Había transitado en varias ocasiones por la rambla, en bicicleta, eso sí, pero nunca la habíamos recorrido a pie. Era el momento.
Desde La Azohía al Rincón de Tallante se puede recorrer la Rambla del Cañar, que en su día fue lugar de paso de los trabajadores de la mina y que, por ello, algunas de sus sendas se han llegado a conocer como el camino de los mineros.

La Rambla del Cañar llegó a formar parte del desarrollo económico característico de la zona. En sus tierras se pueden cultivar con cierta facilidad hortalizas, oliveras, algarrobos, almendras, palmitos, cebada, avena y guisantes, además de ser lugar de paso y pasto de rebaños de corderos.
La flora de esta zona es peculiar. Se pueden admirar pinadas, olmos, plátanos, eucaliptos, pinos doncel, higueras centenarias, palmeras, ágaves, grandes lentiscos y acantos salvajes, estos últimos muy extraños en el litoral murciano.
En esta ocasión no tomamos el paseo que sale desde San Ginés hacia la localidad de Isla Plana, sino la carretera entre ambas. Junto al camping de los Madriles, nos adentramos por un camino asfaltado junto a unos invernaderos, en dirección Noreste.


El asfalto termina junto a la depuradora y el camino se introduce en la rambla del Cañar, entre el cerro de la Panadera y el Cabezo del Horno, bajo la cueva del Caballo.

Nada más iniciar la marcha por la rambla nos encontramos, a la izquierda, una cascada procedente, casi sin duda, de la depuradora.


El camino por el fondo de la rambla está muy marcado y tiene bastante vegetación. Dejamos a la derecha las ruinas de un molino del siglo XIX y los restos de la antigua ermita, del siglo XVII.


Cuenta la leyenda que al pastor que llevaba a abrevar su ganado se le apareció la Virgen bajo un fuerte resplandor, pidiéndole que levantara en aquel lugar una ermita para su culto, motivó que se iniciase la advocación de Nuestra Señora de la Luz y su romería el segundo domingo de enero.
Vemos en la ladera la Cueva del caballo, un enclave documentado sobre ocupaciones de grupos de cazadores y recolectores del final del Paleolítico.

La vegetación se hace más frondosa cuando llegamos a la fuente del Cañar, donde se conserva un gran humedal, que da sustento a pinos, álamos y encinas, además de la típica vegetación de rambla, compuesta por cañaverales y baladres.





Atravesamos el Cañizal del Cañar y, más tarde, el acueducto de una antigua tubería de agua, contemplando las paredes de las Lomas de las Carrascas y su pico, Peñas Blancas, cuyo pico más alto alcanza los 627 metros de altura.


Es la cumbre más elevada de Cartagena, y está constituida por una pared calcárea de un kilómetro de longitud y una altura mínima de 80 metros. Desde ella se divisan las geografías de Cabo Cope, La Azohía y las sierras almerienses, pudiéndose llegar a ver en días despejados la costa de Orán, la Sierra de María, Cabo de Gata y Sierra Nevada.


Geológicamente se trata de un espejo de falla, ya que aunque su nombre lo recibe por su apariencia blanquecina su color es terrizo y sus capas blancas las debe a un liquen que la cubre en algunas zonas, un caso de criptógama compuesta, un alga microscópica y un hongo que viven sobre la superficie de las rocas.

Durante el recorrido es posible encontrar conejos, tejones, variedades de reptil y una vegetación formada por pinos, álamos, encinas, algarrobos, higueras, eucaliptos, palmitos, cañaverales, baladre, además de plantas aromáticas de tomillo, romero y lavanda.

Entre vegetación de cultivos de secano, seguimos por el disperso caserío de El Cañar eludiendo el atajo a la ermita, pasando un pequeño pozo. Finalizamos la rambla (en duro ascenso por una rampa asfaltada al Collado de la Cruz), con un pequeño encinar a nuestra derecha.

De regreso, en sentido inverso, tomamos el desvío que nos conduce a la nueva Ermita de la Virgen de la Luz, ante uno de los núcleos de población más importantes de la zona.


Ya sólo nos queda desandar el camino, teniendo cuidado, eso sí, de no interponernos en la trayectoria de las bicicletas que descienden de la rambla a considerable velocidad.

Esta vez, de regreso, abandonamos la carretera de Isla Plana y caminamos por el sendero que discurre junto a la playa.

Llegamos a casa tras recorrer más de 17 kilómetros en algo menos de cuatro horas.
















