La subida a la Colegiata de Osuna resultó ser un buen digestivo. Unos minutos antes de las cuatro de la tarde estábamos en la puerta listos para visitar esta joya arquitectónica del Renacimiento, tras volver a acercarnos a la antigua Universidad, ahora a la luz del día.

Tiene planta de salón, lo que le confiere un interior muy diáfano y luminoso, mientras que en el exterior tiene aspecto de fortaleza. Este aspecto exterior tan austero contrasta con la riqueza de alberga en su interior.
El complejo compuesto por la Colegiata de Osuna y el Sepulcro de los Duques es obra de dos grandes arquitectos: Diego de Riaño y Martín de Gaínza. Alberga en su interior una ingente cantidad de bienes culturales de diversa índole: pintura, escultura, orfebrería, retablos…

La mayor parte de estas obras de arte han sido realizadas por artistas de renombre: José de Ribera, Fabrizio de Santafede, Juan de Zamora, Hernando de Esturmio, Juan de Mesa, Martínez Montañés, Roque Balduque, Duque Cornejo, Pedro de Ribadeo…

El Sepulcro, lugar de enterramiento de los duques de Osuna, está situado debajo del retablo mayor y tiene todos los elementos de una iglesia pero en pequeño tamaño: capilla, sacristía, sagrario, cripta y patio.

Todo en este conjunto es interesante: el diseño arquitectónico, las yeserías que lo decoran, las obras de arte que lo exornan…





El interior consta de tres naves, la central más ancha que las laterales; están cubiertas con bóvedas vaídas, y el crucero con una gran cúpula sobre pechinas. Los pilares tienen columnas adosadas.

Todo el conjunto da la impresión de una enorme luminosidad y amplitud, que convierten a esta Colegiata en una de las más llamativas del conjunto de grandes iglesias que hay en la diócesis de Sevilla.
Sobre un presbiterio bastante elevado, se encuentra el gran retablo barroco, construido en 1764 por el maestro Juan Guerra, y con la imagen de la Asunción de la Virgen y de distintos santos, tallados por el escultor Juan Bautista Finache. Los dos púlpitos tienen un especial interés artístico: fueron tallados en mármol por el cantero Miguel Rejano en el siglo XVIII.


Son numerosas las capillas que se abren a las naves laterales de la iglesia. Es imposible describir detalladamente la enorme cantidad de obras de alta calidad artística que se conservan en estas capillas. Destacan entre ellas una escultura de Cristo Crucificado, ejecutada por Juan de Mesa en 1623, y una serie de cuadros de José de Ribera, quizás la colección más completa de este artista junto con las obras suyas que se exponen en el museo.




La visita a Itálica de aquella mañana nos iba a dejar con una buena excusa para volver a visitar Osuna. Había que decidir entre la visita a la Universidad, al Monasterio de la Encarnación o a la plaza de toros. Ayudó el hecho de que hubiera finalizado el horario de visita de las dos primeras.
La Universidad es un referente cultural en España, ya que su labor docente comenzó en el año 1548. De estilo renacentista. fue mandada construida por Don Juan Téllez-Girón, el Santo, y padre del primer Duque de Osuna.
El Monasterio de la Encarnación es un antiguo hospital rehabilitado por la Orden Mercedaria en 1626.

Tras las lluvias del día anterior, el tiempo acompañaba. Menuda tarde de toros hubiera sido aquella.





Tiempo para descansar y tomar café, que con las prisas por subir a la Colegiata había quedado relegado a un segundo plano.
Seguramente, en otras circunstancias, aquella noche no habríamos tomado más que algo ligero para cenar. Pero quedamos tan satisfechos con el Mesón del Rey Arturo, y con el propio Arturo, que al salir de comer ya habíamos reservado mesa para cenar.

Nos faltaban por probar unas taleguitas de langostino y rape y unas croquetas de choco, y no las íbamos a dejar para nuestra próxima visita…

Amanecía el viernes, 2 de noviembre. Había llegado el día de nuestra visita a la capital sevillana. Con Itálica vista el día anterior, pusimos en el navegador la dirección de un parking justito al lado de la Maestranza, punto de partida (y de llegada) de nuestro recorrido.

