Era nuestra última mañana en Moscú y teníamos hasta después de comer para realizar las últimas visitas antes de partir hacia San Petersburgo. Pero lo primero era terminar de preparar el equipaje y desayunar.

Más tarde, bajamos a recepción para hacer el check out y dejar las maletas en la consigna del hotel. Salimos a la calle y llovía. Por primera vez en el tiempo que llevábamos en Moscú. Y es que el tiempo nos estaba respetando hasta el momento.
Nos dirigimos, caminando bajo la lluvia, hacia el Museo de Bellas Artes Pushkin, uno de los espacios culturales más importantes de Moscú y el segundo museo más importante de Rusia, después del Hermitage de San Petersburgo. Lo hacíamos sin prisa. El museo abría sus puertas a las once de la mañana.

Situado en las inmediaciones de la Catedral de Cristo Salvador, es un complejo arquitectónico de siete edificios que reúne más de quinientas mil obras de arte. El museo fue fundado en 1912 bajo el nombre Museo de Bellas Artes del Emperador Alejandro III, pero cambió su nombre en 1937 para hacer honor al poeta ruso Alexander Pushkin.

El museo funciona en un complejo de construcciones que cumplen distintas funciones. En el edificio principal se exhibe pintura de los antiguos maestros y piezas originales de la Antigüedad y Oriente.



La Galería cuenta con muestras de pintura impresionista y posimpresionista y de los maestros franceses de principios del siglo XX.



El Museo de Arte Educativo incluye 750 copias de obras de arte del antiguo Egipto y el oeste de Asia, la antigua Grecia, Roma, la Edad Media europea y el Renacimiento cuyos originales se encuentran en los principales museos del mundo.





En el edificio de la calle Volkhonka 12 encontramos momias egipcias, vasijas romanas, sarcófagos y otras esculturas antiguas.



También hay obras medievales y renacentistas, incluyendo dibujos, monedas, grabados, documentos, libros e íconos bizantinos.




Las piezas más valiosas son tal vez las de Tesoro de Príamo, compuesto por numerosos objetos de metales preciosos encontrados en el sitio de la antigua Troya.


El Palacio de Volkhonka 14, por su parte, acoge pinturas de los siglos XIX y XX de artistas como Monet, Rembrandt, Botticelli, Renoir, Picasso, Van Gogh y Matisse.





















Nuestra visita coincidió con la exposición «Colección de la Fundación Louis Vuitton: Obras selectas». Del 19 de junio al 29 de septiembre, la Fundación Louis Vuitton presenta en el Museo Estatal de Bellas Artes de Pushkin de Moscú una importante selección de obras pertenecientes a su colección particular.

70 obras que van desde el año 1947 hasta la actualidad firmadas por una veintena de artistas internacionales entre los que cabe mencionar a Alberto Giacometti, Yves Klein, Jean-Michel Basquiat o Andy Warhol.

Esta exposición “Fuera de los muros” representa el anclaje y el compromiso de la Fundación con el arte moderno y contemporáneo. El recorrido se adapta a su ubicación, y favorece los conjuntos monográficos y las obras más emblemáticas, todos ellos combinados.





Existen dos salas dedicadas a la arquitectura de la fundación diseñada por Frank Gehry. Dibujos, vídeos y fotos panorámicas permitirán a los visitantes a esta exposición situar las instalaciones de la fundación en el corazón del Bois de Boulogne de París.



Una magnífica, y cultural, manera de despedirnos de Moscú, que recordaba nuestra última experiencia en Ámsterdam por lo intensa en visitas a museos.



A la salida la lluvia había cesado. Había que buscar un lugar para comer y el tiempo apremiaba. No era cuestión de tentar a la suerte y probar en algún restaurante en el que tardaran más de la cuenta en servir la comida. Por eso fuimos a lo seguro. Nos había gustado el ambiente (y la cocina) de Coffeemania (su cercanía al hotel era otro punto a su favor) y fue el lugar elegido para nuestra última comida en Moscú.


Llegamos al hotel con tiempo más que suficiente para recoger el equipaje y prepararnos para la salida. A la hora fijada el grupo se dirigió en autobús a la estación de San Petersburgo (Leningradsky Rail Terminal).
En el mismo andén nos despedimos de Katia, nuestra guía en Moscú, y nos montamos en el tren rápido «Sapsan» con destino San Petersburgo. Nos esperaban cuatro horas de viaje para salvar los 600 kilómetros que separan las dos ciudades rusas.

Ya de noche llegamos a nuestro segundo destino. Nos esperaba Artemio, nuestro guía local, que nos esperaba para recorrer en autobús el corto trayecto que separaba la estación del Hotel Novotel Centre St. Petersburg.
Llegábamos con el tiempo justo de cenar en el hotel y ocupar nuestra habitación. Nuestro primer, y ansiado, paseo por San Petersburgo tendría que esperar para mejor ocasión.















