El fin del estado de alarma fue una buena excusa para quedarse en casa este fin de semana. Apetecía algo de aire puro para la tarde y el Parque Regional de Sierra Espuña parecía una buena opción. Manos a la obra. Busquemos una ruta “sencillita” y sin mucho desnivel que permita pasear sin más pretensiones. Voilà. La Senda del Dinosaurio, que conecta el área recreativa de La Perdiz con la pista forestal del Valle de Leyva.

Iniciamos la ruta junto al aparcamiento del área recreativa La Perdiz, atravesando un bosque típicamente mediterráneo, formado principalmente por pino carrasco y un sotobosque de romero, tomillo, jara, coscoja, carrasca, lentisco y enebro.

A los pocos metros aparece el Mirador del Barranco de Leyva, desde donde contemplas las mejores vistas panorámicas del sendero. Se presenta ante nuestra mirada un espléndido bosque, resultado de la restauración hidrológico-forestal que el equipo de ingenieros formado por Ricardo Codorníu, José Musso y Juan ángel de Madariaga realizaron hace más de 100 años. Observamos la garita del Turullón, el sanatorio y un horno de cal, así como la Sierra de Carrascoy al fondo. Tras esta parada, sigue la senda para adentrarte en un frondoso bosque de pinos, coscojas y romeros. Abre también tus oídos a los sonidos que te brinda la naturaleza.

Tras la breve parada, la senda nos adentra en un frondoso bosque de pinos, coscojas y romeros hasta llegar a una mina de agua y a su balsa de almacenamiento, que servían para regar las huertas de la zona y, más tarde, para abastecer al sanatorio cercano. La roca caliza que forma mayoritariamente la sierra es como una gran esponja que absorbe el agua de lluvia, creando ricos acuíferos en el interior de la montaña. Nuestros antepasados perforaron la sierra con este “túnel”, a través del cual manaba agua al exterior. El abuso de las extracciones de agua y los periodos de sequía han hecho que deje de salir agua al descender el nivel freático.

En este punto, el sendero cruza el Barranco de Leyva por medio de un peculiar puente colgante.


Dedicamos unos minutos a buscar la huella del dinosaurio que da nombre a la senda. Aunque la habíamos visto en fotos, no estamos seguros de haberla encontrado…


Tras cruzar el puente y observar el dique que se haya a su derecha continuamos el recorrido hasta llegar a la pista forestal que da acceso al Valle de Leyva, delimitado por el Morrón Chico y por las Paredes de Leyva, una de las mejores zonas para la práctica de la escalada del sur de España.
La ruta marcada en la aplicación ViewRanger proponía la vuelta por la pista, pero decidimos regresar por la senda. Era una buena oportunidad de volver a cruzar el puente, disfrutar de un denso bosque típicamente mediterráneo, ir acompañado del canto de las numerosas aves que pueblan estos árboles, y de la sorpresa final.

Dicen que mamíferos, aves, reptiles e insectos encuentran aquí un paraíso donde habitar. Mamíferos como el jabalí, el ratón de campo, la ardilla de Espuña o el zorro pasean bajo estos pinos en busca de alimento. Lo que no esperábamos era que un precioso ejemplar de zorro nos acompañara en nuestro paseo por esta peculiar senda.
















