Martes. Tercer día completo en Asturias. Tras el turismo de playa y ciudad tocaba de nuevo calzarse las botas. El lugar elegido, el Concejo de Villayón. Villayón es un municipio del occidente de Asturias, de unos 132 km2 y dividido en cinco parroquias. Forma parte de la comarca “Parque Histórico del Navia” junto con otros ocho municipios vinculados a la cuenca del río.
Tras el desayuno nos dirigimos a Oneta, primero por autovía, cómoda, después por carreteras locales no tan cómodas.
Entre cascadas (Oneta) y cascadas (Méxica) pudimos completar la mañana con la visita a la Cueva y la cascada del Pímpano (primero) y el Puente de Polea (después).
Una vez abandonado Villayón por la carretera AS-35, a dos kilómetros se coge un desvío hacia Busmente (VY-2). Al llegar casi al final del pueblo se encuentra el puente de La Mosca. Tras dejar el coche en el minúsculo espacio que hay para aparcar un poco más adelante retrocedimos sobre nuestros pasos para encontrar, a nuestra izquierda, un molino.
Tras ascender unos escasos 50 metros por una pequeña cuesta aparece, escondida, una cueva tras una pequeña cascada, que cae por delante de ella y a la que puedes entrar para ver el agua caer desde el otro lado.
Es el maravilloso paraje natural de la Cueva y la Cascada del Pímpano, uno de los preciosos secretos que esconde el occidente asturiano y que no hubiéramos contemplado de no ser por nuestra visita a la Oficina de Turismo en Oneta.
Para los muy cinéfilos y, básicamente, seguidores del actor Mario Casas, la Cueva del Pimpano fue una de las localizaciones de la película «Bajo la piel del lobo«. Exactamente, fue el lugar donde hizo noche de camino a su casa en el monte.
Con el Puente de Polea ocurre lo mismo que con la cueva. De camino a Ponticella nadie repararía en este magnífico puente de época romana si no estuvieras avisado de su belleza.
Se encuentra ubicado a unos diez kilómetros de Villayón en dirección Boal por la carretera local AS-35, a 200 metros del puente de polea.
Tras pasar toda la mañana en el Concejo de Villayón teníamos pensado llegar a Oviedo con tiempo de visitar la catedral. Pero no podíamos dejar la oportunidad de visitar Luarca, sin duda una de las postales perfectas de un pueblo marinero. Sus casas blancas salpicadas sobre el verde de la colina y el mar a sus pies, la hacen merecedora de su bonito título, la villa blanca de la costa verde.
Tras dejar el coche en un aparcamiento público un poco alejado del centro nos dirigimos al casco urbano, llegando a la Plaza de Alfonso X el Sabio, en la que se encuentra el Ayuntamiento y el quiosco de la música, ambos del año 1912. En la plaza está el escudo Real que estuvo en la antigua casa consistorial en el año 1777 y el monolito donde está grabado el Fuero otorgado por Alfonso X, del que la plaza recibe su nombre.
Seguimos paseando hasta llegar hasta el Puente del Beso, ubicado en las proximidades de La Pescadería, uno de los siete puentes que atraviesan la bella villa marinera, con la Ermita de San Roque al fondo.
Cuenta una leyenda asturiana que, durante la Edad Media, el mar estaba lleno de piratas cuya misión era la de asolar los barcos en los que viajaban los españoles. Uno de los más célebres y poderosos corsarios de la época era Cambaral, quien tenía a todo el mundo atemorizado no sólo porque saqueaba todas las naves que caían en su poder, sino que siempre concluía su labor torturando y asesinando a sus pasajeros. Además, raptaba a las damas para luego utilizarlas como mercancía en los mercados. Aunque las autoridades intentaron capturarle, todo fue inútil, hasta que un joven, Hidalgo, y sus hombres consiguió vencerle, hiriendo a Cambaral de gravedad. El joven decidió llevar a Cambaral a su casa para curarle las terribles heridas y fue allí, en Palacio, cuando se quedó enamorado de quien le cuidaba: la hija de Hidalgo, una muchacha de tremenda belleza. Ella también se enamoró perdidamente de él, por lo que ambos decidieron que lo mejor sería huir para que nada ni nadie pudiese intervenir entre ellos. La joven esperó a que su padre cayera dormido y, más tarde, se reunió con Cambaral quien la estaba esperando. Nada más verse, se dieron un beso apasionado y, justo en ese momento, Hidalgo, que se había despertado, les sorprendió. Tremendamente enfadado y sintiéndose traicionado, mató a ambos amantes con la espada, cortándoles la cabeza. Los cuerpos permanecieron abrazados mientras que las cabezas rodaron hasta el mar. En su memoria, se construyó en el lugar este hermoso puente que toma su nombre de esta triste historia.
Llegamos al Espigón de la Marchica, presidido por un bonito edificio blanco en lo alto de unas escaleras, que puede parecer un pequeño faro o incluso una ermita, aunque es el edificio del Club Náutico, de 1890, construido en un principio sobre un islote y unido a tierra por un puente colgante.
Un maravilloso lugar para contemplar las playas de Luarca.
Hora de coger el coche y llegar a Oviedo para la segunda “minivisita” a la capital ovetense.
Nuestro primer destino era la Catedral de San Salvador, de estilo gótico, construida en el reinado de Alfonso II sobre las ruinas de una del año 765.
Su construcción comienza en el siglo XIV y acaba en el siglo XVI. En este periodo de tiempo absorbió a la iglesia de Santa María y al Palacio Regio de Alfonso II, en cuya capilla está ahora la Cámara Santa, otra de las joyas del prerrománico asturiano.
En el interior podemos ver entre otras muchas maravillas; el Retablo Mayor, de estilo hispano-flamenco, el Cristo de Velarde, de Berruguete y la Capilla del Rey Casto en donde se encuentra el Panteón de Reyes.
En la Cámara Santa se puede ver el tesoro de la catedral, en el que sobresale la Cruz de los Ángeles, donación de Alfonso II y símbolo de Oviedo. La Cruz de la Victoria, donación de Alfonso III, símbolo de Asturias. La Caja de las Ágatas, donación de Fruela II (910); y el Arca Santa, en la que se encuentra el Santo Sudario que, según la tradición, es la tela que fue colocada sobre el rostro de Jesucristo en la cruz.
La fachada principal de la catedral tiene una torre (el proyecto inicial tenía dos, pero parece que faltó presupuesto) y un pórtico con tres arcos desiguales cerrados por rejas y tres portadas de acceso.
La central presenta un relieve de la Transfiguración del Señor y bajorrelieves que representan a Fruela I y a Alfonso II el Casto y medallones del niño Jesús y San Juan niño. La torre mide 80 metros, está construida sobre cuatro pilares y tiene 5 partes bien diferenciadas, en una de ellas está el reloj y más arriba la campana «Wamba», del año 1219, que la convierten en la más antigua de España en uso.
Quedaba tiempo para pasear por las calles más céntricas de la ciudad, abarrotadas de ovetenses y visitantes a esa hora de la tarde.
En la calle Uría, en el principio de la calle Milicias Nacionales, encontramos una de las esculturas de bronce más fotografiada de la ciudad, la que rinde homenaje a Woody Allen, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 2002, obra de Vicente Menéndez-Santarúa.
De vuelta al aparcamiento nos encontramos la Calle Gascona, conocida como el Bulevar de la sidra. Demasiado temprano para tomar unos culines y comer unas tapas. Queda anotado en el listado de acciones pendientes.
Rumbo a Gijón para cenar y descansar de un bonito, pero agotador, día de cascadas.





















































