Tras la intensa tormenta de la tarde anterior, la lluvia seguía cayendo a media mañana. No habían llamado de Audi Vilamòbil Tarragona, pero decidimos desplazarnos al taller en autobús. Acertamos. Al rato disponíamos del vehículo y estábamos preparados para retomar la visita del día anterior: Montblanc.
Su recinto amurallado, el más importante y mejor conservado de Cataluña, se construyó en el siglo XIV con piedra, argamasa y sillares, con un perímetro de 1500 metros. En un principio contaba sólo con cuatro puertas, que se conservan en la actualidad; el portal de Sant Antoni, el de Sant Francesc, la torre-portal de Sant Jordi y la de Bové. Posteriormente se abrió una quinta.
Paseamos por la Calle Mayor, calle principal de la villa y nos dirigimos a la Plaza Mayor, antigua plaza del mercado y centro neurálgico.

Aquí se encuentra el Ayuntamiento, cuyos orígenes son del siglo XIII, aunque en el año 2001 pasó por una importante obra de reconstrucción que respetó su fachada. También podemos ver entre otros el Casal dels Desclergue y la Casa Castanyà.

Hora de comer… Acertamos de pleno haciéndolo en la Fonda dels Angels. La (relativamente corta) espera mereció, y mucho, la pena.






Cada año se celebra los días alrededor del 23 de abril (día de San Jorge), la Semana Medieval de la Leyenda de San Jorge. Todo el pueblo luce banderas y estandartes y en sus calles se representa la leyenda y escenas de la vida cotidiana medieval, hay mercadillos y se escenifican las Cortes Catalanas.
Más tarde recorrimos el camino de ronda de la muralla y contemplamos las vistas a la ciudad y su adarve, matacanes, aspilleras y almenas.
La Iglesia de Santa María la Mayor se construyó en el siglo XIV, sobre otra iglesia románica cuyos restos se pueden ver bajo unas cristaleras del suelo junto a la subida a la torre. La fachada principal del siglo XVII se hizo para sustituir a la anterior gótica que fue destruida.
En el interior podemos ver la Capilla del santísimo en la que destaca la imagen gótica de la Virgen del Cor, de madera policromada, un original órgano barroco y un retablo de piedra policromada del siglo XIV de San Bernat y San Bernabé.
Decidimos completar la tarde con la visita al Monasterio de Poblet y su Panteón Real, que forma parte junto con Santes Creus y Vallbona de les Monges, de la Ruta del Císter.
El Monasterio de Poblet y sus dependencias se encuentran protegidos por una muralla construida para salvaguardar el Panteón real. La Puerta de Prades, es el primer punto de acceso al recinto. Esta era la antigua portería y aquí vivían albañiles, jornaleros y carpinteros.
La siguiente es la Puerta Dorada, a su derecha se encuentra la capilla de San Jorge de 1452, de estilo gótico, planta cuadrada y financiada por Alfonso V de Aragón para conmemorar la conquista de Nápoles en 1442. Tras ella se encontraban las antiguas dependencias del Palacio del Abad (ahora en ruinas), la iglesia de Santa Catalina usada por el pueblo, y el edificio donde se encuentra la actual Hospedería.
Al fondo, la gran portada barroca de la iglesia del monasterio, es del año 1670 con dos ventanas ovaladas con y columnas salomónicas. En ella podemos ver la imagen de la Asunción de la Virgen María, con los brazos abiertos y por debajo de ella San Benito de Nursia, fundador de los benedictinos y San Bernardo de Claraval fundador del císter.

A su izquierda, la Puerta Real permite el acceso al Monasterio de Poblet, y parte de las murallas que lo rodean, que miden un total de 608 metros de largo, 11,3 metros de altura y 2 de grosor. Tiene 12 torres y camino de ronda.
El Claustro principal, en el que se encuentran las estancias más importantes, se comenzó a construir en 1208. Tiene ventanales románicos en uno de los lados y góticos en los otros tres. y está decorado con hermosas y bien conservadas arquerías.
Podemos ver la antigua cocina, el calefactor, el refectorio o comedor y frente a este el templete, de planta hexagonal cubierto con bóveda de crucero en cuyo centro hay un surtidor con treinta y una fuentes, para que los monjes se limpiasen las manos antes de entrar al comedor.

También se puede ver el locutorio y la biblioteca con el scriptorum medieval del siglo XIII, en el que se escribieron y copiaron importantes libros. En la actualidad cuenta con más de cien mil ejemplares. Y la Sala Capitular, de planta cuadrada de 15 metros de lado, cuatro columnas centrales con bonitos capiteles, sujetan los nueve tramos con bóvedas de crucero, sostenidos en el centro por cuatro columnas.
Unas escaleras conducen al piso superior, en el que podemos ver el dormitorio. Esta enorme nave de finales del siglo XIII, mide 87 metros de longitud y 10 de anchura. Tiene diecinueve arcos de diafragma que salen de ménsulas y que sujetan el tejado de madera, y una doble fila de ventanales da mucha luz al lugar.
También puedes dar una vuelta por el exterior para ver el claustro desde arriba.

Desde el claustro, dos puertas dan acceso a otra de las partes que más destacan del conjunto, la Iglesia del Monasterio de Poblet, de finales del siglo XII, en la que podemos ver las mezclas de estilo románico y gótico. La componen tres naves de siete tramos, la central está cubierta por una bóveda de cañón y las laterales bóvedas de crucería. Posee crucero, ábside central, y capillas absidiales. Destaca el impresionante cimborrio gótico del siglo XIV que cuenta ocho ventanales de arco ojival.
Bajo el cimborrio, en el centro del crucero, se encuentra el elemento más distintivo de la iglesia, la Capilla Real con los dos grandes bloques de alabastro que forman los sepulcros reales. Éstos que vemos hoy en día están muy restaurados, las estatuas yacentes fueron reconstruidas en el siglo XX y son una copia fiel al original hecha con los miles de pedazos rescatados de la destrucción, el deterioro y el espolio. Esta majestuosa obra se inició el rey Pedro IV el Ceremonioso en 1359 y fue continuada por sus sucesores.
El retablo que hay entre ellos en la capilla mayor, de 1529 (durante el reinado de Carlos I) es también de alabastro, y este es también una fiel reconstrucción del original. En el centro se encuentra la imagen de la Virgen María y se pueden contemplar escenas de la vida de Jesús, santos, apóstoles y arriba del todo la Crucifixión.
Dentro del tercer recinto del monasterio se encuentra el Palacio del rey Martín I de Aragón, integrado entre las edificaciones anteriores del monasterio y ocupando las plantas superiores del atrio del claustro, lagares, paso al priorato y galilea o vestíbulo de la iglesia. Desde el punto de vista arquitectónico se le considera como una de las joyas del arte gótico civil en Cataluña. Fue mandado construir por el rey Martín I el Humano, comenzando las obras en 1397 y quedando sin concluir desde 1406. El maestro arquitecto fue Arnau Bargués, autor de la Casa del Consejo de Ciento de Barcelona. En 1966 se reanudaron las obras inconclusas además de llevar a cabo una buena restauración.
En la actualidad sirve de sede al museo del monasterio.






Tras salir de este extraordinario monasterio cisterciense nos deleitamos con los paisajes del Priorat antes de regresar a Tarragona para preparar el viaje de vuelta.



















































