Junto al Santuario de la Esperanza en Calasparra se haya este singular sendero que encierra uno de los rincones más bellos de los Espacios Naturales Protegidos de la Región de Murcia, la Reserva Natural de Cañaverosa, pues hasta su mismo nombre, “Cañaverosa o cañada hermosa” nos indica su particular encanto.


La Senda recibe este nombre debido a que atraviesa el llamado “Paraje de la Huertecica”, donde aún hoy se mantienen unos pequeños cultivos con bancales muy estrechos, aprovechando el reducido espacio que queda entre el margen del río y la montaña, y dando lugar a una diminuta huerta o “huertecica”.
Tras dejar el coche en el aparcamiento del Santuario comenzamos a andar en dirección al restaurante, que dejamos atrás, caminando por una carretera asfaltada paralela al río.
A esta temprana hora de la mañana todavía quedan restos de la escarcha que debe haber caído la noche anterior. El frío se nota, vaya si se nota.
Un poco más adelante llegamos al paraje conocido como “Las Juntas”, pues aquí confluyen los dos ríos
protagonistas en la Reserva, el río Segura y el río Moratalla. A partir de este punto, el río Moratalla pierde su nombre pasando a formar parte del río Segura.
El camino nos lleva hasta el río Moratalla, cuyo cauce vadeamos por un paso acondicionado.
Estamos en el paraje de La Huertecica, con sus cultivos tradicionales de frutales y hortalizas. La senda nos conduce a un bosque mágico. Nos encontramos a un paso de adentrarnos en un lugar único, el bosque galería o de ribera mejor conservado de la Región.
Una vez en su interior, te “seduce” con su magia e inunda todos los sentidos… El aire se vuelve más fresco y húmedo en la piel, gracias a la cercanía del río, la sombra de los árboles y a la densa maraña de arbustos que, impenetrables, guardan el sendero.
El recorrido continúa por una senda junto a la margen izquierda del río entre álamos blancos, chopos, fresnos, alatoneros, tarays, sauces, mimbreras, zarzas, baladres, cañas y carrizos. La calidad de las aguas hace que este tramo del río Segura subsista la nutria en perfectas condiciones, aunque es difícil de observar por su esquivo comportamiento hacia el hombre. También podremos ver y oír una multitud de aves cantoras y acuáticas, como el ruiseñor común, la oropéndola, el mirlo, el mito, el pito real, el abejaruco, el martín pescador, la garza real, el cormorán o el ánade real.
Al salir del bosque de ribera debemos tomar el camino que queda a la izquierda y sube al mirador del Campillo, pero preferimos caminar por un amplio llano donde el río hace un meandro con algunos pinos de buen tamaño.
Al final encontramos un acceso cómodo al río por entre los arbustos que nos permite, por última vez, admirar sus cristalinas aguas.

De vuelta al sendero, ascendemos al mirador del Campillo, un rincón que ofrece una singular panorámica del bosque galería, con el cerro de Rotas (490 m.) como telón de fondo.
Desde aquí observamos un cambio muy acusado en la vegetación. Por un lado, la frondosidad del bosque de ribera que sigue el caprichoso río, oculto bajo la inmensa galería formada por los innumerables álamos blancos (Populus alba) que lo acompañan hasta donde nos alcanza la vista.
Por otro, la zona más seca y árida del monte, la solana, donde sobreviven arbustos como espartos (Stipa tenacissima), tomillos (Thymus sp.) y romeros (Rosmarinus officinalis).
Desde el mirador continuamos por el camino de tierra entre esparteras hacia el oeste. Aproximadamente a un kilómetro tomamos el primer camino que encontramos a la izquierda dirección sureste.
El agradable paseo nos lleva, de nuevo, hasta el río Moratalla.
Con el paso del tiempo ha ido perdiendo su caudal y hoy día, se comporta más bien como una rambla. Por ello, todas las plantas que encontramos son auténticas supervivientes que deben soportar largas sequías y en ocasiones fuertes inundaciones, como la adelfa o baladre (Nerium oleander), el junco (Juncus sp.) o el carrizo (Phragmites australis).
Vadeamos de nuevo el cauce llegando al Cortijo conocido como la Casa del Cura. Continuando nuestro camino, subimos por las Lomas de las Torrentas hasta llegar a la Cañada Manrique.
Salimos a la carretera por la que volvemos al santuario, parando antes en el Mirador de Las Lomas, con unas impresionantes vistas de los arrozales junto al Segura y la localidad de Calasparra al fondo.
No nos vamos sin pasear por el entorno del río junto al santuario, rememorando antiguas visitas a este bonito paraje.
Visitamos ahora el Santuario de la Virgen de la Esperanza, en cuyo interior se haya una ermita excavada por el agua y en la que se encuentra la imagen de la Virgen.
Terminábamos la ruta, y la posterior visita, cerca ya de las dos de la tarde. Hora de comer. Bien es cierto que estar en Calasparra y no comer un arroz parece un sacrilegio. Sin embargo, un pajarito nos había recomendado visitar la cercana pedanía de Valentín, perteneciente ya a Cehegín, y hacer una parada en el Gastrobar Matavinos.
No ha sido una mala recomendación…






























































