León, Asturias, Salamanca 2021 (10). Cascadas de Oneta y de Méxica

La segunda ruta por Asturias discurría por el concejo de Villayón: Las Cascadas de Oneta, declaradas Monumento Natural por el Gobierno del Principado de Asturias en 2001 y punto de referencia para numerosos visitantes.

La ruta parte del pueblo de Oneta, en un gran aparcamiento junto a la Oficina de Turismo, con carteles de inicio de ruta (para no perderse).

Iniciamos la ruta por un camino ancho y llano, que transcurre a través de una era, dejando el río a la izquierda y las casas del pueblo a la derecha.

Poco después de pasar por la zona de pradería, comenzamos a descender. Pronto empezamos a escuchar el río Oneta, que es el que discurre por las tres cascadas de la ruta y va paralelo al camino. Es un afluente del arroyo Pontiga, afluente a su vez del río Navia que modela gran parte del paisaje del oeste asturiano. Rápidamente, el cauce del río comienza a estrecharse y la corriente discurre por formaciones rocosas, entre las que se abren numerosos pozos.

Poco después, el camino se transforma, adentrándose en un bosque de castaños, abedules, alisos y robles, abedules, castaños y alisos. Comenzamos a descender siguiendo el camino, acompañando el desprendimiento vertiginoso del río por una altura de 38 metros, para llegar a la primera cascada, la Firbia.

La cascada Firbia, la primera de las tres cascadas, presenta una pared rocosa de cuarcitas muy duras y pizarras muy blandas que hace que el agua la erosione formando esta bella caída.

El agua choca estruendosa contra un pozo de aguas cristalinas con grandes bloques de piedra caídos. La imagen no puede ser más bonita, la luz se filtra entre los árboles y se refleja en el musgo de las rocas, ofreciéndonos todas las tonalidades de verde posibles.

Dicen que, en ocasiones, se asoma alguna nutria o mirlos acuáticos en la zona. Habrá que volver…

Seguimos la ruta pasando junto a uno de los Molinos de Oneta, fundamentales para la vida rural. El grano tenía que molerse para ser transformado en pan, alimento básico de la población.

Este es el motivo de que proliferen en los ríos, ya que se aprovecha un tramo con cierto desnivel y se conduce por un canal, para conseguir la fuerza suficiente para mover el mecanismo y producir la harina.

Este en concreto es el llamado Molín de Abaxo, construido en 1820, y del que todavía podemos contemplar el edificio de piedra y el molino de madera interior, construidos con materiales de la zona.

Tras las fotos de rigor continuamos nuestra ruta hasta la siguiente, la Ulloa, caminando por una especie de callejón de piedra.

Toca bajar por una inclinada pendiente para llegar a la segunda cascada. La cascada Ulloa es algo más pequeña pero igual de bonita, y el entorno es frondoso con fresnos, alisos y mucho musgo.

Desde luego, la belleza del lugar invita a sentarse y relajarse escuchando el sonido del agua y la naturaleza.

Tras desandar lo andado comenzamos el camino de vuelta, que se hace por el mismo que la ida. Imposible tomar el camino que continua a la tercera cascada, llamada Maiserúa, como nos indicaron más tarde.

Como la ruta de las Cascadas de Oneta es corta, decidimos entrar en la Oficina de Turismo (cerrada al inicio de la ruta), donde nos informaron de la posibilidad de realizar la ruta de la Cascada de Méxica, y allá que nos fuimos…

Esta ruta se inicia en el pueblo de Ponticella, a donde se accede desde Villayón por la carretera local AS-35. Se parte del centro del pueblo, desde la plaza frente a la fuente, donde sale un camino que se dirige al río.

Comenzamos a caminar, cuesta abajo, entre muros de piedra, hasta llegar a las praderías de Las Cellas. El camino de ida discurría plácidamente, a pesar de la hora del día (más de la una del mediodía) y de la elevada temperatura para estas latitudes. Eso sí, ya íbamos pensando en lo dura que sería la vuelta.

El camino no tiene pérdida. Seguíamos bajando entre más y más vegetación hasta llegar a la cascada, en forma de cola de caballo, de diez metros, muy cerca del cauce del río Navia.

No detallaremos mucho la cansada vuelta hasta el punto de inicio. Nos quedamos con el pequeño tentempié que tomamos en la cascada y esta bonita fábula.

Dícese que bajo la cueva donde se precipita el agua de la cascada hay un palacio todo de oro, en el que habitaba un rey con dos preciosas hijas encantadas, de dorados cabellos. Un príncipe amante de las generosas melenas, enamoró a ambas y provocó un conflicto de celos.

Una de ellas, por la noche, cortó la melena de la otra y la tiró al río, provocando, con la gran cola dorada, la actual cascada. El príncipe, embelesado por el bellísimo salto de agua y por la bondad de su antigua dueña, acabó desposando a ésta, tras rechazar la maldad de su hermana.

El salto, la magia y la leyenda aún embrujan al caminante en Méxica.

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