hotel Boutique La Mar, cuya ubicación junto a las murallas del castillo y cuya terraza sobre el mar nos habían conquistado.

La ubicación de la ciudad ya es en si misma un prodigio porque se sustenta sobre una península absolutamente rocosa que está separada del litoral por un istmo de arena que hoy ha desaparecido por la construcción del puerto y otras instalaciones, pero que en tiempo del Papa Luna separaba el peñón de la costa.

Ya en la calle nos dirigimos a la zona fortificada, pasando por la plaza de Armas y avanzando por la calle de subida hacia el Castillo del Papa Luna, donde está la famosa estatua del Papa con la que todo el mundo quiere fotografiarse.


Había tiempo para algunas fotos, pues la hora no nos permitía visitar el Castillo, declarado Monumento Artístico Nacional en 1931.

Junto al castillo se encuentra el faro de Peñíscola, inaugurado en 1899 e integrado totalmente en el casco antiguo de la población.


Seguíamos paseando por las calles que daban directamente al mar, disfrutando de las maravillosas vistas. Pasamos por el bufador, una curiosidad geológica que consiste en un túnel natural excavado en la roca donde se asienta la ciudad, y por el que las aguas del Mediterráneo entran y salen continuamente, provocando estruendosos bufidos y elevaciones violentas del agua del mar en los días de temporal.

Es muy probable que al refugiarse en Peñíscola, Pedro Martínez de Luna (Benedicto XIII), considerado antipapa por el Vaticano, se diera cuenta de que este accidente geológico fuera un elemento disuasorio para quienes osaran asaltar el castillo donde se atrincheró.

Abandonamos, temporalmente, el recinto amurallado por la Puerta de Sant Pere para dirigirnos a la Plaza de Santa María y al paseo de Ronda.




A cada paso, dentro de las murallas de nuevo, empezamos a pasar por las localizaciones donde se rodaron algunas de las escenas que aparecen en Juego de Tronos.



Seguro que a alguna le encantó imaginar todo el montaje que supuso hacer allí las grabaciones y sentir la emoción de pasar por donde antes lo habían hecho algunos personajes como Tyrion Lannister o Lord Varys. Otros, por el contrario, eran más del Chiringuito de Pepe…



La Pulpería (Carrer Prado, 18) nos sirvió para reponer fuerzas. Un paseo por la playa y una copa en la maravillosa terraza del hotel pusieron fin a aquella primera tarde.



Amaneció cubierto la mañana siguiente…

Teníamos pensado visitar Morella. Situada en el norte de la provincia de Castellón, ha sido siempre un cruce de caminos importante entre el Valle del Ebro y el Mediterráneo y un lugar idóneo para el asentamiento de todo aquel que llegaba a estas tierras: íberos, musulmanes, romanos, cristianos, judíos y hasta algún que otro dinosaurio.
El Puerto del Querol, en la carretera N-232, es la principal vía de comunicación entre las comarcas castellonenses del Maestrazgo y de Els Ports y la aragonesa del Bajo Aragón. Entretenido sí que es, con esa gran cantidad de curvas de radio reducido, y más con la niebla que lo cubría aquella mañana de final de mayo.
Llegamos sobre las 11 de la mañana por la carretera procedente de Vinarós y cuando quedaban unos cinco kilómetros ya divisamos unas vistas espectaculares de la ciudad con el castillo dominando en lo alto, una imagen preciosa.



Tras aparcar, empezamos nuestra visita por la arteria principal de Morella, encontrándonos de camino el Ayuntamiento de la ciudad, de estilo gótico y que fue la antigua prisión. Seguimos un poco más y vamos a parar a una de las calles más bonitas: Blasco de Alagón, con sus bajos porticados que albergan gran cantidad de tiendas de artesanías, restaurantes y pastelerías.
La Plaza dels Estudis tiene una de las imágenes más bellas de Morella, con las típicas casas con los balcones de madera y el castillo de fondo.

De ahí nos dirigimos a la Basílica de Santa María la Mayor, de estilo gótico.



En su interior destaca la escalera que sube al coro y el órgano, considerado el más importante de la Comunidad Valenciana. También encontramos el Museo Arciprestal, que se encuentra en la sacristía.



Seguimos callejeando hacia el Convento de San Francisco, que durante algún tiempo también sirvió como cuartel militar. El acceso se hace a través del claustro, que fue de lo primero que se construyó.



La iglesia era el lugar donde antiguamente se guardaban los libros y cuentas de toda la comunidad comarcal en una caja con doble cerradura. Hoy en día ha sido restaurada y se utiliza como sala de conciertos y otros acontecimientos.

Para muchos lo más destacado de este convento es la sala capitular que alberga en una de sus paredes “La danza de la muerte”, una pintura en la que veinte personas bailan cogidos de la mano alrededor de un fiambre que tiene la tripa abierta, de la boca sale la “Fui quod estis, eritis quod sum”, “Yo he sido lo que sois, seréis lo que soy”.

Empezamos nuestra escalada hacia el castillo («Comienza puerto«). Hay quien dice que la subida no se hace dura por el hecho de ir haciendo zigzag…

El castillo data del siglo XIII y grandes civilizaciones y personajes ilustres han vivido en sus entrañas, siendo testigos de asedios y guerras que han ido cambiando el aspecto del mismo.
Se divide en tres niveles. El primero es el más cercano a la población y se integró durante las guerras carlistas. De el destaca la Torre de San Francisco, que recibe este nombre por el convento. A sus pies todavía podemos contemplar los restos de la antigua muralla musulmana. Otros lugares de interés en este nivel son la Puerta Ferrissa, el cuerpo de guardia, la Puerta de Barbacana y el camino cubierto aspillerado.


En el segundo nivel del castillo se encontraban la mayoría de los servicios, como la puerta principal que daba acceso a la fortaleza y el aljibe dónde se almacenaba todo el agua que se iba filtrando en la roca. Lo más destacado de este nivel es el Palacio del Gobernador, construido en 1713, tras la Guerra de Sucesión y sobre una antigua cueva prehistórica. Dentro se puede contemplar una maqueta que reproduce Morella y una exposición de los personajes que han pasado por el castillo (el Príncipe de Viana, Vinatea, Jaime I, Blasco de Alagón y el Cid).

También en este nivel encontramos la panadería, la prisión “El Cacho”, el asentamiento de artillería, varios cañones, el polvorín o la Torre de la Pardala, del siglo XIII-XV, que, según cuenta la leyenda, fue dónde estuvo presa durante siete años la heroína morellana Josefa Bosch, más conocida como “La Pardala”, ahorcada más tarde por el ejército francés durante la Guerra de la Independencia.



El tercer nivel es la parte más protegida del lugar ya que alberga las estancias reales, el cementerio, la torre del homenaje y la plaza de armas desde donde hay unas vistas impresionantes de la ciudad.

















