León, Asturias, Salamanca 2021 (1)

Un cúmulo de circunstancias propiciaba unos días fuera de casa visitando parajes y ciudades nacionales. Y la ciudad de León, pieza clave del Camino de Santiago, era un buen inicio.

Tras recorrer los casi 750 kilómetros que nos separan de esta bimilenaria ciudad casi de un tirón, llegamos al hotel ávidos de descubrir su historia recorriendo sus calles y contemplando sus monumentos.

Estábamos junto a la Plaza de Santo Domingo. Junto a ella, la plaza de San Marcelo, en la que se ubican varios edificios interesantes, entre los que destacan la Casa de Botines, el palacio de los Guzmanes, la iglesia de San Marcelo, el ayuntamiento y el comienzo de la Calle ancha, arteria principal de la ciudad que conduce a la Catedral.

Sin duda, el que más llama la atención es la Casa Fernández y Andrés, más conocido como Casa de Botines. Este palacio neogótico, cuya autoría pertenece a Gaudí, se construyó en 1891 como edificio de viviendas y almacén de una empresa textil. Tiene cuatro pisos, un sótano y un ático y está reforzado en las esquinas con cuatro torres cilíndricas con pináculos. La entrada principal está custodiada por San Jorge matando al dragón. Es una de las tres obras que hizo Antonio Gaudí fuera de Cataluña. El Capricho de Comillas, visitado en nuestro viaje por Cantabria y el País Vasco en 2018, y el Palacio Episcopal de Astorga, que veríamos días después, son las otras dos.

La hora no era propicia para su visita, que dejamos para el día siguiente. Más bien era hora de comer, aunque de camino al sitio donde hacerlo podíamos seguir disfrutando de nuestros primeros pasos por la ciudad.

Justo delante de la Casa Botines hay una escultura de Gaudí sentado en un banco tomando notas. Como buenos turistas, no pudimos resistirnos a hacernos una foto junto a él.

A su derecha se encuentra el Palacio de los Guzmanes, construido sobre un antiguo palacio gótico mudéjar adosado a la antigua muralla de León.

La Calle Ancha ocupa el lugar de la antigua Via Principalis, que unía los accesos de la ciudad, y lleva directamente hasta la Catedral. Atravesando bares y restaurantes sin mucho sitio para tomar algo nos dirigimos a la Plaza Mayor, reconstruida a raíz de un incendio en el año 1654. Sus edificios con soportales tienen dos plantas, balcón corrido en la primera e individual en la más alta. Destaca entre sus edificios el que ocupa el Antiguo Consistorio.

Mamá Tere, una de las estrellas del Barrio Húmedo en la mismísima plaza mayor de la ciudad, parecía una buena elección para esta primera comida. Una ensalada de cecina y nueces con higos en almibar y una tabla de quesos para terminar degustando su carne de vaca rubia gallega dio forma a una, tal vez, primera copiosa comida en León.

Antes de volver al hotel y cumplir con la ora del coche teníamos tiempo para deambular por la plaza de la Regla y hacernos la foto de rigor con la escultura de bronce en las que se lee LEÓN.

Y también para visitar la Catedral de Santa María de la Regla, conocida como La Pulcra Leonina, construida hacia 1275 sobre unas termas romanas y una iglesia románica.

En su fachada occidental destacan sus dos bonitas torres góticas de casi 70 metros y que son diferentes entre sí por haberse construido en siglos diferentes. La Torre Norte, o Torre de las Campanas, es la más antigua. La torre sur, o Torre del Reloj, se hizo casi un siglo después. Entre ellas un gran rosetón con vidrieras del siglo XIII y por debajo el triple pórtico del siglo XIII dedicado a San Francisco, a San Juan Bautista y, el central, dedicado al Juicio Final.

Del interior destacan sus vidrieras, que ocupan casi mil ochocientos metros cuadrados de superficie, iluminando todos sus rincones.

Su coro de sillería de madera de nogal, con personajes del antiguo Testamento tallados en el siglo XV, es el más antiguo de España.

En el retablo gótico del altar mayor del siglo XV, se representa la vida de San Froilán. Frente a él, hay un relicario con sus restos. Hay varios sepulcros en la catedral recuperados de la antigua iglesia románica, como el del Rey Ordoño II de León o el del Obispo Don Rodrigo.

Salimos de la catedral para ver su claustro y el museo catedralicio. El primero es de finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, de planta cuadrada de unos 30 metros de lado, con proporciones cistercienses.

