Tras nuestra última noche en León tocaba preparar el equipaje y poner rumbo a Gijón, que sería nuestra base para nuestros desplazamientos por Asturias. Un temprano desayuno y, ¡en marcha!

En el diseño de nuestro viaje habíamos ubicado la ruta por las Foces del Pino de camino a la capital de la Costa Verde (León, Asturias, Salamanca (4). Foces del Pino).
Tras ella, retomamos la A-66 y antes de llegar a Oviedo giramos hacia el este para visitar la pequeña villa medieval de Salas, uno de los Conjuntos Históricos Monumentales más notables de Asturias y lugar de paso del Primitivo Camino de Santiago.
El Camino Primitivo de Santiago, es el que tomó Alfonso II el Casto en el siglo IX, primer peregrino del que se tienen referencias, para visitar la tumba del Apóstol Santiago, que se acababa de descubrir. Comienza en Oviedo y va hasta Santiago de Compostela por el interior del Principado de Asturias y Galicia.
Pasear por sus calles, a orillas del rio Nonaya, es un auténtico placer. En ellas puedes disfrutar de su arte, de la hospitalidad de sus vecinos y de la buena gastronomía asturiana. Empezamos por este último detalle…
La hora a la que llegamos a Salas invitaba a encontrar, y rápido, un lugar para comer. Estábamos en el centro neurálgico de la villa y encontramos pronto donde sentarnos en Casa Pachón, un buen sitio más que recomendable para quedar a gusto comiendo platos cien por cien asturianos. Eso sí, hay que ir con hambre porque el menú es muy contundente.
Primer contacto con la fabada, con el bocarte y con el requesón con miel.
Pero habíamos venido a ver Salas, y no de turismo gastronómico, así que comenzamos por una de las estampas más bonitas de ver, la Plaza el Ayuntamiento, a cuyo alrededor se encuentran la Torre, el Palacio de los Valdés-Salas y la Colegiata de Santa María la Mayor.
La Torre del Palacio de los Valdés Salas, del siglo XIV, tiene planta cuadrada y tres plantas con saeteras y pequeñas ventanas, con escalera de caracol que conducen a la azotea rodeada de almenas. Se une al palacio por medio de un puente que forma un arco que cruza la calle en él se ven los escudos de la familia Valdés Salas.
Junto a la torre se encuentra el Palacio o Castillo de Valdés Salas. Es un edificio civil de tipo popular y se construyó en el siglo XVI.
La capilla de Nuestra Señora de la Calle es de planta rectangular, con cabecera semicircular cubierta con una bóveda de cañón. En la actualidad acoge el Museo Prerrománico de San Martín, con interesantes piezas traídas de la iglesia del mismo nombre.
La Colegiata de Santa María la Mayor está justo al otro lado de la plaza. Es un bonito templo gótico-renacentista, mandado construir por Don Fernando Valdés-Salas finalizándose en el siglo XVI, con el añadido posterior de las dos capillas laterales y la torre, cerrado a esta hora de la tarde.
No nos quedaba más opción que pasear por las calles de la villa y ver el paso del río Nonaya y fijarse en sus casas.
Al cuarto Monumento Nacional que ver en Salas, la Iglesia de San Martín, es recomendable acercarse en coche, pero nosotros decidimos hacerlo a pie, lo que nos obligó a subir (cómo no) hasta ella salvando un impresionante desnivel, más si cabe después de la copiosa comida.
La iglesia primitiva es de entre los siglos VIII y IX, y fue reconstruida en el siglo XV y reformada entre el XVII y XVIII. Tiene una bonita puerta gótica de arco ojival con tres arquivoltas y réplicas de las piezas prerrománicas, cuyos originales habíamos visto en el museo del Palacio Valdés-Salas.
A su lado podemos ver el tejo de Salas, un impresionante árbol de 15 metros de altura. El tejo (o texu en asturiano) es el árbol sagrado de la mitología astur, tiene gran sentido religioso y es muy habitual verlo en ermitas y cementerios de la región.
De camino al coche adquirimos nuestras dos primeras botellas de sidra en un establecimiento que sirvió para hidratarnos tras la subida. Ya en él, pusimos rumbo a Gijón, llegando al AC Hotel by Marriott Gijón a media tarde. Una vez instalados, iniciamos la visita a la ciudad.
Era nuestra segunda visita a Gijón tras el viaje que realizamos con Charo y Juan Antonio. Tampoco en aquella ocasión estuvimos mucho tiempo. Ahora contábamos con una tarde-noche y había que aprovechar.
Comenzamos nuestro paseo por la Playa de Poniente, una playa artificial de 500 metros de longitud y fue inaugurada en 1994 en el lugar donde se encontraban los antiguos astilleros.
Al barrio de Cimadevilla (o CImavilla) llegamos por la plazuela del Marqués, presidida por una fuente en honor al Rey Pelayo y el Palacio de Revillagigedo, con la Colegiata de San Juan. Junto a la plazuela, un árbol de sidras, hecho con botellas de la bebida por excelencia del lugar.
Comenzamos a pasear por esta península que separa las dos playas gijonesas. Tras visitar la Oficina de Turismo nos encaminamos (subiendo, otra vez), al Cerro de Santa Catalina. Tras otear la Batería Alta de Santa Catalina, un proyecto de 1902 para defender la bahía gijonesa, pudimos ver una obra de Chillida que ha terminado siendo todo un símbolo de la ciudad de Gijón: el Elogio del Horizonte.
En este antiguo barrio de pescadores encontramos rincones casi mágicos que nos trasladan a otros tiempos, no parece Gijón, parece un pueblecito, con un montón de restaurantes y un ambientazo enorme a esta hora del atardecer.
La playa de San Lorenzo es sin duda una de las más frecuentadas de Asturias. Es una playa urbana de un kilómetro y medio, recorrida por un bonito paseo. Se encuentra delimitada al oeste por el Cerro de San Catalina y al este por la desembocadura del río Piles.
Seguíamos paseando por callejuelas y plazas con sabor añejo, y casonas como la natal de Gaspar Melchor de Jovellanos, gijonés ilustre que vivió en la segunda mitad del XVIII, que dejó un amplio legado de ensayos, poemas y teatro y fue pieza clave en la Ilustración española.
Jovellanos fue bautizado en la Iglesia de San Pedro. El edificio original fue construido en el siglo XV y fue el único templo parroquial de la localidad hasta el año 1893. La iglesia actual fue construida entre 1945 y 1955 tras la destrucción del anterior durante la Guerra Civil. Es estilo historicista, inspirado en el románico y el prerrománico asturiano.

Nos costó alguna que otra vuelta encontrar las termas de Campo Valdés. Su búsqueda nos permitió visitar la Plaza Mayor de Gijón, otro lugar de ambientazo con multitud de sidrerías y restaurantes afamados de Gijón, en la que encuentra el Ayuntamiento.
Tras localizar la escalera del rock aprovechamos para bajar al puerto deportivo y tomar una sidra. La Cuesta del Cholo nos pareció un lugar perfecto para hacerlo al atardecer.
De vuelta al coche, la foto de rigor con las famosas letronas y al hotel.


































