Jordania, Navarra y…Tarragona. Circunstancias varias hicieron que esta última, una de las ciudades con mayor encanto de España, fuera el destino elegido para pasar unos días coincidentes con las Fiestas de Primavera de Murcia. En principio, Tarragona provincia. Más tarde, algunos problemillas mecánicos hicieron que prácticamente fuera Tarragona ciudad. Pero eso es otra historia.
La autopista A-7 nos condujo rápidamente a nuestro destino. A media mañana teníamos el equipaje en el hotel y el coche en el parking cercano, dispuestos a comenzar el paseo por la ciudad. La Oficina de Turismo, junto a la Catedral, fue nuestro primer destino, aprovechando para discurrir por vez primera por la Rambla Nova.
Tras recopilar la información necesaria teníamos tiempo de iniciar el Paseo Arqueológico, entre los restos de la muralla romana, que se encuentra situado al lado del Campo de Marte.
De camino pasamos la Plaça del Pallol, un recinto de forma rectangular de gran tamaño que se encuentra rodeado por pórticos en tres de sus lados. Sus ruinas se declararon en 1931 como Zona Arqueológica, pues se corresponden con la zona occidental del Fórum Provincial, construido en el siglo I d.C. La plaza del Pallol era parte de la galería intermedia.
En la antigua Audiencia encontramos la maqueta de Tarragona es un elemento muy importante a la hora de descubrir desde otra perspectiva más visual de cómo era la ciudad a lo largo del siglo II. La ciudad romana que se representa es la capital de la provincia considerada como más importante, grande e influyente de todo el Imperio Romano: la Tarraconensis. Se eligió el siglo II porque este momento en la historia fue el de mayor prosperidad y esplendor.
Volviendo al Paseo Arqueológico, sus jardines, que discurren entre las murallas, nos invitan a recorrer este camino descubriendo varios símbolos emblemáticos.
Entre ellos encontramos un par de tumbas antiguas al inicio del paseo, junto a las cuales se encuentra una placa de mármol con el nombre de la ciudad romana que reza «Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco«. Junto a ella podremos ver un mapa de cómo era la parte alta de la ciudad en el Imperio Romano y dónde se situaba el emplazamiento y los jardines de la administración junto al Circo Romano.
El recorrido se centra esencialmente en las murallas, que presentan tres torres que son las que se conservan. Una de estas torres es la del Arzobispo, llamada así porque solía ser la residencia del Arzobispo de Tarragona durante la Edad Media. Delante de ella encontramos la estatua de Augusto de Prima Porta, una réplica de la original de Roma.
Más tarde pasamos por la torre del seminario, delante de la cual podremos observar la estatua de la Loba Capitolina alimentando a Rómulo y Remo, una muy conocida imagen que representa el mito acerca del origen de Roma.
A la salida del Paseo nos dirigimos hacia el centro de la ciudad. Callejeando llegamos a la Plaça del Fórum, un enorme recinto de forma rectangular situado en el interior del foro provincial. Está rodeada por muchos pórticos y solía estar adornada con estatuas y ostentosos jardines. Hoy en día, de dichas estatuas tan solo quedan ciertos pedestales, un ejemplo de ello es el que se encuentra en la calle Mercería.
Desde los edificios de esta plaza se administraban todos los territorios que formaban parte de la importante provincia romana de La Hispania Citerior, de la cual, la capital era Tárraco. La construcción de la plaza se realizó en el año 73 d.C. y estaba porticada, ya que en ella se encontraba el templo que rendía culto al emperador. También había una zona inferior que era pública y de gran tamaño.
En sus proximidades se encuentra la Plaça del Rei, una de las zonas más destacadas de la parte alta de la ciudad tanto por sus dimensiones como por los edificios que la rodean. En ella están los edificios de lo que solía ser el Pretorio Romano, que desde un tiempo más tarde pasó a ser el Castillo del Rey. El Pretorio Romano acogió al emperador Augusto, y desde que fue castillo, residieron allí la mayoría de reyes catalanes.
La construcción de dicho castillo es lo que hizo que desde el siglo XV, la plaza pasara a llamarse Plaza del Rey. Hoy en día es la sede del Museo Nacional Arqueológico de la ciudad, lugar en el que se conserva el fresco del Anfiteatro Romano dedicado a la Diosa Némesis, la protectora de los gladiadores.
