Tarragona 2022 (2)

El desayuno era el momento indicado para retomar fuerzas y planificar las visitas del día.

Las previsiones meteorológicas seguían sin ser muy halagüeñas, pero el tiempo se mantenía, eso sí, con la amenaza de la lluvia… El Foro local, o Foro de la Colonia, era nuestro primer destino.

El foro era el corazón de las ciudades romanas; en él se hallaban los principales edificios de la administración social y política. El de Tarragona, donde aún perduran restos del foro, fue uno de los mayores de Hispania y el segundo del Imperio romano, con ocho hectáreas de extensión (el equivalente a 61 piscinas olímpicas de 50×25 metros).

El foro tarraconense se componía del senado local, las basílicas o el templo, que se organizaban alrededor de una plaza porticada. El recinto principal era una basílica de forma rectangular que se distribuía en tres naves separadas por columnas corintias. Se calcula que se construyó hacia el año 70 d.C. y se diseñó adaptándose a una topografía sinuosa, por lo que se repartía en dos terrazas.

En la terraza superior se hallaba el templo de culto imperial, mientras que la inferior albergaba la plaza del foro provincial, que seguramente debió estar adornada con monumentos y jardines. La plaza se comunicaba con el templo al norte y con el circo al sur, a través de dos torres que hoy en día aún existen: la antigua audiencia al oeste y el praetorio al este, que se conoce como Torre de Pilatos.

Las excavaciones arqueológicas de los años 30 del siglo XX en la zona del foro de Tarragona descubrieron dos calles, un edificio de pisos, la base del templo de la Tríada Capitolina y la basílica. Además, en la parte norte se conserva una serie de locales que tenían diferentes usos. Uno de ellos, de mayores dimensiones, fue lugar de reunión de las autoridades municipales.

A la salida nos dirigimos a la Casa Museo Castellarnau, situada en la calle dels Cavallers, 14. Una calle en la que tenían casa, y palacio, las familias más importantes de la ciudad. Esta casa de principios del siglo XV, fue durante siglos residencia de algunas de las familias más influyentes de la ciudad. De hecho, en 542 se hospedó en ella el emperador Carlos I durante el periodo que pasó en Tarragona.

La casa conserva en su interior estructuras arquitectónicas de diversas épocas. En la planta baja se halla una serie de arcos apuntados datados entre los siglos XIV y XV. De la misma época es el patio y la escalera de bóveda con columnas y capiteles góticos. Durante el siglo XVIII el edificio fue adquirido por Carles de Castellarnau y sufrió importantes cambios en la fachada y en su distribución interna.

En la planta noble destacan diversas estancias con mobiliario de los siglos XVIII y XIX. Pero, sin duda, el espacio más emblemático es el salón de baile, que presenta un techo decorado con pinturas de temática mitológica realizadas por el pintor provenzal Josep Bernat Flaugier a finales del siglo XVIII.

En la planta baja se ha recuperado la antigua cocina. Así mismo, pueden verse de forma permanente una muestra de la colección Molas i Agramunt, un heterogéneo conjunto de piezas arqueológicas y etnográficas de una amplia cronología.

Recorrimos los pocos pasos que nos separaban del conjunto catedralicio. La edificación de la Catedral se inició a partir del año 1171, cuando Hug de Cervelló, arzobispo de Tarragona, legó en su testamento cierta cantidad de dinero para construirla. Se utilizó el emplazamiento y algunos restos de la denominada área sacra de culto imperial romano, construida durante el siglo I d.C y que albergaba, según determinados arqueólogos, una gran plaza y el templo del emperador Augusto. Sobre este lugar, y a partir del año 475, debió erigirse la primitiva catedral visigótica de la que no existe vestigio alguno al ser demolida con ocasión de las invasiones musulmanas del año 711.

La Catedral fue consagrada el año 1331, siendo arzobispo de Tarragona y Patriarca de Alejandría, el Infante Juan de Aragón. Es considerada, por su grandiosidad y solidez, la primera catedral de Cataluña. Sus naves laterales alojan, entre los contrafuertes, capillas que muestran la evolución arquitectónica y estilística del recinto catedralicio.

La fachada de la Catedral consta de tres puertas de acceso. En el centro destaca el soberbio portal gótico flanqueado por enormes estribos y un zócalo con arcaturas trilobuladas que albergan imágenes de apóstoles y profetas bajo doseletes. En el centro, el mainel muestra un pedestal con escenas del Génesis y la imagen marmórea de la Virgen Madre.