La visión del puente de Triana, a escasos metros, nos condujo hasta el Guadalquivir, y por él subimos hasta la Torre del Oro, con sus 36 metros de altura, que antiguamente servía para cerrar el paso mediante un tramo de muralla, que estaba unida con la Torre de la Plata, defendiendo el Alcázar.

Desde la Torre del Oro nos dimos un paseo en dirección al parque de María Luisa y la Plaza de España, no sin antes visitar el edificio de la antigua Real Fábrica de Tabacos, hoy sede de la Universidad de Sevilla.

La Plaza de España es un conjunto arquitectónico de visita obligada en la capital andaluza por su magnificencia y esplendor incuestionables. A todo esto se le suma el ambiente que hay. Niños jugando, parejas paseando en las barcas y los sevillanos y turistas disfrutando de un lugar para el esparcimiento, aunque no apto en los días de agosto como en nuestra visita, recién casados, a Sevilla…

Un homenaje a todas las provincias españolas en donde es obligado hacerse una fotografía en los azulejos de la tierra que a uno le vio nacer. En nuestro caso no faltó con el espacio dedicado a Murcia (¡qué hermosa eres!).


Aunque teníamos entradas para la catedral a las 12:15 horas nos dirigimos al centro neurálgico de la ciudad con antelación, paseando por los exteriores de los jardines del Alcázar y callejeando por el barrio de Santa Cruz, quizás el más famoso y transitado de toda la capital hispalense. Popular por sus calles, sus casas antiguas y señoriales, sus patios llenos de flores…
Faltaba una hora para la cita pero decidimos intentar entrar y ganar algo de tiempo, con resultado satisfactorio.
La Catedral de Sevilla, con su belleza sobria y atmósfera mística, te fascina con sus imponentes bóvedas góticas, el hechizo del Patio de los Naranjos, la singular Biblioteca Colombina, junto a una excelsa iconografía que comprende pinturas, esculturas, vidrieras y delicada orfebrería.

Las obras se iniciaron en 1403 con el propósito, por parte de los canónigos de la Sevilla de la época, de “hacer una Iglesia que los que la vieren labrada nos tengan por locos”, según quedó recogido en la tradición oral popular hispalense. Esa bendita locura se consagró como catedral en 1507, siendo, hasta la construcción de San Pedro del Vaticano, la más grande del mundo. Actualmente, con sus 76 metros de anchura y 116 de longitud, es la catedral gótica de mayor superficie del orbe.

La imponente y soberbia construcción, gótica, cuyo primitivo proyecto se cree que se debe al maestro Alonso Martínez, tuvo un inesperado contratiempo pocos años después de haberse edificado. El 28 de diciembre de 1511 falló uno de sus grandísimos pilares y se derrumbó parte de la bóveda central que cubría el crucero. Se destituyó a Alonso Rodríguez, que había ejercido el cargo de ‘Maestro Mayor’ entre 1498 y 1512, encargándose su reconstrucción al arquitecto Juan Gil de Hontañón, que bajo los dictados del marco estilístico inicial, pergeñó una nueva cúpula.

Estábamos en el interior de la catedral de Sevilla, a la que accedimos por un añadido neoclásico, una gran estancia expositiva y organizativa del espacio catedralicio.
La Catedral de Santa María de la Sede, a diferencia de lo que marca el canon gótico, no dispone de una cabecera en forma de ábside. Su planta conforma un perfecto rectángulo que ocupa el espacio donde se ubicaba la antigua alhama y en el que la luz natural penetra a través de las numerosas vidrieras.
De las cinco naves que dispone, la central y la del crucero son más altas que el resto. Para contrarrestar esta asimetría, a las naves exteriores se abren unas capillas, situadas entre los contrafuertes, que sirven para equilibrar en profundidad a la nave del crucero.
Encontramos la Tumba de Cristóbal Colon, del siglo XIX, situada tras la puerta del Príncipe, junto a la capilla de la Virgen de la antigua, en el lateral un enorme pintura mural de San Cristóbal.

