Tras el desayuno, llegaba el momento de comenzar nuestra visita a la ciudad de San Petersburgo. Y para qué esperar más. Una de las joyas del viaje, el Hermitage, era nuestro primer objetivo esta mañana.
Hacia él nos dirigíamos por Nevski Prospect, la Avenida Nevski. Sin duda, la más importante y bulliciosa arteria de San Petersburgo. Se planeó a principios del siglo XVIII como la vía principal entre Moscú y Nóvgorod. Actualmente es una de las principales atracciones turísticas de la capital cultural de Rusia.
Pero ya hablaremos de ella, pues la recorrimos, paseando, en varias ocasiones durante nuestra estancia en la ciudad. Ahora, nuestro autobús nos condujo, sin prisa pero sin pausa, al Hermitage, situado en el corazón de San Petersburgo, entre el malecón del río Neva y la Plaza del Palacio.

Tantas veces vista en tantos programas de televisión, contemplarla y pasear por ella parecía un sueño. Y es que, por su ubicación, es uno de los espacios más visitados por los turistas que caen rendidos ante la majestuosidad y monumentalidad del lugar.

Este espacio ha sido escenario de importantes acontecimientos de una gran relevancia mundial como es el Domingo Sangriento en 1905 o de la Revolución de Octubre en 1917.



El edificio más antiguo del lugar es el Palacio de Invierno de los zares rusos, que es el que da el nombre a la plaza. A pesar de que su estilo es barroco conjuga a la perfección con el resto de los edificios vecinos cuya construcción es de estilo neoclásica.


En la zona sur de la Plaza del Palacio se encuentra el Edificio del Estado Mayor (1819-1829), una construcción con forma de arco y es de estilo Imperio que en el centro dispone de un arco de triunfo doble que está coronado con una cuadriga romana.

El centro de la plaza está ocupado por la Columna de Alejandro (1830-1834) que fue diseñada por Auguste de Montferrand. Es la columna de su estilo más alta del mundo con 47,5 metros de altura y un peso de 600 toneladas. Está decorada con granito rojo. Sobre la columna destaca el emblema de la victoria de Alejandro I sobre Napoleón, un ángel.

El Cuartel de Cuerpo de Guardias está asentado en la parte oriental de la plaza. Y el lado occidental está abierto hacia la Plaza del Almirantazgo.

Rápidamente nos dirigimos a la entrada del museo. Teníamos el privilegio de entrar al Hermitage antes de que, oficialmente, se abriera al público, y había que aprovecharlo.
El Hermitage ocupa cinco edificios unidos (el Palacio de Invierno, el Teatro de Hermitage, el Hermitage Pequeño, el Hermitage Viejo y el Nuevo Hermitage) que forman un hermoso conjunto arquitectónico.

Actualmente el Hermitage atesora más de dos millones y medio de objetos culturales y artísticos de los pueblos de Europa y Oriente desde los tiempos más remotos hasta el siglo XX.
La historia del Hermitage se inicia con Pedro el Grande, cuando adquirió varias obras de arte, entre las que se encontraban David despidiéndose de Jonatan, de Rembrandt y La Venus de Táurida. Se considera que el museo nació oficialmente en 1764, cuando un comerciante berlinés envió 225 cuadros a Catalina II en pago de unas deudas. Al recibirlos Catalina quiso que su galería no fuera superada por las colecciones de otros monarcas y comenzó a comprar casi todo lo que se vendía en subastas europeas.
El Palacio de Invierno, que pasó a formar parte del museo en el año 1922, fue durante dos siglos la residencia principal de los zares. Había sido construido para la emperatriz Isabel, hija de Pedro el Grande, y sus fachadas, el interior de la iglesia palaciega y la majestuosa escalera principal son un raro ejemplo del llamado barroco ruso del siglo XVIII. Sin embargo las salas del palacio son del siglo XIX, pues tras incendio de 1837 se reconstruyeron según la moda de la época. A pesar de que se convirtieron en salas de exposiciones no han perdido todo su esplendor.

En la visita puede seguir el curso de la historia del estado ruso, en un paseo guiado por las salas del Palacio de Invierno. La influencia de los valores imperiales y de la gloria está, constantemente, presente en su ornamentación.
Accedimos al museo tras pasar debajo de los graves tramos de arco de mármol blanco de la galería de la planta baja para encontrarnos en el enorme espacio de la escalera Principal (la Escalera Jordana), de dos pisos, en la proyección de la cual el talento del gran maestro del siglo XVIII Rastrelli se manifestó en todo su esplendor.









