León, Asturias, Salamanca 2021 (y 14)

La Rúa Mayor, una de las calles más concurridas de Salamanca, nos condujo a la Plaza Mayor. Fue construida entre 1729 y 1755 con un proyecto de Alberto de Churriguera, excepto el Ayuntamiento que es de Andrés García de Quiñones.

La Plaza tiene tres pisos de altura y la baja es porticada con arcos de medio punto entre los que hay medallones de personajes históricos. Está formada por Pabellones: el Pabellón de Petrineros, el Pabellón Consistorial y el Pabellón Real.

Ha sido desde su construcción el centro neurálgico de Salamanca y está siempre muy animada, en 1935 fue declarada Monumento Nacional y en 1973 Monumento Histórico-Artístico.

El Convento de San Esteban se construyó entre 1524 y 1610, y tiene una de las fachadas más bonitas que ver en Salamanca. Es uno de los más bellos ejemplos del plateresco en España y en ella se representa el Martirio de San Esteban y un Calvario.

En el interior se aprecia una mezcla de estilos que van desde el gótico tardío a los pies hasta el renacentista del cimborrio y el presbiterio. Destaca el retablo mayor, obra de José de Churriguera, en el que el Sacramento se encuentra rodeado por columnas salomónicas y las figuras de santo Domingo de Guzmán y san Francisco de Asís y un cuadro del Martirio de san Esteban. A los lados sendos retablos de discípulos de Churriguera.

Merece la pena pararse a contemplar la Capilla del Rosario de Churriguera, la Sacristía del siglo XVII, la novedosa Escalera de Soto del siglo XVI, el Claustro de Procesiones, dos Salas capitulares, el Coro y el Museo San Esteban, ubicado en el interior de la biblioteca del convento.

Hora de comer. Gracias a la recomendación de unos amigos habíamos reservado en Bambú. De no hacerlo, tendríamos que haber buscado otro sitio. Buena elección, sin duda.

Al término de la comida nos dirigimos al hotel paseando por el casco urbano y encontrando curiosos parajes que visitar. Entre ellos, la Cueva de Salamanca.

Aquí se encontraba la iglesia de San Cebrián, derribada en el siglo XVI y de la que solo queda su cripta. Una leyenda, muy utilizada en literatura, nos cuenta que en este lugar el diablo daba clases de magia negra durante siete años a un grupo de estudiantes, quedándose uno al acabar como pago. El Marqués de Villena fue “el pago de uno de estos cursos” y al intentar huir perdió su sombra.

Caminando por la zona vimos partes de la muralla que todavía quedan en pie y que rodeaban la ciudad y llegamos al Huerto Calixto y Melibea, un pequeño jardín con bonitas vistas de las dos Catedrales y al Tormes. En este lugar Fernando de Rojas ubicó el lugar de encuentro de La Celestina.

Comenzamos la tarde contemplando Salamanca desde el río Tormes, atravesando el Puente Mayor, más conocido como Puente Romano, y que ha sido fruto de numerosas reparaciones a lo largo de los siglos. Fue declarado Monumento Histórico Artístico el 3 de junio de 1931, y Bien de Interés Cultural en 1998. En él hay un verraco de la edad de hierro que representa probablemente a un cerdo o un toro.

La Casa Lis refleja hacia el río sus bellas cristaleras. En él se encuentra un precioso museo de Art Nouveau y Art Decó, que aprovechamos para visitar.

A la salida nos dirigimos al Palacio de Monterrey, construido por orden de Alonso de Acevedo y Zúñiga, el III conde de Monterrey en 1539, con un proyecto de Rodrigo Gil de Hontañón y fray Martín de Santiago.

Es uno de los máximos exponentes del plateresco español, y fue declarado Monumento Nacional en 1929.

Frente al Palacio de Monterrey se encuentra la iglesia de la Purísima, parte del convento de clausura de las Agustinas, fundado en 1636 por Manuel de Zúñiga y Fonseca, Conde de Monterrey, para albergar a su hija, Inés Francisca de la Visitación y como capilla funeraria para la familia.

La Iglesia de la Vera Cruz es un edificio único en Salamanca, completamente decorado en estilo churrigueresco. El humilladero que se alza junto a la portada marca el lugar donde desde 1615 la Vera Cruz realiza el Acto del Descendimiento, acto señero de la Semana Santa salmantina. La iglesia alberga un valioso patrimonio artístico.

Junto al Convento de la Anunciación se halla la Casa de las Muertes, una de las más brillantes manifestaciones del arte plateresco en Salamanca. Las cuatro calaveras que decoran discretamente la rica fachada, junto a varias leyendas de tinte sangriento y un solo crimen confirmado dibujan su singular personalidad.

Y junto a ella, la vivienda en la que Miguel de Unamuno falleció, la Casa del Regidor Ovalle Prieto, en la calle Bordadores.

La cercanía de la Plaza Mayor invitaba a sentarse en uno de sus cafés y pasar un buen rato disfrutando de la tarde salmantina. Poco quedaba por ver de lo que habíamos planeado visitar en aquel día. Tan solo nos quedaba esperar a la caída de la noche y contemplar los mismos bellos edificios iluminados.

Ya en el hotel tocaba preparar el equipaje para la vuelta. Tras el desayuno, a la mañana siguiente, rumbo a Alcantarilla, con la habitual parada en La Roda para aprovisionarnos de productos manchegos.

Finalizaba otro viaje realizado en compañía, en una maravillosa compañía. Encontrar el compañero de viaje ideal no es asunto fácil, y es que nadie quiere acabar discutiendo mientras viaja. May es, sin lugar a dudas, esa compañera especial.

Es una persona curiosa. Llevamos el mismo ritmo, y si hay que salir al alba para no dejar nada sin ver, se madruga. Su mejor traje es una sonrisa. Tenemos en mente el mismo viaje. Compartimos aficiones. Es una excelente conversadora, y compensa algunos silencios. Y, realmente, es una persona maravillosa.

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