Tarragona 2022 (4)

Tarraco, la ciudad romana que se asienta en la actual Tarragona, fue una población fundada en el mismo lugar donde ya había existido un poblado ibero. Con el tiempo, lo que había sido un destacamento militar se convirtió en una importante capital provincial, con sus murallas, dos foros (el provincial y el local) y todo tipo de servicios, incluido los lúdicos.

Entre los lugares de entretenimiento favoritos para los ciudadanos romanos, conocidos son los anfiteatros. De esta manera, el anfiteatro romano de Tarragona fue edificado en el siglo II.

En aquel momento, las murallas hacía ya bastante tiempo que habían sido construidas, de manera que se tuvo que buscar un lugar en la parte exterior de las mismas. El emplazamiento no podría ser mejor, en una gran explanada junto al Mar Mediterráneo.

La capacidad del nuevo anfiteatro de Tarragona estaban a la altura de la ciudad, que era capital de la provincia romana Tarraconesis, que ocupaba dos tercios de la Península Ibérica. Aproximadamente, unos 16.000 espectadores podían darse cita en las competiciones de gladiadores (entre otro tipo de espectáculos) que se celebraban en este anfiteatro romano de Tarraco. No está nada mal, si tenemos en cuenta que la ciudad contaba con unos 40.000 ciudadanos.

Las dimensiones del Anfiteatro romano de Tarragona eran de unos 109,5 metros de radio mayor por 86,5 metros de radio menor (las arenas de los anfiteatros romanos eran elípticas). Podemos observar también un gran pórtico de entrada en uno de los lados del anfiteatro, que era por donde entraban los gladiadores; y una segunda gran obertura, que era por donde salían.

Sin embargo, en el Anfiteatro romano de Tarragona no solo se realizaron luchas de gladiadores, si no otro tipo de espectáculos, incluidos algunos con fieras, que habían llegado al puerto de Tarraco procedentes de las colonias romanas del norte de África.

En el interior del anfiteatro romano de Tarragona, el 21 de Enero del año 259 fueron quemados vivos Fructuoso, obispo de Tarraco y sus diáconos Augurio y Eulogio, por lo que el anfiteatro fue considerado por la comunidad cristiana desde la época tardoromana como un lugar santo en el que posiblemente se construyera a finales del S. IV o principios del V un monumento martirial sobre el que después de la conversión de Recaredo se construyó esta basílica en honor de los tres santos.

Sobre esta basílica, que sólo se conserva a nivel cimentación y no fue descubierta hasta 1953, se construyó en siglo XII, después de la reconquista cristiana, una iglesia románica con planta de cruz latina. No obstante, las varias campañas de excavaciones nos han permitido conocer sus principales características.

La basílica, situada en el cuadrante noroccidental de la arena del anfiteatro, es de planta basilical de tres naves, de mayor anchura la central que las laterales, con un ábside cuya planta en la cimentación tiene forma semicircular algo prolongada en herradura, mientras que posiblemente su exterior tuviera forma poligonal; la única puerta que se ha encontrado está hacia el centro del costado norte. En el extremo oriental de este costado tenía una cámara rectangular con acceso al interior del templo dedicada a sacristía, baptisterio e incluso hubo una tumba, posiblemente en distintos momentos.

Analizando la cimentación, que es lo único que se ha encontrado debajo de los restos de la iglesia románica, sabemos que la basílica tenía 26,08 m de longitud y 12,44 de anchura con muros de 59 cm de grosor, mientras la herradura del ábside en su cimentación era de 4,74 m de profundidad y 6,82 de anchura y la cámara lateral 5,83 por 3,85. Las naves, de 5,33 m de ancho la central y 3,55 las laterales, estaban separadas por arquerías de siete arcos, que se suponen de medio punto sobre columnas con capiteles, las de los extremos adosadas al muro.

Se han encontrado restos del pavimento de la nave central, del ábside, a mayor altura que la nave, y a una altura intermedia el de un coro situado en el primer tramo de la nave central, con ranuras para cimentación de canceles que separaban el coro del ábside y de la nave central. En el centro del suelo de este coro, donde se cruzan el eje horizontal de la iglesia con el transversal del coro, hay un orificio que parece indicar que allí existió algún elemento que indicaba el punto exacto del martirio, lo que justificaría la extraña situación de la basílica dentro del anfiteatro.

A la salida del anfiteatro nos dirigimos a la Casa Canals, una de las pocas casas señoriales de Tarragona que se ha conservado íntegramente hasta nuestros días. Está edificada aprovechando la muralla romana construida durante la segunda mitad del siglo II a. C. En la primera planta quedan los restos de una casa del siglo XIV. Además, hay un refugio de la Guerra Civil.

La casa estuvo habitada por la familia Canals hasta finales del siglo XX. En 1992 fue adquirida por la Generalitat de Catalunya que la cedió al Ajuntament de Tarragona. En 2006 se abrió al público y está administrada por el Museu d’Història de Tarragona (MHT). Durante la visita se puede disfrutar de la planta noble, del jardín y de la terraza con una vista privilegiada, por encima de las murallas.

Volvimos por las ya más que pateadas calles al hotel para un pequeño descanso tras un muy intenso día.

Nos quedaba por ver el Teatro, no visitable en la actualidad. De los tres grandes edificios para espectáculos de Tarraco, el teatro fue el primero en ser construido, ya en época de Augusto. Edificado sobre unos antiguos almacenes portuarios, disponía de un amplio sector semicircular de gradas divididas en tres cáveas orientadas hacia el escenario.

La parte trasera de este se encontraba cerrada por un gran muro monumentalizado con columnas y etatuas que se conservan, en parte, en el Museo Nacional Arqueológico de Tarrgona. El edificio fue reformado y enriquetido con estatuas de mármol en el siglo II, y quedó abandonado en el siglo III.

Bajamos paseando hacia el Serrallo, alejándonos del centro de la ciudad. Seguía sin llover, pero la temperatura era más que agradable (si no eres forofo acérrimo del calor), con sensación casi de frío.

Una cerveza antes de terminar el día, aprovechando antes para ver un espectacular ensayo de castellers, realizando un castell, construcción humana en forma de torre, en las que cada casteller se pone de pie encima de los hombros del casteller de debajo.

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