También se encuentran allí las Iglesias de la Trinidad y de Nazaret y la Torre del Pretorio.
Esta última procede de la época romana, pero a lo largo de la historia se le ha dado muchos usos. En el recorrido hasta lo alto de la torre pasamos por varios pisos que nos recuerdan su pasado como foro provincial romano, palacio de los reyes de la corona de Aragón (siglo XII) y también como prisión.
En este mini museo destacamos el sarcófago que relata en sus cuatro caras el dramático mito griego protagonizado por Hipólito, Teseo y Fedra.
Las vistas de la ciudad desde su terraza son únicas…
El gran circo romano de Tarragona es uno de los mejor conservados de todo el mundo, aunque una parte de su estructura sigue oculta bajo viejos edificios del siglo XIX.
Estamos ante una colosal construcción de más de 300 metros de largo por 100 de ancho destinados a las carreras de caballos y carros ante más de 30.000 espectadores.
En uno de sus extremos, en el mismo acceso que la Torre del Pretorio, podemos recorrer lo que eran sus antiguos vomitorios, por donde los espectadores accedían a su lugar en las gradas.
Hora de comer. El lugar elegido era La Cuineta, muy cerca de la Catedral, cuyos alrededores visitamos antes de entrar.
La calidad del producto es excepcional, al igual que el trato y los platos que son variados y adaptados a la cocina moderna. Seguimos las recomendaciones de probar el menú de mediodía, completo y exquisito, y no fallamos.
De vuelta al hotel para hacer el ckeck-in y descansar para retomar la visita por la tarde seguimos callejeando por el caso antiguo, con sus calles y rincones maravillosos.
Pasamos por la Plaça de la Font, en pleno centro de Tarragona, uno de los lugares más animados tanto de día como de noche, como tendríamos ocasión de comprobar. Ocupa la cuarta parte de lo que ocupaba la arena del antiguo circo romano, así que viendo el tamaño de la plaza uno se imagina lo enorme que debía de ser el circo. Al fondo se encuentra el ayuntamiento.
Tras salir del hotel nuestro primer destino, en coche, fue el Acueducto. En el siglo I se construyeron dos largos acueductos para abastecer de agua a la ciudad. El primero, que recibía el nombre de Aqua Augusta, tomaba el agua del río Gaià y tenía una longitud de 50 km. El segundo la tomaba del Francolí y su longitud era de unos 15 km.

El tramo más espectacular conservado pertenece a este último y es un puente de unos 217 m de largo y 26 m de altura máxima que salvaba un barranco.
Está construido con grandes sillares colocados a hueso, formando una doble línea de arcadas. Popularmente se conoce como Pont del Diable o Acueducto de Les Ferreres.
De vuelta al centro nos dirigimos a otro de los más emblemáticos lugares de la ciudad, el Balcón del Mediterráneo, situado sobre el mar Mediterráneo a nada menos que 40 metros de altura. Desde la barandilla de hierro que delimita el balcón se disfrutan unas vistas maravillosas, pues pocas veces se puede tener una visión tan bella del mar desde las alturas desde ese mirador.
Parece obligado cumplir con una de las tradiciones más características de los tarraconenses: tocar el hierro de la barandilla del mirador («tocar ferro«). La razón de por qué lo hacen es que esta tradición les trae mucha prosperidad, así como buena suerte en todos los sentidos.
Aprovechamos para contemplar la estatua de Roger de Lluria, un navegante catalán muy reconocido, y ver todo el largo de la Rambla Nova.
Y también para visualizar el Anfiteatro Romano, el puerto y la playa de Miracle,
Decidimos tomar algo en la Plaça de la Font, aprovechando para ver de nuevo los monumentos que ya habíamos visitado en este completo primer día, desde otra perspectiva.

De vuelta al hotel localizamos en la Rambla Nova el Monumento a los Castellers.
Y ya «en casa» nos esperaba una relajante infusión. Quedaba mucho que visitar de esta bella ciudad.












































































