Parecía que las lluvias habían abandonado la Marina Baixa. De hecho, lucía un sol que hacía días no veían en Guadalest. Tras un copioso desayuno casero, nos dispusimos a realizar una ruta de senderismo alrededor del Embalse de Guadalest, una joya de valor incalculable, tanto ecológica como paisajística.

Situado en un enclave mágico, el pantano esta rodeado por las montañas más significativas de la provincia de Alicante. Por un lado, la Sierra de Aitana, con sus 1.558 metros de altitud, el techo de la provincia. Por otro, las sierras de Serrella (1.359 metros), el Aixortá (1.219 metros) y el Ponoig (1.181 metros).

El embalse de Guadalest es un embalse de regulación del río del mismo nombre, y su presa tiene una altura de 94 metros, con una longitud de coronación de 236 metros. Su construcción finalizó en 1969, y está abierto a navegación, baño, riego, producción eléctrica y abastecimiento hídrico.


El río Guadalest es un río de corta longitud (nace en el Puerto de Confrides, a pocos km del pantano, y termina en el río Algar, en el término municipal de Altea), con un caudal muy irregular, que se origina en los diferentes barrancos, fuentes y manantiales que lo abastecen, y que llegó a causar daños importantes ene épocas de lluvia fuerte, por lo que la construcción del embalse estuvo motivada principalmente por las necesidades de regulación del caudal.
Comenzamos la ruta en el aparcamiento, para cruzar la presa por el camino coronal, con buenas vistas del Toll Estret, y seguir por la pista asfaltada de la solana (antiguamente camino de servicio para la construcción de la presa), pasando por las construcciones de la Casa de Gorgues.

En este lado el embalse presenta grandes entradas que corresponden a los barrancos existentes en la zona: Barranc del Racó, Barranc de la Coveta de Migjorn, Barranc del Castellet y Barranc de les Coves. Aunque hay varias entradas y salidas de acceso a construcciones de la zona, desde la pista que seguimos, la más importante es la que a nivel del Barranco de les Coves sale por la derecha para dirigirse hacia Castell de Castells; de esta pista, a nivel del Portet de Castells, salen los senderos que se dirigen hacia los altos picos de la Aixortá.

Seguimos rodeando el embalse, entre una bonita vegetación sobre la que señorea el bosque de pinos, y en la que cada cierto tiempo aparecían desprendimientos de tierras, sin duda fruto de las recientes lluvias. Llegados a la altura del Pla Roig ya estamos en la cola del pantano, aunque el sendero sigue por la ladera del barranco del río hasta alcanzar un puente (El Pontet) que nos permite cruzarlo.

Desde aquí nuestra ruta sigue hacia el sur, para llegar a las afueras de Beniardá, donde tras pasar por una fuente encontramos el acceso a la pista que baja hacia el embalse, convirtiéndose algo después en un bonito sendero, que cruzará los Barrancos de Beniardá (donde cruza el citado arroyo, sobre algunas piedras) y el Muladar, antes de continuar su camino por un precioso bosque con muy tupida y variada vegetación en la ladera de la Umbría del Castell, hasta alcanzar el lado sur de la presa del embalse.


Completamos la ruta en poco más de dos horas, tras recorrer los 9,22 kilómetros necesarios para volver al punto de inicio.


De vuelta al coche, nos dirigimos a la vecina localidad de Callosa d´En Sarriá para visitar las Fuentes del Algar, un conjunto de manantiales, presas, azudes, tollos y saltos de agua, existentes a lo largo de la garganta del Algar o el desfiladero en la partida de Sacos.


Si bien las surgencias de la parte más alta del barranco son inaccesibles, por lo angosto del desfiladero, sí nos fue posible andar por encima de un conjunto de presas, canales y azudes, rebosantes de agua tras las últimas lluvias. Espectacular, sin duda alguna, la Cascada del Tollo de la Caldera.


Las Fuentes del Algar evidencian un funcionamiento típicamente kárstico, con caudales que habitualmente oscilan entre 50 y 900 L/s, con puntas que han llegado a superar los 1.000 L/s. Los menores caudales se alcanzan en la época estival, mientras que los máximos se producen tras los periodos lluviosos.




Maravillados por el espectáculo de agua que acabábamos de contemplar era el momento de decidir dónde comer. Aunque la zona está perfectamente acondicionada para el turismo y no faltaban restaurantes, la bonanza del tiempo hizo que nos decantáramos por la cercana Calpe.


Dominando totalmente el paisaje de esta población se alza majestuoso el Peñón de Ifach, convertido en todo un símbolo de la zona. Se trata de un monte de roca caliza de 320 metros de altitud que durante siglos ha ejercido una fuerte atracción sobre el ser humano y las diferentes civilizaciones que han pisado estas tierras.


Hoy en día el Peñón de Ifach es todo un emblema de Calpe y uno de los parajes más hermosos y fotografiados de la Costa Blanca. Tras la comida, nada mejor que un tranquilo paseo por la base de esta mole.


