Regresamos al hotel para dejar aparcado el asunto del aparcamiento y descansar un poco. Las temperaturas de León no son las de Murcia, pero un 19 de agosto a las cinco de la tarde no son propicias para pasear a plena luz del sol.

De vuelta a la calle, recorrimos, por motivos sentimentales de lazos familiares, la Avenida Ordoño II en busca de una vivencia de la infancia. Sin duda, una de las calles más comerciales de la ciudad con cafeterías, restaurantes, sedes bancarias, franquicias comerciales, joyerías y muchísimas zapaterías. Sin encontrar el portal buscado en esta primera incursión llegamos al río Bernesga y contemplamos el Puente de los Leones, cuyo nombre se debe, obviamente, a los cuatro leones de piedra que lo defienden.

Nuestro próximo destino era la Colegiata de San Isidoro, un magnífico monumento del románico primitivo, rodeada en parte por la muralla.

Se construyó en 1057, sobre los restos de un primitivo templo romano y otra iglesia posterior, para albergar los restos de San Isidoro de Sevilla. En su exterior destacan las Portadas del Perdón y la del Cordero Místico.

Era obligada la visita a su museo, donde se encuentra el Panteón de los Reyes de León, maravilloso espacio conocido como la ”Capilla Sixtina del Arte Románico”, construido por mandato de Fernando I y Sancha como cementerio real, pues en él se enterraron 11 reyes, 12 reinas, 10 infantes, 9 condes y diferentes nobles.

Llaman la atención los capiteles, cargados de simbolismo, con escenas de la prefiguración de Cristo como la burra de Balaam o el sacrificio de Isaac así como las primeras representaciones de Cristo en nuestro arte medieval, en la resurrección de Lázaro y la curación del leproso.

Pero las joyas de este espacio son las pinturas, que destacan no solo por su estética sino por su técnica al fresco que dada su calidad técnica ha permitido que las pinturas lleguen a nuestros días en un maravilloso estado de conservación, pudiendo ser contempladas en el lugar para el que se crearon.

En la Sala del cáliz se haya un cáliz formado por dos piezas de ágata (ónix) datadas en el siglo I dC, de tipología romana.

Doña Urraca donó sus joyas personales para decorar estos cuencos a modo de relicario y darle la forma de un Cáliz. En la parte superior se introduce un cuenco áureo con decoración al exterior a base de cabujones de perlas, zafiros, esmeraldas, aljofares y un camafeo de pasta vítrea de estética romana entre otras.

Ambos cuencos de ónix se unen por un grueso nudo de oro de gran calidad y ocho tirantes. El nudo, organiza su decoración a base de cuatro placas romboidales con cruces flordelisadas de esmaltes de color verde, completándose con cabujones de piedras preciosas y las filigranas de caracolillos y tallos. En la base de este nudo, Urraca dejó constancia de que ella fue la donante, con una inscripción de filigrana de oro que reza: IN NOMINE DOMINI URRACA FREDINANDI, (en nombre del Señor, Urraca hija de Fernando).

Finalmente, pudimos acceder al adarve de la muralla romana y conocer mejor la historia del sistema defensivo de León en el tiempo. Un bonito paseo por la muralla tras haber visitado las distintas salas del museo que permite tener una visión más completa de la historia de la ciudad.

A la salida, y tras una breve pausa para hidratarnos, nos dirigimos hasta la plaza de San Martín, centro del Barrio Húmedo y una de las zonas más animadas de tapeo de la ciudad que no podíamos dejar de conocer.

Alejándonos un poco del casco antiguo de la ciudad, llegamos pasando junto al Convento de las Concepcionistas, a la plaza de Nuestra señora del Mercado o Plaza del Grano. Aquí se vendía en la antigüedad el grano y demás productos agrícolas. Parece como si retrocedieras a la época medieval por sus edificaciones y su suelo empedrado.

En el centro de la plaza hay una fuente de 1769 con las esculturas del escudo de León y dos niños, alegoría de la unión de los ríos Bernesga y Torío. Una Cruz marca el lugar en donde la leyenda cuenta que un pastor encontró la imagen de la Virgen. La Iglesia de la Virgen del Camino tiene trazas románicas y conserva en su interior la escultura de la Virgen del siglo XV.

Los cientos de kilómetros en coche y los miles de pasos por la ciudad invitaban a tomarse un más que merecido descanso. Una frugal cena de camino al hotel para preparar el asalto a los Lagos de Saliencia a la mañana siguiente.

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