Había llegado el momento de realizar la visita a la Catedral de San Isaac. A veces el templo se llama museo no oficial de piedra de colores.

Las paredes internas del edificio y el piso están revestidas con azulejos de mármoles rusos, italianos y franceses y también sorprenden con su esplendor. Las paredes del templo están revestidas de mármol blanco con paneles decorativos de mármol verde y amarillo, jaspe y pórfido.


La cúpula principal en el interior está decorada con la pintura “Nuestra Señora de la Gloria”, obra de K.P. Bryullova y P.V. Cuenca Una paloma plateada, que simboliza el espíritu santo, flota bajo una cúpula sobre un cable de acero.

Aquí vemos docenas de mosaicos y pinturas pictóricas de los mejores artistas (P.V. Vasin, Vasily Shebuev, Karl Bryullov y Fedor Bruni). El templo está decorado con más de 300 estatuas, grupos escultóricos y relieves de Ivan Vitali, S.S. Pimenova, P.K. Klodt, A.V. Loganovsky y otros maestros.


Hay más de 60 mosaicos de maestros rusos para los que se utilizaron más de veinte tipos de piedras decorativas: pórfido, malaquita, lapislázuli y varias variedades de mármol. Las columnas del iconostasio del templo están revestidas de malaquita y Badakhshan lapis lazuli.


Hay tres altares en el templo. El altar principal está dedicado a Isaac de Dalmacia, el altar de la derecha está dedicado al Santo Gran Mártir Catalina, y el altar izquierdo está dedicado al santo príncipe noble Alexander Nevsky. El iconostasio del altar principal está revestido de mármol blanco, decorado con columnas de malaquita, detrás de él vemos una vidriera de colores “La resurrección de Cristo”. Las puertas reales también están decoradas con columnas y el grupo escultórico “Cristo en gloria”.




Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes no dispararon directamente a la cúpula del edificio, pero los fragmentos de conchas aún dejaron marcas en las columnas del pórtico occidental de la iglesia. Según una leyenda, muchos valores de los museos de la ciudad (esculturas, muebles, libros, porcelana) se almacenaron en los sótanos del edificio y, por lo tanto, sobrevivieron.


Una vez finalizada la visita nos trasladamos al Palacio Nikolaevsky, donde disfrutamos de un concierto exclusivo y privado a cargo del famoso grupo Peter´s Quartet (2 tenores, 1 barítono y 1 bass), laureado en concursos internaciones, que nos deleitó con varias piezas de compositores rusos (Tchaikovski, Berezovski y otros) y con un repertorio variado de canciones nacionales rusas e internacionales.




Una vez finalizado el programa musical, pasamos a otra sala del palacio donde nos esperan los tradicionales blinis rusos con caviar rojo, vodka, diferentes tipos de mermelada casera y té de samovar, un tradicional recipiente ruso.




La degustación se amenizó con un programa interactivo a cargo del grupo musical de palacio, que utilizaba los clásicos instrumentos tradicionales rusos. Al final, todo el grupo terminó bailando las populares danzas interpretadas por el grupo, en un fenomenal ambiente para, casi, poder fin a este espectacular viaje por Rusia.


Todavía quedaba tiempo para realizar las últimas compras, caviar incluido.


Y para visitar la Plaza del Palacio de noche, para ver el contraste entre su visión bajo un sol radiante y la iluminación nocturna.



Eso sí, estando en el centro de la espectacular plaza nos cayó un aguacero que nos empapó hasta los huesos. Toda la lluvia que parecía que iba a caer durante nuestros días de viaje se condensó en esos diez minutos…





Nos despedíamos de la ciudad, aprovechando para dar un último paseo por la ya familiar Avenida Nevsky.





De regreso al hotel tomamos unas cervezas en un local de la Avenida Nevsky cercano. Había que terminar de ultimar el equipaje para el regreso.


Último día de viaje y última salida para correr. El recorrido “habitual”, un poco alargado. Tiempo para desayunar y esperar la salida hacia el aeropuerto.


Maletas al autobús y última foto con Artemio, nuestro guía en San Petersburgo.

Quedaba por delante un “trepidante” regreso. Salida en vuelo de línea regular de la compañía Aeroflot SU-17, a las 13.50 horas con llegada a Moscú a las 15.10 horas. La espera en el aeropuerto de Moscú para el enlace con el vuelo SU-2604, con salida a las 18.15 horas y llegada a Madrid a las 22.30 horas. Todo ello, con sus correspondientes controles de seguridad y de pasaportes.

Y, a la llegada, traslado en autobús hasta Murcia, a la que llegamos sobre las tres y media de la madrugada… y lloviendo. Nos mojamos durante la espera del taxi que nos llevaría a casa más que en todo lo que llevábamos de año.
Finalizaba, así, un completo viaje a Moscú y San Petersburgo, dos ciudades distintas pero dignas de ser visitadas. Un viaje muy bien organizado y en mejor compañía.
Y finaliza, así, el relato de esta escapada. Como siempre, no sabemos si será la última. Por desgracia, la atención a las personas que más lo necesitan, por su condición de dependientes, cada vez es más complicada. No por falta de ganas ni de profesionales que garanticen un buen hacer. Los condicionantes son, obviamente, económicos. Las asociaciones que realizan tan eficientemente este cometido, realizando con mucho esfuerzo lo que debería hacer la administración pública, están siempre entre la espada y la pared. Dando un servicio de calidad a unos usuarios que tanto lo necesitan, y dando un poco de tranquilidad y confianza a sus familias, que tanto lo necesitan.
Sólo de esta manera nos podemos permitir alguna escapada de este tipo, que te ayude a seguir con el día a día, aunque en muchas ocasiones el cuerpo lo tengas en Moscú y la cabeza en Molina de Segura. Algo inevitable y que, frecuentemente, no te deja disfrutar plenamente del viaje, por mucho que las fotos se empeñen en parecer otra cosa. Estos días son claramente la excepción que confirma la regla. Pero esta, el batallar del día a día, no se cuenta en este blog. Ténganlo en cuenta.















