Camino de los Arejos (PR-MU 34)

Muy cerca de nuestro último recorrido por las ramblas de Sangonera y el Pocico se encuentra, en el Majal Blanco, el Camino de los Arejos.

Tras dejar el coche en las últimas estribaciones de la Urbanización Torre Guil iniciamos nuestro recorrido en la pista forestal que conduce al paraje de Las Carrascas, transitando por una zona de umbría en la que están presentes gran diversidad de arbustos característicos del bosque mediterráneo: palmito, enebro, espino, lentisco y coscoja.

Al llegar a la cota de 400 m de altitud nos encontramos el paraje de Las Carrascas.

La carrasca es un árbol de enorme importancia por su papel como protector y formador del suelo, y éste es uno de los puntos de la finca en la que estos árboles alcanzan mayor envergadura y densidad.

Dispersos entre las carrascas quedan los escasísimos ejemplares de alcornoques que sobreviven en la Región.

Saliendo del paraje de Las Carrascas podemos contemplar la zona alta del Barranco de los Cañones. En el talud que forma el barranco podemos contemplar un plegamiento geológico de gran belleza. Los materiales, cuarcitas y argilitas, se presentan en estratos claramente diferenciados por los colores tan variados que presentan, ocres, rojos y beige, conformando un conjunto que continúa por el camino y la ladera adyacente.

El camino da paso a una senda colonizada por la vegetación natural, donde prolifera estepas, perpetuas y albaidas. Se observan, colgando de las ramas de los pinos, numerosos líquenes de color verde grisáceo, que por su aspecto reciben el nombre de «Barbas de Peregrino». La senda se estrecha atravesando un pinar denso con el suelo cubierto por una alfombra de lastón, que el jabalí utiliza como lecho para encamarse durante el día.

El sendero continúa en dirección sur, cruzando el Camino de los Arejos.

Volvemos a caminar por una senda entre pinares. Se puede disfrutar de la tranquilidad y el silencio de este rincón, contemplando además numerosos rastros de animales.

La rambla de Sangonera constituye el límite este del Parque Municipal.

En el lecho del cauce sorprende la diversidad de colores de los materiales geológicos: los rojos violáceos de la argilita, los verdes de las arcillas muy compactadas, los pardos y ocres de las cuarcitas.

La irregularidad y escasez de precipitaciones que tiene lugar en la zona hizo que se desarrollara una extraordinaria extracción de aguas de capas subsuperficiales procedentes de un freático próximo mediante la apertura de una mina o pozo horizontal cubierto denominada “La Pizorra”, un completo sistema de captación, conducción, acumulación y distribución de agua procedente de los acuíferos de Triásico de Carrascoy y Cresta del Gallo que, a través de sus canales de conducción aéreas y subterráneas, ha sido dirigida por la gravedad de la pendiente hasta cotas más bajas para ser acumulada en diversas balsas de almacenamiento y distribuida por una serie de canales y acequias.

Finalmente, el recorrido transcurre por una senda de suaves pendientes en la vertiente Norte de Las Riscas.

Instalados de forma estratégica, para aprovechar el agua de escorrentía de las vaguadas, aparecen antiguos cultivos en pequeñas terrazas formadas sobre muros de mampostería seca. Se cultivaban algarrobos de cuyos frutos se obtenía un complemento de gran valor nutritivo para el ganado; en la actualidad es la fauna silvestre quién se aprovecha de este recurso alimenticio.

La nueva aparición de carrascas de menor porte nos indica que estamos llegando a la misma zona donde iniciamos el pequeño recorrido.

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