En la zona este, detrás del altar Mayor, se encuentra la Capilla Real, renacentista del siglo XVI, en la que se venera la patrona de la ciudad, la Virgen de los Reyes, y están enterrados, el rey Fernando III el Santo, bajo el altar en urna de plata a cada lado los sepulcros de Alfonso X el Sabio, y el de su madre Beatriz de Suabia, sobre los que podemos ver sus imágenes.
En su nave central se ubican dos de las construcciones más significativas de la Catedral: el coro, rodeado por órganos de grandes dimensiones, y la Capilla Mayor, que cuenta con cuatro plantas y alberga el retablo mayor.

Este retablo, cuya construcción se inició en el año 1480, constituye una de las obras más relevantes en la historia del arte, dedicado a la Asunción de la Virgen rodeada de escenas de la vida de Jesús y del viejo testamento.

Sobresale de manera especial la escultura del crucificado Cristo del Millón, una obra gótica del siglo XII, y lo preside la Virgen de la Sede.

El Trascoro, entre las capillas llamadas de Alabastro, destacamos la de Inmaculada, con la imagen de esta Virgen, obra cumbre de Martinez Montañes, también denominada “la Cieguita”.
El conjunto de sacristías y salas situadas en la zona sur-este de la catedral es imponente. Estas salas accesorias para el culto a la Catedral, construidas en estilo renacentista durante el siglo XV, son hoy día un museo con cuadros de grandes pintores y una espléndida colección de orfebrería.
La Sala de Ornamentos constituye la antigua contaduría de la Catedral, donde se realizaba la gestión económica. Se accede desde la Capilla del Mariscal, cruzando una portada.
La Sala Capitular era el lugar de reunión de los canónigos. Se accede a ella desde el Antecabildo, junto a la Sacristía mayor, una pequeña sala cuadrada, con bella bóveda, paredes decoradas, con las relieves de las Virtudes, episodios del viejo Testamento y los cuatro evangelistas, tiene adosado un pequeño patio con una fuente.

Es de planta elíptica, de la mejor arquitectura del renacimiento español, bellamente decorada y con suelo que imita al del Campodoglio de Roma, diseñado por Miguel Ángel. Destaca un cuadro de la Inmaculada de Murillo, rodeándola, Santos sevillanos, Santa Justa, San Pio, San Hermenegildo, San Leandro, San Laureano , Santa Rufina y San Isidoro. Por debajo los relieves de las cinco Virtudes que debían poseer los canónigos: Justicia, Fe, Esperanza, Caridad y Misericordia.

La Sacristía Mayor es una verdadera iglesia, entre las capillas de San Andrés y Mariscal, de planta elíptica, con tres capillas, presididas por los cuadros de San Lorenzo, obra de Lucas Jordán, el Descendimiento de Pedro de Campaña y Santa Teresa de Zurbarán. En el muro, varias obras maestras de la pintura, como la Virgen de la Merced de Roelas, San Isidoro y San Leandro de Murillo, San Ignacio de Alonso Vazquez, entre otras. En la bóveda del crucero relieves en anillos, vemos en la parte alta, el Juicio Final, con las figuras de Cristo entre la Virgen y San Juan Bautista, la Corte Celestial con Profetas, Patriarcas, Santos y Ángeles.

En la parte baja están los condenados y en las pechinas los apóstoles y obispos. Se completa con grandes obras de orfebrería, como la Custodia de Arfe, las Tablas Alfonsies del siglo XIII y una gran colección de relicarios, junto a las imágenes de San Fernando de Pedro Roldán y la Inmaculada de Alonso Martínez.



A la Sacristía de los Cálices se accede por la capilla de los Dolores. Es de planta rectangular, la única que está trazada en estilo gótico, con elementos añadidos renacentistas. En ella se exponen los mejores cuadros de la Catedral, destacando el lienzo de Goya, Santa Justa y Rufina, en la cabecera, sobre la puerta de entrada, el cuadro del Cristo Crucificado, de la escuela de Zurbarán, en sus muros destacan varios cuadros renacentistas, siglos XV y XVI, obras de Alejo Fernandez, Alonso Vazquez, y Luis de Vargas, entre otros. En su interior unas vitrinas con una colección de cálices del siglo XVI al XX.