Tras el portal mayor se contempla una amplia perspectiva de todo el interior de la Catedral. Presenta planta de cruz latina con tres naves, sus correspondientes ábsides en gradación, y crucero.

La Capilla de Santa Tecla se concibió estructuralmente como un templo de planta central cruciforme y gran cúpula. Se erigió en honor de Santa Tecla de Iconio, titular de la Catedral y patrona de Tarragona, con el fin de custodiar el brazo-relicario de la santa. El estilo barroco-clasicista predomina en el conjunto arquitectónico y escultórico, fiel a las directrices académicas del momento promovidas por Luis XV. Se inició en 1760 bajo la prelatura de Jaume de Cortada y Brú, y se concluyó en 1775 siendo arzobispo Juan Lario y Lancis.

Bajo el rosetón del siglo XIV del brazo oriental del crucero se ubican tres capillas construidas entorno al año 1500 bajo el mecenazgo del canónigo Joan Barceló cuyo blasón aparece reiterado en el frontispicio.

La Capilla de Santa María, o de los Sastres, es la capilla gótica más suntuosa de la Catedral gracias a su rica decoración arquitectónica, escultórica y pictórica. Se construyó en el segundo cuarto del siglo XIV, antes de 1350, bajo el patrocinio del arzobispo Pere de Clasquerí y a petición de la Cofradía de Presbíteros de la Catedral. Los canónigos fabriqueros, Guillem d’Anglesola y Bernat d’Albió, se responsabilizaron de las obras. Los escudos de todos ellos ornamentan los muros. Su tutela la ejerció el Gremio de los sastres de quien tomó popularmente el nombre.

En la nave central de la Catedral, por encima de la sillería canonical del lado del Evangelio, se puede admirar la caja del órgano concebida a modo de majestuoso retablo que mide 20 metros de alto por 9 de ancho. La traza de la caja es una adaptación del arquitecto Jaume Amigó sobre el diseño inicial presentado en 1561 por Perris Arrabasa y Salvador Estrada, organeros de Barcelona. Los entalladores de todo el repertorio escultórico fueron Jeroni Sanxo y Perris Ostris que lo iniciaron en 1562 y se concluyó en 1567.

El altar se debe al patrocinio del arzobispo Aspàrec de Barca (1215-1233). Es de mármol blanco, tiene un magnífico frontal esculpido en torno a 1220, y es una de las piezas más excelentes de la escultura románica catalana.

El retablo, obra alabastrina de Pere Johan esculpido entre 1426 y 1434, es un magnífico exponente de la escultura gótica catalana.

Sobre el zócalo, la excelente predela policroma y sobredorada, donde se registran, con sutil y virtuosa labra, seis escenas de la vida y martirio de Santa Tecla interceptadas por la testera del tabernáculo central donde aparece un ángel que sostiene el sudario con Cristo venerado por la Virgen María, san Juan evangelista, Nicodemo y José de Arimatea. En la predela figuran dos episodios no reproducidos en el frontal del altar mayor románico: el tormento de la santa que, atada a unos bueyes para ser descoyuntada, queda liberada al romperse las sogas; y otra referida al descubrimiento milagroso del brazo de la santa, y del que procedería la reliquia ofrendada por el rey de Armenia Menor a la Iglesia de Tarragona gracias a la mediación del rey Jaime II en 1321.

Los relieves están separados por montantes coronados de pequeños pináculos y doseles que cobijan a santas vírgenes y mártires: Catalina, Bárbara, Lucía, Eulalia de Barcelona, Águeda, Anastasia, Cecilia e Inés. En el centro del retablo figura la imagen de la Virgen con el Niño flanqueada por las tallas de santa Tecla y san Pablo; alrededor, doce relieves que reproducen escenas de la Infancia de Jesús, de su Pasión y Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Coronación de la Virgen.

A ambos lados del retablo, formando parte de su misma estructura y estilo, se encuentran dos puertas con elegantes celosías flamígeras coronadas por dos ménsulas donde reposan, respectivamente, las imágenes de San Olegario y San Fructuoso, arzobispos de Tarragona. Sobre los frontispicios figuran las imágenes de san Miguel Arcángel y el Ángel Custodio, talladas por Perris Austris, y policromadas y estofadas por el pintor italiano, Pietro Paolo de Montalbergo, durante la segunda mitad del siglo XVI.

