León, Asturias, Salamanca 2021 (8)

Teníamos por delante un día intenso. Y nuestro primer destino era la Villa marinera del Lastres, que ostenta el título de Pueblos más bonitos de España y Pueblo Ejemplar de Asturias 2010.

Si bien tiene el suficiente encanto como para merecer la visita, no es menos cierto que la serie “Doctor Mateo” terminó de ponerlo en el mapa. De hecho, tendríamos la ocasión de contemplar algunos de los escenarios más emblemáticos donde se rodó la serie.

Tras dejar el coche en el puerto, nos dirigimos al Mirador de San Roque para contemplar Lastres en su conjunto, pasando por la Iglesia de Santa María de Sábada, del siglo XVIII y remodelada a finales de siglo XIX, declarada Monumento Histórico Artístico en 1986. Nos tuvimos que confirmar con admirar su exterior, en el que destaca la torre campanario de planta cuadrada con tambor octogonal, de estilo barroco-rococó.

En lo más alto de Lastres se encuentra el mirador en el que se encuentra la Ermita de San Roque. Desde allí se ve gran parte de la costa oriental de Asturias, toda la villa de Lastres, la playa de la Griega, la playa de la Isla y la de Vega y la Sierra del Sueve como telón de fondo.

Bajamos hacia el puerto, dejándonos llevar por calles empedradas y perdiéndonos en ellas, descubriendo así sus plazas, rincones y un sinfín de miradores… Y la casa del Doctor Mateo, de la maestra Adriana Pozuelo y la famosa Taberna de Tom o, por lo menos, el edificio que le daba vida.

Todas sus casas, colocadas en la ladera, tienen una espléndida vista al mar Cantábrico y la Sierra del Sueve. Algunas de ellas se encuentran decoradas con grandes blasones de piedra, y otras, más sencillas, con el mismo encanto.

Imposible no ver en Lastres la Torre del reloj, que se construyó en el siglo XV como torre vigía del puerto. La torre de mampostería que vemos hoy en día, es el resultado de la reforma del siglo XVIII. Tiene base cuadrada y cuatro cuerpos, estando el reloj en el tercero, con tan sólo tiene una aguja.

Llegamos al inicio del puerto de Lastres, uno de los principales de Asturias desde mediados del siglo XVI debido al auge de la pesca, la caza de la ballena y al comercio marítimo. Un fuerte temporal lo destruyó a principios del siglo XVIII, y comenzó la decadencia ya que las obras tardaron en acabarse.

A su lado, la Playa de Lastres o Playa L’Estilleru, donde se construían los barcos en la antigüedad. Es bastante pequeña para lo que suelen ser otras playas, pero tiene algo de especial que no tienen otras.

Siguiendo nuestro recorrido por la villa nos encontramos con el Monumento a las Sardineras, una escultura de bronce del escultor asturiano Juan Zarategui del Agua que rinde homenaje a las mujeres que cargaban sobre sus cabezas cestas con pescado fresco para venderlo en otros pueblos.

A su lado, otra típica casa de la zona, la de Don Pedro Suerpérez. Tiene tres pisos por delante, y solo uno por detrás debido al terreno en cuesta, muy característico de Lastres.

De camino al coche pasamos por el antiguo Lavadero de Lastres, recuperado en 2004, por el ayuntamiento. Es similar a los que hay en pueblos antiguos de Galicia y Cantabria.

Tras adquirir unas estupendas anchoas en la localidad de Luces nos dirigimos a uno de los faros de Asturias más espectaculares, el faro de Lastres, situado en lo alto del Cabo del mismo nombre.

Es el último faro construido de Asturias y lleva en funcionamiento desde 1994. Según cuentan, emite cinco destellos blancos cada 25 segundos.

El edificio es de mampostería y planta cuadrada, sobre el que emerge su gran torre cilíndrica blanca. Está a una altura de 15 metros sobre el terreno y a 117 metros sobre el mar y cuenta con un alcance de 23 millas náuticas, equivalentes a unos 43 kilómetros.

La tan deseada visita a Lastres no había defraudado. Teníamos el tiempo justo para llegar a comer en Ribadesella, bañada por el mar Cantábrico y por el río más famoso de la región: el Sella.

No había sido posible reservar la visita a la cueva de Tito Bustillo, uno de los santuarios del arte paleolítico europeo (ya saben, siempre hay que dejar algo para el próximo viaje), pero su casco urbano, su bella arquitectura popular, sus playas y la meta del Descenso Internacional del Sella eran buenas excusas para incluirla en el recorrido de este día.

El lugar donde dejamos el coche (complicado aparcar en la villa en época turística) hizo que lo primero que hiciéramos fuera acercarnos al río para contemplar la panorámica y de paso ver el lugar donde se coloca el pódium en el que los ganadores del descenso del río Sella reciben sus premios. Y, obviamente, el famoso puente que sirve de meta a los participantes.

Aunque la primera constancia que se tiene es del año 1929, fue en el año 1932 cuando se puso la salida y la meta en Arriondas y Ribadesella respectivamente y tuvo lugar la primera edición, con trece palistas, todos asturianos. En 1935 comenzaron las inscripciones de fuera de la comunidad. Con un parón entre 1936 y 1943 debido a la Guerra Civil Española y a la postguerra, se reanuda en 1944, con 11 piraguas. En 1951 ya cuenta con competidores extranjeros. En 1960, se crea la Federación Española de Piragüismo, separándose de la de remo garantizando el futuro de la Fiesta de las Piraguas.

Año tras año el certamen ha ido creciendo en participación y en número de visitantes. Esperamos que pronto vuelvan las condiciones para realizar un nuevo descenso, tras el parón de estos años de pandemia.

Paseamos por el puerto pesquero antes de adentrarnos en el casco urbano de Ribadesella, que integra construcciones de indianos, casonas blasonadas y casas del antiguo barrio de pescadores.

Pasamos por delante de como la del ayuntamiento, que se encuentra ubicado en el edificio más antiguo de la localidad, el Palacio de Prieto Cutre, de estilo renacentista del siglo XVI y que fue utilizado como almacén de sal. La Casa de Ardines, la de González Prieto, la de Collado, la Casa del Pixuecu,…

Admirando estas bonitas casas llegamos a la Plaza de la Iglesia, antigua Plaza Vieja, donde se encuentra la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, de principios del siglo XX. Nos maravillaron de su interior las pinturas de los hermanos naturales de Ribadesella, los Uría Aza, el Nazareno de Víctor Hevia, y los frisos de piedra del altar mayor de Emilio del Valle Junco.

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