La Giralda es una de las atalayas más privilegiadas que tiene Sevilla, es uno de sus símbolos por antonomasia. Aunque ya la habíamos visitado en nuestra anterior visita relámpago, no podíamos dejar pasar la oportunidad de disfrutar, de nuevo, de su interior.


Sus 35 rampas nos condujeron a los 17 últimos escalones que nos situaran en la zona visitable del monumento. Pero si espectacular es por fuera, con sus casi cien metros de altura, coronada por el conocido como Giraldillo, aún más espectaculares son las vistas únicas e irrepetibles de la ciudad.






Salimos al exterior por el Patio de los Naranjos. Primitivamente era el patio de abluciones de la mezquita almohade, de forma es rectangular. El patio está decorado con naranjos y en él encontramos un púlpito donde predicaron santos como San Vicente Ferrer, San Francisco de Borja y los Beatos Diego Jose de Cadiz y Juan de Avila.

En el centro del patio hay una fuente de origen visigodo y en la fachada de la catedral se encuentra la puerta de la Concepción, con una representación de la Inmaculada.

Las calles de Sevilla eran ya todo un bullicio a esa hora del mediodía. Antes de comer, teníamos tiempo de visitar la Iglesia de El Salvador, la más grande de la ciudad, después de la Catedral. El edificio fue levantado sobre los restos de la Mezquita Mayor de la Sevilla del siglo IX, en el año 1340 y fue convertida en la parroquia del Salvador. Su construcción actual es de 1674 a 1712. La Torre-campanario tiene como base el antiguo alminar de la época califal.
Accedimos a ella por la plaza del Salvador, a la que da su fachada principal da, manierista, dividida en tres grandes portadas con tres puertas, correspondientes a las naves, en el latera la capilla del Carmen.
La iglesia se encuentra estructurada en tres naves de igual altura y un crucero cubierto por una cúpula de tambor poligonal, rematada por linterna. Su retablo Mayor es de grandes dimensiones y de estilo barroco. Fue realizado en los años 1770-1778 por Cayetano de Acosta y su tema principal es la Transfiguración del Señor.

A su izquierda destaca el Retablo y portada de la Capilla Sacramental, de estilo rococó, de Cayetano de Acosta, años 1756 y 1764, con representación de las alegorías de la Fe, Esperanza y Caridad. En el interior de esta capilla se encuentra la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, esculpida por Juan Martínez Montañés en 1615, sobre un altar de plata. En el lateral vemos a la Virgen de la Merced y San Juan, que procesionan durante el Jueves Santo.

En el muro derecho (de la epístola) se encuentra el retablo del Cristo del Amor. El Cristo del Amor, y Nuestra Señora del Socorro fueron esculpidos por Juan de Mesa en 1620, y son las imágenes de la hermandad que hace estación el Domingo de Ramos.

Tras pasear por los numerosos retablos que adornan este tesoro del Barroco español volvimos a la calle. Quedaba tiempo para acercarse a Mirador «Las Setas de Sevilla», una estructura de madera de moderno diseño que sobrevuela la tradicional plaza de la Encarnación.


Tiene unas dimensiones de 150 x 70 metros y una altura aproximada de 26 metros y ha sido diseñado por el arquitecto alemán Jürgen Mayer. Destacan sus 2 grandes columnas de hormigón que albergan los ascensores de acceso al mirador. Tras fuertes polémicas en la ciudad por su sobre-coste económico y por su diseño fue inaugurado el 27 de marzo de 2011.


Era el momento de comer. Tras intentar, sin éxito, reservar en La Moneda, nuestro amigo Jesualdo nos había recomendado Casa Román, en pleno centro del Barrio de Santa Cruz.

Todo un homenaje, bien ganado por cierto, después de aquella intensa mañana en la capital sevillana….