La sala de los mariscales de campo, creada entre 1833 y 1834 por Montferrand y restablecida después del incendio por Stásov, está adornada con los retratos de los jefes militares rusos.




La sala de Pedro I (sala Pequeña del Trono) está dedicada a la memoria del fundador del imperio ruso. Fue ejecutada según proyecto de Montferrand en 1833 y restablecida por Stásov, casi sin modificaciones.


En su centro, en un nicho semicircular, está dispuesto el lienzo alegórico “Pedro I con la diosa de la sabiduría Minerva”, obra de Amiconi. En él, la diosa le guía hacia nuevas hazañas. Le acompañan dos escenas del triunfo de las tropas de Pedro I en la guerra contra los suecos.

La siguiente sala, la de los Escudos, está presidida por columnas doradas de orden corintio. El emperador recibía a los mensajeros procedentes de las regiones de Rusia, esta sala tiene una superficie de mil metros cuadrados, allí está presente el águila bicéfala, que es el escudo de Rusia, y los escudos de cada una de las provincias rusas.








La Galería Militar del año 1812 es el espacio conmemorativo más conocido del Palacio y loa las victorias de las armas rusas. Fue construida según proyecto de Rossi y solemnemente inaugurada el 25 de diciembre de 1826 en el aniversario de la expulsión del ejército napoleónico de Rusia.


En sus paredes están dispuestos 332 retratos de valerosos héroes, generales durante la guerra de 1812 o ascendidos a ese grado inmediatamente después de terminada la contienda.

En la galería quedaron marcos vacíos para 13 generales perecidos, participantes de la campaña, cuyas efigies no fueron halladas.

Todos los retratos fueron ejecutados en el taller de G. Dawe, pintor inglés especialmente invitado a Rusia por Alejandro I para el cumplimento de esa labor.

La Sala de San Jorge (sala Grande del Trono) supone la culminación arquitectónica e ideológica de la enfilada de aparato Principal, que fue inaugurada el 26 de noviembre (9 de diciembre) de 1795 en el día de San Jorge.


Catalina II encargó el nuevo interior a Quarrenghi en sustitución de la sala barroca de Rastrelli, ya pasada de moda y no consonante con el espíritu racional de la época de la Ilustración.


Después del incendio, el emperador Nicolás I dispuso hacer la sala toda de mármol blanco, utilizándose para el revestimiento de las paredes y las columnas mármol blanco con vetas azulosas de Carrara. El ornamento del piso se repetía, como en un espejo, en el dibujo del cielo raso colgado, fundido de cobre y bañado con oro.


Encima del sitio del trono fue instalado el bajorrelieve de mármol, con la representación de San Jorge el Vencedor, obra del escultor italiano F. del Nero.


La Iglesia Grande, que en 1807 se convirtió en catedral, fue creada durante la edificación del palacio de Invierno por Rastrelli y consagrada en 1762 a la Resurrección del Señor.





Pasado un año, al ser trasladada a la iglesia la imagen de Cristo Redentor, el templo volvió a consagrarse, esta vez al Salvador de la Santa Faz.



Por el lado del canalillo de invierno a las Grandes salas de Techo Encristalado va adosada una larga galería abovedada, repetición de las Logias de Rafael en el palacio del Vaticano. Construidas en el siglo XVI por el arquitecto Bramante y exornadas por Rafael y sus discípulos.



Conforme a la disposición monárquica de Catalina II, entre 1783 y 1792 fueron recreadas en San Petersburgo por Quarenghi. El arquitecto las edificó junto al Hermitage Grande, enfrente del teatro del Hermitage en construcción, en todal correspondencia con los dibujos acotados hechos en Roma.

Todavía antes del inicio de la edificación, la emperatriz ordenó empezar la ejecución de las copias de los frescos del Vaticano. Realizadas sobre lienzos por el pintor romano Christopher Unterberger y sus ayudantes, en 1787 y 1788 fueron insertadas en las paredes, convirtiendo al Hermitage en una versión única del ahora casi perdido célebre monumento del Renacimiento italiano.

La sala Malaquita es una de las mas bellas. Creada por el arquitecto Alejandro Briulov, sus columnas, pilastras, chimeneas, lámparas de pie y mesitas están decoradas con malaquita de los montes Urales. El verde vivo de la malaquita, combinado con el brillo del dorado y el mobiliario tapiado con seda de color frambuesa, determinan la impresión fantástica de esta sala.




La Galería de retratos de la dinastía imperial de los Romanov permite conocer con todo lujo de detalles esta dinastía que gobierna el estado ruso desde el siglo XVII.

