Un muro, y su correspondiente portal gótico con dintel conopial, antepuesto al arco escarzano que sostenía el desaparecido coro, median entre la sacristía y la Sala del Tesoro. Destaca en ella el excelente artesonado gótico mudéjar, de mediados del siglo XIV; su armadura aparece policromada con asuntos heráldicos, geométricos y figurativos.

En los armarios acristalados y enrejados se guardan diversos objetos de culto, en especial platería litúrgica. Cabe destacar la colección de cálices, mazas procesionales y báculos episcopales de los siglos XVIII al XIX, la urna para el Monumento de Jueves Santo, labrada por el platero tarraconense Gaspar Arandes Canals en 1682, las andas procesionales y la monumental custodia neogótica, obras barcelonesas del siglo XIX.

La construcción del claustro se inició a finales del siglo XII y finalizó a principios del XIII. Era lugar de lectura, paseo y meditación; también se celebraban procesiones y aquí convergían las principales dependencias canonicales comunes: dormitorio, aula capitular, refectorio, biblioteca…

El claustro presenta planta cuadrangular, bóvedas de crucería con sencilla moldura, e interesantes claves de bóveda relacionadas con el primer estilo gótico.

La puerta del claustro se compone de un conjunto de arquivoltas aboceladas que apean sobre las jambas y enmarcan el tímpano donde se alojan la Maiestas Domini orlada por la mandorla, y el Tretamorfos o representaciones zoomorfas de los evangelistas Mateo (Ángel), Marcos (León) Lucas (Buey) y Juan (Águila). El capitel del parteluz se decora con escenas del Nacimiento de Cristo, los Reyes Magos ante Herodes y Herodías, y la Epifanía o Adoración de los Magos.

Los capiteles laterales muestran repertorios alusivos a la fauna y flora, una escena con los tres magos acostados en una misma cama advertidos por el Ángel, y otra con el sepulcro vacío, el sudario, la soldadesca y Las Tres Marías en referencia a la Resurrección de Cristo. El portal está timbrado por el crismón, o monograma de Cristo, con las letras Alfa y Omega.

Los trabajos arqueológicos y la intervención arquitectónica realizados entre los años 2000 y 2003, permitieron sacar a la luz una parte significativa del temenos, el muro porticado que rodeaba el recinto de culto imperial datado en el s. I d.C. Situado en el lado norte del actual claustro, este muro está formado por grandes sillares de piedra y contaba con toda una serie de ventanas (fenestrase) destinadas a iluminar el interior del porticado. La cara que daría a la gran plaza estaba decorada con grandes placas de mármol (los encajes todavía son visibles en el muro conservado dentro del Museo Diocesano) mientras que la cara que daba al exterior se dejó con los sillares a la vista.

Posteriormente, en el s. XII se integra dentro de la construcción de la Catedral, dando lugar a una gran sala que todavía conserva las arcadas y donde podemos apreciar una de las fenestrase convertida en una puerta tapiada al construir la galería del claustro.

Dudamos al entrar si realizar, o no, la visita guiada. De momento, la decisión de hacerla parecía acertada. Nos quedaba la subida al campanario…

El campanario consta de tres cuerpos: el primero, de planta cuadrangular, se construyó hacia el año 1200 en tiempos del arzobispo Rodrigo Tello; el segundo, también cuadrado, data de 1316, es de piedra grisácea almohadillada y se debe a la munificencia del prelado Gimeno de Luna y el último se edifico en 1330 a instancia del arzobispo Juan de Aragón.

Alcanza una altura de 70 metros y contiene 19 campanas fundidas entre 1250 y 1867. La mayor de todas, llamada “Capona”, está situada bajo el templete de la parte más alta, es del año 1509 y pesa 5.188 kg. Es la campana que da las horas y el toque a la oración.

Al campanario se accede mediante una escalera de caracol y contiene diversas estancias, como la Sala de los Monjes, la Sala de los Relojes y la Sala de las Campanas. La Catedral conserva diecisiete campanas y dos más al lado del cimborrio.

Las vistas desde lo más alto de la catedral son sencillamente espectaculares.

Hora de comer…

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